Podcast Aviva Nuestros Corazones

Leales al líder de Dios

Carmen Espaillat:   Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss Wolgemuth: El Espíritu es como el viento. Tú no puedes controlarlo. Tú no sabes a dónde va o cuando se va. Dios está en control de la repartición y la concesión de su Espíritu Santo.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Dios establece líderes, y tenemos que decidir cómo vamos a interactuar con los líderes que Él ha puesto a nuestro alrededor. ¿Los vamos a criticar? ¿Vamos a quejarnos y a buscar la manera de avanzar con nuestra propia agenda?

Echemos un vistazo a la respuesta de Josué, en la medida en que Nancy continúa con la serie, «Lecciones de la vida de Josué: Aprendiendo a ser enseñable». 

Nancy: Estamos siguiendo la vida de Josué, y estamos viendo diferentes momentos de su vida. Algunas de ustedes se estarán preguntando, ¿Vamos a llegar en algún momento al libro de Josué?

Encontramos muchos recuentos que se relacionan con su vida en los libros anteriores, en  Éxodo, Números y Deuteronomio, por lo que estamos viendo estos primero. Estos son los primeros años de su vida, no su infancia, sino sus años de preparación, aprendizaje y formación para el liderazgo.

Entonces, cuando lleguemos al libro de Josué, el cual todavía estoy estudiando, vamos a llegar  a la parte donde él dirige al pueblo de Dios. Luego, al final de su vida, le veremos dejando un legado.
Pero él todavía está en entrenamiento, todavía está en preparación para el ministerio, y gran parte del aprendizaje que está llevando a cabo es de su mentor, de Moisés. Josué es ayudante de Moisés, por lo que las cosas que están sucediendo que tienen que ver con Moisés están dejando una huella, una  impresión en la vida de Josué.
Espero que tengas héroes piadosos y sabios en la fe. Ahora, no pongas tu confianza en los hombres, porque los hombres van a fallar, y Moisés tuvo un gran fracaso. Él nunca llegó a entrar a  la Tierra Prometida.
Puedes aprender de los errores de la gente también. Así que no pongas tu confianza ni tu esperanza en las personas, solo en el Señor.
Pero espero que estés rodeada de personas que modelen piedad, santidad y deseo por las cosas de Dios. Hay tantas cosas que podemos aprender, en especial como mujeres jóvenes, de personas que han estado en el camino por más tiempo  que nosotras.
El nombre de Josué luego aparece en el libro de Números capítulo 11. Lo dejamos cuando él estaba en la tienda de reunión en Éxodo capítulo 33. Ahora nos vamos a dirigir  a Números 11, así que déjame pedirte que vayas allí. Se trata de una mención poco conocida de la vida de Josué. Es un pasaje oscuro en su vida, Si yo te pidiera que hicieras una lista de todas las historias sobre Josué, es probable que no pienses en esta. Es una historia no tan famosa como la historia de la Batalla de Jericó o el pecado de Acán. Esta no es una de esas historias conocidas, familiares, pero tiene mucho que enseñarnos.
Déjame darte un poco del contexto aquí. Después de once meses acampando en el monte Sinaí, los hijos de Israel están, finalmente, de camino hacia la Tierra Prometida, de camino hacia Canaán. Desde que salieron de Egipto, han visto la mano de Dios protegiéndolos, proveyendo para ellos. Dios ha hecho por ellos o les ha dado todo lo que han necesitado.
Ahora llegamos al capítulo 11 y el pueblo está preparándose para salir. En los primeros 9 versículos del capítulo 11 (no vamos a leerlos), encontramos al pueblo murmurando, y  quejándose de sus condiciones.


Hay dos ocasiones consecutivas en las que se hace referencia a esto en la primera parte de Números 11. En los versículos 1-3, dice «Y el pueblo comenzó a quejarse en la adversidad» (v. 1). No dice qué tipo de adversidad era, podrían haber sido un sinnúmero de cosas, pero sí sabemos que ellos no estaban alabando a Dios por su bondad; se estaban quejando de su adversidad.

¿No es así  la naturaleza humana? Los hijos de Israel tenían muchas,  muchas cosas por las que podrían haber dado gracias a Dios:

El hecho de que todavía estaban vivos.

Tenían comida para comer.

agua para beber.

ropa y zapatos.

Dios estaba supliendo todas sus necesidades.

Tenían la gloria de Dios y la nube de día y el fuego durante la noche, dirigiéndolos, protegiéndolos. Los egipcios los persiguieron y Dios se hizo cargo de ellos.

Todo lo que necesitaban, Dios lo hizo, sin embargo, nos encontramos con ellos aquí quejándose de sus adversidades.  ¿Qué locura es esa?

¿Y qué tanto se parece a nosotros? Quejarnos de nuestras desgracias, en medio de todas las cosas buenas que Dios ha derramado sobre nosotros.

En los versículos 4-6, ellos son más específicos acerca de su queja. Este ya es el segundo ejemplo. Dios juzga el primer caso; luego vuelven, y todavía siguen quejándose.

Ellos dicen: « ¿Quién nos dará carne para comer? Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto...pero ahora no tenemos  nada...excepto este maná.»

Así que la adversidad ahora es que no están contentos con la comida que tienen.  No es que ellos no tienen alimentos; es que no están contentos con la falta de variedad. Ellos quieren más variedad en su menú, en su dieta.

Pues bien, en este punto Moisés ha tenido suficiente. El versículo 10 nos dice que él está disgustado. Ya le habían colmado su paciencia.


Ya él había tenido que  soportar de estas murmuraciones, este lloriqueo, estas reclamaciones y estas quejas... ¿Alguna vez te has sentido de esta manera como madre? « ¡Ya tengo suficiente de reclamaciones y quejas!»

v.11  «Entonces Moisés dijo al Señor: v.13 ¿De dónde he de conseguir carne para dar a todo este pueblo? Porque claman a mí, diciendo: “Danos carne para que comamos.”»(vv. 11-13). Yo solo no puedo llevar a todo este pueblo, porque es mucha carga para mí, y si así me vas a tratar te ruego que  me mates si  he hallado gracia ante  tus ojos.


 ¿Quién está murmurando ahora? ¿Quién se está quejando ahora? ¡Ahora es el líder! Moisés está diciendo: «Dios, yo preferiría morir antes que tener que seguir llevando esta carga.» ¿Alguna vez has estado allí? Bueno, tal vez no tuviste deseo de morir, tal vez sí, pero a lo mejor solo pensaste, no puedo seguir llevando  esta responsabilidad. No puedo manejar a estos niños. No puedo con la gente en este lugar de trabajo; son un grupo de perdedores, y no puedo seguir así.

Así que arremetemos contra Dios. Decimos: « ¡Dios, sácame de esta situación!»


Bueno, la respuesta de Dios a Moisés, misericordiosamente, es que Él va a hacer dos cosas. En los versículos 18-23, Dios le dice, voy a proveer milagrosamente carne para el pueblo el próximo mes, tanta carne que se van a cansar de ella.


¿Ustedes quieren carne? Van a atiborrarse de carne. Se van a cansar de ella.


Dios también dice: «Yo también voy a proporcionar un alivio para ayudarte a llevar la carga espiritual de estas personas.» Mira los versículos 16-17, donde Dios describe cómo va a hacer eso:

« Entonces el Señor dijo a Moisés: Reúneme a setenta hombres de los ancianos de Israel, a quienes tú conozcas como los ancianos del pueblo y a sus oficiales, y tráelos a la tienda de reunión (fuera del campamento donde se reunía con el pueblo) y que permanezcan allí contigo. 17 Entonces descenderé y hablaré contigo, y tomaré del Espíritu que está sobre ti y lo pondré sobre ellos, y llevarán contigo la carga del pueblo para que no la lleves tú solo.»


Moisés le había insistido a Dios que ya no podía soportar la carga de todas esas personas él solo, por lo que Dios responde con misericordia al elevar y potenciar otros hombres, setenta hombres, setenta líderes, para compartir la carga y la responsabilidad con Moisés. Ahora ve hasta el versículo 24:
 

«Salió Moisés y dijo al pueblo las palabras del Señor. Reunió después a setenta hombres de los ancianos del pueblo y los colocó alrededor de la tienda.» Entonces el Señor descendió en la nube y le habló; y tomó del Espíritu que estaba sobre él (como Dios lo había prometido) y lo colocó sobre los setenta ancianos. Y sucedió que cuando el Espíritu reposó sobre ellos, profetizaron;»


Permítanme detenerme allí mismo antes de terminar el pasaje y hacer dos observaciones. En primer lugar, Moisés tuvo que estar dispuesto a dejar que otros compartieran la carga del ministerio con él.
Vimos esto anteriormente en Éxodo 17, cuando Aarón y Hur vinieron y sostuvieron los brazos de Moisés para que pudiera mantener sus manos levantadas en la batalla contra los amalecitas. Vimos allí que Moisés tuvo que estar dispuesto a no hacer esto por él mismo, a no ser un llanero solitario, y dejar que otros vinieran y le ayudaran.


A veces eso es difícil para nosotras porque somos orgullosas y queremos pensar, yo puedo hacer esto por mi propia cuenta. Moisés tenía que estar dispuesto a correr el riesgo de que uno de esos setenta ancianos tomara su lugar, o que uno de esos ancianos reuniera una cantidad de seguidores entre la gente, o que fuera desleal –una gran cantidad de riesgos humanos.

Tenía que confiar en que el mismo Espíritu que le había dirigido a través de todo este proceso también guiaría a estos hombres, que ellos iban a tomar buenas decisiones, que dirigirían bien. Y tenía que estar lo suficientemente seguro en el Señor para dar la bienvenida a estos hombres que desplegaban los dones del Espíritu.


Permítanme decir que en cada etapa en que nos encontremos en la vida, Dios sabe lo que podemos y lo que no podemos manejar.

Estoy muy agradecida por esas épocas en las que Dios ha sabido que yo no podía manejar este llamado o estas tareas solas, y cómo Dios ha levantado a otros para ayudarme a soportar la carga del ministerio que Él me ha confiado. Pero tengo que estar dispuesta a recibir esa provisión y dar la bienvenida a esos dones y fortalezas especiales que esas personas traen.

 
Doy gracias al Señor por nuestro equipo en Aviva Nuestros Corazones. Ellos son un increíble grupo de hombres y mujeres que aman al Señor, que caminan con el Señor, que tienen un corazón y una pasión por este ministerio de avivamiento y feminidad bíblica.


Pero tengo que estar dispuesta a dejarlos ser parte de nuestro equipo. Tengo que estar dispuesta a dejar que ellos usen sus dones. Y tenemos diferentes dones.

Nos complementamos, pero a veces ellos no hacen las cosas de la manera que yo las haría. Si soy una líder sabia, estaré agradecida por los diferentes valores, fortalezas y dones únicos que estas personas traen, y no voy a estar insegura cuando Dios ponga su Espíritu en sus vidas de una manera en la que no lo haya manifestado en la mía. Voy a regocijarme cuando Dios los use. Vemos, pues, a Moisés dándole la bienvenida a la provisión y estando dispuesto a maximizar esta ayuda que Dios proveyó.


En segundo lugar, vemos la importancia del Espíritu Santo. Hay cinco referencias al Espíritu en este pasaje.

Hay mucho que podríamos decir sobre el papel del Espíritu Santo, especialmente en el Antiguo Testamento, y mucho más que no voy a decir en esta sesión en particular, pero creo que está claro que hemos destacado aquí la importancia y la necesidad del Espíritu Santo mientras buscamos servir al Señor.
Cuando digo esto, no estoy hablando sólo de la gente como yo que está en el ministerio cristiano por vocación. Tú diras: «Sí, eres una maestra de la Biblia. Por supuesto que necesitas tener la plenitud del Espíritu Santo en tu vida. Por supuesto que necesitas la unción del Espíritu.»


Necesitas la plenitud y la unción del Espíritu Santo en tu vida, en todo lo que Dios te ha llamado a hacer en esta época de tu vida. No te atrevas a intentar servir al Señor sin la unción, la capacitación y el poder  de su Espíritu Santo. "Todo es inútil a menos que descienda el Espíritu del Señor."


Así que permítanme hacer algunas observaciones sobre el ministerio del Espíritu que vemos en este pasaje. Una vez más, a medida que vemos el Nuevo Testamento, aprendemos mucho más sobre el Espíritu Santo.

Aquí estamos solo dando un vistazo, bajo el antiguo pacto, lo que los creyentes del nuevo pacto vendrían a atesorar y a entender a un grado mucho más completo, pero sí tenemos algunos destellos maravillosos aquí.


Vemos que era el Espíritu de Dios divinamente conferido a los instrumentos humanos que permitió a Moisés y a estos ancianos cumplir la obra que Dios les había asignado. No podían hacer esto apartados de Dios. Como dijo Dios al profeta Zacarías: «"No por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu" —dice el Señor de los ejércitos.» (Zac. 4:6)


Esa es la fuente de nuestro poder para servir al Señor. Es el poder del Espíritu Santo que nos ha sido dado a nosotros, seres humanos, vasos débiles, frágiles. Pero cuando Dios nos llena de su Espíritu, podemos hacer cualquier cosa que Dios nos haya llamado a hacer.


La carga de servir al Señor, la carga de ser  esposa, la carga de ser  madre, la carga de estar en el lugar de trabajo, la carga de ser mentoras y discipular a otras mujeres, la carga de servir a Dios no puede surgir, apartada de la capacitación y del poder  del Espíritu de Dios.

 

Creo que Dios quería que el pueblo supiera que Él era su líder, que las cosas espectaculares que veían hacer a Moisés ̶  que cada vez que se levantaba su vara, algo increíble sucedía  ̶  Dios quería que el pueblo supiera que estas cosas no eran habilidades de Moisés. Era el poder del Espíritu de Dios trabajando en y a través de él.

Así que Dios les dio el Espíritu a estos setenta hombres para demostrar que no se trataba sólo de Moisés. «Yo puedo poner mi Espíritu sobre cualquiera. Cualquier instrumento débil lo hará, cualquier vasija humana lo hará. Puedo ungir y  dar poder a quien me plazca.»


Vemos en este pasaje que el Espíritu de Dios capacita y equipa a los seres humanos, creyentes normales, corrientes,  para hacer cosas que nunca podrían hacer fuera del Espíritu de Dios. El Espíritu de Dios nos capacita para traer gloria a Dios en formas que no podríamos hacer sin Él.  Ese es el poder del Espíritu Santo.

Vemos en el versículo 25 que «cuando el Espíritu reposó sobre ellos, profetizaron.» Se necesitaría mucho más tiempo del que tenemos y alguien mucho más inteligente que yo para comprender todo el sentido de lo que se sugiere aquí por el hecho de que ellos profetizaron. Pero esa frase es, literalmente, que ellos se desbordaron. Eso es lo que significa esa palabra.


Lo que pasó es que alguna manifestación sobrenatural del Espíritu Santo se derramó a través de los labios de estos hombres. Se les dieron algunas expresiones divinas para alabar  las obras del Señor, lo que no era normal para ellos.


Ellos estaban hablando en formas que nunca antes habían hablado. Se les dio un don para glorificar a Dios de una manera que no había podido hacerlo antes. Esta fue una evidencia visible de lo que Dios les dio, para que la gente supiera que estos hombres tenían el poder del Espíritu Santo sobre ellos. No se puede ver el Espíritu Santo, así que ¿cómo iban a saber los israelitas que estos setenta hombres tenían el Espíritu Santo?


Dios les dio una manifestación sobrenatural del Espíritu en forma de profecía —lo que sea que fuera que eso significara. No está descrito en detalle, así que no podemos decirlo con seguridad. Pero a medida que unimos los pasajes, parece que glorificaban a Dios con sus lenguas, con sus labios, de una manera que fue facultada por el Espíritu de Dios.


Dios te permitirá hacer cosas que Él te llama a hacer que son extraordinarias –cosas que no puedes hacer con tu propia energía, ni en tus propias fuerzas.

Puede ser testificando a tu vecino. Puede ser que tengas que hacer frente a un problema con un hijo adolescente, y Dios te da las palabras y la sabiduría que tú sabes que no tienes por tu propia cuenta para hacerle frente a la situación. Puede ser Dios dándote la capacidad para liderar un grupo pequeño, y dices: «Yo nunca podría hacer esto. Soy tan tímida que ni siquiera puedo guiar en oración en silencio.»
Cuando Dios te llama, cuando Dios te da esa oportunidad, Él te dará el poder de su Espíritu para hablar de maneras que nunca podrías hablar sin él.  Se necesita el poder del Espíritu de Dios para ser una esposa piadosa, para ser una madre piadosa, para ser una mujer sabia de Dios en una cultura caída, insensata, desordenada. Se necesita el poder del Espíritu de Dios.
Tú dices: «es que yo no puedo hacer esto.» Oh, mujeres, me gustaría tener un centavo por cada vez que he dicho eso sobre Aviva Nuestros Corazones, «No puedo hacer esto.» Cada vez que nos encontramos en las grabaciones, estoy sentada en mi estudio, pensando, no puedo hacer esto.


Ese es un gran lugar para estar. Da miedo. No me gusta. Me quejo de eso, pero es un gran lugar para estar, porque cuando me doy cuenta de que no puedo hacer lo que Dios me ha llamado a hacer, entonces estoy en un lugar donde puedo recibir la unción, la facultad y la fortaleza de su Espíritu Santo. Entonces todo el mundo sabrá, «Ella no lo hizo.» Dios lo hizo, y Dios recibe la gloria.

 Vemos en este pasaje que no podemos controlar la obra del Espíritu Santo. No podemos controlar a quién le da los dones y cómo. Porque todo depende de Él.

Mira el versículo 26  «Pero dos hombres habían quedado en el campamento (dos de los setenta que habían sido seleccionados permanecieron en el campamento); uno se llamaba Eldad, y el otro se llamaba Medad (apuesto que no habías pensado mucho en ellos recientemente). Y el Espíritu reposó sobre ellos (ellos estaban entre los que se habían inscrito, pero no habían salido a la tienda), y profetizaron en el campamento.»

 
Por alguna razón que no se nos explica, estos dos hombres (algunos comentaristas creen que pueden haber sido hermanos; no sabemos, pero eran dos de los setenta) todavía estaban en el campamento. Ellos no estaban con los otros ancianos, con los otros sesenta y ocho más Moisés, afuera en la tienda de reunión.

 
No sabemos por qué. Tal vez ellos fueron retenidos por alguna razón, pero Dios determinó sobrenaturalmente derramar su Espíritu Santo sobre estos hombres al igual que lo hizo con los que estaban en el tabernáculo de reunión. Estos hombres también profetizaron; tenían evidencia de que el poder del Espíritu estaba en ellos.

Y creo que eso pudo haber sido para demostrar que el ministerio del Espíritu no dependía de que estas personas estuvieran alrededor de Moisés. Moisés era un buen líder, y las personas podrían empezar a tener una admiración indebida hacia él. Ellos podrían pensar que donde quiera que Moisés estuviera, había algo místico en él. Tú solo obtienes el poder del Espíritu cuando estás alrededor de Moisés.
No fue el espíritu de Moisés que vino sobre estos hombres. Fue el Espíritu de Dios. No dependía de que ellos estuvieran cerca de Moisés. Dependía de que Dios estaba cerca de estos hombres. Eso quedó demostrado por el hecho de que estos dos hombres recibieron el don del Espíritu Santo.
Esto nos recuerda que Dios no se limita a nuestras nociones preconcebidas sobre dónde, cuándo y a través de quien Él va a obrar. No podemos decir, «Dios solo trabaja de esta manera», o «Así es como Dios siempre obra en cada situación.»
El Espíritu es como el viento. No se puede controlar. No se sabe a dónde va y cuándo va. Dios está en control de la repartición y del otorgamiento de su Espíritu Santo. Ahora llegamos al versículo 27: «Y un joven (un hombre que estaba en el campamento y vio a estos dos hombres obtener el don del Espíritu) corrió y avisó a Moisés, diciendo: Eldad y Medad están profetizando en el campamento.»
No sé qué tono de voz utilizó. No sé si estaba emocionado por eso o si estaba angustiado. Pero, obviamente, pensó que era algo fuera de lo común que Moisés necesitaba saber. Josué oyó su reporte.  Josué estaba donde siempre estaba, justo al lado de Moisés, y él estaba perturbado. A él no le parecía correcto. No podía imaginar que eso venía de Dios. Esto no encajaba en el modelo en que Josué pensaba que Dios estaba supuesto a obrar.

Entonces Josué habla, y es como si no pudiera contenerse. Dice el versículo 28, «Entonces respondió Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde su juventud, y dijo: Moisés, señor mío, detenlos.» ¡Esto no está bien, no dejes que continúe!

Ahora, no se nos dice por qué Josué respondió de esta manera. Tal vez él no quería que nada perjudicara la autoridad de Moisés o que minimizara a Moisés ante los ojos del pueblo. Ese parece ser, al menos, una parte de su motivo, debido a la respuesta de Moisés. Moisés tenía una vista más amplia, y no se sentía, en lo absoluto amenazado por la competencia percibida.


Entonces Moisés le responde a Josué en el versículo 29: «Pero Moisés le dijo: ¿Tienes celos por causa mía?» Creo que eso es una evidencia de algo que Moisés se estaba percatando, o que tal vez Dios le dio discernimiento acerca de lo que había en el corazón de Josué.


« ¿Tienes celos por causa mía? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta, que el Señor pusiera su Espíritu sobre ellos!»

« ¿Tienes celos?» Esa palabra celoso, en algunas de sus traducciones en realidad puede ser traducido apasionado; puede significar tanto lo uno o lo otro.

La palabra en realidad proviene de una raíz árabe que significa «llegar a ponerse muy rojo.» Es una imagen de alguien que se enrojece a causa de un fuerte sentido  de celos o de pasión celosa dentro de sí.


Puede ser, ser llenado de celos justos, o puede ser, ser llenado de celos profanos, pero el caso es que es una emoción muy fuerte. Moisés le dice a Josué: «No es necesario que te pongas celoso, con la cara roja, por causa mía.»

 
Creo que Josué era ambas cosas, apasionado y celoso por el honor de Moisés. Era leal al líder designado por Dios. No quería que nada amenazara o disminuyera a Moisés en ninguna manera. Cuando miramos a Moisés, vemos que él estaba libre de ambición personal.


Moisés realmente se alegró ante la idea de que Dios ampliara su trabajo para incluir a otras personas en otros lugares. Él no sentía que Dios tenía que consultarle antes de determinar sobre quien pondría su Espíritu Santo.


Más importante aún, Moisés no sentía que tuviera que controlar a Dios o esta situación. Él no tenía que tenerlo todo a su manera. Él no tenía que saber lo que estaba pasando. Él no tenía que estar a cargo de lo que estaba pasando. El estaba seguro ante en el control soberano de Dios.


Vemos este mismo espíritu en Lucas 9, donde los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «Maestro, vimos a uno echando fuera demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo porque no anda con nosotros.» (v. 49). Él no lo está haciendo las cosas a nuestro modo. Él no es parte de nuestro club. Él no es parte de nuestro grupo.

¿Qué dijo Jesús a aquel discípulo? Él le contestó: «No se lo impidáis; porque el que no está contra vosotros, está con vosotros.» (v. 50).


Hay un amplio espíritu que incluye a todos y a cada uno de los siervos de Dios que han sido apartados por Dios y ungidos por el Espíritu para hacer su obra. Ellos no tienen que hacerlo a nuestra manera, y nosotras no tenemos que controlar cuándo, cómo y dónde sucede.


Así que aquí hay otra lección fundamental para Josué, y una que va a prepararlo para ser el próximo líder del pueblo de Dios, después de Moisés. Él ve que es necesario tener el poder del Espíritu Santo para hacer la obra de Dios, y que un líder tiene que estar dispuesto a dejar que Dios obre a través de otros.

 
Madres, ¿No se alegran por las personas que Dios levanta para ser de influencia en la vida de sus hijos? Si  sienten que deben ser las únicas que los entrenen los enseñen, los mentoreen y los eduque, van a tener un pequeño mundo muy estrecho.

 Quizás Dios quiera poner su Espíritu en otros y en otras  para llevar una palabra de verdad, de bendición o de estímulo para tus  hijos. ¿Se pueden regocijar en eso?

 

Vemos a Josué aprendiendo de Moisés a no ser protector de su territorio, porque Moisés no estaba construyendo su propio reino, sino el reino de Dios.

 
Cuando llegamos al capítulo 12 de Números (no vamos a estudiar este pasaje), vemos al hermano y a la hermana de Moisés, Miriam y Aarón, organizando una insurrección contra Moisés. Ellos estaban molestos por la mujer con que Moisés se había casado, y desafiaron la autoridad de Moisés.

 
Es interesante para mí que nunca se ve a Josué involucrado en esa rebelión o en cualquier otra rebelión contra el liderazgo de Moisés. Cuando los hijos de Coré se levantaron, no se ve a Josué participando en esa rebelión.


Así que Moisés le dice a Josué aquí, «No tengas celos por causa mía,» pero creo que una buena cualidad que vemos en la vida de Josué, es un espíritu de lealtad. Él no va a dejar que alguien critique al líder de Dios o sea desleal con el líder de Dios. Lo vemos siendo un fiel seguidor, incluso si se emociona demasiado en esta situación. Pero también lo vemos siguiendo de tal manera, que un día, cuando se convierta en un líder, él inspirará a la gente a seguirle y a serle leal.

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha ofrecido palabras importantes acerca de cuándo los desacuerdos y las quejas son comunes. Apoyar el liderazgo piadoso se trata en última instancia de seguir a Dios.

Aprender durante toda la vida. Cuando pienso que no necesito aprender nada nuevo realmente estoy en problemas. Este es un concepto importante que ha surgido a lo largo de nuestra serie actual, «Lecciones de la vida de Josué: Aprendiendo a ser enseñable.»

Nancy regresa para concluir el programa de hoy en oración.


Nancy: Padre, muchas gracias por el poder de tu Espíritu Santo, el don de tu Espíritu. Gracias por la plenitud, por la capacitación y la fortaleza de tu Espíritu Santo para hacer lo que Tú nos has llamado a hacer.

Que podamos reconocer nuestra dependencia de Ti, y que podamos alegrarnos cuando veamos Tu Espíritu utilizando a otros a nuestro alrededor para cumplir tus propósitos. Que no estemos construyendo nuestros propios reinos, sino que anhelemos ver tu reino edificado, y que podamos regocijarnos con quien sea que te plazca usar para hacerlo. Yo oro en el nombre de Jesús, Amén.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

 

 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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