Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Nombre sobre todo nombre, día 1

Annamarie Sauter: No te puedes salvar a ti misma, pero Dios ha hecho provisión para ti.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Jesús, nuestro Josué, nos salvó ahí en la cruz, al rehusar salvarse a sí mismo. En la cruz llevó nuestros pecados como si fueran de Él. Así es como «Jehová nos salvó», nos rescató de nuestro pecado. Recuerda, solo Dios puede salvar. Y cuando el ángel dijo de este bebé: «Él salvará a su pueblo de sus pecados», lo que el ángel estaba diciendo era que Jesús haría por nosotros lo que solo Dios podía hacer.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

A lo largo de la serie a la que damos inicio hoy queremos enfocarnos en conocer más a Jesús y Su obra redentora. Estaremos estudiando algunos de Sus nombres que encontramos en el libro de Isaías. Este es uno de los libros de la Biblia donde encontramos más profecías conocidas sobre nuestro Señor, y el que estamos leyendo juntas como parte del Reto Mujer Verdadera 365. Los capítulos para hoy son del 13 al 15. Entérate de los detalles acerca de este reto en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Bueno, y antes de adentrarnos en otros nombres, es importante que primero conozcamos la importancia del nombre «Jesús». Hoy Nancy nos habla acerca de esto al dar inicio a esta serie titulada, Nombre sobre todo nombre.

Nancy: Recientemente leí a un escritor que dijo: 

El nombre de Jesús es un nombre jubiloso que ha despertado más alegría y promovido más regocijo a través de todo el mundo que ningún otro… (El nombre de) Jesús es el más grandemente honrado y también el más penosamente odiado, el más aclamado y el más acusado de todos los nombres. Bueno, nuestro propósito aquí en Aviva Nuestros Corazones no es dirigir a las mujeres hacia Nancy DeMoss, o hacia algún escritor o conferencista, sino dirigir a las mujeres a JESÚS –el nombre que es sobre todo nombre.

  • Hay vida en Su nombre
  • Hay paz en Su nombre
  • Hay gracia en Su nombre
  • Hay plenitud en Su nombre
  • Hay sanidad en Su nombre

De hecho, todo lo que necesitas se encuentra en el nombre de Jesús.

El nombre de Jesús en sí mismo –ese nombre– se encuentra más de mil veces en el Nuevo Testamento. Toda la Escritura es acerca de Jesús. Necesitamos tener a Jesús. Ahí es donde encontramos todo lo que necesitamos. 

Quiero que hoy veamos un pasaje, si tienes tu Biblia contigo me gustaría que la abrieras en el Evangelio de Mateo en el capítulo 1, el primer libro del Nuevo Testamento. Aquí es donde encontramos la primera mención del nombre de Jesús en el Nuevo Testamento, se encuentra en el primer versículo del Nuevo Testamento, Mateo 1:1. Permíteme leer ahí:

«Libro de la genealogía de Jesucristo…» Estas son muy buenas noticias porque el último versículo del Antiguo Testamento habla sobre una maldición que cae en la tierra por causa del pecado de la humanidad.

Este es el panorama, sucedió la caída, tenemos la amenaza del juicio de Dios, el sentimiento de que no podemos vivir a la altura de la santa ley de Dios. Al final del Antiguo Testamento dices, «¡ayuda! Necesito ayuda». Y luego hay cuatrocientos años de silencio. La gente está perdida en su pecado, y entonces llegamos a ese primer versículo del Nuevo Pacto –el libro de la genealogía de Jesús. Jesús. Él está a punto de cambiarlo todo.

«Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos…» Versículo 16: «y Jacob engendró a José, el marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo…» Versículo 18: «y el nacimiento de Jesucristo fue como sigue. Estando su madre María desposada con José, antes de que se consumara el matrimonio, se halló que había concebido por obra del Espíritu Santo» (vv. 1, 2, 16, 18).

Ahora, detente ahí un momento y permíteme insertar un párrafo del relato de Lucas en Lucas capítulo 1. No necesitas ir ahí. Pero recuerda que un ángel se le apareció a María y el ángel le dice a María:

«Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo» (Lucas 1:31-32).

Ahora regresemos a Mateo 1:19:

«Y José su marido, siendo un hombre justo y no queriendo difamarla, quiso abandonarla en secreto».

Ahora, otra vez, solo un paréntesis aquí. Este era un medio legal para disolver el compromiso que ellos tenían. Y José era un hombre misericordioso. Dice que él no quiso hacerla un ejemplo público porque de acuerdo a la ley del Antiguo Testamento, pudo haber sido apedreada si era encontrada infiel durante el periodo de su compromiso. Él no quería que eso pasara, solo iba a romper legalmente y en silencio el compromiso.

Versículo 20: «Pero mientras pensaba en esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor, diciendo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque el Niño que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo. Y dará a luz un hijo».

Y ahora el ángel le dice a José lo que ya le había dicho a María:

«Y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados. Versículo 24: «Y cuando despertó José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer; y la conservó virgen hasta que dio a luz un hijo; y le puso por nombre Jesús» (vv. 20-21, 24-25).

Nuevamente, si podemos ir al Evangelio de Lucas al segundo capítulo, versículo 21, se nos dice que:

«Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, (al bebé) le pusieron por nombre Jesús, el nombre dado por el ángel antes de que Él fuera concebido en el seno materno» (Lucas 2:21).

Los bebés obtienen sus nombres de diferentes maneras. Voy a decir que siempre me asombro de algunos de los nombres que mis amistades jóvenes hoy les ponen a sus hijos. Y pienso, ¿dónde conseguiste ese nombre? Bueno, pienso que es como «una moda» salir con un nombre en el que nadie más haya pensado.

Obtienen sus nombres de diferentes maneras –a veces el nombre es escogido por la mamá o por el papá. Tengo una amiga que acaba de llamar a su bebita con el nombre que su niña de tres años escogió para ella. Así que a veces puede ser un hermanito el que escoge el nombre. Puede ser el nombre de una amiga o de una celebridad. A mí me pusieron el nombre de mi mamá. Mi madre es Nancy DeMoss, y por eso yo siempre fui conocida como «pequeña Nancy» o «Nancita». Así obtuve mi nombre.

Bueno, el nombre de Jesús fue escogido por Su Padre celestial. Ahora, recuerda que Jesús siempre existió. Él no comenzó a existir cuando nació en Belén. Jesús existió eternamente en el cielo como el Hijo de Dios. Pero antes de venir a este mundo, antes de que Él fuera concebido o que naciera como un bebé, un ángel anunció Su nombre, primero a Su madre María, leímos eso en Lucas 1, y luego a Su padre terrenal, como acabamos de leer en Mateo 1.

Ahora, si lees un resumen biográfico de alguien –digamos, quizás de tu pastor… y alguien viene a tu iglesia y va al sitio web de tu iglesia, y hay un resumen biográfico sobre tu pastor, este puede incluir títulos y varias designaciones. Por ejemplo, el pastor tal y tal, es un autor o conferencista o consejero. Estos son los términos que describen lo que él hace, sus funciones, sus roles.

Tal vez hay un Dr., al lado de su nombre y luego dice dónde estudió y qué tipo de doctor es. Eso te dirá algo acerca de su educación o de su entrenamiento. Pero ninguno de esos títulos o descripciones son su nombre real. No le llamas «consejero» o «conferencista». Puedes llamarle «doctor» pero su nombre real no es ninguno de esos.

Hay muchos títulos y descripciones de Jesús de los que hablaremos durante toda esta serie, cosas que hablan sobre Sus funciones, pero el nombre del que estamos hablando hoy, Jesús, es su nombre propio, el correcto. Ese es su nombre real. Es un nombre importante.

Jesús era un nombre común en la época del Nuevo Testamento. Muchos padres judíos llamaban a sus hijos Jesús. De hecho, Jesús, mientras lees a través del Nuevo Testamento, a menudo verás que es llamado «Jesús de Nazaret». Esa era una manera de distinguir a este joven, a este bebé, a este adolescente, de otros niños llamados Jesús. Nazaret era un pueblo pequeño. No había muchos jóvenes de su edad allí. Y así cuando Jesús estaba en otro pueblo, le decían «Jesús de Nazaret», lo que era una manera de distinguirlo de otros niños u hombres llamados «Jesús».

Así que el hecho de que Él tuviera un nombre ordinario como otros niños, como otros jóvenes, otros hombres mayores, apunta al hecho de que Jesús fue humano. Pero este nombre común se hizo poco común en los anales de la historia. Era absolutamente único por el significado asombroso que el ángel le dio. «Le pondrás por nombre Jesús, (nombre ordinario) porque Él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mat. 1:21). Absolutamente extraordinario –ningún otro Jesús como este.

El autor Warren Wiersbe lo dice de esta manera:

«El nombre que le das a tu hijo tal vez no determine su destino, pero el nombre que fue dado a nuestro Señor era parte de Su destino».

Jesús. Ese nombre nos revela por qué vino al mundo. Reúne Su misión, Su propósito, Su destino.

Para entender la importancia y el significado de este nombre, tenemos que regresar al Antiguo Testamento. El nombre Jesús era el equivalente griego al nombre del Antiguo Testamento Josué. Ese nombre Josué viene de dos palabras pequeñas, cortas en hebreo. La primera es Jehová y la otra es el verbo que significa salvar. Así que el nombre Josué significa Jehová salva, Jehová libera, o Jehová es salvación. Ese es el significado de esta palabra hebrea Josué.

Ahora, recordarás que hubo dos Josués en el Antiguo Testamento. El primero es el más conocido –el que fue el asistente y sucesor de Moisés– de quien toma el nombre el sexto libro del Antiguo Testamento.

Josué fue un conquistador. Peleó las batallas de Israel. Él fue quien Dios usó para liberar a Su pueblo de sus enemigos. Josué guió a los hijos de Israel del desierto a la tierra prometida –el lugar de abundancia, paz y descanso que Dios les había dado como herencia.

Este Josué fue un prototipo de Jesús –nuestro Josué, nuestro Salvador, nuestro Redentor, nuestro Libertador. Nuestro Josué, nuestro Jesús pelea nuestras batallas. Él ha conquistado cada enemigo incluyendo la muerte. (Ver 1 Cor. 15:26) Y es nuestro Josué –Jesús– quien nos capacita para ser victoriosas sobre la tentación y sobre el pecado. Nuestro Josué –Jesús– nos lleva a la herencia espiritual que Dios nos ha prometido. Y nuestro Josué –Jesús– ha ido más allá y ha trascendido la obra de salvación de Josué.

Ahora, hay un segundo Josué en el Antiguo Testamento que quizás no sea tan familiar para ti. Él fue un sumo sacerdote durante la era en la que un remanente de judíos que habían sido exiliados a Babilonia, regresó a Israel a reconstruir el templo. Esto fue en los días de Esdras y de los profetas Hageo y Zacarías. En el libro de Zacarías capítulo 6, Dios le dice al profeta, «haz una corona (de plata y oro)». Las coronas eran usadas por los reyes, así que esta era una señal de realeza. Y Dios dice, «haz una corona (de plata y oro) y ponla en la cabeza del sumo sacerdote Josué» (Zac. 6:11).

Esto es interesante si te pones a pensarlo porque en el Antiguo Testamento había una división estricta de poderes entre sacerdotes y reyes. Esto nunca había sido hecho antes, el ponerle una corona real en la cabeza a un sacerdote. Estos dos roles siempre se habían mantenido totalmente separados. Pero esos dos roles de rey y sacerdote estaban simbólicamente combinados en una persona llamada Josué –claramente una imagen de Jesús– Jehová salva, Jehová libera. Es una imagen de nuestro Jesús que fue tanto rey como sacerdote.

Bien, estos dos Josués del Antiguo Testamento apuntaban, miraban hacia Aquel que con el tiempo llevaría este gran nombre. ¡Jehová salva! Jesús –nuestro Josué. Y casi cada vez que ves en el Antiguo Testamento la palabra salvación, es la misma palabra que es la raíz del nombre hebreo Josué y el nombre griego Jesús. Así que estas tres palabras van juntas: Josué, Jesús, y salvación.

Cuando ves la palabra salvación en el Antiguo Testamento, a menudo se refiere a la liberación física –salvación de enemigos, de daño físico, catástrofes, desastres naturales, hambre, plagas, enfermedades, salvación, liberación de asuntos físicos. Pero recuerda que Dios está interesado en algo más que nuestro bienestar físico. Él está interesado en la salvación de nuestras almas, en liberarnos de nuestro más grande enemigo, la raíz de todo problema, que al final de cuentas es nuestro pecado. Esa es la liberación, la salvación que más necesitamos.

La fuente de esa salvación siempre es alguien fuera de nosotros mismos. No nos podemos salvar a nosotras mismas. Necesitamos que nos rescaten. Necesitamos un libertador. Necesitamos un Salvador. Por eso el ángel dijo: «Y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mat. 1:21). Jehová salva, Jehová es salvación. Él librará a Su pueblo de su más grande enemigo, que es el pecado.

Jesús, nuestro Josué, nos salva de la penalidad del pecado, de su castigo, de la ira de Dios que merecemos justamente por nuestros pecados. (ver Rom. 5:9). También nos salva del poder del pecado. El pecado nunca más tendrá dominio sobre ti, dice el apóstol Pablo en Romanos capítulo 6. Y un día, gracias a Jesús, Dios nos liberará de la misma presencia del pecado. ¿Quién es que hace todo esto posible? Jesús. Josué. Nuestro Jesús, Jehová salva.

¿Cómo nos salvó Jesús de nuestro pecado? Recordarás que cuando Jesús fue crucificado había un letrero en la cruz que decía «Jesús de Nazaret». Jesús, ese nombre común del hebreo JosuéJehová salva. Este no solo era un nombre común, sino que también era un nombre altamente respetado. La gente respetaba a Josué en el Antiguo Testamento –Jehová salva. Pero ahora, aquí está Jesús colgado en la cruz, muriendo como un criminal común. Por eso la gente decía, «si Él verdaderamente salva, que se salve a sí mismo».

Jesús, nuestro Josué, nos salvó ahí en la cruz, al rehusar salvarse a Sí mismo. En la cruz llevó nuestros pecados como si fueran de Él. Así es como Jehová nos salvó, nos rescató de nuestro pecado. Recuerda, solo Dios puede salvar. Y cuando el ángel dijo de este bebé: «Él salvará a su pueblo de sus pecados», lo que el ángel estaba diciendo era que Jesús haría por nosotros lo que solo Dios podía hacer». ¡Yahveh salva! Yahveh –Jehová es salvación. Eso es exactamente lo que Dios ha hecho por nosotros en Jesús. Jesús es Dios salvándonos de nuestros pecados.

Ahora, ¿qué significa eso para nosotras? Quiero darte tres puntos clave acerca del nombre de Jesús. Número uno: Hay perdón en ese gran nombre. Él vino a salvarnos de nuestros pecados. En Hechos capítulo 4 el apóstol Pedro dijo, «porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos» (Hech. 4:12). Podemos creer en el nombre de Jesús y ser salvas. Eso quiere decir ser perdonadas de nuestros pecados.

Recuerdo que en Marcos 10, cuando el ciego Bartimeo clamó, «Jesús de Nazaret, ten misericordia de mí». Él sabía, Bartimeo sabía que la salvación estaba pasando ese día delante de él. Salvación –Jesús– Jehová salva –Josué– Jehová es salvación.

Cuando ese ladrón en la cruz vio ese letrero, «Jesús de Nazaret», ese nombre le dio esperanza. Él confió en Jesús, Jehová, para salvarlo. Y ese ladrón en ese momento fue perdonado de todo sus pecados y se le dio entrada al paraíso. Porque, mira, los pecadores no pueden entrar al cielo. Y ese ladrón quería estar en el paraíso con el Padre celestial. Y Jesús, Jehová lo salvó ese día.

Hay perdón en ese nombre. Eso significa que si eres una hija de Dios, Jesús no te salvó para que continúes disfrutando de tu pecado, para que coquetees con el pecado, para que ames el pecado, para que seas adicta al pecado. Jesús vino para salvarte de tu pecado –no solo de la culpa, no solo de la penalidad, sino que también vino a quitar tu amor por el pecado. Él vino a darte victoria sobre el pecado. Todo eso es parte de lo que significa ser salva de tu pecado. Así que hay perdón en Su nombre.

Luego, hay poder en Su nombre. Podemos hacer toda una sesión acerca de esto. Solo ve al libro de los Hechos y mira todas las cosas que pasaron en el nombre de Jesús –los milagros que se hicieron, las vidas que cambiaron, las oraciones que fueron contestadas en el nombre de Jesús. El nombre es el nombre que nos da acceso a los tesoros más grandes de Dios. Juan 20 nos dice que «hay vida en su nombre» (ver v. 20). Desde luego que sabemos que el poder no está en el nombre en sí mismo, sino en la persona que lleva ese nombre. Hay perdón en ese nombre. Hay poder en Su nombre.

Así que solo quiero que recordemos algo que tú y yo sabemos pero que a veces perdemos de vista, y es que Su nombre es precioso. Es precioso. Es de gran valor. Lo que era un nombre común en la época del Nuevo Testamento se convirtió en «el nombre sobre todo nombre» (ver Fil 2:9). Es un nombre que debe ser tratado con gran reverencia.

Tristemente, a menudo escuchamos el nombre de Jesús usado de manera profana por aquellos que no lo conocen, y si lo conocieran no pensarían en usar Su nombre de esa manera. Pero pienso que lo que quizás es más triste, es cuántas de nosotras, que decimos que conocemos a Jesús y quizás sí lo conocemos, a menudo usamos Su nombre casualmente o a la ligera. Quizás cuando estamos cantando de Su nombre en lugar de ofrecer adoración sincera, solo estamos adorando de labios, por fuera, solo cantando sin pensar. Eso es tratar al precioso nombre de Jesús a la ligera.

¿Amas Su nombre? ¿Lo respetas? ¿Le das honor? Filipenses 2 nos dice:

«Dios…le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de (dilo conmigo) Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre» (vv.9-11).

Y oh Señor Jesús, amamos Tu nombre. Te amamos. Te damos gracias porque hay perdón en Tu gran nombre. Te damos gracias porque hay poder en el nombre de Jesús. Te damos gracias porque Tu nombre es precioso. Ayúdanos a apreciar ese nombre como el nombre que es sobre todo nombre. Y en ese gran nombre te damos gracias. Amén.

Annamarie: Amén. Has estado escuchando una enseñanza de Nancy DeMoss Wolgemuth acerca del nombre «Jesús». Este es el primer programa en la serie titulada, Nombre sobre todo nombre.

Es fácil acostumbrarnos al nombre «Jesús» o a otros que estaremos viendo en los próximos días, pero debemos orar para que Dios renueve nuestro asombro por Él. Esto es lo que queremos en la medida en que le conocemos a través de Su Palabra.

En el programa de mañana Nancy nos hablará acerca de un nombre de Jesús que encontramos en Isaías capítulo 7, asegúrate de acompañarnos para descubrir cuál es y su significado, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Viviendo juntas la belleza del evangelio, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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