Podcast Aviva Nuestros Corazones

¿Qué comunica tu matrimonio?

Annamarie Sauter: Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que: «Si quieres preservar la santidad del matrimonio en tu nación, debes asegurarte de estar edificando tu propio matrimonio».

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Como creyentes en la iglesia de hoy, no tenemos una plataforma moral para hablar sobre este asunto de manera efectiva, debido a que como pueblo de Dios, como la novia de Cristo, hemos fallado en preservar y proteger el pacto del matrimonio entre un hombre y una mujer.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nos encontramos en la serie titulada, «El Manifiesto de la Mujer Verdadera: Afirmaciones, parte 2». Estas afirmaciones que hemos estado viendo a lo largo de una primera parte, y ahora continuando con esta segunda parte, son una serie de declaraciones bíblicas que presentan una definición clara y firme de lo que significa ser mujeres de Dios en nuestros días.

Hoy continuamos explorando el tema del matrimonio. Aquí está Nancy,

Nancy: Bueno, hemos estado analizando la ordenanza instituida por Dios, la ordenanza del matrimonio, que tiene la intención de glorificar a Dios y pintar un cuadro del evangelio, del amor redentor de Cristo por su esposa.

Pero sabemos que desde Génesis 3 en adelante, el mundo no es como debería ser. No somos como deberíamos ser. Creados a imagen de Dios, somos amados por Dios, pero hemos fallado en guardar Su ley.

En ninguna parte esto es más evidente que en la ruptura de los votos matrimoniales. No podemos hablar de hacer votos matrimoniales sin hablar del problema de la ruptura de esos votos.

No hace mucho tiempo, hablar sobre el divorcio en público era un tabú. Algunas de ustedes pueden recordarlo. Pero hoy tenemos una cultura amplia de divorcio, divorcio sin culpa, divorcio fácil, divorcio sin problemas. Tenemos abogados de divorcio, tribunales de divorcio, tarjetas de divorcio, fiestas de divorcio, ceremonias de divorcio. Podríamos preguntarnos: «¿Por qué alguien querría tener una ceremonia de divorcio?

Bueno, estas ceremonias surgieron hace un par de décadas como un intento aleccionador por el estigma que rodea la finalización del matrimonio, y supuestamente con la intención de sanar las heridas, de sanar sus vidas luego del divorcio.

Una mujer que tiene una compañía de eventos llamada, Organizadora de Fiestas de Divorcio, es autora de un libro con ese mismo título, y dice:

Sí, es triste y doloroso, (hablando del divorcio) pero no es un fracaso. Es parte de la vida. Y sin embargo, es el único acontecimiento importante para el que no tenemos ningún ritual. Una celebración comunica que el divorcio está bien, es un evento que afirma al divorciado.

Entonces, encontré este escrito en un periódico estudiantil por un joven universitario. Él decía:

«Dado que la «Generación de Baby Boomers se ha divertido tanto poniéndonos nombres con cosas hirientes e insensibles como “Generación Yo”, “Generación del por qué”, “Generación del Déficit de Atención”, “Generación de Derechos”, tal vez deberíamos devolverles el favor y empezar a llamarles la “Generación Divorcio”.

El estudiante dice:

«He experimentado el divorcio desde el punto de vista de un niño, y no me gustaría que le pasara a nadie más. Nuestros padres sintieron tanta repulsión por la idea de la familia perfecta de los programas televisivos de los años 50, que se han divorciado en números récord. La lección que veo que nos han enseñado es que el compromiso y la lealtad, (la fidelidad) ya no están de moda. 1

Lo estamos viendo en más mujeres que se casan de mayor edad, parejas que están en relaciones a largo plazo sin comprometerse con el matrimonio, con una inflación en las tasas de divorcio, y la familia ideal ahora se está convirtiendo en una minoría en nuestros países».

La inquietante tragedia del divorcio no es solo algo fuera de la cultura, no es solo de nuestra sociedad rota y pródiga. Sino que también se encuentra, como tú sabes, (tristemente) en el hogar, en la iglesia. Nuestros matrimonios como cristianos fueron destinados, como dijimos en el programa de ayer, para reflejar al mundo el amor de pacto de un Dios fiel. Pero en cambio, muy a menudo nuestros matrimonios, incluso si permanecen juntos legalmente, están modelando conflictos, amargura y falta de perdón. Esto se ha convertido en la principal proporción epidémica.

Recibí un correo electrónico de un oyente que dijo:

A los 74 años de edad, soy un casado soltero... estoy casado, aunque divorciado y soltero. Hay un enorme agujero en mi ser, una herida muy dolorosa. Hace 50 años, en septiembre, mi esposa colocó un anillo de bodas en mi dedo, y yo le coloqué uno en el suyo. Muy tristemente, hace once años mi esposa sucumbió a las mentiras de Satanás: se unió al creciente número de creyentes aparentemente sinceros, que se divorcian de su cónyuge cristiano sin ninguna razón, ni siquiera cerca de ser algo bíblico.

Ella se quitó el anillo que coloqué en su dedo y obtuvo un divorcio por incompatibilidad de caracteres. La iglesia evangélica a la que comenzó a asistir la ha aceptado (y por los comentarios de sus amigas incluso la ha apoyado) como mujer divorciada, sin ningún intento de responsabilizar a ninguno de los dos por nuestras acciones.

A pesar de que anhelo una relación cercana con mi esposa, o con otra mujer cristiana piadosa, conscientemente desvío mi atención de otras mujeres solteras. El anillo que mi esposa colocó en mi dedo hace tantos años, por la gracia de Dios, permanecerá allí por el resto de mi vida. Supongo que si ella muere primero, podría reconsiderarlo, pero quiero ser un testigo en contra del divorcio.

Este hombre de 74 años se hace llamar casado soltero.

Ahora, es muy probable que la persona que escribió esa carta, bien pudiera haber sido una mujer hablando de su matrimonio con su marido.

El punto aquí no es señalar a los maridos o señalar a las personas que han tomado la ruta del divorcio. Sino mantener el estándar de Dios, el ideal de Dios, lo mejor de Dios. Y preguntarnos, «¿no deberíamos como creyentes en Cristo, aquellos que hemos sido amados por nuestro esposo celestial, aquellos que hemos entrado en un pacto eterno con Cristo a través del derramamiento de Su sangre; no deberíamos mostrar al mundo cómo el matrimonio cristiano puede ser diferente?»

Sé que pudieras estar casada con un no creyente, o con un hombre que dice ser creyente que no actúa como tal. Debido a que hay mucha complejidad y situaciones diferentes, en Aviva Nuestros Corazones no hemos hablado del asunto del divorcio de frente. Algún día me gustaría hacer una serie completa… quizás lo hagamos, quiera el Señor concedérnoslo.

Pero sentí la necesidad y la carga de tocar este tema en el contexto de esta serie más larga del Manifiesto de Mujer Verdadera y específicamente sobre el matrimonio.

Nos llegan muchas preguntas y correos electrónicos de nuestras oyentes sobre los temas del matrimonio, el divorcio, los nuevos matrimonios, las dificultades en el matrimonio, cómo mantenerse en un matrimonio difícil, el adulterio, la infidelidad. Muchas de ellas se encuentran en situaciones extremadamente difíciles y dolorosas; situaciones y circunstancias para las cuales no hay una respuesta fácil. Probablemente muchas mujeres en nuestra audiencia hoy, han estado o están en situaciones como estas.

Así que la pregunta es: ¿Cómo elevamos las Escrituras? ¿Cómo elevamos el carácter fiel de Dios? ¿Cómo ministramos a personas de la vida real con vidas y matrimonios rotos? ¿A padres con vidas y matrimonios rotos, y conflictos? ¿A hijos con vidas y matrimonios rotos por el pecado? ¿Y a amigos con vidas y matrimonios rotos por el pecado y en conflicto?

En medio de esto, ¿cómo podemos animarles? ¿Cómo podemos ministrarles gracia? ¿Cómo tratamos con respeto a aquellos que son creados a imagen de Dios? ¿Cómo podemos apuntarles fielmente a la verdad y al evangelio que es para personas pecadoras, caídas, rotas y en conflicto?

No hay forma de contestar a cada pregunta en un programa como este, y tratar con cada una de las situaciones. Sin embargo, deseo animarte a escuchar lo que sale de mi corazón a medida que comparto en los próximos minutos y a pedirle al Señor que te muestre cómo aplicar Su verdad a tu situación o a la situación de alguien que conoces.

Déjame decirte en este punto, que muchos cristianos están preocupados grandemente y con razón, por la legalización del tal llamado matrimonio homosexual. Y la creciente presión que experimentamos aquellos que nos apegamos a la verdad de la Palabra de Dios. Llegar a afirmar que el matrimonio hombre con hombre y mujer con mujer es legítimo, válido y aceptable es una seria preocupación.

Sin embargo, deseo decir, que la verdad es que como creyentes en la iglesia de hoy, no tenemos una plataforma moral para hablar sobre ese asunto de manera efectiva, debido a que como pueblo de Dios, como la novia de Cristo, hemos fallado en preservar y proteger el pacto matrimonial entre un hombre y una mujer.

De manera que la raíz del asunto que llevó a esto, que resultó en este enorme árbol del tal llamado matrimonio homosexual ocurrió mucho antes de que la Suprema Corte de Justicia legalizara el matrimonio homosexual. Ocurrió cuando aquellos de nosotros que decimos que conocemos a Jesús, que estamos relacionados con Él a través de una relación de pacto, fallamos en mantener nuestros propios votos matrimoniales y en proteger, defender y preservar la institución de pacto del matrimonial.

Deseo ir más allá y decir, (sé que me van a escribir algunas cartas sobre esto) pero creo que la degradación del matrimonio entre un hombre y una mujer, no ha sido menos perjudicial a nuestra cultura que el movimiento para legalizar el tal llamado, matrimonio homosexual.

Así que debemos hacernos una evaluación profunda a nosotros mismos, nuestras iglesias, lo que estamos diciendo, enseñando, escribiendo, creyendo, promoviendo y compartiendo con otros que se encuentran en matrimonios difíciles. Porque generalmente las personas que son felices y tienen buenos matrimonios no se divorcian.

Pero en su naturaleza misma, cuando hablas sobre el divorcio, realmente estamos hablando sobre situaciones muy duras, en muchos casos corazones endurecidos, situaciones en las que quizás una de las personas quiere seguir a Cristo y la otra persona no quiere.

Esa es la razón por la que regresamos a la declaración que encontramos en el Manifiesto de Mujer Verdadera, que creo que refleja el corazón de las Escrituras.

Afirmamos que el matrimonio, tal y como ha sido creado por Dios, es sagrado, vinculante, un pacto para toda la vida entre un hombre y una mujer.

Debido a lo que representa, Dios toma seriamente cuando las personas rompen el pacto.

Ahora, sé que en nuestra audiencia hay, sin duda, personas escuchando que están divorciadas porque no tuvieron otra opción o no fue su deseo. No quiero poner en ninguna de ustedes un sentimiento de culpa que la Palabra de Dios no pone. De lo que estoy hablando aquí es de cuando tenemos la opción, donde tenemos influencia. ¿Sabías que dos tercios de los divorcios hoy son iniciados por las mujeres?

Tan incómodo como pueda ser y por mucho que me arriesgo a lastimar o a herir el espíritu, lo cual no quisiera hacer de ninguna manera, el espíritu de alguien que se encuentra en una situación a la que llegó por causas ajenas a su voluntad, pero no podemos evitar hablar de cuán en serio Dios toma este pacto matrimonial.

Malaquías capítulo 2 trata acerca de esto. Es uno de los pasajes clave de la Escritura sobre este tema. La Escritura dice en Malaquías capítulo 2 comenzando en el versículo 13:

«...cubrís el altar del Señor de lágrimas, llantos, y gemidos; porque Él ya no mira la ofrenda, ni la acepta con agrado de vuestra mano. Y vosotros decís: “¿Por qué?”

¿Por qué no está Dios avivándonos? ¿Por qué no está Dios prestando atención? ¿Por qué las cosas no están yendo bien en la iglesia? ¿Por qué estamos tan lejos de Dios? Aquí está la respuesta:

«Porque el Señor ha sido testigo entre tú y la mujer de tu juventud, contra la cual has obrado deslealmente» (v.14).

Algunas traducciones dicen: «Tú has sido desleal con ella» (NVI).

Aunque ella es tu compañera y la mujer de tu pacto. (Recuerda que un pacto es un voto de unión para toda la vida). Pero ninguno que tenga un remanente del Espíritu lo ha hecho así. ¿Y qué hizo éste mientras buscaba una descendencia? (La propagación del evangelio a la siguiente generación)

Malaquías sigue diciendo: «Prestad atención, pues, a vuestro espíritu; no seas desleal con la mujer de tu juventud». (No faltes a la fe con la mujer de tu juventud). «Porque yo detesto el divorcio —dice el Señor, Dios de Israel— y al que cubre de iniquidad su vestidura —dice el Señor de los ejércitos—. Prestad atención, pues, a vuestro espíritu y no seáis desleales». (O como dice la NVI «cuídense ustedes en su propio espíritu, y no traicionen a la esposa de su juventud»,vv.15-16).

Creo que una de las ilustraciones más conmovedoras y poderosas que he visto de una mujer eligiendo mantener su voto matrimonial en una cultura de personas que no honran sus votos, es una querida amiga a quien conozco desde hace muchos años y la vi atravesar por una situación extremadamente difícil en su matrimonio.

Mientras ella estaba en medio de esta situación, la mujer que estaba aconsejando a su marido, la consejera, sugirió que mi amiga debió haberse divorciado de él a causa de su pecado impenitente. Y como respuesta a la sugerencia de esta consejera, mi amiga escribió una carta extensa, pero quiero leerla porque creo que es una poderosa ilustración de los caminos de Dios. Y ella titula esta pieza: «Por qué no voy a divorciarme de mi esposo». Permíteme leerla tal como ella la escribió:

«Hace casi dos años, mi marido me dijo que había estado involucrado en una relación adúltera con una mujer más joven en los últimos seis meses. En ese momento comenzó un viaje que nunca esperé tomar en mi vida. Había elegido no divorciarme de mi marido a pesar de que se negaba a terminar esa aventura durante más de un año después de su confesión inicial.

Varias personas me han preguntado por qué he tomado esta decisión. De hecho, algunos suponen que el divorcio sería la respuesta automática ante la infidelidad. Cuando Steve (y ese no es su verdadero nombre, pero así lo llamaré); cuando Steve y yo nos casamos hace casi 25 años, hice un pacto con él ante Dios, ante nuestras familias y nuestros amigos. Ese pacto, tal como repetí en mis votos fue «en las buenas o en las malas, por siempre y hasta que la muerte nos separe».

Me doy cuenta de que Steve ha roto su parte de ese pacto; sin embargo, no creo que esto significa que yo debería divorciarme y romper mi parte del pacto. Me doy cuenta de que hay diferentes opiniones sobre la base bíblica para el divorcio. Muchos reclaman la «cláusula de excepción» en Mateo capítulo 19, como el único motivo de divorcio. Otros se refieren a 1 Corintios 7, y reclaman el abandono como otra causa de divorcio. Sin embargo, en Mateo capítulo 19, cuando Jesús se enfrentó con este problema, Él dejó claro que el plan de Dios para el matrimonio es hasta la muerte.

Más adelante en el capítulo, cuando le hacen más presión al Señor Jesús, respondió que era solo debido a la dureza del corazón que el divorcio estaba permitido, pero que «desde el principio no fue así». En Malaquías capítulo 2 versículo 16, dice que Dios odia el divorcio.

Después de estudiar estos pasajes, es obvio que la intención de Dios es que el matrimonio debe ser para toda la vida. Incluso Jesús no dijo que podían divorciarse, aun cuando se haya cometido el adulterio. Reiteró el corazón del Padre para un pacto de por vida. Me parecería algo muy difícil el perseguir o aconsejar a alguien que haga algo que Dios dice que Él odia.

Hay incluso algunos teólogos que creen que la inmoralidad o la «fornicación» a la que Jesús se refiere (en esa cláusula de excepción), se refería al período de compromiso, el período en que se permitía a la pareja comprometida, «divorciarse».

En Efesios capítulo 5 la unión matrimonial se presenta como una imagen, un cuadro de Cristo y la iglesia. Piensa en el adulterio espiritual o la infidelidad que contínuamente cometemos contra nuestro Salvador como parte de su iglesia; sin embargo, Cristo nunca se divorcia de nosotras. Él muestra misericordia, gracia y perdón para nosotras sin importar cuán faltas de amor e infieles seamos. Podemos romper nuestra parte del pacto, pero el pacto aún no se disuelve porque Cristo mantiene su pacto. Su amor y perdón hacen que nuestro corazón se vuelva a Él.

Sí. Él definitivamente usa el dolor, a veces a través de la disciplina severa, para traer tristeza o dolor piadoso y arrepentimiento. Pero Él también usa su bondad o benevolencia para llevarnos al arrepentimiento. Sobre la base de este y otros principios bíblicos, he llegado a la conclusión, en mi corazón, de que no puedo y de que no voy a divorciarme de mi marido. Quiero mostrar la verdadera imagen de Cristo y la iglesia ante mi esposo, ante nuestros hijos, nuestra familia, nuestros amigos y el mundo. Quiero tener un corazón como el de Dios con respecto a mi pacto matrimonial.

Solo puedo llegar a la conclusión de que Su corazón es el matrimonio para toda la vida. En cuanto a la «cláusula de excepción» en Mateo capítulo 19, creo que es muy posible que Jesús no se refería al adulterio en el matrimonio, sino a la inmoralidad durante el período de compromiso. Todo esto no excusa el pecado de mi marido o le da a él una licencia para seguir rompiendo la promesa que me hizo a mí.

Primera a los Corintios capítulo 7 habla de la posibilidad de la separación. Creo que la separación por un período de tiempo no es antibíblica, siempre y cuando la intención sea ser restaurados. Yo estuve en ese punto con Steve un par de meses antes de que él rompiera con su aventura.

Hay un dolor infligido al cónyuge inocente cuando se ha cometido adulterio. (Algunas de ustedes saben esto muy bien). Para mí, dice ella, la agonía ha sido indescriptible porque creía que teníamos un buen matrimonio y una relación muy estrecha antes de que esto ocurriera. Steve y yo éramos los mejores amigos, almas gemelas, amantes y formábamos un equipo ministerial para Cristo. Así que ser reemplazada por otra y experimentar el rechazo continuo durante más de un año y medio fue y es aplastante. Algunas dirán que ese tipo de dolor es motivo de divorcio.

Pero ¿qué les estoy enseñando a mis hijos al salir de una relación dolorosa? ¿Les muestro que cuando llegan los tiempos difíciles puedes correr y tratar de encontrar a alguien que te hará feliz y no te hará daño? ¿O les muestro que Dios nunca nos promete felicidad, sino santidad? ¿Les muestro al divorciarme que Dios no es lo suficientemente fuerte como para verme a través del dolor y el sufrimiento, o les muestro que debo arrojarme sobre mi Salvador y recibir Su fuerza y Su gracia, y entonces les muestro que Él es suficiente?

¿Presento una imagen fiel de Cristo y la iglesia que representa a Cristo nunca desechándonos, incluso cuando pecamos en gran manera contra Él? ¿O muestro una imagen que presenta a Cristo alejándose de nosotros cuando rompemos nuestro pacto con Él?

John Piper señala este punto en su libro, Una vida hacia Dios. (Y ahora mi amiga está citando de este libro).

Nuestra cultura ha hecho el divorcio aceptable y por lo tanto más fácil de justificar sobre la base del dolor emocional. Históricamente, la miseria de las emociones dolorosas no era una sanción para el divorcio en la mayoría de las culturas. La durabilidad del matrimonio, con o sin dolor emocional, se valoraba por encima de la tranquilidad emocional para el bien de los niños, la estabilidad de la sociedad, y en el caso de los cristianos, para la gloria de Dios. En el cristianismo tales matrimonios resistentes y perdurables a través del dolor y de la angustia, están arraigados en el matrimonio de Dios con Su pueblo rebelde a quien Él nunca ha desechado.

El Dr. Piper sigue diciendo: "Los pactos se rompen porque se siente bien liberarse del compromiso. La rotura del pacto es una forma de reducción del dolor a corto plazo. Pero en el proceso de reducción de nuestro dolor destruimos la vida".

Pensamos que las relaciones libres de dolor son un derecho. Pero Dios promete a su pueblo algo mejor. Bienaventurado el varón que soporta la prueba, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman (Sant. 1:12). 2

Hace unos meses, nuestro hijo de 11 años de edad, vino a mí y me dijo que cuando vio lo que su papá me estaba haciendo a mí, a él y a su hermana, inicialmente decidió que nunca se casaría. Sin embargo, él continuó diciendo, que como él me había visto perdonar a su papá y mostrarle amor y misericordia una y otra vez, decidió que quería casarse para poder mostrar esa clase de compromiso a su esposa y a sus hijos algún día. Lloró mientras me lo decía y me dio las gracias por mi ejemplo.

Derramé lágrimas de gratitud a mi Señor por permitir que todo el dolor y la tristeza que había experimentado, ya estuvieran siendo utilizados para el bien en la vida de mi hijo. He experimentado el más amplio espectro de emociones en estos últimos dos años. He derramado muchas lágrimas. A veces me he sentido como aplastada en el polvo.

Sin embargo, creo que todo lo que Dios ha permitido que mis hijos y yo pasáramos ha sido para bien y para Su gloria. Lo veo como un regalo de mi Padre para ser abrazado, el cual permitió que su Hijo sufriera tan grandemente por mí y que no permitiría nada en mi vida con la intención de hacerme daño, sino para hacerme más como Él mismo.

Yo lo he echado a perder, lo he estropeado muchas veces por algunas de mis reacciones y de mis respuestas. He estado enojada. A veces me he sentido tan profundamente desanimada que he querido dejarlo todo. He estado lejos de ser perfecta en medio de todo esto. Sin embargo, tengo una alegría un gozo tan profundo en saber que he elegido obedecer a mi Salvador sin importar el costo.

Algunos han sugerido que la única razón por la que no me he divorciado de mi marido es porque soy insegura. No pretendo no tener inseguridades. De hecho, no me siento muy segura del amor de mi marido por mí en este momento. Sé que su corazón se lo ha dado a otra y me encuentro a mí misma agarrándome de algo para asegurarme de que él todavía me ama y me desea.

Pero una de las razones por las que no he perseguido el divorcio es por mi seguridad en Cristo y en Su amor y en su fidelidad hacia mí. Él me ha enseñado durante muchos años que tengo que descansar en Él, y no solo rendirme a lo que Él permite sino aceptarlo e incluso abrazarlo. Encuentro una gran seguridad en este tipo de descanso en las opciones de mi padre para mí.

De hecho, tengo que sentarme y maravillarme de todo. Se trata todo sobre Él y nada sobre mí. A lo largo de estos meses dolorosos Él me ha sostenido e incluso me ha llevado por encima de mis circunstancias. Su amor ha sido tan dulce y Su Palabra tan sanadora para mi alma. Solo puedo postrarme delante de Él con admiración y gratitud de que Él tuvo a bien darme el privilegio del sufrimiento. A Él le doy gran gloria y alabanza por lo que ha hecho y por lo que seguirá haciendo.

Me doy cuenta de que no tengo ninguna garantía de que mi marido me amará de nuevo de la manera que lo hizo una vez. He sabido de personas que han pasado por este tipo de fracaso moral y terminan con más profundidad en su caminar con Cristo y poder para ministrarles a otros, y con un amor por su cónyuge más profundo que antes. Eso es por lo que estoy orando y eso es lo que espero. Pero, si eso nunca sucede y Steve nunca vuelve a ser el hombre que una vez fue, o como yo oro, aún mejor, ¿me da eso una justificación para divorciarme de él?

Creo que no. Mi pacto con este hombre tiene sus raíces en Cristo. Estoy con él a largo plazo. Todo el dolor y el rechazo que he sentido no han disminuido el amor por mi esposo. De hecho, todo lo contrario, ha sucedido. Sabía que lo amaba, pero nunca supe cuánto hasta que esto pasó. Dios me ha dado una comprensión más profunda de lo que es el amor verdadero, Su tipo de amor. Solo puedo describirlo como un amor feroz que no puede renunciar a quien ama y con quien se ha comprometido. Me doy cuenta de que los grandes hombres de Dios están en desacuerdo con el argumento del divorcio. ¿Quién soy yo para decirles que están equivocados? Solo puedo obedecer lo que la Escritura enseña sobre este tema.

Mi viaje no ha terminado. Mi marido y yo estamos en el proceso de restauración de nuestro matrimonio. Ha habido muchas veces desde que llegó a casa que ha sido tan difícil de soportar, como cuando él se había ido de nosotros. Satanás está aún detrás de él y detrás de nuestro matrimonio. Sé que todavía hay momentos dolorosos por delante en este proceso. Sin embargo, creo que Dios guardará y velará por nuestra familia a través de los días por venir, como lo ha hecho en estos últimos dos años. Estoy muy agradecida por lo que Dios ha permitido para nosotros. Y creo que Él quiere usarnos juntos para su gloria de nuevo algún día. Hasta entonces solo puedo quedarme inclinada a lo que Dios permite y continuar descansando en Su amor».

Y hasta aquí la carta de mi amiga. Ahora, quiero decir para la gloria de Dios y como resultado del tenaz y fiel cumplimiento del pacto de amor de esta mujer, que demuestra lo que es mantener un pacto de amor de Dios a su marido, que en el día de hoy esa pareja, ellos están unidos, están juntos. Están caminando con el Señor y sus hijos también están caminando con el Señor. Y están siendo utilizados para darle gloria a Él. No sin dificultades, pero la restauración y la redención realmente son posibles.

Estoy tan contenta de que ella escribió esto antes de ver el resultado mientras aún estaba en la agonía del problema. Sé que estoy hablando a algunas que están en medio de esa angustia ahora. Solo pensé que tal vez esta historia te ayudaría a darte un poco de perspectiva, algunas cosas en qué pensar, algunas preguntas que hacerte. Estarías dispuesta a volver tu corazón al Señor y decirle: «Señor, quiero pensar a Tu manera sobre esto. Y en las decisiones, las elecciones que haga, no quiero confiar en el consejo del mundo o en lo que cada uno a mi alrededor me diga que debo hacer. Quiero saber lo que dice Tu Palabra, y quiero que mi vida refleje Tu pacto de amor y Tu fidelidad».

Y oh Dios, te ruego que Tú restaures los matrimonios que se han roto, que Tú nos restaures a Tu pacto y a la permanencia de la alianza matrimonial. Y ruego Señor que redimas y restaures lo que el diablo ha tratado de robar y destruir, que seas Tú que lo restaures y que lo renueves. Oro por las mujeres que hoy están luchando para ser fieles. Oh Dios, dales de Tu gracia, ayúdalas, y que sea Tu fidelidad su ayuda, su refugio, su torre fuerte y que las ayudes Señor a mantener el rumbo.

Oh Señor, glorifícate mientras vivimos el matrimonio para Tu gloria y para representarle al mundo como Tú eres. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado ayudando a asegurarnos de que nuestros matrimonios comunican fielmente el evangelio.

Si conoces mujeres que se beneficiarían de lo que has estado escuchando, comparte fácilmente el audio o la transcripción de este programa través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Y asegúrate de sintonizar el próximo programa, en el que escucharás la historia de una pareja cuyo pacto matrimonial fue considerablemente comprometido, sin embargo, Dios trajo esperanza a su relación. Esto será mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Ayudándote a descubrir y a abrazar el diseño de Dios para tu vida, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

  1. Kenneth Lowe; Northern Star; Northern Illinois University; U-Wire Parents of Generation Y Have No One to Blame but Themselves; published in The Northerner; The Independent Student Newspaper of Northern Kentucky University.
  2. John Piper, A Godward Life (Sisters, OR: Multnomah, 1997), 33, 35, 137.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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