Aviva Nuestros Corazones Podcast

¿Qué hace a una mujer realmente hermosa?

Anne Ortlund: Nosotros los cristianos probablemente no vayamos a robar un banco hoy. Esas no son nuestras tentaciones.

Annamarie Sauter: Con nosotras Anne Ortlund.

Anne: Sin embargo, realmente son cosas buenas las que nos alejan de las mejores. Tenemos que disciplinarnos a nosotras mismas.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura para hoy en el reto Mujer Verdadera 365 es el libro de Joel.

«Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va aumentando en resplandor hasta que es pleno día». Esta semana hemos estado escuchando de una mujer que ya se encuentra en la presencia del Señor, pero que en una ocasión compartió con nosotras cómo vio este versículo de la Biblia ser una realidad en su vida. 

Anne: La intercesión produce mucho fruto. No tenía idea, pero me he quedado sorprendida con los resultados que he visto

Nancy DeMoss Wolgemuth: Yo estoy tan agradecida por una señora de 90 años que tenemos en mi iglesia. Ella es viuda y algunas veces se pregunta por qué Dios la tiene aún aquí. Ella ora, intercede, ella ora por mí. No me imagino continuar sin sus oraciones. A menudo le recuerdo que Dios la ha dejado aquí con un propósito, y si no puede hacer otra cosa más que orar, porque ella está muy limitada físicamente ahora, le digo, «si no puedes hacer otra cosa más que esto, esto es grandioso, este ministerio es grandioso, es una misión y un llamado. Mantente haciéndolo mientras Dios te dé aliento...»

Anne: Fíjate, ella quizás no lo sabe, pero estos son posiblemente los días más poderosos de su vida.

Nancy: Sí, porque en la economía de Dios y en términos de las cosas que para Él son importantes, esto demuestra que ser anciana puede ser una etapa en la vida llena de fruto.

Annamarie: Escuchemos la continuación de la conversación.

Nancy: Estamos conversando esta semana en Aviva Nuestros Corazones con mi vieja amiga, Anne Ortlund.

Anne, muchas gracias por venir y compartir tu corazón con nosotras, al hablar de la sabiduría y de las perspectivas que Dios te ha dado en estos 86 años de vida. Gracias por compartir esto con nosotras.

Anne: Recuerda, Nancy, que nos conocemos desde hace muchos años.

Nancy: Así es, desde que estaba estudiando en la Universidad del Sur de California, cuando tu esposo Ray era el pastor de la Iglesia de Lake Avenue. Allí tuve el privilegio de asistir durante mis últimos dos años de universidad. Fui muy bendecida durante esos años. Ahora ya soy una adulta. Estamos todos un poco más viejos, pero seguimos animándonos unos a otros en nuestro caminar con el Señor.

Anne: Sí, sí. Es maravilloso estar contigo de nuevo, es maravilloso.

Nancy: Anne, estuviste casada con Ray durante 61 años. Hace tres años que enviudaste. Has escrito 26 libros, has escrito himnos, y Ray y tú han dado charlas alrededor del mundo en muchos países diferentes. Has vivido diferentes etapas en tu vida y en tu ministerio, y es un gozo poder recibir de ti algo de lo que Dios te ha enseñado en todos estos años.

Las Escrituras hablan acerca de que las mujeres mayores enseñen y entrenen a las más jóvenes en los caminos de Dios para que la Palabra de Dios no sea blasfemada. Es por esto que amo compartir con mujeres mayores y preguntarles: «¿Qué te ha enseñado Dios? ¿Podrías enseñarme a mí y a otras más jóvenes acerca de los caminos de Dios?»

Esto que vamos a tener es realmente solo una conversación. He elegido algunos temas que sé son de interés para ti y que han sido parte del mensaje de tu vida. Estamos simplemente dialogando acerca de aquellas cosas que han estado en tu corazón durante todos estos años.

Uno de tus libros con mayores ventas a través de los años, y que ha sido de una gran influencia en mi vida, es «Disciplines of the beautiful woman» (Las disciplinas de una mujer hermosa), que está disponible en inglés. Ahora, no conozco a ninguna mujer que no quiera ser hermosa. Nuestra sociedad tiene mucho que decir acerca de lo que es hermoso y de qué es la belleza verdadera. Pero sabemos por la Palabra, que la definición de Dios de belleza tiene que ver principalmente con la belleza del corazón.

Anne, tienes mucho que decirnos de lo que has aprendido a través de los años cuando pensamos en una mujer hermosa, ¿qué significa esto? ¿Qué significa ser una mujer hermosa desde la perspectiva de Dios?

Anne: Bueno, Nancy, tú y yo estábamos hablando justamente de esto antes de salir al aire. Tú dijiste, «bueno, tú vas a hablar de tres prioridades, ¿no?» Este es realmente el punto central en el que cualquier mujer necesita enfocarse si es que quiere convertirse en una hermosa mujer de Dios.

Las tres prioridades son Cristo,el cuerpo de Cristo, y el mundo por el cual Cristo murió para salvarnos. Cuando hacemos de estas tres cosas algo primordial en nuestras vidas, nuestros espíritus realmente se vuelven más hermosos porque no permanecemos enfocadas en nosotras. Nos enfocamos en Él y en Sus asuntos.

Aquí tengo en mi Biblia Juan 17. A este capítulo pudiera llamársele el Lugar Santísimo de toda la Biblia, porque en toda la Escritura, este es el único lugar en el cual aparece una larga conversación entre Dios y Dios. Es decir, Dios el Hijo hablando con Dios el Padre. Cuando Dios le habla a Dios en este capítulo, ¿de qué crees que hablarán? Bueno, como verás hablan principalmente de tres cosas.

En los primeros cinco versículos de Juan 17, Él habla acerca de la gloria del Padre y de la gloria del Hijo. A esto es que debemos entregarnos a través del poder del Espíritu Santo —a la gloria del Padre y a la gloria del Hijo. Si algo en este mundo nos va a hacer hermosas, debe ser esto.

Luego en el versículo 6 cambia el tema y Jesús habla acerca de «aquellos que me diste de este mundo». Se está refiriendo por supuesto a los creyentes. Desde el versículo 6 hasta el 19, Él está orando por el gozo de ellos, por su protección, por su unidad. Y ora de diversas formas por aquellos que le pertenecen a Él, es decir, los que han creído en Él.

Nancy: Y es interesante ver que por lo que Él ora, básicamente, es por su santificación.

Anne: Varias veces, sí. Y luego empezando en el versículo 20, hasta el final del capítulo, entonces, Él ora por el mundo, «que el mundo pueda creer que Tú me enviaste». En los versículos 21 y 23 repite, «que el mundo pueda creer que Tú me enviaste». Él lo repite, «y que lo has amado así como Tú me has amado». (Claro yo estoy parafraseando).

Entonces lo que hemos leído anteriormente nos enseña que debemos amar al Señor. Debemos glorificar a Dios. Y glorificar a Dios es glorificar al Padre, glorificar al Hijo, y glorificar al Espíritu Santo. Debemos amar a nuestros hermanos creyentes, orar por su bienestar y ministrar a sus necesidades, y debemos testificar a los no creyentes.

Si vas un poco más atrás, a Juan 15, encontrarás lo mismo. Alrededor de la mesa del aposento alto, en su discurso final, Jesús dice algunas de las cosas más dulces y profundas de todas, luego que Judas sale de la habitación y Él habla libremente.

En el capítulo 15:1-11, Él habla acerca de permanecer en la vid, y de que las ramas deben permanecer ahí. Esta es la prioridad uno; simplemente establecernos allí, habitar allí; hacer de Él nuestro entorno más familiar. «En Él vivimos y nos movemos y tenemos nuestro ser», esa es una comunión así de íntima.

Entonces en los versículos 12-17, Él empieza y termina de la misma manera: «Ámense unos a otros. Este es mi mandamiento: Ámense unos a otros». Jesús está hablando acerca de la amistad, y esta es la prioridad número dos.

Luego en el versículo 18 hasta el final del capítulo, Él habla acerca del mundo. «El mundo te odiará. No te sorprendas. Me odió a mí también», y así continúa hablando acerca del mundo, y termina diciendo, «cuando venga el Consejero, el Consolador —este es el Espíritu Santo— Él testificará acerca de mí y tú también has de testificar».

Es decir, en este capítulo 15 de Juan vemos claramente tres prioridades: permanezcan en Cristo; ámense unos a otros como cuerpo; y testifiquen a este mundo en necesidad.

Hay un trabajo triple para la mujer hermosa.

Nancy: Anne, puedo recordar todavía cuando llegué a la Iglesia Lake Avenue donde tu esposo estaba pastoreando en 1976, y lo escuché predicar y enseñar acerca de estas tres prioridades, caí en cuenta que él había llamado a toda esta iglesia y a todos los creyentes a organizar sus vidas alrededor de estas tres prioridades… Primero, nuestro compromiso con Dios; segundo, nuestro compromiso con el pueblo de Dios; y tercero, nuestro compromiso con el trabajo de Dios en este mundo.

Toda la iglesia estaba alineada con estas prioridades. Porque esto lo permeaba todo. Sé que recuerdas esto. Tú y Ray han escrito y hablado acerca de esto en tantas ocasiones. Pero esto es realmente contracultural. No es nuestra forma natural de pensar. Mi prioridad natural, la número uno, soy yo.

Este es un llamado a vivir la vida para la gloria de Dios y el avance de Su reino, que no está centrado en mí definitivamente, sino que está centrado alrededor de Cristo y los propósitos de Su reino. Esto es algo que has enseñado para ser aplicado en cada propósito y en cada creyente, en cada etapa de sus vidas. Es decir, que tanto si tenemos a una joven mamá escuchando, o si tenemos a una estudiante universitaria, o a una mamá con el nido vacío, sigue existiendo el mismo llamado a regresar a estas tres primeras prioridades.

Y hoy quiero retar a nuestras oyentes a evaluarse: ¿Estoy viviendo estas tres prioridades como las más importantes de mi vida? ¿Primero mi compromiso con Dios; es decir, mi relación con Él; segundo mi compromiso con el pueblo de Dios, con la familia de Dios, y finalmente mi compromiso con el trabajo de Dios en este mundo? Si no tenemos estas tres prioridades como las más importantes de nuestras vidas, entonces algo está fuera de orden.

Todo tiene que empezar por nuestra relación con Dios. Entonces, como mujer, ¿de qué manera cultivas tu relación con Dios como la prioridad número uno de tu vida? ¿Cómo luce esto en la práctica?

Anne: Sabes Nancy, dos de mis palabras favoritas son, elimina y concéntrate. Si estamos enfocadas en nosotras mismas, estaremos hechas un desorden. Nuestro horario será siempre un caos. Nuestros hogares serán un desastre. Nuestros armarios estarán desordenados. Nuestras cocinas, imagínate. Nuestras mentes estarán desordenadas también. Estaremos siempre llenas de tantas cosas.

Esta era la diferencia entre María y Marta. Jesús no estaba opuesto a que Marta cocinara. Él no creía que la cocina fuera un mal lugar, pero Él dijo, «Marta, Marta, estás preocupada y ocupada con muchas cosas». Porque ella estaba moviéndose en múltiples direcciones, y por esto no estaba enfocada, mientras que María estaba sentada a los pies de Jesús. María había eliminado cosas de menor valor y se había concentrado en las más importantes.

Esto es algo que debemos hacer cada una de nosotras, y cuando lo hagamos, la disciplina vendrá a nuestras vidas de forma natural. Sobre esto fue que escribí en Las disciplinas de una mujer hermosa.

Nancy: Déjame echar atrás un segundo. Y volvamos a los términos, eliminar y concentrar. Vamos a poner esto un poco más práctico. Tú no estás hablando de eliminar a los hijos…

Anne: Claro que no, aunque a veces quisiéramos hacerlo…

Nancy: Pero esto no es lo que estamos recomendando.

Anne: No. Claro, imposible.

Nancy: No puedes eliminar el cocinar si estás en una etapa de tu vida en donde tienes una familia que tiene que ser alimentada y que necesita de comidas preparadas. Entonces, prácticamente, qué es lo que vamos a eliminar, y ¿en qué nos vamos a concentrar para convertirnos en esta hermosa mujer?

Anne: Escucha, necesitas tener una gran puerta trasera, y necesitas tener una puerta frontal. Supón que alguien te pregunta, ¿puedes enseñar la clase de tercero de la escuela dominical? Automáticamente piensas, «oh no, estoy muy ocupada. No puedo. Me encantaría, pero no puedo hacerlo. Mi vida está llena».

Pero una mujer que sabe cómo eliminar y concentrar, dirá, «maravilloso. Creo que el Espíritu me está llamando a hacer esto. ¿Qué tendré que dejar ir para poder hacerlo?»  Esta mujer tiene esta gran puerta trasera por donde deja que salgan algunas cosas mientras deja entrar otras nuevas por la puerta del frente.

Lo mismo ocurre con tu ropero Nancy. Suponte que te compraste una blusa nueva. Okay, eso es bueno, entonces regala una de las que tenías. O compras un nuevo par de zapatos, regala un par de zapatos; de forma tal que siempre tengas el mismo número de zapatos. De esto es que hablo en el libro Disciplinas de una mujer hermosa. Así tu closet no se llenará y no se volverá un desorden, tu tiempo también se puede sobrellenar y abarrotar igual que tu closet.

Fíjate, lo que necesitamos es ver qué es lo más importante y decir, «Señor, yo me entregaré a esto», y esto implica soltar y soltar y soltar cosas, aquellas que nos consumen el tiempo. Tú no te imaginas la cantidad de cosas que he dejado ir recientemente.

Nancy: ¿Cuáles son esas cosas?

Anne: Bueno te vas a sorprender. Tal vez llegues a pensar que estoy loca. He dejado de usar los correos electrónicos.

Nancy: ¿Y sigues viva para contarlo?

Anne: Lo estoy, parece mentira pero lo estoy. Los correos electrónicos me tomaban de dos a tres horas mientras estaba en la oficina. Cuando moví la oficina para la casa, creí que debía dedicar más tiempo a orar y a interceder, así como adorar a Dios, y quería tener más tiempo para leer la Biblia más profundamente. Ya no necesito de esas dos o tres horas diarias para revisar los correos electrónicos cada día.

Recuerdo que hasta hace 10 o 15 años, teníamos teléfonos, y cartas escritas. Puedo volver a usar esos medios para que las personas puedan localizarme. Es fabuloso haber eliminado los correos electrónicos porque así puedo concentrarme más en la Palabra, orar más y compartir más con mis amigas.

Nancy: Realmente he tenido un poquito de envidia desde que supe que tú habías dejado de usar el correo electrónico. Yo creo que todavía no estoy en posición de poder hacer eso, pero me parece sumamente atractivo. Ojalá tuviera solo dos o tres horas al día de correos electrónicos.

Anne: Cuando estés en tus 86 años, trabajarás en esto, lo sé.

Nancy: Así espero que sea.

Es un asunto de ser sensible al Espíritu y saber qué quiere Dios de mí en esta etapa de mi vida. Una etapa puede verse diferente a la otra cuando se trata de… eliminar y concentrar.

Anne: Oh, sí que lo son. Y algunas veces implicará eliminar cosas que realmente amamos.

Nancy: Si, en ocasiones son cosas que no son malas en sí mismas.

Anne: Una vez escuché a un pastor decir, «deja algo hoy». Él dijo, «no va a ser difícil dejar algo que detestas. Lo difícil es dejar algo que realmente amas pero que realmente sabes que te aleja de la misión». Esto me reta. He estado buscando desde entonces disminuir y disminuir más y más aquellas cosas que no son tan necesarias; cosas que quizás amo pero que me impiden hacer lo más excelente.

Nosotros los cristianos probablemente no vayamos a robar un banco hoy. Esas no son nuestras tentaciones. Sin embargo, realmente son cosas buenas las que nos alejan de las mejores. Tenemos que disciplinarnos a nosotras mismas.

Nancy: ¿Cuáles serían algunos ejemplos de esas cosas? Tú ministras a muchas mujeres jóvenes y a mamás jóvenes. ¿Cuáles son algunas de las cosas que evitan que las mujeres hagan aquello que es más excelente?

Anne: Por ejemplo yo no estoy opuesta al gimnasio. No estoy opuesta a los clubes de golf, y a aquellas cosas que pueden ser divertidas en la vida, y que realmente necesitamos para distraernos en medio del diario vivir... Pero la realidad es esta, digamos que estás siendo retada para discipular a algunas mujeres jóvenes en tu vida pero estás muy ajetreada con el gimnasio…o alguna otra actividad de la quizás tendrás que deshacerte. Y sé que esto es una realidad para muchas de las que están escuchando. En una escala del uno al diez, ¿qué vas tú a eliminar?

Esto es algo gracioso. Pienso en la primera carta a Timoteo cuando habla de Pablo instruyendo a su joven discípulo en cuanto a lo que era importante y lo que no era importante. Él le dice, «disciplínate a ti mismo para la piedad, o sea (entrénate a ti mismo); porque el ejercicio físico aprovecha poco, pero la piedad es provechosa para todo, pues tiene promesa para la vida presente y también para la futura» (4:7-9, NIV).

Ahora bien, aquí hay un contraste… Si vas a eliminar, elimina algunos de tus entrenamientos físicos. El problema es que estamos locos con nuestros cuerpos, y estamos siempre corriendo o jugando tenis o entrenando con entrenadores personales y ejercitándonos. Y la lista sigue. Los cuerpos… siempre muy bellos, pero el Espíritu posiblemente esté muerto o desnutrido.

Aquí dice —y creo que es el único lugar de la Escritura en donde se habla del entrenamiento físico, hasta donde he podido descubrir— él utiliza una ilustración atlética, pero esta es la única ocasión en donde les habla a los cristianos sobre esto.

«Disciplínate a ti mismo para la piedad. El entrenamiento físico tiene poco valor, nada comparado con entrenarnos para ser piadosos». Entonces este es un ejemplo: elimina y concéntrate.

Nancy: Y regresando a la ilustración de María y Marta; María se concentró en escuchar la Palabra de Dios. Yo sé que has practicado por muchos años la disciplina de sacar ese tiempo a solas con el Señor y con Su Palabra.

En los años en que eras la mamá de cuatro niños pequeños y la esposa ocupada de un pastor, estabas viajando, escribiendo libros, sirviendo con tu esposo, ¿cómo te las arreglabas para mantener en primer lugar lo que corresponde al primer lugar, que es tener tu tiempo con el Señor?

Anne: Bueno, rindiendo cuenta a otras personas, eso me ayudó mucho. Desde 1970, he tenido un grupo pequeño cada año de alrededor de cinco mujeres, yo soy la sexta, y nos reunimos semanalmente. Una de las cosas que hacemos es escribir nuestros tiempos con el Señor. Escribimos lo que aprendemos en la Palabra. Las dos cosas que Pablo —que en realidad se llamaba Saulo– le preguntó al Señor en el camino a Damasco, fueron: «Señor, ¿quién eres Tú?» Y segundo, «Señor, ¿qué quieres que yo haga?» Entonces escribo todo lo que veo que Él debe ser… Estoy aprendiendo a conocerlo mejor. Escribo todas las formas en que pudiera obedecer mejor lo que yo estoy viendo.

Entonces escribimos nuestras oraciones. Adoramos, confesamos, damos gracias, suplicamos. Cuando le pedimos algo, lo escribimos.

Cada semana nos juntamos —esto puede parecer juvenil— pero tenemos un «tiempo de mostrar y contar». Mostramos lo que escribimos esa semana y si faltamos algún día, eso se evidencia.

Antes de escribir mis tiempos de oración y quietud, yo tenía la impresión de que estaba teniendo más tiempo del que realmente tenía. Pero cuando lo veo por escrito, digo, «oh Señor, falté el martes por completo, y el miércoles fue realmente a toda prisa, pero el jueves fue maravilloso. Pasé más tiempo con el Señor». Esto mide lo que verdaderamente estoy haciendo.

Nancy: ¿Cuándo comenzaste a tener de forma consistente este tiempo de oración?

Anne: Yo estaba por mis veinte años. Me maravillo tanto al ver a estas jóvenes y adolescentes que tienen su tiempo de oración, y los muchachos, también. Fue cuando me casé, que Ray tenía sus devocionales diarios, cuando yo empecé a tener los míos con él.

Nancy: ¿Cómo lograste esto teniendo que atender a cuatro niños?

Anne: Bueno no te niego que fue difícil especialmente con los tres primeros. Los tuvimos uno seguido del otro. Tuvimos a la pequeña Sherry cuando apenas teníamos diez meses de casados, y tuvimos a Margie 11 meses después. Luego tuvimos a Buddy 17 meses después de esto, y de repente mi vida se convirtió en una locura. En aquellos días había que lavar y hervir a mano todos los pañales, y hervir los biberones, y uno tenía que hacer la formula de la leche. En verdad era mucho trabajo.

Cuando el pequeño Buddy, el hijo número tres, comenzó a dormir desde su toma de leche desde las 10 p.m. hasta su otra toma de leche de las 6 a.m., y ya no se despertaba a comer a las 2 a.m., yo me sentí bien aliviada. Entonces dije, «Señor, Tú sabes cuánto me gusta dormir, pero si Tú me ayudas, me seguiré levantando a las 2 a.m., la hora en que solía darle el biberón a Buddy, para tener contigo mi tiempo de quietud».

Claro que esto no duró para siempre, y para serte honesta, no recuerdo ni una cosa que haya aprendido o le haya pedido al Señor en ese tiempo, pero me hace feliz, me hace sentir bien que, como joven mamá que estaba tan desesperada, tuviera este tiempo a las 2 a.m. con Él hasta que pudiera hacerlo más tarde en el día.

Nancy: Claro porque no estamos diciendo que aquellas mamás que no se levantan a las 2 a.m. a estar con el Señor deban sentirse culpables o que el hacer esto las hará más espirituales. Creo que la palabra clave aquí es que estabas desesperada. Te diste cuenta de lo mucho que necesitabas al Señor y que sin Él no podías.

Anne: Mira yo vivía tensa, me había convertido en una verdadera arpía. Le gritaba a Ray. Era un desastre. Sabía que necesitaba tiempo de quietud con el Señor.

Nancy: Entonces esta es una disciplina clave para una mujer hermosa; un fundamento importante.

Anne: Sí, realmente lo es. Cuando nos casamos, nos paramos en el altar, y pronunciamos esos votos preciosos delante del pueblo de Dios, delante de Dios mismo y delante del ministro de Dios, y eso es maravilloso.

Pero qué tal si cuando la boda se ha terminado los novios se dicen, «hey, esto resultó interesante. Vamos a reunirnos de nuevo en algún momento. O me gustaría que nos volviéramos a ver. O tal vez podamos comer algún día juntos», ¿no crees que esto sería algo verdaderamente incongruente?

Pues algo así ocurriría, si aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador y decimos: «Bueno, esto fue excelente, uno de estos días me voy a reunir contigo, Señor». ¿Qué crees de esto? Sería una relación bastante incongruente también, ¿no crees? Nosotros necesitamos a Dios, lo necesitamos. Necesitamos a Dios, una vez y otra vez. Mientras más nos alimentemos de Él, más hambre tendremos de Él, y más dulce será su compañía.

Annamarie: ¿Hay algo que tengas que eliminar de tu agenda para concentrarte en lo que Dios ha puesto delante de ti hoy? Este es un paso práctico —una disciplina que puedes cultivar para crecer en verdadera belleza. Esto es lo que has estado escuchando hoy a través de una conversación que Nancy DeMoss Wolgemuth tuvo con Anne Ortlund, quien ya se encuentra en la presencia del Señor.

Sabes, vivir una vida disciplinada no significa vivir una vida aburrida. Anne Ortlund dice que cuando ordenas tus disciplinas la belleza será una marca de tu vida. Escucha más acerca de esto mañana.

Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca de los orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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