Podcast Aviva Nuestros Corazones

La serenidad de Cristo

Leslie Basham: Cuando Nancy Leigh DeMoss estuvo investigando sobre el tema de la serenidad  se encontró con el siguiente anuncio en la web:

Nancy Leigh DeMoss: Esto es lo que dice el anuncio:

La pastilla SERENIDAD. Manejo del ánimo en tiempo real.

¿Sufres de cambios repentinos en tu estado de ánimo?

¿Necesitas tener una actitud más positiva hacia la vida?

¿Te encuentras estresada o nerviosa?

¿Te deprimes con síndromes premenstruales o durante la menopausia?

¿Tienes arranques de ira inexplicables?

¿Te sientes triste o infeliz?

¡Podemos ayudarte! Nada ayuda tanto como la pastilla Serenidad.

Serenidad de venta en una cajita —¿qué les parece?

Leslie: Sin embargo,  este tipo de propaganda está destinada a no cumplir lo que promete.

Nancy: Donde quiera que busques serenidad aparte de Cristo, te darás cuenta que no  podrás alcanzarla.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Estas semanas que preceden al Domingo de Resurrección estamos concentrando nuestro estudio en la persona Cristo, y al continuar hoy con  la serie sobre El Cristo incomparable veremos otro importante atributo de Jesús.

Nancy: Serenidad—esta no es una palabra que se escucha  frecuentemente en nuestros días. Rara vez oímos  que una persona es descrita como "serena". Esta palabra, serena o serenidad, ciertamente no describe la época en que vivimos, diríamos que estamos más familiarizadas con palabras como: prisa, o locura,  preocupaciones, ocupadas 24/7, estrés,  ataques de pánico,  crisis de ansiedad... Podemos ser descritas de cualquier forma,  menos como "serenas".

El diccionario nos da varios sinónimos de la palabra serenidad: tranquilidad, calma y paz.

Un corazón sereno es lo que tiene el salmista  cuando ora en  el Salmo 131:

"Señor, mi corazón no es soberbio, ni mis ojos altivos; no ando tras las grandezas, ni en cosas demasiados difíciles para mí; sino que he calmado y acallado mi alma; como niño destetado en el regazo de su madre, como niño destetado reposa en mí mi alma". (vv. 1-2).

Me encanta ese salmo. No estoy muy segura, pero creo que pasé la mayor parte de la semana pasada estudiando solamente estos dos versículos de este salmo. Quedé fascinada con ellos porque describen el corazón sereno que  generalmente yo no tengo.

Serenidad—es algo que todas las personas anhelan. Piensen en la cantidad de mujeres que practican yoga—ellas buscan serenidad, ¿No es cierto? Pero en cualquier lugar que busques serenidad aparte de Cristo, te darás cuenta que no podrás alcanzar.  ¡No puedes pasarte todo el día practicando yoga!

Hoy veremos la serenidad de Cristo a través de algunas escenas a lo largo de Su vida. Al estudiar este tema, al igual que hemos  hecho  en los capítulos anteriores, veremos cómo verdaderamente Él es el Cristo incomparable. Cristo reflejó serenidad;  Él era una persona serena y Él nos da serenidad. Él es la fuente de la verdadera serenidad, esto podemos observarlo a lo largo de toda Su vida.

Medita en algunas de estas escenas y verás como las imágenes vienen a tu mente mientras las leo:

Piensa en Jesús dormido en la barca, mientras Su Creación rugía en medio una tormenta; piensa cuando Él se despertó y con serenidad calmó la ansiedad y el temor de Sus discípulos—  eso es serenidad.

Piensa en los  5,000 hambrientos—probablemente algunos miles más cuando se añaden las mujeres y los niños—conglomerados alrededor de Cristo, y vemos como Él mantuvo perfecta calma. Él no se estresó.

Piensa en Cristo cuando recibe la noticia de que su querido amigo Lázaro está enfermo de muerte—Él no hizo ninguna crisis emocional. Esto no fue estoicismo, tampoco indiferencia, o que no tuviera ningún tipo de emociones; Cristo lloró frente a la tumba de Lázaro. Él se dolió profundamente por aquellos que acababan de perder a su  hermano y a su amigo;  simplemente Cristo no perdió el control,  Él mantuvo Su compostura y  serenidad.

Piensa en Jesús—estaremos viendo esto en los próximos días—cuando Él se enfrentó a los líderes judíos, a Poncio Pilato y a Herodes frente al tribunal. Él siempre mostró perfecta calma y dignidad. Cristo fue injuriado, acusado falsamente y perseguido, pero se mantuvo en paz—como el Salvador sereno.

Hoy nos concentraremos en otra escena que nos refleja de una manera  exquisita la serenidad de Cristo. Esta escena se encuentra en un versículo del capítulo 26 del Evangelio de Mateo. Me fascina como el Evangelio de Mateo incluye esta frase que nos muestra una imagen tan rica de la serenidad del Señor

Este versículo se encuentra en el contexto del aposento alto, la noche cuando Cristo celebró la cena de la Pascua con Sus discípulos—lo que llamamos La Última Cena. Al terminar esta cena, Cristo y Sus discípulos se preparan para salir del aposento alto;  Cristo está consciente que pronto será arrestado, y que será traicionado y que además será abandonado por Sus discípulos y Sus amigos más cercanos—aquellos con los que acaba de cenar, y a quienes  acaba de lavarles los pies, es decir, aquellos a quienes acaba de servir.

Mateo 26, versículo 30, nos dice: “Después de cantar un himno salieron hacia el monte de los Olivos."  Después de cantar un himno...

Oswald Sanders nos dice en su libro “El Cristo incomparable”, el libro cuyo bosquejo estamos siguiendo en esta serie:

El Salvador cantó bajo la sombra de la cruz. ¡Cuánta serenidad y sentido interno de triunfo es revelado en esta frase! Cualquiera puede cantar en un día soleado, pero no todo el mundo puede cantar en los momentos oscuros.

Ahora, la pregunta que todas nos hacemos es: ¿Qué himno habrán cantado Cristo y Sus discípulos? Las Escrituras no nos dicen, pero los comentaristas concuerdan en que probablemente Jesús y Sus discípulos cantaron un grupo de salmos de un Salterio Judío del  Antiguo Testamento. Este grupo de salmos era conocido como El Hallel.

¿Te suena esto familiar? Hall-el-lu-jah.” Hallel significa alabanza— aleluya, alabanzas a Dios. El Hallel, comúnmente conocido como el Hallel Egipcio, incluye los Salmos del 113 al 118. Se llamaba el Hallel egipcio porque estos salmos eran cantados en fiestas nacionales como la Pascua, en la que los judíos celebraban su liberación de Egipto. Esta era  una alabanza que conmemoraba la liberación de Egipto.

Estos salmos eran agrupados juntos y se cantaban como una sola canción durante las fiestas anuales de los judíos, y típicamente (según los comentaristas) se cantaba la primera parte del Salmo 113 y el Salmo 114, en medio de la cena; la segunda parte, y del Salmo  115 al Salmo 118 eran cantados al final de la comida.

Vayamos al Salmo 115 del  Hallel judío y veamos algunas de las palabras que probablemente Cristo cantó en la noche con Sus discípulos  antes de subir al Getsemaní y de ahí al Calvario.  

Aquí podemos notar la serenidad de Cristo. No tenemos tiempo de estudiar todo el pasaje, pero sí podemos leer una gran parte; y quizás algún día hagamos toda una serie en Aviva Nuestros Corazones sobre El Hallel. Hoy no podremos leerlo completo, pero las animo a que en esta época previa a la Semana Santa todo el contenido de estos salmos, es decir del Salmo 113 hasta el Salmo 118. Veamos algunos de estos versículos:

Al comienzo del Salmo 115—probablemente lo que hubieran cantado al terminar la cena —vemos la primera estrofa de lo que Cristo y Sus discípulos quizás cantaron al salir del aposento alto. Leamos el Salmo 115, el versículo 1:

"No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu fidelidad. Por qué han de decir las naciones: ¿Donde está ahora su Dios? Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place." (vv. 1-3).

Vamos a detenernos aquí por un momento. Desde la primera estrofa de este salmo vemos en Jesús el deseo supremo de glorificar a Dios; y de que la voluntad de Dios sea cumplida en la tierra sin importar el precio que Él tendría que pagar: "Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place".

Esto nos lleva a otro versículo, que seguramente Cristo conocía, de Isaías capitulo 53, el poema que hace referencia al siervo sufriente de Dios y que nos dice: “Pero quiso el Señor quebrantarle, sometiéndole a padecimiento" (v. 10). Jesús sabía que el placer de Su Padre, Su buena voluntad y Su Gloria, estaban ligados a que Él padeciera voluntariamente; a que fuera crucificado, quebrantado, y que sufriera y muriera en la cruz.  

Jesús cantó este salmo: "Dios está en los cielos, Él hace todo lo que le place."  Cristo alabó a Dios y dijo: "Quiero que Tu gloria sea sobre toda la tierra, quiero aquello que te honra; eso es lo que quiero, aunque esto signifique que te complazcas en mi sufrimiento. Si te complace a Ti, me complace a Mi."

Ellos no estaban simplemente abriendo sus Biblias y leyendo este salmo, estos eran pasajes que los judíos memorizaban y los cantaban con una melodía musical. Ellos lo cantaban juntos; así que Jesús estaba cantando junto con sus discípulos: "No a nosotros, Señor  no a nosotros, sino a tu nombre da gloria".

A la luz de todo lo que Cristo estaba enfrentando, las animo a que lean estos salmos hasta el Salmo 118; pero vayamos a la última estrofa del Salmo 118; al último versículo al versículo  24. Pensemos otra vez en que Cristo está saliendo del aposento alto,  listo para ir a Getsemaní y al Calvario; en el versículo 24 vemos a Cristo cantando junto con Sus discípulos:

"Este es el día que el Señor ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en él."

En el  versículo 28 leemos:

"Tú eres mi Dios, y gracias te doy; tú eres mi Dios, yo te exalto. Dad gracias al Señor, porque Él es bueno, porque para siempre es su misericordia." (vv. 28-29).

No solamente vemos a Cristo cantando al momento de enfrentar la cruz pero, ¿que está cantando?  Él está cantando alabanzas, adoración, acción de gracias y honra a Dios. Él comienza dirigiendo Su atención a la gloria y a la soberanía de Dios y termina en acción de gracias por la bondad y el amor  del Dios que guarda el pacto. Esto es lo que significa que "para siempre es Su misericordia". Aquí no hay dudas, no hay miedos, no hay ansiedad, no hay confusión. Solo la calma y la serenidad de saber que Dios es bueno,  que Él está en control y que Su voluntad será hecha.

El libro que hemos estado siguiendo, “El Cristo incomparable”, de  Oswald Sanders dice:

¿Qué podemos aprender de este salmo de la Pascua? Aprendemos que podemos convertir nuestros problemas en tesoros y nuestras tristezas en salmos de alabanzas. La fe puede cantar su poema aun en las horas más oscuras. La tristeza y la alabanza no son incompatibles.

Ver la serenidad de Cristo nos recuerda que "los problemas pueden ser convertidos en tesoros, y las tristezas pueden ser convertidas en alabanzas. Que la fe puede cantar sus poemas en las horas más oscuras;  y que la tristeza y la alabanza no son incompatibles."

¿No les recuerda esta escena a algunos seguidores de Cristo unos cuantos años más tarde? A Pablo y a Silas en la cárcel en Filipos. Ellos fueron apedreados, heridos, atados de pies y manos con grillos, sin embargo los vemos a  la media noche “orando y cantando himnos a Dios"—al igual que Cristo—estaban serenos, en calma, en paz, tranquilos en medio de la lucha y afianzados en el Espíritu. (Hechos 16:25).

Ahora, si tú no conoces a Jesús como tu Salvador personal y si Él no está obrando en tu vida, esto puede sonarte a locura. ¿Cómo podía  Jesús cantar?—sobre todo lo que hemos visto en los salmos que ellos cantaban en estas ocasiones. ¿Cómo podía Él cantar las letras de estos salmos sabiendo que iba  ser traicionado y crucificado?

Primero, sabemos que Él podía cantar porque Su confianza estaba en el Padre. Vemos esto en el salmo que dice: "Tú eres Dios, Tú eres Mi Dios." Sabemos también que dentro de poco tiempo —en unas horas—Él estaría clamando al Padre: “¿Dios mío, Dios mío, por qué me has desamparado?" Pero aún así Él sabía que el Padre era Su Dios, y que Dios es bueno. Él confiaba en Su Padre. Si confías en tu Padre Celestial también podrás cantar a la sombra de la cruz.

Cristo conocía, aceptaba y abrazaba el plan de Su Padre. “Estoy de acuerdo, lo compro, lo recibo. ¡Sí, Señor; Sí, Padre!" Él conocía el plan de Su Padre. ¡Lo aceptó y lo abrazó!

Él pudo cantar a la sombra de la cruz porque amaba a los demás -—te amaba a ti y me amaba a mí —más que a Su propia vida. Si amo mi propia vida más que a los demás, entonces me voy a quejar a la sombra de la cruz; pero si amo a Cristo, si amo a mi Padre Celestial más de lo que me amo a mí misma, entonces no solo voy a estar dispuesta y a ser capaz de hacerlo, sino que querré cantar a la sombra de la cruz.

Él pudo cantar a la sombra de la cruz aun sabiendo que la tenía por delante porque sabía que la cruz no era el final. Él sabía que había vida, gozo, gloria y esperanza por delante, y esto lo capacitó para vencer la cruz y cantar camino al Calvario.

Para algunas de nosotras es fácil entender la posibilidad de estar calmadas y serenas cuando no hay ningún problema en nuestras vidas, pero yo conozco personas que no pueden estar calmadas en ningún momento. Es fácil imaginarnos a alguien sereno y calmado cuando no hay ninguna tormenta, cuando no existe ningún problema, ninguna cruz que llevar. (Aun así,  te diré que es posible tener una vida color de rosa pero, si no tienes a Cristo, tu vida interior estará llena de conflictos, ansiedad y no podrás tener serenidad.)

Sin embargo, aunque vemos que nuestras circunstancias no deben gobernar si estamos serenas o no,  es asombroso ver como Cristo modela la serenidad cuando estaba atravesando los momentos más angustiantes de Su vida.  Podemos ver esta realidad en la vida de muchos de sus seguidores.  Es algo asombroso cuando vemos esta actitud en los santos al ser perseguidos o martirizados;  también lo podemos ver en otros casos cuando sus discípulos enfrentan los grandes y los pequeños retos y cruces que deben cargar en sus vidas. Ellos cantan a la sombra de la cruz y modelan un espíritu calmado y sereno.

De hecho, he aprendido que  muchas veces Dios utiliza las presiones, los sufrimientos y los problemas en nuestras vidas como un medio para producir en nosotros un espíritu calmado y sereno. Tú dirás, “Yo no soy una persona calmada, ciertamente no podré estar calmada en medio de mis problemas”.  Es posible que sea en medio de estos problemas, tristezas y sufrimientos que puedas desarrollar un espíritu sereno, que puedas ver a Cristo y puedas cantar a la sombra de la cruz.

Veamos algunos ejemplos de personas que vienen a mi mente, que han cantado y adorado a Dios a la sombra de la cruz:

Pienso en esos tres jóvenes hebreos de los cuales leemos en el capítulo 3 de Daniel, cuando el rey Nabucodonosor, el hombre más poderoso sobre la tierra, les dijo: “Póstrense y adoren la imagen que yo he creado, de lo contrario, los arrojaré al horno de fuego ardiente".  ¿Cuál fue su respuesta?

“Ciertamente nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de tu mano, oh rey, nos librará. Pero si no lo hace, has de saber, oh rey, que no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has levantado". (vv. 17-18).

Esto refleja serenidad en todo el sentido de la palabra. Es una calma y una seguridad total de que Dios está en control, de que Su plan es bueno, de que Él puede ser confiado y  por lo tanto no tenemos por qué preocuparnos.  

También recuerdo a  Perpetua. Algunas de ustedes han leído la historia de esta mujer de 22 años, esposa y madre de un bebé lactante, quien en el año 203 DC, junto con otros cuatro fue arrestada y martirizada por su fe en Cristo. Según los historiadores, ella y sus compañeros de martirio entraron a la arena cantando himnos sostenidos por su fe. Ellos primero fueron mutilados por animales y luego muertos a filo de espada. La historia nos cuenta de cómo Perpetua guió la espada a su cuello cuando sus ejecutores fallaron.

Pienso también en Dietrich Bonhoeffer (de quien he estado leyendo su biografía recientemente), un pastor y teólogo  luterano alemán que fue encarcelado y ejecutado por su papel en la resistencia en contra del Nazismo. Su muerte fue particularmente brutal, le quitaron toda la ropa y fue llevado desnudo al patio donde sería ejecutado, allí lo colgaron con alambre fino y lo estrangularon.

El doctor del campamento que presenció esta ejecución escribió lo siguiente:

"Yo vi al Pastor Bonhoeffer arrodillarse en el piso y orar fervientemente a Dios. Fui  íntimamente conmovido por la forma en que este buen hombre oró, que devoción y que seguridad se observaba, de que Dios estaba oyendo su oración. Y otra vez, en el lugar donde sería ejecutado, elevó una corta oración cuando subió unos cuantos escalones hacia la horca, donde se mantuvo valiente y sereno. Su muerte duró solo unos cuantos segundos. En los casi cincuenta años que tengo ejerciendo la medicina nunca había visto un hombre morir de una forma tan sumisa a la voluntad de Dios".

Cantando a la sombra de la cruz, confiando en la bondad, en la sabiduría y en el plan de Dios.

Pienso también en el  correo electrónico que recibí de una señora hace una semana; ella me decía:

"Mi esposo me abandonó hace tres años, ni siquiera sé dónde está viviendo pues él no me lo quiere decir; pero después de escuchar mi primer programa de Aviva Nuestros Corazones en Noviembre del 2008, comencé a orar por una reconciliación. Hoy en la noche le escribí un corto correo electrónico donde le decía que yo comprendía lo que le había sucedido un tiempo atrás, cuando uno de sus proyectos financieros no había funcionado como él lo esperaba, también le recordé algo que yo admiraba en él y al final me despedí con un "te amo" y mi firma.

Sentí que pude decirle algo sin necesidad de cuestionarlo, sin necesidad de explicar algo y sin la necesidad de defenderme; yo espero haber sido de ánimo para él. También confío en que algún día pueda escribirles diciéndoles que mi esposo se convirtió y que volvió a la casa, pero si esto no sucede, quiero permanecer fiel no importa lo que pase”.

Entonces pensé, "serenidad" Esta es una mujer que está serena porque ha puesto su esperanza en Dios. No importa lo que pase, o lo que deje de pasar en su matrimonio, ella sabe en quien ha creído, y está convencida de que Él es poderoso para guardarla hasta aquel día.

Entonces. ¿Cómo podremos nosotras cantar a la sombra de la cruz,   cantar en medio de la oscuridad, en medio de las tribulaciones y en medio de los problemas que nos rodean?

Les recuerdo las palabras de Jesús en este maravilloso versículo de Mateo  capítulo 11, que dice:

"Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga es ligera." (Vv.28-30).

¿Notan la conexión entre la humildad y la serenidad de Cristo? Nunca podrás tener un corazón sereno si no tienes un corazón humilde.  Él nos dice: “Venid a mí... aprended de mí... que soy humilde". Con la humildad viene la serenidad y el descanso que anhelan nuestros corazones. El corazón humilde, que acepta todo aquello que el Padre tiene para nosotros como algo bueno y sabio, será un corazón sereno —un corazón en reposo.

¿Cómo está hoy tu corazón? ¿Sereno? Bueno, es fácil estar serena mientras escuchas la Palabra de Dios y estás siendo enseñada; pero piensa en lo que sucedió esta mañana en tu casa. Piensa en lo que tendrás que enfrentar cuando regreses a tu trabajo, a tu iglesia, a tu matrimonio, a tus labores como madre, o en cualquiera que sea el área  en las que estés involucrada sirviendo al Señor.

Muchas dirán: "Yo no tengo esta serenidad, pero la quiero" Considera a Cristo, aprende de Él, quien es manso y humilde de corazón. A medida que Él te vaya transformando a Su imagen, verás como  Él trae serenidad a tu corazón y descanso a tu alma.  

Leslie: Nancy Leigh DeMoss nos ha dado una descripción de lo que es la verdadera serenidad. Sus palabras de hoy son parte de una serie llamada El Cristo incomparable.

Para escuchar esta serie completa visita AvivaNuestrosCorazones.com. Este material es el tipo de enseñanza bíblica sólida que muchos de nosotros queremos recibir; y Dios usa estas enseñanzas en Aviva Nuestras Corazones de maneras muy prácticas. Aquí está Nancy para dejarnos con algunas palabras adicionales.

Nancy: El estudio de hoy sobre la serenidad de Cristo ha sido todo un reto para mí.  Sé que los oyentes han estado escuchando mis palabras y pensando en todo  tipo de cosas que afectan su serenidad.  

Una señora nos escribió comentando la paciencia que se requiere en el tipo de situación en la que ella se encuentra. Ella ha sido la encargada de cuidar a su esposo enfermo durante los últimos quince años y mientras cumple fielmente esta tarea, ella ha estado escuchando Aviva Nuestros Corazones día tras día. Esto la ha ayudado a recordar a quien ella está sirviendo, por lo que nos escribe diciendo: “Gracias por sus palabras de aliento ya que en muchos momentos me he sentido que ya no puedo más."

Hemos podido alentar a muchas personas en situaciones como ésta gracias al apoyo financiero de los oyentes de este ministerio. Les animamos a que nos sigan apoyando en la medida que puedan.

Pueden llamarnos al 1-800-569-5959, o hacer sus donaciones en línea  a través de  www.AvivaNuestrosCorazones.com. 

Leslie: Si estudias la vida de Jesús te sorprenderás de ver cuán frecuentemente Él oraba. Podrás aprender más sobre la oración al considerar la vida de Jesús, mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.