Podcast Aviva Nuestros Corazones

Os ha nacido hoy, día 3

Annamarie Sauter: La Navidad, la vida, la historia… ¿de qué se trata todo?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Nuestra salvación no se trata de nosotras. La eternidad no se trata de nosotras. El cielo no se trata de nosotras. ¡Es todo, todo, todo, sobre la gloria de Dios en las alturas!

Ese servicio de adoración, ese servicio de Navidad, estaba totalmente centrado en Dios. No se trataba de los ángeles, no se trataba de los pastores, no se trataba de María y José. Todos ellos desempeñaron un papel, y no está mal hablar de su parte, pero la celebración se centró en Cristo que vino a traer la gloria de Dios aquí a esta tierra.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nos encontramos en la serie titulada, «Os ha nacido hoy». Hemos estado profundizando en lo que la Escritura nos dice en Lucas capítulo 2, sobre un nacimiento asombroso.

Nancy: Si eres de aquellas que sigue la realeza y en especial la familia real británica, sé que debe haber algunas que nos escuchan que siguen estas familias, podrás recordar que alrededor de las 6:30 de la mañana del 22 de julio de 2013, el príncipe William acompañó a su esposa, Kate Middleton, a una puerta lateral del Hospital St. Mary en el oeste de Londres, porque Kate estaba en labor de parto, esperando su primer hijo.

Y justo antes de las 4:30 de la tarde, dio a luz a un bebé sano, el futuro heredero del trono británico. El heredero real, como era de esperar, ¡llegó con gran emoción y fanfarria!

Tan pronto como nació, la reina fue notificada, junto con otros miembros de la familia real, y luego se emitió un comunicado de prensa a los medios de comunicación de todo el mundo. El mundo estaba ansioso por escuchar sobre el nacimiento del nuevo pequeño príncipe.

Y luego, como es la tradición en la monarquía británica, un mensajero llevó un anuncio oficial del nacimiento desde el hospital al Palacio de Buckingham y lo colocó en un caballete fuera del palacio para que el público pudiera «¡ooh!» «¡ahh!» maravillarse frente al anuncio.

Esto es lo que decía el anuncio: «Su alteza real, la duquesa de Cambridge, fue entregada a salvo un hijo a las 4:24 p.m., hoy. Su alteza real y su hijo, ambos, están bien».

Ahora, eso fue el 22 de julio. Kate debía dar a luz a mediados de julio. Los reporteros y fotógrafos habían acampado fuera del hospital durante tres semanas, ansiosos por recibir algún aviso, para obtener noticias sobre el nacimiento de ese bebé.

El día del nacimiento real fue un acontecimiento mundial, ya que cientos de camarógrafos y fotógrafos de todo el mundo se congregaron fuera del hospital. Al día siguiente, el duque y la duquesa de Cambridge fueron saludados por multitudes de simpatizantes mientras salían del hospital, haciendo su primera aparición con su pequeño hijo, el futuro rey.

Y la noticia corrió a la velocidad de la luz. El día siguiente del nacimiento, el cinco por ciento de todas las noticias mundiales estaban relacionadas con el bebé real. ¡Muy importante! ¡En su momento cumbre, hubo más de 25,000 tweets por minuto sobre el nacimiento de #RoyalBaby!, que significa: bebé real, ¡y el bebé no se dio cuenta de nada de eso!

Un día después de irse del hospital, la pareja real anunció el nombre de su hijo: George Alexander Louis..., oficialmente, su alteza real el príncipe George de Cambridge. Ahora, mientras hacía una investigación divertida sobre algunos de los antecedentes del nacimiento del príncipe George en las últimas semanas, pensé: ¡Qué tan diferente fue todo esto del nacimiento del Señor Jesús en Belén, hace un poco más de dos mil años!

Hemos estado estudiando el capítulo 2 de Lucas, y quiero volver a leer, comenzando en el versículo 8 del capítulo 2 de Lucas, y veremos la parte final de este pasaje hoy.

Empezando en el versículo 8, Lucas 2:

«En la misma región había pastores que estaban en el campo, cuidando sus rebaños durante las vigilias de la noche. Y un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y tuvieron gran temor. Mas el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí, os traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo; porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Y esto os servirá de señal: hallaréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (vv. 8-12).

La primera parte de lo que dice esa última oración no habría sido nada inusual, «un bebé envuelto en pañales». La segunda parte habría sido más inusual, «acostado en un pesebre», ¡en un comedero para animales! Pero eso, por supuesto, habría ayudado a los pastores a saber qué bebé era el que estaban buscando. Versículos 13 y 14:

«Y de repente apareció con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, alabando a Dios y diciendo:

Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace».

¡Esta es la Palabra del Señor!

«Gloria in excelsis Deo», has escuchado esa frase. De ahí es de donde viene: Gloria a Dios en las alturas. Gloria... en excelsis (en lo más alto)... Deo (a Dios). ¡Los ángeles estaban alabando a Dios!

¡Alabar a Dios es lo que hacen los ángeles! Ahora, ellos hacen otras cosas. Son enviados por Dios con mensajes para las personas aquí en la tierra. Ellos protegen al pueblo de Dios, ellos ejecutarán juicio. Ellos ayudarán a Jesús en la ejecución del juicio final. ¡Ellos hacen mucho!

Pero una cosa que nunca dejan de hacer es alabar a Dios. Job 38:7, nos dice que lo alabaron en la creación del mundo. Lo alaban veinticuatro horas al día, los siete días de la semana, alrededor del trono; lo sabemos por Apocalipsis 4 y 5. ¡Lo alabarán por toda la eternidad!

Y ahí estaban esa noche, su servicio de adoración atravesaba el cielo, y a estos pastores se les permitió echar un vistazo, participar en la adoración del cielo. ¡Qué privilegio! ¿No te gustaría haber estado en ese servicio de adoración?

Mi esposo y yo hablamos a veces, sobre qué tipo de música de la iglesia nos gusta y cuál no nos gusta tanto, y quizás tú tienes las mismas discusiones en su hogar; pero, ¿podrías imaginarte música como la que sonó esa noche? ¿Te imaginas una escena como esta? ¿Podrías imaginar adoración y alabanza así?

No ha habido un programa de Navidad como ese, ni antes ni después. ¡Te garantizo que nadie estaba adormilado o aburrido en esa ladera de Judea esa noche! Nadie miraba su reloj preguntándose, ¿cuándo va a terminar esto?

Estaban cautivados. Estaban hipnotizados. Y creo que estaban participando. No fueron solo espectadores. Creo que sus corazones fueron atraídos por la alabanza y la adoración, porque eso es lo que hace la alabanza. Atrae los corazones de aquellos que también son personas de fe.

Ahora, los ángeles conocían al Hijo de Dios desde que fueron creados. Habían visto su gloria. Ellos conocían su relación íntima con el Padre. Ellos conocían el amor y la unidad que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo compartían.

Sabían que la razón por la cual el Hijo había venido a la tierra era en obediencia a la voluntad del Padre; que había sido enviado, y que Él había dicho: «Me complazco en hacer tu voluntad. Sí, iré».

Y sabían que la razón de esto era redimir a pecadores caídos, rescatar a personas como esos pastores, personas como nosotras, de la justa ira de Dios. Estos son los ángeles que han visto todo esto, que han sido testigos presenciales de todo esto.

Estos ángeles que no habían pecado ni tenían necesidad de redención, pero que aman a Jesús, aman al Padre; que aman tanto el mensaje del evangelio, que cada vez que un pecador se arrepiente, ellos se regocijan.

Entonces cuando el Salvador del mundo fue enviado desde el cielo al mundo para que creciera como un hombre, para dar su vida, para dar su vida por el pecado del mundo, para ser el Cordero de Dios pascual para que pudiéramos ser salvos y pasar la eternidad disfrutando la gloria de Dios el Padre y de Dios el Hijo en el cielo, ¿cómo podrían hacer otra cosa que regocijarse?

¡Esto fue causa de asombro, motivo de gran celebración! Y así, en la noche del nacimiento del Salvador, estallaron en un coro extático de alabanza. ¡Se regocijaron con el plan de salvación que Jesús había venido a llevar a cabo a la tierra!

Ahora, no te estoy diciendo nada que no sepas, pero tal vez te estoy diciendo algo que se ha vuelto «aburrido, común y corriente» para ti... como lo es para mí, a veces. Y así llegamos a otra Navidad... Ya sabes, el desafío de cada pastor y maestro de la Biblia a través de la radio es: ¿qué hago en Navidad? ¿De qué nuevo pasaje voy a enseñar?

Bueno, creo que una de las cosas que debemos hacer es enseñar los pasajes antiguos, los pasajes familiares, y simplemente pedirle a Dios que nos infunda y a esos nuevos pasajes con nueva admiración. Pídele a Dios que nos ayude a verlos con ojos nuevos, escucharlos con oídos frescos y piensa en la maravilla que esos pastores deben haber experimentado esa noche.

Ahora, me entristece que tan a menudo. . . y he estado en todos los conciertos de Navidad, he visto todas las obras de Navidad, he leído todas las lecturas de Navidad (bueno, no todas, sino ¡muchas!). He celebrado la Navidad por mucho tiempo, y también la mayoría de las personas que me escuchan.

Pero, en la medida en que llega otra vez la Navidad, quiero alentarte a que hagas lo que he estado haciendo durante las últimas semanas. Toma un pasaje, como Lucas 2, y léelo y vuélvelo a leer, vuelve a leer y vuelve a leer. Dale la vuelta y hacia arriba, hacia abajo, hacia dentro y hacia afuera, y medita en él. Medítalo, como hizo María con las noticias de esa noche. Pídele a Dios que te dé una nueva sensación de asombro por lo que los ángeles se regocijaron esa noche.

¿Y qué hicieron los ángeles? Dijeron: «¡Gloria a Dios en las alturas». Le atribuyeron gloria a Dios en el cielo, y reconocieron que este es el propósito, la meta y el fin de todas las cosas en el cielo y en la tierra. ¡La gloria de Dios!

¡Gloria a Dios!

  • ¡Qué Él sea exaltado!
  • ¡Qué Él sea alabado!
  • ¡Qué Él sea adorado!
  • ¡Qué Él sea magnificado!
  • ¡Qué Él sea celebrado!
  • ¡Qué Él sea el centro de todas las cosas!

Escucha, este mundo no se trata de nosotras. Nuestra salvación no se trata de nosotras. La eternidad no se trata de nosotras. El cielo no se trata de nosotras ¡Es todo, todo, todo, sobre la gloria de Dios en las alturas!

Ese servicio de adoración, ese servicio de Navidad, estaba totalmente centrado en Dios. No se trataba de los ángeles, no se trataba de los pastores, no se trataba de María y José. Todos ellos desempeñaron un papel, y no está mal hablar de su parte, pero la celebración se centró en Cristo que vino a traer la gloria de Dios aquí a esta tierra.

Y todo este plan redentor que resultaría en pecadores que serían quienes glorificarían a Dios por toda la eternidad. Entonces declararon la gloria a Dios en el cielo, y luego declararon la paz en la tierra.

¿Y quién recibiría la paz? «Aquellos con quienes Dios está complacido». La versión Reina Valera dice: «En la tierra paz, buena voluntad para con los hombres», pero no es la mejor traducción porque no comunica bien el significado de este pasaje.

Una mejor traducción es: «Paz en la tierra para aquellos con los que Dios está complacido» o «para aquellos sobre quienes recae Su favor». Entonces, la pregunta es, ¿con quién está complacido Dios? ¿Quién puede tener paz en la tierra? Dios está complacido con aquellos que se han apartado de su pecado y han puesto su fe en Cristo, el Salvador del mundo, para salvarlos. Estos son los que en la tierra agradan a Dios. Sin fe, es imposible agradar a Dios (ver Heb 11:6). Estos son los que han puesto su fe en Cristo, y estos son los que tienen paz con Dios, que tienen la paz de Dios, la paz en la tierra.

Ahora, es interesante, una vez más, cómo esta historia tiene este contraste entre César Augusto y el Imperio Romano. Él era considerado como un dios; fue venerado: «César Augusto, reverenciado emperador del universo». Luego tienes a María, a José, a Belén, a los pastores, a personas y lugares comunes y corrientes.

César Augusto insistió en tener la gloria para sí mismo, pero el mensaje de Navidad es «¡gloria a Dios en las alturas!» César fue venerado por haber traído la paz a la tierra. Él trajo lo que se conoció como la Pax Romana, la Paz Romana, y fue celebrado por eso.

Un filósofo llamado Epicteto, que vivió en los siglos I y II D.C., dijo: «Mientras que el emperador puede dar la paz de la guerra en la tierra y el mar, no puede dar la paz de las pasiones, el dolor y la envidia. No puede dar paz al corazón, la que el hombre anhela más que incluso la paz exterior».

Así que se sabía que el emperador era el hombre de la paz, para traer la paz a la tierra, la paz romana, pero este filósofo reconoció que el emperador puede dar un cierto tipo de paz exterior temporal, pero no puede dar paz interior y paz duradera. El Bebé nacido esa noche en Belén, y colocado en un comedero para animales, era el Príncipe de Paz, la única esperanza de paz verdadera en la tierra. ¡Eso fue lo que los ángeles celebraron esa noche!

Este es el servicio de adoración en el que los pastores fueron incluidos. Esto fue lo que cambió radicalmente sus vidas, este mensaje: «Porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador que es ¡Cristo el Señor! Gloria a Dios en las alturas y ¡en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace!»

¡Ese es el mensaje que son las nuevas de gran gozo para todo el pueblo! Y luego versículo 15 nos dice: «Y aconteció que cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: Vayamos, pues, hasta Belén y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha dado a saber».

No dejen de notar aquí que los ángeles se fueron. Los ángeles no se quedaron allí y cantaron por el resto de la noche... y al día siguiente... y al día siguiente. Esa fue una experiencia momentánea, extática, extraordinaria e irrepetible.

Regresaron al cielo para... ¿hacer qué? Para reanudar su adoración. Seguir alabando a Dios ante el trono que es lo que hacen 24/7. Entonces, para los pastores esta experiencia en la cima de una montaña fue efímera y nunca se repitió.

Esas experiencias en la cima de la montaña no son donde se vive la mayor parte de la vida... donde vemos la gloria de Dios a todo color, tecnicolor. Ahora un día disfrutaremos de eso por toda la eternidad. Pero aquí en esta vida Dios solo nos da destellos momentáneos de esa gloria.

Pero esto es lo que Dios hizo que fue tan dulce para esos pastores, Él puso fe en sus corazones para que pudieran seguir creyendo incluso cuando ya no podían ver ni escuchar a esos mensajeros angelicales.

Y así es como nosotras creemos. Creemos, no porque hemos visto la gloria dividir el cielo de medianoche... aunque hemos visto «la gloria de Dios en la faz de Cristo», como dice Pablo en 2 Corintios 4: 6.

Creemos, no porque escuchemos ángeles, un ángel que diga: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz». Los pastores creyeron el mensaje que habían recibido de los ángeles, igual que nosotras al creer el mensaje que hemos recibido de la Palabra de Dios, el mensaje que estamos leyendo en este momento. Dios pone fe en nuestros corazones, y nosotros lo creemos.

Entonces, ¿qué hicieron los pastores? Creyeron que este mensaje era de Dios, y ¿qué hicieron? ¡Ellos tomaron acción! Tenían que hacer algo con esta noticia tan increíble. ¡Tuvieron que verlo por ellos mismos! No era suficiente solo escucharlo, solo saberlo. Querían experimentar de primera mano y participar en el drama de la redención.

Y descubrieron que lo que les habían dicho era verdad. Y podría decir, por cierto, que tenemos muchas personas celebrando la Navidad en esta época del año, que han escuchado la historia, conocen la historia, es parte de su tradición, parte de su cultura espiritual.

Ellos lo ven en todo a su alrededor. Van a la iglesia y lo han escuchado, ¡pero nunca han hecho nada al respecto! Nunca han experimentado personalmente la verdad de lo que han escuchado; nunca lo han investigado por ellos mismos. Nunca dicen: «¡Vamos a ver esto por nosotros mismos, con nuestros propios ojos!»

Y quizás, por primera vez, Dios está poniendo fe en tu corazón, que este mensaje es verdadero. Si es así, quiero alentarte, antes incluso de llegar a la Navidad, a parar, a detenerte, inclinar tu corazón, inclinar tu voluntad, inclinar tu vida ante el Señor y decirle: «Señor, yo creo, yo creo que este Bebé es el Hijo de Dios». Él es Dios que vino a la tierra para redimirme de mis pecados. Creo y me arrepiento. ¡Perdóname! Te acepto. Te recibo como Cristo, Señor y Salvador». ¡Y Él te salvará!

Bueno, el versículo 16 dice: «Fueron a toda prisa, y hallaron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Esa coma es importante después de «María y José», porque recuerdo cuando aprendimos esto, cuando éramos niños en la escuela.

Decíamos: «Y encontraron a María y a José y al bebé acostados en un pesebre». Las imágenes mentales como una niña: María y José, y el bebé, ¡todos acostados en el pesebre! (Risas) Algunas personas todavía lo leen de esa manera. (Estoy interesada en la gramática, así que tendrás que perdonarme por aclarar este punto).

Encontraron a María y a José –coma– y al bebé acostado en un pesebre. Ahora, el 22 de julio de 2013 nacieron 367,000 bebés en este mundo, según me han dicho, pero solo uno de esos bebés tenía sangre real corriendo por sus venas, su alteza real el príncipe George de Cambridge, nacido del Duque y la Duquesa de Cambridge.

No sabemos cuántos otros bebés nacieron el día en que María dio a luz a su Hijo primogénito en un establo para ganado, pero sabemos que solo uno de esos bebés tenía sangre divina fluyendo por sus venas, el Salvador, Cristo el Señor.

Versículo 17: «Y cuando (los pastores) vieron (a María, a José, y al bebé acostado en el pesebre, tal como les habían dicho), dieron a saber lo que se les había dicho acerca de este niño». ¿Qué era lo que se les había dicho?

No era solo lo que les habían dicho sobre un bebé nacido en Belén en un pesebre. Era «os ha nacido hoy un Salvador, Cristo el Señor».

«Dieron a saber lo que se les habían dicho sobre este niño. Y todos los que lo oyeron se maravillaron de las cosas que les fueron dichas por los pastores. Pero María atesoraba todas estas cosas, reflexionando sobre ellas en su corazón» (vv. 18-19).

Y así, esta es una respuesta natural: «Dieron a saber lo que se les había dicho acerca de este Niño». ¡No podían quedarse callados y guardárselo para sí mismos! Tuvieron que compartirlo con otros.

Y así, Dios eligió a estos simples y humildes pastores para ser los primeros en escuchar estas maravillosas noticias, y se convirtieron en los primeros en compartirlo con los demás: los primeros misioneros, los primeros evangelistas en compartir el euangelion, las buenas nuevas, no sobre César Augusto, sino ¡sobre Cristo el Salvador, el Señor!

Cuando has experimentado la realidad y la maravilla de quién es Jesús, por qué vino a la tierra, no puedes evitar compartirlo con los demás. Quieres contarles a otros acerca de Él. Y tenemos oportunidades para hacerlo en esta época del año que tal vez lo haga un poco más fácil que en otras épocas del año, porque la gente está un poco más a tono. Están escuchando al menos un poco sobre este Bebé que ha nacido. Y podemos decirles quién es este Bebé: ¡Cristo el Salvador que nos ha nacido!

Ahora, no era tarea de los pastores convencer a las personas a las que les hablaban de estas cosas. Era su trabajo compartir el mensaje, ¡pero el mensaje tuvo impacto! «Todos los que lo oyeron se maravillaron» (v. 18). Otra traducción dice: «Todos los que la escucharon quedaron asombrados». Se maravillaron de lo que los pastores les decían.

Jesús es único, maravilloso. Cuando hablamos de Él con las personas, cuando explicamos quién es y por qué vino, ellos quedaran maravillados ante él. Y luego, el versículo 20: «Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, como se les había dicho».

Me recuerda a Ana, otra mujer sobre la que leemos más adelante en el capítulo 2 de Lucas, la viuda anciana en el templo que vio al Cristo recién nacido a los cuarenta días de nacido cuando fue llevado al templo.

Lucas 2:38 dice: «Comenzó a dar gracias a Dios y a hablar de Él a todos los que esperaban la redención de Jerusalén». Esta es una respuesta doble al ver a Cristo, alabarlo y hablarles a los demás acerca de Él; adoración y evangelismo.

Una vez más, no es nuestro trabajo convertir a las personas, sino alabar al Señor, celebrar su venida y su redención, y luego contarles a otros sobre ello. Bueno, esta fue una noche increíble para estos pastores, ¿no crees? ¡Nunca volverían a ser los mismos!

Tal vez sí fueron, como dijimos en la última sesión, esos pastores que estaban cuidando las ovejas destinadas al sacrificio, tal vez fue en los años venideros, y tal vez no fue hasta la cruz de Cristo, que se dieron cuenta de que esos corderos que ellos cuidaban eran un tipo de Cristo, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Estoy segura de que crecieron en su conocimiento de lo que experimentaron esa noche, pero eventualmente, tuvieron que volver a trabajar. Ellos «volvieron». Esa es una palabra importante, porque toda la vida no se vive en los servicios de Navidad y en grandes visitaciones, grandes experiencias del evangelio.

Volvieron a su trabajo, pero su trabajo nunca volvería a ser el mismo. Se unieron a la alabanza y la adoración de los ángeles. «(Ellos) regresaron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, como se les había dicho» (v. 20).

Así que ¿sobre qué hablaron? No se trataba de ellos: «¡Adivina qué nos pasó hoy! Adivina lo que vimos?» Ahora, probablemente ellos contaron esas historias, pero el punto no fue sobre ellos en absoluto. Ellos glorificaron y alabaron a Dios por todo lo que habían escuchado y visto. «¡Toda la gloria a Dios!»

Y esa experiencia en ese momento, ese encuentro con Cristo, marcó el resto de sus vidas y los hizo para siempre adoradores y evangelistas. Que así sea con nosotras, en la medida que nos encontramos con Cristo, ¡qué en Él veamos la gloria de Dios!

¡Oh Señor, te alabamos, te glorificamos, te honramos, te exaltamos, te adoramos! Porque para nosotros ha nacido en Belén, un Salvador, Cristo el Señor, su alteza real Jesús.

Lo amamos, y le pido que nos brinde oportunidades en esta temporada, y en los próximos días, para contarle a los demás lo que hemos visto, lo que hemos escuchado y lo que hemos experimentado. Que toda nuestra cotidianidad, todo nuestro trabajo, todas nuestras relaciones, se infundan con la realidad de lo que hemos experimentado, porque un Salvador nos ha nacido. Te damos gracias en el Nombre de Jesús, amén.

Annamarie: ¡Amén! Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth con la conclusión de la serie, «Os ha nacido hoy». Cuán significativo ha sido este mensaje para guiarnos en la forma cómo disfrutamos esta época en la que de manera especial celebramos la Navidad, profundizar en un pasaje de la Escritura que nos es familiar, sobre el nacimiento de Jesucristo, y verlo de una manera fresca.

Estoy muy agradecida por cómo Nancy nos ayuda a enfocar nuestros ojos donde deben estar, en la gloriosa persona de nuestro Salvador Jesucristo. Dios encarnado.

Si te perdiste cualquiera de los programas anteriores te animo a escucharlo, puedes hacerlo a través de nuestra aplicación Aviva Nuestros Corazones, o nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Te animo también, si has sido bendecida con esta enseñanza, a compartirla con otras mujeres.

En el siguiente programa Janet Parshall te explicará por qué su trabajo en el área de la comunicación y la política tiene menor prioridad en su vida, que su rol de esposa y madre. Ella te animará a tomar el rol más importante que Dios te ha dado como mujer, aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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