Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Mujer Verdadera 365: Isaías, día 1

Annamarie Sauter: Con nosotras Patricia de Saladín.

Patricia de Saladín: No importa la situación que estemos viviendo, Dios nos tiene en ella con un propósito que Él está llevando a cabo y nosotras esperamos ese día cuando esa esperanza –según sus promesas– vamos a ver cielos nuevos y tierra nueva donde mora la justicia. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Patricia de Saladín.

Al iniciar esta semana queremos hablar de tres libros de la Biblia que son parte de la sección que llamamos «Profetas mayores». Estos son Isaías, Jeremías y Lamentaciones. Estarás escuchando una serie de conversaciones que acompañan nuestro Reto Mujer Verdadera 365. Entérate de los detalles de este reto y encuentra los episodios relacionados a este, en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com, y recuerda que la lectura para hoy es Isaías capítulos 64 al 66. 

Aquí están Patricia de Saladín y Yamell de Jaramillo con nosotras.

Patricia: Este domingo, mientras adorábamos en la iglesia, cantamos el himno Por fe, de los Getty, que me encanta. Y hay unas líneas que dicen: 

Por fe profetas hablaron fiel,

Por la fe proclamaron la verdad,

La verdad del Mesías prometido en Edén,

El que la muerte venció en la cruz.

Y como mi mente estaba conectada con Isaías, por esta grabación, inmediatamente mi mente se transportó y pensé, cuán cierto, estos profetas hablaron por fe la verdad, la verdad del Mesías. Y como decíamos, hoy vamos a comenzar estos programas que acompañan nuestro Reto de Mujer Verdadera 365, los Profetas mayores.

En el Antiguo Testamento hay profetas mayores y menores, pero no por su importancia o relevancia tienen ese calificativo. Ese título de mayores o menores viene dado por la longitud del libro. Hoy y mañana veremos el primero que aparece en nuestras biblias, el profeta Isaías. Los padres de la iglesia solían referirse a Isaías como el quinto evangelio, y luego de escuchar estos episodios sabrás por qué.

Y tengo el placer de compartir estos programas con Yamell de Jaramillo.

Hola Yamell, ¿cómo estás?

Yamell de Jaramillo: Hola, Patricia, bien ¿y tú?

Patricia: Muy bien, gracias a Dios. Contenta de estar de nuevo contigo aquí hoy en estos nuevos episodios dentro de la serie Mujer Verdadera 365, con la que acompañamos nuestro reto.

Yamell: Así es. Igualmente por aquí, contenta de volver a estar aquí y de poder compartir con las hermanas y contigo.

Patricia: Y qué grande este libro que nos toca en estos dos episodios…

Yamell: Que el Señor nos ayude.

Patricia: Yo sentía que me quedaban muy grandes esos zapatos, y he clamado al Señor que nos ayude a extraer exactamente lo que Él quiere dejar en nosotras y con nuestras oyentes.

Yamell: Así es.

Patricia: Así que vamos a comenzar al pasito y vamos a ir corriendo velocidad en la medida que esa hermosa Palabra de Dios tan bella, tan rica, nos va ministrando y nuestros corazones van ardiendo así como ardían los corazones de los discípulos cuando el Señor les hablaba. El autor de este nuevo libro que vamos a ver ¿quién es el autor de Isaías? 

Yamell: Bueno, él mismo, Isaías. Tú sabes, Patricia, que mientras te escuchaba hablar, dar esa introducción sobre los profetas y lo que hacían…a mí me encanta sobre todo Isaías porque lo primero que vemos es que su nombre significa Jehová salva, y tú mencionabas que Isaías se conoce como el quinto evangelio y su nombre nos apunta a muchas cosas.

Este ministerio del profeta Isaías, como tú decías, estuvo relacionado exclusivamente con el reino de Judá (se conoce también como el reino del sur) aunque él también tocó algunas cosas del reino del norte, Israel, pero él básicamente ministró durante ciertos reinados: de Uzías, de Jotán, de Acaz y Ezequías. Pero Isaías profetizó por varias décadas y presenció una nación cuyo corazón estaba lejos de Dios. 

Por eso vamos a ver muchas cosas en este libro tan denso –Isaías– precisamente por el contexto que rodeó a este autor. Pero de todo eso con lo que me quedo es con lo que significa su nombre –entendiendo también lo que era el nombre en la cultura hebrea– y que este significa Jehová salva, ya nos va diciendo hacia dónde apunta, hacia dónde vamos.

Patricia: Amén. ¿Y tú sabes algo también que a mí me ministró de eso? No parece muy obvio, pero estos nombres de cuatro reyes, o sea el hecho de que él profetizó varias décadas, lo difícil de ese ministerio, porque él vio la caída de Israel, del reino del norte, y él profetizaba esas profecías difíciles, aunque con esperanza, el hecho de que muchas veces nosotros sentimos que en nuestras vidas vamos como contracorriente durante mucho tiempo, y en realidad la vida es así, la vida del cristiano es así, nosotras no somos hoy profetas, pero estamos llamadas a proclamar un mensaje que es contracorriente.

Isaías hizo eso por varias décadas, como tú dices, por más de 60 años y eso es mucho tiempo. ¿Y cuál sería el mensaje central de este libro?

Yamell: Bueno, tú mencionaste una parte, yo diría que entre los tantísimos temas, podemos ver dos portalibros: juicio y esperanza. Hemos visto a Ester, Esdras, Nehemías, todo eso de la nación de Israel, pero ahora, en la cronología bíblica es importante resaltar que esas profecías de Isaías fueron antes del exilio, antes de Nehemías y Esdras. Es como para ubicarnos en contexto; y este libro, como mencionábamos, se divide en dos partes. Por eso es un libro tan denso. Y de los capítulos 1 al 39, esos capítulos se enfocan mucho en la situación actual e histórica del pueblo de Dios. O sea, se enfoca en ese exilio debido a la rebelión, y él anuncia entonces un juicio por venir. 

Sabemos que todo eso se cumpliría. Luego tenemos una segunda parte que va desde el capítulo 40 hasta el 66. Y eso es como otro libro. Tú vienes viendo juicio, idolatría, y de repente cambia totalmente. Es como si fuera una luz al final del túnel después de todo lo que veíamos viendo. Isaías proclamó ese mismo mensaje, el juicio sobre los incrédulos pero sobre todo, a partir de ahora comenzamos a ver este anuncio de un consuelo que Dios les da a los fieles.

Así como Moisés, como Juan, Isaías anunció dos cosas: la ley y el evangelio. Y ojo, el capítulo 40 en particular, comienza con la liberación del pueblo de Dios de la cautividad de Babilonia. El Señor extiende esta visión del profeta hacia un porvenir mucho más distante. Isaías es quien revela el advenimiento de ese gran Siervo de Dios del que vamos a hablar más adelante.

La teología de Isaías es sin lugar a dudas la santidad de Dios. Al principio del capítulo vemos una visión que él tiene en el templo, que para mí es impresionante, me deja en asombro cada vez que leo ese capítulo y veo esa visión del templo. Ahí vemos ese Dios que es un Dios tres veces santo, que es trascendente pero que a la vez es ese Dios que ha provisto en Cristo un camino para que los seres humanos puedan restablecer su relación con Él.

Patricia: Yamell, no quiero que te adelantes con todo eso, yo necesito decirte dos cosas. Mira, una de las cosas que me ha ayudado muchísimo a mí, que creo que va a ayudar a nuestras oyentes es, cuando un libro tan denso como ese tiene solo esas dos divisiones, fíjate la correlación que hay con la Biblia en general, 66 libros, la Biblia tiene 66 libros también. El Antiguo Testamento, 39 libros, el Nuevo Testamento 27; eso va a hacer que a mí nunca se me olvide esa división.

Hasta el capítulo 39 es uno, del 40 en adelante es otro, y también yo quería recomendar una serie que tiene Aviva Nuestros Corazones de Isaías 40, que fue con la serie que nosotros arrancamos este ministerio, y siempre va a ser muy especial para nosotras, que se titula He aquí tu Dios, y es basada en Isaías 40. Y este tema de la visión y del capítulo 6, quiero guardarlo porque quiero que más adelante, cuando ya estemos más cerca del final, abramos ese texto y vayamos sobre algunas partes y hagamos algo devocional entre nosotras, entre tú y yo y con nuestras oyentes, donde ese ese pasaje cobre todavía más luz.

¿Cómo vemos aquí, en Isaías, insertada la historia de la redención?

Yamell: Hay un versículo en el capítulo 46, que dice: «Escúchenme ustedes, duros de corazón, que están lejos de la justicia. Yo acerco Mi justicia, no está lejos; y Mi salvación no tardará. Pondré salvación en Sión, y para Israel será Mi gloria».

Dios es un Dios de propósito y yo creo que que cada una de nosotras puede dar fe de eso y estamos en el lugar que Dios ha dispuesto para nosotras, pero el poder –en última instancia– viene de Dios y Él es quien cumplirá Sus propósitos. Dios sigue apuntando a una redención, a una salvación por venir desde el capítulo 3 de Génesis, y lo seguimos viendo aquí –y vamos por Isaías– siempre hemos visto ese plan de Dios desde el principio y vemos cómo a pesar de la idolatría del pueblo, luego del exilio y todo lo que hemos visto que Israel ha pasado, tribulaciones, liberaciones, guerras, destrucción, cautividad, todo eso.

Sin embargo, siempre se ha mantenido constante la visión de ese porvenir. Está un poquito distante pero siempre viene. Dios ha dado de principio a fin, ha orquestado, ha llevado a cabo Su plan de salvación para que tú y yo y todas nuestras hermanas, como dice el capítulo 54, podamos gritar de júbilo. Que prorrumpamos en gritos porque hemos sido liberadas, y de eso se trata este libro en particular. 

Israel ya no sería más humillada ni avergonzada, no va a tener agravio, esa promesa también es para nosotras, ya no vamos a ser humilladas ni avergonzadas. Ya no hay agravio. Esa promesa del gozo por venir o sea todo eso. No vamos a recordar el pasado, y apunta a lo que vamos viendo hasta llegar a Apocalipsis, desde el principio hasta el fin.

De esa misma forma yo creo que cuando nosotros venimos a los pies de Cristo, a los pies de la cruz y conocemos el evangelio de salvación, esas son las buenas nuevas que se anunciaron desde el principio desde Génesis 3, desde allá vienen esas buenas nuevas. Sí, hubo separación evidentemente entre la relación de Dios y el hombre pero como él dice: «Por un breve momento te abandoné, pero con gran compasión te recogeré. En un acceso de ira escondí Mi rostro de ti por un momento, pero con misericordia eterna tendré compasión de ti. Dice el SEÑOR tu Redentor».

Ahí es donde veo ese plan de Dios desde el principio.

Patricia: Y en Isaías eso se pone como a colores para nosotros, porque es maravilloso ver cómo las profecías se cumplen. Isaías fue un profeta que todo lo que dijo se cumplió, él profetizó en su en su presente inmediato –lo que estaba viendo y lo que iba a suceder, el exilio y luego la liberación– pero él profetizó 700 años más adelante y se cumplió todo. Toda esa belleza de ese vástago de Isaí que vamos a seguir viendo.

Entonces, si todo se fue cumpliendo y él es un profeta verdadero, un profeta de Dios, nosotros podemos ver que ese futuro, esa esperanza va a seguir así porque podemos decir confiadamente que no importa la situación que estemos viviendo, Dios nos tiene en ella con un propósito que Él está llevando a cabo y nosotras esperamos ese día cuando esa esperanza, según Sus promesas, vamos a ver cielos nuevos, tierra nueva donde mora la justicia. Y bastante relacionado a esta pregunta, pero cómo encaja dentro del contexto general del plan de Dios –porque parte de lo que hemos visto es, no solamente que estamos viendo a Jesús en todas las Escrituras sino que estamos viendo que la Biblia es un solo libro, una sola historia. ¿Cómo encaja?

Yamell: Así como tú dices que es una sola historia, yo pienso que las Escrituras lo que deben llevarnos a hacer es enfocarnos en el carácter maravilloso de nuestro Dios. Y si algo tiene este libro de Isaías es precisamente que apunta a eso y aquí encontramos muchos de los nombres que describen ese carácter de nuestro Dios. Vemos frases que se utilizan muchísimo, la frase Yo soy, que en el hebreo se refiere a Yo soy el que soy, y yo creo que si lo pudiéramos traducir es como: Yo soy Dios y no hay otro, la divinidad soy Yo y nadie puede compararse conmigo.

Ese Dios que te deja en asombro y esas son algunas de las cosas que encontramos aquí en el libro de Isaías. Dios es el mismo ayer, hoy y siempre. Dios no cambia, Sus promesas se mantienen, y lo que Él ha venido diciendo desde ese momento en que dijo las primeras palabras cuando abrimos la Biblia, es ese mismo Dios, Él no cambia y sigue apuntando siempre a eso. Van a cambiar quizás las personas, los «actores», los personajes que vemos, las personas dentro de diversas situaciones, pero es la misma historia, no cambia, Dios es el mismo.

Yo creo que eso es algo que se ve en más detalle en este libro de Isaías, o sea se cumplen Sus promesas, quizás lentas para el pueblo de Israel que tuvo que esperar mucho, pero su plan se iba a llevar a cabo. Pero es eso, ese carácter de Dios que tenemos que ver en todo su esplendor, como te digo, lo veo más que nada aquí en el libro de Isaías. 

Patricia: Es una belleza y eso me va a dar pie para lo que te decía, que quiero que vayamos a Isaías 6, pero me encantan los diferentes nombres que aparecen en esos versículos, el Señor, Jehová de los ejércitos, la luz de Israel, el Santo de Israel, Dios fuerte…o sea es un libro hermoso y muy poético. Son muchos poemas de exaltación, es la verdad que para acampar ahí muchos días y despacio ir meditando y mirando ese Dios hermoso, que fue ese vástago de Dios que se hizo carne, y fue ese vástago de Isaí.

Pero eso todavía no viene. Yo quiero que vayamos a ese pasaje clave del libro de Isaías que se encuentra en Isaías 6, en los versículos del 1 al 5, y yo voy leer.

«En el año de la muerte del rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de Su manto llenaba el templo. Por encima de Él había serafines. Cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: “Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos, llena está toda la tierra de Su gloria”. Y se estremecieron los cimientos de los umbrales a la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo».

Y lo que quiero resaltar y me gustaría oír lo que tú me dices, es que señalan esa muerte del rey Uzías –que había sido rey durante muchos años, 50 y pico de años, me parece– pero Isaías dice, «mira este fue un rey de mucho tiempo», y después de Isaías menciona a los asirios con su rey, a los babilonios con sus reyes y los medopersas, pero es como que Isaías dice, «es que yo vi al Rey de reyes, yo vi al Señor de los señores, yo vi Uno sentado en un trono alto y sublime, dando esa imagen de que estaba por encima, de ese Rey supremo, soberano del universo que controla la historia, el futuro, a Su pueblo y controla las demás naciones».

Esto llena de ardor mi alma porque nosotras hoy tenemos el privilegio de ser hijas de Dios y podemos llamar este Dios Padre nuestro. Dios sigue siendo –como tú decías– el mismo, y fíjate que los serafines se cubrían los rostros, se cubrían los pies y hacen esa declaración: «Santo, Santo, Santo», que ha sido objeto de himnos hermosos que se componen de la santidad de Dios. «Toda la tierra está llena de Su gloria».

Yamell: Amén. ¿Y sabes que Patricia? Que también esa imagen que Isaías está viendo lo lleva entender su verdadera realidad que es la misma realidad nuestra ante un Dios santo. Y fíjate que él exclama: «¡Ay de mí! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos». Creo que eso es algo que se debe producir en nosotros cuando pensamos en la santidad de Dios. Nos debe llevar a ver nuestra injusticia, a confesar nuestra condición en arrepentimiento, y pienso que el libro apunta –porque lo vemos desde el capítulo 6– prácticamente desde el principio del libro nos apunta a, «ah, bueno, Dios va a exigir de nosotros (de su pueblo) obediencia, y el vivir una vida acorde». Dios no pasa por alto el pecado ni lo justifica, pero nos llama al arrepentimiento y apunta al Mesías prometido, quien podrá poner fin a esa separación entre Dios y el hombre.

Fíjate que uno de los serafines viene y pasa un carbón encendido por la boca de Isaías, porque fíjate lo que él dice, «soy hombre de labios inmundos». En un sentido él purifica al profeta. Ahí es donde Dios lo llama…pero me encanta esa simbología que se ve ahí porque es que Isaías –como tú decías– tenía sus ojos en el Rey… Tú no te estás dando cuenta que el verdadero Rey es este que está aquí sentado en el trono. Y a veces nosotros miramos a nuestro alrededor y el mundo y los gobernantes y todo lo que nos pueda agobiar, y se nos olvida quién es el que está sentado en el trono, y quién es realmente ese alto y sublime que gobierna todo lo que sucede en Su mundo.

Patricia: Amén. Y ese es el evangelio a inicios del libro de Isaías. ¿Cómo comienza el evangelio? Con una visión correcta de quién es Dios, o sea, nosotros vemos ese Dios Rey del universo eterno que va a reinar por los siglos de los siglos, pero también al ver esa santidad de Dios tenemos entonces la visión de nosotras mismas que somos inmundas, que estamos –como tú decías– bajo el juicio de Dios, ciegas espiritualmente, sin esperanza, sin Dios en el mundo, pero entonces vemos también la gracia de Dios en ese serafín que vino volando con un carbón encendido tomado con unas tenazas del altar. O sea, ¿quién nos limpia? ¿Quién nos purifica? No nosotras mismas. Es ese Dios que es 3 veces santo, que tiene un remanente fiel, que tocó –dice Isaías– «y él tocó mi boca y me dijo: he aquí esto ha tocado tus labios es quitada tu iniquidad y perdonado tu pecado». 

Y como veíamos en el Salmo 32 que mencionábamos, «cuán bienaventurado es el hombre», cuán bienaventurada la mujer «cuyo pecado ha sido perdonado y cubierto su pecado». Y me encanta la respuesta de Isaías. ¿Cuál es la respuesta del profeta una vez que su pecado ha sido cubierto, que su pecado ha sido perdonado?

«He aquí Señor, yo estoy aquí, envíame a mí». Porque primero, él se sentía muerto por ver su condición delante de la santidad de Dios, pero luego que es quitada su culpa y cubierto su pecado, me recuerda otra vez como veíamos en los salmos, que David decía: «Ahora yo voy anunciar en la congregación de ti, Señor, de Tus poderosas obras porque he sido perdonado. Y el Señor le pregunta: ¿A quién enviaré y quién irá por nosotros? Entonces respondí, heme aquí Señor envíame a mí», y ahí él entra a esa situación de profeta, a hacer esas predicciones que iban a ser muy duras, muy difíciles –como mencionábamos– que duraron tantos años.

Y yo lo comparo a cuando la salvación llega a nosotras –el remanente fiel hoy en día, la iglesia– pero a cada una de nosotras en particular el Señor nos deja verlo a Él. El Señor nos deja vernos a nosotras mismas, «yo soy pecadora, yo soy inmunda». Y la percepción de nuestro pecado crece mientras vamos caminando en santidad. Pero qué glorioso que entendemos que Él ha perdonado nuestra iniquidad, ha cubierto nuestro pecado con ese vástago de Isaí, con ese Siervo que vamos a ver más adelante, y entonces ahora podemos caminar en esas buenas obras, en ese llamado que Dios tiene, como tú decías, para cada una de nosotras con un propósito en particular.

Y qué glorioso es ver ese evangelio, ese Dios de gracia, ese Dios soberano, grande, santo, pero que extiende Su gracia para pecadores que Él mismo ha redimido, y a quienes Él mismo les ofreció Su perdón. Y aún vemos todo esto citado en el Nuevo Testamento por el apóstol Pablo en el libro de Romanos. Y para mí ha sido maravilloso, yo decía, «¡wow! Señor, haz que mientras vemos estas cosas nuestros corazones ardan como los de esos discípulos cuando el Señor les exponía cómo hablaba toda la Escritura acerca de Él.

Cuando Él dice, «los profetas y los salmos», pues aquí tenemos a los profetas hablando de ese Salvador, de ese Dios grande pero también ese Dios cercano que nos muestra nuestro pecado, tiene esa misericordia y nos perdona siendo Él tan santo, santo, santo. Es la única manera que podemos estar delante de Él.

Yamell: Patricia, luego de escucharte, me hace pensar también que muchas veces podemos sentirnos como Isaías en ese momento en medio de una situación difícil. Sentirnos rechazadas, olvidadas, despreciadas, humilladas, no tomadas en cuenta… O quizás pensamos que nuestra vida, nuestro pecado es demasiado y decimos, «ay, pobre de mí». Yo creo que es un buen momento para mirar a ese Dios, ese Señor alto y sublime que vio Isaías, y más que sentirnos cargadas más bien sentirnos animadas. Saber que tenemos ese Dios a través de Cristo, que podemos acercarnos a ese trono de la gracia y encontrar oportuno socorro para nuestras vidas cualquiera que sea nuestra situación, seamos madres, estemos luchando con la crianza o hijos que que luchan también con la obediencia, el sometimiento; o esposas también que luchamos por lo mismo.

Creo que ese mismo Dios que está ahí como decíamos, no cambia y está ahí para nosotros, para capacitarnos y fortalecernos en Él, para cumplir el propósito que Él tiene para cada una de nosotras.

Patricia: Amén, amén. Isaías dice en un versículo en el capítulo 45 que «Él es Dios, y ninguno hay más que Él; que Él forma la luz y también crea las tinieblas, que Él hace la paz y crea la adversidad». Entonces nuestro llamado es a no desanimarnos porque Él dice, «Yo soy el Señor, el que hago todo esto».

Si tú estás en medio de una situación donde hay adversidad, donde has perdido la paz, quizás hay pleitos, disensiones, ira, dolor, amargura, el Señor lo sabe. Y Él es el Dios que hace todo eso porque Él tiene un propósito como hablábamos al principio, y Su plan no es dejarnos ahí, no es dejarnos prisioneras de amargura, de resentimiento, de incapacidad, sino que Él trata con nuestros corazones.

Él es quien purifica nuestros corazones, quien nos ha perdonado, quien nos perdona y quien produce salvación, libertad, abundancia, plenitud, porque Él es Dios y no hay otro. 

No hay otro fuera de Él y Él es el que hace todo eso y mi ruego es, «Señor, danos ojos para ver Tu voluntad, guíanos, líbranos del mal, del maligno que busca destruirnos y ayúdanos a poner los ojos en Ti que eres quien trae bendición sobre nosotros, sobre nuestros renuevos. Tú lo has prometido, Señor. Esperamos en Ti, confiamos en ti. 

Annamarie: Gracias Patricia y Yamell. Ha sido de bendición reflexionar acerca del libro de Isaías. Creo que esta conversación nos anima a cada una de nosotras a continuar creciendo en el conocimiento de Dios y de Su Palabra, y a aprender a vivir a la luz de esto. Bueno y mañana regresaremos con la segunda parte de esta transmisión, así que asegúrate de acompañarnos.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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Sobre el anfitrión

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad bíblica a las mujeres de habla hispana. Su anhelo es verlas conocer y abrazar la Verdad que las hace libres en Cristo. Sirve en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones como la voz de Nancy Leigh DeMoss. Tiene tres hijos adultos, Rosalía (casada con Daniel), Sarah (casada con Nazario) y Eduardo Alfredo (casado con Leticia). Además, Dios le ha regalado seis nietos: Patricia, Daniel, Samuel, Nazario, Said y Noor.

Sobre el invitado

Yamell Jaramillo

Yamell Jaramillo

Yamell es originaria de la República Dominicana, actualmente vive en Colombia. Ama la palabra de Dios, es firme en sus convicciones y vive apasionadamente la vida cristiana. Procura la prudencia, la sobriedad y la modestia, anhelando ser como la mujer de Proverbios 31.

Tiene un especial cuidado por aquellos a su alrededor y, por la gracia de Dios, su corazón está siempre presto a discipular y aconsejar a las mujeres de su entorno. Junto a su esposo Omar, estudia la Palabra, vive el señorío de Cristo, enseña el sabio consejo de Dios a otros y disfruta las bondades de la vida.

Actualmente es la encargada de contenido y de proyectos especiales en Aviva Nuestros Corazones.

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