Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Más que cuatro paredes, día 1

Annamarie Sauter: Con nosotras Laura de Flaquer.

Laura de Flaquer: Nuestro hogar se encuentra fuera de Edén. Es un lugar donde hay que enfrentar conflictos personales porque los que componemos el hogar somos pecadores, y enfrentamos circunstancias adversas porque vivimos en un mundo afectado por el pecado.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

Aquí está Patricia con nosotras para introducir el programa de hoy.

Patricia de Saladín: La pandemia nos ha ayudado a entender y a valorar muchas cosas, que tal vez en otras circunstancias no habríamos apreciado. Una de estas es el hogar. ¿Alguna vez has pensado que dentro de las cuatro paredes de tu hogar no hay cosas significativas que puedas hacer? Bueno, dentro de las cuatro paredes de nuestros hogares hay muchas cosas que hacer para la gloria de Dios.

Esto es de lo que estarás escuchando en el programa de hoy. Laura de Flaquer nos hablará acerca de la base bíblica del diseño de Dios para el hogar, y nos ayudará a ver, que aún a pesar de las dificultades que enfrentamos en nuestros hogares, sea cual sea tu estado civil, hay esperanza en Cristo.

Laura es Directora del Departamento de Orientación y Desarrollo del Aprendizaje en el Colegio Cristiano Logos en Santo Domingo, República Dominicana. Es psicóloga de profesión, esposa del pastor Lester Flaquer en Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo (IBSJ); es madre de tres hijos y abuela de dos preciosos nietos. Ella sirve actualmente en su iglesia local en el ministerio de damas. Escuchemos su enseñanza titulada, Más que cuatro paredes. 

Laura: Estaremos hablando sobre el hogar. Estaremos considerando el hogar como ese lugar en el que Dios nos ha colocado a cada una de nosotras, y que abarca mucho más que el lugar físico o las cuatro paredes donde habitamos. Sabemos que este tema trae muchas interrogantes a la hora de aplicarlo a la condición particular de cada una de nosotras. Es imposible aclarar todas las inquietudes que surjan en este tiempo, pero esperamos que lo que podamos compartir pueda aclarar algunas o muchas de ellas.

Lo primero que vamos a ver es cómo podemos definir el hogar; qué es el hogar. Alguien lo define de esta manera: el hogar, animado por la familia es el principio de la persona, el principio de nuestra vida, nuestra conciencia, nuestro desarrollo, nuestra habilidad de acoplarnos al mundo, nuestra adaptación a las demandas de la madurez, nuestro éxito al conocer a otros y amarlos…en fin, es un gran tesoro en este mundo.

Otros definen el hogar como una diminuta pero completa comunidad de mutuo amor, cuidado, sacrificio, autoridad, dependencia, educación, y transmisión de cultura. Como podemos ver, en estas definiciones hay elementos que nos describen un hogar. No lo describen solamente como un lugar. Se asume que hay un lugar físico, pero se define más bien por lo que ocurre en ese lugar. No es simplemente un lugar. Tenemos que allí habita una familia, que se dan los primeros pasos y se conforman partes importantes, visibles e invisibles, en la vida de una persona. Es una comunidad bien pequeña pero tiene mucha importancia para el desarrollo y el futuro de las personas que lo componen.

Como podemos notar, el hogar es algo sumamente importante. Dios nos dice en Su Palabra que es importante. Entonces debemos reflexionar sobre nuestro hogar; cómo es mi hogar particular. Nos podemos preguntar, ¿existe un hogar ideal que yo pueda ver como mi modelo de hogar? Generalmente nos estamos comparando…¿cómo es mi hogar? ¿Cómo es el hogar de mi amiga, de mi hermana…? Ahora, ¿existe ese hogar ideal al que yo pueda compararme?

Hoy yo quiero proponerles que hay un hogar, hay un modelo perfecto, y ese modelo es el modelo que Dios diseñó en el inicio de la creación de los seres humanos. Y estaremos viendo el tema del hogar recordando cómo Dios diseñó ese primer hogar. Veremos Su propósito al crearlo. También enfocaremos, que a pesar de la entrada del pecado, debemos tener ese mismo propósito hoy.

Consideraremos algunos obstáculos que vamos a enfrentar para poder seguir ese diseño, y también vamos a ver los recursos que tenemos en la Palabra de Dios para poder enfrentarlos. Como pueden ver, estaremos enfocando el tema del hogar desde una cosmovisión bíblica. Es decir, partimos del hecho de que Dios es nuestro creador y nos ha revelado en la creación Sus atributos invisibles, como dice Romanos 1: 20. Dice: «Porque desde la creación del mundo Sus atributos visibles, Su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado de manera que no tenemos excusa». 

También en Su Palabra, de manera particular, Dios nos dice cómo debemos ver y cómo debemos interpretar el mundo que Él ha creado y que Él está sosteniendo. Entonces, aquí estamos partiendo del hecho de que no nos hemos creado a nosotras mismas; Dios nos ha creado. Hoy, nuestra cultura enfatiza el hecho de la autodeterminación de la mujer; «yo determinó quién soy». Este énfasis ha llegado a extremos en que se ha afectado nuestra capacidad para pensar de manera sana y racional.

Como mujeres se nos ha colocado en el lugar de Dios, redefiniendo lo que está bien y lo que está mal en nuestras vidas. En la Biblia vemos claramente que Dios se revela como nuestro creador, y como creador tiene el poder y la autoridad sobre la creación. Dios nos ha dado la capacidad de pensar, decidir y sentir como seres humanos que somos, hechos a Su imagen.

Pero también nos ha dado nuestro diseño como mujeres, la manera en que nuestro hogar debe funcionar y nuestro propósito en la vida. Hermanas, no nos toca a nosotras definir estas cosas. No tenemos el poder ni tenemos la sabiduría. Cuando tratamos de hacerlo fracasamos. Experimentamos en carne propia ese fracaso y cosechamos mucho dolor. Definitivamente, cada una de nosotras ha experimentado en este mundo que no somos Dios. Como creyentes sabemos que Dios es el único que es todopoderoso y soberano.

Me encanta como lo describe el Antiguo Testamento, cómo se describe a Dios, como el incomparable Dios de Israel. Él no se puede comparar con nada más. Él es nuestro Padre y se ha revelado como Dios bueno, santo, misericordioso, que ama y cuida Su creación; y nos ha dado el gran privilegio de ser administradoras de Su creación junto al hombre, para que cumplamos el propósito que nos ha encomendado, que es glorificar Su nombre y gozar de Él para siempre

Nuestra felicidad, hermanas, depende de cómo nosotras cumplimos ese propósito. Mi intención hoy, es que a pesar de que alguna aquí pueda pensar diferente sobre lo que estaremos compartiendo, a pesar de eso, yo te pido que oigas. Es mi oración que entiendas por qué estás aquí; que puedas ver con claridad el diseño que Dios nos ha dejado, entendiendo cuál es la identidad y el propósito de tu vida y de tu hogar desde la perspectiva que vamos a estar compartiendo.

Queremos empezar considerando el diseño del hogar perfecto. Para hablar sobre el diseño del hogar debemos ir a Génesis. Desde el inicio, en el libro del Génesis podemos ver cómo Dios, luego de crear a Adán y a Eva, los establece en un lugar en el jardín de Edén. Génesis 2:8, dice: «Y plantó el Señor Dios, un muerto hacia el oriente en Edén, y puso allí al hombre que había formado». Luego se narra que ya estando en Edén crea a Eva y la coloca junto a Adán. Edén entonces es el primer hogar, el lugar donde estaba la primera familia; el hogar donde Dios mismo pone todos los detalles y todo funcionaba según el diseño perfecto de Dios.

Ese hogar de Adán y Eva tenía las condiciones para vivir una vida plena. Fueron hechos a imagen de Dios, con la encomienda de glorificar a Dios, siendo corregentes con Dios para llenar y dominar la tierra, y Dios mismo puso allí las condiciones ideales.

¿Qué cosas podemos ver que se describen en Edén? Vamos a estar mencionando algunas de ellas y aquí hacemos referencia a Phillip Eveson y su comentario sobre Génesis. En primer lugar, en Génesis 2:9, vemos la descripción de lo que había allí. Dice que Dios colocó árboles agradables a la vista y buenos para comer. La Nueva Versión Internacional, nos dice que «Dios el Señor hizo que creciera toda clase de árboles hermosos los cuales daban frutos buenos y apetecibles». 

Podemos describir ese huerto, en primer lugar, como hermoso, deleitoso, útil. Había frutos que saciaban plenamente la necesidad de alimentos que tenían Adán y Eva. Ahora, en segundo lugar, podemos ver en Génesis 2:15, que este es un lugar activo, de trabajo. Dice: «Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara». Había que trabajar en ese hogar para poder cultivarlo y cuidarlo. El trabajo no vino por causa del pecado, como muchas personas creen hoy en día, recuerden que nos encontramos en Génesis 2. El mandato directo a trabajar en el huerto fue dado al varón, a Adán. El diseño del hombre y la mujer nos van a indicar, como vamos a ver más adelante, que el trabajo tiene aspectos distintivos para cada uno de los sexos. Eva, como ayuda idónea, debía ser su complemento, su ayuda perfecta. Había que trabajar para mantener la producción y el cultivo, pero también había que cuidarlo.

Podríamos decir que esos primeros integrantes de ese hogar perfecto, debían trabajar en él para poder mantenerlo agradable y útil. Pero también, en tercer lugar, el huerto era un lugar de vida; y en medio de él estaba el árbol de la vida, como nos dice Génesis 2:9. Dice: «asimismo, en medio del huerto, el árbol de la vida…» Adán y Eva no conocían la muerte en el momento en que son colocados en el Edén. En ellos había vida física y vida espiritual, porque tenían una plena comunión con Dios su creador.

Ahora, vamos a mantener en nuestras mentes estas cualidades que hemos mencionado de este primer hogar, el hogar ideal. Primero, era un lugar hermoso, deleitoso, útil; en segundo lugar, era un hogar activo, de trabajo; y en tercer lugar, era un lugar de vida. Pero en Génesis 3 aparece el pecado. Este es el mayor enemigo de los hogares. Adán y Eva fueron tentados, como muchas de nosotras somos tentadas hoy, a desafiar a nuestro creador. Dios le había puesto un límite a ese hogar perfecto, una sola prohibición. Pero el enemigo de nuestras almas cuestionó precisamente a Eva.

A pesar de toda la evidencia de bondad de Dios que había a su alrededor, él introdujo una idea en su mente; la idea de que Dios no era bueno. Les dijo que Dios les había mentido, que la vida con el límite que Dios había puesto, era una vida de esclavitud. Les ofreció una vida plena, sin límites, donde ellos podían llegar a ser como Dios; y ellos creyeron la mentira.

Como nos dice Jen Wilkin en su libro Nadie como Él, los seres humanos creados para llevar la imagen de Dios, aspiraron a ser como Dios; diseñados para reflejar Su gloria, escogimos ser Sus rivales. Como nuestros padres, deseamos lo que está destinado para Dios, rechazamos los límites que Dios nos ha dado y ansiamos lo limitado. Aquello que tontamente creemos que somos capaces de tener y que estamos autorizados a poseer.

Recuerden que fuimos creadas a imagen de Dios. Como imagen de Dios debíamos voluntariamente glorificar a Dios y gozar de Él para siempre. Pero como Calvino nos dice también, la razón, el juicio y los sentidos del hombre, quedaron esclavizados a la mentira cuando pecaron. Nuestro diseño y el diseño del hogar perfecto no es eliminado de nuestras vidas, pero ha sido distorsionado por el pecado, ya no lo vemos tan claramente. Ahora nos atraen esas ideas que nos dicen que la realidad puede ser diferente y nosotros dudamos.

Como vemos, la caída de la primera pareja causó consecuencias desastrosas para toda la humanidad. El pecado distorsionó el diseño y los roles distintivos del diseño en el hogar. El diseño del hombre y la mujer en Génesis 2, funcionaba perfectamente en la práctica diaria del hogar. Cada uno era distinto del otro y se complementaban, juntos se complementaban. Pero luego de Génesis 3, todo cambia, inclusive el Edén, ese lugar físico del hogar ideal, no podía ser su hogar porque al pecar no podían seguir allí.

Dios los expulsó, salieron de Edén. En Edén había vida, pero ellos perdieron la vida perfecta de comunión con Su Creador. Ahora, fuera de Edén, en este nuevo hogar de Adán y Eva, hay muerte, dolor, dificultades al trabajar, conflictos entre el hombre y la mujer y separación de Dios. Como lo describe Génesis 3 del 16 al 19. Y hermanas, nuestro hogar se encuentra fuera de Edén. Es un lugar donde hay que enfrentar conflictos personales porque los que componemos el hogar somos pecadores, y enfrentamos circunstancias adversas porque vivimos en un mundo afectado por el pecado.

Algunas aquí viven en un hogar donde hay papá, mamá, hijos. Otro es el hogar de una mujer soltera o de una madre soltera o de una viuda. Algunos hogares pueden tener ciertas ventajas por su composición, pero ninguno es el ideal. Cada una de nosotras vive en un hogar, que por causa de la entrada del pecado en el mundo, no es como debería ser. Pero Dios, y esto es muy glorioso, Dios allí mismo en Génesis 3, no solo manifestó Su justicia al traer terribles consecuencias por causa del pecado, sino que mostró, en ese mismo capítulo, Su abundante gracia y Su gran misericordia.

Allí mismo Dios promete que vendría un Salvador, nacido de mujer, que vencería, nuestro Señor Jesucristo. Él vendría para destruir las obras del diablo, y sabemos que ya vino, y a través de Su muerte Él establece ese camino nuevo para nuestra reconciliación con Dios. Él nos hace nacer de nuevo y nos capacita para poder decir que no a las insinuaciones del pecado, permitiéndonos trabajar para que nuestros hogares se asemejen al Edén. A pesar de nuestros pecados podemos decir que hay esperanza.

Cuando nos convertimos, obtenemos una nueva identidad, somos cristianas. Cristo nos define, no nuestro estatus de casada, soltera, viuda o divorciada. Tenemos al Señor de nuestra parte ayudándonos y sosteniéndonos para que podamos tener un hogar que dé gloria a Dios, aún en las peores de las circunstancias. Nuestro diseño de mujer, aunque ha sido distorsionado por el pecado, no se ha eliminado. Ha sido saboteado, pero Dios en Su gracia común nos ha dejado Su ley escrita en nuestra conciencia, como dice en Romanos 2:15. Cuando nos convertimos, el Señor mismo nos habilita para amar y procurar vivir ese diseño para Su gloria. Ahora, existen dos características de nuestro diseño como mujeres, que mencionaremos porque son claves para el trabajo en el hogar.

Lo primero es que por diseño somos ayudadoras y relacionales. En Génesis 2:18, luego de crear Dios a Adán, dice que «no es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea». Es decir, somos creadas para ser ayuda idónea. Dios crea a Eva, alguien con quien él podía relacionarse, hecha a imagen de Dios igual que él, su complemento perfecto. Como nos dice Anthony Selvaggio, la mujer es el elemento esencial del hogar, es donde todas esas relaciones y afectos del hogar se mueven y viven. Dice, cuando ese elemento es contaminado, la corrupción se esparce a todo lo ancho, hundiéndose hasta el centro mismo del hogar.

Es importante nuestra labor en el hogar. También estamos inclinadas al hogar, estamos alambradas, cableadas de una manera particular, que nos hace cuidar nuestro entorno, estar conectadas a nuestro hogar de una manera diferente que el hombre. Tenemos inclusive hormonas particulares que nos inclinan a anidar, como podemos ver en el libro del diseño de Nancy y de Mary Kassian. También podemos recomendar aquí, para ver diferencias críticas entre el hombre y la mujer, el libro del pastor Miguel Núñez y Catherine Scheraldi de Núñez. Pueden abundar ahí en muchos detalles de cómo fuimos inclinadas al hogar de una manera importante.

Nuestro cuerpo se prepara mensualmente para anidar vida física. Esa vida debe llegar a un hogar preparado, y eso es importante. La vida de un niño debe llegar a un hogar preparado. Y las solteras, aunque no tengan hijos físicos, biológicos, Dios las equipa para dar vida espiritual tanto dentro como fuera del hogar. Ustedes al predicar el evangelio y al cuidar a otros dan vida. Como vemos, Dios mismo nos ha alambrado para realizar esta función en el hogar.

Como nos dice Mary Kassian en esta cita, «las Escrituras indican que el manejo del hogar es la esfera distintiva de responsabilidad de la mujer. Nos distingue la manera en que nos relacionamos en nuestras familias y el cuidado de nuestros hogares». Como ella nos aclara también, el hogar es la esfera distintiva, pero no exclusiva. La mujer no tiene la responsabilidad de encargarse de todo en el hogar. Desde el inicio el hogar necesitaba un hombre y una mujer; y es importante que tengamos esto en cuenta. Sin embargo, por nuestro diseño particular, estamos equipadas para realizar el trabajo en el hogar y establecer relaciones de maneras distintas y que se complementan con el diseño del hombre y su trabajo en el hogar.

Dios se encarga de dejar bien claro en Su Palabra, que el trabajo en el hogar es una de las cosas importantes que la mujer mayor necesita enseñar a las más jóvenes en la iglesia, como nos enseña Tito 2, 4 y 5. Nos dice la Palabra que las mujeres deben gobernar su casa, lo deben hacer bien, como nos dice 1 Timoteo 5:14. Nos dice también que es bueno que la mujer esté atenta a la marcha de su casa, como dice Proverbios 31: 27, y lo contrasta con aquella mujer cuyos pies no permanecen en la casa, Proverbios 7:11.
Tenemos la capacidad también de edificar o destruir nuestro hogar con nuestras propias manos, como nos dice Proverbios 14: 1: «La mujer sabia edifica su casa, pero la necia con sus manos la derriba». Ahora, volviendo a nuestro mapa del que hablamos al principio, ese hogar ideal, Dios nos ha dejado un modelo. Recordemos nuestro modelo de hogar. 

Nuestro modelo de hogar es el Edén. La primera descripción que mencionamos anteriormente, es que era un lugar hermoso, deleitoso y útil. Nancy Wilson, en su libro Alábenle en las puertas, nos dice que Dios nos ha dado a las mujeres el deseo y la habilidad de imitarlo a Él. Fíjense, estamos imitando a Dios; creando ambientes agradables para nuestras familias y nuestros hogares. El desear que nuestro hogar sea hermoso y útil no es poca cosa. Dios lo considera importante y lo consideró importante para esa primera familia. No tenemos un catálogo o una revista donde podamos referirnos para saber cuál es el hogar hermoso que debemos hacer, pero cada una de nosotras lo puede hacer con los recursos que tiene.

Recordemos que el propósito de hermosear ese hogar es para que sea útil y agradable para la familia, para acoger y servir a otros. Cuando hermoseamos nuestro hogar con fines egoístas, para que la gente vea que yo tengo una casa linda, para que ellos vean que yo puedo comprar esto aquello o porque se ve hermoso, solamente por eso, estamos perdiendo el foco principal del hogar. Ese foco es que sea acogedor para mi familia y para acoger y servir a otros.

Solteras, ustedes están inclinadas a hermosear. No importa si vives sola o si vives en el hogar familiar. En el lugar donde te encuentres debes procurar que este sea agradable y acogedor para servir a todos, porque así das gloria a Dios; igualmente las mujeres mayores o las viudas, hermoseen, abran sus casas para acoger y para servir a las hermanas.

Patricia: Has estado escuchando a Laura de Flaquer con la primera parte de su mensaje titulado, Más que cuatro paredes. Ella nos ha estado ayudando a ver bíblicamente, que somos un reflejo hermoso de nuestro creador cuando trabajamos en crear un ambiente agradable y deleitoso en nuestros hogares.

Y tú, ¿has perdido el foco principal de tu hogar? ¿Consideras importante que tu hogar sea hermoso y útil para tu familia, para acoger y servir a otros? Te animo a que reflexiones en estas cosas y te aferres a la esperanza que tenemos en Cristo, aún para obrar restauración en tu hogar.

Mañana, asegúrate de acompañarnos para la segunda parte del mensaje que has estado escuchando hoy.

Laura: Todas aquí anhelamos sentir que estamos contribuyendo a algo mayor que nosotras mismas. Un bien mayor; ese bien mayor es el propósito de Dios en el mundo. No nos conformemos con vivir para nosotras mismas en nuestros hogares, es una ocupación miserable cuando solamente vivimos para nosotros mismos; para que nos sirvan, para que nos atiendan, para que yo sea el centro del hogar, es una ocupación miserable…

Patricia: Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Llamándote a orar por un derramamiento del Espíritu de Dios en nuestras familias, en nuestras iglesias y en el mundo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es 2 Samuel, capítulos 16 y 17.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Acerca del orador

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad …

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