Podcast Aviva Nuestros Corazones

Una imagen del matrimonio del tamaño de Dios

Recursos del Episodio

Serie: Fundamentos del Manifiesto de la Mujer Verdadera

Serie: El manifiesto de la mujer verdadera: Afirmaciones parte 1

Annamarie Sauter: ¿Sabías que los votos matrimoniales importan porque reflejan el pacto de Dios con su pueblo?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No se trata de ti; no se trata de mí. Se trata de la gloria de Dios, y de las generaciones futuras que puedan ver la gloria de Dios revelada en la fidelidad al pacto matrimonial.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

A lo largo de varias semanas, Nancy ha estado compartiendo con nosotras, en diversas series, acerca del Manifiesto de la Mujer Verdadera. Este documento contiene las ideas del Movimiento de la Mujer Verdadera. Ya hemos visto la serie acerca de los «Fundamentos», y comenzamos a ver las «Afirmaciones». Hoy continuamos con la serie, «El Manifiesto de la Mujer Verdadera: Afirmaciones, parte 2».

Nancy: Bueno, hace un tiempo mi esposo Robert y yo celebramos nuestras bodas de perla, nuestro treintavo aniversario. Algunas de ustedes que conocen nuestra historia se estarán preguntando: «¿Treinta años? Espera, pensé que te habías casado hace menos tiempo. Bueno, es nuestro mes número treinta. Celebramos nuestro aniversario mensualmente.

Cuando nos casamos, Robert tenía sesenta y siete años y yo cincuenta y siete. Nos dimos cuenta de que probablemente no tendríamos tantos aniversarios como la mayoría de nuestros amigos, algunos de ellos han estado casados durante décadas. Así que decidimos celebrar nuestro aniversario mensualmente.

Cada mes intercambiamos tarjetas de aniversario. Nos las arreglamos para escabullirnos en el espacio del otro, tarde en la noche o temprano en la mañana. Por lo general, hay una tarjeta del uno para el otro en ese mes aniversario. He comprado esas tarjetas en farmacias, librerías, quioscos de tarjetas en los aeropuertos. Incluso he encontrado tarjetas por internet. Déjame decirte que no siempre es fácil encontrar la tarjeta adecuada que exprese lo que realmente queremos decirnos como marido y mujer.

Permítanme leerles algunos de los mensajes que he visto en internet (estas no son muestras de las tarjetas que yo le enviaría a Robert):
«Desde el primer momento en que puse mis ojos en ti, supe que nuestros corazones estaban destinados a estar juntos. Eres mi valentía, mi ángel, mi soldado. Me salvaste. Te amo».

Les voy a leer otro más.

«Me recuerdas el tiempo en sí mismo. Porque eres mi pasado, presente, futuro y para siempre. Te amo. Feliz aniversario». No creo que yo elegiría ese aunque me gusta la parte que dice, «te amo».

«Aquí hay un brindis por nuestro hermoso vínculo
Sumerjámonos en su estanque de felicidad.
Como en los viejos tiempos, vamos a acurrucarnos
perdámonos en la burbuja del ensueño del amor».

El punto al leerles esto es que a menudo busco tarjetas de aniversario y de boda para otros, y diré que no es fácil, incluso los mensajes que aparecen en las tarjetas religiosas. A veces pienso, sería divertido comenzar una nueva línea de tarjetas de boda y aniversario.

Muchas veces no es lo que dicen estas tarjetas lo que está mal, a veces es lo que no dicen.

Invariablemente, el enfoque se centra casi exclusivamente en la felicidad, el romance y las bendiciones para la pareja. El denominador común es que se trata de ti. Todo se trata de mí. No es que Dios no desee que las parejas casadas disfruten de un matrimonio feliz y bendecido. Robert y yo estamos disfrutando del matrimonio, y queremos disfrutar y ayudarnos mutuamente a disfrutar de un matrimonio feliz y bendecido.

Pero estamos aprendiendo, como quizás tú lo has hecho, si tienes un buen matrimonio, que las mayores bendiciones del matrimonio son el resultado de buscar otra cosa, algo mucho más valioso y grandioso. Las mayores bendiciones del matrimonio vienen de tener una misión y un propósito que es más grande, más importante que uno mismo.

Cuando Robert y yo nos comprometimos en mayo del 2015, hace algunos años, comenzamos a hablar sobre el tipo de boda que queríamos tener. Por mucho que nos quisiéramos, tan emocionados como estábamos de que Dios uniera nuestras vidas, nos recordamos que nuestra boda, nuestro matrimonio se trataba de nosotros.

Ese mismo verano, en julio del 2015, la Suprema Corte de los Estados Unidos resolvió mediante una votación de cinco a cuatro que la Constitución otorgaba el derecho al tal llamado matrimonio entre personas del mismo sexo. Nuestra boda se celebraría cuatro meses después, en noviembre del 2015.

Como todas las noticias se arremolinaban sobre la decisión de la Corte Suprema ya que las personas estaban blogueando y hablando sobre todo este giro en los acontecimientos, sentimos que Dios nos estaba dando una oportunidad, una responsabilidad y una mayordomía, para hacer en nuestra boda una declaración firme sobre el plan de Dios para el matrimonio.

Aquí hay una carta que imprimimos en la primera página de nuestro programa de bodas. (Por cierto, ¡nuestro programa de bodas tenía veintiocho páginas! Eso es lo que sucede cuando un escritor se casa con una escritora). Pero aquí hay parte de la carta que escribimos al principio de ese programa:

«Amada familia y amigos,
Su presencia hoy es un honor y una bendición en nuestra unión en el pacto matrimonial. Gracias por estar aquí.
Nuestro deseo más ferviente es que esta boda y el matrimonio que sigue, muestren la belleza de Cristo. En días en que el matrimonio está en el estrado de los testigos, tanto en la cultura como en la iglesia, consideramos que es un gran privilegio y deber anunciar el orden, la bondad y la belleza del matrimonio como Dios lo ordenó hace tanto tiempo.

Hemos orado para que el amor por nuestro Salvador arda con más intensidad en cada uno de nuestros corazones, que los matrimonios se fortalezcan y que todos experimentemos una mayor anticipación por el regreso de nuestro Esposo celestial.

Que Dios conceda un nuevo sentido de asombro y admiración a medida que juntos contemplamos el magnífico amor de pacto de Cristo».

Ahora, las personas vinieron a esta boda a vernos. Vinieron esperando ver una novia y una iglesia y flores y una recepción, cosas que serían hermosas, que se arreglarían, que se adornarían para esta boda. Pero sobre todo, queríamos que se fueran diciendo: «Vimos la hermosura, la belleza, y la maravilla de Cristo».

Regresando a la decisión de la Suprema Corte sobre el matrimonio homosexual –así se llama– esa decisión no surgió de la nada. Fue el fruto de décadas de cambios de nuestra sociedad en su comprensión, sus creencias sobre el origen, la definición, el significado y la importancia del matrimonio.

Desde entonces, el mundo se ha vuelto cada vez más insistente en que se le permita definir el matrimonio, y se espera que todos afirmemos la validez de esos cambios en la cultura.

Recientemente leí en un artículo en una publicación del Reino Unido que citaba al Tribunal de la Unión Europea, diciendo que «la definición de matrimonio ahora», ha evolucionado «para incluir parejas del mismo sexo». El tribunal recomendó que todas las naciones de la Unión Europea deberían tener por requisito reconocer los matrimonios del mismo sexo de otros países.

Ahora, estos son temas difíciles. Son temas que no debemos abordar de forma incisiva o con ira, o siendo groseras. Las personas de las que estamos hablando, que están haciendo estas leyes, que están presionando por ellas y por su aplicación en nuestra cultura, son seres humanos creados a la imagen de Dios, quienes, como nosotras, necesitan un Salvador.

A medida que regresamos a las Escrituras, que es lo que debemos hacer sin importar de qué tema estemos hablando, en los evangelios, cuando a Jesús se le preguntó sobre temas relacionados con el matrimonio y el divorcio, Él respondió: «En el principio…» Él los llevó de vuelta al relato de Génesis del primer matrimonio. Ese es el punto de partida.

Es por eso que en el Manifiesto de Mujer Verdadera que hemos estado viendo durante estas semanas, afirmamos esta declaración:

El matrimonio, tal como fue creado por Dios, es un pacto vinculante y para toda vida entre un hombre y una mujer.

Ahora, vamos a desempacar esta declaración en los próximos minutos. El matrimonio fue creado por Dios. Fue la primera institución humana ordenada por Dios. No fue una idea al azar. Fue un concepto que Dios tenía en la eternidad pasada, en Su sabiduría, y los inescrutables consejos de Su corazón. No fue meramente un convenio social. Fue creado por Dios, diseñado por Dios, el Creador de la vida, para contar el evangelio.

Incluso, antes de que existiera la raza humana, antes de que existiera algo así como el evangelio en este planeta, el matrimonio fue idea de Dios. Fue Su plan, fue Su creación. Es fundamental para nuestra declaración y nuestra comprensión del evangelio. No es algo de importancia trivial. No es algo secundario. No es algo que... «Oh, puedes ser cristiano y creer el evangelio y enseñar el evangelio, pero no tienes que ver el matrimonio a través del lente de las Escrituras. Puedes redefinirlo. La definición puede evolucionar, y aún así puedes honrar a Dios y Su Palabra».

¡No! La Palabra de Dios define el matrimonio porque Dios lo creó.

Las encuestas pueden medir lo que opina el público en todo esto. Los políticos pueden aprobar leyes para redefinirlo. Pueden decir que la definición está evolucionando, pero el matrimonio es lo que Dios dice que es. Él es el creador del matrimonio.

Dios dice en Génesis capítulo 2:24:

«Por lo tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre (masculino y femenino) y se unirá a su mujer (femenino y masculino en unión), y serán una sola carne».

En el capítulo 10 de Marcos, Jesús hablando sobre el matrimonio y los divorcios, cita este versículo de Génesis:

«Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; (y luego añade esto) así que no son ya más dos, sino uno» (vv.7–9).

El matrimonio es creado por Dios, y el matrimonio, como leemos en esta Declaración del Manifiesto de la Mujer Verdadera, es sagrado. No es simplemente una idea humana. No es simplemente una idea civil. No es algo que los tribunales determinan cómo debe verse, cómo debe ejecutarse, cómo debe vivirse. El matrimonio es sagrado. No es común, no es profano.

Ahora, los cristianos y los no cristianos se casan. Pero el matrimonio en su esencia es santo, es exclusivo. En el lenguaje de la vieja escuela decimos: el santo vínculo del matrimonio. Es santo. Es sagrado. Es vinculante y dura toda la vida; es un pacto vinculante de por vida, para toda la vida, dice el manifiesto.

El matrimonio es una promesa de ser fiel, de un hombre a una mujer. Ser fiel hasta que la muerte los separe, la muerte de uno o ambos de esos compañeros, independientemente de las circunstancias que puedan surgir después del «sí, acepto», después de jurar esa fidelidad, después de entrar en el pacto.

El matrimonio no es como un contrato legal o comercial en el que cuando una parte no cumple con sus obligaciones, el contrato se rompe y la otra parte queda libre de su compromiso. El matrimonio no es un contrato, es un pacto. Un pacto en el sentido bíblico trasciende los requisitos legales de un contrato. Un pacto en la comprensión bíblica del matrimonio no puede romperse, independientemente de si la otra parte cumple o no con sus obligaciones.

Ahora, sé que hay muchas personas escuchando este programa, el podcast, la radio o leyendo la transcripción. Ya seas tú, tu pareja o tu pareja anterior quizás hayan roto los votos matrimoniales. Hablaremos de eso hoy y un poco más mañana. Esto es algo común el día de hoy en nuestra cultura, pero creo que debemos volver al principio y decir: «¿Cómo fue la forma en que Dios ordenó el matrimonio? ¿Qué pretendió ser? ¿Qué debió ser?» Y al darles respuesta a estas preguntas, tenemos el evangelio para ayudarnos a tratar con nuestros fracasos al quebrantar la ley de Dios.

Las Escrituras hablan de la naturaleza solemne y vinculante de un voto. Lee esto en Eclesiastés capítulo 5: 4. Dice:

«Cuando a Dios haces promesa...» Los votos intercambiados en el altar que Robert y yo intercambiamos el 14 de noviembre del 2015, estos no eran solo votos entre nosotros. Eran votos delante de Dios y a Dios.

«Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque Él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y cumplas; y no que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel (o tribunal), que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?» (vv. 4–6).

Ahora, este pasaje no solamente está hablando del matrimonio, pero ¿hay en algún otro tipo de relaciones, un pacto que sea más solemne, vinculante y para toda la vida que el pacto matrimonial? Dios dice que si rompes tus votos, aparte de arrepentirte, creer y aplicar el evangelio a tu vida, Dios destruirá la obra de tus manos.

Creo que hay muchas personas hoy en día que están experimentando conflictos y problemas en sus vidas que pueden no haber sido necesarios. A veces el sufrimiento es por diferentes razones. A veces, el sufrimiento que experimentas es la consecuencia de los pecados de otras personas. Pero a veces es la consecuencia de nuestra propia infidelidad, nuestra propia deslealtad, tal vez de no mantener el pacto.

Dios es un Dios fiel que guarda el pacto.

Hace años, cuando me propuse entender bíblicamente lo que las Escrituras enseñan sobre el matrimonio, el divorcio y el nuevo matrimonio, no vamos a ver todo eso aquí, pero lo que fue una gran luz que se encendió para mí, fue cuando me di cuenta de que el matrimonio es un reflejo del carácter de Dios. Dios es un Dios fiel, que guarda el pacto. Él mantiene y guarda sus promesas, incluso cuando no cumplimos las nuestras. Se supone que el matrimonio refleje el amor de pacto de Dios, la fidelidad de Dios y el plan de redención entre Cristo y su iglesia.

Pero lo que ha sucedido en nuestra cultura, y tristemente en la iglesia, es que el matrimonio dura tanto como los sentimientos y la atracción duran, siempre que las personas sientan que son compatibles. Escuchen, ¿quiénes entre nosotras que está casada no se dio cuenta rápidamente de que no hay dos personas, particularmente un hombre y una mujer que se unen en matrimonio, que sean compatibles? No somos compatibles. Somos pecadores. Tenemos todo tipo de diferencias y fracasos y cosas que molestan a la otra persona.

Pero la cultura dice que mientras seas feliz en el matrimonio, mientras sientas que eres un alma gemela, mientras sientas eso, entonces te mantienes casada hasta que el otro haga algo que cruce esa línea; una línea que tú has hecho, que has dibujado en tu cabeza o en tu corazón y entonces dices: «Hasta aquí, pero eso, no». Cuando rompemos el pacto matrimonial, una vez que esos sentimientos desaparecen, una vez que la oxitocina deja de fluir, una vez que las hormonas se asientan, una vez que la persona que dijimos que nos haría felices para siempre deja de hacernos felices, cuando rompemos nuestro pacto matrimonial, distorsionamos la imagen del amor redentor de Dios por su pueblo.

El pacto matrimonial es un pacto vinculante de por vida, para toda la vida.

La palabra «vinculante» puede sonar negativa, como si te metieran en la cárcel. Tienes que quedarte en este matrimonio porque es vinculante. Permítanme decir que en un sentido es cierto. El matrimonio está diseñado por Dios para ser un contexto, un crisol, para la santificación. Ahora, eso no significa que los que no están casados no sean santificados. Dios tiene otros crisoles para colocar a las personas que aún no se han casado. Fui soltera durante cincuenta y siete años, y Dios supo cómo santificarme sin un marido. Ahora Él me está santificando con un marido. Y por cierto, Dios está santificando a mi esposo con una esposa muy defectuosa.

Dios ha diseñado el matrimonio para que sea un contexto para santificarnos, para conformarnos a la imagen de Cristo, algo así como una gema que se coloca donde se corta, se pule, se talla para que pueda reflejar su belleza, la belleza de esa gema. Esto es lo que Dios está haciendo en nuestras vidas a través del pacto vinculante del matrimonio. Es algo bueno, algo hermoso. No está destinado a herirnos o dañarnos, sino para nuestro bien, para nuestra belleza, para que la gloria de Cristo pueda reflejarse en y a través de nuestras vidas y matrimonios.

El Dr. John Piper ha escrito un excelente libro llamado Pacto Matrimonial. Leí recientemente una reseña de Tim Challies de ese libro. Tim cita al Dr. Piper:

«(El matrimonio) es más que el amor del uno por el otro. . . El significado del matrimonio es la demostración del amor que guarda el pacto entre Cristo y su pueblo. El matrimonio sigue el modelo de la relación del pacto de Cristo con su pueblo redimido, la iglesia. Y por lo tanto, el significado más elevado y el propósito más importante del matrimonio es poner en evidencia la relación de pacto de Cristo y su iglesia. Por eso existe el matrimonio. Si estás casada, es por eso que estás casada. Si esperas estarlo, ese debería ser tu sueño».

En su comentario, Tim Challies continúa diciendo:
«Por lo tanto mantenerse en el matrimonio no se trata de mantenerse enamorado sino de mantener, de ser fiel al pacto…»

Quizás este es el mensaje que alguna esposa necesita escuchar hoy. «Mantenerte casada no se trata de permanecer enamorada sino ser fiel al pacto, mantener ese pacto». Ahora, mientras mantienes el pacto, Dios proveerá profundos canales de amor sacrificial. Recibirás amor mientras mantienes el pacto. Tim continúa diciendo:

«El divorcio implica no solo romper un pacto con un cónyuge sino tergiversar a Cristo y Su pacto. . . el matrimonio no tiene que ver con los fuegos artificiales de toda la vida y los interminables sentimientos románticos. En cambio, el matrimonio se trata del compromiso a largo plazo, de hacer una declaración al resto del mundo acerca de Dios».

Mis amigos, Crawford y Karen Loritts, han escrito un nuevo libro sobre el matrimonio titulado, Tu matrimonio hoy y mañana: Cómo hacer que su relación sea importante ahora y para las generaciones venideras (solo disponible en inglés). En ese libro dicen:

«Lo más importante en el matrimonio es lo que el matrimonio dice acerca de Dios y no lo que dice acerca de nosotros. . . Cada matrimonio debe ser una declaración acerca de la redención, el honor y la gloria de nuestro gran Salvador, Jesucristo. . . No hay meta, sueño o ambición mayor. Y cuando nos dedicamos a perseguir esa visión, nuestro matrimonio se convierte en la declaración de Dios a un mundo que observa durante nuestro momento en la historia, así como la tierra fértil, para la esperanza de las generaciones futuras».

¿Qué están diciendo todos estos autores? Que no se trata de ti, no se trata de mí. Se trata de la gloria de Dios, y se trata de generaciones futuras que pueden ver la gloria de Dios revelada en la fidelidad al pacto matrimonial.

Sé que para muchas, muchas que escuchan estas palabras, esto debe ser doloroso porque quizás estás actualmente en un matrimonio difícil, o tal vez uno aparentemente imposible, o quizás estuviste en un matrimonio difícil y elegiste salir de él. O tal vez tú permaneciste fiel en él pero tu compañero te rechazó y se divorció. Hay muchas combinaciones y situaciones diferentes tristes, reflejadas en nuestra audiencia. Quiero ser sensible a ustedes, sensible a eso, pero creo que aún a pesar de lo triste que pueda ser nuestra situación particular, debemos animarnos y unirnos, y sostener el ideal de Dios del matrimonio, incluso en medio de nuestros fracasos y del dolor, y decir, «los caminos de Dios son rectos, son verdad y son buenos», debemos afirmar eso.

Recibí un correo electrónico hace un tiempo de una amiga que había pasado por una temporada dolorosa de grandes trastornos en su matrimonio como resultado de las elecciones pecaminosas de su marido años antes. Ella me escribió y me dijo:

«Durante ese tiempo recibí una carta tuya a la que todavía me aferro diez años después (aunque los desafíos han cambiado). ¿Puedo citar algo de tu carta que espero que compartas con otros, que ha demostrado ser tan real y tan cierto? (Esto fue lo que ella citó de mi carta a cuando estaba en medio del fuego en su matrimonio).

Parte del misterio del matrimonio es que somos una sola carne, no solo en las alegrías, ganancias y victorias, sino también en las humillaciones, pérdidas y quebrantamientos. Parte del compromiso incondicional para toda la vida es también soportar el reproche con él. Las consecuencias de sus elecciones también te afectarán profundamente. Pero al estar dispuesta a compartir sus pérdidas, te conviertes en una ilustración viviente del corazón y del espíritu de Jesús, permitiéndole extender la gracia y la curación a través de tu herida. Para ti es un llamado grande y santo. Y al abrazarlo y cumplirlo, experimentarás una mayor intimidad y unidad con el Salvador, de lo que la mayoría nunca conocerá de este lado del cielo.

(Ella dice): Casi he memorizado estas palabras porque las he leído una y otra vez a lo largo de los años y he compartido esa sabiduría con muchas otras amigas».

Tu matrimonio, mi matrimonio, los matrimonios de nuestros amigos y familiares tienen la intención de ser un medio para mostrar la gloria de Dios y el pacto de amor de Cristo. Se supone que hay una imagen de alta definición y una película de alta definición de la redención para apuntar las personas a Cristo y atraerlas al evangelio.

Recuerda: no se trata de mí; no se trata de ti. Es todo, todo, todo acerca de Él y esa increíble historia de Su matrimonio con su novia.

Oh Señor, levanto a aquellas que están heridas, que están sufriendo para quienes estas palabras son como si estuvieran rasgando una costra en una herida que pensaron que había sanado. Oro por la perspectiva, por la esperanza, por la capacidad de volver a las Escrituras y considerar lo que dice Tu Palabra. Y luego alinear nuestras vidas con Tus caminos, con Tu carácter santo.

Oro para que infundas esperanza y gracia en los corazones que sienten: «Lo he echado a perder. No hay esperanza para mí». Señor: ¡Gracias por el evangelio! Gracias porque hay esperanza para todas las personas, casadas o no, divorciadas o no, vueltas a casar o no. Tomamos nuestras caídas, nuestras debilidades, nuestras fragilidades, nuestras deficiencias, y las llevamos a la cruz.
Confesamos nuestro pecado. Nos lamentamos por los pecados de los demás. Te decimos: «Gracias, Señor, por la asombrosa gracia y misericordia que derramas sobre aquellos que están dispuestos a decir: “Sí, Señor”, a todo lo que dices en Tu Palabra».

¡Dame esperanza, valor, fe y ánimo este día, oro, mientras buscamos que nuestros matrimonios te glorifiquen y cuenten Tu historia, la historia de Jesús y Su asombroso amor! Oro en Su nombre, amén.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado mostrando cómo el evangelio trae esperanza al matrimonio, y cómo el matrimonio puede ser un reflejo del evangelio. Esta enseñanza es parte de un conjunto de series basadas en el Manifiesto de la Mujer Verdadera. Puedes leer este documento en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Allí también puedes encontrar tanto los audios como las transcripciones de estos programas, y recursos relacionados.

Mañana, Nancy regresa con la pregunta: «¿Qué comunica tu matrimonio?». ¡Te esperamos para este próximo programa de Aviva Nuestros Corazones!

Ayudándote a descubrir y a abrazar el diseño de Dios para tu vida, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.