Podcast Aviva Nuestros Corazones

Los milagros del calvario

Annamarie: «Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló y las rocas se partieron; y los sepulcros se abrieron, y los cuerpos de muchos santos que habían dormido resucitaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Jesús, entraron en la santa ciudad y se aparecieron a muchos. El centurión y los que estaban con él custodiando a Jesús, cuando vieron el terremoto y las cosas que sucedían, se asustaron mucho, y dijeron: En verdad éste era Hijo de Dios» (Mat. 27:51-54).

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín

Nancy: Como hemos estado considerando la cruz de Cristo en estos últimos días, espero que te hayas dado cuenta de que la cruz es el acontecimiento decisivo de la historia. La cruz fue trascendental, un desafío a la muerte, dadora de vida, otorgó acceso al Padre. En realidad, lo cambió todo. No fue un pequeño evento, insignificante, trivial o común. Nunca ha habido algo como esto antes. Nunca ha habido nada igual desde entonces. Nunca habrá algo como esto en el futuro. Es el acontecimiento decisivo de la historia.

A medida que continuamos considerando el Cristo incomparable, su vida es supremamente incomparable por lo que Él hizo por nosotros en la cruz. Mientras contemplamos lo que ocurrió en el Calvario, quiero que consideremos cuatro milagros que estaban conectados a Su muerte.

Hubo numerosos milagros alrededor del nacimiento de Cristo, seguro recuerdas algunos de ellos. Su ministerio terrenal empezó en una boda donde Él realizó un milagro, convirtió el agua en vino. Juan 2 dice: «Este principio de sus señales hizo Jesús en Caná de Galilea» (v. 11).

Bueno, los evangelios registran alrededor de 37 milagros de Jesús. Esos milagros eran señales de que Él era realmente el Mesías prometido. No debe sorprendernos, viendo cómo Su nacimiento, Su vida terrenal y Su ministerio estuvieron acompañados de milagros, que Su muerte también estuviera acompañada de una serie de milagros. Estos milagros eran señales para atestiguar, para confirmar, el significado de Su muerte.

Quiero leer un pasaje del Evangelio de Mateo que menciona los cuatro milagros, y luego vamos a tomar uno a la vez y ver su importancia. Mateo 27 comenzando en el versículo 45:

«Desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena». (Ese es el primer milagro, volveremos a él en un momento).

«Y sobre la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo, “Eli, Eli, lema sabactani?” esto es, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”» (v. 46).

«Y Jesús clamó otra vez a gran voz y entregó su espíritu» (v. 50).

«Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo» (v. 51). (Ese es el segundo milagro).

Ahora el tercero, «Y la tierra tembló, y las rocas se partieron» (v.51).

Y el cuarto está en el versículo 52: «y las tumbas también se abrieron. Y muchos cuerpos de santos que habían dormido se levantaron, y saliendo de los sepulcros después de su resurrección vinieron a la ciudad santa y se aparecieron a muchos» (vv. 52-53).

Veamos estos milagros, uno a la vez:

Primero una oscuridad misteriosa

Versículo 45: «Y desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena» (Mat. 27:45). Desde las 12 del mediodía hasta las 3 de la tarde. Como dice en el relato de Lucas, «al eclipsarse el sol» (Luc. 23:45). Oscuridad sobre la faz de la tierra. Oscuridad sobre toda la tierra. El sol se eclipsó. Ahora, recuerda que en el nacimiento de Jesús, una multitud de ángeles volvió el cielo de la medianoche en día. Ahora, en Su muerte, el cielo del mediodía se convirtió en noche.

Existe, de hecho, una gran cantidad de evidencia extrabíblica para este evento. He leído numerosos historiadores. Por ejemplo, el apologista cristiano del segundo siglo llamado Tertuliano, dice: «Al momento de la muerte de Cristo, la luz del sol se fue, y la tierra se oscureció al mediodía».

Esta fue la segunda mitad de las seis horas de Jesús en la cruz, cuando el sol normalmente habría sido más brillante, desde el mediodía hasta las tres. Sin embargo, hay una repentina, gran oscuridad que llega. Al mirar a través de las Escrituras, el oscurecimiento del sol (podríamos pasar un día entero hablando tan solo de este milagro, pero tenemos cuatro que ver, así que voy a dar vistazos de ellos), a través de la Escritura esto del oscurecimiento del sol es a menudo un símbolo de juicio.

¿Qué te viene a la mente cuando piensas en juicio y oscuridad? ¿Qué tal las diez plagas enviadas a la tierra de Egipto cuando Dios quería liberar a su pueblo? Por cierto, a través de toda la Escritura verás que juicio y salvación van juntos. No se puede obtener la salvación sin juicio. Donde hay juicio, también hay salvación.

Ves esto de una manera clásica volviendo al libro de Éxodo. La novena plaga enviada a Egipto fue oscuridad tenebrosa. Una oscuridad que se sintió en la tierra por tres días (ver Éx.10:21-23). Este fue el juicio justo antes de la plaga final, la muerte de los primogénitos. ¿Ves la progresión allí? El juicio de Dios, el precursor del juicio final, la oscuridad, fue el penúltimo juicio que precedió ese último juicio de la muerte de los primogénitos.

En Amós capítulo 8 leemos acerca del juicio y de la destrucción que se profetizó contra Israel. Dice:

«Y sucederá que en aquel día, declara el Señor DIOS, yo haré que el sol se ponga al mediodía y que la tierra en pleno día se oscurezca» (v. 9).

Suena como lo que acabamos de leer acerca del Calvario. Era una señal de juicio. En el libro de Apocalipsis, ves cómo la ira final y el juicio de Dios se desata sobre aquellos que se negaron a creer el evangelio y arrepentirse. Apocalipsis 16 nos dice, «El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se quedó en tinieblas» (v.10). Si lees a través de Apocalipsis, verás esto varias veces. La oscuridad parte de la ira final y el juicio de Dios. 

Así que, el día que Cristo murió el sol se oscureció. ¿Por qué? Porque la cruz era un lugar de juicio. Jesús estaba bajo el juicio de Dios al llevar nuestros pecados en Su cuerpo. Él murió en nuestro lugar. Él tomó el juicio que nosotros merecíamos y la ira de Dios se derramó sobre Él.

Algunas de ustedes pueden estar pensando, «sigues diciendo eso todos los días. Sigues hablando sobre Jesús muriendo en nuestro lugar». ¿Sabes por qué sigo hablando sobre esto? Porque necesitamos seguir hablando de eso. Lo olvidamos. Y algunas han oído hablar de esto muchas veces, pero nunca se han alejado de sus pecados y nunca han puesto su fe en Cristo como el sustituto adecuado y aceptable por su pecado. No puedo dejar de pensar que si lo digo una vez más, quizás una persona va a conseguir lo que nunca ha recibido antes. Dios juzgó a Jesús en la cruz por mi pecado. Era un lugar de juicio. 

Bueno, Mateo 27:46 nos habla de la culminación de esa oscuridad: «Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?»

Entonces, déjame buscar el versículo 50, donde vemos la escena preparada para el segundo milagro. No solo una misteriosa oscuridad, sino ahora la rasgadura del velo.

«Y Jesús clamó a gran voz y entregó su espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo» (vv. 50-51).

Ahora estas cosas pasaron en una sucesión rápida. Jesús clamó, «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» Él clamó, «Tengo sed». Él clamó, «En tus manos encomiendo mi espíritu». La oscuridad ha estado sobre la tierra por tres horas, y ahora el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo.

Hablemos de este velo por un momento. Esta cortina separaba el lugar santo del lugar santísimo, algunas veces llamado el santo de los santos. Este velo era magnífico. Fue bordado en azul, escarlata e hilo púrpura. Fue bordado con diseños de querubines, ángeles que eran asociados con la majestad y la gloria de Dios. Era un velo enorme. Era de 30 pies de ancho por 60 pies de alto. Josefo, el historiador de principios del primer siglo, dijo que el velo era de cuatro pulgadas de espesor y que caballos atados a cada lado no podían separarlo. Así que claramente podemos ver que se trataba de un rasgado sobrenatural del velo; solo la mano de Dios podría haber hecho esto.

Ahora, el lugar santísimo, que es el lugar que estaba protegido por esa cortina, ese velo, era el lugar donde la presencia y la gloria de Dios habitaban; la gloria shekinah de Dios. Es el lugar donde estaba asentada el arca del pacto. Y en el tope de esa arca estaba el propiciatorio. Y en el tope de ese propiciatorio estaban los querubines con sus alas extendidas.

Ese velo sirvió como barrera entre los pecadores y un Dios santo. Y no se le permitía a nadie entrar a ese lugar sagrado, bajo amenaza de muerte, excepto al sumo sacerdote, que una vez al año, en el día de la expiación, tomaría la sangre de un animal inocente. Él lo llevaría al lugar santísimo y lo ofrecería en nombre del pueblo.

Un hombre, una vez al año, ofreciendo sacrificios en su nombre y en nombre de los pecados del pueblo. Él esparciría esa sangre, rociaría esa sangre sobre el propiciatorio, y por otro año eso significaría que los pecados del pueblo serían expiados. Por supuesto, eso era solo una sombra, un símbolo, un tipo en espera por el Calvario, esperando por el Cordero de Dios que derramó Su sangre por el pecado del mundo.

Ese velo que los sacerdotes pasaban una vez al año significaba: «¡Permanezcan fuera! Prohibida la entrada. ¡No entre!» ¿Por qué? Porque Dios es santo y el pueblo era pecador. Un Dios santo tenía que ser separado de un pueblo pecador. 

Hebreos 10 nos dice qué pasó cuando vino Jesús.

«Entonces, hermanos,…puesto que tenemos confianza para entrar al lugar santísimo (a aquellos judíos nunca les habían dicho que ellos podían entrar; se les había dicho que no entraran; manténganse lejos, no entren), pero ahora por la sangre de Jesús, tenemos  un camino nuevo y vivo que Él abrió por medio del velo, es decir, su carne» (vv.19-20).

Su carne había sido desgarrada allí en el Calvario, y ahora momentáneamente Su espíritu sería desgarrado de Su carne. Su espíritu para ir a Dios, Su carne para ir a la tierra para ser enterrado, y darnos la confianza para entrar al lugar santísimo porque Él abrió el camino para nosotros.

Jesús murió, ¿recuerdas? a las tres de la tarde. Esta era la hora cuando los judíos se juntaban en el templo para ofrecer los sacrificios de la tarde, sacrificios que ofrecían esa noche en particular, a causa de la celebración de la Pascua.

Imagina que eres uno de los sacerdotes oficiando en el templo ese día, los corderos están siendo matados, la sangre está arrojada por todas partes, y de repente la tierra tiembla, y oyes este fuerte sonido de rasgado, y el enorme velo se rasga en el medio de arriba abajo. Y de repente el lugar santísimo, el cual nadie había visto jamás excepto ese único sumo sacerdote una vez al año. (Por cierto, sabemos que el sumo sacerdote en aquella época era un hombre corrupto, no era un hombre santo. Era por la misericordia de Dios que él no era asesinado cuando entraba ahí). Pero ahora, de repente el lugar santísimo, el cual nadie había visto jamás excepto ese único sumo sacerdote, es expuesto. El arca de la presencia de Dios, el propiciatorio y los querubines quedaron a plena vista para que todos lo vieran.

El rasgado de ese velo significó el fin del antiguo pacto y la inauguración del nuevo pacto. El sistema de sacrificios había terminado. Ya no era necesario porque ya no había más separación entre Dios y el hombre. Cristo se había ofrecido a sí mismo como un sacrificio en el lugar del hombre pecador, y todos los que creyeron en Él ahora podrían acercarse confiadamente a un Dios santo.

Ahora, en lugar de una barrera entre nosotros y Dios, había una puerta y una entrada. Jesús es esa entrada y esa puerta. El signo ya no dice, «¡Mantente afuera!» Ahora dice, «¡Entra!, ¡Acércate! ¡Ven confiadamente! ¡Bienvenido!» Ahora tenemos acceso a la presencia misma de Dios. Si alguien no se emociona, tendré que decir esto más fuerte y más rápido. ¿No te llena esto de emoción? ¡Claro que sí!

Oswald Sanders en su libro que hemos estado siguiendo a través de esta serie, El Cristo incomparable, dice que,

«La tradición dice que los sacerdotes, no dispuestos a aceptar las implicaciones de este acto divino, cosieron el velo y reanudaron su ritual, como si ningún acontecimiento que hubiera sacudido al mundo hubiera tenido lugar».

No sé si esa tradición es verdad o no, pero tengo que hacer la pregunta: ¿Así es como nosotras vivimos?

  • ¿Qué diferencia hace el velo rasgado en tu vida?
  • ¿Aún tienes miedo de venir a la presencia de Dios? ¿Aún estás aterrorizada?
  • ¿Todavía te sientes envuelta en la culpa y en la vergüenza, todavía estás tratando de ofrecer penitencia y sacrificios, y hacer buenas obras, tratando de ganarte por ti misma el favor de Dios?

Entonces estás viviendo como si estuvieras cosiendo ese velo, como si ningún acontecimiento que sacudiera al mundo hubiera ocurrido.

En el momento que Cristo murió y el velo fue rasgado, hubo otros dos signos de intervención divina atestiguando la naturaleza sobrenatural de lo que ocurrió en el Calvario. Quiero poner esos dos milagros juntos porque creo que estos dos están conectados. Quiero poner juntos primero el terremoto y luego la aparición de los santos.

Versículo 51, «Y la tierra tembló, y las rocas se partieron». Esa palabra schizo es el mismo verbo usado en el versículo 50 en relación al velo siendo «rasgado» en dos. Ahora las rocas se partieron. Primero el velo y ahora las rocas. Versículo 52: «Y los sepulcros se abrieron, y los cuerpos de muchos santos que habían dormido resucitaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos» (vv. 52-53).

Este terremoto no fue un pequeño temblor. El siguiente versículo nos dice que los soldados romanos «se asustaron mucho» (v. 54).

Los terremotos en la historia de la redención, a menudo son una señal de la presencia y de la actividad de Dios. Uno que viene a mi mente, está en el Antiguo Testamento en Éxodo 19, cuando Dios se apareció en el monte Sinaí para dar Su ley al pueblo. «Y todo el monte se estremecía con violencia» (v. 18). Esta es la señal de la presencia y de la actividad redentora de Dios.

Los terremotos en la literatura profética en la Escritura, generalmente están conectados con el justo juicio de Dios. Por ejemplo, nos hemos referido anteriormente a las siete copas de juicio en el libro de Apocalipsis.

En el capítulo 16 dice que «El séptimo ángel derramó su copa en el aire. Y hubo destellos de relámpagos, voces, truenos, y un terremoto tan grande como nunca había habido desde que el hombre está sobre la tierra» (16:17-18).

Un terremoto asociado con el justo juicio de Dios. Así que el terremoto del Calvario primero acentúa el hecho de que la cruz fue un lugar donde el juicio de Dios fue derramado sobre Cristo. Luego, es una advertencia de que un día Su juicio será derramado sobre aquellos que se nieguen a creer en Cristo y a refugiarse en Él.

Luego, número tres, este terremoto apunta al estremecedor, poder transformador de la muerte de Cristo en la cruz, donde Él conquistó el pecado, la muerte, y a Satanás; una victoria que será consumada en Su segunda venida.

Así que, tenemos el terremoto, y luego en el versículo 52 vemos que el terremoto dio lugar a la apertura de las tumbas en las rocas, que eran comunes en esa zona, sepulcros que fueron cavados en las rocas. El pasaje nos dice que: «Y los cuerpos de muchos santos que habían dormido resucitaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Jesús, entraron en la santa ciudad y se aparecieron a muchos» (vv. 52-53).

Hay muchas incógnitas y preguntas sin respuestas relacionadas con este milagro. Cosas como ¿quiénes eran estos santos que fueron resucitados de entre los muertos? Ha habido mucha especulación sobre esto. ¿Fueron ellos levantados con sus mismos cuerpos terrenales que tenían cuando murieron, o con nuevos cuerpos glorificados, como el cuerpo de Jesús después de Su resurrección?

Todo es mera especulación. Existen algunas teorías interesantes. Sabemos que estos eran santos; eran creyentes en Cristo. Esa palabra es literalmente «los santos». Ellos eran aquellos que habían puesto su fe en Cristo, quien estaba por morir. Ellos murieron antes que Cristo. Ellos eran, de alguna manera, creyentes del Antiguo Testamento. Ya sea aquellos que habían muerto recientemente o aquellos que habían muerto antes. Algunos dicen que ellos fueron mártires del Antiguo Testamento. Eran creyentes en Cristo. La mayoría de los comentaristas creen que probablemente ellos solo aparecieron a otros creyentes, como Cristo fue visto solo por los creyentes después de Su resurrección, antes de Su ascensión al cielo.

Ahora piensa sobre lo que esto significó para los que vieron estas personas que ellos habían conocido u oído hablar; que salieron de los sepulcros y entraron caminando a Jerusalén. Estos nuevos creyentes que aún estaban vivos en el tiempo de Cristo, su fe iba a ser grandemente probada en los siguientes días. Ellos iban a sufrir enormemente por ser seguidores de este carpintero crucificado que ellos afirmaban que estaba vivo.

Me pregunto si Dios no habrá realizado este milagro para reforzar la fe de los primeros creyentes, para darles esperanza, para recordarles que a través de Su muerte, Cristo había puesto fin a la muerte; para recordarles que Él era la resurrección y la vida. Quizás fue al ver estos santos resucitados que habían salido de esas tumbas que esos jóvenes, nuevos creyentes, fueron animados con un anticipo de su propia resurrección corporal final. Estos eran los primeros frutos. Esto es lo que debes esperar. Esto es solo un vistazo de lo que sucederá con tu cuerpo en la resurrección final.

Annamarie: Nancy nos ha estado describiendo los milagros que acompañaron la muerte de Cristo. Ella regresará con nosotras.

Estoy sorprendida del significado de cada uno de los milagros que hemos visto, gracias Nancy.

Luego de escuchar esta enseñanza podemos entender mejor cómo vivir a la luz de la verdad de la Palabra de Dios. Algo que definitivamente es impactante es que podemos venir confiadamente ante Dios. ¡Acceso a Su misma presencia! Acércate a Él en Su Palabra y en oración. Pídele que te ayude a cultivar el hábito de leer la Biblia diariamente y buscarle continuamente en oración. No dejes pasar esta oportunidad para buscarle.

Estamos muy agradecidas por la manera en que Dios continúa usando Aviva Nuestros Corazones en la vida de las mujeres.  

Una oyente nos dejó una nota junto con su donación, y escribió,

«¡Dios le bendiga! Agradezco a Cristo por darme la oportunidad de ser parte de ustedes. Han sido de transformación y bendición a mi vida! Gracias por cada una de estos programas. A Cristo sea la gloria».

Otra nos dijo,

«Quiero que sepan lo bendecida que he sido con su ministerio, ha sido ese canal de gracia de parte de Dios. Oro y pido al señor que fortalezca cada día su ministerio para que continúen bendiciendo muchas vidas en un mundo corrompido y tan lleno de pecado, ustedes son la prueba de que la misericordia y gracia de Dios aún se extiende porque aunque abundan las malas influencias aun podemos contar con un oasis como este en medio de este desierto. Dios continúe bendiciendo sus vidas».

Si nos escuchas y has sido bendecida con estos programas, anímate y compártelos con otras mujeres. Hazlo fácilmente a través de nuestra página web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Bien, es posible que al escuchar a Nancy sintamos que ya «conocemos» todas estas cosas y no necesitamos más información. ¿Crees que es posible que te hayas acostumbrado a escuchar estas verdades y hayas perdido tu asombro?

Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy: Bueno, al pensar en estos milagros asociados con el Calvario y la muerte de Cristo, mira el versículo 54 y observa la respuesta de aquellos que vieron esto suceder.

Cuando el centurión y los que estaban con él que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, ellos se llenaron de asombro y dijeron, «¡En verdad éste era Hijo de Dios!»

Todo esto me hace preguntarme, ¿se ha convertido la cruz en algo común a nuestros ojos? ¿Estamos «llenas de asombro», como estuvieron los soldados? O, ¿hemos perdido el sentido de la importancia de lo que ocurrió ese día? Ese día que vamos a celebrar mañana, Viernes Santo, ¿hemos perdido la confianza en lo que Dios puede hacer? Estos milagros, muestran el poder sobrenatural de Dios. Los soldados estaban asombrados. El centurión estaba asombrado. Nosotras debemos estar asombradas de creer lo que Dios puede hacer para cambiar las vidas, el conceder el perdón, y hacer todas las cosas nuevas.

Y en estos milagros del Calvario, hemos sido testigos del poder de la cruz, el poder de lo que Cristo hizo ese día, y la importancia que tiene para nuestras vidas hoy.

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo.

Ella nos ha estado hablando del mayor crimen cometido, y a la vez el acto supremo de amor sacrificial de toda la historia de la humanidad. Esto es la muerte de Cristo en la cruz. Pero ¿sabías que esto no es todo? ¿Has escuchado del milagro más grande de toda la historia? Acompáñanos mañana para explorar esto juntas, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Conociendo al Redentor juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Jesús El Mesías, En Espíritu y en Verdad, Amor Asombroso ℗ 2009 En espíritu y en verdad.  Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.