Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Nos necesitamos unas a otras

Annamarie Sauter: Donna Otto nos recuerda la importancia de la autenticidad en las relaciones de mentoría.

Donna Otto: Buscar autenticidad en la vida de una mujer cristiana es extremadamente importante al involucrarte en este tipo de relación; en la relación de hermandad. Ella tiene que ser auténtica como para ser vulnerable contigo y decirte: «metí la pata aquí». Y la mujer mayor debe poder decir, «metí la pata entonces, pero  Dios me enseñó».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Es un placer darle la bienvenida a Aviva Nuestros Corazones a Donna Otto, quien es una esposa, madre, abuela, autora, oradora, y una de las fundadoras de un ministerio increíble llamado Amas de casa por decisión. Ella tiene un corazón para el Señor y un corazón para el hogar, y ha estado con nosotras antes en Aviva Nuestros Corazones. Donna, estamos encantados de tenerte de nuevo con nosotras.

Donna: Muchas gracias. Es maravilloso estar aquí.

Nancy: Mientras leía tu libro más reciente, me enteré de que tenemos algo en común.

Donna: Las dos hacemos un montón de cosas.

Nancy: Es probable que no lo sepas, pero algo que fue como un poco de sorpresa para mí, porque nunca he oído a nadie decir esto de la forma en que yo lo digo, y la gente que me conoce me ha oído decir durante años, es que mi meta en la vida desde que era una niña siempre ha sido ser una anciana piadosa.

Donna: ¡Qué tierno!

Nancy: Cuando leí en la página 207 de tu libro algo parecido, eso trajo una sonrisa a mis labios. Tú dijiste: «Desde que era una mujer muy joven me he visto a mí misma como una maestra de cabello gris quien deriva energía y placer al ayudar a las mujeres jóvenes a aprender a llevar sus vidas». Y yo pensé: «Ella siempre ha querido ser una dama, anciana piadosa también».

Donna: Así es, así ha sido.

Nancy: ¿Has descubierto que la parte de anciana llega más fácil que la de piadosa? Esa es mi experiencia.

Donna: ¡Un de todo corazón a ese comentario!

Nancy: Entonces, tú y yo somos mujeres de cabello gris ahora, y tú tienes un corazón para enseñar a las mujeres más jóvenes, para formarlas y alentarlas en los caminos de Dios. Tú entrenaste a tu hija cuando ella era pequeña. Ahora ella está fuera de casa, y Dios te está usando para entrenar y educar a otras mujeres.

Compártenos un poco, ¿cómo empezaste con toda esta carga de aconsejar y de lo que significa?

Donna: No creo que haya tenido una visión para ello, sino que haciendo una pausa suficientemente larga durante uno de mis ritmos de descanso para ver lo que había significado para mi vida, yo estaba abrumada por el número de mujeres que intencionalmente se habían invertido en mi vida para ayudarme.

Nancy: ¿Quién es de las primeras que te acuerdas?

Donna: Mi profesora de séptimo grado, la Srta. Eric, a quien traté de encontrar ya como una mujer adulta. Traté de encontrarla pero ya había fallecido. Ella entró a mi vida como una tormenta. Ella fue mi maestra de séptimo grado. Ella entró en mi vida y me dijo: «Quiero, Donna Centanne, que salgas de esta aula y te metas a aquella».

Al hacer eso, ya estaba dejando amistades muy preciadas para mí ya que no había manera de mantenerme conectada a ellas al cambiar de clase. Lloré, pataleé, hice berrinche y le dije que era muy mala y horrible. No puedo imaginar todas las cosas que le dije.

Pero ella me dijo después, que había sentido que Dios (ella estaba en el sistema de educación pública) que Dios me quería fuera del entorno de esas chicas. Uno de los lemas de los Otto: «Dime con quién andas y te diré quién eres». Cada una de esas chicas tuvo una vida terrible llena de calamidades.

Nancy: Oh, wow.

Donna: Ella me dejó en un salón de clases de mujeres jóvenes de quienes todavía, cincuenta años después, soy amiga. Nos reunimos y nos vemos dos o tres veces al año, y dos de ellas sirven a Cristo conmigo.

Así que, sí, fue mi profesora de séptimo grado, y ella intencionalmente, con premeditación, hizo algo que no me gustó y que yo no quería hacer.

Nancy: Pero ella sabía lo que era mejor para ti.

Donna: De verdad.

Nancy: Ella tuvo una visión para tu vida.

Donna: Así es. Ella vio aún más allá de lo que yo podía ver, y estaba dispuesta a hacer algo al respecto. Sé que la palabra mentoría no es una palabra que encontramos en las Escrituras, pero los conceptos de mentoría son principios muy piadosos.

Nancy: Así es.

Donna: El pasaje que llama más nuestra atención es el de Tito, y para mí ese pasaje no fue solo el recordatorio de que Dios nos había llamado para hacerlo, sino que también nos dice la razón de ello —todo esto se resume en la última frase: «para que la Palabra de Dios no sea blasfemada» (3:5).

Nancy: Por supuesto, el pasaje que estamos hablando es de que a las mujeres mayores se les instruye sobre cómo entrenar a las mujeres más jóvenes:

Cómo ser una mujer de Dios

Cómo ser una esposa piadosa

Cómo ser una madre piadosa

Cómo ser una cuidadora del hogar (ver Tito 3:3-5).

Donna: Aquí Pablo está diciendo a su joven discípulo, a su aprendiz, su joven protegido, a su joven hijo de corazón: «¡Ahora ve y diles a esas ancianas…!» El contexto allí es que estas ancianas mujeres habían criado a sus hijos; habían tenido a sus hijos, sus esposos, sus relaciones, y ahora ¿qué estaban haciendo?

Tenían las tardes libres, y lo que estaban haciendo era ir de casa en casa para beberse su vino en exceso y convertirse en chismosas y maliciosas. Bueno, puedo ser una chismosa sin el vino. Pablo dice: «¡Ve y diles! No me importa si eres joven, regresa y diles a esas mujeres: "Esto no es lo que se supone que debes estar haciendo, sino que es estootro lo que tienes que hacer"».

Una de mis mentoras y héroe de la fe es Elisabeth Elliot.

Nancy: El Señor te ha dado el privilegio de aprender mucho con Elisabeth, una de mis mentoras espirituales. ¿Cuáles son algunas de las cosas que aprendiste de ella?

Donna: Y ella lo ha sido para miles, decenas de miles de personas.

Nancy: Es sorprendente cómo tan a menudo escucho que las mujeres dicen, «Elisabeth Elliot fue una madre para mí».

Donna: Sí ciertamente, una madre espiritual.

Nancy: Creo que a algunas de nuestras oyentes les encantaría escuchar lo que has aprendido de ella.

Donna: Lo que aprendí de ella fue que me animó a aprender lo que Dios quería que yo aprendiera por mi cuenta. Yo estaba en su estudio…bueno ella daba un hermoso estudio. Las ventanas de su casa fueron diseñadas para que miraran hacia el mar, hacia las olas que rompían en las rocas; y desde allí ella mecanografiaba y trabajaba. Allí estaba yo en su pequeño estudio, sentada en el sofá con ella. Le hago una pregunta (que realmente es un resumen de lo que ella me enseñó y cómo me enseñó): «Bien, Elisabeth, dime lo que haces todos los días aquí, en tu tiempo de estudio». ¿Por qué le pregunté? Porque yo quería hacer lo que ella hacía.

Nancy: Sí.

Donna: Ahora, yo no le dije eso. No creo que siquiera yo misma lo sabía, pero ella sabía que no sería bueno para mí. Recuerdo esa conversación un poco, una que representaba muchas conversaciones en las que decía: «Dime, dime, dime para que yo pueda ir a casa y hacerlo, hacerlo a tu manera». Soy una mujer persistente, y le hice esa pregunta en cuatro o cinco formas diferentes aquella mañana. Ella nunca me contestó.

Donna: Lo que ella hizo—a su manera—fue llevarme a averiguarlo por mí misma.

Nancy: Porque ella no quería moldearte a su patrón de vida, sino al del Señor.

Donna: Así es. Y ahora que las mujeres jóvenes me hacen esa pregunta, yo lo entiendo.

Nancy: Sí.

Donna: Entonces, ¿qué aprendí de ella? Lo que aprendí de ella es que ella respetaba lo que Dios quería hacer conmigo, no es que me convertí en una devota de Elisabeth Elliot, sino que me convertí en una mujer devota de Dios. Ella siguió animándome a permanecer así… como… ¿conoces el juego pon-la-cola-al burro?

Nancy: Sí.

Donna: Hace años recordaba esto, y pensé que es un juego cruel: le pones una venda en los ojos a alguien, le das vueltas y lo haces que se maree, y luego dices: «Ahora, a ver si puedes encontrar el burro». He pensado muchas veces que una mujer piadosa siempre inspira a una mujer de la próxima generación, y lo hace como si jugara «pon-la-cola al burro», solo que juega de esta forma: «Jesús es el que monta el burro. Te voy a señalar a Él en cada oportunidad—no a mí. No te voy a dar vueltas como lo hace el mundo para tratar de confundirte y marearte para luego reírme de ti cuando cometes un error y pones la cola en la garganta del burro. Yo te voy a señalar al que tiene todas las respuestas».

Ahora, Elisabeth siempre fue muy dulce y amable conmigo. Yo sé que ella era una mujer fuerte, y pudo ser severa a veces. Ella dijo que nunca había dicho algo como: (con voz severa) «¡Dios te ordena que lo hagas! «Yo no hablo así», decía ella. Y yo le decía, «sí, lo haces. Todo el mundo sabe que lo haces». 

Nancy: Pero la amábamos.

Donna: Todas la amábamos. Pero ella era una respetuosa de lo que Dios quería hacer con mi vida.

  • Ella me enseñó con su propia vida
  • Ella me enseñó a través de su disciplina
  • Ella me enseñó por la forma en que se dedicó a hacer lo correcto

El hacer lo correcto no siempre es fácil, pero lo correcto es lo correcto, sin importar que sean pocas las personas que lo hagan, y lo incorrecto siempre será incorrecto sin importar cuántas personas lo estén haciendo. Y ella vivió su vida de esa manera.

Así que yo la observaba, y lo aprendí. Ella permitió que yo aprendiera de ella. Ella me enseñó muchas cosas personales, privadas y públicas y la manera de hacer lo que Dios me ha llamado a hacer.

La amo, y me encanta lo que ha hecho por las mujeres de los Estados Unidos y las mujeres de todo el mundo a través de sus escritos.

Creo que la otra cosa que me enseñó fue que Dios llama a quien Él quiere para que puedas invertir en su vida. Creo que el pasaje de Tito me da el mandato. ¿Debo esperar a que las jóvenes llamen a mi puerta? No lo creo. Creo que Dios dice: «Las ancianas, vayan y háganlo».

Nancy: ¿Así que le preguntaste al Señor: «¿En qué vida quieres que me invierta?»

Donna: Así es.

Ella se rió un día y dijo: «Las mujeres están tan ocupadas en estos días. Están haciendo hasta macramé debajo del agua solo para evitar discipular y entrenar y ser mujeres mayores en la vida de las demás». Quiero decir, ¿qué tan tonto es hacer macramé debajo del agua? Encontramos un montón de razones para estar ocupadas y no llevar a cabo el mandato de Dios en la vida de otras.

La razón por la que no queremos llamar a la puerta de la casa de alguien es porque tenemos miedo de que piensen: «Yo llamo a la puerta y digo: “Heme aquí, yo tengo todas las respuestas para tu vida”».

Nancy: ¿Y no estás diciendo eso como una mentora?

Donna: No, en absoluto.

Nancy: Y en realidad estás diciendo a veces, «aprende de mis errores. Aprende de las cosas que desearía haber hecho de otra manera».

Donna: Muy a menudo, porque esa es la auténtica vida de una mujer de Dios que no lo ha hecho todo bien y que no es perfecta, ni siquiera ha tratado de serlo, sino que simplemente trata de vivir la norma y el ideal que Dios ha puesto delante de nosotros en Su Palabra. Así que el mandato es: Ve y da o entrega tu perspectiva de vida a una mujer más joven.

Nancy: Tú hablas de dos tipos diferentes de relaciones que necesitamos como mujeres. Una de ellas es con las mentoras. La otra es con lo que llamamos hermanas. Ayúdanos a conocer la diferencia y por qué las necesitamos a ambas.

Donna: Sí, de hermanas. Supongo que es porque yo no tuve una hermana así que me encanta la palabra hermana. Creo que en las Escrituras hay dos lugares en los evangelios donde Él describe lo que es la familia. «¿Quiénes son mis hermanos y hermanas?» Al leer esto, casi escuchas un tono que pudiera sonar sarcástico de Cristo, y lo es, porque su madre y sus hermanos, sus hermanos biológicos, literalmente, están de pie por ahí haciéndole señas. Estaban casi acosándolo para que dejara de correr de aquí para allá y para que volviera a casa. Puedo ver a María, como mamá judía, diciendo, «vuelve a casa. Voy a hacerte un poco de sopa de pollo y necesitas descansar un poco».

Entonces, Cristo dice: «¿Qué quieres decir? ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos y hermanas?» Entonces cierra diciendo: «Los que hacen la voluntad de Dios».

Ahora, tengo dos hermanos biológicos. Yo no tengo una hermana. Creo que  necesitamos mujeres que han decidido seguir a Cristo, que han elegido vivir vidas basadas en principios bíblicos, que estén creciendo como Pedro lo dice: «Creced todos los días en todos los sentidos». Que no sean personas que marquen una raya y digan, «hasta aquí… ya no necesito aprender más», sino que sean personas que aprendan cada día más en su caminar en la fe. Esa mujer es una hermana en la fe con quien viajo por la vida.

Nancy: Entonces, ¿cómo luce esto?

Donna: Ella se ve como una mujer de mi edad. Ella se ve como una mujer que está en mi fase de la vida. Mi hija se casó tarde, tuvo un hijo tarde. Ella estaba muy frustrada por un tiempo en su vida cuando sus antiguas y muy queridas amigas, hermanas de la fe, estaban casándose y teniendo hijos. Ella me decía: «Tenemos tan poco en común en estos días. Ellas no entienden dónde tienen tan poca cosa en común conmigo…»

«No, cariño, no lo entienden. Y esto está bien. Siguen siendo hermanas, pero es necesario tener una hermana que esté caminando en la fe en el mismo lugar donde tú estás. La hermana que dice: «Te entiendo. Hoy solo quiero entrar en el corral y que los niños salgan de la casa». 

«Está bien».

«Hoy no he tenido tiempo ni de halar el inodoro. Hoy no tengo tiempo para preparar una comida. Hoy me siento privada del sueño…» Y esa hermana por teléfono, te dice, «Entiendo. Estoy contigo. Estoy caminando contigo».

Mi mejor amiga es una mujer que es tres semanas más joven que yo (y ella nunca me deja olvidar eso). Pero estamos caminando por las mismas etapas de la vida: matrimonio, hijos adultos, hijos solteros, hijas, un matrimonio que cambia después de la jubilación. Los hombres están cambiando tanto como las mujeres, y tengo que aprender a vivir con ese hombre de nuevo, con el que estoy viviendo. Este no es el hombre con quien me casé. Estoy aprendiendo algo nuevo.

Nancy: Así que es alguien que te anima.

Donna: Ella camina conmigo. Ella me entiende. Está en el mismo espacio. No es la mujer de más edad que ha estado allí. Ella es la mujer que está caminando conmigo, no la mujer que ya caminó delante de mí. Nos divertimos juntas. Oramos juntas. Lloramos juntas, y ella sabe lo que se requiere para servirme.

En el pasaje de 2 Timoteo, donde Pablo está derramando su corazón y dice: «Conceda el Señor misericordia a la casa de Onesíforo...»

Nancy: «…porque muchas veces me dio refrigerio...»

Donna: Pablo relata: «él muchas veces me dio refrigerio» (ver 1:16). Creo que eso es, «me sirve muy a menudo». ¿Por qué? Porque ella entiende cómo y cuándo servirme. Por ejemplo, sabe cuándo llamarme por teléfono para decirme que está orando por mi—eso me ministra.

Nancy: Hay una forma en que una hermana puede bendecir y ministrar a tu vida, es una forma diferente de como lo hace tu esposo.

Donna: Así es. Me encanta Ana. Aquella mujer de la Biblia, quien está siempre en la parte superior de mi lista. Ella era muy buena para orar y ayunar, una mujer perseverante, pero hay un pequeño detalle en el relato donde viene su marido a ella (su marido, que tiene más de una esposa por cierto) después de ella reconocer, orar, ayunar y llorar en la iglesia. Él reconoce que ella es estéril. Entonces viene a ella con estas palabras: «Ana, Ana, ¿por qué lloras? No soy yo mejor que diez hijos?» (1 Samuel 1:8). ¿Acaso la entiende él?

No la entiende en absoluto. Él piensa que él es tan bueno como diez hijos para una mujer que es estéril y deseosa de tener un hijo. Ahora bien, si menciono algo acerca de esa experiencia de mi vida a otra mujer... si le comparto cómo me siento cada mes, cómo me siento siendo estéril, cómo me siento luego de la pérdida de un embarazo, cómo me siento si siempre quise tener 6 hijos y tuve solo uno —cada una de estas cosas se las puedo decir a una mujer y ella me entiende de inmediato. Así que claro que sí, definitivamente existe la relación de hermanas.

Ahora bien, no estamos hablando de amistades. He escrito todo un libro acerca de las amistades —de los mejores amigos o amigos periféricos— de los tipos de amigos que tenemos. Pero esta hermana está, probablemente, definida como la mejor amiga en esta etapa de la vida. ¿Se queda contigo toda tu vida? Algunas mujeres lo harán. Otras mujeres no lo harán. Pero es una mujer que camina por la vida contigo.

Así que tienes una hermana aquí que camina contigo y una hermana por allá que es una mujer mayor en la fe, una mujer que va delante de ti.

Nancy: Y esa es la que llamas mentora.

Donna: Exacto esa es la que yo llamo mentora.

Nancy: Habla a las mujeres más jóvenes sobre la importancia de pedirle a Dios una mentora.

Donna: Creo que es claramente el deseo de Dios para nosotras y sin duda la herramienta que Dios usa en nuestras vidas. Cuando has visto a una mujer mayor que ha caminado delante de ti y que ya ha pasado lo que acabas de experimentar; devastación en la salud, reveses financieros, maridos infieles, niños que son infieles a la causa que les has enseñado y les has dado… Pudiera seguir y seguir con la lista de cosas que son comunes al corazón de una mujer.

Ahora, cuando tienes a una mujer mayor que ha pasado por estas circunstancias, que ha sido movida y dirigida por sus convicciones, que tiene calma en su vida porque ya ha pasado por esto, y que te mira y te dice: «Todo estará bien. Las palabras, las acciones y los hechos de Dios van delante de ti. Todo estará bien. Si yo lo logré tú también puedes lograrlo. ¡Va a estar bien! Te voy a enseñar cómo lo pude hacer yo. Todo va a estar bien».

Creo que no hay ninguna fase en la vida de una mujer en que no pueda aprender de una mujer mayor. A veces son las minucias de la vida lo que nos reorganiza. Es ese pequeño dato que te enseña: «Así es como se planea un menú». «¿Es así como lo pones a la mesa caliente al mismo tiempo?» 

Así que esa mujer mayor es esa mujer que entra y te da su perspectiva de la vida.

Yo creo que dijiste esto antes, Nancy, es muy importante: Cuando buscas una mentora, o buscas una hija de tu corazón, que es como yo llamo a estas mujeres jóvenes, hijas de mi corazón, cuando busques a alguien así, busca a alguien que sea auténtica. Busca a alguien que esté dispuesta a decir: «Yo lo arruiné. ¡Yo lo hice tan mal! Mi marido me lo ha pedido en repetidas ocasiones, y no he sido capaz de hacerlo».

El buscar autenticidad en la vida de una mujer cristiana es extremadamente importante al involucrarte en este tipo de relación, en la relación de hermandad. Ella tiene que ser auténtica como para ser vulnerable contigo y decirte: «Metí la pata». Y la mujer mayor debe poder decir, «metí la pata entonces, pero Dios me enseñó».

He tenido mujeres jóvenes que han llegado a mi vida, que querían que yo las aconsejara pero no me contaban toda la historia. No puedo tener una relación con alguien así. No desperdicio mi tiempo de esa manera. En algún momento les digo, «adiós, hasta aquí llegamos».

El libro que escribí llamado, En busca de una mentora, cómo ser un mentor (Finding a Mentor, Being a Mentor), habla sobre esos límites—cómo iniciar la relación, cómo saber cuál es el momento de detenerte y evaluar.

Creo que otra cosa es que la mentora no solo debe ser auténtica, sino que debe ser una mentora que no esté deseando hacerlo para llenar su propia necesidad.

Nancy: Así es.

Donna: Esto es muy delicado. Pero si tuviste una relación difícil con tu hija, a veces esa mujer mayor está en busca de una nueva hija, o si tuviste una relación difícil con tu madre, a veces ella está en busca de una madre. Lo digo porque he experimentado eso, y lo he experimentado de ambos lados.

Tuvimos una joven que vivió con nosotros durante dos años. Kim quería que yo fuera su mamá, y era tan difícil no tomar ese papel, pero yo sabía que Dios me había enseñado a través de personas como Elisabeth, que tenía que aconsejar a Kim para darle mi perspectiva de la vida que era, «querida, tienes que encontrar las respuestas a estas preguntas con Dios, y lo más importante es que tienes que llegar a reconciliarte con tu mamá. Tu mamá no fue una buena madre. Eso puede ser cierto, pero tienes que tratar de reconciliarte con ella. No puedo ser tu madre. La soberanía de Dios no permite que yo sea tu madre. Yo soy la mujer de más edad en tu vida. Eres una hija de mi corazón. Siempre lo serás».

Y era cierto para mí. Yo estaba buscando una mamá. Y yo quería que alguien fuera mi mamá porque nadie había tenido ese rol en mi vida. Debemos tener cuidado de no estar intercambiando esta hermosa relación de hijas/madres de corazón para llenar una necesidad de nuestra propia vida.

Así que creo que tenemos que tener mucho cuidado sobre el porqué buscamos el ser mentoras o ser mentoreadas.

Annamarie: Has estado escuchando palabras sabias de Donna Otto. Ella ha estado conversando con Nancy DeMoss Wolgemuth acerca de tres tipos de relaciones que podemos tener en nuestras vidas:

  • Hermanas en la fe con las que podemos caminar
  • Mujeres mayores de las que podemos aprender acerca de la vida y de Dios
  • Mujeres jóvenes a las que podemos enseñar aún a pesar de nuestros fracasos

Espero que hayas sido animada a cultivar este tipo de relaciones. Esta conversación es la primera parte en la serie titulada, Mentoría auténtica.

Constantemente—cada día—estás rodeada de información. El mundo (y aún el mundo dentro de nuestras iglesias) nos quiere mover en cierta dirección. Mañana Donna Otto compartirá su lucha en esta área con nosotras, y nos mostrará qué debemos hacer al respecto. ¡Te esperamos para este próximo episodio!

Invitándote a pasar de manera intencional la verdad de la Palabra de Dios a la próxima generación, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Jeremías capítulos 41 al 44.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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