Podcast Aviva Nuestros Corazones

Promueve la paz

Annamarie Sauter: La forma en la que tomas decisiones, ¿promueve la paz? Nancy DeMoss de Wolgemuth observa el ejemplo de Josué.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Cuida de no responder a rumores, de no decidir ir a la guerra antes de siquiera saber qué es lo que está sucediendo. Ten cuidado de no tomar partido o perderás tu capacidad de influir.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz en la voz de Patricia de Saladín.

Todas experimentamos conflictos, pero solo algunas pocas aprenden a ser pacificadoras. Aprendamos hoy acerca de cómo podemos promover la paz, mientras continuamos viendo ejemplo de Josué. Esta serie se titula, «Lecciones de la vida de Josué (Parte 12): Dejando un Legado».

Nancy: ¿Cuántas de ustedes han estado en una etapa donde tienen hijos que ya se han ido del hogar o que salieron para la universidad?. Recuerdas cómo era y cómo estabas tal vez pensando, «espero que sepan todo lo que necesitan saber».

Una mamá me dijo un día –ella tiene un hijo adulto– y ella me dijo, «mi hijo simplemente no es organizado, y ya se está preparando para mudarse a otro estado». Y ella dijo, «solo estoy ayudándolo con algunas de estas cosas básicas para que las recuerde». Al enviar estos hijos, piensas, espero que sepan cómo lavar su  ropa. Espero que sepan cómo hacer el balance en su chequera.

¿Principalmente, no esperas que crezcan espiritualmente? Porque sabes que vas a poder seguir influenciándolos pero no de la manera que podías hacerlo cuando ellos eran más jóvenes. Al enviar tus hijos a la universidad por primera vez, llevarlos al dormitorio, al dar tus palabras de despedida, estás pensando en todas las cosas que quieres que ellos recuerden, «no olvides esto, no olvides aquello, recuerda esto».

Pienso en un versículo en el Nuevo Testamento que probablemente cada padre en esa situación puede usar y se encuentra en Filipenses capítulo 2, versículo 12, donde el apóstol Pablo dice, 

«Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no sólo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor».


Esto es realmente lo que quieres decirles a tus hijos. «Mira, vamos a separarnos, y yo no puedo estar allí. Ya no voy a estar ahí para decirte que te levantes para tu clase y traerte tus libros cuando los dejes en la casa y olvides llevarlos a la escuela y ayudarte a recordar que lleves dinero para tu merienda, y cosas aún más importantes que esas. Ya no voy a estar ahí. Así que las cosas que has aprendido, las cosas que te he enseñado. Espero que las lleves contigo a esta siguiente etapa de tu vida».
Bueno, en los últimos tres capítulos del libro de Josué, los capítulos 22, 23 y 24, Josué, quien es ya un hombre anciano, está en el atardecer de su vida, él da tres sermones a diferentes grupos del pueblo de Israel. Al comienzo de cada  uno de estos capítulos lees esta frase o una parecida.

 «Josué llamó al pueblo y les dijo».

Él ya es un hombre mayor . Se da cuenta de que no va a tener mucho  tiempo para hablar al pueblo de Israel como lo ha hecho en estos tres años. Él quiere asegurarse de que cuando se vaya, ellos lo hayan entendido y lo tengan. Él les está dando palabras de despedida. Así que los reunió y les dijo: «Aquí hay algunas cosas que quiero compartir con ustedes».

Ahora, en el día de hoy quiero que veamos el mensaje que Josué dio en el capítulo 22. Solo para establecer el contexto aquí, como recuerdan, había doce tribus en total. A dos tribus y media se les había dado la tierra al este del Jordán, antes de cruzar el Jordán a la tierra prometida.

Moisés les había dicho, «Pueden establecerse aquí al este del Jordán, pero primero dejen sus esposas y sus niños aquí y entonces los soldados que vengan, que crucen el Jordán con nosotros, y ayuden a sus hermanos y a las otras nueve y media tribus. Ayúdenlos a conquistar los enemigos en la tierra prometida, y entonces pueden  regresar a sus propias familias».

Por siete años, estos soldados de las dos y media tribus al este del Jordán lucharon con sus hermanos para tomar el control en la conquista de la tierra prometida. Así que ahora es tiempo de que estos soldados regresen a casa, y que regresen a sus familias quienes han estado esperándolos al este del Jordán por estos siete años.

Ellos han sido soldados lejos de su casa, y Josué les da un cometido a estos soldados que salen quienes están regresando al otro lado del Jordán. Josué capítulo 22, versículo 1:

«Entonces Josué llamó a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés, y les dijo: Habéis guardado todo lo que Moisés, siervo del Señor, os mandó, y habéis escuchado mi voz en todo lo que os mandé. Hasta el día de hoy no habéis abandonado a vuestros hermanos durante este largo tiempo, sino que habéis cuidado de guardar el mandamiento del Señor vuestro Dios.»

Creo que esta es una gran manera de comenzar este mensaje. Él les va a dar un encargo, pero antes de hacerlo, él les da un reconocimiento . Él los alaba por su fidelidad y su obediencia hasta este punto. Ahora, pueden imaginarse en este momento que él pudiera haber estado esperando apresurarse a darles la encomienda. «No olviden esto. Recuerda aquello. Haz esto. No hagas aquello». Pero primero él comienza animándolos.

Asegúrate de hacer eso con tus hijos cuando están dejando la casa. Anímalos primero por los aspectos de la vida de Cristo que has visto en ellos, por las maneras en las que los has visto desarrollar el carácter y la responsabilidad. Establece eso como una base, como un fundamento.

Josué les dice a estos soldados, «ya han cumplido su responsabilidad con sus hermanos en las otra nueve y media tribus. Han luchado bien. Han obedecido al Señor». Pero Josué también se da cuenta de que las obediencias pasadas y la fidelidad pasada, no son garantía de obediencia y fidelidad futura. «Si, ustedes han obedecido. Han sido fieles, y eso es algo bueno. Pero quiero asegurarme que sigan siendo fieles y obedientes en los días porvenir». Así que él les habla sobre la transición al futuro, sobre lo que estaba por delante de ellos al regresar y cruzar el Jordán para reunirse con sus familias.

«Y ahora, el Señor vuestro Dios ha dado descanso a vuestros hermanos, como Él les había dicho; volved, pues, e id a vuestras tiendas, a la tierra de vuestra posesión que Moisés, siervo del Señor, os dio al otro lado del Jordán» (v. 4).

Ahora él les da una encomienda. Él los exhorta sobre el futuro. Él sabe que van a estar geográficamente separados –separados por el río Jordán– de sus hermanos y hermanas al lado oeste, aquellos en la parte principal de la tierra santa, la tierra prometida. 

Cuando ellos estén geográficamente separados del resto de la comunidad de fe, él no quiere que eso sea una ocasión para que ellos se desvíen espiritualmente. Él quiere que sus corazones permanezcan dispuestos y tiernos y obedientes al Señor, y él sabe que va a ser un desafío porque ya no van a estar con el resto de sus hermanos en la tierra prometida. Ellos van a estar separados.

Así que él dice en el versículo 5: «Solamente guardad cuidadosamente». Guarden cuidadosamente. Cuidado. Estén en guardia. No se deslicen espiritualmente. Necesitan ser intencionales. Necesitan estar conscientes de su vida espiritual cuando lleguen al otro lado del Jordán.

¿Ahora, qué es lo que necesitan guardar cuidadosamente, qué es lo que necesitan cuidar? Bueno, «guardad cuidadosamente» esta seguido por seis verbos. Quiero que veas cuales son:

  1. Guardad cuidadosamente el mandamiento y la ley que Moisés, siervo del Señor, os mandó
  2. Amar al Señor vuestro Dios
  3. Andar en todos sus caminos
  4. Guardar sus mandamientos 
  5. Allegarse a Él
  6. Servirlo con todo su corazón y con toda su alma (Jos.22-5).

Guardar, amar, andar, guardarse allegarse y servirle

«Y Josué los bendijo y los despidió, y se fueron a sus tiendas» (v.6).

Puedo imaginarme a Josué. Él ya es un hombre mayor, y él sabe que probablemente esta sea su última oportunidad de hablar con estos soldados, con estos guerreros al regresar a su casa. Ellos van a ser las cabezas de sus familias y de las tribus. Para las generaciones venideras  él conoce que hay mucho en juego sobre cómo les va a ir espiritualmente cuando ellos se vayan y crucen el Jordán.

Él quiere que estas palabras resuenen en sus corazones y en sus cabezas una vez que ellos lleguen al otro lado del Jordán y ellos se establezcan en sus hogares. Él quiere que ellos recuerden, «no olviden al Señor. No olviden al Señor». Él quiere que ese concepto los persiga. Él quiere que este concepto vaya con ellos.

En ese momento ellos están muy serios y deseosos ¿y quién pensaría que ellos pudieran alejarse del Señor? Es más o menos como cuando vas a una boda y esta pareja está tan enamorada. El pastor está oficiando la ceremonia está diciéndole a esta pareja todas estas cosas, y ellos ni siquiera están poniendo atención en el momento porque están tan delirantemente felices.

Él está hablando con ellos sobre cómo preservar la unidad en su matrimonio, como amarse el uno al otro, como honrar y respetar y someterse y todas esas cosas. La pareja está pensando, Nosotros no necesitamos todo eso. Ni siquiera sé si ellos lo están escuchando.

Pero ese pastor, quien ha dado mucha consejería matrimonial y ha recogido muchas piezas de aquellos que están más adelante en el camino, él está pensando: Ustedes no saben cuánto necesitan esto porque, si, están muy felices ahora, pero seis semanas o seis meses o seis años más adelante cuando no se soporten el uno al otro, van a necesitar recordar lo que he dicho.

Y Josué está pensando de esa manera. Sí, todo se ve muy bien ahora. Ustedes aman al Señor. Ustedes lo están sirviendo. Ustedes están comprometidos con Él. Pero quiero que recuerden, necesitan recordar esto más adelante en el camino cuando estén del otro lado del Jordán.

Josué fue tan sabio al señalar estas personas al Señor y no a él mismo. Cada verbo en esta encomienda está atado a una referencia al Señor. Es al Señor a quien ellos deben amar. Es al Señor a quien ellos deben servir. Es al Señor a quien deben obedecer. Es al Señor a quien deben aferrarse con todos sus corazones.

Josué sabía que su esperanza a largo plazo no estaba en que ellos tuvieran recuerdos entrañables de su líder, Josué. Estaba en que ellos tuvieran una relación personal permanente con Dios. ¿Estoy en lo correcto cuando digo que esa es la esperanza para tus hijos cuando ellos dejan el hogar? Ustedes saben que si ellos no tienen una relación con el Señor –ellos pueden ser buenos hijos , ellos pueden tener muchos talentos, y pueden ser inteligentes– pero tú sabes que si ellos no tienen una relación con el Señor, ellos no lo van a lograr.

Y ellos están diciendo, «sí, sí, sí, ya sé eso», porque han estado escuchándote decirlo todos estos años». Pero dilo otra vez. Ellos necesitan escucharte decirlo. Ellos necesitan el elogio, pero ellos necesitan escuchar que tú digas, «no olvides al Señor. Mantente caminando con el Señor».
Josué les suplica a estas personas que se aferren a Dios, que se aferren a Él, que no lo dejen ir. Él les insta a ser diligentes e incondicionales en su fe. No creo que Josué se haya cansado de decir eso o de sentirse como que era innecesario. No creo que las personas que lo estaban escuchando probablemente se hayan dado cuenta de cuán necesario era esto. Pero no creo que Josué se haya cansado de decir esto porque él sabía que ellos necesitaban escuchar esas palabras.

Tengan mucho cuidado. Sean diligentes. Sirvan al Señor con todo su corazón y con toda su alma. Como dice Proverbios capitulo 4:23, «Con toda diligencia guarda tu corazón». Sé vigilante. Está alerta. «Porque de él, de tu corazón, brotan los manantiales de la vida».
Versículo 7(b): «Y cuando Josué los envió a sus hogares y los bendijo, él les dijo, Volved a vuestras tiendas con grandes riquezas, con mucho ganado, con plata, oro, bronce, hierro y con muchos vestidos; repartid con vuestros hermanos el botín de vuestros enemigos» (v.8).

Estos hombres del lado este del Jordán habían luchado junto con sus hermanos del lado oeste. Todos ellos tenían derecho a compartir la recompensa.

En los versículos del 3 al 8, los que acabamos de leer, hay cuatro referencias por lo menos a los hermanos –tus hermanos. Sí, ustedes van al este y ellos van al oeste, pero ustedes son hermanos. Son parte de la misma comunidad de fe. Ustedes son una familia.

Josué quería que ellos recordaran que aun cuando ellos estaban geográficamente separados, aun así eran familia. Pertenecían el uno al otro. Esto iba a ser muy importante al desarrollarse la historia.

«Y los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés, volvieron y se separaron de los hijos de Israel en Silo, que está en la tierra de Canaán, para ir a la tierra de Galaad, a la tierra de su posesión la cual ellos habían poseído, conforme al mandato del Señor por medio de Moisés» (v. 9).

Ahora, no pasó mucho tiempo, y vamos a ver este desenlace en el resto del capítulo, antes de que ese maravilloso espíritu de unidad entre todos estos hermanos, quienes habían luchado hombro a hombro en la trinchera unos con otros durante todos esos años. Ellos habían sido un equipo, pero fue cuestión de un periodo muy corto de tiempo antes de que esa unidad fuera amenazada y de pronto estos hermanos estaban en la garganta de los otros.

Comenzando en el versículo 10 del capítulo 22 a través de todo el resto del capítulo vemos una situación que se desarrolla. En el resto del tiempo que tenemos juntas en el programa de hoy, quiero que veamos esta situación. Y después en la siguiente sesión vamos a ver cómo se resolvió.

Versículo 10: «Y cuando llegaron a la región del Jordán que está en la tierra de Canaán, los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés, edificaron allí un altar junto al Jordán, un altar de aspecto grande» (v.10).

Así que estas son las dos tribus y media del este. Ellos van a regresar a cruzar el Jordán a sus hogares, pero cuando ellos llegan al Jordán antes de cruzarlo, aun sobre el lado oeste, ellos construyen un altar. Antes de cruzar a sus hogares en el lado este, ellos lo construyen a plena vista. No se hace ninguna referencia o sugerencia de que ellos estaban tratando de esconder algo o de esconder esto, y la palabra corrió entre las otras tribus de lo que había sucedido.

«Y los hijos de Israel oyeron decir: He aquí, los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés han edificado un altar en el límite de la tierra de Canaán, en la región del Jordán, en el lado que pertenece a los hijos de Israel» (v.11).

¿Ahora de dónde sacó el pueblo esta información? Ellos escucharon que se dijo: rumores, rumores. La mayoría de ellos no lo vieron con sus propios ojos. Ellos no habían hablado con estos hombres que construyeron el altar. Ellos escucharon lo que se dijo, y como resultado de esos rumores ahí resultó este enorme malentendido que casi amenazó con una guerra civil entre el este y el oeste.

Versículo 12: «Al oír esto los hijos de Israel, toda la congregación de los hijos de Israel se reunió en Silo para subir a pelear contra ellos» (v.12).

Ahora, recuerda que por siete años el pueblo de Israel, el este y oeste, han estado luchando juntos contra los cananeos. Ese era el enemigo real. Los enemigos de Dios. Pero ahora en cuestión de un corto periodo de tiempo después de la conquista, ellos están listos para la guerra el uno contra el otro.

El pueblo en el oeste del Jordán escuchó los datos iniciales:

  • Ellos escucharon que se construyó un altar.
  • Las dos tribus y media construyeron un altar en el lado oeste del Jordán.
  • Ellos inmediatamente llegaron a conclusiones.
  • Comenzaron a sospechar.
  • Asumieron lo peor de sobre qué era este  altar y por qué las dos tribus y media lo habían construido.
  • Decidieron actuar basados en sus suposiciones.

Proverbios 18 dice: –y es un versículo muy importante para que lo recordemos y uno excelente para que lo enseñes a tus hijos– «El que responde antes de  escuchar cosecha necedad y vergüenza». Si tú contestas si das una respuesta, si reaccionas antes de escuchar todos los hechos en una situación, antes de que tomes tiempo de escuchar la otra parte de la historia, vas a terminar cosechando necedad y vergüenza

Las cosas no son siempre lo que parecen. Dos personas pueden ver los mismos hechos y llegar a conclusiones completamente diferentes. ¿No es eso lo que frecuentemente se encuentra en la raíz de un conflicto? Las personas dicen, «pero tú hiciste esto». «Yo sé que hice esto, pero no era mi intención». «Pero tú querías decir esto». Asumimos las motivaciones. Asumimos el por qué las personas hacen las cosas. Asumimos que conocemos todos los hechos aun antes de revisar los hechos. Así es como terminamos en conflictos.

Las tribus del este, al desarrollarse la historia, y veremos más de eso en la siguiente sesión, estaban pensando en una cosa cuando construyeron el altar. Pero los otros israelitas vieron ese altar y asumieron algo completamente diferente. Así que en un momento estos son hermanos que han peleado y arriesgado sus vidas juntos contra el enemigo. El siguiente momento están estrangulándose unos a otros y amenazando con una guerra civil.

Ahora en defensa de las tribus del oeste, las apariencias no se veían bien. Ellos ya tenían un lugar para adorar a Dios. Ellos tenían el tabernáculo. En ese momento estaba en Silo; que es donde ellos debían venir. Allí era donde se levantaban los altares. Esta era una situación, como veremos en la siguiente sesión, que debía ser tratada. Pero como es usualmente el caso cuando hay conflictos en las familias, en las relaciones, en el cuerpo de Cristo, los asuntos no estaban tan claramente definidos como parecía inicialmente.

De hecho, si lees los comentarios sobre el libro de Josué, encontrarás que los comentaristas difieren en quién estaba en lo correcto y quién estaba equivocado en esta situación. Y frecuentemente en las situaciones, y creo que es probablemente el caso en esta, hay algo de bueno y hay algo de malo en ambos lados. Así que vamos a ver cómo resolvieron esto. Quiero que recuerdes que tan pronto como tomas partido en un conflicto, pierdes la habilidad de ser una pacificadora.

El otro día estaba hablando por teléfono con un amigo y él y su esposa son buenos amigos y tienen un hijo adulto que ha tomado unas decisiones poco sabias. Él está casado probablemente fuera de la voluntad de Dios y ciertamente en contra del mejor juicio de sus padres. Ahora, ese joven adulto está teniendo enormes problemas en su matrimonio y vino a casa de sus padres el otro día. Dijo que su esposa lo había sacado de la casa . Mi amigo me está contando todo esto y, pidiéndome que ore por esta joven pareja, y diciéndome, «Nancy simplemente no sabemos qué hacer».

Mi amigo comenzó contándome algunas formas en las que su nuera había realmente contribuido, en la opinión de este padre, a romper este matrimonio. Ahora mi amigo sabe que se necesitan dos personas para bailar tango. En efecto, él mencionó esa frase en el transcurso de nuestra conversación. Pero observé que la mayoría de las cosas que él estaba señalando eran la culpa y las equivocaciones de su nuera.

Yo le advertí, porque somos buenos amigos y tengo el tipo de relación en donde le puedo decir a esto a esta pareja. Le dije, «permíteme animarte en medio de esta situación». Yo acababa de  estudiar este pasaje, y vi el conflicto venir. Y le dije, «cuando te encuentras en medio de un conflicto y quieres ser un pacificador, recuerda que vas a perder tu oportunidad y tu habilidad de ser un pacificador tan pronto como tomes partido. No puedes permitirte tomar partido.

«Ahora, eso no quiere decir que no hay nada malo. Eso no quiere decir que tu nuera no es culpable de las cosas que me acabas de contar y probablemente de mucho más. Pero si tú tomas el lado de tu hijo contra tu nuera quien es su esposa, vas a perder la oportunidad de realmente ayudar para que se resuelva la situación». Y eso es lo que este papá desea; que la situación se resuelva. Eso es lo que estos padres quieren.

Ten cuidado de no responder a rumores, de no decidir ir a la guerra antes de siquiera saber qué es lo que está pasando. Trata con la situación. Veremos eso al regresar en la siguiente sesión. Pero ten cuidado de no tomar partido, o vas a perder la habilidad de influenciar.

Yo le dije, «tu hijo como tú estás hablando de él, lo que necesita escucharte decir es, "hijo, yo sé que tienes dificultades y desafíos en este matrimonio, pero ¿qué es lo que Dios te está diciendo a ti en esta situación? ¿Qué quiere Dios que como hombre hagas en esta situación? ¿Cuál es el paso responsable que necesitas tomar? ¿Y cómo está Dios tratando de santificar y de cambiar tu vida?"»
Ahora eso no quiere decir que estás diciendo, «creo que tú estás en todo mal». No estás solo pasando juicio sobre eso porque tú no sabes. Tú no vives con esa pareja. Tú no sabes cuales son todas las cuestiones. Así que no saltes a conclusiones. No respondas con seguridad a rumores ni te prepares en armas antes de saber qué es lo que está realmente sucediendo.

Ahora, vamos a regresar a este conflicto. No me gusta dejarlo aquí, pero quiero que en la próxima sesión veamos como ellos resolvieron este conflicto de una forma que fue pacífica y productiva porque creo que nos dará unas perspectivas para los conflictos con los que lidiamos. Pero detengámonos y oremos para cerrar esta sesión.


Señor, cuánto te agradezco por la sabiduría y el corazón que le diste a Josué para tratar con estos hombres que se van a su propio territorio al este del Jordán, y por el valor y la audacia que tuvo para encomendarlos y para que caminaran contigo. Señor, oro que podamos escuchar esa misma encomienda en nuestras vidas en el día de hoy. Que seamos animadas y exhortadas a aferrarnos al Señor, a servirle con todo nuestro corazón.

Oro por las mamás que al discipular a sus hijos y a sus hijas, puedan tener el valor de decirles, quiero que sigas a Cristo y que vivas para Él». Que no tengan miedo de decir esas cosas o que tengan miedo de que sus hijos volteen los ojos y les digan, «ya hemos escuchado eso mamá». Señor, ayúdalas a conocer cuándo y cómo dar estos retos a sus hijos.

Señor, al ver este conflicto que se levanta entre ambos lados, oro que Tú nos des sabiduría al venir los conflictos para saber cómo lidiar, con justicia y con sabiduría y rectamente en estas situaciones, a ser pacificadoras, a ser reconciliadoras, a ayudar a traer los bandos en conflicto juntos para que los hermanos puedan vivir juntos en  armonía porque sabemos que eso te agrada y que es ahí donde tú envías la bendición. Oramos esto en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado mostrando cómo se ve la paz verdadera. No es fácil, pero vale la pena buscarla. Este mensaje es parte  de la serie, «Lecciones de la vida de Josué (Parte 12): Dejando un legado.»

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«Desde que empecé a oír el programa yo estaba segura de que Dios había cambiado a las personas que están a mi alrededor. Para mi sorpresa hace unos días Dios me hizo sentir que la que había cambiado era yo, y estoy muy agradecida a Dios por usar sus vidas. Ahora sí sé quién soy en Cristo Jesús y lo importantes que somos para el reino de Dios y Su obra redentora. ¡Dios bendiga su ministerio!»

Gracias hermana por escribirnos. Nos encanta leer las notas de nuestras oyentes y saber de la obra de Dios en sus vidas y países.

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Bien, hoy aprendimos algunas cosas importantes acerca de ser pacificadoras, pero no terminamos de escuchar el final de la historia bíblica que hemos estado estudiando. Veremos cómo el conflicto fue resuelto y aprenderemos más acerca de cómo podemos ser pacificadoras en el proceso. Te esperamos el lunes, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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