Aviva Nuestros Corazones Podcast

El Padre Nuestro, día 26

Annamarie Sauter: El pecado y la condenación te harán sentir lejos de Dios, pero puedes volverte a Él.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Sabes qué? De la misma manera en que vienes a Cristo para salvación, entendiendo que es Su sangre, Su sacrificio, Su pago lo que te permite obtener el perdón de pecado, así es como vuelves a Él.

Así es como puedes orar el Padre Nuestro, «perdónanos nuestras deudas».

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Esta semana hemos estado analizando la frase, «perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores». Este estudio es parte de la serie titulada, «El Padre Nuestro». Para escuchar o leer los programas anteriores, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com. Solo escribe en el buscador el título de la serie y allí te saldrá un acceso a la misma.

Bien, aquí está Nancy con nosotras.

Nancy: Yo no sé si hay algún otro tema en cualquier lugar que sea más importante que el tema del perdón, en lo que se refiere a nuestro destino eterno. Quiero que miremos dos pasajes en el día de hoy, uno en el Antiguo Testamento y otro en el Nuevo Testamento, que nos dan entendimiento y una visión de la forma de pensar de Dios, del corazón de Dios y su relación con el perdón.

Permítanme pedirles primero que vayan en su Biblia al libro de Levítico, capítulo 4. ¡Esa es la parte de tu Biblia donde quizás las páginas aún están pegadas! Quizás no lo has leído recientemente. Están Génesis, Éxodo, Levítico.

En Levítico 4, encontramos el primer uso de la raíz primaria de la palabra para perdón en el Antiguo Testamento. La primera vez que esta palabra aparece es encontrada en Levítico capítulo 4. Esa palabra que es traducida perdonar o perdón tiene que ver con absolver, con ser lavado.

Tiene que ver con tener nuestros pecados lavados. Ahora, en Levítico capítulos del cuatro al siete, hay toda una serie de leyes que fueron dadas en relación a las ofrendas por el pecado y las ofrendas por la culpa. Estas leyes fueron dadas al pueblo de Dios, los israelitas.

Hay diferentes categorías y diferentes situaciones y detalles, por lo que en una parte de esta larga sección, les habla a los sacerdotes que han pecado, y luego en otra sección se dirige a los líderes que han pecado.

Luego se dirige a toda la congregación cuando hay un pecado colectivo. Permítanme pedirles que vayan al versículo 27 de Levítico cuatro, y vamos a ver unos pocos versículos donde se habla de gente común que peca.

Estas serían personas como nosotras, y de hecho, todas estas secciones son similares, pero estamos escogiendo la que inicia en el versículo 27. Si tienes el hábito de marcar en tu Biblia, como yo lo hago en la mía, hay algunas palabras que quizás quieras subrayar o hacerles un círculo a esas que te dan la idea central de este pasaje.

Así que empecemos en el versículo 27 de Levítico capítulo 4: «Y si es alguno del pueblo el que peca inadvertidamente, haciendo cualquiera de las cosas que el Señor ha mandado que no se hagan…» Ahora cuando se está hablando sobre inadvertidamente aquí, eso probablemente significa que no es un pecado que cometiste presuntuosamente, como si dijeras intencionalmente, «voy a cometer este pecado».

Todos sabemos que esos pecados deben ser tratados. Pero él está hablando aquí, sobre cómo en el curso de la vida diaria, tú violas uno de los mandamientos de Dios. ¿Cuántas horas de nuestras vidas pasan sin que eso ocurra? Sucede regularmente. Sucede frecuentemente.

Así que él dice: «Cuando pecas, has hecho algo que según los mandamientos de Dios no se debe hacer». Eso nos da al menos una definición parcial del pecado. Es el pecado comparado con el estándar de la ley de Dios; hemos violado la ley de Dios.

Luego dice: «Él se da cuenta de su culpa». Quizás quieras resaltar la palabra culpa. Él pecó; él violó los mandamientos de Dios; él se da cuenta de su culpa. Ahora ve al versículo 32. Aquí está la prescripción para estos creyentes del Antiguo Testamento. Esto es lo que tenían que hacer.

Tú pecaste; tú sabes que eres culpable. Versículo 32: «Pero si trae un cordero como su ofrenda por el pecado…» Ahora, quisiera resaltar dos palabras: cordero y ofrenda. «Pero si trae un cordero como su ofrenda por el pecado, que traiga una hembra sin defecto y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda por el pecado y la degollará».

Resalta esa palabra, degollará. Traes el cordero como una ofrenda, y lo degollas. Lo sacrificas. Tú matas este cordero como una ofrenda por el pecado en el lugar donde hacen los holocaustos.

Luego en el versículo 34 dice: «El Sacerdote», resalta esta palabra, sacerdote. Hay alguien involucrado aquí. No puedes hacer esto por ti misma, y vamos a ir viendo a medida que lleguemos al Nuevo Testamento que Cristo es el único que cumple con estas imágenes del Antiguo Testamento.

Él es el cordero. Él es el sacerdote, y es Su sangre la que es derramada. «Y luego el sacerdote tomará de la sangre». Resalta esa frase, «tomará con su dedo de la sangre de la ofrenda por el pecado y la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto, y derramará todo el resto de la sangre al pie del altar».

Versículo 35: «Y luego el sacerdote hará expiación por él». Resalta la palabra expiación. «Expiación por el pecado que ha cometido, y será...», ¿cuál es la próxima palabra?, «perdonado». Asegúrate de resaltar esa palabra.

¿No te gusta esa palabra? Así que el contexto aquí es que alguien ha pecado. Todos pecaron. Son culpables, ¿y qué es lo que tienen que hacer para poder hacer frente a su culpabilidad? Tiene que haber un sacrificio.

En el Antiguo Testamento, el perdón siempre está ligado al sacrificio. El sistema de sacrificios del Antiguo Testamento fue instituido para tratar con los pecados, y la manera de Dios de reconciliar pecadores culpables con Él mismo y en última instancia con otros, es por medio del sacrificio.

La única manera en que pecadores culpables podrían ser perdonados y reconciliados con Dios era por medio del sacrificio. Así que cuando las personas pecan contra la ley de Dios, ellos infringen la ley de Dios.

Para poder ser perdonados, Dios exigía que un animal inocente fuera ofrecido como sustituto en el lugar del pecador. Es el pecador el que merece morir, pero Dios dijo, «aceptaré un sustituto».

Así que el pecador, como acabamos de leer en Levítico cuatro, pondría sus manos sobre la cabeza del animal inocente, y al hacerlo, él estaba identificándose a sí mismo con el animal.

El animal era sacrificado en el lugar del pecador, y la sangre del animal, en lugar de la sangre del pecador, era rociada en el altar. En ese momento, el pecador sería absuelto y perdonado, liberado de su culpabilidad.

Pero era necesario el derramamiento de sangre. Como aprendemos en Hebreos capítulo 9, «sin derramamiento de sangre no hay perdón» (v.22). Dios toma muy en serio el pecado, porque Dios es santo.

Si queremos tener una conciencia limpia, nosotras no podemos blanquear nuestros pecados. Necesitamos ser lavadas. Necesitamos que ese pecado sea tratado, y eso requiere el derramamiento de sangre. Ahora, permíteme pedirte que vayas al Nuevo Testamento a un pasaje paralelo en el libro de Hebreos, Hebreos capítulo 10.

El libro de Hebreos realmente es paralelo al libro de Levítico del Antiguo Testamento. Así que si deseas obtener luz sobre el libro de Levítico, si quieres ayuda para entender mejor el libro de Levítico, léelo a la luz del libro de Hebreos.

Hebreos nos habla sobre el cumplimiento de estos estereotipos del Antiguo Testamento que leemos en el libro de Levítico. Vemos en Hebreos 10 que estos sacrificios de animales del Antiguo Testamento no tenían ningún poder intrínseco para limpiar la conciencia culpable del pecador o para obtener el perdón de Dios o para ayudarle a reconciliarse con Dios.

Mira el versículo 1 de Hebreos capítulo 10: «Pues ya que la ley solo tiene la sombra de los bienes futuros y no la forma misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que ellos ofrecen continuamente año tras año, hacer perfectos a los que se acercan».

Aquellos que quieren acercarse a Dios no pueden ser perfeccionados por la sangre de los sacrificios de los animales.

Él dice en el versículo 2 dice, «de otra manera, ¿no habrían cesado de ofrecerse, ya que los adoradores, una vez purificados, no tendrían ya más conciencia de pecado?».

Si esos sacrificios de animales del Antiguo Testamento hubieran sido suficientes para limpiar nuestra conciencia culpable, entonces ellos solo necesitarían haber sido ofrecidos una vez. Las personas serían limpiadas y no tendríamos que tener estos sacrificios de animales continuamente.

¿Te puedes imaginar, por cierto, siendo un sacerdote del Antiguo Testamento? Era un trabajo sangriento. Día tras día, tras día, estás matando estos animales, tomando la sangre, rociándola en el altar. En uno de los casos, en el caso de Moisés, leemos en Éxodo que la sangre era rociada sobre el pueblo.

Es decir, sacrificio tras sacrificio, animal tras animal, día tras día, pecador culpable tras pecador culpable, una y otra vez y otra vez y otra vez.

Y él dice que esos sacrificios ni siquiera tenían el poder de perdonar los pecados. No eran más que una imagen de algo que estaba por venir; Alguien que estaba por venir.

Así que él dice, versículo 3, «pero en esos sacrificios hay un recordatorio de pecados año tras año». Cada año en el Día de la Expiación, el sacerdote mataría ese animal y tendría una ceremonia especial, compraría la expiación por el pueblo.

Pero él dice que tenían que hacerlo cada año y otra vez el próximo año, y otra vez el próximo año. Cada vez era un recordatorio de que habías pecado, y en última instancia el pueblo no tenía sus conciencias limpias.

«Porque», versículo 4, «es imposible que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecados». La sangre de toros y machos cabríos, esas ofrendas por el pecado, esos sacrificios, eran un tipo, una imagen de una ofrenda completa y perfecta por el pecado que se realizaría algún día.

Esos sacrificios anticipaban el último sacrificio del Hijo de Dios, el Cordero de Dios sin pecado que quita el pecado del mundo. Él era Aquel cuya muerte expiaría permanentemente y completamente el pecado.

«Por lo cual», versículo 5, «al entrar Él (Cristo) en el mundo, dice: Sacrificio y ofrenda no has querido».

Ahora, ¿te imaginas estos lectores del Nuevo Testamento leyendo este pasaje luego de haber vivido durante cientos de años en el sistema del Antiguo Testamento? Ese antiguo pacto donde Dios dice capítulo tras capítulo tras capítulo, «ustedes tienen que hacer sacrificios, tienen que matar animales, tienen que derramar su sangre».

Y ahora Cristo viene al mundo y dice: «Sacrificio y ofrenda no has querido». Eso no era lo que Dios estaba buscando.

Esas eran cosas temporales, estaban incompletas. Solo eran para apuntarnos hacia algo en el futuro. Jesús dijo: «No son sacrificios y ofrendas lo que Dios quiere». ¿Y entonces qué es? Es un Cordero sacrificial de Dios para quitar el pecado del mundo.

Cristo dijo, «un cuerpo has preparado para Mí. Lo que Tú quieres, Dios, es a Mí. Me quieres a Mí para que entregue Mi vida por el pecado del mundo».

Luego él dice en el versículo 7, y no estás agradecida porque Cristo dijo: «He aquí, yo he venido para hacer, oh Dios, tu voluntad».

Él, voluntariamente, en obediencia al Padre, dijo: «Voy a ser el Cordero. Voy a ser el sacrificio. Voy a dejar que Mi sangre sea derramada para que la raza humana pueda experimentar el perdón y los pecadores puedan ser reconciliados con Dios».

Y luego mira el versículo 10: «Por esta voluntad», la voluntad de Dios, «mediante la cual Dios quiso poner a Su propio Hijo a la muerte…» A Dios le plugo quebrantarlo, nos dice Isaías. «Por esta voluntad, hemos sido santificados».

Hemos sido limpiadas. Hemos sido santificadas a través de la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez y para siempre.

Entonces, ¿de dónde viene la limpieza? ¿De dónde viene el perdón? ¿Cómo puede un Dios santo perdonar la inmundicia de pecadores impíos? Por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo. El sacrificio, el sacrificio perfecto, el sacrificio completo, el sacrificio final.

Versículo 11 de Hebreos 10: «Y ciertamente todo sacerdote está de pie, día tras día, ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados». Ahora, al principio de este pasaje, Cristo era el Cordero. Ahora Él es el Sacerdote.

«...cuando Cristo ofreció un solo sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la diestra de Dios». ¿Por qué se sentó Él? Porque había terminado. Él no necesitaba mantenerse de pie frente al altar y continuar las ofrendas por los pecados día tras día, año tras año.

Cuando Cristo, nuestro Sacerdote celestial ofreció una vez y para siempre un solo sacrificio por los pecados, Él se sentó a la diestra de Dios. Ves, los pecadores del Antiguo Testamento jamás podrían ser perdonados sin el derramamiento de sangre que anticipaba la cruz; que anticipaba a Cristo.

Ahora, nosotras bajo el nuevo pacto, miramos hacia atrás a la cruz sin la cual no podemos ser perdonadas. Cristo murió como nuestro sustituto. Él murió en nuestro lugar.

Y permítanme decirles, para algunas de ustedes, esto es material viejo. También me doy cuenta de que hay muchas personas que escuchan Aviva Nuestros Corazones que nunca han entendido esto. Es posible que hayan estado en la iglesia toda su vida; es posible que puedan haber estado en ciertos ejercicios religiosos o programas o clases o acciones o actividades toda su vida, pero nunca se han dado cuenta de que la única manera de tener el perdón de nuestros pecados es mediante el derramamiento de la sangre de Jesucristo, el Cordero de Dios.

Para algunas de esas oyentes, ellas lo van a escuchar hoy, y tal vez Dios les ayude a entender por primera vez en el día de hoy que este es el evangelio. Estas son las buenas noticias. Así es como podemos orar, «perdónanos nuestras deudas».

Si no hubiera habido una cruz, si Cristo no hubiera entregado Su vida y no hubiera derramado Su sangre por nosotras en el Calvario, no podríamos orar, «perdónanos nuestras deudas», y esperar tener una oración contestada.

Continuando en Hebreos 10, versículo 15, dice: «Y también el Espíritu Santo nos da testimonio», ¿y que nos dice? Mira el versículo 17: «Y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades».

¡Amen! Él dice: «Lo alejaré de Mí. No voy a usarlo en tu contra de nuevo. Limpiaré tu expediente. Sí, tú eras culpable. Sí, tú has pecado. Sí, tú merecías morir, pero pusiste tu mano en ese Cordero del sacrificio. Te identificaste. Te diste cuenta de que ese Cordero es tu sustituto, ese Cordero de Dios, el Señor Jesús, murió en tu lugar, y te diste cuenta de que Su sangre fue derramada para que la tuya no fuera derramada. Tus pecados han sido puestos sobre Él. Su justicia se ha puesto sobre ti».

Y Dios dice: «De tus pecados e iniquidades no me acordaré nunca más». Nunca más. Expediente limpiado. Por lo que esta petición de perdón, «perdónanos nuestras deudas», implica que hay una deuda que no puede ser pagada por el culpable.

Nunca podríamos pagar lo que le debemos a Él. No podemos solucionarlo. No hay nada que podamos hacer para eliminar o borrar nuestra obligación hacia Él, no importa lo mucho que nos esforcemos.

Nos damos cuenta de que Él ha hecho algo. No es lo que nosotras podemos hacer para ser libres de esas deudas, es lo que Él ha hecho para que nosotras podamos ser libres de deudas. En la cruz, Él pagó nuestra deuda en su totalidad.

Él perdonó nuestra deuda. Existe un himno antiguo que fue escrito por Charles Wesley en los años 1700. El lenguaje es un poco extraño, por lo que no se oye mucho hoy en día, pero me encanta la manera en la que él expresa cómo podemos ser libres de nuestra culpa; nuestra consciencia puede ser limpiada por el sacrificio que Cristo ha hecho por el derramamiento de Su sangre. Permítanme leerles algunas estrofas del himno de Wesley, las cuales creo que resumen maravillosamente lo que hemos estado hablando.

Levántate, mi alma, levántate; deshazte de tus temores de culpabilidad; El sacrificio sangrante en mi nombre aparece: Delante del trono (del trono de Dios) mi fiador se levanta.

Ahora, busqué la palabra fiador anoche, porque quería asegurarme de que la entendía. Fiador es una persona que es legalmente responsable por la deuda de otro. Él asume la deuda de otro, asume la obligación legal. Eso es lo que Cristo ha hecho por nosotras.

Delante del trono mi fiador (Cristo) se levanta, mi nombre está escrito en Sus manos.

Él vive eternamente, para interceder por mí; Su amor todo redentor, Su preciosa sangre, para suplicar: Su sangre expiada por toda nuestra raza, y ahora rocía el trono de la gracia.

Cinco heridas sangrantes Él lleva; recibidas en el Calvario; ellas derraman oraciones eficaces; abogan fuertemente por mí: «Perdónalo, oh perdónalo», esas heridas claman, «¡no dejes que muera ese pecador redimido!».

El Padre lo oye orar, Su amado ungido; Él no puede darse la vuelta, a la presencia de Su Hijo; Su Espíritu responde a la sangre, y me dice que he nacido de Dios.

Mi Dios es reconciliado; Su voz de perdón escucho; yo le pertenezco como Su hijo; ya no puedo temer: Con confianza ahora me acerco, y «Padre, Abba, Padre», clamo.

¿Tienes esa seguridad en tu corazón? ¿Te acercas a Dios con la confianza de que tus pecados son perdonados? Es posible que tú nunca, nunca hayas puesto tu fe en Jesucristo como el sacrificio aceptable, permanente, pago completo por tu pecado.

Si no lo has hecho, Dios te ha permitido escuchar este mensaje hoy para que pongas tu fe en Jesucristo. Quiero animarte aquí mismo en esta habitación o tal vez escuchando a través de la internet o en tu carro o en tu casa o en tu lugar de trabajo, donde sea que estés escuchando el sonido de mi voz, di, «oh Dios, ten misericordia de mí, pecadora. Gracias por enviar a Jesucristo a pagar el castigo por mi pecado. Tú has abierto mis ojos para ver lo que Él ha hecho, y ahora mismo, por fe, el precio por mi pecado fue pagado. Hazme Tu hija. Ven a mi vida».

Y al orar esa oración y expresarle ese corazón a Dios, Él ha prometido que te perdonará. Él te limpiará, y no porque hayas hecho algo para merecerlo, sino porque Él ha pagado el precio. Su gracia, Su cruz, Su sangre son suficientes para pagar por tus pecados, no importa cuáles sean, no importa lo que hayas hecho.

A través de Su sangre puedes ser reconciliada con Dios. Sé que la mayoría de nuestras oyentes, mientras hemos estado hablando sobre esto hoy ya tienen una relación personal con Jesucristo. Has venido a Él por fe, y Él ha perdonado tus pecados.

Pero quizás hay algunos pecados que han empañado tu comunión con Dios. Has estado luchando, esforzándote, tratando arduamente de conseguir de nuevo Su gracia, de conseguir de nuevo Su favor, para que puedas mirar en Sus ojos otra vez.

Tu conciencia se ha hecho culpable, y piensas, «oh, ¿cómo hice eso? Yo sé lo que hice. No puedo creer que lo hice. Me siento tan culpable». ¿Sabes qué? De la misma manera en que vienes a Cristo por salvación, entendiendo que es Su sangre, Su sacrificio, Su pago que te permite obtener el perdón de los pecados, así es como vuelves a Él.

Así es como puedes orar el Padre Nuestro, «perdónanos nuestras deudas». No es porque has hecho algo para tratar de ganar tu camino de regreso al favor de Dios. No es porque has hecho penitencia o porque has ido a confesarte o porque has demostrado que vas a dar vuelta a la página.

Es porque has vuelto a la cruz y has dicho, «oh Dios, no merezco Tu perdón, pero Tú me lo has ofrecido a través de Cristo, y por medio de Cristo, yo acepto que mis pecados han sido pagados, que mis pecados han sido expiados, y que puedo estar bien contigo por la fe en Cristo Jesús».

Annamarie: Estas palabras de Nancy DeMoss de Wolgemuth nos traen mucha esperanza. Para conocer más acerca del perdón, el evangelio y el sacrificio de Cristo, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com. Allí tenemos recursos que puedes buscar por tema; estos te apuntarán a la verdad de lo que Dios nos ha revelado en Su Palabra.

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Quizás sabes que has sido perdonada... pero luchas con sentirte perdonada. Nancy continuará hablándonos acerca del tema del perdón, mañana. Ahora, ella regresa para orar con nosotras.

Nancy: Padre, ¿cómo puedo orar para que Tú hagas estas verdades reales en nuestros corazones? Siento que mis palabras son tan débiles, tan torpes a la hora de tratar de explicar las riquezas de Tu gracia. Pero oro que Tu Espíritu traduzca, interprete estas palabras en nuestros corazones y les muestre a Cristo a los pecadores, que nosotras no miremos tanto nuestros pecados, en la medida en que levantamos nuestros ojos para ver a Cristo crucificado, sepultado, y resucitado para que pudiéramos ser perdonadas.

Gracias, Señor, y que hoy sea un día de salvación y purificación y liberación al acercarnos a Tu trono a través del nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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