Podcast Aviva Nuestros Corazones

Dios escoge Sus instrumentos

Annamarie Sauter: Si te has sentido como si no valieras nada, como si no existiera la posibilidad de que Dios te usara para Sus propósitos…. hay esperanza para ti.

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Todo lo humano es frágil, imperfecto, débil, y defectuoso. Pero Dios, quien podría hacer el trabajo por Sí mismo, por alguna razón escoge utilizar instrumentos humanos, y no siempre las personas que esperaríamos.

Annamarie: Hay algo de satisfacción en tener a mano las herramientas correctas para hacer un trabajo. No tienen que ser llamativas ni impresionantes. Simplemente tienen que hacer aquello para lo que fueron diseñadas.

¿Estás lista para ser usada por Dios como una herramienta perfectamente diseñada para llevar a cabo Su plan? Nancy nos va a hablar acerca de esto en la continuación de la serie titulada, «Cuando los hombres no lideran: Un vistazo a la vida de Débora».

Nancy: Una de las cosas que me encanta de los caminos de Dios y del tema que hemos estado estudiando en Jueces capítulos cuatro y cinco, sobre la vida de Débora, es que Dios frecuentemente escoge y usa para alcanzar Sus propósitos, a los instrumentos que menos esperamos.

Dios por lo general no escoge para cumplir Sus propósitos a aquellos que piensas que pudieran estar sumamente calificados para el trabajo. Él elige a personas que piensan que están absolutamente descalificadas, y en muchos casos así es. A consecuencia de esto, Dios recibe la gloria por el resultado.

Vemos esto en la vida de Débora y en la nación de Israel en el tiempo de los jueces. Dios usa instrumentos humanos para cumplir Sus propósitos. Cualquier cosa que sea humana es defectuosa, frágil y débil, pero Dios, quien podría hacer el trabajo por Sí mismo, por alguna razón escoge usar instrumentos humanos, y no siempre a las personas que nosotros escogeríamos.

En este caso Dios, antes que nada, usó soldados de a pie contra el ejército cananeo. Te preguntarás: «¿Qué de grandioso hay en esto?» Bueno, ten en mente la oposición, el enemigo. Los cananeos tenían 900 carros de hierro, y sin embargo Dios dijo: «Yo no necesito carros para vencer carros. Solo necesito hombres dispuestos, disponibles, cuyos corazones hayan sido tocados; que estén dispuestos a hacer la tarea voluntariamente». Y Dios usó a estos soldados de a pie.

Entonces en el plan de batalla de Dios, en este caso, Él usó dos mujeres: Débora, a quien estamos viendo ahora, y Jael, quien aparecerá después en la historia. En esos días y en esa época el hecho de que la mujer jugara un papel principal, ya fuera en la batalla o en la victoria, era extremadamente inusual. Era impensable el que una mujer contribuyera al hecho de obtener la victoria.

Pienso en el pasaje de 1 Corintios 1:26 que dice: «Pues considerad, hermanos, vuestro llamamiento; no hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte;y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para anular lo que es;para que (y aquí está la razón) nadie se jacte delante de Dios» (vv.26-29).

Te diré, que donde quiera que Dios hace algo a través de Aviva Nuestros Corazones, cuando la vida de alguien es impactada, transformada, cambiada; cuando Dios restaura un matrimonio o cambia un corazón, nadie está más asombrado que yo, porque vivo con un sentir constante de mi propia debilidad y de mi insuficiencia para esta tarea.

Constantemente tengo que rendirme al Señor y depender de Él, le digo: «Señor, si algo ocurre a través de este ministerio, sé que no es porque yo sea más espiritual que otros. No es porque tenga más dones que los demás. Es porque Tú elegiste a alguien débil, necio, despreciable y humilde». No puedo llevarme el crédito por ello. ¡A Dios sea toda la gloria!

Cuando Dios te usa, como esposa, como mamá, en tu lugar de trabajo, en tu iglesia, en tu familia; cuando Dios te usa como un instrumento para tocar, compartir y cambiar vidas; y cuando batallas espirituales son peleadas y ganadas, tú sabes tan bien como yo que no lo hiciste, que fue Dios quien lo hizo.

Ahora, mientras avanzamos en la historia de Débora en Jueces capítulo 4, recuerda que los cananeos habían oprimido a los israelitas por veinte años. Los israelitas finalmente clamaron a Dios, y Dios levantó un libertador, Débora, una profetisa. Ahora, ella no se nombró a sí misma como profeta. Dios la colocó en esa posición. Dios colocó Su Palabra en el corazón de Débora y le dio la responsabilidad de comunicar Su palabra en el tiempo oportuno y en el lugar adecuado.

En el día de hoy, Débora, en algunos círculos cristianos es presentada como modelo de mujer que asume la posición de liderazgo espiritual. Este pasaje frecuentemente no es enseñado por evangélicos conservadores que creen que los hombres deben tener las posiciones de liderazgo espiritual, porque hay una tensión aquí.

Si se supone que los hombres son quienes tienen el liderazgo espiritual, ¿por qué Débora es elogiada por su rol en el libro de los Jueces? ¿Realmente ella es un modelo para promover que las mujeres tomen posiciones de liderazgo espiritual, o es solo una excepción a la regla de Dios? ¿Es ella una contradicción a los planes de Dios, o hay algo sobre ella, en su vida y en su ejemplo que ilustra absolutamente que el plan de Dios es que los hombres provean liderazgo espiritual a Su pueblo?

Te diré desde el comienzo, lo que yo creo. Creo que Débora es la ilustración de una mujer piadosa y femenina que está involucrada en la batalla de una manera claramente femenina para levantar y reforzar el liderazgo espiritual masculino.

Quiero tomarme un par de sesiones para ampliar el concepto, porque en nuestro tiempo, en la iglesia cristiana evangélica, existe todo un movimiento que presiona y promueve a las mujeres como líderes espirituales en posiciones de liderazgo, tanto en la iglesia como en el hogar. Creo que debemos recuperar ese terreno y comenzar a pensar más clara y bíblicamente.

Ahora, no debemos fundamentar nuestra teología en un solo pasaje de la Biblia; de Débora o de cualquier otro pasaje. Pero si tomas tu teología de las Escrituras, Débora se convierte, creo, en una maravillosa ilustración de lo que significa tener un rol distintivamente femenino en el plan de Dios.

Ahora, comenzaremos señalando que hombres y mujeres, de acuerdo a las Escrituras, son iguales delante de Dios; que el hombre no es superior a la mujer, y que la mujer no es superior al hombre; que son igualmente amados por Dios, igualmente elegibles para salvación.

Ambos, hombres y mujeres, somos salvos por gracia, a través de la fe, solo por medio de Jesucristo. Y ambos, hombres y mujeres, somos llamados a servir a Dios. Dios usa hombres, y Dios usa mujeres. Y por el hecho de ser mujer no puedes decir: «Bueno, se supone que los hombres sean los que sirven en el ministerio, y se supone que yo solo sea una mujer». Este no es un concepto bíblico. Las mujeres tienen que aprender las Escrituras. Las mujeres deben tener conocimiento del plan de Dios, y las mujeres deben activamente involucrarse en servir a Dios. 

No obstante, como las Escrituras revelan, siguiendo la progresión de la revelación que va desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento, descubrimos—y te diré algo, creo que está claro si no te acercas a las Escrituras prejuiciada—que el plan de Dios es que el hombre provea el liderazgo espiritual para el pueblo de Dios, no es el plan de Dios que la mujer dirija y lidere espiritualmente a los hombres.

El hecho de que Débora lo haya hecho en este momento de la historia de la nación de Israel, que ella tuviera la posición principal de influencia espiritual y liderazgo en la nación, era un signo del deterioro espiritual de la misma. Era una señal de la condición y la necesidad espiritual del pueblo de Dios, tanto así que no había un hombre que se levantara como líder. En la ausencia de un hombre, Dios levantó a una mujer, y creo que esto también sirvió para humillar a toda la nación, porque el que una mujer proveyera este tipo de liderazgo debió de haber sido humillante para esta sociedad dominantemente masculina.

Pero el hecho de que Dios hiciera esto en esta situación, no contradice el patrón normal de Dios, el cual es que los hombres sean principalmente los líderes, protectores y proveedores del pueblo de Dios. A todo lo largo de las Escrituras vemos que las cabezas de las tribus eran hombres. Las cabezas de las tribus de Israel eran hombres. Todos los otros jueces fueron hombres. Los reyes de Israel fueron hombres. Los profetas fueron hombres. Los apóstoles que Dios seleccionó fueron hombres. En el Nuevo Testamento encontramos que los pastores y ancianos quienes proveían autoridad espiritual sobre la iglesia eran hombres.

Dios ha diseñado y ha orquestado una estructura, de tal modo que en el hogar el hombre provea el liderazgo espiritual, protección y provisión para su esposa y sus hijos. Así que como has visto, el hilo, el tema. El tenor de las Escrituras es que el hombre provea. Quisiera decirlo de esta forma: El hombre es quien guía y alimenta. Los hombres son quienes proveen el liderazgo espiritual, nutren a la mujer y a los hijos en el plan de Dios.

Pero encontramos momentos en la cultura y aun dentro de la iglesia cuando el liderazgo principal parece venir de las mujeres. ¿Podría sugerir que este es un signo de una cultura espiritualmente débil? No estoy diciendo que las mujeres no sean necesariamente mujeres espirituales, pero leemos en Isaías capítulo 3, donde Dios está describiendo la decadente condición caída de la nación de Israel, que una de las descripciones dadas aquí es que: «Sus opresores son muchachos, y mujeres los dominan» (v.12).

Esto no es menospreciar a los jóvenes o a las mujeres. Lo que nos está diciendo es que da tristeza que la gente joven y las mujeres asuman una posición que se supone que los hombres deberían estar ocupando, y ser quienes proveyeran el liderazgo.

¿Y qué vemos en nuestra cultura, en la cultura pop cristiana, en el mundo evangélico de hoy? Los cantantes y artistas jóvenes son los más populares. Estamos obteniendo más teología, más liderazgo de algunas de estas jóvenes celebridades que la que tenemos de nuestros pastores más experimentados.

Encontramos que algunos de los maestros más efectivos de la Biblia y líderes espirituales del país son mujeres. Ahora, esta no es una crítica a las mujeres. La pregunta es: «¿Dónde están los hombres?» El no tener un liderazgo masculino fuerte, no es un signo de buena salud espiritual en la cultura evangélica. No estoy diciendo que las mujeres no tengamos un rol porque bíblicamente lo tenemos. Quiero decir que debe ser motivo de preocupación, tanto para los hombres como para las mujeres, el hecho de que los hombres no estén proporcionando el liderazgo espiritual, la provisión y la protección al rebaño de Dios.

Ahora, he tenido siempre que ser muy cuidadosa en Aviva Nuestros Corazones y en todo mi ministerio. Es muy importante que nosotras como mujeres no ataquemos a los hombres de ninguna manera. Espero no haberlo hecho en lo absoluto. Creo que es un error el hecho de que los hombres ataquen a las mujeres y que las mujeres ataquen a los hombres.

Desafortunadamente, hoy es políticamente correcto para las mujeres que hablen despectivamente de los hombres, y yo no quiero caer en esa trampa. Creo que Dios nos llamó a honrarnos unos a otros, a preferirnos unos a otros, a hablar bien unos de otros. Así que al decir que hay un vacío en el liderazgo masculino, estoy diciendo que hay una gran cantidad de motivos para esto. También quiero decir que hay algunos hombres que son líderes, pero en muchos casos la cultura ha hecho más difícil para los hombres el ejercer estas cualidades de liderazgo.

Así que lo que vemos es que en este tiempo del Antiguo Testamento había un vacío de liderazgo y punto; tanto de hombres como de cualquier otra persona. Entonces Dios proveyó para nosotras un modelo en Débora, de una mujer que cumplió con su rol y su llamado y fue usada por Dios para cumplir ese rol y ese llamado de una manera femenina. Ella fue usada por Dios para promover el liderazgo masculino de la nación.

Ella no lo hizo atacando o criticando a los hombres. Ella no lo hizo escribiendo libros sobre por qué los hombres deben ser más masculinos o por qué deben ser mejores líderes. Ella no escribió artículos sobre por qué las mujeres están más calificadas que los hombres para liderar en las batallas. Ella lo hizo de una forma claramente femenina y piadosa. Esto es lo que me encanta de esta mujer.

Quiero que veamos, durante las siguientes sesiones, algunas evidencias de la feminidad de Débora. ¿Cómo llenó o cumplió su roles como profetisa, como juez, como una gran influencia para los hombres de su tiempo, y como estratega para la batalla? ¿Cómo llevó a cabo ese rol sin violar su posición como mujer, de forma que fuera evidentemente femenina?

La primera cosa que es clara para mí en este capítulo, es que no hay evidencia de que Débora se colocara a sí misma en esta posición. No hay evidencia, y estuve meditando en este capítulo, leyéndolo una y otra y otra vez durante las últimas semanas, este capítulo y el siguiente, Jueces cuatro y cinco; y aquí no hay ni un indicio de que Débora se colocara a sí misma en esta posición, de que ella se hallara proclamándose a sí misma profetisa o juez. Solo dice que Débora era una profetisa.

Ahora, el que alguien sea un profeta o una profetisa, indica un llamado de Dios sobre su vida. Los hombres del Antiguo Testamento que fueron profetas como Isaías, Jeremías o Daniel, no se proclamaron a sí mismos como tales. Dios los llamó. Dios los apartó. Dios les dio un mensaje. Dios les dio una misión.

Yo creo que con Débora no fue diferente. Ella no dijo: «Voy a ser profetisa. Voy a ser juez». Ella estaba ocupándose de sus propios asuntos, haciendo lo que se suponía que debía estar haciendo, escuchando a Dios, adquiriendo conocimiento de Su Palabra.

Dios la llenó con sabiduría, y le dijo: «Tengo un propósito para ti en este tiempo. Se trata de que  llames a Barak para que descienda desde el norte y le des Mi mensaje». Débora estaba solo respondiendo a la iniciativa de Dios. Ella no estaba tomando la iniciativa por sí misma.

Ahora, no es mi interés discutir, pero pienso que ese es el sentido y el tono de este pasaje, así como ha sido con otros profetas. No creo que haya una razón para creer que Débora fuera diferente en este sentido.

La gente venía a ella, dice Jueces, porque ellos sabían que ella tenía la sabiduría que viene de Dios.  Ella era una mujer que estaba hablando algo que tenía sentido y que Dios estaba usando para despertar sus corazones en un tiempo de catástrofe nacional. No hay evidencia de que ella se colocara a sí misma en esta posición.

Y honestamente, tengo que decirte que yo lucho hoy con el hecho de hasta dónde las mujeres cristianas, en ocasiones, se están dando a la tarea de ser predicadoras. Yo no conozco el corazón de nadie, así que no tengo a nadie en mente cuando digo esto.

Pienso que hay un movimiento en la iglesia de hoy entre las mujeres, y es verdad en muchos de nuestros seminarios (aquí es donde muchas de la discusiones y de los debates tienen lugar), y muchas mujeres en posiciones de influencia en el mundo evangélico de hoy. Y una forma de pensar que dice: «Las mujeres son tan buenas como los hombres. Las mujeres son tan espirituales como los hombres. Las mujeres son tan capaces como los hombres. No hay razón para que las mujeres no tengan el mismo derecho de gobernar, pastorear, de ser cabeza del hogar, que el hombre. Tenemos derecho a esto».

Todo el tono del mensaje de la Palabra de Dios es que: el ministerio no es un derecho. El ministerio es un llamado. Dios determina a quién Él llama y a qué lo llama. El sacerdocio en el Antiguo Testamento no era un derecho. Dios llamó a los sacerdotes. Dios dijo: «Ustedes van a ser la familia sacerdotal. Así es como lo he ordenado. Es a ellos a quienes voy a levantar».

Dios tiene el derecho de decir quién hace qué en Su economía. Sin importar si es hombre o mujer, nosotras necesitamos aceptar con mansedumbre, humildad y con un corazón sumiso, el plan de Dios, cualquiera que este sea. Un hombre no tiene el derecho de ser pastor. Una mujer no tiene el derecho de ser pastora. No existe tal cosa como el derecho al pastorado. Nuestro único derecho es a obedecer a Dios.

Dios dice: «Yo apartaré a los ancianos. Yo apartaré a los pastores. Yo apartaré a las cabezas del hogar, y yo determinaré quiénes lo serán». En la sabiduría de Dios y en el plan de Dios, Él ha ordenado que la primera responsabilidad de dirigir y pastorear al rebaño de Dios esté en las manos de los hombres. Esta es la forma en que Dios lo ha planeado, y es como las cosas funcionan mejor, cuando lo hacemos acorde al plan de Dios. Así que para nosotras como mujeres el insistir en que tenemos derecho a esto —tengo derecho a esta posición— ya estamos hablando con un lenguaje incorrecto.

Ahora, otra evidencia de la feminidad que veo en Débora, es el enfoque que tiene en cumplir su llamado, y esto tiene que ver con su corazón y con su percepción de su propio rol.

Cuando vas a capítulo 5 de Jueces, versículo 6-7, lees:

«En los días de Samgar, hijo de Anat, en los días de Jael, quedaron desiertos los caminos, y los viajeros andaban por sendas tortuosas. Cesaron los campesinos, cesaron en Israel, hasta que yo; (esta es Débora hablando), Débora, me levanté, hasta que me levanté, como madre en Israel».

¿Cómo se veía Débora a sí misma? ¿No es interesante el hecho de que ella no se define a sí misma como una dirigente, como juez, como profetiza o como líder? Ahora, Dios la usó temporalmente, de alguna manera, en algunos de estos roles, pero no era como ella se veía a sí misma.

¿Cuál era su corazón en relación con lo que había hecho? Ella solo dijo: «Soy una madre, soy una madre». ¿Qué hacen las madres? Ellas alimentan. Ellas cuidan. Ellas tienen un instinto para criar, un instinto protector, y Débora dice: «Me levanté». La palabra levantarse significa «alzarse, establecer, y fortalecer».

Ella no intervino y dijo: «Tengo el control, me hago cargo». Ella dijo: «Yo tengo un corazón de madre». Nosotras no sabemos si literalmente ella tenía hijos propios. Sabemos que tenía un corazón de madre, y sabemos que Dios nos ha llamado a cada una de nosotras como mujeres, a tener un corazón de madre.

El hecho de que ella tuviera un corazón de madre fue lo que le dio coraje, valor. Esto fue lo que la hizo compadecerse de la condición espiritual en que estaba la nación. Esto fue lo que la motivó.

Como puedes ver, ella no estaba motivada por las cosas que motivan o guían a muchas mujeres modernas, cosas como el poder o el control, o el prestigio, la posición, la cima de alguna escalera corporativa. Eso no le importaba a Débora.  Creo que ni siquiera estaba en su mente.

Lo que le importaba era tener un corazón de madre. Así era como ella se percibía a sí misma, y este es un sentimiento claramente femenino.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado exhortando a abrazar el rol y el llamamiento de Dios para tu vida. ¡Él puede usarte para llevar a cabo Sus propósitos! Nancy regresará para concluir esta enseñanza y para orar con nosotras.

Nos encontramos en la serie titulada, Cuando los hombres no lideran: Un vistazo a la vida de Débora. Si te perdiste los programas anteriores en esta serie, puedes escucharlos, descargarlos o leer la transcripción a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Escuchando a Nancy me preguntaba: ¿Busco una posición para ser observada y aplaudida o persigo como mujer tener un corazón de madre, un corazón que ora, anima y alienta a los demás?

En nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorzones.com encontrarás retos de oración que te desafiarán a orar y animar durante todo un mes a tu esposo, tus hijos o tu pastor. A la luz de esta serie, hay uno en particular que te queremos recomendar. El artículo, «31 días de oración por tu esposo». Este te guiará en cómo puedes interceder por él e influir en su vida de manera positiva. Confiamos en que Dios puede transformar nuestros corazones, por el poder de Su Palabra y Su sabiduría. El puede hacer de nosotras mujeres de oración que sirvan Sus propósitos.

Ahora, quizás escuchas estas cosas y piensas que esto de orar no tiene mucho valor o subestimas la influencia que una madre tiene. Escucha lo que Nancy dice a la luz del pasaje que leímos en Jueces 5:

«...en los días de Jael, quedaron desiertos los caminos, y los viajeros andaban por sendas tortuosas. Cesaron los campesinos, cesaron en Israel, hasta que yo, Débora, me levanté, hasta que me levanté, como madre en Israel» (v. 6-7).

Nancy: Creo que vemos en este pasaje que no debemos subestimar el poder y la influencia de una mujer que se ve a sí misma como una madre, una mujer que tiene un corazón que pastorea, un corazón de madre, cuyos instintos son compasivos, que tiene cuidado de lo que está pasando a su alrededor. Cuando como mujeres tenemos este tipo de corazón, estamos en una posición en la que Dios puede moverse, hablar a través de nosotras, y usarnos en formas aún mucho mayores que si tomáramos las riendas nosotras mismas y dijéramos: «Estoy en control. Estoy a cargo».

El poder de influencia es mucho mayor que el poder de control. Yo sé que entre nuestras oyentes hay muchas mujeres que tienen este tipo de corazón de madre, de madres de Israel. Que se preocupan por lo que está pasando con sus hijos; que tienen cuidado de lo que le está pasando a nuestros hombres, a nuestras familias y a nuestro gobierno.

Esta es la razón por la que hoy algunas de las más grandes intercesoras en la escena nacional son mujeres. Siempre ha sido así. Esto no significa que los hombres no deberían orar. Los hombres deben orar. Pero hay algo en el corazón de una madre que clama al Señor y le dice, «¡Señor, te necesitamos! ¡Ayúdanos! ¡Dirígenos! ¡Muéstranos qué hacer!»

Así que mientras tengas un corazón de madre, Dios puede poner en tu corazón un mensaje característico para nuestro tiempo. Dios puede darte la oportunidad de influenciar con ese mensaje, pero no porque trates o busques influenciar o ser una líder, sino solo porque has sido fiel y obediente al mensaje que Dios ha puesto en tu corazón. Cuando nosotras servimos a Dios como mujeres en formas claramente femeninas, terminamos teniendo mayor influencia de la que posiblemente imaginamos conseguir si hubiéramos tratado de alcanzar esto por nosotras mismas.

Señor, oro para que Tú nos des entendimiento y sabiduría en Tus caminos. Oro que levantes hoy mujeres con un corazón de madre, mujeres que se vean a sí mismas como mujeres; que se deleiten en ser mujeres, y mujeres cuyos corazones cuiden y alimenten, mujeres que Tú uses para establecer, fortalecer y levantar a los hombres en la cultura que nos rodea.

Señor, no siempre es fácil saber cómo hacer esto, pero oro que Tú nos dirijas a someternos a nosotras mismas y venir bajo Tu autoridad. Haznos saber cómo servirte y cómo influenciar, de manera que te glorifiquemos, de forma que se evidencie nuestra feminidad. Gracias por habernos creado mujeres, y gracias por Tu llamado en nuestras vidas. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Quizá estés lista para seguir el liderazgo de tu esposo, pero él no quiere dirigir. ¿Qué puedes hacer? Nancy te hablará acerca de esto mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones. ¡Te esperamos!

Ayudándote a descubrir y abrazar el diseño de Dios para tu vida, Aviva Nuestros Corazones con Nancy  DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las escrituras han sido tomadas de  la versión La Biblia de las Américas.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.