Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Tenemos todo lo que necesitamos

Annamarie Sauter: ¿Has perdido tu gozo a raíz de la crisis?

Nancy DeMoss Wolgemuth: No dejes que el enemigo te robe el gozo, independientemente de lo que esté pasando en el mundo o en tu situación financiera personal. No estoy diciendo que pretendas que nada está mal o que nada está sucediendo. La verdad es que, si lo tenemos a Él, somos ricas; tenemos todo lo que necesitamos.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es 2 Samuel, capítulos 23 y 24.

Muchas mujeres han compartido sus comentarios de los devocionales diarios que hemos estado publicando en Aviva Nuestros Corazones este año. Uno de estos dice:

«Bendiciones hermanas. Yo solo quiero decirles hoy que comparto la misma gratitud… por este ministerio que ha hecho tanto por ayudarnos a las mujeres a no seguir siendo atemorizadas sino a creerle y a confiar en las promesas de nuestro Dios. Que Él nos ayude a no flaquear y a no quitar nuestra mirada de Él».

Amén. Y es que vemos las noticias y mensajes con informaciones que nos hacen conscientes del sufrimiento, la carencia y la crisis que enfrentamos. Pero la respuesta a esto es una que no escucharemos de los expertos. 

Hoy Nancy nos recuerda que podemos enfrentar la crisis con gozo y generosidad. Esta enseñanza es parte de la serie titulada, «Esperanza para tiempos inciertos».

Nancy: Por más grandes que sean nuestras necesidades, en la mayoría de los casos hay muchos, muchos que tienen aún mayores necesidades que las nuestras.

Ahora, a medida en que pensamos acerca de las necesidades de los demás, llegamos al punto número ocho: En momentos de dificultades financieras, necesitamos ayudar a los demás. Necesitamos ser sensibles a aquellos que nos rodean, que tienen aún necesidades más grandes que las nuestras, y particularmente a aquellos que pertenecen al cuerpo de Cristo, a la iglesia. Este no es un tiempo solamente para pensar en nuestra propia necesidad, por más grande que esta sea, Dios nos llama a poner las necesidades de otros por encima de las nuestras.

Filipenses capítulo 2, (eso fue lo que Jesús hizo y eso es lo que nos llama a hacer) dice: «No buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás» (v. 4). ¿Cómo podemos llegar a otros en momentos como estos? Bueno, podemos orar por los demás.

¿A quién conoces a tu alrededor que esté pasando por una necesidad financiera? ¿Quién está sintiendo la presión? ¿Quién perdió el empleo? ¿Estás orando por ellos como si tú misma estuvieras pasando por esa situación?

Busca maneras para motivar a aquellos que quizás estén luchando con una nota, con un correo electrónico, con una llamada. Y di, «estoy orando por ti, solo quiero que lo sepas». Después, comparte con otros. Este es un tiempo para nosotras ayudar a satisfacer las necesidades materiales de los demás a medida que el Señor nos bendice.

Y puedes ver esta enseñanza a través de toda la Escritura. Estaba leyendo justamente la semana pasada en el libro de Deuteronomio, en el capítulo 15, que dice: «Si hay un menesteroso contigo, uno de tus hermanos…le abrirás libremente tu mano…le darás conforme te haya bendecido el Señor tu Dios» (vv. 7,8 y 14).

Proverbios 21: «El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará y no recibirá respuesta» (v. 13). Luego ese pasaje tan familiar en Santiago capítulo 2: «Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos» —espero que consigas satisfacer tus necesidades, Dios te bendiga— «pero no les dais lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta» (v. 14-17).

Hemos de tener el corazón de Cristo por aquellos que están sufriendo en lo material y en otras maneras. Entonces, ¿a quién conoces que esté luchando para llegar a fin de mes? ¿Cómo puedes ser un instrumento de la gracia de Dios en sus vidas? Este es un tiempo para alcanzar a los demás.

Y luego, relacionado con esto, tenemos el punto número nueve: Este es el momento para practicar el dar como Cristo lo hizo. La tendencia natural en los tiempos de incertidumbre financiera o de inseguridad es precisamente lo opuesto, es aferrarnos a lo que tenemos y dar menos. Quiero decir, esto es lo que los contadores dirían. Es así como funcionan la matemáticas, si tienes menos, das menos.

Pero creo que estos tiempos de dificultad económica nos proveen a nosotros como hijos de Dios, una oportunidad increíble para demostrarle al mundo la grandeza y el poder de Dios, a medida que continuamos dando, aun cuando estemos estirando nuestros propios recursos. Pregúntale a Dios cómo puedes ejercitar tu fe. La mayoría de nosotros no hemos tenido que vivir por fe o que dar por fe, pero ahora puede ser el tiempo donde tendremos la oportunidad de realmente ejercitar la fe y de reflejar el corazón generoso de Dios en nuestro dar en este tiempo.

Este es el ejemplo que se nos presenta de nuestro Señor Jesucristo en 2 Corintios capítulo 9, versículo 8: «Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos».

Cuando damos en nuestra necesidad, reflejamos el corazón de Cristo. Y a propósito, este concepto de dar, de la mayordomía de nuestros recursos, es algo que es prácticamente desconocido para la generación de jóvenes creyentes de hoy en día. Aquellos de nosotros que somos creyentes más viejos, tenemos que ir demostrando eso y enseñándolo y pasándolo a esta generación de jóvenes de cómo dar a la manera de Dios.

Leí una estadística que dice que las personas que dan dinero a obras benéficas tienen un 43% más de probabilidad de decir que son «más felices» que aquellos que no dan. Y los dadores son 25% más probables en decir que su salud está «excelente o muy bien» que aquellos los que no dan.

Ahora, ¿qué significa todo esto? Dar es bueno para tu salud y es bueno para tu bienestar emocional. Las personas que dan son más felices, y tienen mejor salud, o ellos creen que es así, a diferencia de las personas que no dan. Cuando leí esa estadística, me recordó un pasaje que amo, y es 2 Corintios capítulo 8.

Este recuento es difícil de creer. Si no estuviera en la Palabra de Dios, diríamos: «¿Cómo puede ser esto posible?» Pero en los primeros dos versículos de 2 Corintios capítulo 8, Pablo les dice a estos hermanos en Corinto:

«Ahora, hermanos, os damos a conocer la gracia de Dios que ha sido dada en las iglesias de Macedonia; pues en medio de una gran prueba de aflicción, (él está hablando de estas iglesias en Macedonia) abundó su gozo, y su profunda pobreza sobreabundó en la riqueza de su liberalidad» (v. 1-2).

Ahora, solo te digo, los contadores no entienden esta ecuación. Porque para ellos no tiene sentido. Tú no puedes hacer los cálculos y obtener este resultado y probablemente te estás rascando la cabeza porque es algo insólito.

Tú lees que ellos tenían una prueba severa de aflicción. Tienen extrema pobreza, y con ello, tienen una abundancia de gozo. Y ellos entonces sobreabundan en riquezas de generosidad. ¿Cómo funciona todo esto? Es la gracia de Dios.

Él dice que fue la gracia de Dios que fue dada a esas iglesias, y observa en el versículo 3, que habla sobre cómo ellos dieron.

Ellos dieron «...según sus posibilidades (dice Pablo), y aún más allá de sus posibilidades, dieron de su propia voluntad» (v. 3).

Nadie los forzó. Nadie les rogó. Nadie les dijo: «Tienen que dar». Ellos dieron lo que tenían que dar, y dieron «más allá de sus posibilidades».

¿Cómo podemos dar más allá de nuestras posibilidades? No lo sé, pero me gustaría averiguarlo. Porque me gustaría ser capaz de que se dijera de mí, que la gracia de Dios fue tan rica en mi vida que fui capaz de abundar, de sobreabundar en generosidad, y dar aún más allá de mis posibilidades.

El versículo 4 dice: «suplicándonos con muchos ruegos». Estas personas estaban atravesando por una severa prueba de aflicción y pobreza extrema, ellos estaban «suplicándonos con muchos ruegos el privilegio de participar en el sostenimiento de los santos». «Por favor Pablo, no nos dejes fuera de la ofrenda. Sabemos que estamos golpeados por la pobreza, pero queremos tener parte en este ofrecimiento». ¡Qué maravillosa imagen de la gracia de Dios!

Me imagino que todos recordamos el paso del Huracán Katrina, y Louisiana fue uno de los estados que se vio severamente afectado. Durante ese período, los funcionarios de la Convención Bautista de Louisiana recibieron un sobre, y dentro de este se encontraba un efectivo que totalizaba ochocientos cincuenta y cuatro dólares. La ofrenda vino de un grupo de veinte hombres que vivían en Sumatra, en Indonesia, que ocho meses antes habían sido devastados por el tsunami que recorrió esa parte del mundo. 

Durante el desastre del tsunami, estos 20 hombres experimentaron la ayuda de los Socorristas Voluntarios Bautistas del Sur, procedentes de los Estados Unidos. Cuando Katrina devastó este estado ocho meses después, estos hombres de Indonesia recordaron cómo estos americanos en particular, los ayudaron y les ayudaron en su necesidad. Cuando ellos escucharon del huracán, ellos quisieron ayudar así como ellos habían sido ayudados.

Así que ellos se metieron las manos en sus bolsillos, pobres como eran estos hombres de Indonesia, para enviar ochocientos cincuenta y cuatro dólares en ofrenda al estado de Louisiana. Ellos dieron la ofrenda a un consultor humanitario que estaba en Sumatra verificando el progreso de los esfuerzos de ayuda allí.

Entonces ahí estaban estos hermanos en Indonesia que lo habían perdido todo, pero que ocho meses después vieron a otros en necesidad y dijeron: «Queremos dar y ayudar con esta necesidad».

Eso es más o menos lo que ves en 2 Corintios capítulo 8, con las iglesias de Macedonia. A pesar de su aflicción y de su extrema pobreza, ellos tenían abundancia de gozo, y abundaban en riquezas de generosidad.

Bueno y tú puedes decir: «Ochocientos cincuenta y cuatro dólares no es mucho considerando los billones de dólares que se necesitaron para los esfuerzos de ayuda de Katrina». Pero no sabes cómo Dios tiene la manera de tomar panes y peces y multiplicarlos para alimentar a una multitud.

A medida en que pienso acerca de las personas que han apoyado este ministerio y las personas viviendo con un ingreso limitado, personas que han sido lastimadas (estoy pensando en aquellos que están quizás desempleados, puedo notar que aún así están dando de manera sustancial sacando de su propia necesidad, de su carencia y realmente esto me deja sin aliento. Una parte de mí dice: «¡No puedes recibir este regalo! ¡Envíaselo de vuelta!

Pero en mi propia vida, yo sé que Dios usa el dar de manera sacrificial, el dar por fe, de manera que santifique, madure y desarrolle mi propia fe y así conformarme a la imagen de Cristo. Así que le doy gracias a Dios por aquellos que dicen, «queremos ser espiritualmente ricos, y queremos ayudar a los demás a que sean ricos de manera espiritual, incluso si eso significa que tengamos menos de manera física y material».

Realmente creo que este tiempo de crisis financiera es un tiempo para nosotros dar un paso de fe y continuar dando al Señor, y si es posible, decir: «Señor, ¿aún puedo dar más?» Tú me dirás: «¿De dónde tú sacas esa idea tan loca?» Déjame decirte.

Yo observé a mi padre, Art DeMoss, tener esa filosofía durante un período de tiempo cuando yo era estudiante de segundo año de bachillerato (así que eso fue hace muchos años). Su negocio, que hasta ese momento había sido extremadamente exitoso, durante el curso de un año, se encontraba enfrentando enormes desafíos y reveses financieros. En ese tiempo donde él estaba perdiendo dinero a manos llenas, dinero que antes había hecho de manera tan fácil, aún en esos momentos, lo vi tan contento, tan confiado en la bondad y la soberanía de Dios como en aquellos tiempos en los que el negocio estaba floreciendo sin problemas. Lo observé no solo ser guiado a mantener su compromiso de dar, sino que lo observé aumentar sus ofrendas.

Mi madre ha contado la historia de cómo él le decía: «Sé que hemos apretado el presupuesto y que hemos hecho algunos recortes, pero vamos a ver si podemos cortar un poco más para poder dar más en este tiempo porque hay otros que tienen necesidad».

¿Por qué hizo él eso? ¿Por qué pensó él de esta manera? ¿Por qué batalló él con los contadores con esa forma de pensar? Porque él sintió que era la oportunidad de realmente demostrar la grandeza y el poder de Dios. Lo que él diría sería: «La mayoría de nosotros damos basados en lo que creemos que podemos dar». Lo que nosotros diríamos sería, «la mayoría de nosotros damos basados en lo que creemos que podemos dar». Pero en lugar de esto, él dijo: «Debemos dar basados en cuán grande y maravilloso creemos que Dios realmente es».

Tuve que luchar con algunas de estas cosas a nivel personal. Si pudiera ser realmente transparente solo por un momento, podría decir que Dios ha cubierto mis necesidades. Él ha sido muy clemente, pero me he encontrado a mí misma queriendo ceder a mis temores, pensando que no hay manera de conocer el futuro. ¿Cómo se van a satisfacer mis necesidades?

A veces, he estado tentada a recortar algunas de mis dádivas personales. El Señor me ha retado a continuar dando cada vez que Él inclina mi corazón, no porque un ministerio está rogando por esto o no porque estoy siendo coaccionada de alguna manera, sino a medida que el Señor inclina mi corazón he sido retada a seguir diciendo: «Sí, Señor, estoy dispuesta a hacer esto», y estoy dispuesta a confiar que Tú vas a satisfacer mis necesidades ahora y en el camino».

Digo esto no para hacerte sentir lástima por mí, sino porque creo que es una oportunidad para nosotras, unidas, enseñarle al mundo que Dios puede satisfacer nuestras necesidades, y Él puede capacitarnos para ser fieles en dar como Cristo nos ha dado.

No hay manera en que podamos predecir qué va a suceder con la economía o con nuestras finanzas personales, pero hay algunas cosas que sí sabemos:

  • Sí sabemos que no debemos estar ansiosas por nada
  • Sabemos que Él ha prometido cubrir todas nuestras necesidades
  • Sabemos que debemos de ser dadivosas

Prefiero echar mi suerte con Dios y hacer lo que sé que tengo hacer y confiar en Él y en lo porvenir, en vez de impacientarme, de sofocarme, de intentar resolverlo todo, o cargar con las responsabilidades del porvenir por mí misma. Así que pregúntate a ti misma: «¿Reflejan mis donaciones el corazón generoso de Cristo?» ¿Cómo quiere Dios que crezcas en la gracia de dar durante esta difícil temporada económica?

Y finalmente, número diez: Si quieres sobrevivir y prosperar en una crisis económica, regocíjate en el Señor. Regocíjate en el Señor. No dejes que el enemigo robe tu gozo, a pesar de lo que esté pasando en el mundo o de tu situación personal financiera.

Mencioné hace un momento que he estado leyendo el libro de Deuteronomio. La semana pasada llegué al capítulo 12, y estaba tan sobrecogida por las tres o cuatro referencias en este capítulo que esencialmente dicen esto: «Tú debes regocijarte en el Señor tu Dios en todo lo que vas a hacer».

¿Sabes cuál es el contexto de esta exhortación? Cuando estés trayendo tus sacrificios y tus ofrendas, debes tener un corazón alegre. «Tú debes regocijarte en el Señor tu Dios en todo lo que vas a hacer».

Unos cuantos años atrás, una de las personas que trabajan en nuestro ministerio compartió cómo los padres de su esposa sufrieron un incendio en su casa. Mark nos escribió para contarnos sobre el desenlace, y cómo esto les afectó a él y a su esposa Amy, la pareja de nuestro ministerio. Él nos dijo:

El garaje estaba destruido, junto con el Chevy del año 41 que su papá había tardado tres años en reconstruir. También, tuvimos pérdidas de muchos de los regalos de boda que terminamos guardando en el ático hasta que consiguiéramos finalmente una casa. Habíamos guardado: vajillas, platos, decoraciones para el hogar y electrodomésticos.

Amy ha tomado todo esto muy bien, a pesar de haber perdido algunas cosas sentimentales como el libro de firmas y otros artículos de la boda. Pero curiosamente, la única cosa que no perdimos que estaba guardada, fue el vestido de novia de Amy. Lo habíamos regalado el año pasado a un misionero indio nativo que conocemos, para que su esposa lo usara en el día de su boda.

Ellos le dieron ese vestido a este hombre para que su esposa lo usara en el día de su boda, así que la única cosa que regalaron fue lo único que no perdieron. Él continuó diciendo:

«Es un recordatorio de que solo lo que se da es lo que realmente dura. (Y luego, hablando de regocijarse en el Señor, él dice): «Nos reímos ese fin de semana al ver como nuestro patrimonio parece estar disminuyendo cada vez más, y aún así no sé si antes me había sentido tan bendecido como ahora».

Esto me recuerda este magnífico himno al final de Habacuc capítulo 3.

«Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas; aunque falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento; aunque falten las ovejas del aprisco, y no haya vacas en los establos, con todo yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación» (v. 17-18).

  • ¿Estás tú manifestando el gozo del Señor a aquellos que están a tu alrededor, especialmente si está relacionado a toda esta crisis económica?
  • ¿Las personas están viendo el gozo de Cristo en tu rostro, en tu espíritu, en tus palabras?

No estoy diciendo que pretendas como que nada malo está pasando o que no hay dificultades o que nada está sucediendo. Es difícil, y este es un tiempo duro para muchas, muchas personas.

Todos nos hemos visto afectados por esta crisis, directa o indirectamente, pero la verdad es que si tenemos a Dios, somos ricos, porque tenemos todo lo que necesitamos.

Annamarie: Hoy Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado mostrando cómo tener esperanza en tiempos inciertos. En estos días en que enfrentamos diversos retos—globalmente y como individuos—debemos fijar nuestro ojos mucho más allá de lo que podemos ver. Y la verdad revelada en la Escritura—Jesucristo mismo, es en quien anclamos nuestras vidas para vivir por fe.

Al elevar nuestros corazones en adoración a nuestro Dios, te invito a que hagamos nuestras las palabras de esperanza del Salmo 146. 

Susan Hunt en su libro «Por diseño», nos guía a lo largo de este salmo. Ella dice, 

El salmista comienza con una saludable conversación consigo mismo al exhortarse a una vida de alabanza:

«¡Aleluya! Oh alma mía, alaba al Señor.

Alabaré al Señor mientras yo viva;

Cantaré alabanzas a mi Dios mientras yo exista».

Luego advierte acerca de la absoluta futilidad de buscar cualquier otra ayuda:

«No confíen ustedes en príncipes,

Ni en hijo de hombre en quien no hay salvación.

Su espíritu exhala, él vuelve a la tierra;

En ese mismo día perecen sus pensamientos» 

A continuación, menciona las razones por las que debemos poner nuestra esperanza en Jehová:

«Bienaventurado aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob,

Cuya esperanza está en el Señor su Dios,

Que hizo los cielos y la tierra,

El mar y todo lo que en ellos hay;

Que guarda la verdad para siempre;

Que hace justicia a los oprimidos,

Y da pan a los hambrientos.

El Señor pone en libertad a los cautivos.

El Señor abre los ojos a los ciegos,

El Señor levanta a los caídos,

El Señor ama a los justos.

El Señor protege a los extranjeros,

Sostiene al huérfano y a la viuda,

Pero frustra el camino a los impíos». 

Y concluye con un grito de celebración:

«El Señor reinará para siempre,

Tu Dios, oh Sión, por todas las generaciones.

¡Aleluya!» (NBLA). 

Que Dios sea el objeto de nuestra esperanza y Su Palabra el sustento de esa esperanza.

Seguro has escuchado acerca de las plagas que Dios obró en Egipto cuando liberó al pueblo de Israel de la esclavitud. ¿Has perdido el asombro de lo que Dios nos muestra a través de este relato? Mañana, Nancy nos ayudará a recapturar un sentido de gratitud a Dios por su obra de liberación de la esclavitud al pecado. Acompáñanos aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

Fijando nuestro ojos en Cristo, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries. 

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Por encima del sol, Jonathan & Sarah Jerez, Periscopio ℗ 2017 Jonathan & Sarah Jerez.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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