Aviva Nuestros Corazones Podcast

Comodidad o carácter

Annamarie Sauter: Ayer Nancy dio inicio a una conversación con Janet Parshall, acerca del valor de la maternidad. Pero antes de continuar con esa conversación, escucha lo que nos escribió una oyente que ha sido bendecida con los programas de Aviva Nuestros Corazones.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Hola, mis estimadas hermanas. Quiero decirles que el programa que ustedes transmiten es una bendición para mi vida. Yo entiendo mejor a través de ustedes lo que el Señor me quiere decir. Soy una mamá soltera. Tuve a mi hija a los quince años y sé que todavía tengo que sufrir algunas consecuencias por no haber obedecido a Dios en lo que respecta a la formación de una familia; pero también desde que le entregué mi vida al Señor, como a los diecisiete años, mi vida cambió de rumbo.

Ahora tengo casi veinticuatro. Recientemente salí de la casa de mi mamá para poder pasar más tiempo con mi hija e instruirla mejor. Ahora también estoy experimentando nuevas responsabilidades, sé que necesito depender de Dios en todo momento.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Alcanzar mujeres como esta que nos escribió es posible gracias a tu apoyo. Este mes de diciembre tu donación a Aviva Nuestros Corazones tiene una importancia especial, ya que determina en gran parte de los alcances que podremos desarrollar a lo largo del año entrante.

Nancy: Si Dios pone en tu corazón el hacer una donación, puedes hacerlo a través de nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com, o puedes llamar al 1-800-5695959 desde los Estados Unidos o Canadá. Asegúrate de indicar que tu donación es para el ministerio de alcance hispano. Gracias por ser parte de lo que Dios está haciendo a través de todo el mundo de habla hispana, a través de Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Gracias Nancy. Y al visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com, también podrás saber qué recurso te estaremos enviando como agradecimiento por tu apoyo. ¡Anímate y ayúdanos a llevar el mensaje de verdadera esperanza a las mujeres de habla hispana!

Ahora, escucharemos de Janet Parshall. Ayer Nancy dio inicio a una conversación con ella. Janet es la presentadora radial del programa, «En el mercado», que se transmite en la radio norteamericana. Retomemos la conversación donde nos quedamos ayer.

Janet: Cuando hacemos programas sobre la maternidad –y ya he perdido la cuenta de las mujeres que han dicho– «pero soy más feliz en mi lugar de trabajo que cuando estoy en casa», quiero detenerme un momento en este punto porque es legítimo. Muchas personas dirán, «bien, soy mejor madre cuando estoy más feliz, y estoy más feliz cuando estoy en mi trabajo que cuando estoy en casa».

Necesitamos examinar esto. Necesitamos desempacar esto un poco más y preguntar: ¿Cómo defines la felicidad? ¿Por qué crees que el ser afirmada con un cheque y el recibir un espaldarazo de un compañero de trabajo como cada dos semanas, de algún modo trasciende lo que significa estar cuidando a tus hijos?

Ahora, tú y yo entendemos la realidad del mundo. Hay mujeres ahora mismo escuchando y dicen, «mira, no tengo esa opción. Tengo que poner a mi hijo en una guardería, tengo que trabajar».

¿Sabes qué es lo grandioso de esto? No tenemos una religión, ¿verdad Nancy? Tenemos una relación. Podemos ir a nuestro Padre celestial, quien dice en Su palabra, «Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Fil 4:19).

¿Tú crees que a Dios no le interesa dónde están tus hijos durante el día y si puedes o no verlos? ¡Por supuesto que sí! Él trajo esos hijos a tu vida.

De hecho, mi madre –una gran mujer– dijo: «Serás mamá hasta el día en que te pongan bajo tierra. Los roles se redefinen, pero nunca dejas de ser una madre».

Entonces para esa mujer que está diciendo, «pero soy más feliz allá afuera», te animo a hacer un inventario personal sobre lo que constituye «la felicidad» en tu vida. ¿Cómo la defines?

¿Son cosas?

¿Predomina la necesidad de sentirte importante?

Cuando vas a una fiesta y alguien te dice, «¿qué es lo que haces?» Te sientes apenada o avergonzada al decir, «bueno, soy ama de casa». Tal vez tengas temor por cómo la sociedad te mirará con menosprecio por haber tomado esa decisión.

Entonces para la mujer que dice, «pero soy más feliz allá afuera», con mucho amor te digo, «entra en la Palabra y pídele al Señor que te revele cuál es Su plan». Porque tengo que decirte esto tiernamente: No se trata de tu felicidad. Me encanta lo que Oswald Chambers dijo… A Dios no le importa tu comodidad. Le importa tu carácter.

Necesitamos preguntarnos a nosotras mismas, «¿qué es lo que nos hace felices?» Y si es un trabajo, querida amiga, estoy aquí para decirte que podrías perder tu empleo. Si es tu figura perfecta y no quieres tener hijos porque tienes temor de arruinar tu figura, esta podría cambiar en un instante de mil maneras, desde un accidente hasta una enfermedad.

Tenemos que preguntarnos a nosotras mismas en qué consiste la felicidad. He estado estudiando y meditando en el libro de 1 Pedro. Estas palabras están en mi mente: Es lo imperecedero de nuestra vida lo que es importante. Si esto no define el gozo para nosotros como creyentes, entonces no lo conocemos a Él y no conocemos Su Palabra.

Nancy: Y el gozo es realmente el fruto de haber elegido el camino del servicio, el camino de la humildad, como Jesús lo hizo. Él se olvidó de su reputación, tomó la forma de siervo y forma de hombre y obedeció hasta la muerte. Esa es una vida de humildad. Y por tanto, dice la Palabra, que Dios lo exaltó hasta lo sumo y le dio un nombre que es sobre todo nombre (Fil 2:7-9, parafraseado).

Es muy particular de los caminos de Dios que el camino hacia arriba es hacia abajo. La forma de ser ascendido, en la economía de Dios, es tomar la posición de siervo, la posición más baja, la posición de ninguna reputación. Ese es el camino del gozo. No es el camino más fácil, pero es el camino del gozo.

Janet: Nancy, es muy gracioso porque varias veces he dicho que ser cristiana es a veces como vivir un universo paralelo. El camino hacia arriba es hacia abajo y el camino hacia abajo es hacia arriba, para el creyente. ¿Acaso no somos extranjeros en tierra extranjera? Estamos en el mundo, pero no somos del mundo.

Pero significa que todo nuestro sistema de valores —la forma como abordamos todas las cosas— se define por quienes somos en Cristo, y esto es totalmente opuesto a la forma como piensa el mundo.

Aquí estoy en Washington, D.C. ¿Sabías que tenemos la cantidad más alta de doctorados per cápita comparado a cualquier otra ciudad de los EEUU? Estos son los epicúreos y los estoicos. Estos son los intelectuales. Estos son los grandes pensadores. Para esta gente el poder y la popularidad es lo que te define —obtienes las mejores mesas, los mejores estacionamientos, el mejor lugar en los programas de entrevistas. Es una ciudad gobernada por la auto exaltación. Sin embargo, cuando lo piensas, ser creyente es tan opuesto a todo esto, ¿no?

Entonces una palabra de ánimo, porque he tenido que hacer esto en mi propia vida. No recibes un barco lleno de gracia y de instrucción en un momento. Es una rendición de momento a momento… una vivencia diaria, diciendo, «no yo, sino Tú». Así como mi querido amigo Henry Blackaby dice, «Él es Dios, no tú».

Tú y yo usamos esa palabra que usé anteriormente. Estamos inmersas en un mundo que dice, «oye, ¡todo se trata de tí!». Tú y yo hemos estado paradas en la línea del supermercado y hemos visto una revista de nombre, «YO».

Qué más tenemos en nuestra cultura que una cultura que en su generalidad dice, «todo se trata del YO... todo se trata de ti». Me encanta citar esos anuncios de la Avenida Madison... «Hoy te mereces un descanso». Por todos lados ves ese pronombre personal donde tú eres el centro del universo. ¿Cómo puede reconciliarse la idea de ser siervo con esto? Hay todo un universo paralelo opuesto al mensaje del mundo.

Pero si deseas encontrar verdadero gozo, no será cuando tú seas colocada en el centro, porque en última instancia fuiste creada como un monstruo con un apetito insaciable que nunca podrá ser saciado.

Nancy: Por eso me gusta la imagen que usaste en un momento donde hablabas de un salmón nadando en contra de la corriente. A menudo hablamos con nuestros oyentes acerca de esto. Estamos llamando a las mujeres para sean salmones que nadan contra la corriente de la cultura.

¿Y por qué lo hacen los salmones? Lo hacen para tener sus bebés y después morir. Y tú dirás, «¡qué vida!» Pues qué ilustración tan hermosa del corazón de Dios y de la vida de Cristo. Es necesario nadar en contra de nuestra cultura para pensar bíblicamente sobre estos temas de la maternidad del matrimonio y de otras cosas.

Mencionaste hace un momento algo que pienso que es otra cosa muy grande que hala a las mujeres lejos de sus hijos o de la maternidad. No es solo el factor de la felicidad, el cual es enorme, pero también mencionaste los valores. Y este sentir es común para muchas en nuestra cultura. Hemos creado este monstruo económico que requiere dos salarios en las familias para poder sobrevivir.

Entonces las mujeres con las que hablo me dicen, «me encantaría estar en mi hogar. Me encantaría pasar más tiempo con mis hijos. Me gustaría no tener que estar fuera en el mundo laboral. Pero tengo que trabajar».

Si vamos a ser salmones nadando contra la corriente, pienso que tenemos que preguntarnos sobre nuestros valores y todas estas «necesidades» de la vida y sobre las cosas materiales. No estoy hablando acerca de mujeres que están tratando de ser extravagantes. Pero definitivamente hay que hacer algunos sacrificios quizás.

Janet: Las necesidades en contraposición a los deseos. Aquí es donde tienes que dirigirte al aposento y orar a solas. Literalmente tomar una libreta y lápiz y decir, «bien, ¿qué es irremplazable? ¿Qué no es perecedero? ¿Qué es lo que tengo que tener? ¿En realidad tengo que tener grandes pantallas de plasma en cada habitación de la casa? ¿Tengo que tener un equipo de DVD (disco de video digital)? ¿Tenemos que tener esos carros tan grandes? ¿Tenemos que tener esto? Y la lista sigue y sigue...

Nancy: ¿Tenemos que tener dos carros?

Janet: Exactamente.

Nancy: ¿Tenemos que tener televisión? Y aparte de las implicaciones morales o espirituales de algunas de esas cosas, lo que ha venido a ser definido como necesidades básicas, son cosas que ni siquiera se conocían en generaciones pasadas.

Janet: Absolutamente. Sabes, es contradictorio, particularmente cuando somos una nación que constantemente está en guerra. Cuando veo hacia el pasado y pienso en nuestras madres y padres, lo que hicieron para sacrificarse. Vivir racionando los alimentos, ¿puedes imaginarte esta cultura de hoy teniendo que enfrentarse con el tener que racionar la comida o las medidas o cualquier otra cosa?

Pero también creo que hay un aspecto más profundo en esta conversación, Nancy. Sé de muchas mujeres que dirían, «eso es correcto». ¿Será que las cosas satisfacen? Ese es realmente el meollo del asunto. ¿Eres más feliz con más cosas?

Entonces tenemos que tomar una decisión muy difícil y decir, «bien, cariño, vamos a tomar la Biblia, vamos a apagar la televisión, nos vamos a sentar en la mesa de la cocina, y vamos a escribir lo que en realidad son nuestras necesidades y lo que son nuestros antojos. Entonces vamos a hacer un inventario de todo lo que tenemos y decir, «si mañana perdiéramos todas estas cosas, ¿seríamos felices?»

En el libro de Hechos, leemos acerca de cuando empezó la persecución en Jerusalén y todos los santos fueron esparcidos. A menudo leo esto y pienso, «si hubiera una persecución y tuviéramos que ser esparcidos, la pregunta que me gusta hacer cuando estoy enseñando este pasaje es, ¿qué te llevarías si tuvieras que irte? Y si tú no eres capaz de prepararte y estar listo para planear y viajar ligeramente, entonces tienes un problema.

Nancy: No estamos tratando de poner a la gente bajo ninguna carga de culpa o de la ley, ni estamos diciendo, «si estás trabajando fuera del hogar, estás cometiendo pecado». Creo que lo que estamos haciendo es retando a las mujeres a que sean intencionales, y se pregunten:

¿Por qué estoy haciendo esto?

¿Cuál es mi motivación?

¿Qué estoy intercambiando por obtener esta ganancia?

¿Vale lo que cuesta?

Y deben estar dispuestas, si el Señor así dirige su forma de pensar, a ser radicalmente contraculturales. En Aviva Nuestros Corazones usamos muy seguido este término contracultural.

Janet: Me encanta.

Nancy: No es fácil. Es muy costoso. Es retador. Doy gracias a Dios, Janet, de que en esos años de crianza, en tu vida, tú estuviste dispuesta a resistir las voces de la cultura y fuiste capaz de decir, «no lo vamos a hacer de esa forma. Lo haremos en la forma en que creemos que Dios está guiando a nuestra familia».

Eso es lo que estamos haciendo realmente, retando a las mujeres para que se pongan de rodillas delante del Señor, junto a sus esposos, como hiciste tú, y decir, «no estoy segura de qué es lo que debe tener prioridad en esta etapa de la vida». Y Dios le dio a tu esposo valentía, fe y sabiduría para decir, «este es el camino. Yo y mi casa haremos lo que creemos que Dios pide de nosotros».

Janet: Nancy, déjame aclarar algo que dijiste, porque creo que diste es un punto importante. Las personas tal vez estén escuchando y estarán pensando, «oh, Janet y Nancy, lo hacen todo bien. No tienen problemas. Saben manejar todas estas cosas».

Nancy: Así es.

Janet: Hasta el día de hoy, sé que cuando viene alguna oportunidad a nuestras vidas, ambos tenemos que examinar, sopesar y orar porque sabemos que si decimos «sí» a algo, eso significa que debemos decir «no» a otra cosa.

En ocasiones veo a mi esposo y le digo, «yo sé que si acepto ese compromiso de ser charlista en ese evento, estaré apartada de ti este fin de semana». Entonces tengo que detenerme y hacer un inventario personal. Ves… esto nunca tiene fin.

Tienes que detenerte y hacer un inventario personal y decir, «¿cuándo fue la última vez que tuvimos la oportunidad de tener una conversación del alma?», como me gusta llamarle. He creado diez niveles de comunicación. En la mayoría de los casos cuando tenemos vidas muy ocupadas nos limitamos al nivel uno, dos o tres. «¿Llevaste al perro al veterinario? ¿Podrías ir a la tienda? ¿Se pagó la cuenta?» Eso es un tipo de comunicación pero es solo superficial.

Si quieres tener conversaciones del alma, tienes que ser —aquí tenemos esa palabra de nuevo— intencional. Intencional implica que estamos eliminando toda la interferencia que viene de fuera y que nos vamos a un lugar donde realmente estamos teniendo comunión el uno con el otro. No puedes hacer esto desde el aeropuerto o en un celular. Debes estar presente aquí para hacerlo.

Entonces queremos animar a las mujeres que están pensando, «ellas lo tienen todo bajo control». No creo que ocurra, hasta que el Señor te llame a casa, que uno termine de considerar, sopesar y de dirigirse a Él para pedirle, «Padre, mi vida, mi propia vida, no me pertenece a mí. No se haga mi voluntad sino la tuya. ¿Qué quieres que yo haga? ¿Quieres que vaya a ese lugar, a dar esa charla, que acepte esa oportunidad?

Y esto nunca termina, especialmente cuando vemos ese concepto al que te refieres de ser siervos. Le decimos a nuestro maestro a nuestro Señor y nuestro Rey, «Padre, ¿qué quieres que yo haga?»

Y muy a menudo para el creyente, no es el escoger entre lo bueno y lo malo. Es el escoger entre lo bueno y lo mejor. A veces esa es una decisión más difícil.

Nancy: Mientras te escucho hablar sobre cómo Dios los unió a ti y a Craig y lo que Dios ha hecho en sus vidas… Algunas personas que acaban de escuchar a Janet Parshall en la radio pensarían, «esta es una mujer muy fuerte; esta es una mujer independiente».

Pero tu vida está muy unida a la de Craig. ¿Cómo han forjado ese tipo de relación, ese matrimonio contracultural?

Janet: Sí, lo es absolutamente. Ha sido, oración, oración y oración. Oración primero, y oración al final y siempre. Es el retarnos el uno al otro, «¿dónde estás en las Escrituras? ¿Dónde estás en tu vida devocional? ¿Qué has escuchado antes? ¿Qué te está enseñando el Señor ahora mismo?»

Cuando salimos a caminar, y tenemos el privilegio de estar en un lugar muy hermoso de Virginia y nos encanta caminar, oramos al caminar. Caminamos y mientras vamos caminando vamos orando.

Es interesante, porque cuando uno ora como pareja —alguien dijo una vez, y pienso que está en lo cierto— no hay acto más íntimo entre esposo y esposa que el de orar juntos.

Revela quién eres. Es la parte más íntima de quien tú eres. Tienes que abrirte completamente ante el Señor, porque no puedes pretender delante de Él. Entonces tu pareja escucha lo que hay en tu corazón. Y entonces se da esta unión de corazones y mentes cuando tienes este tiempo para orar juntos.

Nancy: ¿Esto es algo que has hecho durante toda tu vida de casada?

Janet: Sí lo es. Desde el principio. Orábamos antes de empezar a cortejarnos y continuamos así. Oramos durante todo el tiempo de nuestro compromiso, y hemos estado orando juntos como pareja desde que nos casamos. Hemos estado casados por treinta y seis años y medio.

Entonces, Nancy, no ha sido la suerte. Como creyente, no creo en la suerte. La razón por la que nuestro matrimonio es tan fuerte ahora como cuando al principio, cuando dijimos, «sí, acepto», treinta y seis años atrás, es porque Cristo ha estado en el centro. Esto suena como algo teórico extraído de una lección de escuela dominical, pero es una verdad absoluta.

Cuando Cristo es el centro, tantas cosas se derivan de esto. Cuando reconoces que tu esposo es la cabeza del hogar, cuando puedes dirigirte a tu esposo y decirle, «confío en ti, creo en ti, ¿a dónde debemos ir con esto? ¡Qué gran consuelo y qué gran seguridad me proporciona esto a mí como esposa!

Nancy: Es interesante, a la luz de necesidades tan diferentes, esas necesidades tan distintas que menciona Efesios capítulo 5, de que el esposo debe amar a su esposa, lo cual llenará su necesidad de seguridad, y que la esposa debe respetar y someterse a su esposo. Todo este tema del respeto y de cómo esto llena las necesidades de él…

Janet:Absolutamente. Y me encanta el hecho que somos únicos y tan diferentes. Desde la perspectiva de los mortales, cuando piensas acerca del paradigma que es el matrimonio, no debería funcionar. ¿Dos pecadores bajo un mismo techo, viviendo felices y para siempre? No lo creo.

Como resultado de esta idea, te das cuenta que ahora tenemos una cultura orientada hacia el divorcio. Uno de cada tres matrimonios termina en divorcio. ¡Oh, cómo nos gustaría a ti y a mí decirles a aquellos que nos están escuchando que ese es un problema que ocurre fuera de la iglesia! No es así. Es un problema que se ha infiltrado dentro de la iglesia.

De nuevo, no estoy condenando. Pero este es un llamado al arrepentimiento y al avivamiento. Y hay que empezar por iluminar el origen del problema.

Las dos conocemos y amamos mucho a Bob Lepine. He tenido el privilegio de hablar con Bob en la cadena radial Moody sobre este tema en particular. Y él usó una palabra muy interesante, él dijo, «en todo este tema del divorcio, la palabra que sobresale es «dureza de corazón».

Esto va de la mano con lo que leemos en las Escrituras también. En algún momento los corazones se enfrían y cambian dramáticamente.

¿Qué hacemos para evitar que estos corazones se endurezcan? ¿Cómo los mantenemos tiernos y flexibles, maleables y receptivos a lo que Dios hará en nuestras vidas y también en nuestros matrimonios?

Es un trabajo difícil. Esto es lo que les he dicho a mis hijos, y dos de los cuatro están casados hoy. Les he dicho, «el matrimonio es como un jardín. Tienes que atenderlo de forma regular. Y como todo buen jardín, tiene que ser regado y las malas hierbas tienen que ser arrancadas. Necesita la luz del sol y necesita mucha ternura y amor. Si le das la espalda a tu jardín será derrotado por la mala hierba. Dale la espalda a tu matrimonio y también será derrotado».

Nancy: ¿A qué le atribuyes el aumento de cifras de divorcio en esta cultura de divorcio? ¿Hay algo más que solo corazones endurecidos? ¿Qué está contribuyendo a esto?

Janet: Una excelente pregunta. Solo déjame decirte, como observadora cultural –y creo que esto es probablemente lo que mejor describe mi trabajo– lo atribuyo a que Satanás ha entendido que si él puede atacar la unidad primordial, ese lugar donde puedes aprender a someterte a tu esposo como la cabeza de la familia, como Cristo es la cabeza de la iglesia, ese modelo, ese es el paradigma…

Si él puede atacar la institución donde los preceptos y principios de la palabra de Dios serán pasados a las siguientes generaciones y si él pudiera destruir esa institución, wao. Solo piensa en el legado negativo que dejaría.

De manera que él ha dejado sus huellas allí, como resultado del daño del divorcio. Y parte de sus mentiras insidiosas, mientras suenan los cascabeles de su cola, es algo que nos recuerda algo del pasado, «no eres feliz», «es que ya no te amo», «no soy feliz aquí», «hay algo mejor allá afuera».

Ahora, estoy dejando a un lado las situaciones donde existe un abuso real, donde ha habido adulterio. Me estoy refiriendo a estas que dicen, «es que ya no nos amamos». Eso es muy del movimiento feminista. Una de las cosas que el movimiento feminista le ha dado a nuestra cultura es esto que llamamos «el divorcio de mutuo acuerdo».

Había una vez, antes del surgimiento del movimiento feminista, que nosotros como cultura queríamos dificultar que los matrimonios terminaran. Construimos nuestro sistema de valores en esta cultura alrededor de la idea de que «lo que Dios ha unido no lo separe el hombre» (Mat. 19:6). Era parte de la ceremonia. Realmente creíamos en la necesidad de perpetuar y proteger esta institución.

Y entonces llegaron las feministas y dijeron: «No, si quieres salirte, debemos ser capaces de dejarte salir y no tienes que darnos ninguna razón. Así que te dejaremos hacerlo».

En este país es más fácil obtener un divorcio que casarte. Hay algo terriblemente mal con este cuadro cuando estos dos conceptos son evaluados uno al lado del otro.

Entonces si empezamos a promulgar la idea de que todo se trata de ti, si se trata de uno mismo y si tú eres el centro del universo y si la medida para tu felicidad no está donde tú crees que debería estar, entonces tu actitud será, «se me ha dado carta blanca para salir de esta relación».

Sin pensar en las consecuencias, sin entender lo que significa hacer un pacto, esta es una palabra muy poderosa, un pacto delante de Dios… le damos la espalda a esto porque decimos, «mis necesidades reemplazan el profundo mensaje y la verdad de las Escrituras».

Nancy: Y todo esto sin hablar del hecho de que estamos desechando la imagen a través de la cual Dios eligió revelar Su plan de redención y Su corazón. ¿Cómo puede esta próxima generación confiar en un Dios que mantiene sus pactos cuando no tienen padres que mantienen su pacto?

Janet: Ese es un punto excelente; muy, muy cierto.

Entonces ahí ves el ataque. Ahora, aquí es donde la iglesia tiene que modelar por el ejemplo. De hecho, déjame darte otra vez, y perdona si continúo metiendo estos asuntos de política pública. Me encantan porque reflejan tan bien las verdades de las Escrituras. Grandes debates surgieron en mi comunidad acerca de si debemos redefinir el matrimonio radicalmente, para incluir, honestamente, cualquier cosa que el hombre quiera hacer. El hombre debería poder hacer lo que esté correcto ante sus propios ojos.

Entonces mientras el hombre comenzó a redefinir todo esto, encuentro interesante que tantos que están a favor de estas nuevas y radicales definiciones no bíblicas, digan también, «bien, la iglesia tiene problemas con el divorcio. ¿Por qué no arreglan su propia casa antes de tratar de arreglar lo que nosotros queremos definir como un matrimonio?»

¿Y saben qué? Fue una herramienta muy efectiva para atacar. ¿Qué dice la Escritura? ¿Dónde empieza el juicio? En nuestra propia casa.

Nancy: En la casa de Dios, 1 Pedro 4:17

Janet: Exactamente.

Nancy: Hemos perdido nuestra plataforma. Hemos perdido nuestra credibilidad. Entonces una de las primeras cosas que los creyentes pueden hacer hoy, es hacer el evangelio creíble al permanecer casados.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado hablando con Janet Parshall, acerca de las políticas públicas y las prioridades. Ha sido refrescante el escuchar cómo esta presentadora radial radicada en Washington D. C. pone su matrimonio y su relación con Dios antes que cualquier otra cosa.

Mañana, Janet Parshall regresará para hablarnos acerca de los retos que ella enfrenta al tratar de vivir los principios bíblicos sobre la feminidad. Regresa a tu programa, Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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