Podcast Aviva Nuestros Corazones

Permitiendo que Dios moldee a tu esposo

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Amigas, si sus hijos las ven cortar los ojos a sus esposos y hablar de ellos con irritación, no se sorprendan entonces cuando esos niños sean adolescentes y también te corten los ojos y te hablen a ti con el mismo tono irrespetuoso. Debes modelar respeto y amor a los demás, a sus hijos de manera muy particular.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Es tu matrimonio perfecto? Bueno, sé que la respuesta es no, porque no existe tal cosa como un matrimonio perfecto. Aprende hoy cómo honrar a Dios en medio de tu matrimonio imperfecto. Esto es parte de una serie llamada El hermoso diseño para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 .

Nancy: Vi a la señorita Dorothy en la iglesia hace unas semanas y le dije, “Estoy trabajando en una serie sobre Tito capítulo 2 y estaré enseñando sobre la importancia de que las mujeres jóvenes amen a sus esposos”.

Ahora, deben saber ustedes que la señorita Dorothy tiene 80 años de edad y tiene mucha sabiduría y ama la Palabra de Dios.

Ella me dijo: “Tengo una cosa que decir sobre el tema.”

La observé con mucha expectativa, como esperando atrapar la joya de sabiduría que estaba a punto de salir de sus labios sobre este tema de las mujeres amando a sus maridos.

Ella me dijo: “La marcha nupcial es tu camino a la muerte”. Y explicó, “Lo que quiero decir es 'la muerte del YO'”.

¿No es cierto? En cierto sentido, cuando hablamos de amar al cónyuge, estamos hablando de morir a nosotros mismos, y de una vida que se vive en la cruz, el único lugar donde un matrimonio realmente puede funcionar.

Al continuar en esta discusión sobre lo que significa que las esposas amen a sus esposos, considero importante que tú reconozcas queambos son pecadores. Si en tu matrimonio se va a manifestar el tipo de amor que Dios da, entonces ambos deben darse cuenta de que son dos pecadores en necesidad de la gracia de Dios.

Resulta fácil para las mujeres comparar a sus esposos con cualquier otro hombre que les parezca más maduro espiritualmente. Sé que hay mujeres que ven algunos de esos hombres y piensan, “Sería mucho más fácil si yo estuviera casada con alguien así”.

Ahora, ese otro hombre puede ser más maduro espiritualmente que tu esposo. Pudiera ser que tu esposo ni creyente sea; pero, estoy convencida de que no hay ningún hombre ni ninguna mujer con quien resulte fácil estar casado. Ese es el meollo del asunto.

Pudieras voltear a ver estos otros hombres y decir: “¡Son tan santos!”. Y sí, pudieran serlo. Pero no hay un ser humano con quien resulte fácil estar casado.

A veces cuando escuchas a tu pastor hablar, pudieras pensar, “¡Oh su esposa 'está hecha'; no tiene problemas!” Pero ellos tienen problemas por resolver dentro de su matrimonio. Son dos seres humanos, por lo tanto son dos pecadores caídos en necesidad de la gracia de Dios.

Quiero decirles que el mejor matrimonio no es otra cosa que dos pecadores continuamente humillándose a sí mismos, conscientes y dispuestos a ir a la cruz en busca de la gracia de Dios. El mejor matrimonio no se da por sí solo con facilidad, no sucede alejado de la cruz.

Encontré una cita de Charles Spurgeon, que pienso se aplica tan bien a este tema del amor de las esposas por sus esposos. Spurgeon dijo,

“Aquel que crece en gracia recuerda que no es otra cosa más que polvo, por lo tanto no espera que sus hermanos cristianos sean algo más que eso (incluyendo a su pareja). Pasa por alto 10,000 faltas en ellos, porque sabe que su Dios pasa por alto 20,000 de las propias. No espera perfección en la criatura, y por ende no se desilusiona cuando no la encuentra.”

¿No es esa una perspectiva útil al pensar en tu pareja? Sí, él tiene 10,000 defectos, pero Dios te ha perdonado unas 20,000 faltas a ti. Y si tú no esperas perfección en la criatura, entonces no vas a sufrir decepción al encontrar algo menos que perfección.

La humildad es un asunto muy importante en un matrimonio que ha de mostrar amor constante. Ese matrimonio extiende misericordia, asume lo mejor, no juzga los motivos, se hacen concesiones uno hacia el otro y no tiene la expectativa de que su pareja sea perfecta, espiritualmente hablando.

Recuerda que las fortalezas de tu esposo y sus debilidades son exactamente lo que Dios sabía que tú necesitabas para transformarte en la mujer que Él quiere que tú seas y viceversa. Tus fortalezas y tus debilidades son lo que Dios sabía que tu esposo necesitaba para convertirse en el hombre que tiene que ser.

A pesar de lo que hayan sido sus fracasos o sus pecados, recuerda que tu respuesta crítica y dura, o tus tácticas no amorosas, no son otra cosa que pecados. ¿Lo entiendes? Independientemente de qué clase de pecados o fallas él haya cometido, no deja de ser pecado en ti si respondes a sus fracasos de manera crítica, áspera o con desamor.

He visto tantas mujeres pecar con sus lenguas al hablar de los pecados de sus esposos. He visto mujeres continuamente derribar a sus esposos. Y no es su intención, pero de hecho lo hacen, y destruyen el corazón de su matrimonio con una lengua o con un espíritu crítico o negativo.

Alguien de otro ministerio compartió conmigo una carta que recibieron, la cual siento que es apropiada compartir en este caso.

Esta persona dijo: “. . . Cuando usted dijo que nuestras palabras son como punzones, realmente me golpeó. Hubo un tiempo en el que yo intentaba que así lo fueran. Un punzón es una herramienta [dijo esta esposa], y así eran mis palabras. De alguna manera pensé que como mujer yo debía tomar este enorme pedazo de hielo deformado, conocido como mi esposo, y esculpirlo en algo más agradable.

Así que tomaba mi punzón y esculpía las asperezas y las imperfecciones de este bloque de hielo. [Ella usaba sus palabras para hacer esto]. No comprendía por qué el punzón no estaba haciendo su trabajo. Mis palabras no estaban siendo escuchadas. Quizás tenía que esforzarme más o buscar un punzón más grande. ¿Por qué este bloque no toma forma?”

Tarde o temprano algunas mujeres suelen tomar un soldador, y solo terminan con hielo derretido. Puede ser peligroso tratar de esculpir una creación ajena a la cual no te corresponde a ti darle forma.

Ruth Graham, la esposa de Billy Graham, dijo que fue un día grandioso cuando ella comprendió que no era su labor cambiar a su esposo. Ella dijo, “Mi trabajo era amar a Billy, y el trabajo de Dios es cambiarlo.”

Eso es un buen lema para mantener en tu matrimonio. Tu trabajo es amar a tu esposo. El trabajo de Dios es cambiarlo.

¿Te encuentras usando palabras como punzones, tratando de dar forma y de moldear a tu esposo? Tal vez hasta has sacado el soldador y has socavado, y socavado, minado; reduciéndolo, en algunos casos, hasta la nada.

Si te encuentras identificada con ese testimonio, tal vez ahora necesites simplemente decir, “Señor, perdóname. He pecado contra ti. He pecado contra mi esposo con mis palabras, con mi espíritu crítico y condenatorio—siempre tratando de cambiarlo en vez de amarlo incondicionalmente y de permitirte que Tú lo cambies”.

Elisabeth Elliot, quien ha tenido una gran influencia en muchas de nuestras vidas, sabe mucho acerca del matrimonio. Ella ha estado casada en tres ocasiones. Dios se llevó a sus dos primeros esposos a través de la muerte.

Ella ha escrito y hablado tantas palabras sabias sobre el matrimonio, pero creo que esta cita en particular es útil. Ella dijo,

“Una esposa, si es muy generosa, quizás permita que su esposo cumpla un 80% de las expectativas de ella. [Y conste, esto ella lo califica como un buen matrimonio.] Siempre habrá un 20% que a ella le gustaría cambiar. E insistirá en ello durante todo su matrimonio, sin lograr reducirlo gran cosa. Pudiera, en cambio, simplemente decidir disfrutar del 80% y ambos serán muy felices.”

Palabras sabias, ¿no?

Es tan fácil señalar sus fracasos, sus defectos, sus deficiencias. La pregunta no es, “¿Tiene fallas tu esposo, tiene defectos o deficiencias?” Claro que los tiene. La pregunta es “¿Lo vas amar a pesar de ello?”

Déjame animarte—aunque sé que ustedes entienden esto mejor que yo (aquellas que están casadas), pero es muy fácil perder la perspectiva correcta. Permítanme animarles a no hacer un gran evento sobre los pequeños detalles que quisieras cambiar.

Y a la vez permítanme animarles a hacer un gran alboroto sobre los llamados “pequeños detalles”—que son cualidades positivas. ¡Hagan una fiesta sobre eso!

No solo lo pienses. Dígalo ¡Dígalo!, “Gracias, te aprecio y admiro por esto. Te amo. Gracias por escogerme”. ¡Diga las palabras!

Muchísimas esposas llegan a pensar y a sentir estas palabras; pero no las dicen.

Pudieras decir, “Yo quisiera que mi esposo me dijera esas cosas a mí”. Dios no te está llamando a ser responsable por tu esposo. Te está llamando a cumplir con tu responsabilidad de amar a tu esposo.

Así que como lo hemos venido haciendo en otros programas de esta serie, permítanme hacerles unas cuantas preguntas para hacerlo más personal.

• ¿Pasas más tiempo pensando de manera crítica sobre tu esposo u orando por él? Sé honesta. ¿Hacia dónde divagan tus pensamientos con mayor frecuencia? ¿A criticarlo? O, ¿a llevarlo delante del Señor, intercediendo a su favor? ¿Qué tan seguido le hablas palabras de admiración y afirmación a tu esposo?

Una mujer dijo que cuando asumió el reto de motivar a su esposo, ella se dio cuenta que si uno tiene pensamientos de aliento sobre su esposo, eso la convierte en una motivadora. Pero también se dio cuenta de que no eres una persona que alienta si no ofreces las palabras de aliento.

• ¿Te enfocas más en los éxitos y en las cualidades positivas de tu esposo, o en sus debilidades y fracasos—las cosas que deseas ver cambiar?

• ¿Amas, aceptas y admiras a tu esposo tal cómo él es?

Eso no significa que todo acerca de él sea digno de aceptar y amar. Pero, ¿Acaso siente él que necesita pasar por una transformación total para que tú le ames, le aceptes o le respetes?

Es asombroso cuando ves a alguien a través de los ojos del amor, lo ves muy diferente a como lo ves con ojos de crítica y de juicio. He escuchado a mujeres describir a sus esposos de formas que nadie quisiera vivir con ese hombre—claro esas personas que no viven con él, al verlo piensan: “Ese hombre luce tan generoso, tan buen trabajador o tan amable y considerado.”

¿Por qué será que otros ven cualidades en él, pero la mujer que está casada con él no las ve? Seguramente no es porque esas cualidades no estén presentes, sólo que ella lo observa a través de unos lentes de crítica y de juicio.

Insisto, las otras personas no saben todo lo que tú sabes, pues tú vives con él; y, desafortunadamente, mostramos nuestro peor lado hacia el otro en el hogar. Eso es parte de la vida en familia; el amarnos y aceptarnos los unos a los otros a pesar de conocer lo peor de cada uno.

Aquí otra pregunta:

● ¿Eres tan rápida para disculpar a tu esposo como lo eres para disculpar a otros hombres en tu iglesia, en tu trabajo o huéspedes en tu casa?

Es muy triste ver como mucha gente trata mejor a sus huéspedes que a su pareja. Recientemente yo estaba en una tienda y vi a una pareja de esposos. Desconozco el inicio de la discusión, coincidí con ellos cuando ya habían comenzado la polémica. Obviamente él había hecho algo que a ella le molestó y ella le estaba haciendo pagar su error con su tono de voz.

Ellos se esforzaban por ser discretos al respecto, pero era imposible mantenerlo discreto. No gritaban; era muy tranquilo, pero se sentía la tensión.

Claro, yo ignoraba lo que había precipitado ese momento, pero recuerdo haber visto a la mujer tomarlo como un rehén por lo que él había hecho o dicho (o por no haber hecho o dicho algo), y recuerdo haber pensado, “Suéltalo, déjalo ir. ¿Qué puede haber sido tan importante que no puedas dejar libre?”

• ¿Debes tener la última palabra? ¿Necesitas ganar cada asunto? ¿Tienes que demostrar que tienes la razón? ¿No puedes pasar esto por alto por amor a una relación que merece ser atesorada y protegida?

• ¿Siente tu esposo que él tiene la libertad de fallar sin temor a ser criticado o rechazado?

Escucha, cuando tu esposo falla, ¡él lo sabe! Y tiene un montón de otras personas en el trabajo u otra parte que se lo dirá.

El esposo de mi amiga Kim es pastor. Él nos decía el otro día lo mucho que significa para él que ella lo anime y lo aliente. Él dijo que ella es honesta, pero que también puede contar con que ella lo anima y lo alienta con entusiasmo. Ese es un gran rol para desempeñar como esposa.

Cuando tu esposo comete errores, ¿se lo estrujas en la cara? ¿Serás la persona que se lo señala? O, ¿serás la persona que tratará de levantarlo?

Ahora bien, no estamos hablando en un mundo ficticio, irreal en el que se pretende que no hay faltas ni errores, donde no hay problemas o asuntos por resolver. Estas cosas son reales, sí existen.

Pero en medio de esta realidad, te pregunto, ¿tratas a tu esposo de la misma manera amorosa, alentadora, positiva, constructiva con que tratarías a una visita en tu casa que lucha con lo mismo?

● ¿Alabas y hablas bien de tu esposo cuando hablas con otros acerca de él?—¿qué tal con tus hijos?

Amigas, si sus hijos las ven cortar los ojos a sus esposos y hablar de ellos con irritación, no se sorprendan entonces cuando esos niños sean adolescentes y también te corten los ojos y te hablen a ti con el mismo tono irrespetuoso. Debes modelar respeto y amor a los demás, a sus hijos de manera muy particular.

¿Cubres sus faltas? No insinúo que el pecado debe ocultarse, pero, ¿tienes un corazón quiere exponer el pecado, o que más bien quiere proteger?

Ahora, hay circunstancias que cuando suceden dentro de un matrimonio, o cuando un esposo está pecando en ciertas formas (o quizás la esposa), se necesita recurrir a las autoridades si la ley se ha infringido. Dios ha establecido provisión para esos casos.

Habrá otras ocasiones, cuando la ley de Dios sea quebrantada, en que irás a tu pastor o a los líderes, o a la autoridad espiritual. Si se maneja a la manera bíblica, no es falta de amor.

Cuando lo haces, cuando buscas consejo, ¿lo haces de una manera que trata de exponer y destruir a tu esposo, tratando de que otros vean lo malo que es tu esposo, solo porque tú has visto lo peor? O acaso, ¿es tu meta hacer lo que hicieron los hijos de Noé, cuando vieron a su padre en un estado de embriaguez?

Entraron de espaldas, y lo cubrieron para no exponer su desnudez y su vergüenza. Protege a tu esposo de esta forma.

Y por cierto, sé que tenemos muchas oyentes solteras. No obstante este pasaje se puede aplicar a mujeres en cualquier etapa de la vida.

También tenemos oyentes solteras que nunca se han casado. Si Dios está por traer un esposo a tu vida algún día, permíteme decirte que puedes amar muy bien a tu futuro cónyuge, por medio del tipo de relación que guardes con los hombres desde ahora, y desarrollando patrones amorosos y respetuosos para relacionarte con los hombres en tu vida.

Tenemos también viudas aquí escuchándonos. Permítanme animarlas a imitar a muchas otras viudas a hablar bien de sus exesposos y a mostrar respeto por su memoria.

Mi madre hace un trabajo impresionante con ello con relación a mi papá. Nunca la he escuchado hablar una palabra de crítica acerca de mi papá, jamás, no recuerdo haberlo escuchado nunca.

No es que no existieron detalles que ella bien pudiera haber señalado. Pero ella le guarda respeto con sus palabras aun después de casi 30 años de viuda.

Y las divorciadas—esto les puede resultar un poco más difícil a ustedes, pero si han de hablar de sus ex esposos, hablen bien de ellos. No los destruyan. Tu ex esposo es un hombre creado a imagen de Dios.

Puede que no sea un creyente. Pudo haber cometido cosas horrendas. Pero no lo destruyas.

Y a todas las mujeres— ¿qué debes hacer si no amas a tu esposo de la manera que hemos descrito?

Primero, ponte de acuerdo con Dios. Admítelo. Confiésalo. No pongas excusas.

Es difícil amar a la gente. Tú también eres difícil de amar. Yo soy difícil de amar. Todos somos imposibles de amar fuera del amor de Cristo. Si hoy tienes la convicción de que realmente no amas a tu esposo, confiésalo como pecado.

Y pídele al Señor que te dé amor para tu esposo.

“Dios es amor” (1 Juan 4:8, 16). “El amor viene de Dios” (1 Juan 4:7 NIV). “El amor es fruto del Espíritu Santo” (Gálatas 5:22).

Reconoce, “Señor, no puedo amar a este hombre en mis propias fuerzas.” No importa que tan maravilloso sea tu esposo, no lo puedes amar por ti misma; en la forma cariñosa y afectiva que hemos venido describiendo aquí.

Comienza a invertir en tu esposo con tus palabras, con tus acciones, siendo considerada y amable con él. Puedes aprender a amar a tu esposo; en la medida que inviertes en él, ese amor crecerá.

Cité a Charles Spurgeon, uno de los más grandes predicadores en la historia del Siglo XIX. Lo cité al inicio de esta transmisión. Él escribió un tributo a su esposa, Susana, y quiero ir cerrando con este tributo. Él dijo,

“Ella se deleita en su esposo, en su persona, en su carácter, en su afecto hacia ella; él no solo es el más importante ser humano, sino que sus ojos, lo es todo en todo. El amor de su corazón le pertenece a él y solo a él. Él es su pequeño mundo, su paraíso, su tesoro escogido. A ella le place fundir su individualidad en él. No busca reconocimiento para ella; el honor de él se refleja en ella, y ella se regocija en ello; ella defenderá el buen nombre de su esposo hasta con su último aliento, él está a salvo cuando a ella se le permite hablar por él... Aun en su forma de vestir ella piensa en él y no considera nada hermoso que a él no le agrade.

Él tiene muchos objetivos en la vida, algunos de los cuales ella no entiende muy bien; pero ella cree en todos ellos, y le es un deleite hacer cualquier cosa a su alcance para promoverlos. Esta mujer, como una verdadera esposa, se da cuenta del modelo de una relación de matrimonio, y pone de manifiesto lo que nuestra unión con el SEÑOR debe ser.”

Ahora, tu esposo quizás no sea tan elocuente—probablemente no es tan elocuente como Charles Spurgeon. Pero aun así, ¿puede él decir que te deleitas en él? ¿Que estás enamorada de él? ¿Que lo disfrutas?

Eso no es la descripción de un amor egoísta. Es el amor que en tu matrimonio reflejará a otros lo que el “ser uno” con el Señor debe ser.

Al concluir hoy, quiero compartir con ustedes un tributo más. Hace muchos años atrás, mi papá, Art DeMoss, contrató un asistente. Cuando ese joven llegó a trabajar con papá, mi mamá —la otra Nancy DeMoss (la primera Nancy DeMoss)— le escribió una carta al asistente, para darle un poco de información privilegiada sobre mi papá, el hombre quien iba a ser su jefe.

A continuación algunos extractos de la carta que mi madre escribió acerca de mi padre, Art DeMoss. Ella dijo,

“Aunque yo no comparto estas cosas en público por razones obvias. Estoy casada con un hombre único, en verdad—uno que es piadoso y a la vez un genio, totalmente comprometido en hacer la voluntad de Dios (a cualquier precio), completamente digno de confianza, muy transparente, un esposo y padre devoto (¡y también entusiasta!). Alguien que estimula el crecimiento en todos nosotros (ya que constantemente se reta a sí mismo para crecimiento mental y espiritual), es un amigo fiel, y ¡es un ser tan lleno de amor que en ocasiones no es posible recibirlo todo!

Aunque él es todo lo que he descrito (¡y mucho más!), él es extremadamente humilde.

Creo que esto me hace parecer ingenua o poco realista, o totalmente parcializada. . . pero, después de 21 años de vivir con este hombre, realmente creo que soy la mujer más bendecida en el mundo.

Hace algunos años la autora, Helen Kooiman me preguntó si podía escribir una historia sobre mí para incluirla en su libro sobre mujeres que han alcanzado algo para Dios. Le respondí que, después de orar, sentía que no pertenecía en ese libro. Le comenté que me veía más bien, a mí misma, como una mujer detrás de un gran hombre. Posteriormente me llamó para decirme que le había dado una buena idea para otro libro y pensaba llamarlo “Siluetas: Mujeres detrás de grandes hombres”. Gozosamente acepté formar parte de ese libro.

Esa historia [dijo la señora DeMoss] realmente ilustra mi propia vida. Hace ya mucho tiempo, de manera voluntaria y alegremente intercambié mi propia carrera y mis logros personales por un rol de apoyo a Art. Y Dios ha hecho que ese intercambio sea totalmente satisfactorio en todos los aspectos.”

Esas son palabras de una mujer que ama a su esposo, que lo ama bien. Esa carta se escribió en agosto de 1979. Menos de dos semanas después —mi madre tenía 40 años de edad y mi padre de 53— él sufrió un paro cardiaco. Pasó a la presencia del Señor en un instante.

Asegúrate de pronunciar las palabras. De hablarlas. De afirmarlas. Dilas a tu esposo. Dilas de él a otros, mientras Dios te de aliento para hablar y a él para escucharlas y conocer lo que hay en tu corazón .

Carmen: El tiempo que tienes para compartir con tu esposo, aunque sea un esposo imperfecto, es un verdadero regalo. Nancy Leigh DeMoss te ha estado ayudando a reconocer la oportunidad que tienes hoy de hablar palabras de aliento a su vida.

Es una de las cosas más poderosas que podemos hacer como mujeres. Las mujeres tenemos mucho poder dado por Dios para influir en los que nos rodean, sin dejar de ser humildes, femeninas, y respetuosas. Espero que explores lo que significa ser una mujer verdadera y que experimentes el poder y la belleza de someterte a Dios en todas las áreas de tu vida. Tenemos material disponible para ti en www.AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Por qué deberías alentar a tu esposo? Escucha razones convincentes en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.



Charles Spurgeon, “Citas de Gracia,” publicación correo electrónico, April 10, 2002, editado del sermón de Spurgeon “Fruto Maduro,” #945. (Citado en Feminine Appeal, 30).

Elisabeth Elliot, Love Has a Price Tag (Ann Arbor, Mich.: Servant Books, 1979), 97.

John MacArthur, Comentario de Tito, 87.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.