Podcast Aviva Nuestros Corazones

Pasa el testigo de la fe

Carmen Espaillat: Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que aun cuando no te sientes calificada, tienes una misión de parte del Señor.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Las mujeres mayores deben enseñar a las más jóvenes a cómo caminar con Dios, cómo amar a sus maridos, cómo amar a sus hijos, así como a ser puras y hacendosas en el hogar. Esta es una tarea que nos llega con la edad, tenemos la responsabilidad de tomar la batuta y pasarla a la siguiente generación.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Dios te ha provisto de cierta educación y un buen conocimiento de algunas cosas. Aprende cómo pasar esto a otras mujeres que necesitan tu influencia en sus vidas. Nancy continúa en la cuarta parte de una serie que se titula, «Lecciones de la vida de Josué: Siguiendo el ejemplo de Dios para dirigir».

Nancy: Si alguna vez has visto una carrera de relevos, un evento de campo y pista en las Olimpiadas, sabrás, por ejemplo, que hay 4 corredores. Uno correrá la primera parte, otro la segunda, y así sucesivamente y una de las partes más importantes en una carrera de relevos es pasar la batuta de un corredor a otro. Un equipo entero puede ser descalificado de toda la carrera si se cae la batuta o si se realiza un intercambio de batuta ilegal, un intercambio indebido.

Bueno Moisés - quien había guiado al pueblo de Israel por cuarenta años a través del desierto, hasta la Tierra Prometida - entendió la importancia de pasar la batuta, pasar el liderazgo de una generación a otra, de seleccionar un sucesor que pudiera guiar al pueblo de Israel hacia la Tierra Prometida y los pudiera pastorear durante la siguiente etapa de sus vidas. Así que, el pasar la batuta fue algo que manejó cuidadosamente y en oración.

Pienso que Moisés sabía que su carrera no terminaría hasta que pasara la batuta exitosamente a la siguiente generación, así que él le pidió a Dios, como vimos en la sesión anterior, que nombrara su candidato para reemplazarlo. Leímos en Números capítulo 27, a petición de Moisés, ¿Señor, quién ha de ser éste hombre? El Señor respondió a Moisés, en el versiculo 18 "Toma a Josué, hijo de Nun, hombre en quien está el Espíritu, y pon tu mano sobre él." En otras palabras, "El es mi elegido, es Josué, a él es a quien he elegido para guiar al pueblo en esta siguiente etapa."

Hasta éste momento, toda la historia de Josué (que es lo que hemos estado viendo durante las semanas anteriores), todo había sido preparación para este momento. Él había estado aprendiendo. Él había estado siguiendo. Él había estado adorando. Él había sido fiel en privado, y ahora se le estaba pasando la batuta. Hubo una transición hacia esta etapa de madurez en la cual él se convertiría en el líder del pueblo de Dios. A través de todos estos años, Josué le había estado diciendo, "Sí," a Dios y ahora Dios había puesto su mano sobre Josué y lo había seleccionado para éste nuevo llamado.

Ahora, Dios pudo fácilmente haber seleccionado a Caleb, quien parece igualmente calificado hasta dónde podemos ver. No sabemos nada negativo de Caleb. Sabemos muchas cosas buenas acerca de Caleb. Ciertamente él era un hombre de fe. Tal vez hubo otros en esa generación otros jóvenes que eran verdaderos hombres de fe que Dios pudo haber seleccionado, pero Él no escogió a ningún otro. Él escogió a Josué.

No puedo evitar preguntarme si Josué se habrá preguntado por qué. No sabemos lo que Josué pensó acerca de todo esto. Lo que sí sabemos, es que a partir de éste momento, Josué no tuvo dudas del llamado de Dios. Durante el resto de su vida, a través de las batallas, durante los retos de ir y conquistar esta tierra nueva, lo que parecía imposible, cuando se enfrentaron a esos muros en Jericó, cuando se enfrentaron a decisiones duras y difíciles, cuando se enfrentaron a enemigos tercos en la tierra; él siempre podía mirar hacia atrás y saber que Dios había sido el que lo había puesto en esta posición. Dios había puesto Su Espíritu dentro de él. Dios lo había equipado y capacitado por Su Espíritu Santo para llevar a cabo lo que había sido llamado a hacer. Ciertamente, éste conocimiento es lo que sostuvo y le permitió llevar a cabo su llamado durante el resto de su vida.

En la medida en que continuamos en Números capítulo 27, llegamos a la primera de dos o tres ceremonias oficiales para darle la ordenación o comisión oficial - privadas y públicas. No está claro si fueron dos o tres, pero hubo por lo menos dos ceremonias diferentes, la primera de ellas la encontramos en Números capítulo 27. Podemos leer acerca de la otra o de las otras dos en Deuteronomio capítulo 32.

Leyendo en Números 27, en el versículo 19, Dios dice refiriéndose a Josué:

“Haz que se ponga delante del sacerdote Eleazar, y delante de toda la congregación, e impártele autoridad a la vista de ellos .Y [tú Moisés] pondrás sobre él parte de tu dignidad a fin de que le obedezca toda la congregación de los hijos de Israel. Él [Josué] se presentará delante del sacerdote Eleazar, quien inquirirá por él por medio del juicio del Urim delante del Señor” (versículos 19-21).

El Urim... no está muy claro en las Escrituras exactamente lo que era, lo que sabemos es que era parte del pectoral del sacerdote, parte de la vestimenta que usaba, y era una manera de recibir dirección divina. No sabemos cómo es que Dios lo hacía, pero Dios proveía al sacerdote, quien por medio del Urim, recibiría dirección para Josué como su líder.

Continuando en el versículo 21 dice:

“A su palabra [la palabra de Josué] saldrán y a su palabra entrarán, [refiriéndose al pueblo] él y todos los hijos de Israel con él, es decir, toda la congregación. Y Moisés hizo tal como el Señor le ordenó: tomó a Josué y lo puso delante del sacerdote Eleazar y delante de toda la congregación. Luego puso sus manos sobre él y le impartió autoridad, tal como el Señor había hablado por medio de Moisés” (versículos 21-23).

Hemos estado hablando acerca de ésta transición entre el liderazgo de Moisés y la era en la cual Josué sería el líder, y ésta transferencia de la batuta, ésta transición, fue un aspecto muy importante para Josué en su transformación como líder.

Así que Dios dirigió a Moisés a comisionar a Josué en una ceremonia pública que involucraba una transferencia de autoridad y de responsabilidades tanto simbólica como espiritual. No se trataba solamente de la transferencia de un título. Cualquiera puede tener un título, pero tener la autoridad y las responsabilidades que conlleva, eso es cosa seria. Esta fue una comisión pública para que Josué y el pueblo supieran que la autoridad y el liderazgo de Moisés estaban siendo establecidos en Josué, como el siguiente líder.

La ceremonia se llevó a cabo frente al sacerdote Eleazar y frente a toda la congregación, de acuerdo a la Escritura que acabamos de leer. Pero, ¿quién era Eleazar? Recuerda que él era el tercer hijo de Aarón. Aarón, era el hermano de Moisés, así que Eleazar era sobrino de Moisés, y los dos hermanos mayores de Eleazar -si recuerdas- eran Nadad y Abiú murieron delante del Señor por ofrecer fuego extraño ante el Señor, puedes leer acerca de todo eso en Números capítulo 3.

Entonces tenemos a este hermano, el siguiente hermano. ¿No creen que él tendría algo de temor de Dios como sacerdote - "Más te vale que hagas lo que Dios dice y no hagas más de lo que Dios te pida que hagas"? Eleazar y su hermano Itamar habían continuado sirviendo como sacerdotes delante del Señor.

En números 20, por instrucción del Señor, Eleazar había sido seleccionado para sustituir a Aarón como el sumo sacerdote, luego falleció Aarón en el monte. Leemos acerca de eso nuevamente en Números capítulo 20. Así continuó Eleazar sirviendo como sacerdote durante los días de Josué.

Ambos Eleazar y Josué sucedieron a estos líderes poderosos, "exitosos," bien conocidos, a Moisés y Aarón. Ellos iban a ocupar puestos que les quedaban grandes. Seguramente ellos lo sabían, pero cuando llegó el momento de que Moisés y Aarón cedieron su lugar, como siempre sucede... cuando llega el momento en que el líder que ha estado por tantos años es llamado a ceder su lugar, alguien nuevo debe tomarlo. Cuando llegó el momento, Dios levantó a estos hombres jóvenes para guiar a la nueva generación a la Tierra Prometida y hacia la conquista de Canaán.

Entonces Moisés impuso las manos sobre Josué. Lo invistió, impartió sobre él parte de la autoridad que Dios le había dado, puedes leerlo en el versículo 20. Esto me indica que tal vez hubo una transición gradual. Moisés aún no había fallecido. Aún no era el tiempo, hay un espacio, hay un período de tiempo donde la batuta se está pasando, y éste es el principio de esa transferencia de autoridad.

Moisés le otorga a Josué parte de la autoridad que Dios le había dado, y creo que el otorgamiento completo de responsabilidades se da en Josué capítulo 1- que veremos dentro de unos días - cuando Dios dice: "Mi siervo Moisés ha muerto; ahora tú eres el que ha de guiar a mi pueblo a la Tierra Prometida" (versículo 2, parafraseado)

Pero puedo ver que Josué no se apropió de ésta posición por sí mismo, y creo que eso es importante recordarlo. Él no se puso a sí mismo en esta posición; él no hizo una campaña para ello, él no se desvivía por eso, él no hizo política, él no trató de influenciar a nadie para obtenerlo. Dios lo levantó, Dios encontró un hombre que estaba preparado, un hombre que había sido probado y confirmado, un hombre que estaba listo para ser utilizado.

¿Quieres servir al Señor y cumplir Sus propósitos para tu vida? No es tan importante que obtengas una posición. Lo que es importante es que seas fiel ahí donde Dios te ha colocado y que estés preparada para cualquier cosa que se presente en el futuro.

Lo interesante de esto, es que como Josué no hizo campaña para esa posición sino que el fue llamado y nombrado por Dios mismo, lo hermoso de esto es que él no fue dejado a su suerte para llevar a cabo ese trabajo solo, no. Nunca tuvo que depender de sus habilidades naturales, de su propia sabiduría o de su propia autoridad. Aparte de sus propios recursos, Dios proveyó para él todo lo necesario. Dios puso Su Espíritu dentro de Josué. Lo que él realmente necesitaba para hacer su trabajo era el poder sobrenatural y la presencia de Dios, y eso fue exactamente lo que Dios le dio.

Pienso que desde el principio Josué se dio cuenta de que era dependiente, absolutamente dependiente de Dios para llevar a cabo este trabajo. No importa qué tan exitoso hubiera sido Josué anteriormente, ésta era una tarea y un llamado más grande y más allá de lo que alguna vez hubiera pensado. Él debió haber pensado, "¿Quién, yo? Yo no estoy calificado para esto. Yo no soy capaz de llevarlo a cabo."

A través de los años, mientras he leído muchas biografías de cristianos que Dios ha usado de maneras muy significativas, es una canción común que ellos cantan: "¿Quién, yo, Dios?, ¿usarme a mí? Moisés lo hizo frente a la zarza ardiendo. "Señor, yo no soy capaz de hacer eso. No lo puedo hacer." Cuando sabes que no puedes, pero a la vez sabes que Dios te ha llamado, entonces sabes que Dios te dará la gracia y las herramientas necesarias para llevar a cabo lo que Él te ha llamado a hacer.

Así que Dios estableció un sistema en el cual Josué pudiera rendirle cuentas a otras personas, para su propia protección y la de la joven nación que Josué comenzaba a dirigir. Josué no fue llamado a funcionar de manera independiente. Podemos ver aquí el papel de Eleazar el sacerdote. Él iba a estar inquiriendo a Dios y pidiendo Su dirección para hacérsela saber a Josué. Dios también le hablaría a Josué - vemos esto a través del libro de Josué - y luego Josué le hablaría al pueblo.

Así que Josué tenía muchos recursos que Dios había provisto para él de manera sobrenatural. Él tenía el legado que había recibido de Moisés. El había sido ungido, nombrado y capacitado por el Espíritu - Su poder no tiene límites. El estaba construyendo su ministerio sobre el fundamento de años de caminar en el Señor y de ver a Dios actuar, de esa manera cultivó una vida de fe y de fidelidad.

Y ahora él iba a ser a ser apoyado por la guía del Señor en cada una de las situaciones particulares que enfrentaría, y esa guía vendría directamente del Espíritu Santo, de la Palabra de Dios - veremos eso cuando lleguemos a Josué capítulo 1 - y también a través de la ayuda del sumo sacerdote quien consultaría al Señor por él.

Así que todos estos recursos: el Espíritu que habitaba en él, la transferencia de autoridad por parte de Moisés, la dirección de Dios a través del sacerdote. Josué tenía todo lo que necesitaba para guiar a la congregación y tú tienes todo lo que necesitas para llevar a cabo el trabajo para el cual Dios te ha llamado.

Lo he dicho muchas veces en éste programa, y lo voy a decir de nuevo, porque siempre es cierto, me he encontrado una y otra vez en este ministerio preguntándome, "¿Quién, yo? Señor, yo no puedo hacer esto." La gran responsabilidad de estudiar la Palabra de Dios, de abrirla y permitir que me hable para luego pasarla a alguien más, es la Palabra de Dios, no quieres equivocarte porque se trata de la palabra de Dios.

La responsabilidad de enseñar temas completamente nuevos, libros nuevos, pasajes nuevos hasta llegar a entenderlos para luego pasarlos a las demás, la responsabilidad de dirigir un ministerio y todo lo que eso involucra, una y otra vez, mi corazón dice: Señor, no tengo las cualificaciones necesarias para hacer esto." Y Dios siempre me recuerda que en mi debilidad, Su fuerza se manifiesta.

Eso es lo que le da gloria a Dios - no cuando las personas pueden ver nuestros talentos y habilidades naturales, y decir: "Oh, mira qué gran líder,"- sino cuando los demás pueden ver nuestras deficiencias y debilidades y el poder de Dios desplegado en nosotras, y decir, "Oh, cuán grande es Dios. Si Dios puede hacerlo en su vida, si Dios la puede usar, entonces El puede hacer algo con mi vida.

A través de los años he sido inspirada por los ejemplos de grandes siervos del Señor quienes se sintieron como yo me he sentido - sentían que eran débiles e inadecuados - pero corrían hacia Dios y obtenían la gracia y el poder para hacer lo que Dios les había llamado a hacer. Dios nos ha llamado a servirle, a servir a Su pueblo. Muchas de ustedes tienen familias a quien Dios las ha llamado a servir o están sirviendo en algunas áreas de responsabilidad en su iglesia local. Dios te ha dado ese llamado.

Escuchen, mamás, la maternidad es un llamado divino. Esposas, ser esposa es un llamado divino. Mujer que estás soltera, por diseño y selección de Dios, ese es un llamado divino. Pablo en 1era a los Corintios 7 que es un regalo del Señor. Dios te ha llamado a servirle, muchas de nosotras estamos en diferentes etapas en nuestras vidas, pero tú tienes el llamado de Dios. Yo tengo el llamado de Dios.

Y junto con ese llamado, Dios nos ha dado Su Espíritu; Él nos ha dado dones espirituales; nos ha dado Su Palabra; nos ha equipado con el consejo, con la cobertura, la protección y la guía de hombres de Dios, así como Josué tenía al sacerdote Eleazar.

Estoy muy agradecida por los hombres de Dios que son estudiosos de la Palabra. Los llamo de vez en cuando o les envió un correo electrónico para decirles "No estoy segura si entiendo lo que dice este pasaje. ¿Me podrías ayudar a entenderlo?" Estoy agradecida por todos los que han escrito libros que me ayudan cuando trato de entender algunos pasajes difíciles de la Escritura. Mi punto es que Dios no nos deja para que dependamos de nosotras mismas o de nuestros propios dones.

Si tuvieras que ser mamá con tus propias fuerzas o con tus propios dones, ¿no te habrías dado por vencida hace mucho tiempo? Si tuvieras que cumplir el llamado que Dios te ha dado como líder de estudio Bíblico en tu iglesia, o discipulado mujeres jóvenes o aconsejando a algunas de las jóvenes que vienen a ti y te dicen, "¿Qué puedo hacer? Mi matrimonio se está desbaratando." Y tú piensas, "No sé".

Si tuvieras que confiar en tus propias fuerzas, tus propios dones y esfuerzos, ¿no te habrías ya dado por vencida? ¿No dirías tú, “Voy a llevar a cabo algún otro llamado, pero no éste?" Pero no tienes que descansar en tus propias fuerzas. No tienes que confiar en tus propios dones. Tampoco yo. Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para cumplir con Su llamado en nuestras vidas. No sé a ti, pero a mí, saber esto, a mí me fortalece, me motiva. Me anima. Eso me permite saber que puedo continuar porque no soy yo, sino Su poder en mí.

Aún con todo lo que Dios había provisto para Josué, Josué ciertamente sabía (como ya lo hemos dicho) que estaba ante una responsabilidad enorme. ¿Quién podía llenar el puesto de Moisés? La respuesta es: nadie. Dios tuvo a Moisés para esa era y ahora Dios tenía a Josué para la siguiente era. Josué tenía que saber que no había manera de que él pudiera ser otro Moisés. De hecho, leemos en Deuteronomio capítulo 34, si es que Josué no estaba inseguro con esta declaración, lo estaría seguro.

Deuteronomio 34, comenzando en versículo 10 dice:

Desde entonces no ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien el Señor conocía cara a cara, nadie como él por todas las señales y prodigios que él Señor le mandó hacer en la tierra de Egipto, contra Faraón, contra todos sus siervos y contra toda su tierra, y por la mano poderosa y por todos los hechos grandiosos y terribles que Moisés realizó ante los ojos de Israel. (versículos 10-12).

¿Sabes cuándo se escribieron estas palabras? Al final de Deuteronomio, en la muerte de Moisés, justamente cuando el pueblo estaba terminando de lamentar su muerte, y justo cuando Josué estaba tomando la batuta para dirigir a la nación a su siguiente capítulo. Así que la Escritura registra que nunca había habido un hombre como Moisés, un hombre a quien Dios había usado de una manera tan significativa. Imagínate que tú eres Josué y que estás escuchando esas palabras. Era un papel difícil de asumir.

Aquí es donde viene el peligro de las comparaciones. "Yo nunca podré ser como fulana o como sutana. Nunca podré hacer esto como ella." Algunas de ustedes observan cómo algunas mujeres mayores que ustedes han criado a sus hijos, y quizás están pensando, "Es que yo no tengo la menor idea de cómo hacerlo." Dios no le dio tus hijos a esa otra mujer, Dios te ha dado esos niños a ti, y Dios no te llamó a ser esa otra mujer.

Honestamente, me da un poco de pena decirte esto, pero cuando escucho a otras maestras de la Biblia, algunas de las otras mujeres que Dios está usando de manera significativa, las escucho y pienso, Oh Señor ¿y qué estoy yo haciendo en éste trabajo? Yo no soy como esas mujeres. Veo los talentos, los dones y las habilidades que Dios les ha dado en sus ministerios, y pienso, yo no tengo esas habilidades. Ellas deberían estar haciendo el trabajo y no yo. Pero Dios no las llamó a ellas a hacer Aviva Nuestros Corazones. Él me llamó a mí a hacer Aviva Nuestros Corazones. Es una oportunidad increíble para que Dios muestre Su poder a través de mi debilidad.

Josué no se podía comparar con Moisés. No había comparación. Él tenía que estar seguro del hecho de que Dios lo había escogido, llamado y equipado a él para dirigir al pueblo a través de este nuevo periodo, y si Dios hubiera querido que Moisés fuera el que llevara al pueblo a la tierra prometida, Dios habría mantenido vivo a Moisés para tal propósito. Dios se llevó a Moisés, y en Su providencia y en su sabiduría tal vez una de las razones era que Dios no quería que Moisés se llevara el crédito por las cosas maravillosas que sucedieron con este joven y nuevo líder.

Dios había escogido, llamado y equipado a Josué, pero pienso que Dios también sabía que Josué necesitaba el ánimo y la afirmación de los líderes adultos hablándole a su vida, así lo leemos en Deuteronomio capítulo 3.

Mientras Moisés les estaba recordando la secuencia de los eventos que habían sucedido, justo antes de que los hijos de Israel entraran a la Tierra Prometida, Dios le dijo a Moisés:

“Pero encarga a Josué, y anímale y fortalécele, porque él pasará a la cabeza de éste pueblo y él les dará por heredad la tierra que tú verás.” (Deut.3:28)

Dios le dijo a Moisés, "Hay algo que necesitas darle además de tu trabajo, de tu título, de la responsabilidad - necesitas enseñarle, instruirlo, animarlo y fortalecerlo para ésta labor," de la misma manera que Dios había hecho con Moisés a través de todos esos años. "Lo que te he dado a ti," le dice Dios a Moisés, "necesitas pasarlo a Josué."

Cuando leo ese pasaje, me siento tan agradecida por esos hombres y mujeres mayores de Dios que me han animado, me han fortalecido para cumplir el llamado de Dios en mi generación. Algunos de ellos los he conocido, algunos ya están en el cielo, y otros sólo he leído de ellos en libros.

Pienso en mis padres; pienso en maestros, líderes, pastores, personas que han hablado a mi vida y me han dado una visión de cómo Dios quería usar mi vida. Ellos no lo podrían haber hecho por mí, pero Dios le dijo a Moisés, "Josué es el que va a llevar al pueblo a poseer la tierra que tú puedes ver, así que anímalo en eso."

¿Qué fue lo que se le pidió a Moisés que hiciera? Pienso que lo que se le pidió fue que le diera una imagen a Josué de cómo Dios quería usarlo, para inspirar en su corazón fe, fe en el corazón de este joven líder.

Hace como veinte años, cuando el fundador de nuestro ministerio... y he hecho referencia de él previamente en esta serie. Cuando el falleció pasando sus 40 años de edad. Cuando él aún vivía, y yo estaba en mis veintes, recuerdo que habían algunos líderes cristianos adultos que estaban falleciendo y yéndose con el Señor, algunos de ellos habían sido increíbles líderes espirituales en el mundo evangélico. Recuerdo a nuestro fundador decirnos a mí y a algunas otras personas del personal, "El tiempo viene, recuerda yo estaba en mis veinte años, el tiempo viene en que será nuestro turno, y todos necesitamos estar listos para tomar la batuta."

Eso no era para decir que todos tendríamos posiciones como líderes en el mundo evangélico. Sino que Dios tiene una misión y un propósito para cada una de nuestras vidas, y no podemos seguir esperando a las personas adultas para que llenen esos puestos. Nosotras necesitamos empezar a ser esas personas adultas y tomar la batuta para que así podamos proveer un modelo piadoso de liderazgo para que la siguiente generación pueda seguir.

En ese entonces yo era una joven. Y admiraba a todas esas mujeres adultas. Bueno pues ahora soy una mujer adulta - no una anciana, pero sí una mujer adulta - y hay mujeres jóvenes que me buscan para consejos, por sabiduría, guía, y liderazgo espiritual y comprensión de la palabra de Dios

Y esa es una responsabilidad enorme, y todas nosotras, mientras vamos creciendo en edad, - esto no se supone que solamente es para las maestras públicas - las mujeres mayores deben enseñar a las más jóvenes cómo caminar con Dios, cómo amar a sus maridos, cómo amar a sus hijos, cómo ser puras y hacendosas en su hogar (ver Tito 2:3-5). Esa es una tarea a medida que vamos creciendo en edad. Tenemos la responsabilidad de tomar la batuta y luego pasarla a la siguiente generación.

Todas necesitamos un sentido de conexión y continuidad entre las generaciones anteriores y la presente, tomar la batuta de la generación anterior, y entonces pasar la batuta de la fe y de la gracia a las generaciones futuras.

Tú y yo estamos corriendo sólo un tramo en la carrera de relevos, la carrera no es solamente nuestra, somos una parte, si pudiéramos tener la visión de que somos sólo un tramo que corremos una pequeña parte y corremos tan rápido y nos quedamos sin aliento y pensamos que no vamos a llegar, pero esa parte que corremos fielmente es parte del grandioso plan de redención eterno tú no estás sola, no estás aislada, en tu punto de la carrera. Tú eres parte de una continuidad de fe. Moisés se la pasó a Josué; Josué se la pasó a la siguiente generación; ellos se a pasaron a la siguiente generación; Jesús pasó la batuta a Sus discípulos; y Pablo le dijo a Timoteo, "Las cosas que has oído de mí ....eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar a otros"(2 Tim.2:2).

Es muy egoísta de nuestra parte vivir solamente para el momento presente y para ésta generación sin estar conscientes de que somos parte de una gran carrera de fe donde debemos correr bien nuestra parte y tomar y pasar la batuta.

Como una generación mayor, necesitamos inspirar, preparar, animar, fortalecer además de afirmar a la siguiente generación. Mamás, eso es lo que ustedes están haciendo por sus hijos. Cada vez que veo niñas pequeñas que tienen un corazón para el Señor, siempre pienso, la siguiente Elisabeth Elliot quizás está por ahí en algún lugar ....sólo Dios sabe quién es ella y en donde está.

Quiero animar a esas niñas, bendecirlas, y de alguna manera aunque sea pequeña transferir la batuta de fe la a la siguiente generación, proveyéndoles una visión de cómo Dios las quiere usar como parte de Su reino y de Su plan.

Carmen: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth, animándonos a todas nosotras a invertir en las próximas generaciones. Este mensaje es parte de la serie titulada, «Lecciones de la vida de Josué: Siguiendo el ejemplo de Dios para dirigir».

¿Alguna vez has pensado que aquello en lo que has confiado, a menudo te ha decepcionado? Podría ser un esposo, un trabajo, dinero en el banco… En realidad sólo hay una cosa en la que puedes permanecer confiada. Hablaremos acerca de esto mañana. Te esperamos aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.