Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Audio Player —

Orando la Escritura, día 3

Annamarie Sauter: Con nosotras, Margarita de Michelén.

Margarita de Michelén: Nosotras tenemos que estar preparadas y artilladas con la espada, que es la Palabra de Dios, con el yelmo de la salvación y con toda la armadura cristiana, porque el diablo no va a estar tranquilo. Pero no importa, tenemos que seguir hacia adelante porque grandes cosas suceden cuando las mujeres se ponen de rodillas.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Si estás leyendo la Biblia junto a nosotras este año, la lectura de hoy es Mateo capítulos 21 y 22.

Hoy continuamos en la serie titulada «Orando la Escritura». Aquí están Patricia de Saladín y Margarita de Michelén con nosotras.

Patricia de Saladín: Maggie, en el programa anterior comenzamos a hablar sobre algunas cosas prácticas que podíamos sugerir para que podamos ser intencionales en desarrollar esa disciplina piadosa de la oración, de acercarnos a Dios. En el día de hoy, una vez más, bienvenida a Aviva Nuestros Corazones. Ya estamos habituadas a estar aquí juntas…y hoy quisiera tomarlo desde ahí, ¿por qué es bueno hacer ciertos esquemas? ¿Por qué es bueno ser espontáneos pero también tener esquemas, agenda, cosas que anotamos? Porque la semana tiene siete días y si lo dejamos a nuestra memoria o a las inclinaciones de nuestro corazón –que se desvía muy fácilmente– terminaríamos orando, no solamente como mencionamos en el programa anterior de los círculos concéntricos, sino que siempre serían los mismos círculos.

Tenemos que poder ampliar nuestro mundo de oración porque realmente la historia no es nuestra. Es una historia mucho mayor que nosotras, que es la historia de la redención y como somos parte de esa historia, debemos ser parte de la oración por toda esa historia.

Compártenos, estuvimos hablando acerca del lunes, del martes, incluso estuvimos hablando de personas que nos han bendecido compartiendo esas listas, cosas que hacen los diferentes días de la semana para orar distinto.

Maggie: Bueno, un ejemplo podría ser este: los lunes puedes orar por tu familia inmediata y por los demás familiares. Ahí incluyes a tus hermanos, tus padres, tus tíos, tus abuelos (si los tienes), tus cuñados. Pero primero tu esposo, tus hijos, tus nietos, (si los tienes). Por salvación para los que no son creyentes, por crecimiento espiritual para los que son creyentes; más o menos conoces sus deficiencias de carácter, ahí puedes orar, «Señor, te pido que endereces toda torcedura que pueda haber en alguno de mis hijos, que allanes cada aspereza y que los conformes al corazón de Jesucristo. Esa podría ser una oración generalizada que puedes desarrollar.

Los martes podrías orar por el avance del reino. Pero para que el reino de Dios avance tienen que haber pastores y misioneros. Entonces ahí puedes incluir los pastores de tu iglesia, pastores conocidos y quizás pastores por los que se ore en tu iglesia que estén en la lista de oración, y por las misiones.

Patricia: Claro. Que Dios les dé la mente de Cristo, que los guarde del maligno y de sus asechanzas, de las tentaciones…

Maggie: Que les dé fuerzas físicas, emocionales…

Patricia: Claridad de la Escritura…

Maggie: Todo, eso es bien amplio. Los miércoles podrías orar por las necesidades de los hermanos de tu iglesia. Y hay necesidades por las que vas a orar una vez, pero hay otras que vas a tener que llevar continuamente al trono de Dios. Hay algún hijo enfermo de algún hermano, con una enfermedad crónica, sabes que tienes que orar todo el tiempo por esa persona. Y no solamente los miércoles sino todos los días. También por otras iglesias hermanas.

Los jueves puedes orar por los inconversos. Tus amigos, los hijos de la iglesia, vecinos que son inconversos.

Los viernes puedes pasar el día alabando y adorando al Señor y dándole gracias por toda Su misericordia, por todas Sus bondades mostradas a lo largo de esa semana.

El sábado –hay que tener esto bien pendiente– hay que orar por esos hombres que están preparando ese mensaje que va a ser llevado el día del Señor. Y no solamente orar por tus pastores sino desde donde sale el sol hasta donde se pone, que todos esos hombres alaben, y exalten el nombre de Dios mediante la predicación, ¿por qué? Porque ahí estás abarcando el mundo entero, el reino de Dios en la tierra. Y que vaya preparando los corazones de los oyentes para el domingo.

El domingo cuando te levantes ora porque Dios bendiga ese día del Señor y que esa Palabra predicada cumpla el efecto para el cual fue enviada. Que haya mucha conversión, transformación, que haya deseo de un mayor compromiso con Dios y con Su causa. Esa es una idea y podría variar de mil formas.

Patricia: Déjame hacerte una pregunta, porque puede ser que alguna mujer que nos escucha diga, Maggie, Patricia, «¿qué es lo que ustedes creen? ¿Que no voy a salir a cumplir con mis labores? Porque están hablando como que uno se va a pasar el día orando». Cómo estructuras –porque como decíamos, hay veces que la oración es espontánea; vas en el carro y puedes ir orando– pero para hacer esto intencional ¿es parte de tu tiempo devocional con el Señor? O sea, ¿lees tu Biblia y luego o mientras la vas leyendo vas haciendo estas oraciones? O de manera práctica, ¿cómo lo haces? 

Maggie: Bueno, yo hago mi devocional y el devocional va a tomar el tiempo según la etapa que estés viviendo. No le puedes pedir a una mamá de un niño pequeño que se pase una hora haciendo un devocional porque eso sería casi imposible. Esta madre quizás cuando esté lactando o cuando los niños estén durmiendo siesta, apartará el tiempo para leer las Escrituras, quizás leer una oración del libro El Valle de la Visión o cualquier otro libro devocional, y entonces orar.

Recuerdo que cuando yo lactaba oraba por todo lo que Dios me trajera a la mente. El asunto es estar apercibidas y no perder el tiempo. Si estás lavando la ropa de tus hijos, por ejemplo, ese es un buen momento para orar por tus hijos y por tu esposo; «Señor, bendice este hombre, bendice mis hijos, hazlos hombres conforme al corazón de Dios, mujeres que sean esquinas labradas como las de un palacio». 

Puedes hacer eso y es una forma creativa de orar.

Patricia: O sea que si no tienes el tiempo para dedicar diez, quince minutos, o media hora, lo puedes hacer así.

Maggie: Cuando estás cocinando, si te toca cocinar, ese es un muy buen momento para decirle, «Señor, gracias por Tu provisión, porque Tu Palabra dice que porque “te acordarás para siempre de Tu pacto, darás comida a los que te temen”», eso dice el Salmo 111:5.

Patricia: Yo oía una vez una persona que decía que en vez de quejarse porque uno tiene que lavar platos y cosas de cocina luego de comer, dar gracias porque tienes una familia con quien compartir una mesa. En realidad estamos hablando, como decías al principio, de un estilo de vida. No necesariamente tienes que sacar todo el tiempo para hacer todo en el mismo momento. 

Pero también quiero mencionar, antes de pasar a una sugerencia que hemos comentado aquí, que las oraciones deben incluir varias cosas: la alabanza, la confesión, la intercesión, la súplica, la acción de gracias… Háblame un poquito de cómo intercalar todo eso delante de Dios en oración, porque una cosa que me ha pasado es que me gusta orar conversando con Dios; «te voy a decir todo lo que estoy pensando con relación a esto para que me ayudes y me organices las ideas y los pensamientos».

Pero a veces me es mejor conversárselo así, pero he orado con personas que a veces pienso que tienen un don especial. Alaban a Dios de una forma que te eleva a los cielos; entrelazan todas esas bellezas de la persona de Dios. El mismo Padrenuestro empieza con la exaltación del nombre de Dios primero. Sabemos que hemos sido perdonadas por Cristo, sabemos que todos nuestros pecados han sido perdonados, pero el Señor te dice, «si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo», y ese tiempo es un tiempo de oración donde confiesas los pecados del día a día.

Maggie: Claro. Pero antes de pasar a ese tema te iba a decir que hablamos de las personas que no tienen suficiente tiempo para orar. Pero cuando los hijos se van de la casa, cuando tenemos el nido vacío y tenemos más tiempo para dedicárselo al reino de los cielos, ahí tenemos que ponderar la idea de pasar más tiempo en oración y en estudio profundo de la Palabra. Eso es algo que creo que todas las mujeres latinas debemos cultivar.

Estudiar y profundizar en la Palabra. No querdarnos solamente en la superficie, sino profundizar. Asimismo dedicarle más tiempo a la oración. En nuestra iglesia, las ancianas –muchas de ellas ya están en la presencia del Señor, se llamaban a sí mismas el quinto centenario porque si sumabas sus años daban más de quinientos años– se juntaban todos los martes y mientras los pastores estaban reunidos, ellas oraban por esa reunión de pastores, por la iglesia, por los diáconos, por los hijos, por todo lo que tenía que ver con la iglesia.

Y yo creo que en el cielo nos llevaremos muchas sorpresas de cómo por la oración de esas mujeres, sucedieron muchas cosas en medio nuestro. Esas mujeres se dedicaron a la oración, sacaban su día. Recuerdo que el día que nos mudamos a nuestra casa –vivíamos en un apartamento y nos mudamos a nuestra casa– las invité. No te puedo decir la bendición que fue oír a todas esas mujeres orando por mi casa, por mi familia, por mis hijos.…y creo que he visto el fruto de esas oraciones.

Lo que te quiero decir es que todo cambia. Como la vida va cambiando, así debes ir adaptando tu tiempo de estudio y de oración. Hay gente que ora una hora, hay gente que ora dos, y hay gente que puede orar hasta tres horas. Pero hay otras personas que tal vez pueden orar solo quince minutos. Que no sea una oración rapidita, sino como hemos dicho, profunda, significativa y tranquila, con tiempo.

Ahora bien, las partes de la oración. El Padrenuestro nos dice: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre»; cuando estás diciendo eso, primero estás llamando a Dios –Elohim, el Dios de todo, no hay otro Dios– tu Padre. Pero nuestro Padre es misericordioso, compasivo, como decías, lento para la ira, que quiere el bien para nosotros, que hará lo que prometió y está comprometido en formar a Cristo en nosotras.

Ahí puedes alabar el nombre de Dios, y como te dije, puedes coger un día para alabarlo por un atributo. Entonces santificar el nombre de Dios. ¿Qué quiere decir que estás santificando el nombre de Dios? Que lo estás reverenciando como Él merece ser reverenciado porque Él es tres veces santo, es tan puro de ojos que no puede ver el mal. Entonces estás ahí orando una oración como debe ser hecha.

Tu reino, Señor, ¿cuál es el propósito de la existencia del ser humano en esta vida? ¿Estar aquí para ser felices y cuando muramos se acabó? No, es un reino que nos está esperando. Queremos que este reino sea implantado en el corazón de todos los hombres de todas las naciones, y que ese reino pronto se haga realidad. La parte final de ese reino…

Patricia: Sí, que la gloria de Su nombre llene la tierra…

Maggie: …llene la tierra, todo eso abarca esa oración. Y que se haga Su voluntad. «Señor, somos tan tercos, tan necios, tan pecadores, que queremos hacer nuestra voluntad, queremos ser nuestro Dios. No, Señor, ayúdanos». Que aunque lloremos lágrimas de sangre hagamos Tu voluntad y que los hombres conozcan que necesitan hacer la voluntad de Dios. Que podamos clamar con Cristo, «Dios mío, el hacer Tu voluntad me ha agradado».

Esa es una forma de orar. Ahora, cuando vas a pasar a la segunda parte que es por el sustento diario, eso abarca, como dijimos anteriormente, todo lo que tiene que ver con el sustento de la vida. Ahí entran todas las peticiones de las que hemos hablado. Las necesidades emocionales, físicas, espirituales, de tu familia, de tus amigos, de tus hermanos; eso sería interceder por ellos.

Lo primero fue una alabanza, un reconocimiento –y donde puedes dar acciones de gracias. Porque tenemos un Papá al que podemos decirle Padrecito, y podemos contarle todas las cosas. Ya con eso es para dar gracias por ese Padre que tienes. Que te dio el derecho –y no fue por esfuerzo propio sino porque Él te lo dio– de ser llamada hija de Dios.

Patricia: Y lo de la acción de gracias, ahí mismo donde dice en Tesalonicenses «orad sin cesar», dice también «dad gracias en todo». Entonces si hoy estoy pidiendo por el pan del día de hoy, ya el de ayer me fue dado. Entonces tengo muchas razones, en muchas áreas, para dar gracias; aún en situaciones difíciles.

Maggie: Luego viene el perdón. «Perdona nuestros pecados como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Una vida de oración, un estilo de vida de oración, te lleva a examinar todos los días ese enemigo que llevas dentro. Esa oración de pedir perdón, de que aun los pecados ocultos «líbrame de los que me son ocultos», porque el corazón es tan engañoso que no se da cuenta de muchas cosas.

Patricia: Te iba a decir eso. Que debemos pedirle al Señor que nos afine los sentidos para que cuando les hablemos ásperamente o mal a nuestros hijos les pidamos perdón e inmediatamente le pidamos perdón a Dios. O cuando le faltamos al respeto al esposo, o somos desobedientes a las autoridades que tenemos, ya sea en el trabajo, o en la escuela. O sea que en la misma cercanía de Dios, de Su Palabra, orando, debemos pedirle que nos haga sensibles para darnos cuenta, porque si vivimos así y nos vamos en la vorágine de la vida, no nos damos cuenta de la cantidad de veces que hay egoísmo, rebeldía, orgullo en nuestros corazones, solo Dios a través de la Palabra y estando en oración, nos revela esas cosas y tenemos que pedir perdón.

Maggie: Y esas cosas, sutilmente, como zorras pequeñas te van quitando el deseo de acercarte a la Palabra, el deseo de orar, y cuando vienes a ver, el barco que estaba en la orilla ya está lejos bien mar adentro. Entonces tu vida espiritual decae. Hay que estar bien pendientes de eso.

Patricia: Me ha venido varias veces a la mente mientras hablamos, el texto –no es de la oración pero dice, «si vas a llevar tu ofrenda al altar y tienes algo con un hermano, no la dejes, ve y reconcíliate, ve y arregla lo que tienes que arreglar y entonces ven al altar». O sea que para Dios es muy importante que no tengamos cuentas pendientes.

Maggie: Exactamente, por eso Él dice que con ese perdón, como ya no tenemos cuentas pendientes con Dios porque Cristo nos aplicó Su justicia, así mismo debemos hacer. Eso es aplicar la regla de oro: fui perdonada, extiendo perdón. Y por último, que seamos librados de tentación. Como hemos dicho, estamos en una guerra, en una batalla y no podemos bajar la guardia ni un instante. Y en la medida que te propongas con intención estudiar más las Escrituras y ser una mujer de oración, prepárate porque los dardos que te van a tirar no van a ser nada pequeños. Pero no importa porque tenemos Uno que es mayor que el que está en el mundo.

Muchas veces hay cosas que digo, siento la oposición del maligno y le digo, «apártate de mí. Tú no puedes conmigo porque soy hija de Dios, y el que es grande, el Soberano, está conmigo.

Patricia: El maligno no solamente es nuestro acusador. Él nos tienta, quiere vernos caer para después acusarnos. Ayer conversamos y Maggie me decía, «todo esto me está pasando porque voy a ir a grabar esto de la oración para que me sienta mal, de que no voy a poder», y esos son los ataques de los que estás hablando. «Ah, ¿vas a hablar de la oración? Qué es lo que te crees, no tú no oras».

Maggie:Te puedo dar de testimonio que esta semana, este trabajo de darle forma a esto que estamos hablando fue una lucha que bueno, antes de ayer me levanté a las cuatro de la mañana a ver si en el silencio podía orarle a mi Dios, «Señor, ayúdame porque voy a hablar de la oración y las cosas están color hormiga». Pero es así. Hay que estar preparadas y artilladas con la espada que es la Palabra y el yelmo de la salvación y con toda la armadura cristiana porque el diablo no va a estar tranquilo. Pero no importa, tenemos que seguir adelante porque grandes cosas suceden cuando las mujeres se ponen de rodillas.

Patricia: Y así termina ese pasaje de Efesios 6: «orando con toda oración y súplica en el Espíritu». Y quería compartir algo ahora que estamos casi terminando este programa. Algo que escuché y me encantó. No lo he puesto en práctica pero tengo la intención de hacerlo; y es una recomendación de algo que hace el pastor John Piper de algo que llama Un retiro de oración. Yo diría que puedes hacer un retiro de oración sola, con una hermana o con un grupo pequeño de hermanas o con tu esposo, si tienen la dicha, como él lo hace con su esposa en ocasiones especiales.

Él dice que puedes tomar medio día, un día entero, tres horas…lo que le vayas a dedicar a esto. Pero te vas a apartar solo con tu Biblia en el formato que la tengas y te vas a pasar el día leyendo porciones de la Escritura, o un libro por ejemplo Filipenses. Entonces nos vamos a apartar, vamos a leer Filipenses y a detenernos. Por ejemplo Filipenses 1:1-20. Entonces oran por esa porción y todo lo que es su matrimonio, sus hijos… Y compartía John Piper en eso que escuché, que ese ha sido uno de los tiempos más dulces que han podido experimentar en la vida.

Y me imagino cuán bendecido uno debe ser cuando formalmente dice, «voy a apartar media mañana. Me voy a ir –así como muchas veces aquí en la iglesia se hacen tiempos de ayuno y oración. Es hacer esto mismo pero privado con un libro de la Biblia que se va leyendo y haciendo las oraciones. Quise traer esto porque como les decía quiero ponerlo en práctica pero me encantó la idea y quiero sugerirlo para todas aquellas que se animen. Que pongamos todo esto en práctica, que el Señor nos motive, nos mueva y nos haga mujeres de oración; que Su Espíritu Santo nos guíe a orar, a venir delante de Él, a exaltarlo y alabarlo por quien Él es, a mantener nuestras cuentas cortas, a confesar el pecado porque ya hemos sido perdonadas, tenemos un abogado que es fiel y justo y perdona esos pecados diarios. Ya tenemos el perdón. El acta de los decretos que nos era contraria ya fue clavada en la cruz.

O sea que venimos a lavarnos el polvo que adquirimos por tener esta naturaleza caída, ¿verdad? Y vivir en el mundo y con un enemigo que llevamos dentro y fuera. Pero qué privilegio poder interceder, poder suplicar y también dar gracias a Dios. Orar es un privilegio. Maggie, le doy muchas gracias al Señor porque hemos sido amigas por casi cuarenta años, y nos conocemos pero pasar este tiempo aquí ha sido de bendición para mí y creo que va a ser de bendición para nuestras amigas y hermanas que escuchan esta serie sobre la oración. Quisiera pedirte que nos despidamos teniendo un tiempo de oración. Orando que Dios haga de las oyentes –y como decías en una de las oraciones– de las oyentes y de nosotras en Aviva Nuestros Corazones que nos haga mujeres de oración.

Maggie: Amén. Para mí ha sido un placer, siempre es un placer venir y poder participar y cooperar en lo que haya que cooperar. Oraba que fuera de bendición, que todas estas cosas Dios nos las enseña no solo para que nos quedemos con ellas sino que las traspasemos porque somos ancianas y tenemos que traspasar una vida y dar ánimo a las que vienen detrás. Espero que todo esto sea para gloria de Dios y para beneficio de sus hijas.

Patricia: Amén. Esa es mi oración también.

Maggie: Oremos. Padre nuestro que estás en los cielos, queremos santificar, exaltar, magnificar Tu nombre porque Tú eres grande, excelso, el Altísimo, el que gobierna todas las cosas y el que tiene control desde lo más mínimo hasta lo más grande. Queremos darte gracias porque podemos llamarte Padre y cuando un padre se ocupa de sus hijos, ellos anhelan tener comunión con él. Tenemos razones de sobra por las cuales venir ante Tu presencia. Tu eres un Padre bondadoso, fiel. Te has comprometido a formar a Cristo en nosotras. Señor nuestro, bendícenos y haznos mujeres que oremos de tal forma que esa sea nuestra respiración, que ese sea nuestro estilo de vida.

Que entendamos que no tenemos fuerza alguna para llevar a cabo las encomiendas que pones en medio de nuestras vidas. Ayúdanos Señor a anhelar que Tu nombre y Tu memoria sean conocidos en toda la tierra. Que Tu gloria, mi Rey, llene toda la tierra y que en todas las naciones y en cada corazón sea conocido el gran camino de Tu salvación. Te damos gracias Jesucristo porque dejaste Tu trono de gloria, de riquezas, de esplendor y te vestiste de humanidad y viniste a morir por nosotros. Con valentía afirmaste Tu rostro, fuiste a la cruz. Y allí, como decía Patricia, clavaste esa acta de decretos que había contra nosotros y la anulaste. Echaste nuestros pecados en el fondo del mar y Tu obra es tan perfecta que aún el perdón para nuestros pecados presentes y futuros ya están cubiertos.

Gracias por el Espíritu Santo, porque Él es nuestro consolador, nuestro animador, el que intercede por nosotras. Oh Espíritu Santo, danos la sensibilidad que necesitamos para primero conocer nuestras debilidades y poder confesártelas, y poder orar conforme a Tu perfecta y santa voluntad. Tú sabes Señor cuál es el mayor deseo de nuestra alma. Anhelamos ver al Hijo del Hombre con sus ropas reales en Su caballo blanco en cuyo muslo está escrito «fiel y verdadero», descender, venir e implantar ese reino prometido de una vez por todas en los cielos y la tierra nuevos donde ya no tendremos más pecado con el cual luchar, y donde ya ni siquiera tendremos que orar porque hablaremos contigo cara a cara. Ven pronto Señor y ten misericordia y aviva Tu obra en medio de estos tiempos tan difíciles, tan confusos y tan inciertos. Confiamos en que Tu reinas y que todas las cosas las estás haciendo para el bien de Tu pueblo y el bien de Tu nombre. En el nombre de Jesús te presentamos estas cosas. Amén.

Annamarie: Amén. Somos parte de la historia de la redención, y nuestras oraciones tienen un rol en esa historia. Patricia de Saladín y Margarita de Michelén nos han estado recordando esto y nos han dado consejos prácticos para cultivar una vida de oración. Esta conversación es parte de la serie titulada, «Orando la Escritura». Si te perdiste alguno de los programas anteriores, o si quieres compartir esta serie con alguna hermana o amiga, encuentra todos los audios y las transcripciones en AvivaNuestrosCorazones.com.

Una de las cosas que queremos hacer durante este mes de octubre es orar juntas para que Dios avive Su obra en medio de su Iglesia. Pero como escuchamos en un programa anterior, es muy importante que escuchemos a Dios. ¿Qué tiene Él para decirnos acerca de Su Iglesia? ¿Qué significa eso para cada creyente? Reflexionemos juntas acerca de esto mañana, en la próxima serie de Aviva Nuestros Corazones.

Unidas en un clamor, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca de los oradores

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad …

Lee más
Margarita de Michelén

Margarita de Michelén

Mejor conocida por Maggie, recibió por la gracia de Dios a Jesucristo como su Señor y Salvador en el año 1980. Está casada con Eric Michelén desde 1981. Ambos desde …

Lee más

Únete a la conversación