Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Mujer Verdadera 365: Eclesiastés, día 1

Sugel Michelén: ¿Te has preguntado cuál es el sentido de tu vida?

Annamarie Sauter: Con nosotras el pastor Sugel Michelén.

Sugel: Nosotros queremos algo nuevo, algo que nos libere de este ciclo interminable de insatisfacción y de hastío. El problema es que todo lo que el mundo nos ofrece debajo del sol, nos deja exactamente en el mismo punto de partida. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Patricia de Saladín: Eclesiastés, es un libro de la Biblia que nos resulta un tanto enigmático, pero al entender su contenido obtenemos una correcta perspectiva de la vida. Esto es lo que el pastor Sugel Michelén nos ayudará a hacer a través de esta breve serie.

Sugel Michelén es pastor en Santo Domingo, República Dominicana. Si has estado siguiendo Aviva Nuestros Corazones por algún tiempo, su nombre te será familiar. De hecho, él fue quien escribió la introducción a cada libro de la Biblia, en la Biblia Mujer Verdadera.

La enseñanza que estarás escuchando hoy y mañana acompaña nuestra lectura de estos días en el Reto Mujer Verdadera 365, que es Eclesiastés capítulos 5 al 8. Aquí está el pastor Michelén con la primera parte de su mensaje.

Sugel: Cuando tú abres los ojos cada mañana, ¿qué es lo que te mueve a levantarte de la cama y a ponerte en movimiento? A todos nos gusta pensar que las cosas que hacemos son importantes y que hacen alguna diferencia, que nosotros vamos a dejar una huella en el mundo cuando salgamos de aquí pero ¿realmente es así? O para ponerlo en una forma más general, ¿hay algún propósito y significado para la existencia del hombre en un mundo como este donde tenemos que enfrentar tantos problemas, tantas injusticias, tantas cosas torcidas que parecen no enderezarse nunca? ¿De qué sirven nuestros logros o comportarse de cierta manera si al final de cuentas todos vamos a morir? No importa cómo hayamos vivido.

Ese es el tipo de cuestionamientos que se plantea el autor del libro de Eclesiastés. Y su respuesta inicial es tan desalentadora, tan devastadora que algunos se preguntan cómo es posible que un libro como ese haya sido incluido en la Biblia. Una lectura superficial de Eclesiastés puede llevarnos a pensar que este libro fue escrito por un filósofo fatalista, no por un hombre inspirado por el Espíritu Santo. Permítanme darles un breve muestrario. Eclesiastés capítulo 2 versículos 17 y 18: «Aborrecí, por tanto, la vida, (eso dice un hombre inspirado por el Espíritu de Dios) porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu. Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí».

Eclesiastés 3:18 y 19: «Dije en mi corazón: Es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias. Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad».

Eclesiastés capítulo 7:15-17: «Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece por su justicia, y hay impío que por su maldad alarga sus días. No seas demasiado justo, (oigan lo que dice la Biblia) ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de destruirte? No hagas mucho mal, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir antes de tu tiempo?» No voy a hacer ningún comentario. Simplemente estoy leyendo algunos versículos.

Eclesiastés 8:14 y 15: «Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad. Por tanto, alabé yo la alegría; que no tiene el hombre bien debajo del sol, sino que coma y beba y se alegre; y que esto le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le concede debajo del sol».

Y qué les parece esta, se las voy a leer de la Biblia de las Américas.

Eclesiastés 10:19: «Para el placer se prepara la comida, y el vino alegra la vida, y el dinero es la respuesta para todo».

Alguna persona dice medio en broma: «El dinero no te lleva a la felicidad pero te deja como a una cuadra»; y uno se ríe de ese tipo de declaración, pero encontrarla en la palabra de Dios, mis hermanos eso es otra cosa. Es por eso que algunos consideran el libro de Eclesiastés como el más enigmático de todos los libros de la Biblia. De hecho, una persona le llama a Eclesiastés el niño problemático de la familia de los libros de la Biblia.

Sin embargo, este no solo es un libro fascinante inspirado por el Espíritu de Dios, un libro que nos prepara para recibir el evangelio de Jesucristo, sino que también es de gran ayuda para que los creyentes tengan una correcta perspectiva de la vida aquí y ahora. Lo que hace el autor de Eclesiastés, como veremos en un momento, es examinar la vida del hombre desde una perspectiva completamente secular sin tomar en cuenta la existencia de Dios para entonces mostrarnos que desde ese punto de vista la vida del hombre es completamente absurda, la vida del hombre no tiene ningún sentido.

En la mañana de hoy yo quisiera introducir este libro de las Escrituras, considerando básicamente tres cosas: su autor, su tema y su propósito. Eso es todo lo que vamos a ver esta mañana. Veremos el autor de Eclesiastés, el tema de Eclesiastés y el propósito de Eclesiastés. Capítulo 1 versículo 1: «Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén».

Esta palabra, que nuestras versiones de la Biblia traducen como predicador, es la palabra hebrea qahal, un título que se le daba en aquellos días a un orador oficial que tenía la autoridad para convocar una asamblea y para enseñar a una asamblea. De hecho, la palabra griega para asamblea es la palabra griega ecclesia, de donde proviene nuestra palabra iglesia y de donde proviene también el título de este libro, Eclesiastés o el predicador. Algunos traducen esta palabra como el maestro, otros como el filósofo, hay otros que prefieren dejarla sin traducción y le llaman a este individuo simplemente el qahal pero la traducción de nuestras versiones sigue siendo una de las mejores, el predicador.

Ahora bien ¿quién es este predicador que se atribuye la autoría de este libro? Bueno, su nombre no se menciona en ninguna parte de Eclesiastés, pero todo parece indicar que se trata del rey Salomón. En el versículo 1 se refiere a sí mismo como hijo de David, rey de Jerusalén, y más adelante en el versículo 12 dice que él fue rey sobre todo Israel.

Mis hermanos, ¿quién fue el único hijo de David que pudo reinar sobre toda la nación de Israel? Únicamente Salomón, porque en los días de Roboam, el hijo de Salomón, el reino se dividió en dos, así que todo parece indicar que este predicador no es otro que el rey Salomón. Aparte de que las experiencias que él comparte en el libro encajan perfectamente en lo que nosotros conocemos en la Biblia del rey Salomón. Como ustedes recordarán, al principio de su reinado el Señor se le apareció a Salomón y le dijo, «pídeme lo que tú quieras». Y Salomón le pidió «un corazón entendido para juzgar a tu pueblo y para discernir entre lo bueno y lo malo». 

Él pudo haber pedido muchas cosas, pero lo que le pidió a Dios fue sabiduría; y dice en el versículo 10, «y agradó delante del Señor» 1 Reyes 3, «que Salomón pidiese esto. Y le dijo Dios: Porque has demandado esto y no pediste para tí muchos días ni pediste para ti riquezas ni pediste la vida de tus enemigos, he aquí que te he dado un corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú ni después de ti se levantará otro como tú, y aún también te he dado las cosas que no pediste, riquezas, gloria, de tal manera que entre los reyes no haya uno como tú en tus días y si anduvieres en mis caminos guardando mis estatutos y mis mandamientos como David tu padre, yo alargaré tus días».

Lamentablemente Salomón no permaneció siendo fiel a Dios. Dice en el primer libro de Reyes en el capítulo 11, que sus muchas mujeres desviaron su corazón hacia la idolatría. Salomón llegó a tener 300 esposas y 700 concubinas, un harem de 1000 mujeres. Por supuesto la idolatría tiene consecuencias, y la vida de Salomón se volvió un total desastre. Y aunque nosotros no tenemos constancia de que Salomón se haya arrepentido y haya vuelto a los caminos del Señor, el libro de Eclesiastés parece ser su testimonio de arrepentimiento. 

Al final de su vida Salomón quiso compartir las lecciones que aprendió de mala manera durante su tiempo de apostasía. ¿Cuál es el tema de este libro? Versículos 2 y 3: «Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?»

Y hermanos, esta es una frase clave que se repite 29 veces en todo el libro. Lo que Salomón quiere hacernos ver es que si la existencia humana se limita al aquí, al ahora, si no tomamos en cuenta lo que ocurre del otro lado del sol, cuando partamos de este mundo a la presencia del Señor, entonces nada de esta vida tiene sentido. «Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad». La NVI traduce esta frase, «lo más absurdo de lo absurdo, lo más absurdo de lo absurdo, todo es absurdo». Y aún otro lo traduce, «frustración de frustraciones todo es frustración».

La palabra vanidad se repite una y otra vez en el libro de Eclesiastés, 38 veces en total y se refiere a algo que no tiene sustancia, algo inútil, algo sin valor. Mi amigo, si tú dejas a Dios y a la eternidad fuera de la ecuación, lo que te queda es una vida vacía, sin propósito y sumamente frustrante. Salomón parece estar sacando balance, ¿a qué? Al final de su vida. A todas las cosas que tuvo la oportunidad de experimentar cuando Dios dejó de ser relevante para él, y el resultado final fue menos que nada.

Vanidad de vanidades, los judíos empleaban ese tipo de expresiones cuando querían enfatizar una idea como cuando nosotros decimos, rey de reyes. Él es el rey que está por encima de todos los reyes. O Cantar de los cantares, es el cantar más extraordinario, el cantar que está por encima de todos los cantares. Bueno, lo que Salomón nos está diciendo aquí es que no hay una cosa más vana que una vida sin Dios. Eso es lo más vano, ya más vano no se puede ser. Esa es la vanidad de las vanidades, y lo repite dos veces, vanidad de vanidades, vanidad de vanidades.

Y por si todavía alguien no entendió la fortaleza de su idea, concluye diciendo, todo es vanidad. Eso sería la existencia humana si todo lo que tuviéramos fuera esta vida. Venimos de la nada, somos el producto de un accidente sin propósito, nos dirigimos inevitablemente a convertirnos otra vez en nada. Y entre una nada y otra nada tenemos que estar viviendo en este mundo lleno de dificultades y problemas, donde los momentos de felicidad son muy escasos y muy transitorios. Por eso alguien decía que antes de preguntar si hay vida después de la vida, habría que preguntar si hay vida ahora.

No después de la vida, es si hay vida ahora. Un día viene, otro día va muy similar al anterior, y después de muchos días, la muerte. La pregunta es ¿para qué afanarse tanto si al final de cuentas todos terminamos con las manos vacías.

Versículo 3: «¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?» ¿Cuál es tu ganancia? «Yo me conformo con dejar un legado a las generaciones futuras». ¡Genial! Pero ¿de qué te sirve eso?

Decía el cineasta Woody Allen: «Yo no quiero alcanzar la inmortalidad a través de mi obra, yo quiero alcanzarla no muriéndome». El problema es que no tenemos esa alternativa, todos tenemos una cita ineludible con la muerte y lo que Salomón nos está diciendo aquí es que si contemplamos la vida sin tomar en cuenta lo que trasciende la temporalidad de este mundo, todo se vuelve fatigoso, todo se vuelve frustrante.

Eso es lo que él pasa a probar en los versículos del 4 al 11, usando unos ejemplos de la creación y de la experiencia humana. Versículo 4: «Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece». Una generación se va levantando y la otra va envejeciendo. Y a veces tenemos la sensación de que algo está pasando, algo está cambiando entre una generación y la otra; pero esa generación que está surgiendo ahora, mañana estará en el mismo lugar donde nosotros estamos hoy; y los que se levantarán después de nosotros repetirán el mismo ciclo otra vez; no porque la historia humana sea cíclica –como dicen algunos– sino porque en el fondo el hombre sigue siendo el mismo. 

Ahora tenemos computadoras, tenemos internet, tenemos muchísimas cosas, pero el hombre sigue siendo el mismo. Escuchen este comentario: Los muchachos de ahora aman el lujo, se comportan de una forma inapropiada, desacatan la autoridad y no muestran respeto hacia los que son mayores que ellos. ¿Verdad que parece una declaración muy actual?

Eso lo dijo Sócrates en el siglo V antes de Cristo. Y qué les parece esta de Pedro el Ermitaño. Pedro el Ermitaño nació en 1050 y murió en 1155: «Los jóvenes de hoy solo piensan en sí mismos, no tienen ninguna reverencia hacia sus padres o los ancianos, se impacientan ante toda restricción y hablan como si lo supieran todo».

¿Ven el punto? La historia está en movimiento pero nada cambia en realidad. Nada cambia. Es lo mismo que vemos en los procesos de la naturaleza. A pesar de la diversidad y los cambios que vemos a nuestro alrededor, la naturaleza es sorprendentemente uniforme en su funcionamiento. De hecho, eso es lo que permite que hagamos ciencia. Los científicos pueden evaluar los procesos de la naturaleza porque todo se repite una y otra vez. Versículo 5: «Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta. El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo. Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo».

El sol salió esta mañana, se va a poner esta tarde, así será mañana y pasado mañana y dentro de diez meses y dentro de cien años. La misma rutina. Y lo mismo ocurre con el viento. El viento se mueve constantemente en una serie de circuitos que no podemos entender del todo, y que tampoco cambiará con el paso de los siglos. El mismo circuito, todos los ríos desembocan en el mar pero el mar nunca se llena, y al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo. La misma cosa una y otra vez. Y esa monotonía de la naturaleza no es otra cosa que un reflejo de la monotonía de la vida humana.

En ciencia política hay un principio que se conoce como el gato parduzco. En una novela que se llamó el gato pardo, donde apareció esta frase memorable: «Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie». ¿Cómo así? Bueno, lo que este principio establece es que los políticos tienen que iniciar constantemente algo que se parezca a una transformación revolucionaria pero dejando en realidad las mismas estructuras de poder, de manera que todo cambia pero nada cambia. ¿No es así?

Eso es el gatopardismo, todo cambia pero nada cambia. Eso es básicamente lo que Salomón nos está diciendo en Eclesiastés, lo que vemos en los procesos naturales es lo mismo que ocurre en la experiencia del hombre. Versículo 8: «Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír». Eso fue cierto en los días de Salomón, lo es en el día de hoy. En la historia de la civilización el hombre nunca había tenido a su alcance tantas posibilidades de ver y oír cosas diferentes.

Hace 200 años si usted quería escuchar música tocada por una orquesta, tenía que ir a donde la orquesta estaba. Ese era un lujo que muy pocas personas podían darse. Hoy día cualquier muchacho tiene a su alcance un montón de dispositivos, de programas, de aplicaciones que le permiten ver y escuchar lo que quiera y cuando lo quiera. Ipad, iphone, ipod, iTunes, MP3, Youtube, Soundcloud, Netflix y muchas cosas más.

¿Y saben qué? No importa cuántas cosas veas, no importa cuántas cosas escuches, nunca te sentirás satisfecho, nunca te sentirás plenamente satisfecho. Yo recuerdo cuando era niño, a mi padre le encantaba hacernos cuentos árabes. Recuerdo uno en particular donde había un rey que le ofreció la mitad de su reino a cualquier persona que pudiera llevarle algo que fuera más pesado que lo que él tenía en su mano.

Las personas comenzaron a traer cosas pesadas, lingotes de oro cada vez más pesados y siempre lo que el rey tenía en la mano pesaba más. Y la gente decía, ¿cómo es posible que este hombre tenga en su mano algo envuelto en un pañuelo que pese más que todo lo que nosotros llevamos. Finalmente un sabio les dijo, «llévenme donde el rey». Y cuando pusieron el pañuelo en la balanza, este sabio cogió un poco de tierra, lo puso en la otra balanza y la tierra pesó más. Todos quedaron sorprendidos hasta que él dio la explicación. 

Lo que hay envuelto en ese pañuelo es un ojo humano y el ojo humano no se sacia con nada. Pero al final tendrá que contentarse con un puñado de tierra. Nunca se sacia el ojo de ver. Siempre queremos ver otra cosa, escuchar otra música, tener otra experiencia. Lo que ayer me emocionaba hoy me causa aburrimiento…¿no es así? Así como el mar nunca se llena, nuestros sentidos tampoco. Es por eso que la industria del entretenimiento es tan exitosa. Nosotros queremos algo nuevo, algo que nos libere de ese ciclo interminable de insatisfacción y de hastío. 

El problema es que todo lo que el mundo ofrece debajo del sol, nos deja exactamente en el mismo punto de partida. Versículo 9: «¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido». Si leemos con cuidado la historia veremos que el hombre sigue siendo esencialmente lo mismo con el paso de los años. Las mismas dudas, los mismos problemas, las mismas aspiraciones, los mismos anhelos, las mismas luchas…

Lo que parece novedoso no es más que un pasado que ya se olvidó. Decía el periodista Malcom Muggeridge: «Todas las nuevas noticias son viejas noticias ocurriendo a nuevas personas». ¿Escucharon eso? Todas las nuevas noticias son viejas noticias ocurriendo a nuevas personas.

Versículo 11: «No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después». En otras palabras, la gente suele sufrir de amnesia histórica. Y eso nos hace creer que algunas cosas son novedosas pero en realidad no lo son. Generaciones van, generaciones vienen, cada una repitiendo los mismos errores de la generación anterior y creyendo al mismo tiempo que están siendo originales. La vida debajo del sol es fatigosa, repetitiva, monótona, hastiante. Es lo que Salomón nos ha estado diciendo.

Patricia: Has estado escuchando la primera parte de un sermón del Pastor Sugel Michelén basado en el libro de Eclesiastés. Él nos ha estado ayudando a entender el contenido de este libro de la Biblia, y nos está ayudando a tener una correcta perspectiva de la vida.

Y tú, ¿desde qué perspectiva ves tu vida? ¿Te has dado cuenta de que no hay nada bajo el sol que pueda darte completa plenitud y abundancia sino solo Cristo? Mañana asegúrate de acompañarnos para escuchar más acerca de esto y de por qué Dios inspiró al autor de Eclesiastés para escribir reflexiones tan complejas y difíciles acerca de la vida en este mundo.

Annamarie: Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Canción del Peregrino, Jonathan & Sarah Jerez, Periscopio ℗ 2017 Jonathan & Sarah Jerez.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el anfitrión

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad bíblica a las mujeres de habla hispana. Su anhelo es verlas conocer y abrazar la Verdad que las hace libres en Cristo. Sirve en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones como la voz de Nancy Leigh DeMoss. Tiene tres hijos adultos, Rosalía (casada con Daniel), Sarah (casada con Nazario) y Eduardo Alfredo (casado con Leticia). Además, Dios le ha regalado seis nietos: Patricia, Daniel, Samuel, Nazario, Said y Noor.

Sobre el invitado

Sugel Michelén

Sugel Michelén

Sugel Michelén ha sido pastor en la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.

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