Podcast Aviva Nuestros Corazones

Piensa antes de reaccionar

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Annamarie Sauter: ¿Quieres aprender a ser mansa? Nancy Leigh DeMoss dice: prepárate para algunas relaciones desafiantes.

 Nancy Leigh DeMoss : Dios usa a esas personas que nos ofenden, que nos hieren, que nos desafían, que nos enfrentan, que nos molestan, que nos fastidian y que nos irritan. Dios usa a esas personas, Él quiere usarlas para formarnos, moldearnos y corregirnos.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss nos ha estado enseñando la belleza de la mansedumbre. Hemos estado explorando cómo se ve una actitud de mansedumbre ante Dios. Pero para algunas personas, la mansedumbre se hace más difícil cuando hay otras personas involucradas. Unámonos a Nancy.

Nancy: Vivimos en una época en la que no es nada que una persona demande a otra por razones insignificantes o por ninguna razón en absoluto.

Leí acerca de algunas de esas demandas recientemente en un periódico de Detroit en la Prensa Asociada. Había un titular que decía: “Empleada de Detroit demanda a la ciudad por el perfume de un compañero de trabajo, diciendo que la fragancia fuerte no la dejaba trabajar.”1 Ahora, yo sé que algunas personas son sensibles a las fragancias, pero, ¿en serio?, ¿demandar a la ciudad de Detroit? Eso me parece demasiado.

Este otro encabezado apareció en LA Times, (un periódico que circula en la ciudad de Los Ángeles): “Mujer demanda por falta de aguacate en la salsa”. 2 Este era un tipo particular de salsa que fue anunciado como una salsa de aguacate, y esta persona se dio cuenta que casi no tenía aguacate. No decía que eran aguacates, era solo una salsa con sabor a aguacate, pero porque no tenía las palabras “con sabor a” en el anuncio, ella estaba demandando a esta compañía.

La Prensa Asociada de Pittsburg publicó lo siguiente: una mujer demandó a Kmart que es una tienda por departamentos por supuestamente cobrar el 7% de impuestos en un artículo exento de impuestos –un paquete de doce rollos de papel higiénico. “Mary [tal y tal…no voy a decir el apellido] alega que la tienda de departamentos Kmart en el suburbio de Pittsburg, Monroeville de forma inapropiada cobro impuestos en un artículo, y en vez de cobrarle $3.99, le cobro $4.27 – veintiocho centavos más,” así que ella demandó a Kmart.

No se trata solo del tema de las demandas. Vemos este tipo de expresiones de enojo que la gente tiene hacia otros en todo tipo de situaciones, día tras día.

Estamos hablando del tema de la mansedumbre. Es algo que no abunda en nuestra cultura o en esta era. Hemos visto el hecho que la mansedumbre afecta nuestra actitud hacia Dios, nuestro sometimiento a Su Palabra – recibimos Su Palabra con mansedumbre – y también nuestra actitud hacia las circunstancias que Él trae a nuestras vidas, de las cuales no tenemos ningún control.

La mansedumbre dice, “Yo recibo mis circunstancias. No me molesto, ni me resisto, no pataleo contra ellas. Si es algo que no puede ser cambiado, entonces supongo que Dios tiene un propósito con ellas, y las recibo”. Eso es mansedumbre hacia Dios.

Ahora queremos dar la vuelta y hablar acerca de la mansedumbre en la medida que afecta nuestras relaciones con los demás.

Una referencia bíblica que usé mientras investigaba acerca de este tema de la mansedumbre decía que,

La mansedumbre se demuestra hacia nuestro prójimo que nos maltrata, nos insulta, nos trata injustamente; en que el que está siendo herido aguanta pacientemente y sin ningún espíritu de represalia por las provocaciones que son impuestas sobre él.

Ahora, no puedes vivir en este mundo sin que la gente te provoque. Simplemente es una forma de vida. Es un hecho en la vida.

La pregunta no es: ¿Te provoca la gente? ¿Se mete la gente en tu vida? ¿Se mete la gente en tu camino? ¿Te hace la gente cosas malas?

La pregunta es: ¿Cómo respondes tú?

El hijo de Dios tiene la capacidad de responder con mansedumbre porque Cristo vive en él y por el requisito de responder en un espíritu de mansedumbre— esto lo capacita para cuando es tratado injustamente soportar el mal pacientemente y sin ningún espíritu de represalia ante esas provocaciones.

He estado citando, a través de esta serie, un libro de un antiguo amigo, Matthew Henry. Espero poder conocerlo cuando llegue al cielo. Él era un pastor y comentarista Puritano. Él escribió este fabuloso libro y mi amiga, Kim Wagner, dice que es uno de los mejores libros que jamás haya leído. Yo también diría que es uno de los mejores libros que he leído. Se llama, La búsqueda de la mansedumbre y la tranquilidad de espíritu, [The Quest for Meekness and Quietness of Spirit , está disponible en inglés] y en esta serie estoy leyendo algunas partes de este libro. Estoy tratando de darles una idea de lo que significa la mansedumbre.

La mansedumbre, de acuerdo a Matthew Henry, trata y se relaciona con nuestros sentimientos de ira. La mansedumbre tiene que ver con cómo lidiamos con esos sentimientos de ira. Él dice que la mansedumbre no erradica totalmente la ira, ya que hay ocasiones

justificadas bíblicamente para la ira, pero la función de la mansedumbre es dirigir y controlar nuestra ira para que podamos airarnos y no pecar, como nos dice Efesios capítulo 4. Efesios 4:26 “Airaos pero no pequéis”.

Entonces, es la mansedumbre que pone un freno a nuestra ira y nos ayuda a airarnos de maneras apropiadas sin que se convierta en pecado.

Matthew Henry señala que la mansedumbre nos permite gobernar o controlar nuestra ira cuando somos provocadas por otros. En ese sentido, la mansedumbre es como un freno.

¿Cómo funciona esto?

Un espíritu de mansedumbre nos motiva a detenernos y pensar antes de reaccionar.

Ahora el problema con muchas de nosotras, y es ciertamente mi propia naturaleza, es que tiendo a reaccionar antes de detenerme y pensar. Ahí es donde nos metemos en problemas. Ahí es donde herimos y lastimamos a tantas personas y tantas relaciones, pero la mansedumbre nos lleva a detenernos y a pensar antes de reaccionar. Nos detiene.

Matthew Henry dice,

Deja que la mansedumbre sea centinela [deja que sea un guardia sobre tu corazón y tu lengua, en tus respuestas], sobre el avance de la provocación [cuando somos provocadas] examinemos con quién nos vamos a enojar, y por qué. ¿Cuáles son los méritos de la causa?, ¿cuáles son las probables consecuencias de nuestros resentimientos, y qué daño habría si los reprimimos, si no los dejamos salir?

Así que él está diciendo que la mansedumbre se pone de pie como un centinela. Antes de dejar salir todo esto, antes de arrojar esas palabras, antes de que digas las palabras a tu esposo o a tus hijos: “Por qué…por qué no puedes…no puedo creer que tú…” Antes de que cualquiera de esas salgan, tú te detienes y piensas: “¿A quién le estoy hablando? Él es mi esposo. Él no es mi enemigo o él es mi hijo y Dios me lo dio. Yo amo a este niño,” o “Esta es una persona que fue creada a imagen de Dios”. Te detienes y piensas, “¿Con quién voy a hablar?” Y entonces piensas, “¿Qué hizo esta persona?”

Ahora, en el fragor del momento, eso puede parecer completamente intolerable. Pero muchas veces si nos detenemos y pensamos y ponemos las cosas en perspectiva, nos damos cuenta, que en realidad no es tan grave. ¿Vale la pena perder mi gozo, mi paz, y mi relación con esta persona para decirle que estoy molesta porque dejó sus pisadas en el piso de mi cocina?

¿Vale la pena irritarse?

¿Vale la pena mandar palabras como flechas al corazón de ese

niño o de ese amigo para poder desahogar mi enojo o mi reacción en el momento?

¿Qué daño es causado si suelto esas palabras como puñales al corazón de esa persona? ¿Qué daño podría hacer?

¿Habría algún gran daño si no digo lo que estoy pensando, si lo guardo?

Ahora, hay un balance en todo esto porque hay cosas que guardamos que necesitamos decir, y hay cosas que decimos que necesitamos guardar. El discernimiento y control del Espíritu nos ayudan a conocer la diferencia. Hay algunas cosas que deberíamos estar diciendo que no las estamos diciendo, y hay algunas cosas que no deberíamos estar diciendo que sí estamos diciendo. Ahí es donde necesitamos la mansedumbre; para que esta nos ayude a detenernos y a pensar.

Matthew Henry continúa diciendo que:

El trabajo de la mansedumbre es calmar al espíritu para que la paz interna no sea perturbada por ninguna provocación externa.

Quiero decirte, que la mayoría de nosotras somos personas que reaccionamos muy fácilmente. Quizás esté hablando por mi propia experiencia aquí. Pero yo sé que esto es cierto de mí. Me tocas, y yo brinco. Tenemos reacciones reflejo muy rápidas. Es como cuando el doctor te pega ligeramente con ese martillo en la rodilla y tu pierna patea hacia arriba. Así es casi como vivimos la vida.

Alguien nos toca ligeramente, y nosotras pateamos.

Él dice que la mansedumbre controla esto. Pone un freno sobre eso, y nos damos cuenta que nuestra paz interna no tiene que ser perturbada por estas provocaciones externas. Hay un lugar donde Cristo vive dentro de nosotras donde podemos librarnos de la perturbación que nos provocan estas cosas que la gente dice.

Henry sigue diciendo,

No permitas que tu desagrado contra las [injusticias] de los demás te provoquen a que tu propia alma esté en apuros. La mansedumbre es la gracia que preserva el gobierno del hombre sobre sí mismo.

Eso es lo que te mantiene en control, bajo el control del Espíritu Santo de Dios.

Cuando alguien perturba tu paz, hacen algo que te fastidia, que te irrita, que te enfada, y tú simplemente reaccionas. Tú simplemente dices lo que estás pensando. Arrojas todo lo que piensas. Ahora, somos más cuidadosas con los invitados y amigos que no conocemos muy bien. Es con la gente que conocemos bien con la que nos aprovechamos. Lo soltamos todo.

A menudo es con los que vivimos en nuestras propias casas que les arrojamos todo. Decimos esas cosas, y terminamos siendo controladas por el comportamiento de otras personas en lugar de dejar que el Espíritu Santo controle nuestras respuestas, nuestra forma de pensar, no sé si realmente él quería decir eso o no – probablemente no – pero aún si fue intencional, no voy a dejar que arruine mi día. No voy a permitir que me convierta en una arpía. No voy a permitir que perturbe mi paz.

Así que la mansedumbre nos lleva a detenernos y pensar antes de reaccionar.

Luego Matthew Henry señala que, “La mansedumbre frenará la lengua y mantendrá la boca callada como con un freno cuando el corazón está encendido”. Cuando nuestro corazón está encendido dentro de nosotras, y con eso no me refiero a un corazón espiritualmente encendido. Quiero decir cuando estamos enojadas, la mansedumbre sirve como un freno para mantener nuestra lengua y nuestra boca de pecar, no permite que aquello salga; nos impide decirlo en esa situación.

Él dice, “Aun cuando somos llamados a reprender a alguien firmemente” – y a veces somos llamados a hacer eso; veremos eso más adelante en esta serie. Aun cuando somos llamados a reprender a alguien por hacer algo malo, “la mansedumbre prohíbe toda furia y lenguaje indecente, y todo lo que se escuche como ‘gritería y maledicencia’.”

A veces sí necesitamos hablar en la situación. A veces sí necesitas decirle a tu hijo, “Ese comportamiento es inaceptable. Eso está mal”.

Puede ser apropiado en ocasiones hablar una verdad como esa a tu pareja. Pero él está diciendo que cuando tú hablas verdad, como eres llamada a hacerlo por el Señor, la mansedumbre te ayudará a hacerlo sin un corazón enojado y sin decir cosas degradantes, sin expresiones indecentes, sin profanar, sin cosas de las que seguramente te arrepentirás después.

Así que la mansedumbre te ayuda a detenerte y pensar antes de que salga eso y te guarda de meterte en griterías y maledicencias cuando eres provocada.

Él sigue diciendo,

La mansedumbre es para la lengua como el timón es para un barco, no para callarla, sino para guiarla, para conducirla sabiamente, especialmente cuando el viento está fuerte.

Cuando somos provocadas, la mansedumbre nos ayuda a recordar que nosotras también, somos pecadoras y en necesidad de la misericordia de Dios. Por eso es que la mansedumbre y la humildad van de la mano una con la otra. El corazón humilde es un corazón manso; el corazón manso es un corazón humilde. Cuando somos provocadas, somos más inclinadas a estar conscientes de los pecados de los demás que de nuestros propios pecados. De hecho, eso es simplemente la naturaleza humana.

Tendemos a ver las fallas de los demás a través de un microscopio pero las nuestras a través un telescopio. ¿No es verdad? La mansedumbre nos lleva a darnos cuenta que nosotras, también, somos pecadoras, y que estamos desesperadamente necesitadas de la misericordia de Dios.

Una referencia bíblica dice que, “Aquél que es manso en verdad se conocerá a sí mismo como un pecador entre pecadores”.

Escucha, será más difícil soltar tonterías y rezongar y estar enojadas en nuestro hablar hacia otros pecadores si nos detenemos y recordamos lo pecadoras que somos.

Aquél que es manso en verdad se verá así mismo como un pecador entre pecadores, y este conocimiento de su propio pecado lo enseñará a soportar mansamente las provocaciones con las cuales pueden provocarlo.

Es más fácil responder con compasión, ternura y gentileza a una persona si nos damos cuenta de que ellos no son los únicos pecadores en ese lugar. Quizás yo no he pecado en esta situación, pero igual soy una pecadora que desesperadamente necesita la gracia, la misericordia y el perdón de Dios cada día de su vida.

De hecho, en su libro, Matthew Henry nos desafía a pensar acerca de esto: Él dice, “Piensa entonces, ¿Si Dios estuviera tan enojado conmigo por cada provocación como yo estoy por las provocaciones de los demás, que sería de mí?” Algo en qué pensar, ¿no es cierto?

 

¿Si Dios estuviera enojado conmigo por cada provocación [cada vez que peco contra Él, cada vez que lo provoco] como estoy yo con los que me provocan a mí, que sería de mí? Nosotras tenemos necesidad de que los demás nos soporten, y ¿por qué nosotras no podemos soportarlos a ellos?

Es la mansedumbre de espíritu que nos permite pensar de esa forma. Es la mansedumbre de espíritu que nos permite ver la mano de Dios en la provocación y poder ver a aquellos que nos provocan como instrumentos en la mano de Dios. Mira, pensamos que nos estamos enojando con la persona que nos está provocando, pero no nos estamos dando cuenta de que esa persona es un instrumento en las manos de Dios para moldearnos y formarnos y santificar nuestras vidas. Así que si estoy enojada, en realidad estoy enojada con el que está sosteniendo el instrumento –con Dios mismo. Es la mansedumbre la que me ayudará a pensar correctamente.

Matthew Henry dice,

Los reproches de los hombres son las reprensiones de Dios, y cualquiera que sea quien me afrente, debo ver y decir que mi Padre me corrige a través de esto.

Dios está tratando con mi vida. Por eso es que tus hijos son la lija celestial de Dios. Tú dirás, “Sí, en realidad es una lija de alta calidad que Él está usando aquí”. ¿Sabes qué significa eso? Significa que hay bordes afilados, que hay bordes ásperos que necesitan esa lija de alta calidad. Dios sabe exactamente lo que necesita tu vida, la mía, y Dios usa a esas personas que nos ofenden, que nos hieren, que nos desafían, que se ponen en nuestra cara, que nos molestan, que nos enfadan y que nos irritan. Dios usa a esas personas, o Él quiere usarlas para formarnos y moldearnos y corregirnos.

Luego necesitamos recordar que cualquier provocación puede ser usada por Dios para nuestro bien si estamos dispuestos a recibirla y a aprender de ella.

¿Cómo respondes cuando eres provocada por otros?

¿Cómo respondes cuando eres malinterpretada? ¿Cuando alguien te critica injustamente?

¿Cómo respondes cuando alguien te insulta o malinterpreta a tu hijo o malinterpreta a tu pareja?

La provocación puede haber sido intencional, o no pudo haber sido intencional pero, ¿cómo respondes? ¿Rápidamente se te escapan palabras de enojo o de molestia o de frustración? ¿Rápidamente te defiendes? “Bueno, deberías ver lo que hizo tu hijo. Tu hijo tampoco es un angelito”.

Ahora, quizás solo piensas esas cosas. Recuerda, la mansedumbre es primeramente un asunto del corazón, y luego sale a la superficie en nuestras palabras y en nuestras acciones.

¿Cómo respondes cuando tu autoridad es desafiada?

¿Cómo respondes cuando, como una mujer nos escribió recientemente a Aviva Nuestros Corazones, a su esposo se le olvidó su cumpleaños?

Ella estaba compadeciéndose de sí misma por eso, pero ella se aconsejó a sí misma con un espíritu de mansedumbre, se recordó a sí misma el gran hombre que él es, cuánto la ama, cuántos años habían luchado juntos, y ella tomó una decisión consciente, “No voy a hacer un caso federal de esto”.

¿Cómo respondes cuando tu hija de catorce años te recuerda a las 10 de la noche que ella tiene que llevar brownies para la venta de repostería de la escuela al día siguiente, y tú no tienes nada en la casa, nada para hacerlo, así que tienes que salir a la tienda. ¿Cómo respondes?

“Si tan solo hubieras pensado antes… si tan solo hubieras planeado…” Ahora, quizás tú necesitas entrenar a tu hija en cómo pensar y planear de antemano. La pregunta no es: “¿Es este el momento para instruir?” La pregunta es: “¿Cuál es tu espíritu al hacerlo?” ¿Es porque tus planes se arruinaron, se te arruinó tu noche? Estabas lista para irte a dormir. No tenías ninguna intención de hacer esos brownies esa noche, y tú pudiste haberlos hecho al mediodía. Hubieras estado feliz en hacerlo pero… ¿ves el espíritu allí? ¿Alguien más aparte de mi ha reaccionado de esta manera?

¿Cómo respondes cuando tu jefe te corrige por un error que otra persona hizo? ¿Sientes como que tienes que señalarlo, que debes defenderte y decir que no fue tu error?

¿Cómo respondes cuando alguien más recibe crédito por una gran idea que tú tuviste?

¿Cómo respondes cuando alguien comete un error que te cuesta a ti?

Tengo una querida amiga que está lidiando con una situación en su casa ahora mismo y es una situación muy costosa. Pagaron mucho dinero, y probablemente van a perder como $150,000 dólares por un constructor que no ha cumplido; es una situación desastrosa. Ha sido muy hermoso ver a esta amiga que ha sido muy…obviamente, toda su familia ha sido afectada por esto. Porque ha sido un gran golpe. Todavía no ha terminado. No sé cómo va a terminar, pero he visto su espíritu manso al responder.

Fuimos y nos sentamos en esa casa y oramos por la situación, y escuché a esta amiga decirles a sus hijos, “Necesitamos darle gracias al Señor que tenemos una casa en donde vivimos ahora. Tenemos un techo sobre nuestras cabezas, y si Dios nunca nos da esta casa, eso está bien.” Ahora, no están siendo pasivos acerca de la situación, pero están siendo mansos en su espíritu hacia la provocación, hacia este insulto, hacia esta herida.

¿Cómo respondes cuando alguien te rebasa en el tráfico? Manejando sin control.

O con la persona que se mete en la línea rápida en el supermercado, pero que tiene 37 artículos en su carrito.

¿Cómo respondes? ¡uf!

Podemos responder con un suspiro, o con un movimiento de los ojos, o con nuestra conducta. Nosotras sabemos cómo responder sin mansedumbre. La mayoría de nosotras tenemos bastante experiencia en eso, pero, y ¿qué de la respuesta mansa?

¿Cómo respondes cuando alguien se aprovecha de ti, cuando te roban financieramente?

¿Cómo respondes cuando no recibes el aumento que tú sientes que mereces?

¿Cómo respondes cuando la autoridad toma lo que tú consideras es una decisión pobre o imprudente, y te afecta a ti y a tu familia?

¿Cómo respondes cuando alguien toma una decisión que te afecta a ti, y ni siquiera piden tu opinión; no te consultan al respecto?

¿Cómo respondes cuando alguien toma algo prestado de ti y te lo devuelve roto?

Es decir, todo tipo de circunstancias y situaciones de la vida real, y si tú no sabes de lo qué estoy hablando, probablemente antes que el día de hoy termine, y a través de los próximos días, vas a estar viendo situaciones y circunstancias como éstas.

Yo quiero que le pidas al Señor que te muestre, “¿Qué tipo de respuesta tengo? ¿Es mi respuesta mansa? ¿O es mi respuesta con enojo? ¿Estoy recibiendo estas provocaciones que los demás traen a mi vida como si fueran

 

de la mano del Señor para mi bien y para Su gloria? ¿O estoy reaccionando con resentimiento o con represalia? ¿Hay mansedumbre en mi espíritu?”

Annamarie: La próxima vez que alguien te haga enfadar, espero que recuerdes este mensaje de Nancy Leigh DeMoss. Es parte de una serie llamada, “La hermosura de la mansedumbre”.

Recientemente Nancy habló con algunas oyentes de Aviva Nuestros Corazones que han estado aprendiendo a mostrar la belleza de la mansedumbre. Nancy las conoció durante una estadía ministerial en Chicago. Escuchemos a una de ellas.

Mujer: Vivimos y ministramos en el centro de la ciudad, en el corazón del centro de la ciudad, con mujeres que crecieron en hogares sin padres, con madres solteras. La mayoría de nosotras somos latinas o afroamericanas. Donde crecimos es un lugar muy difícil, así que fuimos enseñadas a ser fuertes e independientes y a tomar el control. El escuchar un mensaje de que Dios quiere que seamos “suaves” y “permitir ser dirigidas” y ser “dóciles”… y permitir a un hombre que nos dirija y nos guíe y que nos proteja fue difícil escucharlo porque no es algo a lo que estamos acostumbradas. En nuestra iglesia hablamos mucho acerca de dar honor a los hombres y permitirles que tomen el rol que Dios les ha dado – permitirles que dirijan y no quitarles eso. Muchas de las mujeres en nuestro ministerio, lo tomaron y lo aplicaron en sus matrimonios, sus hogares, y aun con sus hijos – varones. Realmente ha cambiado la cultura de nuestra iglesia.

Nancy: Yo fui tan alentada al escuchar cómo Dios le está enseñando a esta esposa la belleza y el poder de la mansedumbre.

A medida que apoyas este ministerio, queremos darte todo lo que esté a nuestro alcance para apoyarte en tu caminar con el Señor. Si tu corazón late por las mujeres que necesitan descubrir, abrazar, y deleitarse en Cristo, ¿Te unirías al equipo de patrocinadores de Aviva Nuestros Corazones?

Si visitas nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com podrás encontrar más detalles acerca de cómo donar para nuestro ministerio. Y mientras estás allí, asegúrate de informarte acerca de todos los detalles de nuestra primera conferencia Mujer Verdadera para América Latina, a celebrarse muy pronto.

Annamarie: Gracias Nancy. Piensa en esto: ¿Exhibes mansedumbre al mandar un correo electrónico? El programa de mañana se referirá a esa pregunta. Escucha esta discusión práctica acerca de la mansedumbre, la próxima vez, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Toda Escritura fueron tomdas de La Biblia de Las Américas a menos que se indique lo contrario.

1. http://abcnews.go.com/US/wireStory?id=3346995

2.Articulo por Jerry Hirsch: http://seattletimes.nwsource.com/html/nationworld/2003454425_guacamole30.html

3. http://www.breitbart.com/article.php?id=D8S3CVOG0&show_article=1

4 Aug 14 10:05pm US/Eastern; http://www.breitbart.com/article.php?id=D8JGINJG1&show_article=1

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