Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Los desafíos y el temor de Dios

Annamarie Sauter: En medio de los desafíos de la vida debemos permanecer arraigadas en Cristo y en Su Palabra.

Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿Tu quieres reflejar la belleza, la fortaleza, el honor, la majestad de Cristo en tu hogar, en tus circunstancias? Entonces aprende a vivir en la presencia del Señor, sumérgete en Su Palabra.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Esta semana nos encontramos en la serie titulada, Una mujer que teme a Dios. Si te perdiste alguno de los programas anteriores escúchalo, descárgalo o léelo en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Hemos estado transmitiendo estos programas a la luz de nuestra lectura del libro de Proverbios en el Reto Mujer Verdadera 365, y recuerda que la lectura para hoy son los capítulos 25 y 26.

Ya hemos escuchado sobre el uso de nuestras palabras, sobre la importancia de pedirle sabiduría a Dios y sobre vivir cada día como delante de Él. Ahora, creo que también es importante admitir que es una realidad el hecho de que cada una de nosotras enfrenta diversos retos, y que en ocasiones la vida se siente como un gran desastre y nos desanimamos en la carrera de la fe. Hoy Nancy nos trae ánimo y nos ayuda a reflexionar acerca de la importancia de nutrir nuestros hogares y vestirnos de fortaleza. Ella se encuentra en el contexto de lo que Proverbios capítulo 31 nos dice acerca de lo que significa ser una mujer virtuosa.

Nancy: He estado revisando los archivos de algunos correos que he recibido de mujeres que escuchan Aviva Nuestros Corazones. Algunas cartas son alentadoras —mujeres casadas con hombres piadosos, donde ambos genuinamente buscan al Señor y tratan de llevar a sus familias en los caminos de Dios. Y eso es bastante difícil de llevar a cabo tal como está nuestro mundo, aún con el mejor de los matrimonios y los mejores deseos y las mejores intenciones.

Pero por otra parte recibo correos y cartas de mujeres que dicen, «no puedes imaginar cómo es en mi casa. Mi esposo es alcohólico, mis hijos están en drogas, vengo de un trasfondo de abuso. Me he divorciado dos veces. Estoy sola. Soy madre soltera con todos estos hijos». Algunas de estas mujeres quieren agradar al Señor pero están en circunstancias que no son ideales.

Sé que esto es probablemente la generalidad, más que el que haya personas que viven de acuerdo al cuadro que vemos en Proverbios 31, del esposo piadoso, la esposa que teme a Dios y los hijos que temen a Dios. Permítanme decirles, «esto no sucede de la noche a la mañana. Ninguna familia comienza así en términos de madurez. Esto requiere un proceso; requiere crecimiento».

Sé que hay muchas, muchas mujeres que escuchan este programa y se desalientan fácilmente. Cuando buscan temer al Señor, lo hacen desde un contexto de hogar que es extremadamente difícil.

Déjenme decirles, amigas, ¡Dios tiene gracia para ustedes en esa situación! No puedo darles una fórmula. No puedo decirles cómo solucionarlo. No puedo decirles cómo. No puedes convertir a tu esposo. No puedes hacerlo piadoso.

Pero puedo decirte lo que puedes hacer: enfócate en ser una mujer piadosa, una mujer que teme al Señor, que clama al Señor por gracia, como cada una debe hacer. Todas, en nuestra circunstancia de vida, la que sea, debemos decir, «Señor, no puedo hacer esto sin Ti. No puedo hacerlo por mí misma».

Y es bueno cuando estamos en una posición donde no podemos hacer las cosas sin Dios; donde nuestras circunstancias nos obligan a clamar a Dios, día tras día, por ayuda, gracia, fortaleza y sabiduría.

Oro por las mujeres que están escuchando este programa, que tratan de aplicar la Palabra de Dios en circunstancias y situaciones de la vida muy difíciles. Lo que puedo decirles es que sé que hay gracia y sé que puedes ser una mujer de Dios en medio de cualquier circunstancia.

Puedes caminar con Dios, tener un espíritu de gratitud, un espíritu que confía, un espíritu fiel y diligente —todas las cualidades no dependen del tipo de esposo que tienes o de si tienes o no un esposo. Dependen de tu relación con Dios —eso es lo principal. Sé que hay muchas mujeres, particularmente aquellas de ustedes que han tomado la difícil decisión de quedarse en el hogar –cuando tienes niños en el hogar y no ganas un sueldo afuera– en ocasiones es muy difícil llegar a fin de mes.

Se requiere sabiduría de Dios para saber cómo lograrlo. Requiere que clamemos al Señor diciendo, «Señor, Tú eres el proveedor a fin de cuentas», y pedirle a Dios que supla nuestras necesidades. No solo usando la razón y el pensamiento humano para decir, «oh, esto significa que necesito un trabajo».

Quizás Dios quiere proveer para tu familia en formas que se asemejan más a como Él alimentó a los hijos de Israel en el desierto cuando les enviaba maná del cielo. Dices, «Dios no haría eso». Te diré algo, si confías en Dios y obedeces a Dios, Dios hará lo que tenga que hacer para suplir tus necesidades.

Él usó cuervos para alimentar a Elías en tiempos de sequía. Si Dios necesita enviarte cuervos para alimentarte, tengo una fe sencilla para creer que si eso es lo que se requiere, Dios lo hará. «Ella vende y compra campos, es negociante». Algunos tomarían esta mujer como un ejemplo de la mujer de carrera y dirían, «fíjense en esta mujer de Proverbios 31, ella se la busca. Pero déjenme decirles esto, en la medida en que meditas en este pasaje, te das cuenta que esta mujer no lo hace con la perspectiva moderna de una mujer de carrera.

Esta mujer está invirtiendo sus ahorros y ganancias del fruto de sus manos para incrementar el capital familiar, para incrementar el bienestar financiero de la familia. El versículo 16 nos dice: «(Ella) evalúa un campo y lo compra; con sus ganancias (o el fruto de sus ingresos», o algunas traducciones dicen «del fruto de sus manos», y eso son las ganancias, frutos de sus manos) «planta una viña».

Les pido que vayan al versículo 24, y lo traigan a este contexto: «Hace telas de lino y las vende, y provee cinturones a los mercaderes». Aquí vemos a una mujer que ahorra, y le sobra para poder hacer dos cosas.

La primera, puede ser DADORA. Está en capacidad de ministrar a los pobres. Pero también hace suficiente como para vender el excedente; vende esas cintas, esas vestimentas a los mercaderes y trae a la casa ese ingreso extraordinario para la familia. Al hacer eso, no está siendo la proveedora. Sé bien que hay situaciones donde una mujer no tiene alternativa más que ser la proveedora primaria, pero hablamos aquí de lo que es ideal.

Ella trabaja desde su hogar. Hace esas ropas desde su casa y las vende a los mercaderes. Cuando dice que ella es como «nave de mercader» habla de ella trayendo a casa la comida, la compra, no necesariamente la nómina.

Cuando compra un campo, como dijo un autor, no significa que ella es una agente inmobiliaria, como tampoco tú eres vendedora por el hecho de comprar zapatos. Esto no es del dinero de las inversiones de ella. Ella invierte con su esposo –como un equipo– en formas que contribuyen al bienestar de la familia.

Ella desarrolla la industria casera. Al desarrollar una habilidad que suple en primer lugar la necesidad de su familia. Ellos necesitan ropa, así que ella aprende a hacer ropa. Necesitan comida, así que aprende a comprar comida de manera sabia y económica. Ella desarrolla una destreza que contribuye a su familia, y es capaz de hacer que esa destreza sea de beneficio aun más allá de su hogar.

Ella es productiva pero no la principal proveedora –esa es la responsabilidad de su esposo. Pero ella hace contribuciones económicas. Su meta no es hacer dinero para plenitud personal. Ni para tener su cuenta privada de gastos. Siempre es por el bien y el beneficio de su familia.

Ten en mente que su meta no es hacer un negocio. Su meta es construir un hogar, una familia, levantar a su esposo e hijos, un legado familiar y la próxima generación. «La mujer sabia construye su hogar pero la necia con sus manos lo destruye», nos dice Proverbios 14 (paráfrasis del versículo 1).

Esta mujer no está ahí fuera haciéndose un nombre para sí, como tener su propia carrera, su propia reputación, o sus propios ingresos. Ella es una con su esposo. Comprometida a servir, amar y dar, y ella está invirtiendo de la forma que puede, incluso financieramente, de manera que su familia pueda ser todo lo que Dios quiere que sea.

Podemos estar enfrentando en el mundo —y probablemente estemos enfrentándolos ya— los días más difíciles que nuestras naciones hayan experimentado. Y quizás tú dices: «Eso no va a pasar aquí». Necesitamos arrepentimiento y avivamiento en nuestras naciones, porque esto seguramente va a pasar. Ahora bien, puede que no sea durante tu vida o durante la vida de tus hijos, pero tenemos que estar preparando a los que amamos para lo que está por venir.

¿Estás preparando a tus hijos para las dificultades y los desafíos de los matrimonios, mirando al futuro y pensando cómo puedes prepararlos? ¿Estás preparándolos para saber cómo responder en tiempos de pérdida? ¿Y los estás preparando, como ya he dicho hace un momento, para el juicio final, y ver a Cristo cara a cara?

¿Estás orando y confiando en Dios que tus hijos en ese día se encontrarán vestidos con la sangre escarlata y la justicia de Jesucristo? Porque si no es así, entonces no estarán preparados para la eternidad y pasarán la eternidad bajo la ira y el justo juicio de Dios.

Así como oras como madre por aquellos que amas, pídele al Señor: «¿Cómo puedo invertir en sus vidas de manera que ayude a prepararlos para lo que viene, que les ayude a prepararse para la eternidad?»

El versículo 22 nos dice: «Ella hace tapices para ella y su ropa es de lino fino y púrpura». La NVI traduce que, «ella hace tapices para su cama». Esa primera frase en el versículo 22 no se refiere a su propia ropa. Se trata de los artículos que ella hace para su casa. Aquí se está refiriendo específicamente a un cubrecamas.

Mientras este pasaje se desarrolla, vemos cómo ella ha estado cuidando de los aspectos básicos de alimento y ropa para su familia, y ahora se vuelve a adornar su casa y luego a su propia ropa. Este es el orden de prioridades que se desarrolla en este pasaje.

Su relación con su marido, por supuesto, es primordial a la de sus hijos. Ella cumplió con las necesidades de alimento y ropa para su familia. Luego ella piensa en el ambiente de su casa, en decorar su casa.

La palabra tapiz o revestimiento habla de muebles para el hogar. Pueden ser diferentes tipos de muebles para el hogar, alfombras o mantas, la tapicería, colchas, almohadas, frazadas, cortinas, tapices, manteles, manteles individuales, servilletas, toallas, sábanas. Todo este tipo de cosas que esta mujer hace por su cuenta, es con deseo de hacer de su hogar un lugar hermoso y un refugio donde su familia se nutre de bendiciones y cuidados.

Y de nuevo, no hay que irse a los extremos ni lo hacemos para que nuestra casa sea admirada por todo el que nos rodea, sino para que nuestra casa tenga un clima propicio que sirva de crecimiento espiritual y de aliento en la vida de los demás.

Entonces vemos esta primera y única referencia a su propia ropa. Su ropa es de lino fino y púrpura. Creo que si tomas este versículo en el contexto de todo el capítulo, se hace evidente que su ropa no es su prioridad número uno, pero es una prioridad.

Ahora, el tipo de ropa que ella tiene, de lino fino y púrpura, demuestra que esta mujer en particular es de una familia «acomodada». La tela está hecha de lino. Ella usa un tejido de alta calidad. Y luego la púrpura es algo que era raro. Era un colorante costoso que en realidad se extraía de los mariscos en cantidades muy pequeñas. Así que el hacer prendas de vestir de color escarlata o púrpura era algo que era hecho para la realeza.

Por supuesto, sabemos que Proverbios 31, son las palabras de un rey que nos está enseñando lo que su madre le enseñó al buscar una novia que sería una reina. Así que no hay nada de malo en tener ropa bonita, ropa de buena calidad, si Dios te la ha dado y lo hizo posible, y si eso va de acuerdo con la posición y el lugar en la vida que Dios te ha dado. Esas cosas no son pecaminosas.

¿Qué es pecado? Es decir: «Tenemos que tener ropa cara», o buscar ropa cara para que sea lo que nos haga atractivas. El diseño de ropa más caro puesto en el cuerpo de una mujer que no tiene un corazón para Dios, no puede hacerla hermosa —no verdaderamente hermosa.

Hemos estado viendo a una mujer que representa el tipo de mujer que Dios quiere hacer de nosotras como mujeres cristianas. Entonces ¿cómo es que podemos transformarnos de sentirnos como esta mujer, fracasada, frustrada, y angustiada, sintiéndose sin salida en la vida, la casa, las finanzas, los hijos…? ¿Cómo es que podemos pasar de estos momentos, esos días, esas etapas de la vida a convertirnos en alguien como esta mujer de la que hemos estado leyendo en Proverbios capítulo 31?

El versículo 25 nos dice: «Fuerza y dignidad son sus vestiduras, y sonríe al futuro».

Aquí hay claramente algo que sí es importante en su guardarropa. Si tú fueras al armario de esta mujer y te preguntaras, ¿cuáles son las piezas más importantes que tenemos aquí? Serían fuerza y dignidad como parte de sus vestiduras.

Ahora la palabra fortaleza o fuerza, algunas veces se traduce en el Antiguo Testamento como franqueza o poder o fuerza. ¿Alguna vez has cometido el error de pensar en una mujer creyente como una debilucha, una mujer inútil? ¿No es esta la caricatura que ha querido pintar el movimiento feminista de las mujeres cristianas?

De ser una mujer cristiana, serás como un mero maniquí, una mujer sumisa que no tiene ningún cerebro, ni ideas, ninguna habilidad; incompetente, sin destrezas. De acuerdo al mundo una mujer santa es una inútil.

Sin embargo no me parece así cuando leo este pasaje de las Escrituras. En verdad, ¿sabías que se necesita coraje para ser una mujer de Dios? Se necesita fortaleza de carácter para ir en contra de las corrientes de pensamiento del mundo y para rechazar las formas engañosas e incorrectas de pensar que este mundo nos ha querido imponer, y poder decir: «yo voy a amar a mi esposo, voy a amar a mis hijos, voy a ser un ama de casa».

Se requiere coraje y fortaleza de carácter. Esto conlleva energía; esto conlleva poder. Esto requiere de un carácter interior desarrollado y maduro. La fortaleza es parte de sus vestiduras. Ella no es una mujer débil. Ella es una mujer valiente. Una mujer clara. Ella es fuerte en el Señor. Fuerza y dignidad son sus vestiduras.

Esa palabra dignidad algunas veces es traducida como majestad, excelencia, o gloria que proviene de Dios. Esto está hablando del carácter interno de esta mujer. Esa es su vestidura, es lo que más le importa a ella. Aquí vemos a una mujer que no es débil o que siempre se está quejando. Ella no es de las mujeres que desgasta a otros, por el contrario, es de esas mujeres que da de su energía. Ella no es controlada por sus circunstancias.

Nosotros sabemos que su esposo –no importa cuán santo sea, no importa cuán fantástico sea– es solamente un hombre que tiene sus debilidades y sus limitaciones. Y ella tiene que vivir con este hombre. Ella vive con hijos que no son hijos modelo desde que nacen, porque también son pecadores. Ellos necesitan ser entrenados; necesitan ser disciplinados y entrenados en los caminos del Señor. Así que ella vive con las mismas dificultades en su hogar que tú tienes que enfrentar en el tuyo.

Pero ella no se deja controlar por esas circunstancias. Ella es controlada por el poder del Espíritu Santo que mora dentro de ella y que le da la fortaleza para responder con gracia cuando su adolescente está actuando como un adolescente; y cuando aún su esposo está actuando como un adolescente, y aun a veces ella misma, sin importar el tiempo del mes en que se encuentre, a veces ella siente el deseo de actuar como una adolescente. Sin importar lo que esté pasando a su alrededor. Ella está vestida con fortaleza y dignidad.

Ahora, esto no significa que ella no comete errores. No significa que ella no falle. Porque ella falla; pero sabe cómo levantarse de sus caídas. Ella sabe que confesando sus pecados y apropiándose del perdón de Dios, ella puede levantarse y continuar. Sí, ella pudo haber dicho algo que no debió haber dicho. Se le fueron las palabras. Pero ella sabe recuperarse y volver a empezar. Ella procura el perdón y la reconciliación. Es una mujer cuya vestidura es fortaleza y dignidad.

Cuando pienso en una mujer como esta, pienso en María, la madre de Jesús. Una pequeña descripción se nos ha dado en Juan 19 en la cruz del Calvario. Ahora, aquí vemos una mujer cuyo Hijo, su primogénito, está siendo crucificado con la forma de ejecución más dolorosa en aquellos tiempos.

Ella sabía que Él era perfecto. Que Él no había hecho ni una sola cosa incorrecta; y aún así, aquí estaba Él siendo expuesto, desnudo, avergonzado, humillado ante todos los que le estaban mirando, muriendo como un simple criminal, sin haber hecho nada para merecerlo. Ahí estaba su madre. Tú esperarías encontrar una mujer desesperada en sollozos y lágrimas, con ataques de histeria a los pies de la cruz.

Pero no, esa no es la imagen que tenemos de ella. ¿Sabes lo que nos dice Juan en el capítulo 19? «Ahí parada en la cruz estaba Su madre, María» (Juan 19:25, parafraseado) Esa pequeña palabra: parada, ella estaba parada ahí. ¿Ahora, estaba triste? Sí. ¿Estaba afligida? Sí.

¿Estaba ella perpleja? Por supuesto. ¿Ella entiende completamente lo que está sucediendo? Probablemente no. ¿Pero es ella controlada por sus circunstancias? No. ¿Estaba ella siendo controlada por el poder del Espíritu de Dios obrando en su vida? Sí.

Así que ella está parada ahí, vestida de fortaleza y dignidad en medio de circunstancias que harían que muchas mujeres estuvieran bajo un ataque convulsivo de histeria. Ella no lo está. Ella no se ha dejado dominar por las circunstancias, porque hay un poder dentro de ella como mujer virtuosa, un poder de fuerza y dignidad.

¿Sabes dónde obtienes esa fuerza y esa dignidad? Eso proviene del Señor. No de las circunstancias, no de tu marido, no de tus hijos, no de tus padres, sino del Señor. El Salmo 96. Versículo 6, nos dice que «gloria y majestad están delante de Él; poder y hermosura en Su santuario».

¿Quieres reflejar la belleza, la fortaleza, el honor, la majestad de Cristo en tu hogar, en tus circunstancias? Entonces aprende a vivir en la presencia del Señor. Entra en Su presencia, sumérgete en Su Palabra.

Tú dices, «yo no tengo tiempo». Entonces, busca el tiempo, haz el tiempo; encuentra el tiempo... Porque si no estás pasando tiempo a solas con Dios, contemplando Su hermosura, nunca reflejarás Su hermosura, nunca serás como Él. Tú nunca tendrás esa fortaleza y esa dignidad para enfrentarte a las presiones de la vida diaria, si no estás viviendo en la presencia del Señor.

Cuando tú entres en Su presencia, te darás cuenta que Él comenzará a vestirte internamente, y entonces de una manera que no podrás hacer nada al respecto, saldrá de manera externa toda Su hermosura. «Gloria y majestad están delante de Él; poder y hermosura en Su santuario» (Salmos 96:6).

Señor, ayúdanos a vivir en Tu presencia, a llenarnos de Tu Palabra, y ser llenas de Tu Espíritu, de forma tal, Señor, que cuando seamos presionadas, lo que salga sea Tu belleza, Tus respuestas, Tus reacciones, Tu corazón. 

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth regresará con nosotras. Ella nos ha estado ayudando a ver la importancia de temer al Señor para enfrentar las dificultades de la vida. Definitivamente Dios no nos ha dejado sin palabras de aliento y sabiduría que nos enseñan a enfrentar duros desafíos. 

Tanto tú como yo podemos ser transformadas y vestidas de fuerza y dignidad. Y para esto debemos buscar a Dios, cada día arraigadas en su Palabra. Espero que te unas a nosotras a hacer precisamente esto a través del Reto Mujer Verdadera 365, ¡no es tarde para unirte! Estamos terminando de leer el libro de Proverbios y pronto comenzaremos Eclesiastés. 

Entérate de los detalles en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Te has preguntado cuál es el sentido de tu vida? ¿Has pensado sobre qué es lo que te motiva a levantarte cada mañana? En el próximo programa escucharás un mensaje del pastor Sugel Michelén, precisamente basado en el libro de Eclesiastés. Él nos ayudará a reflexionar sobre estas cosas y mucho más.

Ahora, aquí está Nancy para orar con nosotras.

Nancy: Al hablar de este pasaje, Señor, pienso en mujeres que conozco que están en hogares donde apenas llegan a fin de mes. También pienso en esposos y esposas que han tomado la difícil decisión de que la esposa vuelva a la casa, particularmente en esos años de crianza de hijos, enfocando su energía, atención, afectos y tiempo en la familia.

Quiero presentar delante de Ti, en particular a esas mujeres Señor, y te oro que las animes, las fortalezcas, que les enseñes a ellas y a sus esposos a clamar a Ti como su Proveedor. Oro que les enseñes a caminar por fe, que les demuestres tu poder en este mundo tan secular. Oro que les proveas en formas que son sobrenaturales y que sus hogares, sus vidas, sean un testimonio, un tributo a Tu poder y a Tu capacidad de llenar todas las necesidades.

Oro para que les des sabiduría y que les ayudes a desarrollar destrezas y habilidades que puedan usar, no solo ministrando a sus familias, sino más allá, que sean dadoras. Glorifícate a Ti mismo en la medida en que buscamos vivir las prioridades que Tú estableces para nuestras vidas? Oro en el nombre de Jesús, Amén.

Annamarie: Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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