Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Mansedumbre en las relaciones

Annamarie Sauter: ¿Has sentido que ya no puedes continuar viviendo en las circunstancias en que te encuentras?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Creo que la mansedumbre es lo que nos permite descansar en los brazos de un Dios que está ahí, quien es bueno y sabe lo que está haciendo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Muy a menudo, tú y yo carecemos de gozo. ¿Será porque nos resistimos a la voluntad de Dios? A través de los testimonios de algunas mujeres, hoy seremos animadas a embarcarnos en el duro pero maravilloso camino al gozo. Con este programa concluimos la serie de enseñanzas de Nancy titulada, La hermosura de la mansedumbre. 

Dorothy: Para mí la palabra mansedumbre significa sumisión. Significa ser sumisa a lo que Dios quiere. He llegado a un lugar en mi vida en que sumisión significa renunciar a todas las cosas que me gustaría hacer, y hacer las cosas en las que realmente no soy eficiente o que no siento el deseo de hacer

Tengo un esposo en un albergue médico por su salud. La enfermera nos dijo esta última vez que no cree que vaya a mejorar y que probablemente tenga Alzheimer. Tengo otro hijo el cual tampoco está bien, padece diabetes, y está llegando a cierto punto de su etapa final, muy difícil. Se suponía que tendría cirugía hoy pero la pospusieron para la próxima semana.

Para mí, eso significa que estaré en casa la mayor parte del tiempo y no soy una enfermera de profesión ni de corazón. Para mí este es el lugar donde estoy y donde tengo realmente que aprender a decir, «sí Señor», y mientras camino por el valle de sombra de muerte, hacerlo con gozo.

Nancy: Dijimos que mansedumbre es decir, «sí, Señor», es someterse a la Palabra de Dios, pero también es someterse a la providencia de Dios, a las decisiones de Dios, a las circunstancias que Él trae a nuestras vidas y también en diferentes etapas de nuestras vidas. La señora Dorothy está en sus ochenta y está enfrentando algunas circunstancias en su vida, que algunas de ustedes como madres más jóvenes no conocerían, sus circunstancias son totalmente diferentes.

Pero la mansedumbre dice, «sí, Señor. Recibo esto de Tu mano sin importar la etapa, sin importar la circunstancia». No se resiste ni se resiente, no huye de ella, sino que abraza la cruz. Es recibirlo y aceptarlo, sabiendo que no es tu esposo, no es tu hijo, no son las circunstancias las que son tu enemigo o tu problema. Ellas son solo instrumentos en las manos de Dios.

Dios tiene un propósito con todo esto. Dios tiene un propósito en sus vidas. Dios tiene un propósito en tu vida. Dios está formando, moldeando tu vida. Él está cumpliendo Sus propósitos eternos. Y muchos de esos propósitos no los podremos ver jamás de este lado del cielo, de este lado de la eternidad.

Así que mansedumbre es confiar en que Dios sabe lo que está haciendo y doblar la rodilla, inclinar mi cabeza, inclinar mi corazón, inclinar mi voluntad y decir, «sí, Señor. Esto lo recibo y si esto te agrada a Ti, me agrada a mí».

Y como Dorothy dijo—aquí es donde comienza el reto, hacerlo con gozo. Digo, muchas de nosotras lo haríamos pero con un cierto apretar la mandíbula, solo sobreviviendo. Dios quiere que lo hagamos más que con un espíritu de supervivencia.

Ahora, eso no significa que todas las circunstancias sean alegres o felices. Pero significa que hay una capacidad sobrenatural, gracias al tesoro que tenemos en la vida de Cristo en nosotras, para recibir y para responder a esas circunstancias con gozo.

Pero tú sabes que el gozo es una decisión. Ahora, también es parte del fruto del Espíritu, algo que no podemos fabricar. Es algo que Dios produce en nosotras. Pero podemos escoger decir: «Recibo el gozo del Señor para esto, y en medio de esto puedo tener Su plenitud, Su dulzura, Su gracia, Su poder vencedor en mi vida.

Joetta: Como dijo la señora Dorothy, es algo como un progreso en general que ha ocurrido estos tres años de mi vida. Se le diagnosticó cáncer a mi madre. La tuvimos que traer desde San Antonio. Al mismo tiempo a mi esposo le informaron que solo tendría trabajo por un año más.

Fue como si inmediatamente pasara mi vida, de una vida ordenada donde sabía perfectamente lo que pasaría a no tener idea de lo que pasaría el siguiente día, o qué llevaría. Mi madre falleció en octubre, así que he estado viviendo eso.

Tengo que admitir que había ocasiones en esos últimos días de su vida, donde yo estaba sentada con ella y pensaba, Señor, no quiero estar aquí. No quiero estar haciendo esto. No es algo que disfruto, Señor. Esto no es divertido. Es difícil. Duele. No quiero hacer esto.

Y lo que me ayudaba a seguir adelante era recordar a Elisabeth Elliot, cuando ella estuvo en una situación similar dijo:

Solo tienes que llegar a un punto que estás contra la pared, y es allí donde dices, «o Dios es Dios o no lo es; o es bueno o no lo es».

Es como decir que el Señor me obligó a esta circunstancia donde solo tenía que decir, «bueno Dios, sé que eres Dios. Sé que eres bueno. No me agrada nada de esto, pero confío en eso».

Ayer platicaba con mi esposo y me preguntaba, «¿no te molesta? ¿No te preocupa?»

Y pienso, ¿sabes? La verdad no. Creo que después de tres años, el Señor me ha llevado a un lugar donde puedo decir, «no» porque realmente puedo confiar en el Señor, en que Él está en control y Él sabe. Algo va a pasar. No sé qué, pero algo pasará y Él cuidará de mí.

Nancy: Así es Joetta y tú usaste la palabra control. Creo que para la mayoría de nosotras como mujeres, esto es un gran problema. Queremos tener el control, queremos estar en control. Tenemos miedo de que las cosas se salgan de control. Tenemos miedo de que alguien más tenga el control o que alguien no maneje mi vida apropiadamente.

Perdemos de vista, y pensamos en el jefe, en el trabajo, el esposo, los hijos, en las cosas que pensamos que controlan nuestra vida. Así que decimos, «no, mi vida sería un caos si les dejo que me controlen, así que yo tengo el control».

Pero tarde o temprano nos enteramos de que realmente no podemos controlarla. Digo, no puedes controlar a tus hijos, no puedes controlar a tu esposo. No puedes controlar el clima, no puedes controlar tu salud. No podemos controlar nuestras circunstancias.

Así que muchas de nosotras gastamos mucha energía y esfuerzo tratando de mantener las riendas, y eso nos pone en un manojo de nervios. Nos mantiene frustradas y angustiadas. Y eso no cambia nada, ¿no es cierto?

Así que la alegría viene cuando abandonamos las riendas y nos damos cuenta de que Dios está en control. Él nunca se queda dormido. Él nunca se baja de su trono. Él nunca está ajeno a lo que está sucediendo en mi vida, ni a un solo detalle. Él lo sabe. Él es soberano. Él está orquestando todas las cosas según el designio de Su voluntad y para la gloria de Su gracia.

Estamos a salvo. Creo que la mansedumbre es lo que nos permite descansar en los brazos de Dios, quien está ahí, quien es bueno, quien sabe lo que está haciendo.

Joetta decía mientras nos compartía, que «ellos no lo saben», por mucho tiempo no sabían lo que pasaría con su madre o cuándo o cómo. Ahora con la situación del trabajo de su esposo tampoco saben.

Puede que tu esposo tenga un gran trabajo, pero no sabes si lo tendrá mañana. Creemos saber, pero en realidad no sabemos. No sabemos.

Jeannie: Bueno hace un momento dijiste que el gozo era una opción. Para mí la mansedumbre ha sido una opción. La historia que me acaba de llegar a la mente cuando hiciste la pregunta fue una que sucedió hace ya varios años. He estado casada por veintiséis años y adoro a mi esposo, pero hubo un tiempo cuando no lo amaba.

Creo—si no recuerdo mal—que para el quinto o sexto año de matrimonio, recuerdo despreciar a ese hombre tan intensamente que usar la palabra odio ni siquiera refleja la realidad. Él y yo llegamos a un punto de un divorcio espiritual. Vivíamos en la misma casa pero solo coexistíamos. Ciertamente no estábamos luchando por nuestra relación.

Así que para cualquier mujer joven que esté escuchando esto, cuando estés experimentando esto y te des cuenta que no estás enamorada como la primera vez o como el primer año de matrimonio… Creo que aún en los mejores matrimonios puede pasar esto.

Fíjate, para nosotros la mansedumbre jugó un rol importante cuando tuvimos que decidir o cada uno tomaba su camino o nos inclinábamos ante el creador de las relaciones. Literalmente nosotros hicimos esto. Nos arrodillamos, no queriendo hacerlo, no queriendo tomarnos de las manos, mucho menos orar juntos, ciertamente no teniendo ninguna relación nuestros sentimientos con nuestras acciones.

Eso no tenía nada que ver con obediencia porque ciertamente no sentía la necesidad de obedecer a Dios. Solo sabía que estaba en un punto de mi vida crucial, tanto en mi vida como en la vida de nuestro matrimonio.

Pero esta fue la mejor decisión que pudimos haber tomado porque Jesucristo nos recordó que como individuos no tenemos esperanza de tener una relación duradera o sana sin Él. Para nosotros, la mansedumbre en ese momento significó, aplastar nuestro propio orgullo, diciendo, «estoy segura fue tu culpa, pero permitiré por un momento que Dios tome estas circunstancias y las arregle».

Y Él lo hizo, y lo ha hecho muy bien, y lo continúa haciendo. Pero para mi esposo y para mí, fue un punto de darnos cuenta que nuestra relación está hecha de tres—él, yo y nuestro Señor.

Nancy: Gloria a Dios por eso Jeannie, eso fue obviamente un tremendo punto de cambio y un punto de entrega y un punto de mansedumbre. ¿Las cosas cambiaron de inmediato? ¿Qué ocurrió al día siguiente?

Jeannie: Bueno mira en realidad pasó en un fin de semana de San Valentín. Habíamos decidido irnos juntos, hacer un esfuerzo para nosotros mismos, con nuestro propio poder. Así que continuamos con nuestro plan. Fue un poco forzado, nada milagroso cambió en mis sentimientos.

Sin embargo, mi esposo y yo empezamos a estar conscientes y concentrar nuestro esfuerzo en ser amables mutuamente. Ese fin de semana fue cuando decidimos nunca más hablarnos mal el uno al otro. No nos permitimos nunca cosas como, «oh deja que te cuente lo que hizo». Y hemos mantenido esa decisión por unos veintiún años ya, y Dios nos ha bendecido por eso.

Nada milagroso ocurrió en nuestros sentimientos. Pero definitivamente algo en nuestra manera de pensar cambió.

Nancy: Pero ¿en qué punto empezaron a cambiar los sentimientos?

Jeannie: Bueno no pasó mucho tiempo, no recuerdo exactamente. Pero sí te digo que después de seis meses (al finalizar los seis meses) mirando atrás puedo ver que, él y yo lo único que pudimos hacer fue ponernos de rodillas. Estábamos muy sorprendidos del cambio que se produjo en nosotros como individuos y como pareja.

Nancy: Este es un testimonio verdaderamente poderoso. Gracias Jeannie, y gracias al Señor. «Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad» (Mat. 5:5, RV60).

Crees que estás renunciando a todo. Crees que estás perdiendo. Crees que rendirte en la batalla sugiere que la otra persona está ganando. ¿Y a quién le gusta perder? Rendirse sugiere perder, a menos que se trate de la economía de Dios.

En la economía de Dios la manera de subir es bajar, el camino a la resurrección es a través de la cruz. Das tu vida y la ganas. Entregas tus derechos y Dios te bendecirá.

Esta no es usualmente la forma como nosotras escribiríamos el guión. Pero qué gran ilustración de los principios de Dios.

«Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad» (Mat. 5:3-5).

Me pregunto si no habrá una mujer… Realmente no sé lo que está ocurriendo en sus casas; no puedo saber qué está pasando en sus hogares. No sé qué está pasando en tu matrimonio.

Y quizás eres de las personas que nos escuchan y puede que estés en un punto como en el que estuvo Jeannie. Desprecias al hombre con el que vives. Lo único en lo que puedes pensar es en las maneras en que te ha lastimado, y piensas en las formas en que no son compatibles.

Puede que sea un tiempo donde Dios esté hablándote y te diga, «tienes que rendir tus derechos. Tienes que arrodillarte, no esperes hasta tener el deseo. No esperes hasta que él cambie».

Y quizás tú me digas, «bueno él aún no está dispuesto a venir y tomarme de la mano y orar». Entonces, te tomas de la mano del Señor, y vas a Él y le dices, «Señor, aún cuando mi esposo nunca dobla su rodilla, estoy dispuesta a doblar la mía. Estoy dispuesta a tomar el camino de la humildad».

Y como un acto de fe, como un acto de obediencia, dices, «sí, Señor», reconociendo, como lo hizo Jeannie, que la opción es perder el matrimonio, hacer las cosas a tu manera y tomar tu camino, o decir «sí» al Señor y ver lo que Dios puede hacer en restaurar esos años que la langosta ha devorado.

Ahora, Dios restauró milagrosamente el matrimonio de Jeannie, y voy a decir rápidamente que hay casos donde esto no pasa, pero sí te digo una cosa, nunca sucederá si ninguno de los dos en ese matrimonio está dispuesto a tomar el camino de la humildad y decir, «cedo mis derechos. Seré fiel a Ti».

Son las cosas pequeñas. La mansedumbre dice:

Vamos a dejar de decirnos cosas horribles.

Vamos a dejar de hacer comentarios que denigran.

Vamos a dejar de hablar mal uno del otro delante de los demás.

Es por eso que continuamos ofreciendo el reto de 30 días a las esposas para animar a sus maridos. Qué gran diferencia ha hecho en la vida de los matrimonios cuando toman esos treinta días para enfocarse en su esposo y animarlo y exaltarlo en lugar de denigrarlo.

Déjame decirte, por cierto, tu matrimonio puede que no esté en crisis ahora, pero si no tomas los pequeños pasos de mansedumbre a diario en tu relación, estás encaminándote a una crisis. Puedes evitar la crisis al dar esos pasos de mansedumbre. Repito, no esperes a que la otra persona lo haga para hacerlo tú.

Lo que decimos aquí acerca del matrimonio puede ser verdad en otras relaciones—con tus hijos adultos, con tus adolescentes, con tus padres, con tus suegros y con ese jefe. Es el camino de la mansedumbre. No es un lugar de debilidad. Es en realidad una mayor fortaleza y poder porque Cristo es fuerte en y a través de esa relación.

Mujer: Necesitaba escuchar esto. No estoy en un punto de crisis pero lo estuve hace tres años. Dejé mi matrimonio emocionalmente y de cierta manera físicamente por algún tiempo. Pero Dios usó ese tiempo para realmente redimir mi alma. Me ayudó a darme cuenta que no conocía a Dios cuando jugué a ser cristiana durante toda mi vida; realmente solo crecí en un hogar cristiano.

Si estás casada, habrá problemas. Hay conflictos. Suceden. Y odio el conflicto. Lo odio. Por mucho tiempo lo evitaba. Ahora he aprendido a enfrentar los conflictos, a permanecer involucrada y a no huir, como me recomendaba una amiga; ella me decía todo el tiempo, «mantente involucrada y trabaja a través de los problemas».

Justo ayer, cuando estaba sentada en la mañana, aún estaba tranquila en mi casa, me levanté temprano. Una amiga me había exhortado, me dijo, «solo ve a los pasajes acerca de marido y mujer, léelos y ponlos en tu mente en lugar de constantemente lograrlo».

Así que fui a Efesios 5. La frase que realmente se destacó fue que antes que Pablo hablara a las esposas, él dice: «Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo». Y después cuando le dice a la esposa, «las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor…» Esto nos facilita la sumisión, cuando sabemos que es al Señor al que nos estamos sometiendo —no necesariamente a la persona que nos…

Nancy: …que te irrita.

Mujer: A la gente que me irrita. El Señor realmente me habló a través de eso. Es bueno saber que Él me tiene en Su mano y Él desea que me someta a los demás como si fuera a Él.

No puedo decir que amo al Señor si no estoy amando a mi esposo. Eso me trastorna cuando batallo al amar a mi esposo. Digo, «si amo al Señor, y quiero amar al Señor con todo mi corazón, tengo que rendirme a Él y a Su plan para mí porque sé que Él usa los problemas para lijar mi carácter y hacer de mí lo que Él quiere que yo sea».

María: Lo que me pasó a mí fue que el 4 de julio pasado cuatro de nuestros hijos se mudaron de estado. Ahora tengo cuatro hijos en cuatro estados diferentes, lo cual significa ni un nieto cerca. Lo que quiero decir es que… ahora todo es diferente. Había escuchado por otra persona acerca de un programa que asiste a gente discapacitada, donde los ayudan a estar en un lugar comunitario porque muchos de ellos, sus padres, por supuesto morirán antes que ellos.

Se lo mencioné a mi esposo, «¿no es una manera buena para los fondos del seguro? Es un programa maravilloso».

Y él dijo, «eso suena a algo que te gustaría hacer».

En mi mente estoy pensando, no, no lo es, no he tenido que trabajar fuera del hogar. Soy un ama de casa, una mamá que enseñó a sus hijos en casa. Me gusta mi vida. Tengo cuatro hijos en cuatro estados diferentes. Y estoy lista para viajar.

La segunda vez que lo mencionó, Al dijo, «¿has revisado ese programa que asiste a los discapacitados?»

Y le dije, «no».

La tercera vez que lo mencionó, el Señor estaba, como…«ding, ding, ding, ding, él quiere que averigües esto».

Entonces pregunté, «¿quieres que investigue y adquiera información?»

Y lo hice.

Me presenté sin cita previa. Tenía puestos unos capris. Hice todo lo que no debía de hacer para conseguir el trabajo. Y había orado. «Señor, permíteme que esto no sea un trabajo para la carne. No quiero que sea esto solo por el dinero. Quiero que mi vida cuente para la eternidad. No quiero un trabajo de medio tiempo».

Resulta que estoy asistiendo a una mujer joven de veinticuatro años quien no tiene ningún historial de haber ido a la iglesia. He conocido a varios de su familia. Nadie parece tener un conocimiento de Dios. Tiene veinticuatro años pero es como una niña de cinco o de seis. Sabe leer...

Pero he tenido el gozo más hermoso solo enseñándole cómo hacer cositas simples como lavarse la cara, cepillarse los dientes y lavarse el pelo. Como a nietecitas, que les enseñas, «empieza aquí y haz esto después». No tienes que hacerlo, pero instruyes.

Un día mientras la estaba ayudando, noté que sus pies estaban muy sucios porque es un poco robusta y no puede verse los pies. Y escuché al Señor decirme, «lava sus pies». Así que me arrodillé en la bañera y le lavé los pies.

Y dije, «Señor, voy a lavar Tus pies». Digo, para ser honesta estaba asqueada. Pero ahora es algo hermoso.

Le he enseñado a orar. Empezamos a leer La Biblia Ilustrada para Niños. Leo una página; ella lee otra. Le hago preguntas; ella me hace preguntas.

Ya terminamos eso, y ahora estamos en Cada día con Dios. Cuando uno de nuestros hijos, que es un bombero de la marina, estuvo ahí combatiendo el fuego de San Diego… Por supuesto, tenía la televisión prendida. Estaba hablando con él (él está en la torre) y digo, «¿dónde está mi nuera?», esta joven estaba escuchando.

Cuando se altera, le digo, «bueno, vamos a decirle a Dios porque le importa. Te ama y me ama». Así que estábamos orando por algo que le alteraba (yo digo las palabras y ella solo sostiene mi mano).

Y me dice, «no olvides a tu hijo».

Yo estoy en medio de la oración y dije, «¿qué dices?»

Ella dijo, «tu hijo está en el fuego, no olvides a tu hijo. Dile a Dios que tu hijo está en el fuego».

Y dije, «sí, le diremos a Dios y le pediremos que ayude a protegerlo».

Así que esto ha ido evolucionando. Esta primavera me enfermé por un largo tiempo, y ella estaba preocupada de que me hubiese muerto; porque muchas personas han muerto. «Uno va al hospital y se muere».

Así que la persona que me cubría me llamó y me dijo, «ella está realmente muy asustada de que tú no estés aquí».

Vino a verme y me dijo, «estoy orando por ti».

Annamarie: Has escuchado a un grupo de mujeres compartir sobre su camino al gozo al decir, «sí, Señor». Nancy DeMoss Wolgemuth ha estado conversando con ellas como conclusión de la serie de programas titulada, La hermosura de la mansedumbre.

Nancy nos ha recordado que gracias al tesoro que tenemos en Cristo —su vida en nosotras– tenemos una capacidad sobrenatural para recibir y responder a las circunstancias adversas con gozo. ¿Estás tú respondiendo en base a ese tesoro que te ha sido dado? ¿Le has rendido tu voluntad a Dios?

Hoy descansa en el Señor y obedece Su Palabra, Su gozo no tardará. Y mañana, asegúrate de acompañarnos para una nueva serie Mujer Verdadera 365. El pastor Sugel Michelén nos ayudará a ver a Dios supervisando los eventos de la historia de la redención que están en la historia de Rut, y que se revelan progresivamente en la Biblia, hasta el cumplimiento de la promesa del Redentor.

Sugel Michelén: La mayor necesidad del ser humano no es tener amigos; no es tener un buen esposo o una buena esposa. Tu mayor necesidad es venir a refugiarte bajo la sombra del Dios que ha movido los hilos de la historia para proveer a Cristo, el redentor que hace posible que tengamos en Dios un refugio y no un Juez.

Annamarie: Te esperamos para este próximo programa, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a tener una vida fructífera en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Jueces capítulos 13 al 15.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Todo lo pagó, Jonathan & Sarah Jerez, Vivir Es Cristo ℗ 2013 Jonathan & Sarah Jerez.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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