Aviva Nuestros Corazones Podcast

Cueste lo que cueste

Annamarie Sauter: Cuando alguien a quien amas está sufriendo, lo natural es querer ponerle fin a su dolor. Pero... si Dios está usando ese sufrimiento para acercar un alma perdida hacia Él, debes tener cuidado de no interponerte. 

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss Wolgemuth: El Señor sabe exactamente lo que necesitas y cuánto tiempo tardará en conseguir tu atención cuando estás lejos de Él. Dios sabe exactamente lo que se necesita y el tiempo necesario para obtener la atención de tus seres queridos que viven en desobediencia. Así que deja a Dios hacer su trabajo.

Annamarie: Las madres hacen lo que sea para rescatar a un hijo en aflicción, pero no podemos controlar cada situación. Si un hijo está en rebelión contra Dios, a veces lo mejor que puedes hacer es hacerte a un lado y dejarlo que experimente los resultados de su pecado. Hoy escucharás más acerca de esto al Nancy continuar con la serie titulada, Cuando los hombres no lideran: Un vistazo a la vida de Débora.

Nancy: Estamos en capítulo 4 del libro de Jueces. Seguimos en los primeros tres versículos viendo el contexto, la historia y el escenario, estamos en la historia de Débora. Ella fue uno de los jueces de Israel que Dios usó para traer liberación a Su pueblo.

Vimos que hay un ciclo por el que el pueblo de Israel pasó en el libro de Jueces. Es un ciclo que nosotras como hijas de Dios, a menudo, también atravesamos.

Dijimos que cuatro palabras resumen el libro de Jueces: Desobediencia, disciplina, desesperación y liberación.

Leemos en los primeros versículos de Jueces 4, que el pueblo de Israel, otra vez, volvió a hacer lo malo delante del Señor. Después en el versículo 2 vemos que el Señor entregó el pueblo de Israel al ejército de Canaán bajo el rey Jabín y su comandante Sísara. Fue un tiempo terrible; tiempo de desesperación en las vidas de las personas.

Pero al llegar al versículo 3, vemos al pueblo de Israel avanzar hacia la siguiente fase del ciclo.

Jueces capítulo 4 versículo 3: entonces… ¿Cuándo es ese entonces? Entonces es cuando el Señor manda opresión, esclavitud, disciplina. Como resultado, la disciplina logró su efecto ¡finalmente! Entonces el pueblo de Israel clamó a Dios por ayuda.

Creo que no hay un sonido más dulce en el cielo que cuando Dios escucha a Sus hijos clamar a Él diciendo: «Señor, te necesito ¡ayúdame! Esto era lo que Dios estaba esperando escuchar».

«Y los hijos de Israel clamaron al Señor, porque aquél (Sísara, comandante del ejército) tenía novecientos carros de hierro y había oprimido por veinte años duramente a los hijos de Israel» (v.3).

Así que vemos aquí que Dios ejerció una disciplina intensa y cruel. Dios usó y mandó al enemigo. Está muy claro que Dios los vendió en las manos de Jabín. Todo esto fue obra de Dios.

Entonces, fue cuando finalmente clamaron a Dios por ayuda. Antes de llegar a este punto llegaron a sufrir intensa presión por un período prolongado de tiempo. ¡Veinte años! Pienso mientras leo este pasaje, ¿por qué esperaron veinte años?

Bueno, ¿Por qué nosotras esperamos tanto tiempo?

Tomó veinte años llamar su atención y este mismo hecho me demuestra la increíble longanimidad y paciencia del corazón de Dios.

Por veinte años Dios se sentó en el cielo a esperar que Su pueblo reaccionara, esperó que Su pueblo se quebrantará, ¿no crees que el corazón de Dios estaba destrozado?

Quiero decir, como madre has visto a tus hijos vagar por la tierra en pecado y tu corazón se rompe. Algunas de ustedes han esperado un año, dos, tres o hasta veinte años a que un hijo regrese al Señor y uno piensa: «¿Por qué no se da cuenta?»

Odias verlos pasar por eso, harías lo que fuera por rescatarlos y liberarlos, pero no puedes porque no han pedido ayuda. No están quebrantados, no son enseñables.

Así, que Dios se sentó y esperó. ¡La misericordia de Dios!

Ahora, sin duda, durante esos veinte años el pueblo se sintió miserable, estoy segura de que no les gustaba la opresión en la que estaban y estoy segura de que muchas veces clamaron, pero aparentemente no clamaron a Dios.

A Él era a quien tenían que clamar porque fue a Él a quien abandonaron. Fue contra Él contra quien habían pecado.

Sabes, la disciplina y el castigo de Dios tienen la intención de hacernos más humildes, llevarnos a morir a nosotras mismas y hacernos reconocer la necesidad que tenemos de Él. Su meta es que nuestros corazones se vuelvan de nuevo a Él.

Y El Señor sabe exactamente lo que necesitas y cuánto tiempo tardará en conseguir tu atención cuando estés lejos de Él. Dios sabe exactamente lo que se necesita y el tiempo necesario para obtener la atención de tus seres queridos que viven en desobediencia.

¡Así que, dejemos a Dios trabajar! No trates de rescatar a ese hijo, a tu pareja o a ese amigo, de la cruz.

¡Porque Dios está trabajando! Tenemos que llegar al punto donde hemos agotado todos nuestros recursos, para darnos cuenta de que: mis amigos no podrán sacarme de esto, ni mi consejero, ni mi terapeuta, ni mi pastor, ni mis libros, ni mi trabajo, ni el alcohol ni los antidepresivos; no hay nada que yo pueda hacer o a dónde ir, sino acudir al Señor.

¿Estás tú en ese punto? Has llegado al punto donde estas dispuesta a decir: «¡Señor, ayúdame! ¡Mi pecado me trajo hasta aquí! Necesito tu gracia. Necesito tu misericordia. Necesito tu perdón».

¿Qué necesitas para que te vuelvas al Señor y clames a Él por ayuda? Para llegar al punto en que puedas decir como el salmista: «Levantaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del SEÑOR, que hizo los cielos y la tierra» (Sal. 121:1-2).

«Oh Señor, es contra ti contra quien he pecado y hecho este gran mal delante de tus ojos y Tú eres El único que puedes liberarme».

Dios, en su paciencia, está esperando y muestra Su corazón misericordioso y redentor; vemos que en este ciclo Dios espera que nosotros clamemos a Él y entonces, a continuación siempre envía liberación.

Ahora, no siempre Él manda liberación de la misma forma. Él no siempre remueve todas las circunstancias que resultaron por nuestro pecado. Y no siempre sucede sin batallar, como lo veremos en Jueces capítulos 4 y 5.

Pero siempre, cuando los hijos de Dios claman a Él por misericordia con un corazón arrepentido y quebrantado Dios derrama gracia al humilde.

Es una de las vías de Dios. Así que si estás luchando contra Su castigo, no te resistas a la disciplina. ¡Ríndete! ¡Quebrántate!

Estoy siendo tan puntual en esto particularmente hoy, porque tengo un amigo muy querido que está en este momento resistiéndose a la disciplina de Dios, y la está pasando muy mal. Pero lo que él odia son las circunstancias. Él odia los problemas que han sido causados por su pecado, pero todavía aún no odia su pecado.

Como estoy oyendo la situación, solo pienso para mis adentros: «solo reconoce que has pecado». Solo di: «Señor te necesito». ¡Pide ayuda! Hasta que él no lo haga, no va a recibir ayuda.

Y uno quiere orar, y sé que esto es difícil. Hablé con su hermosa esposa y le dije: necesitas soltarle a tu esposo al Señor y decirle: «Señor, estoy dispuesta a que hagas lo que sea necesario para quebrantarlo y para llevarlo hasta el final de sus fuerzas». Sé que todo esto le va a costar caro a esta persona, pero a ella le importa más la gloria de Dios y la santificación de su esposo que su propia felicidad.

Dios espera a que nosotras clamemos y entonces Él manda liberación. El próximo versículo en Jueces capítulo 4 nos dice: «Débora, profetisa, mujer de Lapidot, juzgaba a Israel en aquel tiempo» (v.4).

¿Qué hizo Dios cuando Su pueblo clamó por ayuda? Dios levantó un ayudador. Dios levantó a un instrumento humano que ayudaría a liberar a Su pueblo. En cuanto pidieron ayuda al Señor, Él envió ayuda.

Ahora, el resto de Jueces capítulo 4 y el capítulo 5 (que no más que un  recuento del capítulo 4 en forma de himno y cántico por la victoria), es en realidad la descripción de toda la liberación.

La liberación se da en tres etapas. Si tienes tu Biblia, es posible que desees marcar con algunas líneas cómo se separan los capítulos.

Tenemos, en los versículos 4-10 del capítulo cuatro de jueces, el período que los conduce a la batalla, la antesala, la puesta en marcha para la batalla. Después en los versículos 12-16, hay una descripción de la batalla en la cual Dios tiene una victoria decisiva sobre los cananeos.

Luego en los versículos del 17-22 del capítulo cuatro, tenemos la conclusión, las consecuencias. Es donde encuentras la destrucción de Sísara, quien es el comandante cananeo, al servicio de Jael, quien es la otra mujer involucrada en esta historia.

Así que previo a la batalla, la antesala. Después la batalla en sí, y finalmente la conclusión, el seguimiento, las consecuencias, lo que acabo de describir en el capítulo 4 es el mismo bosquejo que encontrarás en el capítulo 5.

Hay tres grandes puntos básicos en el capítulo 5, en este cántico de victoria que habla de la antesala, la batalla y las consecuencias. Puedes encontrar los puntos donde se unen estos versículos.

Así que hoy llegamos a la antesala, o la preparación para la batalla. Versículo 4 de Jueces 4: «Débora, profetisa, mujer de Lapidot».

Por cierto, no sabemos nada de Lapidot. Es la única ocasión donde se menciona en las Escrituras. Algunos comentaristas creen que la traducción pudo haber sido que ella era de «Lapidot» que significa que Lapidot sería su tierra natal.

No se conoce un lugar llamado Lapidot. No conocemos a nadie llamado Lapidot, así que o era de un lugar llamado así o tenía un esposo llamado así.

Pero independientemente, Débora era una profetisa que juzgaba a Israel en ese momento.

Versículo 5: «y se sentaba debajo de la palmera de Débora entre Ramá y Betel, en la región montañosa de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella a pedir juicio».

Ahora, aquí es donde conocemos a Débora quien es como la heroína de la historia. Ella es la cuarta en la línea de los jueces de la nación de Israel, y vivía aproximadamente a 8 km al norte de Jerusalén. Verás en un mapa de Tierra Santa que el pueblo donde vivía Sísara, Haroset-goim, estaba en la parte del norte, la parte más lejana del norte de la nación de Israel.

Un mapa es realmente útil cuando estás tratando de entender las Escrituras. Mientras iba trazando en el mapa las ciudades a que se refiere este pasaje, tuve una nueva perspectiva del carácter de Débora y de su rol, lo verás cuando vayamos avanzando en la historia.

Quería que vieras dónde estos ejércitos cananeos estaban centrados, en el extremo norte de la Tierra Santa, la tierra prometida donde los hijos de Israel vivían.

Así que ya ves que Débora no vivía cerca de donde estaba la acción. No vivía cerca de donde estaba el problema. Había una distancia de sesenta millas entre donde ella vivía y el norte donde estaba la acción.

Aunque, sesenta millas quizás no parezca mucho para nosotras hoy en día, imagínate un tiempo donde no había transporte público, ni cómodas carreteras, sesenta millas era un camino muy largo. Es interesante ver que esta mujer que vivía tan lejos del problema, estuviera dispuesta a involucrarse cuando Dios le dijo: «Tengo un plan para ti en esta batalla».

El versículo 6 nos dice: «ella mandó llamar a Barac, hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí». Y repito, si ves el mapa, Cedes está en la tribu de Neftalí, igual en el extremo norte, próxima al mar de Galilea.

Así que, incluso Barac está en el norte. Débora está muy lejos de todos estos personajes principales.

Ella llamó a Barac y le dijo:

«Esto ha ordenado el SEÑOR, Dios de Israel:Ve, marcha al monte Tabor y lleva contigo a diez mil hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón.

Y yo atraeré hacia ti a Sísara, (aquí es Dios quien habla y Débora lo está citando) comandante del ejército de Jabín, con sus carros y sus muchas tropas al torrente Cisón, y lo entregaré en tus manos”» (vv.6-7).

Una vez más, en este mapa se ve que este río Cisón está arriba en la parte norte de la Tierra Santa.

Dios levanta a Débora. Ella escucha al Señor y manda llamar a Barac. Nosotros no sabemos nada de él, o por qué lo mandó llamar o quién era. Lo más seguro es asumir que era un militar, que era parte de la milicia israelí. Ella lo mandó a llamar de Neftalí y le dijo: Esto ha ordenado el Señor, Dios de Israel: «Ve, marcha al monte Tabor y lleva contigo 10,000 hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón».

Si ves en el mapa, el monte Tabor está en el norte cerca de Cedes, cerca del lugar de donde eran Sísara y el rey Jabín. Cerca del río Cisón. Toda la actividad estaba al norte.

Pero Débora llamó a Barac al sur. Le da el mensaje, y le dice lo que Dios ha dicho. Y Dios ha prometido, «Yo atraeré hacia ti a Sísara, (el general cananeo y a las fuerzas cananeas en batalla), y los entregaré en las manos de Barac» (v.7).

A lo largo de este capítulo podemos ver que Dios es soberano. Dios está en control. Dios es el que peleará y ganará la batalla.

Ahora, al ver a Débora, veo a una mujer sabia.

  • Es una profetisa
  • Conoce a Dios
  • Ha estado en la presencia de Dios.
  • Ha estado escuchando a Dios.
  • Conoce la Palabra de Dios.
  • Ella investiga qué tiene Dios que decir antes de ella hablar.

Mi problema es que hablo a menudo, y cuando hablo estoy segura de lo que estoy diciendo, pero Débora era una mujer que primero recibía la Palabra de parte de Dios.

Nosotras tenemos la Palabra de Dios. Tenemos las Escrituras para decir lo que Dios tiene que decir. Una vez ella hablaba, ya no eran sus palabras. No era Débora dirigiendo a Barac, ella solo repetía lo que Dios le había dicho.

Solo estaba compartiéndole la Palabra de Dios a Barac. No era el plan de Débora. No fue la idea de Débora atacar al ejército cananeo. Era algo que había recibido directamente del Señor.

«Esto ha ordenado el SEÑOR, Dios de Israel» (v.6). He aquí cómo una mujer en una época de desolación nacional tiene confianza en la Palabra de Dios. Es ahí donde ella va por respuestas. Es donde busca un plan para la batalla.

No está viendo las noticias de la noche para recibir dirección o encontrar una estrategia. Está buscando a Dios y a Su Palabra.

Por cierto, creo que porque esta mujer escuchaba al Señor era por lo que la gente iba a ella por respuestas. El pueblo se sentía atraído por ella porque sabía que en un tiempo donde aparentemente había pocos hombres escuchando a Dios, ellos sabían que había una mujer que caminaba con Dios y que tenía la sabiduría de Dios.

«Le respondió Barac: Si tú vas conmigo, yo iré; pero si no vas conmigo, no iré» (v.8).

«Y ella dijo: Ciertamente iré contigo; sin embargo, el honor no será tuyo en la jornada que vas a emprender, porque el SEÑOR venderá a Sísara en manos de una mujer» (v.9).

Por alguna razón, y no sabemos cuál, Barac insistió en que Débora lo acompañara a la batalla. Podría ser que tuviera miedo. Podría haber sido una expresión de incredulidad o también pudo ser una expresión de humildad, sabiendo que Débora era una mujer que caminaba con Dios, él quería que la presencia de Dios estuviera con él en la batalla.

No sabemos la razón, pero sí sabemos que Débora estuvo de acuerdo en ir y le hizo saber a Barac que el honor de la victoria, humanamente hablando, no se le atribuiría a él, sino a una mujer.

Ahora, probablemente Barac pensó que esa mujer sería Débora, pero veremos de quién fue la victoria… La mujer a la que se referían era Jael. Ella entra en la historia al final de la batalla. Débora está hablando aquí proféticamente del rol de Jael.

Así que en el versículo 9 nos dice: «Entonces Débora se levantó y fue con Barac a Cedes». Ella sale del sur donde vive, donde había estado ministrando y se va con Barac al norte a su tierra natal donde él había estado reuniendo las tropas.

«Y Barac convocó a Zabulón y a Neftalí en Cedes, y subieron con él diez mil hombres; Débora también subió con él» (v.10).

He aquí una mujer que pudo haberse quedado y no involucrarse. Pudo haberse quedado en un lugar a salvo, más seguro, pero se dirige directamente donde está el problema porque sabe que ahí es donde Dios la ha llamado a estar.

Es ahí donde Dios la quiere, y ese es el lugar más seguro para ella estar. Es fácil para nosotras ver a nuestro alrededor lo que está pasando en nuestra cultura, y pensar: «no quiero involucrarme, mancharme las manos con esto. Quiero quedarme aquí segura y a gusto en mi pequeña zona de confort».

Pero hay veces que Dios nos está llamando a dejar nuestra zona de confort y nos dice: «Quiero que estés dispuesta a involucrarte». Ya sea en oración, tomando acción directa o de alguna forma que no te sea conveniente.

Solo quiero decirles que en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones y en las conferencias de Aviva Nuestros Corazones, yo en lo personal preferiría quedarme en casa, donde estoy segura y a salvo, es más fácil y cómodo que salir e involucrarme en una batalla espiritual, (que es en lo que estamos involucrados en Aviva Nuestro Corazones, con las almas y los corazones de las mujeres). Sería mucho más fácil para mí quedarme en casa donde hay comodidad y todo es más fácil.

Ahora, para algunas de ustedes. Permanecer en casa es donde está la batalla. Si estás casada, si tienes hijos, ahí es donde Dios te ha puesto. Puede que sea más fácil para ti huir, y Dios te está diciendo: «Te voy a decir a dónde ir, cuándo estar ahí, cuándo involucrarte, quiero que salgas de tu zona de confort y que te involucres en la guerra espiritual que está ocurriendo en los corazones y en las vidas de las personas a tu alrededor».

Cuando Dios habla, si somos mujeres de Dios, haremos lo que Débora hizo. ¡Ella fue! ¡Ella fue!

Para ella significó dejar su lugar geográfico. Para ti puede significar quedarte ahí mismo donde estás, involucrarte en una batalla de la que preferirías huir.

Lo importante aquí es conocer la Palabra de Dios, conocer el llamado de Dios, y ser sensible al liderazgo del Espíritu de Dios en tu vida.

Oh Padre, al estudiar la vida de Débora, estoy otra vez atrapada en la sabiduría de esta mujer, su discernimiento, y la manera en que la usaste en la vida de Tu pueblo porque ella estuvo conectada a ti, porque fue una mujer que escuchó Tu voz, conocía Tu Palabra y estuvo dispuesta a salirse de su zona de confort; dejar lo que le era conocido y conveniente, y permitir que la llamaras a la batalla.

Gracias Señor por su ejemplo. Oro para que nos muestres en cada época y en cada situación de nuestras vidas lo que realmente nos quieres decir y cómo quieres que nos involucremos.

Que tengamos valentía, fe, obediencia, y corazones sumisos que te sigan a donde nos dirijas. En Cristo Jesús, amén.

Annamarie: «Débora se levantó y fue». Estas palabras tienen mucho significado. Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado ayudando a entender lo que significa actuar con valentía cuando Dios te pide hacer algo.

Esta enseñanza es parte de la serie titulada, «Cuando los hombres no lideran: Un vistazo a la vida de Débora». Día tras día tenemos la bendición de apuntar mujeres a Cristo a través de series como esta, y nos encanta escuchar de la obra de Dios en mujeres como esta que nos compartió lo siguiente. Escuchemos:

Sol Beatriz: Yo vine de un hogar donde en la crianza vi mucho machismo, donde los hombres fueron muy privilegiados. Había que hacer lo que ellos dijeran y como dijeran, y eso me creó un poco de resentimiento desde niña. Soy la mayor de tres hermanas, tengo un hermano mayor, y nosotros quedamos huérfanos, y eso me dio pie a mí para empoderarme y tener mucha autoridad, y en mi casa se hacía lo que yo dijera y pasé por encima de mi hermano quitándole toda la autoridad que Dios le había dado como hombre de la casa.

Cuando me casé fue lo mismo. Yo estaba convencida de que yo mandaba en mi casa, y en mi casa se hacía lo que yo dijera. Entonces esto, por consiguiente, creó una lucha de poderes durante muchos años de matrimonio, hasta que por gracia llegué a la iglesia y llegué a este grupo que ha sido de gran bendición como te lo decía ahorita. Porque no sabía ni siquiera que yo tenía un diseño divino.

Empezamos a leer este libro y empecé a confrontarme mucho y al ir estudiándolo y conociéndolo, empecé a reconocerme como mujer y a decir sí al diseño divino de Dios, y por la gracia de Dios y a través de Su Palabra me ha dado mucho gozo y tranquilidad.

Mi matrimonio ahora es otro completamente, donde yo le doy la autoridad a mi esposo, donde los dos nos comunicamos más suavemente y la obra del Señor ha hecho que baje un poquito mi carácter porque soy de carácter fuerte, pero Él es misericordioso y he reconocido mucho la misericordia y la gracia de Dios.

Ahora miro a los hombres con más misericordia, ya he visto las consecuencias del machismo que vivimos en mi casa, y del feminismo que también nos tocó vivir; pero la gloria es de Dios y pidiéndole mucho que nos restaure y con mi ejemplo darle a mis hermanas otro testimonio, y a mi familia.

Annamarie:  Nos llena de gozo escuchar testimonios como este. El tiempo no nos alcanza para compartir contigo lo que hemos visto y escuchado de lo que Dios está haciendo en medio nuestro. Y estos testimonios son posibles gracias a tus oraciones, al trabajo de nuestras voluntarias y al aporte financiero de nuestras colaboradoras mensuales y amigos del ministerio. ¡Gracias a cada uno de ustedes!

Para conocer más acerca de cómo puedes apoyarnos en este mes de mayo en el que tu donación hace una gran diferencia, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com.

¿A veces te sientes como si no valieras nada? Entonces eres el tipo de persona que a Dios le gusta usar para lograr Sus propósitos. Hablaremos acerca de esto mañana. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Ayudándote a descubrir y abrazar el diseño de Dios para tu vida, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Toda la Escritura es tomada de La Biblia de Las Américas  a menos que se indique lo contrario.

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