Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Mujer Verdadera 365: Los Evangelios y el Libro de los Hechos, día 2

Annamarie Sauter: Con nosotras Laura González de Chávez.

Laura González de Chávez: Es cuando perdemos nuestra vida, cuando rendimos nuestros sueños, nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestra vida misma, cuando nos sacrificamos por otros, que realmente ganamos; porque la verdadera vida, la vida abundante se encuentra en seguir ese camino estrecho que nos lleva hacia Él, porque Él debe ser nuestro gran tesoro, esa perla de gran precio que dice la Palabra. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Patricia de Saladín.

Patricia de Saladín: Ayer tuvimos la oportunidad de comenzar una conversación que continúa el día de hoy, sobre los evangelios y el libro de los Hechos, en nuestro Reto Mujer Verdadera 365, y te animábamos a unirte si todavía no eres parte; y si eres parte, muy emocionadas queremos decir que ya estamos en el Nuevo Testamento y vamos camino a terminar una vez más la lectura de nuestra Biblia tapa a tapa. Me acompañan mis hermanas compañeras de ministerio, Laura González y Débora Cásares.

Hola, bienvenidas.

Débora Cázares: Hola, qué bendición compartir una vez más con nuestras hermanas.

Laura: Hola, qué bueno es estar aquí juntas para continuar esta conversación.

Patricia: Sí, sobre los evangelios y nuestro precioso Señor Jesucristo. Y de hecho la lectura en el reto para el día de hoy es Lucas capítulos 21 y 22.

En el día de ayer mencionamos varias cosas, mencionamos cómo el Antiguo Testamento dio paso al nuevo, cómo hubo un tiempo de silencio, pero Dios seguía obrando, preparando que naciera ese sol de justicia. Vemos que el Señor Jesucristo cumplió todas las promesas del Antiguo Testamento. Él es el cumplimiento desde Génesis 3:15, de ese que vendría y finalmente aplastaría –dice la Escritura que Él iba a deshacer las obras del diablo, del maligno. Y entonces vimos también cómo dividió y cambió la historia del mundo; cómo tuvo efectos sociales, religiosos, y políticos, que al día de hoy no pueden ser rebatidos ni siquiera por aquellos que no se llaman cristianos.

Vimos cómo, aún esos evangelios, cada uno tiene su propósito y cada uno tenía una razón para ser escrito, y cómo presentan a Jesucristo como Mesías, como Ungido, como Rey y Salvador de Su pueblo. Dios hecho hombre, Emanuel, Dios con nosotros. Él es la segunda persona de la Trinidad, el enviado por el Padre, Dios creador porque Él estaba con Dios creando todas las cosas. Concebido de una virgen por el Espíritu Santo, vivió una vida perfecta, murió, resucitó al tercer día, y es ese Rey cuyo reino no tendrá fin. Rey de reyes, Señor de señores, nos revela al Padre, solo habla la verdad.

Y ese Mesías cumplió, como dijimos, todas las promesas del Padre y Él es la clave para entender toda la historia y nuestras vidas. Ahora, hoy queremos ya entrar con un poquito más de detalle en algunas cosas que están salteadas en los evangelios, y vamos a comenzar viendo cómo el nacimiento del Señor –no solo fue profetizado años antes (700- 800 años antes) y aún desde Génesis– sino que fue sobrenatural.

Su nacimiento fue como ningún otro nacimiento en la historia y no habrá otro igual. 

Laura: Imagínate, un bebé concebido por el Espíritu Santo en el vientre de una virgen. Si eso no es sobrenatural, no sabemos qué podría ser sobrenatural. Pero eso es increíble y lo vemos en el libro de Lucas que es el libro que más parábolas relata; y es el libro que más presta atención a las mujeres que andaban con Jesús. Y entonces es maravillosa esa historia de María cuando va a visitar a su prima Elisabet y el bebé de Elisabet salta en su vientre porque pudo reconocer desde ese momento, a este Mesías esperado, en el vientre de María.

Débora: Así es. Estoy pensando que Lucas es el evangelio que más detalles nos da acerca del nacimiento de Jesús, y se puede ver en Lucas 1 y 2, cómo se relata el nacimiento de Juan el Bautista y el nacimiento de Jesús, y cómo estos son muy paralelos. Pero algo que me llama particularmente la atención es que según las circunstancias en que se encontraban, tanto Elisabet como María, ninguna de las dos tenía posibilidad de ser madre. Sin embargo el Señor decide glorificarse a través de la vida de estas mujeres, y Lucas 1:37 dice: «Porque ninguna cosa será imposible para Dios», así que aunque para estas dos mujeres en términos naturales no era posible concebir, el Señor lo hizo en la vida de las dos, y gloria a Dios por Su poder manifestado.

Patricia: Amén. Y debo añadir que la humildad de María y su respuesta cuando dijo: «He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a la voluntad de Dios», a Su Palabra –porque definitivamente la vida de María fue trastornada por ese embarazo. Imagínate en esa época, comprometida para casarse y queda embarazada, y todos los comentarios, todo lo que ella tuvo que sobrellevar. Pero como estaba convencida de que era la voluntad de Dios para su vida, ella glorificó el nombre de Dios, como una sierva para hacer la voluntad de Dios.

Entonces en los evangelios vemos que luego del nacimiento del Señor, llegamos más o menos hasta los 12 años, cuando el Señor visita el templo con sus padres, se pierde y luego se devuelven a buscarlo… –que no me imagino yo la angustia que tuvieron María y José buscando ese niño. Pero pasamos de ahí a un Jesús donde ya comienza su ministerio, un ministerio que solo duró tres años, de Sus 30 a Sus 33. Y comienza con dos episodios, el bautismo y la tentación en el desierto.

Luego de ser bautizado con aquella declaración del Padre: «Este es mi Hijo amado en quién tengo toda Mi complacencia», dice que el Espíritu lo lleva al desierto y allí es tentado. Y es tan importante –volviendo lo que hablábamos en el programa anterior, porque así como Adán, dice la Escritura, que nuestro Señor es un mejor Adán, el segundo Adán, como la Escritura lo llama– ese primer Adán fue tentado y pecó. Pero ahora viene este Hombre, esta segunda persona de la Trinidad, Hombre y Dios, y enfrenta la tentación pero la vence; mostrándonos esa perfección, ese Hombre perfecto, ese Hombre sin pecado que cumple con todas las exigencias de la ley, porque al final ese Hombre es el que nos va a redimir y de quien Dios el Padre va aceptar ese sacrificio perfecto porque Él fue sin pecado.

Pero ahora yo quiero que ustedes, las dos, me compartan un poco de ese ministerio que en 3 años Dios usó y transformó el mundo entero; y Él dice: «Yo he terminado Padre la obra que me diste que hiciera». ¿Qué pasó en esos tres años de ministerio del Señor? Algunas pinceladas para enriquecer a nuestras oyentes, y nosotras mismas ser edificadas con esas ideas. 

Laura: Bueno, por lo pronto Su vida fue totalmente radical, una vida de entrega voluntaria, una vida de humildad, de amor, de compasión. Una vida de abandono a Dios, de abandono a la voluntad del Padre, una vida de fe, una vida de obediencia, una vida de oración, todo eso lo vemos a través de los evangelios. Pero lo que más me cautiva es Su entrega voluntaria, porque Él dice que Él entregó Su vida, que nadie se la quita. 

Y me encanta ese versículo donde dice: «Yo doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla y para tomarla de nuevo». Y aunque así pudiera lucirnos –leyendo el relato– que Él fue crucificado por nosotros, por todos nosotros, la realidad es que nadie se la quitó, Él la entregó. Eso me cautiva, me cautiva mucho Su rendición. 

Y entonces vemos luego todas las parábolas, todas las enseñanzas, el Sermón del monte, los milagros que hizo, todo ello para mostrar Su deidad, para que pudiéramos ver su deidad y para que Él pudiera ser revelado a esas personas en ese tiempo y a nosotros hoy en día.

Débora: Y algo que me llama mucho la atención del ministerio de Jesús es que en Mateo 8 y 9, hay al menos 13 diferentes tipos de personas que le buscan, pero es muy particular el tipo de personas que le buscan: un leproso, un centurión, endemoniados, enfermos, escribas, paralíticos, publicanos, fariseos… Entonces vemos en estos dos capítulos que había personas de renombre que lo seguían, pero las personas que buscaban a Jesús eran en su mayoría enfermos y endemoniados. También fariseos preguntaban por Él, y sus intenciones no eran las mejores y desde entonces comenzaron a dudar. Vemos que al final usaron las cosas que veían como excusa para matarlo.

Laura: Así es. Lo vemos también como un Siervo, y cómo Él nos mostró ese llamado al servicio, al discipulado, y decía continuamente, «si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame». Y entonces decía, «porque ni aún el Hijo del Hombre, (el Hijo del Hombre refiriéndose a Él mismo) vino para ser servido sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos». Entonces vemos todo eso modelado y enseñado a través de Su vida de Sus enseñanzas a través de todos los evangelios.

Patricia: Amén. Eso me llama mucho la atención. Siempre cuando leo la Escritura –porque uno va leyendo y pasan los años y uno lee una y otra vez– le pido a Dios que no me deje ser miope, corta de vista, que no me deje quedarme en la letra de la ley, sino que abra mis ojos para poder ver las maravillas de Su ley; que no me acostumbre al texto bíblico sino que el Señor abra mis ojos a ver la belleza de Cristo y ese Salvador, ese amigo, ese hermano mayor, ese modelo –como tú decías Laura– si hay algo que nosotros vemos, es que todo lo que Él hizo tenía propósito.

Toda palabra que dijo tenía propósito, ninguna palabra era para llenar un espacio, toda es palabra de Dios para nosotros. Entonces Él entregó su vida –no solamente en la cruz– sino que la entregó porque cuando Su ministerio comenzó, lo primero que hace es escoger 12 discípulos, 12 personas llenas de defectos. Y cuánto aliciente nos da eso, saber que no importa todo lo defectuosas que podamos ser, el Señor no llamó a los perfectos, a los ricos, a los poderosos, a los educados, no. Él escogió lo vil, lo menospreciado, y con estos 12 discípulos Él transformó el mundo. Pero no solamente los escogió sino que durante ese tiempo ya Él se entregó y vivió la vida con ellos para ser ese modelo de lo que era, o sea, para que estos hombres vieran realmente que Él era Dios y era Hombre.

En ese sentido, fueron tres años intensos de amor, de compasión, como dice la Escritura. Él andaba haciendo bien, sanando… Y cuando nosotros vemos la belleza, la perfección y la hermosura de Cristo, por lo menos yo sé que es el caso de ustedes y el mío, me siento tan corta, tan insuficiente; pero digo, «qué bueno que Él es el Salvador, el Dios hecho carne. Yo quiero ser como Él, anhelo vivir una vida compasiva, ser misericordiosa, ser humilde –como tú decías. Ese relato para mí de máxima humildad, más dura a la hora de Su muerte, justo antes cuando hizo esa cena en el aposento alto, conociendo Él quién era cada uno de ellos y que uno de ellos le iba a entregar y que Pedro lo iba a negar 3 veces, dice que los amó hasta el fin y que se ciñó una toalla y les lavó los pies.

Cristo es el Hombre perfecto, Dios hecho Hombre, el Único que pudo realmente venir y salvar a una humanidad que estaba irremediablemente condenada.

Laura: Jesús nos enseña, a través de Sus enseñanzas y de Su ejemplo, que el llamado del discípulo es a morir, y Él nos deja una enseñanza muy clara en los evangelios, «el que desea seguirlo, debe amarlo a Él más que a su propia vida; debe estar dispuesto a perderla para ganarlo a Él». Eso me reta porque cuando nos aferramos a las cosas temporales de este mundo, no podemos alcanzar la plenitud que Él nos promete. 

Es cuando perdemos nuestra vida, cuando rendimos nuestros sueños, nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestra vida misma, cuando nos sacrificamos por otros, que realmente ganamos. Porque la verdadera vida, la vida abundante, se encuentra en seguir ese camino estrecho que nos lleva hacia Él, porque Él debe ser nuestro gran tesoro, esa perla de gran precio que dice la Palabra.

Lo peor que nos pudiera suceder, en nuestra perspectiva humana, sería la muerte física. Pero aún eso nos lleva ante Su presencia. Esto es algo que me reta porque Él no nos dice, «muere», sino que Él murió primero. Entonces Él no nos llama a hacer nada que Él no haya hecho primero por nosotros, eso me cautiva.

Patricia: Y así es, Laura, y lo que muchas veces me sobrecoge es que nosotros con nuestros labios podemos hacer todas estas declaraciones tan profundas de morir, de rendir nuestra vida, de tomar nuestra cruz, pero a la hora de la verdad, cuánta resistencia pone nuestra carne. Cómo debemos estar llenas de Dios y de Su Palabra para que realmente la vida de Jesús brille en nosotras, y que Él crezca y nosotras mengüemos, como decía Juan el Bautista. Pero otra de las cosas que vemos recurrente en las Escrituras, son las parábolas y las preguntas.

Cómo el Señor usaba todo lo que estaba a Su alrededor para traer enseñanzas permanentes, enseñanzas que marcaran las mentes y los corazones de Sus oyentes, de sus discípulos. Y ni hablar de los milagros para autenticar que realmente Él era el Hijo de Dios. Ese Mesías esperado. Pero algo que vemos muchas veces, y aún en las parábolas, es la presencia de escribas y fariseos. Y como mencionábamos conversando, siempre queremos identificarnos con el personaje que está siendo exaltado, y no tendemos a vernos como escribas y fariseos.

Pero la verdad es que dentro de muchas de nosotras hay una farisea, porque tendemos de manera natural –los seres humanos– a querer ganarnos aquello que se nos está regalando. Y entonces muchas veces nuestra moralidad, nuestro buen comportamiento o el conocimiento que tenemos de la Escritura, nos hace ciegas a ver la obra que Dios está haciendo, y gozarnos con lo que Dios está haciendo. Es el caso por ejemplo de la parábola de los dos hijos, del hijo pródigo, pero de otro hijo que también estaba ciego a ver la obra que Dios estaba haciendo; o la parábola de Simón y la mujer pecadora, cuando Simón no tenía ojos para ver esta mujer cuyos pecados que eran muchos habían sido perdonados.

Entonces el Señor nos trae una advertencia, dice: «guárdense de la levadura de los fariseos», porque el estar en Cristo no hace que seamos exentas de caer en un fariseísmo y creer que estamos ganando puntos y méritos para el Señor. La salvación es un regalo de principio a fin. Y, sí, fuimos salvadas para buenas obras, pero no son esas buenas obras las que me están ganando posición delante de Dios, y cómo debemos pedirle al Señor que nos muestre cuando somos esos escribas y esos fariseos que se consideraban superiores a las demás personas.

Débora: Cuando pienso en las parábolas y en los escribas y los fariseos, recuerdo mucho la parábola en Lucas 18 acerca del fariseo y el recaudador de impuestos, y quisiera compartir acerca de esta; pero antes, recordar que los escribas eran personas que estudiaban la ley de Dios y creían que habían sido exiliados para Babilonia por su desobediencia a la ley. Ellos estaban aferrados a estudiar la ley constantemente y de hecho, eran considerados las personas más adecuadas para interpretar la ley. Por otro lado, los fariseos deseaban mantener siempre la pureza de la fe y aunque ciertamente podemos decir que los inicios de los fariseos eran con buenas intenciones, ellos se desviaron porque al final todo lo que hacían era para alcanzar estándares morales.

Pensando en eso, está la parábola en Lucas 18, que dice: «subieron dos hombres al templo a orar, uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos, y el fariseo cuando se puso en pie, oraba: “Dios te doy gracias porque no soy como los demás hombres, estafadores, injustos, adúlteros, ni aún como este recaudador de impuestos. Yo ayuno, diezmo de todo lo que gano”. Y el recaudador de impuestos, por otra parte, estaba de pie y a la distancia, sin ni siquiera querer alzar los ojos, se golpeaba el pecho diciendo: “Dios ten piedad de mí que soy pecador”» (parafraseado). 

Y como tú decías, Patricia, ciertamente muchas veces somos como los fariseos porque llegamos a comparar nuestras vidas con las de otras personas y decimos, «yo no soy adúltera en mi matrimonio como tal persona», o «con mis hijos no soy como esta otra hermana». Ponemos otras personas para comparar o poner estándares, pero al final todas somos pecadoras y necesitamos pedir perdón al Señor por nuestros pecados y reconocer nuestra humanidad caída.

Patricia: Amén, y entonces, porque el tiempo que tenemos no es mucho, tenemos que avanzar y ver cómo finalmente, creyendo el maligno que era la hora de su mayor victoria, nuestro Señor es entregado en manos de inicuos –y es por el determinado consejo de Dios y en el momento específico de la historia– llega el triste momento donde el Señor es crucificado y parecería la mayor derrota… Fue un juicio injusto, fue un –pudiéramos decir humanamente– un atropello con todo tipo de abusos sobre Él, pero ese momento en el gólgota, que es tan sobrio, tan solemne, fue la mayor victoria en ese momento.

La cabeza de Satanás fue aplastada. Ese fue el momento predicho en Génesis 3:15, porque la tumba no pudo retenerlo, y gloria Dios, ¡aleluya! Somos las únicas personas en el mundo que tenemos un Salvador resucitado. No existe una tumba que tenga el cuerpo de nuestro Señor y esa es la esencia del evangelio. Esa resurrección, ese día glorioso, esa mañana gloriosa cuando la tumba no pudo retenerlo y Él se levantó victorioso para así extender a todo aquel que en Él cree esa vida eterna y esa resurrección. Así que gloria a Dios.

Laura: Amén, amén. La tumba está vacía. Y como dice el apóstol Pablo, «si Cristo no resucitó somos dignos de lástima, porque si Él vive nosotros también viviremos, pero si no resucitó, no vamos a vivir para siempre». Pero Él resucitó, y con esa resurrección venció el mundo, dice la Palabra de Dios en Juan, Jesús venció la carne, dice Romanos, Jesús venció a Satanás y Jesús venció la muerte.

Patricia: Amén. «Dónde está oh muerte tu aguijón, dónde oh sepulcro tu victoria».

Laura: Y la resurrección tiene grandes implicaciones para nosotros como creyentes, porque asegura que vamos a tener una vida eterna a Su lado y nos da el poder –mientras estamos aquí de este lado del cielo– que necesitamos para vivir esa vida abundante que Él murió para darnos.

Patricia: Amén. Así mismo es. Y la verdad es que luego de que el Señor resucita, dura un tiempo aquí en la tierra dándose a ver, dando a conocer que había resucitado. No vamos a entrar en ese detalle, pero me encanta que a la primera persona que se le aparece resucitado es a una mujer, a María Magdalena. Y me encanta esa pregunta que Él le hace: ¿Por qué lloras? No llores. O sea, María soy Yo… y todo ese relato.

Pero hay un relato en Lucas, me parece que es en el capítulo 24, cuando unos discípulos que iban camino a Emaús iban muy desalentados, muy tristes por las cosas que habían acontecido, y cómo entonces ese Cristo ya resucitado comienza a caminar con ellos y lo que hace es abrirles las Escrituras, todo lo que las Escrituras decían de Él a través de los salmos, de los profetas. Y ese es un ejemplo y queda ahí como un recordatorio para nosotros, porque luego que estas personas estaban tan decaídas y tan tristes, el Señor les abre las Escrituras, ellos ven todo lo que el Señor es, todo lo que el Salvador es, y sus corazones ardían.

Ellos mismos se preguntan, «¿y no ardían nuestros corazones?» Y cómo hoy nuestro Salvador resucitado nos ha dejado Su sagrado Libro, este Libro que estamos leyendo, este reto que estamos haciendo para exponernos y encontrar en esas páginas todo lo que las Escrituras dicen acerca de Él, desde Génesis hasta Apocalipsis. Y que se haga realidad eso que pasó con esos discípulos de Emaús, que nuestros corazones ardan cuando abramos esa Palabra o cuando esa Palabra nos es abierta por otro o cuando los domingos estamos reunidos celebrando ese día de la resurrección y esa Palabra es abierta en nuestras iglesias de manera fiel por esos hombres que enseñan la Palabra.

Entonces es apropiarnos de eso y decir: «Oh Señor, abre mis ojos, déjame ver más allá de la tinta sobre el papel, y gracias por dejarnos esa preciosa Palabra». Y el Señor, luego de pasar ese tiempo ya resucitado dejando evidencias de esa resurrección, asciende a los cielos. Pero imagínense un momento tan impresionante cuando Él se reúne con los 11 discípulos. Dice que salieron hacia la Galilea y se dirigieron al monte que Jesús les había indicado, donde debían reunirse.

Y dice que cuando vieron a Jesús lo adoraron, pero algunos de ellos dudaban y Jesús se acercó y dijo a Sus discípulos, «se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra». Wow, toda autoridad, «por lo tanto vayan y hagan discípulos de todas las naciones bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Enseñen a los nuevos discípulos a obedecer todos los mandatos que les he dado y tengan por seguro esto, «que estoy con ustedes siempre hasta el fin de los tiempos».

Laura: Así es. Jesús nos invitó a confiar en Su sabiduría y Su poder para llevar a cabo esta gran comisión de formar discípulos, pero Él prometió acompañarnos y Su reino está en continua expansión. Y entonces junto con otros creyentes del mundo constituimos este ejército, con Jesucristo como nuestro capitán, llevando a cabo esta expansión de este mensaje. Y el libro de los Hechos, Patricia, es uno de mis libros preferidos porque recoge la obra sobrenatural del Espíritu Santo en los inicios de la iglesia.

Patricia: El Señor había hecho la promesa en el Evangelio de Juan, cuando les dijo: «Les conviene que yo me vaya, porque si me voy les voy a dejar Uno que va a estar siempre con ustedes». Entonces eso lo podemos ver ahí en el libro de los Hechos. 

Laura: Y es asombroso cómo Dios utilizó a estos doce hombres, a estos 12 apóstoles, que fueron transformados por el evangelio, llenos del Espíritu Santo, para iniciar el movimiento más grande de la historia que aún está vigente hoy en día, y lo vemos en la iglesia avanzando hasta la consumación de los tiempos; y solamente Dios pudo hacer eso.

Y como comentaba, Lucas es el autor del libro de Hechos, y es casi una continuación del Evangelio de Lucas. Él retoma la historia que venía contando, con un recuento histórico de los acontecimientos que habían ocurrido. La encomienda de Jesús a sus discípulos de ser testigos, entonces el derramamiento del Espíritu en Pentecostés, la persecución que se suscita y que Dios usa para que corra el mensaje. Y que lejos de obstaculizar lo que hizo fue que corriera con más fuerza en el mundo; y así vemos el avance del evangelio y cómo se acelera en las diferentes naciones, y todo por la obra del Espíritu Santo, porque es el Espíritu Santo en acción.

Débora: Y otra cosa que me llama la atención, es que en ese pasaje de la gran comisión, en el versículo 18 del capítulo 28 del Evangelio de Mateo, dice: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra». Entonces, «porque yo tengo autoridad, ustedes vayan y compartan ese mensaje y hagan discípulos a todas las naciones».

Patricia: Y vemos entonces cómo en este libro de los Hechos se destaca el apóstol Pedro, se destaca el apóstol Pablo, comienzan esos viajes misioneros también donde esa palabra iba a correr a través del mundo conocido en esa época, y entonces eso va a dar origen a estas cartas que componen el Nuevo Testamento y que vamos a seguir viendo, ya con relación a cómo se llevó esto a cabo en unas y en otras, porque tenemos cartas de distintos autores, la mayoría del apóstol Pablo, que vamos más adelante a estar mencionando. 

También del apóstol Pedro y de otros autores neotestamentarios. Pero qué glorioso es ver que todo esto era un plan soberano de Dios, orquestado desde antes de la fundación del mundo; y si hoy tú le has entregado tu vida a Cristo, si hoy el Señor Jesucristo es tu Señor y tú Salvador, déjame decirte que fuiste bendecida con toda bendición espiritual en los lugares celestiales desde antes de la fundación del mundo. En ese momento histórico tú no pudiste hacer nada para ser parte, simplemente Él te eligió por Su pura voluntad y así Él va a llevar a cabo esa obra hasta el final y la va a completar en todos aquellos que son suyos.

Mientras tanto, nosotras Sus hijas, en este caso, vamos a aferrarnos a nuestro Señor, a Cristo, a llenarnos de Él, a decirle como la samaritana cuando Él le dice: «Si tú supieras quién es el que te pide, tú me pedirías». Ya nosotros le hemos pedido agua viva, ahora pidámosle que de nuestro interior corran esos ríos de agua viva para bendición de todas aquellas personas que Él ha puesto cerca de nosotros, y que podamos vivir nuestras vidas para Él y para Su gloria y para la exaltación de Su nombre, hasta ese día en que lo veamos regresar una vez más desde los cielos en gran poder y gloria.

Gracias Laura, gracias Débora, ha sido un gozo. Compartir estas cosas hace que nuestros corazones se animen y ardan delante del Señor.

Laura: Gracias Patricia por invitarme, es siempre un gozo estar contigo en el programa

Débora: Amén. Una bendición poder compartir el día de hoy. Esto ha sido una probadita y animamos a las hermanas a que sigan profundizando más en la Palabra del Señor.

Alguna vez has pensado: «¿Quién soy?» o «¿por qué Dios me hizo mujer?» Estas son preguntas esenciales que debemos hacernos cada una de nosotras, y en Aviva Nuestros Corazones queremos ayudarte a responderlas a la luz de la Palabra de Dios. El lunes, el pastor Alistair Begg te ayudará a ver de una manera asombrosa lo que la Escritura revela sobre tu diseño y la sexualidad. Acompáñanos para esta próxima serie.

Annamarie: Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Él vive hoy (Glorioso el día), La IBI & Sovereign Grace Music, La Salvación es del Señor ℗ 2014 Sovereign Grace Music.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el anfitrión

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad bíblica a las mujeres de habla hispana. Su anhelo es verlas conocer y abrazar la Verdad que las hace libres en Cristo. Sirve en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones como la voz de Nancy Leigh DeMoss. Tiene tres hijos adultos, Rosalía (casada con Daniel), Sarah (casada con Nazario) y Eduardo Alfredo (casado con Leticia). Además, Dios le ha regalado seis nietos: Patricia, Daniel, Samuel, Nazario, Said y Noor.

Sobre los maestros

Débora de Rivera

Débora de Rivera

Débora es originaria de Coahuila, México, pero actualmente reside en Nuevo Mexico, junto a su esposo Jordan Rivera.

Con un deseo y convicción grande de preparar su vida para el servicio del Señor, a los 18 años salió de su casa para ir a estudiar al Seminario Bíblico Río Grande en Edinburg, TX, del cual es egresada con énfasis en Ministerios Femeniles. El estar expuesta al ministerio le ha llevado a ver la necesidad que tienen las mujeres, jóvenes y niñas dentro de la Iglesia de entender la importancia de vivir cada día a la luz del evangelio que nos ha transfrotmado. Esto mismo le ha llevado a ser sensible y específica en aprender y enseñar del mismo.

Actualmente está trabajando como asistente de contenido digital y media en Aviva Nuestros Corazones y cursa su certificación en consejería Bíblica.

Laura González de Chávez

Laura González de Chávez

Laura vive en Illinios, Estados Unidos. Es esposa de Fausto. Su pasión es discipular a las mujeres de todas las edades con el fundamento sólido de la Palabra de Dios y ayudarlas a vivir de acuerdo a la fe que han abrazado. Laura es consejera bíblica y mentora de muchas mujeres jóvenes. Actualmente dirige el ministerio de Aviva Nuestros Corazones, una labor que le ha ayudado a alcanzar a las mujeres de su generación con el mensaje del Evangelio y de la feminidad bíblica. También produce, junto a su esposo, el programa radial semanal "Un Hogar Sobre la Roca", que busca contribuir a redimir el diseño de Dios para la familia. Laura tiene una hija, Sarah, casada con Jonathan, y cuatro hermosos nietos, Zoë, Noah, Joy y Levi. 

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