Aviva Nuestros Corazones Podcast

Llena tu mente con la Palabra de Dios

Annamarie Sauter: ¿Descansas en que Dios actúa a Su manera y en Su tiempo?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Uno de nuestros problemas es que nos frustramos cuando Dios no actúa a la manera que nosotros pensamos que Él debe actuar, y cuando Dios no arregla las cosas al momento que nosotras pensamos que Él debe hacerlo. Pero ten en cuenta que Dios tiene más cosas en mente que solo arreglar tus problemas. Dios quiere cambiarte; Dios quiere cambiar a esa persona; Dios quiere exhibir Su gloria en este mundo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Si estás siguiendo la lectura bíblica junto a nosotras este año, la lectura de hoy es Esdras, capítulos 1 al 4.

Hoy en día tienes acceso a medios informativos 24/7, pero no por esto debes acceder a ellos todo el tiempo. En un mundo donde las malas noticias tratan de capturar tu atención continuamente, Nancy te ayudará a mantenerte enfocada. Aquí está ella con la continuación de la serie, «Un corazón apacible en medio de un mundo turbulento».

Nancy: Estamos viendo los primeros once versículos del Salmo 37, durante unas cuantas sesiones. Quiero animarte a que vayas leyendo estos versículos. Han sido de gran bendición en mi vida. Me encuentro regresando a esos versículos una y otra vez, particularmente cuando me enfrento con cosas inquietantes en este mundo. Y hay mucho en este mundo que nos inquieta. No puedes vivir con otros seres humanos y no ser confrontado por la maldad —en nuestros corazones— pero también en las vidas de otros.

Nuestra tendencia natural cuando somos confrontados con el mal que otros hacen, es irritarnos. Como vimos en la última sesión, eso quiere decir, «airarse, enojarse, estar desconcertado, molestarse, el tener nuestra paz perturbada». Estamos viendo en este pasaje que la Escritura nos dice que lo único queno debemos hacer es lo que estamos más propensos a hacer —no debemos irritarnos. Tres veces se nos dice eso: en el versículo 1, en el versículo 7, y en el versículo 8. No te irrites. No dejes que te moleste. No te irrites.

Mientras vemos estos versículos, hoy vamos a ver que hay cosas que debemos hacer cuando nos enfrentamos con los hacedores de maldad. Debemos mantenernos calmadas. La pregunta es: ¿Cómo nos mantenemos calmadas? Tú dirás: «Me molesta el comportamiento de esa persona ––de esa persona que trabaja en el cubículo justo a mi lado– me irrita; el de esa persona que vive en mi casa que tiene un hábito tan irritante, o que está tomando decisiones incorrectas. ¿Cómo puedo mantenerme calmada?»

Solo déjame resumir estos próximos versículos diciendo que la cura para la irritabilidad y para el enojo es el mirar hacia arriba. ¿Hacia arriba? ¿Hacia dónde? Mira hacia Dios. Dirige tu respuesta hacia Dios en lugar dirigirla hacia los malhechores. Lo que nos lleva a impacientarnos, a enojarnos, es que estamos muy enfocadas en la gente a nuestro alrededor y en lo que están haciendo mal. Tu enfoque está en el lugar incorrecto. Redirige tu respuesta; redirige tu enfoque. Escoge el mirar hacia arriba en lugar de mirar hacia los malhechores. Orienta tu vida alrededor del Señor. Amarra tu corazón a Él. Ancla tus emociones en Él.

Vamos a ver cinco exhortaciones en el Salmo 37, que nos dicen cómo mirar hacia arriba. Déjame enseñártelas en orden, y luego iremos una por una.

La primera la encontramos en el versículo 3: «Confía en el SEÑOR».

Luego el versículo 4: «Pon tu delicia en el SEÑOR».

Versículo 5: «Encomienda al SEÑOR tu camino».

Versículo 7: «Confía callado en el SEÑOR», o como una de las traducciones dice, «guarda silencio ante JEHOVÁ» (RV).

Luego también en el versículo 7: «Y espérale» —espera en el Señor. Verás esa frase tres veces en este salmo: en el versículo 7 y luego en los versículos 9 y 34.

Confía en el Señor; deléitate en el Señor; encomienda tu camino al Señor; guarda silencio ante el Señor, y espera pacientemente en el Señor. ¿Cuál es el denominador común en cada de estas cinco exhortaciones? En el Señor. Orienta tu vida alrededor de Él. ¿Dónde está el hacedor de maldad aquí? Ni siquiera lo estás viendo; estás viendo al Señor. Estás atando tu corazón al Señor, estás atando tus emociones al Señor, por lo tanto tus emociones no suben ni bajan basadas en lo que los malos estén haciendo.

Ahora vamos a ver estos versículos uno por uno.

Número uno: «Confía en el Señor, y haz el bien; habita la tierra, y cultiva la fidelidad» (v.3). Confía en el Señor. La fe es el punto de partida para cualquier relación con Dios. No puedes tener una relación con Él si no estás ejercitando la fe, «es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan» (Heb. 11:6, RV).

Tienes que confiar que hay un Dios en esta circunstancia y que el malhechor no tiene la última palabra. Hay un Dios y ese Dios es soberano, ese Dios reina sobre todo, y ese Dios está sobre todos los hacedores de maldad. Tienes que confiar que Dios es sabio, que Él lo conoce todo.

Tienes que confiar que Él es bueno, que Dios está obrando Sus propósitos en este mundo, que Él tiene un plan, y que el plan de Dios no ha sido coartado por este malhechor, por esta persona que está haciendo tu vida o este mundo imposible. Tienes que confiar que Dios conoce tu situación, que Él no está ciego a ella, que Él no te ha abandonado, y que Dios tiene cuidado de ti.

Así que mientras ves lo que este malhechor está haciendo –quizás la persona en cuestión tiene un mal temperamento, o está siendo inmoral, o está tomando decisiones imprudentes o poco éticas, y está haciendo tu vida imposible. Quizás dirás, «mi esposo está llevando nuestra familia a la deuda financiera» o «mi jefe está llevando este negocio al suelo y haciendo mi vida miserable». Pero no te enfoques en el malhechor.

No estoy diciendo que el malhechor no existe, sino que Dios todavía sigue siendo Dios, y Dios está bien, más que bien. Él está allí; Él está en control; a Él le importa. Así que confía en el Señor. Confía en Él. Pon tu enfoque en Él.

Esta fe que debemos tener no es una fe pasiva o algo como, «solamente pretenderé que no está pasando nada malo». Es una fe activa. La fe siempre se expresa a sí misma con buenas acciones, si estás confiando en el Señor, entonces no te vas a comportar como una necia cuando estés tratando con un necio que te está haciendo la vida imposible. El incrédulo, el hacedor de maldad –él hace maldad. Y eso es porque su corazón es malo. Su inclinación es a lo malo.

Así que no te sorprendas cuando los pecadores actúan como pecadores. Lo que debe sorprendernos es cuando los cristianos actúan como pecadores. Nosotros somos los que debemos estar haciendo el bien porque tenemos un nuevo corazón, una nueva naturaleza. Tenemos la capacidad de hacer el bien porque Cristo vive en nosotros. Nos hizo nuevas criaturas. No tenemos que hacer lo malo para responder a los malos. Podemos hacer el bien. Podemos hacer lo bueno porque Cristo vive en nosotras.

Así que, «confía en el SEÑOR, y haz el bien; habita en la tierra y cultiva la fidelidad». Habita en la tierra. Permanece allí. Establécete en el lugar donde Dios te ha puesto, y no siempre andes corriendo en búsqueda de pastos más verdes. Muchas de nosotras pasamos mucho de nuestras vidas tratando de escapar circunstancias difíciles, pero Dios nos dice, «no trates de huir, quédate allí». Habita en la tierra donde Dios te puso.

Ahora, esta verdad tiene que ser balanceada con otros principios de la Escritura que dicen que a veces es apropiado removernos de la presencia del mal. Pero si Dios te ha puesto en una situación, entonces quédate allí hasta que Dios te saque. Quédate allí hasta que Dios te deje ver claro que es tiempo de irte. Habita en la tierra; quédate allí. No siempre andes buscado maneras de escapar.

La gente cambia de trabajos, cambia de iglesia, cambia de matrimonio, y lo que hacen es que se encuentran con más hacedores de maldad. Dondequiera que vayas, los vas a encontrar. Así que Dios dice que habites allí —establécete, habita en la tierra— y luego está esa frase «cultiva la fidelidad». La versión Reina Valera dice, «te apacentarás de la verdad», y a mí me gusta la versión Reina Valera Antigua; que dice, «en verdad serás alimentado».

Habita en la tierra. ¿Cómo no morir de hambre en esta tierra pecadora? Alimentándote de Su fidelidad. Permite que sea Su fidelidad la que te satisfaga. Permanece donde estás, y satisfácete con el pensamiento de la fidelidad de Dios. Confía en el Señor y haz el bien.

Número dos, y encontramos este en el versículo 4: «Pon tu delicia en el SEÑOR, y Él te dará las peticiones de tu corazón». Deléitate en el Señor. El diccionario Strong dice que esa palabra deleite significa «estar feliz, tomar deleite exquisito». Deléitate en Jehová.

Toma en cuenta el contexto aquí. Estamos tratando con hacedores de maldad; estamos tratando con maleantes. Estamos tratando con una situación donde nuestra tendencia es de molestarnos, de exaltarnos, de enojarnos, de preocuparnos. En esa situación, él dice: «Pon tu delicia en el Señor».

Deja que Él sea tu premio. Él es la perla de gran precio. Deja que Él sea tu posesión amada, tu anhelo, eso que tú buscas. Atesora a Cristo. Atesóralo a Él. Dí, «Señor, a pesar de lo que está pasando a mi alrededor, a pesar de lo necias que son estas personas en mi vida, a pesar de las dificultades que me provocan, levanto mis ojos. Y te veo a ti, y Tú eres asombroso. Eres maravilloso». Deléitate en Él.

He estado memorizando y meditando en el libro de Apocalipsis en los últimos meses, y me encanta el capítulo 1, esa increíble, asombrosa imagen del Cristo resucitado. Deléitate en eso. Deléitate en Él. Él está en Su trono. Él es el León de la tribu de Judá; Él es el Cordero de Dios. Sus ojos son como llamas de fuego. Habla acerca de lo hermoso que Él es, de lo poderoso, y de lo majestuoso que Él es. Él nos ama; Él nos ha libertado de nuestros pecados por Su sangre. Deleita tus ojos y tu corazón en Él. Deléitate en Él. Deja de estar mirando a la gente, y deléitate en el Señor.

El problema con nosotras es que pasamos mucho tiempo meditando en lo que los malhechores están haciendo, allí es donde está nuestro enfoque. Es lo único en lo que podemos pensar, y eso es lo que nos hace enojar. Eso es lo que nos calienta la cabeza y nos molesta. Eso es lo que nos exalta. Al irte a dormir en la noche, en lugar de meditar en lo que esa persona te hizo ese día que te hirió –haciéndolo más grande de lo que es– quita tus pensamientos de es y conscientemente e intencionalmente pon tus pensamientos en el Señor. De paso, allí es donde aprenderse la Escritura es de mucha ayuda, medita en el Señor.

Me encanta tener la Escritura en mi mente cuando me voy a dormir en la noche y cuando despierto en la mañana —también si despierto durante la noche, tener la Escritura en mi mente. Te diré que las veces cuando pienso en las cosas que me perturbaron durante el día en lugar de meditar en la Escritura, esas cosas se vuelven muy grandes. Es como si se me olvidara que Dios está allí, y entonces se me empieza a calentar la cabeza en lugar de deleitarme en el Señor.

Él dice que si nos deleitamos en Él, Él nos concederá los deseos de nuestro corazón. ¿Qué quiere decir eso? Si nos deleitamos en Él, Él mismo se dará a nosotros, porque Él será lo único que verdaderamente vamos a querer. Él será lo que vamos a desear, lo que anhelamos, lo que atesoramos, por lo que vivimos. No hay lugar para perder. Es como si te elevaras a un plano donde puedes vivir por encima de las luchas, por encima de los malhechores, para encontrar deleite en el Señor.

Confía en el Señor, deléitate en el Señor, y luego para el número tres, mira el versículo 5: «Encomienda al Señor tu camino». Esa frase «encomienda tu camino», significa que «muevas tu camino hacia Dios, que lo traslades a Él, transfiérelo a Él». Un escritor dice que significa «trasladar la carga de tus hombros para entregársela a Dios». «Señor, esto no es mío para cargar; es tuyo para que Tú lo cargues».

Encomienda tu camino. «Señor, Tú ves mi camino. Tú sabes con lo que estoy tratando. Tú conoces esta persona difícil; Tú conoces esta circunstancia difícil».

Nosotros nos enfrentamos con eso en Aviva Nuestros Corazones. Nosotros tenemos una posición firme sobre algo, y tratamos de exponerla con amor y con gracia, lo más agradablemente que se puede, pero en ocasiones recibimos correos electrónicos diciendo, «estoy disgustada con ustedes». Hemos tenido algunos de esos diciendo, «no puedo creer que dijiste eso. No puedo creer que fuiste tan fría y poco amorosa al decir eso». Si tu conciencia está limpia, ¿qué haces? Tú encomiendas tu camino al Señor. Tú dices, «Señor, este correo electrónico es para ti. Tú trata con eso. Te lo estoy pasando a ti».

Yo creo que el apóstol Pedro probablemente estaba pensando en este versículo cuando él dijo en 1 Pedro capítulo 5, en el versículo 7, «echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros». No tiene sentido que me quede despierta toda la noche preocupándome sobre esto, o que me turbe por ello, o me ponga nerviosa por ello. Porque Dios tiene cuidado de mí. Deja que Dios trate con eso.

Ríndete completamente a Él. Encomienda tu reputación a Él: «Señor, mira lo que ellos dicen —y la gente está creyendo lo que están diciendo, y otra gente cree que es verdad». No te defiendas. No protejas tu reputación. Encomienda tu camino al Señor. Encomienda tu senda al Señor. Traslada toda tu situación a Él, y cuando lo hagas, ya no te vas a estar quejando por la carga.

Así es como te liberas del enojo. Así es como te liberas de la irritación. Tú confías en el Señor, tú te deleitas en el Señor, y encomiendas tu camino al Señor. Tú le trasladas tu camino al Señor. Dice: «Encomienda al SEÑOR tu camino; confía en Él» —y allí está de nuevo— confía en Él «y Él actuará». Permítele a Dios actuar. Él hará lo que sea necesario hacer en esa situación.

Yo creo que una de las razones por las que somos tan propensas a molestarnos, a dejar que se nos caliente la cabeza y a enojarnos, es porque sentimos que Dios no está actuando; sentimos como si Dios no estuviera haciendo nada. Como mujeres, no podemos aguantar ver que nada suceda. Es como, «alguien tiene que intervenir. Alguien tiene que hacer algo, y si nadie más lo hace, yo lo haré». Empezamos a cargar todo el peso del mundo sobre nuestros hombros. Amigas, no es nuestra responsabilidad arreglarlo todo. Un comentarista dijo: «Él cumplirá todo lo que tu fe haya puesto sobre Él». Dáselo, y deja que Dios obre.

Ahora bien, tienes que dejar que Dios actúe a Su manera y a Su tiempo. Uno de nuestros problemas es que nos frustramos cuando Dios no actúa a la manera que nosotros pensamos que Él debe actuar, y cuando Dios no arregla las cosas al momento que nosotras pensamos que Él debe hacerlo. Pero ten en cuenta que Dios tiene más cosas en mente que solo arreglar tus problemas. Dios quiere cambiarte; Dios quiere cambiar a esa persona; Dios quiere exhibir Su gloria en este mundo. Y a veces Dios recibe más gloria al dejar que ese problema permanezca en tu vida que si lo removiese de ella.

Así que tienes que decir, «¿es mi meta final cambiar esta situación, o es mi meta que Dios sea glorificado? ¿Estoy dispuesta a quedarme en esta situación si eso es lo que le agrada al Señor para Su gloria? Entonces estoy dispuesta a hacerlo».

«Encomienda al SEÑOR tu camino; confía en Él, y Él actuará». Él actuará —en Su tiempo y a Su manera. Quizás no lo resolverá en los próximos 28 minutos, como pasa en programas de televisión. Quizás no lo resolverá en la forma que tú lo hubieras hecho. Pero dale gracias a Dios que es Él quien escribe el guión —que Él no actúa en la manera en que yo pienso que Él debe de actuar. Mi visión es muy corta. Yo no sé cuál es el panorama completo. Dios sí tiene la imagen completa en Su mente. Él sabe lo que realmente se necesita. Confía en Él, y Él actuará.

Algunas veces pienso qué haría Dios en nuestras circunstancias y en nuestras situaciones de la vida si realmente confiásemos en Él, y le encomendáramos nuestros caminos a Él, y si se lo permitiéramos. Yo creo que Dios quiere hacer milagros en algunas de nuestras vidas —quizás en nuestras finanzas, quizás en esa pareja incrédula, quizás en ese hijo o en esa hija rebelde, quizás en ese jefe imposible, quizás en esa situación difícil en la iglesia. Dios quiere hacer algo verdaderamente maravilloso y grandioso como Él mismo.

Me imagino que a veces Dios está sentado arriba en el cielo diciendo: «¿Tú quieres tratar con esto? Está bien, hazlo tú». A veces pienso si Dios no se pondrá a sí mismo en un estado de inactividad —por así decir— porque somos tan intencionales en actuar por nosotras mismas.

«Sigue adelante; hazlo. ¿Tú quieres ser Dios?»

«Bueno, no, no Señor. No puedo».

«Yo solo estaba esperando a que dijeras eso. ¿Quieres que Yo actúe?»

«Sí, Señor, necesito que actúes».

«Está bien, encomiéndame tu camino, confía en Mí, y yo actuaré».

Dios actuará. ¿Qué es lo que Dios quiere hacer en tu mundo que quizás no está haciendo porque tú estás actuando, porque tú estás tomando el asunto en tus propias manos? Confía en Él, y Él hará.

Tenemos que ver el versículo 6: «Hará resplandecer tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía». Esa es una cosa que Dios hará. Él hará brillar luz en la situación; Él hará todo claro como la luz del día. Él vindicará al justo.

Todos verán la verdad. Si tú eres la parte inocente pero nadie más lo sabe o lo cree, encomienda tu camino al Señor. Confía en Él. Deja que Él vindique tu inocencia. No te defiendas. No trates de probar tu punto. «Hará resplandecer tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía». Él hará todo claro. Todos, con el tiempo, verán quién estaba en lo correcto.

¿Entonces, qué debes hacer? Hay dos más en la lista. Los tocaremos en la próxima sesión, pero mira los primeros tres: Confía en el Señor y haz el bien. Deléitate en el Señor. Encomienda tu camino al Señor; confía en Él, y Él actuará.

Oh Señor, te pido que hagas que nuestros corazones se aten a ti; que orientemos nuestras vidas alrededor de ti en vez de orientarlas alrededor de los hacedores de maldad, de los malvados. Te pido que en lugar de enfocarnos en el mal que hay en el mundo y el mal que nos arropa y nos perturba; en vez de molestarnos, llenarnos de ansiedad e irritarnos, que podamos tener paz en nuestros corazones; calma, tener corazones firmes, y gozo durante este peregrinaje mientras nos deleitamos en ti, mientras confiamos en ti, mientras encomendamos nuestros caminos a ti.

Gracias, Señor que Tú eres Dios, que Tú eres bueno, aún en este momento, aunque hayan cosas que nos halen, que quieran robar nuestra paz y nuestro gozo. Solo queremos decir intencionalmente: «Nosotros escogemos confiar en ti, oh Señor, en el nombre de Jesús, amén. 

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado animando a mirar hacia arriba—a Dios, en la medida en que atravesamos situaciones que nos irritan o que no entendemos. Esta enseñanza es parte de la serie titulada, «Un corazón apacible en medio de un mundo turbulento». Si no escuchaste el programa anterior, escúchalo o leelo en AvivaNuestrosCorazones.com. También puedes hacerlo a través de nuestra aplicación Aviva Nuestros Corazones.

Definitivamente, en la medida en que miramos hacia arriba y profundizamos en la Palabra de Dios, ¡vemos que Él es mucho más grande de lo que imaginamos!

En momentos en los que tenemos que esperar estamos inquietas. Es como si la vida se pusiera en pausa hasta que algo cambie o suceda eso que esperamos. Bueno, aprender a esperar en Dios puede convertirse en una experiencia que nos llene de profunda satisfacción. Escucha más acerca de esto en tu siguiente programa. 

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Más Grande de lo que Imagino. El Dios que adoramos. La IBI y Sovereign Grace Music.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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