Podcast Aviva Nuestros Corazones

Liberados de la esclavitud

Annamarie Sauter: Una pregunta para la Escuela Dominical. ¿Qué envió Dios para liberar a los israelitas de la esclavitud? Envió plagas a Egipto. Pero Nancy Leigh DeMoss pregunta: “¿Te das cuenta de lo impresionante que es esto?”

Nancy Leigh DeMoss: Escuchamos esas historias y decimos: “Sí, sí, sí. Ya lo sé. Ya lo oí. Lo he vivido. Ya lo vi. Ya lo he escuchado.” Y perdemos la maravilla, perdemos el asombroso. Pero ponte en las sandalias de esos israelitas que nunca antes habían escuchado algo así. Todo era nuevo y fresco. Por lo que ellos se postran y adoran. ¡Estas son noticias maravillosas!

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Un tiempo atrás, Nancy y el equipo de Aviva Nuestros Corazones estaba en Indianápolis dando unas charlas. Una de ellas fue justo el día en que Nancy marcó el cincuenta aniversario de su conversión a Cristo. Ella habló en esa noche de lo maravilloso de ser libertada del pecado. A continuación escucharemos su mensaje. Te permitirá recordar lo maravilloso que se siente ser perdonada y dejada en libertad. Les dejo con Nancy y el mensaje que compartió en College Park Church en Indianápolis.

Nancy: Para cada judío que estaba vivo en ese tiempo, el éxodo de la esclavitud de Egipto fue sin lugar a dudas la semana más significativa en la historia desde la creación del mundo. Esta es una historia que se repite una y otra vez en las Escrituras. Dios vuelve a repetir varias veces el tema con la siguiente frase: cuando los saqué de Egipto.....el éxodo de Egipto y con eso el cruce del mar rojo”.

Los padres lo contarían a sus hijos, y ellos contarían a sus hijos, y luego sus hijos les contarían a sus hijos. De manera que se pasaría de una generación a otra, esta maravillosa historia de redención.

Y la historia, en la medida en que leemos sobre ella en el libro del Éxodo, déjame invitarte a ir a ella si tienes tu Biblia contigo, porque vamos a pasar un tiempo en ella en este programa. La historia prefigura y anticipa el gran plan de Dios para redimir a Su pueblo de la esclavitud, de nuestra esclavitud del pecado y de Satanás. Esta historia del Éxodo es una imagen de lo que Dios ha hecho por cada persona que es creyente en Cristo Jesús.

Ahora bien, esta historia ha estado en mi corazón en los últimos días y particularmente hoy porque estoy celebrando lo que para mí es algo muy significativo y especial. Algunas de ustedes han estado escuchando los programas de esta semana, y saben que estoy celebrando mi cincuenta aniversario de conocer al Señor y caminar con Él. (Aplausos) Eso es un motivo de aplausos para Él por cincuenta maravillosos años.

El 14 de mayo de 1963 es la fecha en que tengo mi primer recuerdo consciente al respecto, cuando a mis cuatro años de edad, solita me puse de rodillas frente a mi cama. No conocía muchos términos teológicos, o respuestas, pero yo sabía que Jesús estaba llamándome por mi nombre y que había dado su vida por mí y que Él quería que yo recibiera lo que Él había hecho por mí.

Yo no recuerdo qué palabras oré. Todo lo que sé es que hubo una sorprendente transacción de valor eterno ese día. He pasado los últimos cincuenta años tratando de entenderlo, tratando de comprenderlo por completo, pero la verdad es que no he podido.

Es por eso que fue un día maravilloso, y ha sido un viaje maravilloso con el Señor. Vengo meditando y reflexionando en la historia de la redención, la cual es mucho más grande, es el evento y es una historia más grande de lo que yo pude haber comprendido en ese entonces en mi vida. Es más mayor y más grande de lo que puedo comprender hoy en día.

He estado reflexionando en la medida en que se acercaba esta etapa de mi vida. Celebro en grande al conmemorar las obras de Dios. Espero que celebrarlo sea grande para ti también porque es tan bueno recordar lo que Dios ha hecho y donde Él nos encontró.

De eso es lo que quiero hablarles esta noche, porque he estado reflexionando en lo que significa ser salva, el significado de ser redimida, de lo que Dios me ha salvado y para que me ha salvado.

Existen muchas metáforas diferentes en las Escrituras que se usan para hablar de la salvación. Cada una de ellas resalta diferentes aspectos de la maravillosa gracia salvadora de Dios. Una de esas metáforas es la adopción en la familia de Dios. ¡Esa es una muy dulce! Existe también la metáfora de ser la novia de Cristo. Y hay otras imágenes que nos explican el significado de ser salvas.

Pero me parece que una de las imágenes más significativas es la libertad de la esclavitud— libertad del yugo. Si buscas el libro del Éxodo en tu Biblia y déjame pedirte que vayas al capítulo uno. No vamos a acampar allí por mucho tiempo. Vamos a terminar en el capítulo 12. Pero quiero darles algo del trasfondo y del contexto de esta historia redentora.

Los hijos de Israel habían llegado a ser esclavos en Egipto. Sobre cómo llegaron ahí, bueno tienes que leer el libro del Génesis pues allí se encuentra parte de esa historia. Pero ahora ellos son esclavos en Egipto y están siendo maltratados.

A partir del versículo 13 de Éxodo capítulo 1 dice:

Los egipcios, pues, obligaron a los hijos de Israel a trabajar duramente, 14 y les amargaron la vida con dura servidumbre en hacer barro y ladrillos y en toda clase de trabajos del campo; todos sus trabajos se los imponían con rigor.

Así que esta es su situación. Esta era su condición. Ellos eran esclavos, y los egipcios les hacían la vida miserable. Los israelitas, generación tras generación, a lo largo de 430 años de vida, los israelitas nacieron en esclavitud. En ese momento en la comunidad judía había adultos, ancianos, adolescentes y niños, había familias, había buenas personas y malas personas desde la perspectiva de cómo nosotros medimos las cosas socialmente.

Pero todos estaban en ese mismo plano. Todos eran esclavos. No había excepciones. No tenían otro tipo de vida. No tenían más opciones. Ellos no podían elegir. Ellos habían nacido en esclavitud, y no tenían esperanza de hacer otra cosa que morir en la misma condición de esclavitud. No tenían esperanza de ver una condición diferente o un futuro distinto para sí mismos o para sus hijos y sus nietos. Los hijos de Israel estaban indefensos bajo la pesada mano de faraón. Ellos no podían salvarse a sí mismos.

El hecho es que, ni tú ni yo podemos salvarnos a nosotras mismas de nuestra condición de esclavitud al pecado y a Satanás. No teníamos esperanza. Esa es la condición en la que nacimos y apartadas de la intervención de la gracia de Dios, esa es la condición en que moriríamos. Eso es todo lo que hubiésemos podido saber. Eso es todo lo que nuestros hijos y nuestros nietos de generación en generación hubieran podido conocer, el permanecer esclavizados al pecado y a Satanás si Dios no hubiera tenido misericordia y hubiera intervenido a favor de nosotros.

Ahora, cuando estudiamos el Antiguo Testamento, Egipto nos da la imagen del sistema mundial. El Faraón nos muestra la imagen de Satanás quien fue un capataz malvado, duro, y demandante. Así que después de 430 años de ésta esclavitud, de este cautiverio y esta dificultad, los hijos de Israel se desesperaron.

En el capítulo 2, en el versículo 23 del libro del Éxodo leemos:

Y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y su clamor, a causa de su servidumbre, subió a Dios. 24Oyó Dios su gemido, y se acordó Dios de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. (Y me encanta este versículo) 25Y miró Dios a los hijos de Israel, y Dios los tuvo en cuenta.

Dios sabía. Dios los vio. Dios los escuchó y supo. El pueblo era miserable. Ellos clamaron en desesperación sin ningún otro lugar a donde ir, ninguna otra esperanza. Ellos clamaron para ser rescatados y por liberación. En esos tiempos por muchos de esos años debió parecer que Dios estaba a un millón de millas de distancia o que realmente no existía. Pero Dios sí existía, y sabía lo que estaba pasando. A Él le importaba, y escuchó el clamor desesperado de Su pueblo y se dispuso a librarlos cuando clamaron por ayuda.

Él lo hizo a través de un libertador que envió a Egipto. Estoy tan agradecida al contemplar lo que Dios ha hecho en mi vida a lo largo de estos años en los que Él conocía la miseria causada por mi esclavitud al pecado. Y tú dirás, “¿Con apenas cuatro años? ¿Qué tan miserable podrías ser? ¿Qué tan pecadora podrías ser?

Bueno, las Escrituras tienen mucho que decir sobre cuán pecadoras somos, cuán pecadoras somos al momento de nacer, nacemos apartadas de Dios, enemigas de Dios. Opuestas a Dios. Que nunca le hubiéramos buscado. Nunca le hubiéramos seguido. Nunca le hubiéramos amado. Nunca hubiéramos querido conocerlo si Él nos hubiese dejado en la condición en que nacimos, pero Dios en Su misericordia mueve nuestros corazones a clamarle. Cuando le clamamos. Él nos recuerda que Él envió a un libertador a rescatarnos de nuestra esclavitud.

En el capítulo 3 del libro del Éxodo, Dios se le aparece a Moisés. Moisés creció en Egipto, pero ahora ha vivido por cuarenta años como un fugitivo de Egipto en el desierto de Madián:

El versículo 7 dice “El Señor le dice a Moisés, “Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he escuchado su clamor a causa de sus capataces, pues estoy consciente de sus sufrimientos. Y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel”.

Ahora, voy a continuar aquí en un momento, pero este es el primero de varios recordatorios que vemos: Dios no solamente rescata a Su pueblo de la tierra de esclavitud, sino que Su deseo es llevarlos a una buena tierra, a un lugar bueno donde puedan caminar con Él y ser Su pueblo. Así que le dice a Moisés en el versículo 10:

Ahora pues, ven y te enviaré a Faraón, para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto.

Y lo que Dios quiere en Su plan de redención es sacarnos de Egipto y de la esclavitud a los dioses de este mundo y de la miseria causada por nuestra esclavitud al pecado y a Satanás. Él quiere hacernos libres, y quiere llevarnos a una tierra buena donde podamos caminar con Él y ser Su pueblo y disfrutar de Su presencia y dar frutos y multiplicarnos espiritualmente y proclamar Sus alabanzas hasta los confines de la tierra.

Pero antes de que todo esto suceda, se da una batalla de voluntades en Egipto. El Faraón se empecina en su posición. Se rehúsa a dejar ir al pueblo de Dios. Así que como tú recuerdas Dios envía… Aun si no has leído la Biblia, probablemente has visto a Charlton Heston en los Diez Mandamientos. Pero mejor búscalo en tu Biblia.

Recuerdas como Dios envía una serie de Milagros y de plagas para demostrar su poder. Él está venciendo a cada uno de esos dioses falsos de Egipto. En el proceso Él hace una clara distinción entre los Egipcios y los Israelitas que son su pueblo escogido. Y también en el proceso, Faraón tiene varias oportunidades para arrepentirse, para postrarse ante el Dios de los cielos y la tierra, Jehová. Pero en cada oportunidad él se niega. El Faraón se cree que él es dios.

Por lo que al llegar al versículo 10 del capítulo 11 del libro del Éxodo dice:

Y Moisés y Aarón hicieron todas estas maravillas en presencia de Faraón; con todo, el Señor endureció el corazón de Faraón, y éste no dejó salir de su tierra a los hijos de Israel.

De manera que Dios está buscando redimir a Su pueblo de cientos de años de esclavitud, pero las puertas de la prisión permanecen completamente cerradas. No hay forma de escapar. Hay dos millones de judíos. ¿Cómo van a salir de la ciudad? No pueden simplemente escapar en la oscuridad de la noche. Este es un asunto grande, lograr que esta nación salga de Egipto. Las puertas están reforzadas con barrotes. No existe salida. No pueden salvarse a sí mismos. No pueden ser libres.

En la medida en que vemos esta competencia hacerse cada vez más y más intensa, la pregunta que surge es: ¿Cómo es que Dios librará a Su pueblo? El Faraón es tan obstinado. No se da por vencido. No rinde el control. ¿Cómo es que Dios lo va a hacer?

Entonces llegamos al capítulo 12, en el cual quiero detenerme por el tiempo restante que tenemos. Es uno de los capítulos más importantes de la Palabra de Dios. Ciertamente en el Antiguo Testamento. Pues es la historia de la primera Pascua la historia de cómo Dios libera a Su pueblo y los saca de Egipto de una manera segura.

Entonces los versículos 1 y 2 del capítulo 12 del libro del Éxodo:

Y el Señor habló a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: Este mes será para vosotros el principio de los meses; será el primer mes del año para vosotros.

Esta liberación de la esclavitud de Egipto fue tan significativa para el pueblo de Israel que reestructuraría todo el calendario. Ellos tendrían un nuevo primer mes del año. En ese capítulo, todo cambia, porque tenemos un Dios que hace todas las cosas nuevas.

Versículo 3:

Hablad (Moisés y Aarón) hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: “El día diez de este mes cada uno tomará para sí un cordero, según sus casas paternas; un cordero para cada casa.

Ahora, toda la nación sería redimida fuera de Egipto. Pero cada redención es también muy personal e individual. Cada persona tenía que traer un cordero representado en el jefe de familia. Todo el mundo necesitaba ejercer su fe y tomar un cordero.

Versículo 5 y parte del 6:

“El cordero será un macho sin defecto, de un año; lo apartaréis de entre las ovejas o de entre las cabras. “Y lo guardaréis hasta el día catorce del mismo mes…

¿Qué día seleccionaban el cordero? El décimo día. ¿Y en qué día habrían de ofrecerlo? El catorceavo día del mes. ¿Qué sucedía?

Entonces toda la asamblea de la congregación de Israel lo matará al anochecer. (Última parte del versículo 6)

Qué caos tan sangriento tenían los israelitas en sus casas. Miles y miles y miles de casas. Eso implicaba la muerte de miles y miles de corderos. Y como resultado, los Israelitas serian librados del juicio de Dios.

Versículo 7:

“Y tomarán parte de la sangre y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas donde lo coman. “Y comerán la carne esa misma noche, asada al fuego, y la comerán con pan sin levadura y con hierbas amargas.

Por el momento solo estoy analizando aquí la superficie de este pasaje. Hay mucho más que extraer. Pero ya puedes visualizar que matan al cordero. La sangre es derramada. Y la sangre ha sido extendida en la parte interior de la puerta de la casa, luego cocinan y se comen el cordero.

Me encanta lo que dice mi amigo Charles Spurgeon sobre este punto, El cordero de la Pascua, no fue muerto solo para exponerlo y contemplarlo, sino que el cordero fue muerto para que lo comieran.

Y nuestro Señor Jesucristo no fue inmolado meramente para que escuchemos, pensemos y hablemos de Él, sino para que nos alimentemos de Él.

Por eso ellos se comen el cordero y en el versículo 11 del capítulo 12 del Éxodo dice:

Y de esta manera lo comeréis: ceñidos vuestros lomos, las sandalias en vuestros pies y el cayado en vuestra mano, lo comeréis apresuradamente. Es la Pascua del Señor.

Esa es la primera vez que vemos esa palabra. Este cordero, esta comida es la Pascua del Señor. ¿Por qué se llama así?

Bueno, el versículo 12 dice:

Porque esa noche pasaré por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, tanto de hombre como de animal; y ejecutaré juicios contra todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor.

Ahora, Dios consideró a Israel Su primogénito amado. Como Egipto no estuvo dispuesto a liberar al primogénito de Dios, entonces Dios tuvo que tomar venganza de Egipto, tomando a sus hijos primogénitos. Y al hacerlo, Él también mostraría su grandeza, su poder y su victoria sobre los dioses de Egipto que eran considerados tan poderosos.

Y en el proceso, los israelitas que habían creído en Dios, que habían obedecido a Dios, habían matado el cordero, esparcieron la sangre, se comieron el cordero y al hacerlo estarían a salvo del juicio de Dios y serían liberados de la esclavitud. Pero tuvieron que mostrar su fe al ofrecer esos corderos expiatorios. La sangre derramada en sus hogares era la señal de su fe. Era su única esperanza de escapar de la ira de Dios.

Versículo 13:

Y la sangre os será por señal en las casas donde estéis; y cuando yo vea la sangre pasare sobre vosotros…

Dios dijo, “Porque esa noche pasaré por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, tanto de hombre como de animal; y ejecutaré juicios contra todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor”.

Y ninguna plaga vendrá sobre vosotros para destruiros cuando yo hiera la tierra de Egipto.

Ahora, es imposible subestimar el significado de este día en la historia de Israel. Este es el inicio de una nueva nación. Ellos fueron rescatados de la esclavitud por Dios y apartados para los propósitos de su reino. Ellos estarían bajo un nuevo gobierno y nuevas leyes. Ellos se distinguirían entre todas las naciones de la tierra por ser los que le pertenecen a Jehová.

Por eso en el versículo 14 nos dice:

14 Y este día [Ese día que pronto llegaría. Dios ha dado dirección a Moisés y Aarón. Ese día de la Pascua del Señor, ese día de salida, ese día de redención] os será memorable y lo celebraréis como fiesta al Señor; lo celebraréis por todas vuestras generaciones como ordenanza perpetua.

Pasemos al versículo 17:

Guardaréis también la fiesta de los panes sin levadura, porque en ese mismo día saqué yo vuestros ejércitos de la tierra de Egipto; por tanto guardaréis ese día por todas vuestras generaciones como ordenanza perpetua.

Ahora bien, en los versículos del 21 al 27, Moisés reúne a los ancianos de Israel, todos esclavos y les dice lo que Dios acaba de decirle (las instrucciones que Dios acaba de darle). Por lo que tenemos ese párrafo repetido. Y en el versículo 27 después que Moisés le dice al pueblo lo que Dios dijo.

Dice que el pueblo bajó su cabeza y adoró.

Esta fue la primera señal de esperanza que ellos experimentaron en 430 años. De generación en generación, ellos nacieron en esclavitud, vivieron en esclavitud y murieron en esclavitud. Y ahora Dios está diciendo, “Yo voy a liberarlos”.

Pero hay un proceso aquí. Hay un proceso de redención. Hay un drama de redención. “Tú tienes que tomar un cordero. Tienes que matarlo. Tienes que esparcir su sangre. Tienes que comerte el cordero. Y llegará la noche en que Yo pasaré por Egipto y mataré al primogénito de todo hogar egipcio, rebelde y no creyente, pero pasaré por alto las casas donde vea la sangre”.

Ellos cuentan la historia. Y la hemos escuchado muchas veces. Ese es uno de los problemas de aquellas de nosotras que hemos estado en la iglesia toda nuestra vida. Porque escuchamos estas historias y decimos: “Sí, sí, sí. Ya lo escuché. Ya me la sé. Ya lo he vivido. Ya lo había escuchado. Ya la entiendo”. Tú entiendes. Y quizás para algunas de ustedes este pasaje ya su pastor se lo predicó no hace muchas semanas.

Y están pensando: “Sí, ya lo había escuchado. Yo sé eso. Y entonces perdemos el poder de maravillarnos. Pero ponte en las sandalias de esos judíos que nunca antes habían escuchado algo así. Para ellos todo era nuevo y fresco. Por eso se postran y adoran. ¡Se trataba de una noticia maravillosa! Esto es el Evangelio en el Antiguo Testamento. Esta es la historia de liberación y ellos ahora forman parte de ella.

Annamarie: Esa es Nancy Leigh DeMoss infundiendo en nosotros un nuevo sentido de asombro por el hecho de que Dios da libertad a Su pueblo. Escuchamos una historia tras otra sobre las mujeres que han descubierto la libertad, la plenitud y vida abundante en Cristo.

Mañana escucharemos la segunda parte del mensaje de Nancy. Recobra el sentido de la maravilla que es que el Señor te haya salvado del pecado. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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