Podcast Aviva Nuestros Corazones

Propenso a vagar

Annamarie Sauter: Realmente hay un doble estándar. Nuestras expectativas de las personas dentro de la iglesia deben ser diferentes a las de aquellos que están fuera.

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Patricia de Saladín: Como creyentes, tendemos a enfocarnos en el pecado de los inconversos. Vemos lo que la gente del mundo que nos rodea hace y nos sorprendemos.

No debería sorprendernos que los pecadores pequen. Lo que nos debe preocupar es lo que le preocupa a Dios; el hecho de que nosotras siendo santas, pequemos. Como pueblo del pacto y escogidos de Dios, Él está preocupado por nuestra pureza y santificación.

Annamarie Sauter: El tema musical de Aviva Nuestros Corazones (la música que escuchas de fondo), es el himno llamado: «Fuente de la vida eterna». En este leemos una frase que dice, «Propenso a vagar, Señor, lo siento. Propenso a dejar al Dios que amo».

El pueblo de Dios siempre ha sido propenso a vagar. Lo podemos ver a lo largo  de todo el Antiguo Testamento, y con frecuencia lo vemos en nuestras propias vidas. Nancy nos ayudará a reconocer esta tendencia y nuestra necesidad de la gracia de Dios una y otra vez, al dar inicio a esta serie titulada, «Cuando los hombres no lideran: Un vistazo a la vida de Débora».

Patricia: En las últimas dos semanas mientras preparaba esta nueva serie sobre la vida de Débora, he descubierto que ella es una de mis nuevos personajes favoritos. Débora es una de las grandes heroínas del Antiguo Testamento. Su vida muestra la increíble influencia y el impacto que tenemos como mujeres; no solamente entre nosotras mismas sino también entre los hombres que están a nuestro alrededor.

Demos un vistazo de hacia dónde nos dirigiremos en las próximas dos semanas. La historia de Débora, la puedes encontrar en Jueces, capítulos 4 y 5. Trata temas como: «¿Qué se supone que debemos hacer las mujeres si los hombres que nos rodean no son líderes?»

Débora nos da una idea. Ella es un gran ejemplo de una mujer que ejerció una influencia grande y piadosa, en una forma distintivamente femenina. De una manera –y eso es lo que me encanta de su historia– que al final ocasionó que los hombres que la rodeaban llegaran a ser más varoniles, más santos, que se levantaran y asumieran su liderazgo.

Pero antes de que lleguemos a la parte donde Débora entra en escena, déjame hablarte un poco del contexto de esta historia y un vistazo general del pasaje. Si tienes tu Biblia te invito a que la abras en el libro de Jueces 4:1-3. Veremos que esta historia se desarrolla en la época de los jueces.

Hay cuatro palabras que nos ayudarán a resumir el libro de Jueces: desobediencia, disciplina, desesperación y liberación. Déjame decirlo de nuevo, porque este es un ciclo que se repite al menos siete veces en el libro de Jueces.

Desobediencia humana, que es donde empieza el ciclo. Luego Dios responde con la disciplina divina; desobediencia y después disciplina. Entonces la gente llega a un punto de desesperación, desesperación humana. Claman al Señor, y entonces Dios responde y manda liberación.

Cuando llegamos al versículo 1 capítulo 4, vemos el primer paso de este ciclo: desobediencia humana. Capítulo 4, versículo 1:

«Cuando murió Aod, los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos del Señor».

Aod fue el juez anterior. La mujer que vamos a estudiar en estas próximas semanas es Débora, la jueza que siguió a Aod.

«Cuando murió Aod, los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos del SEÑOR». Los hijos de Israel… esta es la historia del pueblo de Dios; gente escogida por Dios, el pueblo del pacto de Dios. Como creyentes, tendemos a enfocarnos en el pecado de los inconversos. Vemos lo que la gente del mundo que nos rodea hace y nos sorprendemos.

No debería sorprendernos que los pecadores pequen. Lo que nos debe preocupar es lo que le preocupa a Dios, que nosotras siendo santas, pequemos. Como pueblo del pacto y escogidos de Dios, Él está preocupado por nuestra pureza y por nuestra santificación. Los hijos de Israel no eran los únicos que pecaban en ese tiempo. Todas las naciones extranjeras, los amonitas, los moabitas, y los cananeos estaban pecando también.

¿Pero dónde se enfocó Dios? Dios enfocó en Su pueblo. En los hijos de Israel,  «los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo» y dice «volvieron», era un patrón recurrente cíclico en la vida del pueblo de Dios.

A medida que leas el libro de Jueces verás este patrón repetirse. El capítulo 2 nos dice: «Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo». «Volvieron» una indicación que esto era un patrón o ciclo en el pueblo de Dios. Lo hicieron de nuevo.

Capítulo 2, versículo 11: «Entonces los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos del SEÑOR». Capítulo 3 versículo 7: «Y los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos del SEÑOR». En el capítulo 4 leemos, «los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos del Señor». Capítulo 10 versículo 6: «Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos del SEÑOR». Y en capítulo 13 versículo 1: «Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos del SEÑOR».

Al leer estos versículos, pienso en una frase que contiene el tema musical de Aviva Nuestros corazones, «propenso a vagar, Señor, lo siento, propenso a dejar el Dios que amo». Esa es nuestra tendencia. El pueblo de Israel volvió a hacer lo malo ante los ojos de Dios.

Es por eso que ¡necesitamos la gracia de Dios una y otra vez! Cuando pecamos de nuevo y nos decimos a nosotras mismas, ¡no puedo creer que lo haya hecho otra vez! Tú has estado ahí, yo he estado ahí, una y otra y otra vez. Pues, para eso es la gracia de Dios. Para eso es el calvario; para hacerse cargo del «otra vez y otra vez y otra vez».

El Pueblo hizo lo malo. Ahora, ¿qué hicieron que fue tan malo?  Porque, malo, es una palabra muy fuerte. El libro de jueces nos lo dice… no nos lo dice específicamente en este pasaje que estamos viendo (capítulo 4), pero si regresamos al capítulo 2, versículo 12 dice:

«(El Pueblo) abandonó al SEÑOR, al Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y siguieron a otros dioses de entre los dioses de los pueblos que estaban a su derredor; se postraron ante ellos y provocaron a ira al SEÑOR. Capítulo 2 versículo 13: «Y dejaron al SEÑOR y sirvieron a Baal y a Astarot» (vv.12-13).

Baal era el dios de Canaán y de Siria, con «d» minúscula. Era considerado el dios de las tormentas y las guerras. Es algo claro en este pasaje (capítulo 4) con Débora, ver cómo Dios trata con el dios de las tormentas y las guerras y le dice: «Déjame decirte quién es en realidad el Dios de las tormentas y las guerras».

Astarot era la compañera sexual femenina de Baal. Esta era una religión que implicaba… que los seguidores de Baal se dedicaran a una extrema inmoralidad y perversión sexual, en la que sus adoradores tenían que estar involucrados. Es interesante que la palabra Baal (B-a-al) puede significar señor o esposo. Es una imagen que encontramos a lo largo de las Escrituras: la idolatría es en realidad adulterio espiritual.

Como pueblo de Dios que se ha desposado con Jesús, Cristo es nuestro esposo y nuestro Señor. Nosotras somos Su novia, la esposa de Cristo, el pueblo de Dios decía: «Quiero otro señor. Quiero otro esposo. Tú no eres lo suficientemente bueno para mí».

Nuestro rechazo a Cristo y a Dios como esposo, como lo hizo el pueblo de Israel,  es cometer adulterio espiritual. De hecho en Jueces 5:8, cuando Débora está cantando… Débora y Barac están cantando el cántico de victoria, repasando lo ocurrido. En versículo 8 dicen: «Escogieron nuevos dioses; entonces la guerra estaba a las puertas».  Describían la condición al principio de la historia.

Vemos aquí la tendencia del corazón humano a inclinarse hacia el adulterio espiritual. Solo la gracia y el poder de Dios puede santificarnos, sostenernos y preservarnos en la fe. Solo la gracia quebranta nuestro corazón y nos trae de regreso cuando hemos sido atraídas por otros dioses.

Permíteme comentarte acerca de la maldad de la idolatría. Esto no es poca cosa para Dios. «El pueblo volvió a hacer lo malo delante de Señor», así es como debemos ver nuestro pecado, como en los ojos del Señor. Así es como tenemos que ver nuestro pecado, en los ojos del Señor.

¿Cómo Él ve nuestras acciones, comparadas con los estándares de Su increíble santidad? ¿Dónde está mi vida? Todo pecado es malo delante del Señor.

Recibí un correo electrónico esta semana de una mujer que decía,

«Mi marido y yo acabamos de pasar por una transición importante en nuestras finanzas que mantenían a toda la familia esclavizada. Mientras Dios nos liberó de la esclavitud en el área financiera, se hizo evidente para mí que he cambiado las ataduras del dinero, por la esclavitud a la comida.

Pienso en eso constantemente, compro comida la necesitemos o no, con el pretexto de que está en oferta. Escondo comida en los cajones de mi cuarto. Cuando mencionaste que no deberíamos tener nada en nuestras vidas que nos mantenga lejos de Dios, me di cuenta de lo equivocada que he estado».

Nunca seremos liberadas de la esclavitud y de la idolatría si no lo vemos como malo a los ojos del Señor. El apóstol Juan dice en 1 Juan 5:21: «Hijos, (pueblo escogido), guardaos de los ídolos».

Patricia: Leemos en Jueces 4 que el pueblo de Israel volvió a hacer lo malo delante del Señor. El pueblo se entregó a la idolatría. Abandonaron al Señor: siguieron  otros dioses paganos y extranjeros de los cuales Dios les había advertido: «No adoren los dioses de los pueblos que los rodean». Pero los israelitas querían algo que pudieran ver, querían ser como las otras naciones y cedieron ante la idolatría.

Después el versículo dos nos dice que como resultado del pecado vino la disciplina divina. Puedes poner otras palabras con «d» al leer el pasaje. Podrías decir que Dios mandó desasosiego, dominación, desastre, todas estas palabras se aplican a lo que estamos leyendo ahora en el versículo 2.

«Y el SEÑOR los vendió en mano de Jabín, rey de Canaán, que reinaba en Hazor. El comandante de su ejército era Sísara, que vivía en Haroset-goim».

Hace algún tiempo en Aviva Nuestros Corazones pronuncié mal unos nombres del Antiguo Testamento. Uno de nuestros oyentes, tuvo la amabilidad de enviarme una pequeña guía con la pronunciación de los nombres bíblicos, en inglés. En este capítulo en particular, ¡estoy muy agradecida por este pequeño libro! Lo necesitaba; ha sido una bendición porque ¡no tenía ni idea de cómo se pronuncian algunos de estos nombres!

«Y los hijos de Israel clamaron al SEÑOR, porque aquél tenía novecientos carros de hierro y había oprimido duramente a los hijos de Israel por veinte años» (v.3).

Vemos aquí a Dios imponiendo disciplina a Sus hijos.

Doscientos años antes Dios había liberado a Su pueblo de la esclavitud en Egipto donde estuvieron en esclavitud por 400 años. Ahora Dios, habiendo libertado a Su pueblo de la esclavitud, los estaba entregando una vez más a la esclavitud. Los entregó en las manos de los cananeos.

En este caso fue claramente el resultado de su pecado. Hay una causa y efecto aquí; Su pueblo hizo lo malo, así que el Señor los entregó en las manos de Jabín, rey de Canaán.

Vemos en este pasaje y en muchos otros a través de las Escrituras que una forma en la que Dios trata con Su pueblo es, a menudo, utilizando personas, circunstancias externas y presiones como Sus instrumentos para disciplinar a Sus hijos.

Ahora, tendemos a ver el «instrumento» y culpar al instrumento. ¡Son los cananeos en mi vida! Es mi marido, son mis hijos, mi jefe, mi pastor, mi vecino; la gente que hace que mi vida sea miserable. Pero, en la providencia de Dios, en los propósitos de Dios, Él con frecuencia usa a las personas, circunstancias, presiones y problemas como instrumentos en Sus manos para disciplinarnos y castigarnos.

Ahora, esto no significa que cada vez que suframos; que cada vez que pase algo malo en nuestras vidas, Dios nos está disciplinando. Hay otras razones por las cuales hay problemas y presiones en nuestra vida, y hemos hablado en otras ocasiones de esos propósitos de Dios en el sufrimiento. Pero a veces simplemente es un resultado, una consecuencia divinamente impuesta a causa de nuestro pecado.

Al leer este versículo, nos presentan a los primeros dos personajes de la historia. Jabín es el rey de los cananeos, un hombre poderoso. Pero conforme se va desarrollando la historia, en realidad es un personaje secundario. Después tenemos a Sísara que es el comandante de su ejército.

En los días de Josué, mientras los  hijos de Israel estaban poseyendo la tierra, esta ciudad, Hazor en la parte norte de Israel había sido conquistada por los israelitas. Pero los israelitas no destruyeron por completo a los habitantes de Canaán como Dios les había ordenado. Ahora el enemigo había ganado fuerza y poseyeron de nuevo la tierra de las manos del pueblo de Dios.

Recuerdo, al pensar en esto, que si cada área de pecado o carnalidad en mi vida no es atendida –cualquier área que Dios revele que necesita ser santificada, de la que no me ocupe– que yo no venza con la gracia de Dios, muy probablemente un día regresará y me gobernará. Esto se puede ver.

Pienso en un amigo, un querido amigo quien acaba de tener una gran caída moral. A simple vista parecería ser algo inesperado, pero si miramos atrás –y he conocido a este hombre y a su esposa por muchos años– se puede ver que había situaciones de lucha contra pecados de la carne, en las cuales él nunca profundizó.

Estas cosas ahora han dado lugar a una gran cosecha de mentiras en su vida. Se encontró a sí mismo siendo derrotado por esos pecados, que no trató de la manera que Dios nos pide.

Ahora que hemos llegado a este periodo de los jueces, la tierra está en un estado de terror. Los hijos de Israel están temerosos, la tierra en desolación. Leemos en el capítulo 5 de Jueces, versículo 6, la descripción de cómo lucían esos días.

«En los días de Samgar, (uno de los jueces), hijo de Anat, en los días de Jael, (quien es uno de los personajes principales),  quedaron desiertos los caminos, y los viajeros andaban por sendas tortuosas. Cesaron los campesinos, cesaron en Israel» (vv.6-7).

Es decir, las personas en las zonas rurales tuvieron que abandonar sus aldeas sin muro e ir a vivir a las ciudades amuralladas, porque tenían miedo.

Esta es una descripción de lo que muchas personas están experimentando en nuestro mundo hoy, miedo al terrorismo. Lo vemos en todos los mecanismos de defensa que hay, gente con miedo a volar, gente con miedo a viajar.

Versículo 8 del capítulo 5:

«Escogieron nuevos dioses; entonces la guerra estaba a las puertas. No se veía escudo ni lanza entre cuarenta mil en Israel

El pueblo estaba desarmado; eran vulnerables. Sus armas habían sido confiscadas por los cananeos o la gente no tenía el valor ni la voluntad de usarlas.

Vemos en los tiempos en que Débora vivió:

  • Una nación entregada a la idolatría
  • Estaban bajo el dominio de los cananeos, a los que ellos debieron haber conquistado
  • Estaban bajo la disciplina y la mano pesada de Dios
  • El enemigo los superaba en número
  • Estaban abrumados por el enemigo
  • Había miedo
  • La moral estaba por el suelo
  • No había armas y el pueblo estaba desanimado.

Como veremos –y este es a menudo el caso, cuando la gente está bajo el castigo y la disciplina de Dios– hay una notable falta de liderazgo masculino fuerte y piadoso.

Ves que los israelitas quisieron vivir sin Dios, como los pueblos y las naciones que les rodeaban. Ellos imitaron sus costumbres y terminaron siendo esclavos de los que imitaban. ¿No es verdad, que en el mundo actual, en muchos casos, el pueblo de Dios se ha esclavizado?

En la iglesia estamos dando consejería y tratando con la adicción al alcohol, a las drogas, adicción sexual y otras adicciones y ataduras que no son tan obvias. Abandonando a Dios y escogiendo a «Baal» el señor, el esposo del pecado, creemos que traeran placer a nuestras vidas pero al final nos trae esclavitud y servidumbre.

¿Puedo sugerir que este tipo de esclavitud, cuando Dios nos entrega al enemigo, en un sentido, nos está demostrando Su compromiso con nosotros? Dios nos amaría al disciplinarnos, y castigarnos, como evidencia de que tenemos una relación con Él. Es una prueba de que somos hijos de Dios. Es una expresión de Su amor o de lo que muchos han llamado una «misericordia severa».

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth regresará para concluir esta enseñanza.

Ella nos ha estado mostrando la conexión que hay entre el amor y la disciplina. Nos ha recordado también que no debe sorprendernos que el pecador peque, pero aquellas que somos parte del pueblo santo de Dios sí debemos procurar la  pureza y la santidad. Este mensaje es el primero de una serie titulada, Cuando los hombres no lideran: Un vistazo a la vida de Débora.

Antes de concluir la enseñanza de hoy, Nancy tiene una invitación importante para ti.

Patricia: La necesidad de que las mujeres de habla hispana alrededor del mundo, escuchen verdades bíblicas es cada vez mayor. Estamos viviendo tiempos donde a lo bueno se le llama malo y a lo malo se le llama bueno. Hay una decadencia moral y la violencia está arropando y destruyendo nuestras ciudades. A la vez entendemos que este tiempo es una oportunidad inmensa de ver a Dios obrar de maneras que solamente Él puede hacerlo. 

Por estas razones, en Aviva Nuestros Corazones nos sentimos comprometidas en mantenernos fieles a nuestro llamado dirigido a las mujeres de habla hispana alrededor del mundo, de clamar a Dios por un avivamiento, y que las mujeres encuentren libertad, plenitud y abundancia en Cristo al llegar a conocerlo mejor a través de Su Palabra.

Necesitamos tu colaboración, de manera especial, en este mes de mayo que es el cierre de nuestro año fiscal. Esto quiere decir que cerramos nuestra contabilidad y establecemos el presupuesto para el siguiente año de ministerio. Tu contribución marcará una gran diferencia en nuestra efectividad para los próximos doce meses.

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¿Pudieras orar para que el Señor te muestre en este tiempo crucial del mes de mayo cómo apoyar a Aviva Nuestros Corazones?

Annamarie: Gracias Nancy. Una vez más, nuestro sitio web es AvivaNuestrosCorazones.com. Como agradecimiento por tu ofrenda hoy, te enviaremos el libro escrito por Robert Wolgemuth titulado, «Como el buen pastor». Podemos hacerte llegar este recurso si vives en los EEUU o Canadá. En el libro, «Como el buen pastor», Robert Wolgemuth te proporciona ayuda en tu llamado de entrenar futuros esposos y padres.

El mejor ejemplo que tenemos de un padre es Dios mismo. Nancy nos venía hablando acerca de Su trato hacia nosotros como hijos y nos mencionó el concepto, «misericordia severa». ¿Sabes en qué parte del Nuevo Testamento encontramos este concepto? Aquí está Nancy para concluir la enseñanza de hoy.

Patricia: Vemos ese concepto en el libro de Hebreos capítulo 12, donde está escrito,

 «HIJO MÍO, NO TENGAS EN POCO LA DISCIPLINA DEL SEÑOR, NI TE DESANIMES AL SER REPRENDIDO POR ÉL; PORQUE EL SEÑOR AL QUE AMA, DISCIPLINA» (vv.5-6).

Piensas: «Dios me debe amar muchísimo, porque ahora estoy pasando por mucha disciplina en mi vida». Escucha, si necesitas mucha disciplina, Dios te ama lo suficiente para dártela.

Hebreos dice, «Y AZOTA A TODO EL QUE RECIBE POR HIJO» (vv.-6b).

«Porque ellos, nuestros padres, nos disciplinaban por pocos días como les parecía, pero Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad» (v.10).

Dios nos ama tanto que quiere cambiarnos; Él quiere quebrar las ataduras de la esclavitud de esos dioses, de la idolatría, del adulterio espiritual; así que manda Sus misericordias en la forma de disciplina a nuestras vidas.

En el momento es doloroso, no es agradable. Pero después, dice el versículo 11 de Hebreos 12:  «sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después fruto apacible de justicia».

Tengo un amigo que ha tomado recientemente decisiones terriblemente equivocadas en su vida. Está viviendo en pecado y retando a Dios. ¿Sabes que la primera semana que fue descubierto su pecado, ese hombre tuvo seis llantas ponchadas en un coche con llantas nuevas? ¡Seis llantas ponchadas! Ahora, eso puede ocurrirle a alguien que esté andando en obediencia a Dios. Pero no puedes dejar de preguntarte. . . La gente que conoce a mi amigo puede pensar, «Dios está detrás de este hombre».

Creo que es una señal de que este hombre le pertenece a Dios. Dios está peleando con él, acorralándolo, rodeándolo con disciplina y castigo. ¿Por qué? ¿Porque lo odia? ¡NO! Porque Dios ama a mi amigo, y quiere recuperarlo y conquistar su corazón para traerlo de nuevo a la obediencia.

Gracias, gracias Padre, que me has amado lo suficiente a través de todos estos años para disciplinarme, castigarme, para crear circunstancias de las que no puedo salir. Y como resultado, Tú has traído mi corazón en humildad una y otra vez, a rendirme ante ti, a obedecerte y a arrepentirme delante de ti.

Señor, oro por cualquier persona que esté oyendo en este momento este programa, que esté bajo disciplina divina. Que venga al arrepentimiento rápidamente, que reconozca Tu mano en esto, que reconozca su pecado y lo confiese; que se quebrante delante de ti; que clame a ti con desesperación; que puedas venir a libertarla con Tu misericordia y Tu gracia. Te lo pido en nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Cuando uno de tus seres queridos sufre, deseas intervenir y encontrar la manera de quitarle el dolor. Pero, ¿y si ese dolor o problema le está siendo de ayuda y al intervenir le haces daño? Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de Life Action Ministries.

Las escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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