Podcast Aviva Nuestros Corazones

El Padre Nuestro, día 19

Temporada:  El Padre Nuestro

Annamarie Sauter: Si Dios es un gran proveedor, ¿por qué no siempre nos da lo que le pedimos?

Nancy: Algunas de nuestras peticiones son erróneas, mal dirigidas, o son de vista corta. Nosotras creemos que son cosas buenas, pero nuestro Padre celestial sabe que algunas de las cosas que le estamos pidiendo, así como las cosas que te pide tu niño de tres o seis años o tu hijo de dieciséis años, ellos creen que son cosas buenas, pero como mamá, tú sabes que estas cosas no son realmente buenas.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Las palabras de la oración, «El Padre Nuestro» puede que te sean familiares. Quizá creciste escuchando, «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre».

A lo largo de esta serie, Nancy te ha estado ayudando tanto a entender mejor esta oración, como a vivirla. Si te perdiste cualquiera de los programas anteriores, escúchalo a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. También puedes hacerlo a través de nuestra aplicación Aviva Nuestros Corazones.

Hoy Nancy comienza explicando la siguiente frase:

Nancy: «Danos hoy nuestro pan de cada día». Esta es la petición de la que hablábamos en el Padre Nuestro. A través de todo el Padre Nuestro, y el Sermón del Monte y en otras partes de los evangelios, Jesús nos anima a que le pidamos a nuestro Padre celestial aquellas cosas que necesitamos; que realmente le pidamos, no solo que esperemos, o que tengamos esperanza de que Él nos las va a proveer o que pensemos y soñemos, sino que demos el paso y le pidamos a Dios que provea nuestras necesidades diarias. Después tenemos que tener la expectativa de que Él nos va a proveer esas necesidades.

Si sigues un poco más adelante en el Sermón del Monte y en Mateo capítulo siete, el capítulo después de donde se encuentra el Padre Nuestro, Jesús dice: «Pedid, y se os dará…porque todo el que pide, recibe…. ¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?» (vv.7-11).

¿Tú pides? ¡Esto se oye tan básico! Yo no voy a presumir que esto es profundo, ¡pero yo creo que es tan sencillo que a veces se nos escapa! Jesús nos anima a que le pidamos a nuestro Padre celestial las cosas que necesitamos.

En el Salmo 104, el salmista habla de cómo aun los animales buscan de Dios su comida. Dice así: «Rugen los leoncillos tras su presa, y buscan de Dios su comida» (v. 21).

Luego en el versículo 23 del Salmo 104, dice: «Sale el hombre a su trabajo, y a su labor hasta el atardecer». El decir que le estamos pidiendo a Dios provisión, no es decir que por lo tanto nos vamos a sentar y no vamos a trabajar. 

De hecho, la palabra de Dios dice que «Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma» (2 Tes. 3:10). Dios nos ha mandado a que trabajemos, pero aún en nuestro trabajar estamos reconociendo que estamos buscando recibir nuestra provisión de parte del Señor.

No es nuestra propia fortaleza, el sudor de nuestra frente, nuestros propios esfuerzos lo que provee para nuestras necesidades. Aún más, el Salmo 104 sigue diciendo, «Todos ellos (desde los leones hasta los hombres trabajando en los campos) esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo» (v. 27). Aun cuando estamos trabajando, nosotras nos damos cuenta de que no es un cheque, no es nuestro jefe quien es en última instancia es nuestro proveedor, es Dios, mi Padre celestial quien es mi proveedor.

Jesús continúa en el Sermón del Monte, antes del Padre Nuestro y después del Padre Nuestro, diciendo que Dios ya sabe de qué tenemos necesidad. Lo cual trae a relucir la pregunta obvia: ¿Por qué pedimos? ¿Por qué decirle a Dios nuestras necesidades si Él ya sabe lo que necesitamos? 

Como habíamos dicho anteriormente en esta serie, no le estamos diciendo a Dios como para informarle, sino porque Él es nuestro Padre que quiere tener una relación con nosotras. Él quiere que sigamos yendo a Él, comunicándonos con Él, necesitándole a Él, deseándole a Él. Cuando pedimos, es importante que pidamos por las cosas correctas. Yo acabo de leer el pasaje de Mateo 7, acerca del hijo que pide pan o el hijo que pide pescado.

Si el hijo de este pasaje pidiera una piedra o una serpiente, las otras cosas que se mencionan, ese padre sabio probablemente no va a complacer esa petición de ese hijo. Él sabría que en el mejor de los casos es inútil y en el peor es peligroso el darle a ese hijo lo que él está pidiendo. Nuestro Padre celestial da buenas dádivas a sus hijos que le piden cosas buenas, correctas. Él no sería un buen Padre si nos da cosas que Él sabe no son para nuestro bien.

Algunas de nuestras peticiones están equivocadas, son mal dirigidas, o de corta vista. Nosotras creemos que son cosas buenas, pero nuestro Padre sabe que las cosas que le estamos pidiendo, así como las cosas que te pediría un niño de tres o seis años o tu hija de dieciséis años. Ellos piensan que son cosas buenas las que están pidiendo, pero como madre, tú sabes que esas cosas no son realmente buenas para ellos.

Tú no serías un padre o una madre sabia o amorosa si le dieras a tu niño las cosas que te pide si estas peticiones no fueran de hecho cosas buenas. Nuestro Padre celestial sabe lo que en realidad necesitamos. Él sabe lo que es bueno para nosotras, y estas son las cosas por las cuales debemos orar y esperar expectantes que Él provea.

Según le pedimos a nuestro Padre que supla nuestras necesidades, quiero recordarnos que no tenemos que rogar, mendigar o estar frenéticas. Solo tenemos que pedirle. Aquí hay una sencillez en esta relación entre Padre e hijo. Dios no está reacio a bendecirnos. No es como si tuviéramos que forzarle el brazo y decirle: «Dios, por favor bendíceme. Sé que no quieres hacerlo, pero yo lo necesito».

Dios quiere bendecirnos. Pero Él quiere que expresemos nuestras necesidades, que le pidamos. Quiere que le pidamos específicamente. Dile a Dios tus necesidades. ¿Necesitas el pan nuestro de cada día? ¿Necesitas pan en el dia de hoy? ¡Dile lo que necesitas! ¡Pídele! Y espera que Él supla lo que necesitas. Cuando pedimos debemos hacerlo con humildad y no exigiendo. A veces hacemos ídolos de nuestras peticiones.

No está mal anhelar un compañero si tú eres una mujer soltera. No está mal que anhelemos un hijo y digamos: «Señor, ¿me concedes un esposo? ¿Me das un hijo?» Pero esascosas se pueden convertir en ídolos cuando comenzamos a exigirlas de Dios diciendo: «Señor esta es una necesidad. Esto es algo que yo tengo que tener. Esto es algo sin lo cual yo no puedo vivir».

Entonces se convierten en ídolos y Dios dice: «No tendrás dioses ajenos delante de mí» (Éx. 20:3). Dios me ama demasiado como para darme alguno de esos ídolos que yo he creado en mi vida. En algunos casos lo peor que Dios podría hacer por nosotras, la cosa menos amorosa, sería darnos aquello que le estamos exigiendo, lo cual significa más para nosotras que Dios mismo.

Nosotras le necesitamos a Él más que cualquier cosa que Dios nos pueda dar. Y es por eso que antes de orar por el pan nuestro de cada día oramos diciendo: «Santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad». Padre nuestro que estás en los cielos, nosotras te queremos más a ti que a las necesidades diarias que tu puedas suplir.

 En el Salmo 78, leemos que los hijos de Israel tentaron a Dios en sus corazones al exigirle la comida que se les antojaba (v.18). ¿Cuán frecuentemente hacemos nosotras esto? Nos enojamos y amargamos cuando Dios no hace lo que le pedimos.

Si Él no contesta nuestras oraciones en la forma en la que esperamos que lo haga, entonces decimos: «Ya no te voy a hablar más. No contestaste mi oración... Uno de mis seres queridos murió... Dejaste que eso pasara».

Quizás no digamos esas palabras, o quizás sí, pero en nuestros corazones le estamos exigiendo las cosas que se nos antojan. El espíritu de esta petición: «Danos hoy el pan nuestro de cada día», es que nosotras debemos estar satisfechas con lo que Dios provee cada día, que no nos empeñemos en que Dios supla nuestra glotonería.

Eso quiere decir que debemos tener cuidado con lo que le pedimos a Dios, y cómo le pedimos. El Salmo 106 dice: «Tuvieron apetitos desenfrenados en el desierto, y tentaron a Dios en las soledades. Él les concedió lo que pedían, pero envió una plaga mortal sobre ellos» (v.14). Dios puede que te dé lo que le estás exigiendo, pero con ello puede que también consigas «flaqueza en tu alma», como dice la traducción Reina Valera Antigua.

Pedirle a Dios el pan nuestro de cada día es reconocer que Él es nuestro proveedor; que Él es la fuente de todo lo que necesitamos y todo lo que tenemos; todo viene de su mano. Esto nos lleva a un espíritu de gratitud y de dependencia, de agradecimiento. El darnos cuenta de que somos totalmente dependiente de Dios, de que somos incapaces de sostenernos a nosotras mismas o de proveer para nuestras propias necesidades separadas de Él.

Independientemente de cuán dotadas nosotras seamos, cuán capaces, qué tan trabajadoras, nosotras estamos diciendo: «Señor, yo te necesito. Yo no puedo sobrevivir un segundo apartada del Creador que tiene en sus manos mi próximo aliento de vida».

Yo creo que para nosotras es difícil en el mundo de abundancia en el que vivimos, sentir la necesidad de orar por el pan nuestro de cada día. Yo sé que algunas de nuestras radioescuchas realmente tienen esa necesidad, y quizás alguien hoy que escucha este programa, pero la mayoría de nosotras tenemos nuestros refrigeradores con comida para un buen tiempo.

Así es que cuando decimos: «Yo necesito un traje nuevo», o «necesito comprar provisiones», estamos usando esa palabra con tanta ligereza. En unos casos más que otros no hay tal necesidad. Es difícil tener ese sentido de dependencia, de total dependencia de Dios para la provisión de nuestras necesidades diarias. Pero cuando le pedimos a Dios el pan nuestro de cada día, estamos reconociendo que todo lo que tenemos, toda buena dádiva viene de lo alto. Reconocemos que Dios es nuestro proveedor, y que no nos sería posible sobrevivir apartadas de Él.

Esta petición recalca el contraste entre nosotras y Dios. Vemos que:

  • Dios es independiente
  • Él no fue creado
  • Él es autoexistente y autosuficiente
  • Él no necesita nada ni a nadie. Nunca tiene que pedirle nada a nadie
  • No le debe nada a nadie.

Por otro lado nosotras somos seres creados. Totalmente dependientes de Él para nuestro aliento, nuestra vida, para todo. ¿Qué nos dice este versículo a la mayoría de nosotras las que tenemos tanto y literalmente no necesitamos pedirle a Dios por el pan nuestro de cada día? ¿O es que Jesús solo se refería a aquellos en la pobreza, o a aquellos que no tenían con qué pagar la renta o la hipoteca y por eso debían hacer esta oración? No lo creo.

Yo creo que todas nosotras como hijas de Dios estamos supuestas a pedirle el pan nuestro de cada día. Al hacer esto, reconocemos, de hecho, que no importa cuán lleno esté nuestro refrigerador, aun así tenemos necesidad de Él para todo, incluyendo aquellas necesidades que son tan abundantemente suplidas en nuestras vidas.

«Estamos reconociendo que somos dependientes de ti, Señor, para la provisión de todas nuestras necesidades». Algo tan simple como la comida y toda otra provisión en nuestras vidas ha de ser recibida con acción de gracias, con un corazón agradecido, sabiendo que aparte de Ti nos moriríamos de hambre. Necesitamos comprender que aun si nuestro refrigerador está lleno, debemos ser agradecidas por lo que Dios ha provisto, y demostrar que dependemos de Él. 

El hijo de Dios que no hace esta oración, el hijo de Dios que no le pide a Dios que supla sus necesidades básicas es poco probable que reconozca que Dios es la fuente de toda buena dádiva. ¿Y sabes qué pasa luego? Nos volvemos malagradecidas.

Cuando nos volvemos malagradecidas, damos las cosas por sentado y luego el orgullo se apodera de nuestro malagradecido corazón que no ora. ¿Sabes qué viene después de esto? Cuando la abundancia de provisión escasea o se demora, nos amargamos; y yo creo que todo esto comienza cuando fallamos y no pedimos como nos instruyó Jesús que debíamos hacer.

Mientras crecía, uno de los pasajes que mi papá trajo a la atención de nuestra familia, mientras yo iba creciendo, fue el capítulo 8 de Deuteronomio. Quizás tú quieras buscarlo. Todavía puedo oír a mi papá leyéndonos ese pasaje.

Dios le bendijo a él con un negocio muy próspero que él comenzó cuando nosotros éramos pequeños, y unas veces más que otras, nosotros teníamos más de lo que necesitábamos. Yo pienso que hubo muchas razones por las cuales Dios bendijo tanto a mi papá en su vida, y él ciertamente sintió que era una gran mayordomía el ser generoso con los demás como Dios lo había sido con él.

Él trató de enseñarnos estas cosas. Nos llevaba a Deuteronomio capítulo 8 y nos recordaba la importancia de tener un corazón agradecido y humilde. Para mí es muy importante en esta época de abundancia en que vivimos, que aun cuando estemos en nuestra mayor necesidad, la mayoría de nosotras tiene más de lo que realmente necesita.

La palabra de Dios dice: «Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto» (1 Tim. 6:6-8). Nosotras decimos: ¿Cuánta comida, cuánto refugio, cuánto abrigo necesitamos para contentarnos?» El capítulo 8 de Deuteronomio es un pasaje que me ayuda a recalibrar mi propio corazón.

El versículo 2 de Deuteronomio 8 dice: «Recuerda». Recuerda, tú vas a ver esta palabra una y otra vez en este pasaje. «Recuerda que durante cuarenta años el Señor tu Dios te llevó por todo el camino del desierto, y te humilló y te puso a prueba para conocer lo que había en tu corazón y ver si cumplirías o no sus mandamientos. Te humilló y te hizo pasar hambre… (vv. 2, 3 NVI).

Dios a veces nos deja pasar hambre; nos deja sin aquellas cosas que nosotras consideramos necesidades básicas. ¿Por qué Dios les dejó pasar hambre? Para poder humillarlos, para ponerlos a prueba, y para poder alimentarlos con maná, una provisión sobrenatural.

En Egipto, ellos no tenían que tener a Dios, aunque lo tenían; pero ni cuenta se daban. Faraón era su proveedor. Dios los puso en el desierto donde no tenían los puerros, las cebollas ni el ajo, ni ninguna de las deliciosas comidas de Egipto con buen sazón.

Ahora ellos tenían que conscientemente depender de Dios para su provisión diaria. Dios les traía el maná desde las nubes a la faz de la tierra todas las mañanas. Dios dice: («yo quería darte de comer)…con el maná que no conocías, ni tus padres habían conocido, para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del Señor» (v. 3).

Dios les estaba diciendo: «Yo te humillé, yo te hice pasar trabajo para que te dieras cuenta de quién es tu proveedor, para que llegaras al entendimiento de que sin mí no lo ibas a lograr».

En ese sentido, el hambre, ya sea porque la escogemos por un período de ayuno o ya sea impuesta sobre nosotras a través de circunstancias sobre las cuales no tenemos control, puede convertirse en una bendición. Es cuando estamos hambrientas, en forma literal o figurada que clamamos diciendo: «Señor, no podemos vivir sin ti». Reconocemos nuestra dependencia. 

En el versículo 7 del capítulo 8 de Deuteronomio, Él dice: «Porque el Señor tu Dios te conduce a una tierra buena...tierra de arroyos y de fuentes de agua, con manantiales que fluyen en los valles y en las colinas tierra de trigo y de cebada; de viñas, higueras y granados; de miel y de olivares; tierra donde no escaseará el pan y donde nada te faltará…» (vv. 7-9).

Eso es lo contrario a lo que leímos en el versículo 3 donde Dios les dejó pasar hambre. Dios dice: «Yo te estoy llevando a una tierra donde tú comerás y no escaseará el pan y donde nada te faltará».

¿Quién los estaba llevando allí? Dios. ¿Quién hizo esa tierra de abundancia? Dios. ¿Quién iba a seguir siendo su proveedor, no solamente en el desierto cuando tenían hambre, sino también en la tierra prometida cuando tuvieran abundancia? Dios era su proveedor. En el versículo 10 dice: «Cuando hayas comido y estés satisfecho…» No hay nada de malo en tener en abundancia si reconoces de dónde proviene, si mantienes un corazón agradecido, humilde y dependiente de Dios.

¿Cómo expresas tú esto? Versículo 10:

«Cuando hayas comido y te hayas saciado, bendecirás al Señor tu Dios por la buena tierra que Él te ha dado» (Come hasta que te sacies, y luego da gracias a Dios. ¡Da gracias al Señor! Él es la fuente. Él es el que provee). 

Versículo 11: «Cuídate de no olvidar al Señor tu Dios dejando de guardar sus mandamientos, sus ordenanzas y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no sea que cuando hayas comido y te hayas saciado, y hayas construido buenas casas y habitado en ellas, y cuando tus vacas y tus ovejas se multipliquen, y tu plata y oro se multipliquen, y todo lo que tengas se multiplique, entonces tu corazón se enorgullezca, y te olvides del Señor tu Dios…» (vv. 10-14).

¿Qué pasa cuando comes, cuando estás saciado y no bendices al Señor? Luego te olvidas del Señor. Te vuelves orgullosa.

«…te olvidas del Señor que te sacó de la tierra de Egipto» (v.14). El Señor que te dio de comer en el desierto. (¿Recuerdas eso? El Señor quien suplió todas tus necesidades, quien te trajo maná cuando no tenías nada que comer. Te olvidas del Señor que hizo todas estas cosas).

Versículo 17: «Ten cuidado no sea que digas en tu corazón: “Mi fuerza y el poder de mis manos me han conseguido todas estas riquezas”. Mas acuérdate del Señor tu Dios, porque Él es el que te da poder para hacer riquezas».

«Y sucederá que si alguna vez te olvidas del Señor tu Dios, y vas en pos de otros dioses, y los sirves y los adoras…» (vv. 14-19).

Amigas, cuando se olvidan de ser agradecidas, están a solo un paso de convertirse en idólatras.

La gratitud, la actitud de agradecimiento, el bendecir al Señor cuando tenemos poco y cuando tenemos mucho. Pablo dice: «…pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad» (Fil. 4:11,12). 

En todo caso, necesitamos recordar al Señor. Aquí hay una advertencia: No olvides a Dios. Quizás a un pueblo pasando hambre se le hace más fácil recordar a Dios que a aquellas de nosotras que hemos comido hasta casi saciarnos, literalmente y en otros sentidos, con tantas cosas buenas.

Y volviendo al pasaje de Deuteronomio 8 al versículo 19, dice: «Y sucederá que si alguna vez te olvidas del Señor tu Dios, y vas en pos de otros dioses, y los sirves y los adoras, yo testifico contra vosotros hoy, que ciertamente pereceréis».

Abraham Lincoln fue un hombre que conocía la importancia de la humildad y la gratitud, en cuanto a Dios se refiere. El 30 de Marzo del 1863, el Presidente Lincoln dictó una proclamación llamando a su nación a un día nacional de humillación, ayuno y oración. Estas palabras serán familiares para muchas de ustedes, pero yo pienso que son palabras que necesitamos oír una y otra vez. Él dijo:

 «Nosotros hemos sido recipientes de las mejores recompensas del cielo de manera abundante; y hemos sido preservados todos estos años en paz y en prosperidad; hemos aumentado en número, riquezas y poder como ninguna otra nación ha crecido. Pero nos hemos olvidado de Dios.

Nosotros hemos olvidado la bondadosa mano que nos preservó en paz y multiplicó y enriqueció y fortaleció, y nos imaginamos vanamente en la maldad engañosa de nuestros corazones que todas esas bendiciones fueron el producto de nuestra sabiduría o virtud superior. 

Intoxicados con ese éxito ininterrumpido, nos hemos vuelto demasiado autosuficientes como para sentir la necesidad de redimir y preservar la gracia; también nos hemos vuelto arrogantes como para orarle al Dios que nos creó. Nos incumbe, entonces, humillarnos ante el todopoderoso al cual hemos ofendido, confesando los pecados de nuestra nación y orando por clemencia y perdón». 

¿Le pides a Dios por tu pan de cada día? Yo misma he sido redargüida a través de este estudio de cuán poco yo le pido a Dios por las necesidades básicas de la vida. ¿Sabes qué? Yo simplemente asumo que van a estar ahí porque siempre han estado. Y como resultado hay veces, que en cuanto al básico vivir se refiere, me olvido de Dios. ¿Te acordaste hoy día de pedirle: «Señor, el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy? Suple nuestras necesidades, nuestras necesidades básicas».

Entonces, cuando Dios manda provisión, ya sea grande o pequeña, esperada o inesperada, básica o esencial o algo por encima y más allá de nuestras necesidades básicas ¿le das gracias a Dios por Su provisión?

Piensa en nuestras oraciones en la mesa. Yo confieso que para mí eso es a menudo un ritual sin sentido, vanas repeticiones. Yo quiero dar gracias a Dios por sus provisiones, ofrecerle agradecimiento de corazón al Señor que ha provisto el pan nuestro de cada día.

Annamarie: ¡Gracias a Dios por Su Palabra! Es nuestro Pan diario, y estoy tan agradecida por esta enseñanza de Nancy DeMoss de Wolgemuth. Ella regresará para guiarnos en una oración de gratitud al Señor.

La enseñanza de hoy ha traído a mi mente el libro titulado, «Sea agradecido». Lo puedes buscar a través de AvivaNuestrosCorazones.com o en tu librería cristiana favorita. Te será muy útil para crecer en gratitud.

Recursos como estos, son en gran parte el fruto del apoyo de nuestro equipo de colaboradores mensuales. Ellos juegan un rol importante para que tú puedas escuchar hoy este programa. Son oyentes que reconocen lo que Dios está haciendo a través del ministerio, y quieren ser parte de él. Ellos se han comprometido a orar por Aviva Nuestros Corazones, a apoyar el ministerio financieramente cada mes, y a compartir el mensaje con otras mujeres.

Si tú eres una oyente regular y has sido bendecida por este ministerio, ¿considerarías dar el siguiente paso y ser parte de nuestro equipo de colaboradores mensuales? Te animamos a considerar esto en oración. Para dar tu ofrenda visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com. ¡Gracias por considerar unirte a nosotros, para llamar a más mujeres a libertad, plenitud y abundancia en Cristo!

Bien, y antes de concluir el programa de hoy sobre la oración, «El Padre Nuestro», escucha la exhortación que una de nuestras oyentes tiene para ti,

Mercedes Julia: La oración es el maravilloso instrumento que Dios nos ha dado para que tengamos comunión con Él, vayamos a Su presencia llevando nuestras cargas y también vayamos a alabarle y a exaltar Su nombre. En los últimos tiempos he utilizado los salmos como instrumento para orar tratando de evitar el tema de repetir las mismas palabras, y de orar siempre por las mismas cosas. La verdad, ha sido muy edificante. Orando por una aflicción en mi vida de la cual aún no he recibido respuesta, se presentó una situación de mucho menor importancia y la respuesta de Dios fue tan sorprendente y abundante, que sentí que fue como una forma de decirme: Te estoy oyendo, no me he olvidado de ti; por lo que alabo y exalto Su nombre por recibir en Su santa presencia a pecadores como yo, a través de la oración.

Annamarie: Gracias, Mercedes, por compartir tu testimonio con nosotras.

«La raíz de todos los males es el amor al dinero». ¿La Biblia realmente dice esto? Mañana, Nancy abordará este tema. Ahora ella regresa para guiarnos en una oración de gratitud al Señor.

Nancy: Señor, estamos agradecidas. Gracias por suplir nuestras necesidades. Gracias por todas las pequeñas cosas que nos has dado hoy, que ni siquiera pedimos ni pausamos para darte las gracias por ellas.

Nos detenemos ahora mismo para decir: Padre, Tú eres un buen Padre. Estamos tan agradecidas por la casa que tenemos, el techo sobre nuestras cabezas, la cama en la que dormimos anoche, la almohada bajo nuestra cabeza, el aire acondicionado o la calefacción según sea el caso para controlar el clima, por las comodidades y conveniencias, los muebles, la comida, el vehículo que manejamos, los lentes que usamos, nuestros audífonos; por la provisión que nos rodea que Tú nos das en todas las estaciones de nuestra vida.

Gracias Señor por la salud, la protección, la seguridad. Has suplido nuestras necesidades tan abundantemente, y queremos recordarte a Ti y darte las gracias solo a Ti Señor. Gracias, gracias, amén.

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.