Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Nombre sobre todo nombre, día 8

Annamarie Sauter: ¿Has pensando en lo diferente que es el cristianismo de otras religiones? 

Nancy DeMoss Wolgemuth: En las otras religiones la salvación se obtiene ofreciendo sacrificios a los dioses. Pero en el cristianismo, la salvación se gana cuando Dios se inclina y sirve a aquellos que Él ha creado. ¡Y esa es sublime gracia!

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Aquí está Nancy con la continuación de nuestro estudio titulado, Nombre sobre todo nombre.

Nancy: Si se le preguntara a un grupo de personas, «¿qué preferirían ser, rey o  siervo?» ¿Qué crees que la mayoría respondería? Ahora, piensa en esto por un momento. Los reyes tienen poder, tienen influencia y control. Los reyes son importantes y ricos… ¿y los siervos? Bueno, los siervos están al otro lado de la escala en todos los aspectos, ¿no es así?

Así que, dadas las opciones, creo que la mayoría de la gente preferiría ser un rey y no un siervo. Creemos que un rey es más glamoroso. ¿Quién quiere ser un siervo? A lo largo de la historia de la salvación, a través de toda la Escritura, vemos que Dios ciertamente es un rey. Él es el Rey de toda la creación. Por lo tanto, se deduce que en todo el Antiguo Testamento, veríamos a las personas sirviéndole.

Él es el Rey, ellos son los siervos. Así que tenemos a Abraham, Isaac, Jacob y Moisés… Todos ellos fueron identificados como siervos escogidos del Señor. Él es el Rey; ellos eran los siervos. Ahora, estos hombres y otros que sirvieron al Señor consideraban ambas cosas una obligación, el servir a Dios, pero también un gran e increíble privilegio.

Imagínate, tú puedes llegar a ser una sierva del Señor, y Él es el Rey, después de todo. Por lo tanto, nuestro servicio se debe a Él. Él es digno de que le sirvamos. Él es sin duda el Rey.

Ahora, es increíble para mí que el Rey y Soberano Señor de este universo—Dios, Jehová Todopoderoso—ordenó aún antes de la fundación del mundo que Él salvaría a sus súbditos, al humillarse, condescender, y enviar a Su Hijo a la tierra como un siervo, como un esclavo.

Piensa en eso. Ese es el problema con algunas de nosotras que hemos estado en la iglesia por mucho, mucho, mucho tiempo. Hemos escuchado todas estas cosas, y al pasar el tiempo tenemos esta mirada como vidriosa. ¡Perdemos el asombro! El Dios Soberano y Rey del universo ordenó, incluso antes de que Él creara la raza humana, que Él un día enviaría a Su Hijo al mundo para ser un siervo, para salvar a Sus súbditos.

La Escritura tiene muchas profecías en el Antiguo Testamento que nos dicen que Él sería un siervo—el Mesías sería un siervo. De hecho, cuando llegas al libro de Isaías, este tema se ve particularmente resaltado.

Déjame animarte a ir a Isaías capítulo 42. En Isaías, comenzando en el capítulo 42, desde ahí hasta el capítulo 53, tenemos cuatro Cánticos del Siervo (algunos dirían que hay cinco). Hay por lo menos cuatro Cánticos del Siervo. Estos son poemas que se encuentran en la última parte del libro de Isaías.

De hecho, empezando en el capítulo 40 hasta el capítulo 53, vemos esta frase repetida 20 veces: «el siervo del Señor», o «el siervo de Jehová». A veces ves, «mi siervo» o «su siervo». Este es un tema prominente en la segunda mitad de Isaías. Y muchos de esos son profecías mesiánicas de Jesús.

A veces, cuando ves «el siervo del Señor», o «mi siervo», se refiere a la nación de Israel. Por ejemplo, en Isaías capítulo  41 versículo 8 dice: «Pero tú, Israel, siervo mío, Jacob, a quien he escogido, descendiente de Abraham, mi amigo». Está hablando de la nación de Israel que fue ordenada para ser siervo del Señor.

Verás, de todos los pueblos de la tierra, Dios eligió a la nación de Israel para ser Su siervo, Su mensajero, para llevar Su luz y Su ley a las naciones del mundo. Ellos tenían que hacer eso a través de sus palabras; hacerlo a través de su ejemplo. Los judíos estaban destinados a ser siervos de Dios, un canal de bendición para el mundo.

Pero Israel falló en cumplir con su llamado como el siervo del Señor. Así que en otros lugares, sobre todo en el libro de Isaías, vemos que este siervo ya no es una nación, no es Israel. Este siervo ahora es un individuo. Los pronombres pasan de plural a singular –a él. Este individuo es un siervo fiel y justo que lleva a cabo perfectamente los propósitos de Dios, los propósitos que Israel falló en cumplir como el siervo del Señor.

Quizás tú me digas, «bueno, pero estoy un poco confundida». Bueno, pues así  exactamente es como se sentían esos judíos del Antiguo Testamento, porque ellos solo podían ver esto vagamente; solo se les estaban dando destellos de esto en el libro de Isaías y en otras profecías del Antiguo Testamento. Tenemos el siervo que es Israel –¿de qué se trata todo esto? Luego hay un siervo que es una persona, este siervo fiel y justo. Esto solo se aclara en la medida en que nos vamos acercando al Nuevo Testamento. Está un poco borroso en el Antiguo Testamento, pero se va aclarando a medida que entramos en el Nuevo Testamento.

Quiero empezar en el Antiguo Testamento, en Isaías 42, donde se introduce por primera vez este siervo ideal, justo y fiel. Este es el primer Cántico del Siervo en el libro de Isaías. En los primeros cuatro versículos de este capítulo, el capítulo 42, Dios habla acerca de este siervo. En los versículos del 1 al 4, habla acerca de su identidad, de su misión, y la forma en que Él estaría cumpliendo llevando a cabo esa misión. Luego, en los versículos del 5 al 9, Él le habla a su siervo.  

Así que permíteme leer los versículos del 1 al 4:

«He aquí mi Siervo, a quien yo sostengo, mi escogido, en quien mi alma se complace. He puesto mi Espíritu sobre Él; Él traerá justicia a las naciones. No clamará ni alzará su voz, ni hará oír su voz en la calle. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo mortecino; con fidelidad traerá justicia. No se desanimará ni desfallecerá hasta que haya establecido en la tierra la justicia, y su ley esperarán las costas».

Ahora, te estarás rascando la cabeza y preguntándote, «¿de qué está hablando todo esto?» Eso es lo que los judíos del Antiguo Testamento estaban haciendo. Pero entonces llegas al Nuevo Testamento y en Mateo capítulo 12, se nos dice explícitamente que este pasaje de Isaías 42… –Mateo 12 cita este pasaje– es una profecía mesiánica que se cumplió en Jesús. Ese pasaje está hablando de Jesús. Pero no nos damos cuenta hasta que llegamos al Nuevo Testamento.

Así que este pasaje habla de Su identidad. «He aquí mi Siervo», dice Dios, «a quien yo sostengo, mi escogido, en quien mi alma se complace. He puesto mi Espíritu sobre Él». ¿Y no te recuerda esto algo que leíste en el Nuevo Testamento? ¿Recuerdas el bautismo de Jesús en Mateo capítulo 3?

Jesús es bautizado por Juan. Él sale fuera del agua. Se abren los cielos. El Espíritu desciende sobre Él…viene a reposar sobre Él como una paloma («he puesto mi Espíritu sobre Él»), y una voz del cielo, ¿qué dice esa voz? «Este es mi Hijo amado en quien me he complacido» (vv.16–17).

Dios está diciendo: «Este es Mi escogido, en quien Mi alma se complace. He puesto Mi Espíritu sobre Él». Esta descripción del Mesías también describe lo que Israel, el siervo del Señor, estaba llamado a ser. Estaban llamados no a tener una relación fría y formal con Dios, sino a tener una posición y un llamado cálido y honorable como el siervo del Señor.

Ellos fueron elegidos de todas las naciones de la tierra con este propósito—no porque ellos fueran especiales, sino solo porque Dios los amaba. Y cuando Israel falló en  cumplir su llamado de ser el siervo del Señor, Dios entonces envió otro Siervo. Él envió a Jesús para cumplir lo que Israel había fallado en cumplir—el siervo del Señor.

Vemos la misión del Siervo en este pasaje: «Él traerá justicia a las naciones…» (v.1). Versículo 3: «…con fidelidad traerá justicia…» Versículo 4: «…y su ley (establecerá en) las costas». Ahora, esta justicia no solo es en un sentido limitado y legal, sino que implica proclamar el estándar santo de Dios y traer al mundo a una alineación con todos los propósitos eternos y la verdad de Dios.

Esta justicia está cambiando todas las cosas a lo que es recto. ¿Y qué es lo que es recto, lo que es correcto? El estándar de la santidad de Dios. Es traer al mundo entero de vuelta a una alineación con Dios y con Su santidad. ¿Y cómo podrá este Siervo del Señor cumplir su misión? Bueno Isaías 42 nos dice que no era de la forma en que los judíos esperaban que el Mesías actuaría. Ellos pensaron que cuando Él viniera (para el momento cuando llegas a la época romana en el Nuevo Testamento), ellos pensaron que Él actuaría con acciones y palabras de fuerza.

Pero este Siervo no viene, según Isaías  42, con fuerza militar o con poderío militar.  Por el contrario, el versículo 2 nos dice que este Siervo del Señor, «no clamará ni alzará su voz, ni hará oír su voz en la calle». Él no impondrá su mano dura sobre otros a fin de forzar su agenda. Él no tratará de superar a gritos a sus oponentes.

¿Sucede eso en tu familia? Entras en una discusión, y levantas la voz porque quieres demostrar que tienes razón y que la otra persona está equivocada, y el volumen es cada vez más y más alto. Bueno, pues Jesús no lo hace de esa manera. Así no es como Él gana.

Quizás ves algunos programas de noticias hoy, y ves justamente lo opuesto de lo que se describe aquí. Ves estos programas de entrevistas, y la gente gritando, todos están hablando al mismo tiempo unos sobre otros; discutiendo y tratando de probar su punto o debatiendo. Eso no sucede con el Siervo del Señor. La Escritura nos dice que Él va a tener un espíritu suave, manso y sereno, que 1 Pedro nos dice que a los ojos de Dios es muy precioso.

Amigas, escuchen, cuando somos llamadas a tener un espíritu afable y apacible, somos llamadas a ser como este Siervo del Señor…a ser como Jesús. «No clamará ni alzará su voz, ni hará oír su voz en la calle». Él no va a forzar su camino. Versículo 3: «Él no quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo mortecino».

La caña cascada es una planta frágil que ha sido herida. Y el Siervo del Señor, el Mesías, no la va a quebrar (esa palabra quiere decir como «machacar, destrozar»). Él no va a quebrar estas vidas que han sido dañadas y que están magulladas. Él va a lidiar con cuidado y suavemente con ellas. Estas cañas cascadas, estas personas cuyas vidas han sido maltratadas y dañadas, pueden parecer inútiles o inservibles para los demás. Puede parecer que no hay remedio o reparación posible, pero este Siervo del Señor, este Mesías, Él puede reparar y fortalecer esas vidas—esas cañas maltratadas—y volverlas y hacerlas útiles.

Eso es lo que el Siervo del Señor va a hacer, «y tampoco apagará el pabilo mortecino».  Una traducción la llama «la mecha que apenas arde». Sabes que en una lámpara de aceite, cuando ya casi no queda aceite la llama está a punto de apagarse, entonces la mecha comienza a humear. No hay luz allí. Es un pabilo humeante, una mecha ardiendo muy débilmente. Este pabilo casi está por apagarse. Cuando está fundida, ya no sirve para nada, no es buena para nada. No puede brillar.

Así que este Mesías, este Siervo del Señor, vendrá y va a encontrar estas mechas que están ardiendo muy débilmente, pero no las apagará. Él no las extinguirá, no las descartará. Él ve valor en ellas, y suple el aceite del Espíritu que a esas mechas débiles les hace falta. Con ese aceite nuevo, Él entonces las sopla y hace que brillen otra vez y las hace útiles.

Este es el Siervo redentor del Señor. Ves esto cumplido en los evangelios al ver a Jesús poniendo su mirada en «los más pequeños», cuidando y tratando suavemente con aquellos que eran considerados inútiles, aquellos que eran considerados más allá de posible reparación. ¿De quién se preocupaba Jesús? De los ciegos, los sordos, los cojos, los leprosos, los marginados, los endemoniados, los promiscuos sexuales, aquellos cuyas vidas estaban rotas, magulladas, y ardiendo muy débilmente.

Él los recoge y sopla vida nueva en ellos –la vida del Espíritu Santo. Él restaura esa llama. ¡Aleluya, qué Salvador! Eso es lo que el Siervo del Señor hace. Y quizás hay algunas cañas cascadas entre las mujeres que nos escuchan. Algunos pabilos humeando débilmente. Eso es lo que el Señor quiere hacer en tu vida.

Tal vez hay cañas cascadas en tu vida, algunas llamas ardiendo débilmente en tu familia o en tu esfera de influencia. Nosotras como Sus siervas –como el Siervo del Señor– debemos tener ese mismo tipo de ministerio en esas vidas. El versículo 4 dice: «No se desanimará ni desfallecerá hasta que haya establecido en la tierra la justicia». Ahora, eso es interesante. Aquí tienes que buscar la traducción original en hebreo.

Cuando dice «no se desanimará», esa es la misma palabra usada en el versículo anterior para hablar «del pabilo mortecino». No se desanimará, esa palabra significa «ser débil o estar abatido o descorazonado». Él no va a renunciar. Él no va a renunciar a otros. Él no se va a dar por vencido hasta que los propósitos de Dios se hayan cumplido. Él no se volverá cada vez más débil o se desanimará. Esa palabra es la misma palabra que se ve en el versículo anterior como «cascada», como una caña cascada.

Él no se desanimará. Él va a ayudar a la gente desanimada, Él va a ayudar a las personas abatidas, las personas heridas, las personas magulladas, las personas que apenas están ardiendo, pero no se dará por vencido, no se fatigará. Esa llama del Espíritu Santo dentro de Él seguirá ardiendo y Él seguirá adelante aún cuando sea difícil, incluso cuando Él tenga que ir a la cruz y dar su vida como el Siervo del Señor. Él no se fatigará ni desmayará, hasta que todos los propósitos de Dios hayan sido establecidos, por el Siervo del Señor.

La misión de este Siervo será llevar a cabo los propósitos del reino de Dios en todo el mundo. Al hacerlo, Él sufrirá grandes injusticias, pero lo hará en silencio y voluntariamente. No gritará, no levantará su voz en defensa propia. Él buscará justicia para los demás, pero nunca la va a exigir para Sí mismo. A pesar de lo que Él sufra, Él no permitirá que nada le impida hacer lo que el Padre le ha enviado hacer en esta tierra.

Él es el Siervo ideal. El Siervo Fiel. El Siervo Justo. El Siervo que vino a cumplir y a ser el sustituto de lo que Israel estaba destinado a hacer en esta tierra como el siervo del Señor. Ahora, en Isaías 42 en los versículos del 5 al 9, Dios habla a Su Siervo. Él dice en el versículo 6:

«Y te pondré como pacto para el pueblo, como luz para las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de la prisión a los que moran en tinieblas».

El Mesías sería el Siervo del Señor, vendría para dar luz en la oscuridad, para liberar a los presos que estaban atados. Por supuesto, sabemos que esto se cumplió en la vida y en el ministerio, en la muerte y la resurrección de Cristo.

Recuerda que hemos dicho ya varias veces que Israel se suponía que era el siervo del Señor, el mensajero del Señor. Israel estaba llamado a ser luz para las naciones, traer libertad a los pueblos del mundo. Pero ellos fallaron. Y de hecho, mira debajo en el versículo 19. Ellos mismos, los que se suponía iban a ser el siervo del Señor, ellos mismos estaban ciegos y en esclavitud, dice a partir del versículo 19:

«¿Quién es ciego sino mi siervo (Israel), tan sordo como el mensajero a quien envío? (Tú has visto muchas cosas, pero no las observas; los oídos están abiertos, pero nadie oye) …Mas este es un pueblo saqueado y despojado, todos atrapados en cuevas, o escondidos en prisiones; se han convertido en presa sin que nadie los libre» (v. 19–22).

¿Captaste la idea? Debido a que el pueblo elegido de Dios, supuesto a ser el siervo del  Señor, debido a que ellos no quisieron servir al Señor, se convirtieron en siervos de sus enemigos. Se convirtieron en esclavos. Así que Dios envió a Su Hijo Jesús, el Siervo ideal, el Mensajero del Señor, que vino a esta tierra para rescatar y liberar a los que se suponía iban a ser sus siervos en primer lugar.

El Mesías vino a traer luz. Vino a traer libertad de la esclavitud. El pueblo de Dios, Su pueblo escogido, en vez de caminar en la luz, andaba en la oscuridad; estaba ciego, estaba sordo. En lugar de proclamar libertad a las naciones como se esperaba, ellos mismos estaban caminando en esclavitud. Así que Dios envió a Su Siervo, Su Hijo, el Mesías, Jesucristo, a la tierra para brillar en la oscuridad, para liberarlos de la esclavitud, para que ellos pudieran volver a ser siervos del Señor, para enviar luz y libertad al resto del mundo.

¿Ves qué increíble es este Siervo del Señor? El Rey se convirtió en un esclavo, un siervo, con el fin de salvar a sus súbditos. Filipenses 2 lo dice de esta manera:

«El cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres» (v. 6–7).

Jesús en Marcos capítulo 10 lo dice de Sí mismo:

«Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos».

Nos encanta ese versículo, y pensamos: «¡Oh, qué precioso, qué maravilloso es eso». ¡En la mentalidad de los judíos del primer siglo, eso era increíble! ¡Era un escándalo que un rabino, un rey, tomara el lugar de un siervo!

Eso fue lo que Pedro pensó en el aposento alto. En Juan 13 leemos, «después de que Jesús y Sus discípulos celebraron la fiesta de la Pascua, Jesús se quitó Su manto y ató una toalla en Su cintura. Puso agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de Sus discípulos, y a secarlos con la toalla que estaba alrededor de Su cintura». Y Pedro le dice: ¡Jesús! Señor, ¡de ninguna manera! ¡Esto es una locura! ¡Nosotros deberíamos estar haciendo esto!» (paráfrasis).

Y ese es exactamente el punto, se supone que nosotras debemos ser las siervas. Pero no lo fuimos, porque no lo somos, porque no servimos, porque no hemos cumplido con los propósitos de Dios para nosotras como siervas, Dios envió a Su Hijo a Jesús, el Siervo ideal.

Por cierto, esa es una diferencia poderosa entre el cristianismo y las otras religiones del mundo. En las otras religiones, la salvación se obtiene ofreciendo sacrificios a los dioses. Pero en el cristianismo, la salvación se gana cuando Dios se inclina y sirve a aquellos que Él ha creado. ¡Y esa es sublime gracia!

Así que Dios les dice a los judíos en los días de Isaías, y Él nos dice a nosotras en estos días: «He aquí mi Siervo». Israel fue llamado, fue elegido para ser el siervo de Dios, para ser una bendición, para traer bendición de Dios al mundo, y Jesús vino a hacer entonces lo que Israel falló en hacer. Nosotras, por igual, hemos sido elegidas para ser siervas del Señor, para llevar a cabo Sus propósitos en tu hogar, en tu iglesia, en tu comunidad, en este mundo.

¿Estás de acuerdo conmigo cuando digo que hemos fallado en ser las siervas que deberíamos ser? ¿Que estamos demasiado ocupadas preocupándonos de ser servidas, tratando de satisfacer nuestras propias necesidades? Queremos que los demás nos sirvan. Si estás en el mundo cristiano, sí, se supone que debes ser una sierva. Queremos servir. Queremos ser siervas, hasta que alguien llega y nos trata como a una, ¿no es verdad? Y entonces decimos, «¿sabes quién soy? ¡Soy la mamá de…! o lo que sea. 

Queremos ser servidas, no queremos servir. No queremos entregar nuestras vidas. No cuando es un inconveniente o cuando es costoso. Fracasamos, pero Jesús es el Siervo   ideal, el sustituto del siervo fracasado. Él tuvo éxito donde nosotras fracasamos. Él viene a nosotras, no solo como un buen ejemplo. («Oh, sé como Jesús porque Él es un buen ejemplo») No, es a través de Su muerte, de Su obediencia hasta la muerte en la cruz, que Él nos restauró.

Ahora, Él ha puesto en nosotras Su Espíritu. Recuerda que leímos en Isaías 42: «He puesto mi Espíritu sobre Él». Vemos en el bautismo de Jesús que el Espíritu vino y se posó sobre Él. Ahora Él ha puesto ese mismo Espíritu—el Espíritu de Dios—en nosotras. Es ese Espíritu que nos capacita para:

  • Servir a Jehová
  • Para ser luz a las naciones
  • Para ser sus mensajeras
  • Para ser canales de bendición
  • Para hablar Su Palabra
  • Y vivir Su Palabra y
  • Ministrar tiernamente y de manera redentora a las vidas dañadas y rotas de otros. El Siervo del Señor será exaltado. Isaías 52:13 nos dice: «He aquí, mi siervo (el Mesías) prosperará, será enaltecido, levantado y en gran manera exaltado». Él se inclinó. Él obedeció al Padre. Él vino a esta tierra para servir a las criaturas caídas que debieron haber sido los siervos. El Rey hizo eso, Él se convirtió en el siervo. Él descendió de Su trono. Dejó a un lado Su corona, Su manto real y vino a esta tierra como un esclavo, un siervo.

Pero Él ascendió a los cielos y ahora está sentado a la diestra de Dios, y un día Él será totalmente exaltado. Él es exaltado hoy, pero un día todo el mundo verá que Él es el Siervo Rey. Luego vemos en este último Cántico del Siervo en Isaías, que este Siervo, que tomó el lugar como el Siervo del Señor, justificará a los escogidos de Dios: «Por su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justificará a muchos» (Isa.53:11). Literalmente, Él causará que muchos a lleguen a ser justos. 

No teníamos ninguna esperanza de llegar a ser justas, nunca, si el Justo no se hubiera convertido en el Siervo Justo. «Y cargará las iniquidades de ellos» (v. 11). Le daremos un vistazo más profundo al Siervo Sufriente en la próxima sesión, pero  ahora cerremos esto con una oración.

Oh, Señor, sentimos convicción en nuestros corazones cuando pensamos en el hecho de que nosotras somos las que deberíamos ser las siervas. Tú eres el Rey. Deberíamos servirte, pero como no lo hicimos, como no quisimos, como fallamos en nuestro llamado, como preferimos servirnos a nosotras mismas y a otros en lugar de servirte a Ti, Tú dijiste: «Está bien, Yo voy a servir».

Enviaste a Tu Hijo a esta tierra—a tu Siervo Justo—que se inclinó y lavó los pies de los que debieron haber sido los siervos. Así que te damos gracias, te adoramos. Te adoramos, Señor Jesús, porque Tú eres el Rey, pero también porque Tú eres el Siervo Ideal, Fiel, y Justo.

Ahora oro para que el Espíritu del Dios viviente, el espíritu de Jehová que vino sobre Jesús y lo bendijo, y lo llenó, y le permitió ser el siervo justo del Señor—pido que ese mismo Espíritu pueda reposar sobre ti y en cada mujer que nos escucha. Que pueda llenarte y que puedas convertirte en la sierva del Señor, para Su gloria, para la justificación de muchos. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado ayudando a conocer a Jesús como el Siervo del Señor. ¿Has pensado en que Su dolor te trae consuelo hoy? Mañana Nancy nos hablará más acerca de esto en la continuación de esta serie. Acompáñanos y no olvides que la lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Isaías capítulos 47 al 49.

Viviendo juntas la belleza del evangelio, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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Sobre el anfitrión

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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