Aviva Nuestros Corazones Podcast

Annamarie Sauter: ¿Has aprendido a estar quieta y en silencio? 

Nancy: Estamos tan inquietos hoy en día, y como resultado nuestras almas están empobrecidas por nuestro movimiento y actividad incesantes. Se necesita tiempo para estar en silencio.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es Esdras capítulos 5 al 7.

Tener que esperar puede ser desesperante (como en la fila de un supermercado), es como si tu vida estuviera en pausa hasta que eso que esperas suceda. Hoy sé animada y renueva tu esperanza en tiempos donde la espera se hace larga. Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy: Estamos viendo el Salmo 37, uno de los pasajes más añorados del Antiguo Testamento, pero uno de los pasajes menos vividos, creo yo. Tiene que ver con todo este tema de la maldad y el mal en el mundo y cómo debemos responder a ello.

Nos ha recordado que no debemos irritarnos por la maldad. Hemos dicho que irritarnos es mucho más que preocuparse. Irritarse tiene que ver con calentarse. No te calientes. No te enojes por lo que está sucediendo. Veremos que existe una ira que es justa, pero la mayoría de las veces nuestra ira no es justa. «Pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios» (Sant. 1:20).

Así que lo que no debemos hacer es inquietarnos. Lo hemos visto en varias ocasiones en este pasaje. También hemos visto lo que debemos hacer, y es mirar hacia arriba, enfocar toda nuestra energía, nuestra atención, nuestro esfuerzo, nuestra respuesta en el Señor.

He utilizado la frase de «atar nuestros corazones y nuestras mentes al Señor». Si quiero estar segura, tengo que atar mi mente mi corazón, mis emociones y mi vida a algo o a alguien que nunca puede ser removido. Ese puente, ese lugar seguro, es Dios mismo.

El salmista David dice en el salmo, no ates tu corazón a los malhechores. No dejes que tu sentido de bienestar suba y baje dependiendo de ellos.

¿Tú sabes cómo hacemos eso? He visto cómo mis propias emociones pueden ser tan afectadas por alguien a mi alrededor que esté haciendo algo malo. Estoy diciendo, ¿cómo es que todo mi futuro puede estar atado a si esa persona está haciendo bien o mal?

Tengo que atar mi corazón a Dios mismo. Ahí es donde vemos estas exhortaciones, comenzando en el versículo 3, que nos dicen mira hacia arriba, no te irrites. ¿Cuál es la cura para la ira y la inquietud? Mirar hacia arriba.

En la última sesión vimos la primera de las tres exhortaciones. «Confía en el SEÑOR, deléitate en el SEÑOR, encomienda al SEÑOR tu camino». Ahora llegamos a la cuarta de estas, y se encuentra en el versículo 7, donde la Escritura dice: «Confía callado en el Señor». 

Algunas versiones dicen: «Descansa en el Señor». La traducción literal es: «Guarda silencio ante el Señor». La palabra hebrea traducida es «quieto» o «descanso» o «silente»—significa ser como tonto, pero no como alguien que no tiene inteligencia, sino en el sentido de no poder decir nada.

La implicación es de asombrarse, quedarse sin palabras, paralizado, callado o quedarse quietos. Guarda silencio ante el Señor. Mantente en silencio delante del Señor. Que estés tan asombrada en Su presencia, que toda tu rabia, tu ira, tu hiperventilación, tus pensamientos de ansiedad y tus palabras ansiosas, cesen. Guarda silencio ante el Señor.

Eso no es solo algo que hacemos hacia el exterior, sino que es algo que empieza como un asunto del corazón. El salmista está diciendo:

  • No murmures
  • No te quejes
  • No te resistas a lo que está sucediendo a tu alrededor
  • Sométete en silencio a Dios y a Su trato en tu vida; date cuenta de que —en última instancia— es Dios quien está a cargo de todo lo que está sucediendo en este mundo.

No hay nada pasando en tu vida que Dios no controle o no pueda cambiar, si Él decide hacerlo. Así que deja de luchar contra Él. Estate quieta.

Algunas de ustedes tienen niños de dos años de edad o los han tenido, y saben que cuando se les mete algo en la cabeza —quizás tener una rabieta o estén determinados a hacer su voluntad— van a patalear, van a quejarse y van a lloriquear. Y tú les dices, «¡ya basta!» A veces lo que deseas hacer es poner tu cuerpo encima del niño y solo decir: «Cálmate, no te irrites tanto». Realmente pueden enloquecer por sus emociones a veces.

Bueno, muchas veces nosotras pudiéramos enloquecer emocional, espiritual o mentalmente también. La Palabra de Dios nos dice: «Estate quieta».

  • Deja de agitarte
  • Deja de resistirte
  • Deja la rabieta —internamente o externamente
  • Estate quieta
  • Sométete tranquílamente
  • Cultiva un corazón tranquilo

Esto es algo que es muy difícil de lograr para la mayoría de nosotras en este mundo. Si no estás en el hábito de hacerlo regularmente, de cultivar un corazón tranquilo, encontrarás que cuando te encuentres en la presencia de la maldad o de malas acciones, o cuando las cosas alrededor de ti estén como un torbellino, hallarás que tu propio corazón, en lugar de estar atado a Dios, está atado a esa circunstancia agitada.

Una amiga me escribió un correo electrónico recientemente, y dijo algo con lo que me identifico y con lo que la mayoría de nosotras puede identificarse. Ella me dijo: «Durante mi tiempo con el Señor, tengo una tendencia de levantarme cada pocos minutos para atender algo: el lavado de la ropa, el fregar los platos, el enviar correos electrónicos, buscar algo por internet, añadir a mi lista de tareas pendientes...o lo que sea». Déjenme decirles, yo me relaciono tanto con eso, porque cuando estoy en mi tiempo de quietud, de repente, me entra ese anhelo de limpiar todo lo que está sucio en mi casa y a mi alrededor.

Mi amiga me contaba esto, y decía: «Esta mañana cuando me senté en mi tiempo con el Señor, puse la alarma a sonar en 30 minutos y me propuse no levantarme de allí hasta que el reloj sonara. Quiero cultivar el hábito de estar realmente tranquila y callada con el Señor y ser menos distraída». Esas son unas sabias palabras.

Esto es algo que todas tenemos que cultivar: quietud de corazón. Estamos tan estiradas de aquí para allá, tan distraídas. La mayoría de nosotras sufrimos de una especie de variación del déficit de atención de los adultos. Esta cultura ha cultivado esto en nosotras.

Lo vemos en actividades familiares —y nos metemos en muchas más actividades de lo que cualquier familia debería— haciendo cosas, ocupadas, en continua actividad, pensando continuamente, hablando, haciendo ruido. Nos metemos en el coche y prendemos la radio. Llegamos a la casa y prendemos la televisión. Nos levantamos a primera hora de la mañana y revisamos nuestro correo electrónico. Esa no es la manera de cultivar quietud de corazón.

No podemos hacer que el resto del mundo se tranquilice, pero por la gracia de Dios sí podemos hacer que nuestro propio corazón lo haga. Estate quieta ante el Señor.

Blaise Pascal dijo: «La única causa de la infelicidad del hombre es que él no sabe mantenerse en quietud en su habitación». Creo que hay mucho de verdad en eso. No sé si es la única causa, pero es una gran causa.

Y esto empieza con los niños pequeños y con los adolescentes —siempre tienen que estar haciendo algo. Por cierto, madres de niños pequeños: es importante enseñar a sus hijos a estar quietos. No siempre tienen que estar haciendo algo. Ellos seguro piensan que debe ser así. Seguro se quejarán de aburrimiento, pero deben enseñar a sus hijos a aprender cómo tener contentamiento de corazón aun cuando no estén ocurriendo muchas cosas.

Lee un libro. Toma una siesta. ¡Piensa —algo que el mundo no hace mucho hoy en día! Estad quietas. Aprende a quedarte en silencio en tu habitación.

Estamos tan inquietos hoy en día, y como resultado nuestras almas están empobrecidas por nuestro movimiento y actividad incesantes. Se necesita tiempo para estar en silencio.

Tú dices: «¡Pero tengo seis hijos! No hay manera de que pueda estar tranquila». Puedes tener un corazón tranquilo en una casa llena de niños, porque no es una cuestión de lo que está sucediendo a tu alrededor. Es cuestión de lo que está pasando dentro de ti.

Eso significa que debes sacar provecho de las oportunidades, cuando las tengas, para estar quieta y en silencio delante del Señor. Deja de correr de aquí para allá todo el tiempo.

A veces es necesario hacer un montón de cosas, y aún así Dios puede darte un corazón tranquilo. Pero necesitas controlar —hasta el punto que puedas hacerlo— el desorden y el ruido en tu vida para que cultives un corazón tranquilo. No vayas ahora a casa a decirles a tus hijos que te he mandado a deshacerte de ellos. Hay algo de desorden que es una parte necesaria de la vida; una parte apropiada y buena de la vida. Pero muchas de nosotras permitimos ruidos extraños, ruidos extras e innecesarios y muchas actividades y desorden. Tenemos que estar haciendo algo siempre y esto un signo de un alma enferma, de un corazón empobrecido. «Estad quietos, reconozcan que yo soy Dios». Cesa de esforzarte. Suelta. Relájate. Deja que Dios sea Dios.

«Estad quietas ante el Señor», y luego otra vez en el versículo 7, «espérale con paciencia». Esa palabra significa esperar con anhelo, que lo esperemos. Estamos hablando otra vez de atar nuestros corazones al Señor. Verás este tema a lo largo de todo el Salmo 37.

El versículo 9: dice: «...los que esperan en el SEÑOR poseerán la tierra».

Versículo 34: «Espera en el SEÑOR y guarda su camino».

Esa palabra esperar en los versículos 9 y 34, es una palabra que difiere un poco de la que vemos en el versículo 7. Esta palabra significa «atar por medio de retorcer», es como hacer una trenza; atar algo para que se convierta en una cadena en lugar de hilos separados. «Es agruparse, unirse, juntarse, esperar». Significa «esperar algo con paciencia». También quiere decir «tener confianza, confiar, y tener perseverancia».

Charles Spurgeon en su comentario sobre los salmos, dice acerca de este versículo: «Esperar con paciencia santa el momento en el que se aclaren las dificultades de la Providencia». ¿Qué significa eso? Hay cosas que no podemos ver ahora; hay cosas que no entendemos.

Entonces, ¿qué hacemos? Tenemos la tendencia a irritarnos. «¿Por qué esto? ¿Por qué aquello? ¿Por qué sucede esto? ¿Qué pasa con esto? ¿Qué voy a hacer con esto?»

El salmo dice: No te irrites. Estate quieta. Espera en paciencia al Señor. ¿Qué estás esperando?Estás esperando pacientemente el día en que Dios hará que todas las cosas se aclaren.Por el momento, confía en que Él sabe lo que está haciendo. Confía que Él está en Su trono, que Él está a cargo para que no te turbes, ni seas un manojo de nervios, ni te aíres. Espera pacientemente en el Señor.

Ahora bien, esa espera no es algo pasivo. En las Escrituras esperar es algo activo.

No es como que tomas una larga siesta o entras en modo de hibernación, mientras Dios dirige el universo. No, nos mantenemos conectadas a Él. Estamos entrelazadas a Él. Estamos atadas a Él, para que nuestro bienestar, nuestro futuro, nuestra esperanza esté totalmente relacionada con lo que Dios está haciendo. Y Dios todo lo hace bien.

Es por eso que puedes estar bien. Miro a mi alrededor en esta sala, y veo mujeres que han pasado por circunstancias muy difíciles. Veo a mi amiga Kathy, que ha pasado por una larga y penosa experiencia con la leucemia. He visto en Kathy una mujer —y en su familia, una familia que ha aprendido a esperar en el Señor, a estar quietos, a apoyarse en Él. 

Kathy ha aprendido que hay algunas cosas en la vida que simplemente no importan tanto. Su perspectiva ha cambiado. Su sentido de las prioridades ha cambiado. Ella ha aprendido. Ha tenido que aprender a tener un corazón tranquilo.

He visto la hermosura de Cristo manifestarse a través de esta mujer; y vemos una paz y una luz y un gozo que envidiamos, pero no queremos pasar por el proceso para llegar allí. Dios usa esas circunstancias. Dios usa el mal. Dios usa a los malhechores para lograr Sus propósitos en este mundo si esperamos en Él.

La Escritura dice: «Nadie que le espera será avergonzado» (Sal. 25:3, parafraseado). Y dice: «Por ti he esperado todo el día» (Sal. 25:5).

Ves, no nos importa esperar si Dios lo resuelve en unos cuantos minutos. Pero el salmista dice: «No, yo voy a esperar todo el día». Y tú dices: «¿Cuánto dura el día?»

Con el Señor, un día es como mil años. Así que puede parecer una eternidad, pero en realidad no lo es. Es el día de Dios. Te espero todo el día. ¿Pero qué significa eso? No te rindas. No tires la toalla.

No digas: «He esperado tiempo suficiente, los caminos de Dios no funcionan. Me voy de este matrimonio; me voy de esta circunstancia». No caigas automáticamente en la irritación o en la ira cuando Dios no cumple Su voluntad de acuerdo a tu calendario, cuando el malhechor no cambia y crees que ha transcurrido tiempo suficiente y que algo debe suceder.

Espera todo el día. Espera en el Señor. Hebreos 10, de los versículos 36 al 38, nos dice que «tienes necesidad de la paciencia, para que cuando hayas hecho la voluntad de Dios, obtengas la promesa. Porque dentro de muy poco tiempo el que ha de venir vendrá, y no tardará».

Y tú dices, «pero no es poco tiempo». Sí, sí lo es. No parece muy poco tiempo para ti, pero si pudiéramos ver las cosas desde el punto de vista de la eternidad, es muy poco tiempo. Su promesa es, Él vendrá y Él no tardará. Así que espera al Señor.

Charles Spurgeon dijo: «El tiempo es nada para Él. Que sea nada para ti. Vale la pena esperar a Dios. En una historia esperamos hasta el final para que se aclare la trama. No debemos prejuzgar el gran drama de la vida, sino permanecer hasta la escena final».

Espera hasta el último capítulo. Ya ha sido escrito, pero Dios está en el proceso de revelarlo a nosotros, y eso es bueno. Vale la pena esperar. Quédate hasta el final de la historia.

Así que la diferencia entre estos dos tipos de respuestas en el Salmo 37, es realmente una cuestión de enfoque. Cuando nos inquietamos, nos centramos en nosotras mismas. Nos concentramos en nuestros sentimientos, nos centramos en los malhechores, nos enfocamos en el mal que está sucediendo alrededor de nosotras, y entonces vamos a vivir molestas, tensas, e irritadas.

Sin embargo, cuando nos concentramos en el Señor, y miramos hacia arriba. No te irrites. Mira para arriba. Confía en el Señor. Haz el bien. Deléitate en el Señor. Encomienda tu camino al Señor. Estate quieta delante del Señor. Espera en Él.

Orienta tu vida en torno al Señor y no en torno a los malhechores. Sé intencional sobre el redireccionamiento de tu mente, de tus emociones, de tu enfoque, y de tu corazón.

Tendemos a pensar, «no puedo evitar lo que siento». Sí, podemos. Alimentamos nuestras emociones de acuerdo a lo que permitimos que nuestras mentes piensen.Así que sé intencional al dirigir tu atención hacia el Señor y responde a Él en lugar de dirigir tu atención hacia las circunstancias.

¿Estará tu espíritu irritado y enojado, o será manso y tranquilo? Cuando me estaba preparando, haciendo algunos preparativos de última hora para esta serie, me encontré con una lista que mi amiga Kim Wagner me envió hace algún tiempo. Algunos de ustedes la han oído en Aviva Nuestros Corazones. Ella simplemente compara y contrasta el espíritu irritado con el espíritu tranquilo y manso, que es el contraste que vemos en el Salmo 37.

Permítanme leerles a ustedes algunas de esas comparaciones. Los que se irritan tendrán miedo de las tormentas de la vida, pero los mansos estarán en reposo durante las tormentas de la vida. Los que se irritan intentarán manipular a los individuos o las circunstancias, pero los mansos reaccionarán a las circunstancias con confianza y paz.

Los que se irritan tomarán decisiones de la vida basadas en las emociones o en las pasiones fugaces del momento, pero los mansos tomarán decisiones de vida basadas en principios bíblicos.La confianza del individuo que se irrita está en sus propias habilidades y en su poder de controlar a los demás o controlar los detalles, pero la confianza de la persona mansa está en la seguridad de las verdades de la Escritura y en la fidelidad de Dios.

La persona que se irrita encuentra su valor en sus propios logros y en lo que otros piensan de ella, pero los mansos encuentran su valor en saber quiénes son en Cristo. El que se irrita encuentra su fortaleza de carácter en sus propios rasgos de personalidad, pero los mansos encuentran su fortaleza de carácter en Cristo.

La irritación alimenta la tempestad al dejar salir las pasiones y las emociones, mientras que la mansedumbre frena la tempestad de las emociones y las pasiones mandándoles y diciéndoles: «Paz. Estad quietos».

El que se irrita es demasiado temeroso y débil para confiar en Dios, así que permite que sus emociones y pasiones pecaminosas gobiernen. Pero la mansedumbre nos da la fuerza y el coraje para luchar en la batalla y para vencer nuestra ira pecaminosa y nuestras pasiones, confiando en la providencia del Dios omnipotente.

La persona que se irrita está llena de sospechas, dudas y suposiciones basadas en sus emociones, y permite que esas imaginaciones determinen el curso de acción. La mansedumbre, por el contrario,impide que la mente divague con vanas imaginaciones o que habite en pensamientos que puedan inflamar las emociones volátiles y las pasiones.

Y la mujer que se irrita siempre está sujeta a una montaña rusa de emociones, continuamente de arriba a abajo. Lo único consistente en ella es que nunca se sabe en qué estado de ánimo se encontrará. Pero la mansedumbre proporciona constancia y una serenidad constante y compostura en el espíritu y en el estado de ánimo. Esto refleja la estabilidad consistente de nuestro Señor, quien es el mismo ayer, hoy y por siempre. 

Entonces la Escritura dice: «No te irrites».

  • No te inquietes
  • No te calientes
  • Confía en el Señor
  • Mira hacia arriba
  • Deléitate en el Señor
  • Encomienda tu camino al Señor
  • Está quieta delante del Señor
  • Espera en Él pacientemente

Luego el maravilloso versículo 11: «Mas los humildes poseerán la tierra, y se deleitarán en abundante prosperidad».

Permítanme decirles que pudieran estar haciendo todas estas cosas —confiando, deleitándose, encomendándose, estando quietas, y esperando con paciencia; y pudieras estar pensando: «todavía no estoy heredando la tierra». Déjame decirte que si estás atada al Señor, tú heredarás la tierra. No puedes tener todas las cosas de esta tierra, pero tendrás suficiente para estar satisfecha.

Tendrás abundancia de paz en medio de la tormenta. Sin embargo, no tendrás todo lo que tu alma anhela y espera aquí y ahora, debido a que algunas de estas cosas aún están por venir.

Tu situación no puede cambiar de inmediato. De hecho, puede ser que no cambie en esta vida. Y es por eso que no solo tenemos que mirar hacia arriba, sino también mirar hacia adelante, para mantener nuestros ojos en la meta.

Eso es lo que quiero hablar en el próximo programa a medida que continuamos revisando el Salmo 37. No te irrites, mira hacia arriba, y luego mira hacia adelante.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado invitando a atar nuestros corazones y nuestras mentes al Señor. Este es el tercer programa en la serie titulada, «Un corazón apacible en medio de un mundo turbulento».

Unas hermanas en Cuba han aprendido a atar sus mentes al Señor haciendo uso de recursos como este programa. Escucha lo que una mujer nos escribió. 

«Dios bendiga al equipo de Aviva Nuestros Corazones, me comunico representando a un grupo de mujeres cubanas que seguimos su trabajo, tanto los programas, como los recursos publicados para edificar la vida de la mujer en forma general, y sobre todo la mujer cristiana. 

Soy testigo de las grandes cosas que Dios ha hecho a través de su trabajo en la iglesia cubana. Pese a las muchas restricciones que tenemos para tener acceso a ustedes, Dios me ha dado la valiosa oportunidad de conocerles hace más de un año, y desde entonces cada vez que una de nosotras obtiene por alguna vía algún programa, lo compartimos entre todas. Es asombroso. Ha sido como quien encuentra un tesoro y no lo guarda para sí sino que lo multiplica, y es cuando realmente se vive el fruto de este trabajo. 

Es curioso, tal vez no puedan comprender la profundidad de este milagro en nuestras vidas dentro de la sociedad cubana, la cual tiene un mínimo acceso a internet. El hecho de que Dios haya permitido que algunas mujeres por su trabajo tengan acceso a internet y hayan descubierto Aviva Nuestros Corazones, es una respuesta de Dios a sus oraciones de llegar a cada mujer sin importar su contexto social. También es una respuesta a nuestras oraciones, que anhelamos mucho la Palabra de Dios y ser edificadas para convertirnos en esa vasija útil en Sus manos». 

Amén. Espero que la enseñanza que has escuchado hoy y este testimonio te animen a esperar en Dios. Hoy, toma tiempo para asegurarte de que tu sentido de seguridad no se haya alejado de la Persona—Jesucristo, que es verdaderamente segura.

Bueno, hemos oído que el pecado trae consecuencias. Pero, ¿por qué entonces parece que algunas personas hacen alarde de su conducta terrible, año tras año, y aún continúan teniendo éxito? Hablaremos acerca de esto mañana. 

Para cerrar nuestro tiempo juntas, oremos con Nancy.

Nancy: Oh, Padre, cuánto te pido que tomes nuestras emociones salvajes y errantes que suben y bajan, y que causes que nuestros corazones permanezcan atados, no a las circunstancias que pueden cambiar, sino a ti. Tú eres firme. Tú eres inmutable, Tú eres constante. Tú eres estable. Tú eres fiel. Podemos confiar en Tí. Que nuestros corazones permanezcan conectados, atados a ti, mientras miramos hacia arriba y mientras miramos hacia delante, y creemos en Tus promesas de que los mansos heredarán la tierra y se deleitarán en abundante paz. Y todo esto lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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