Aviva Nuestros Corazones Podcast

Envejeciendo para la gloria de Dios

Annamarie Sauter: ¿Dónde tienes puesta tu mirada a medida en que envejeces? ¿Dónde fijarás tus ojos hoy?

Nancy: Si tú vives para el aquí y ahora, en vez del allá y luego, cuando envejezcas será una época de decepción. Pero si estás viviendo para Cristo, viviendo para la eternidad, viviendo para el cielo, mientras testificas, mientras más envejeces, más te acercas a ese cumplimiento.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura para hoy en el reto Mujer Verdadera 365 es Oseas capítulos 10 al 14.

En el programa anterior dimos inicio a una conversación que Nancy tuvo en una ocasión, con una mujer mayor y sabia, que ama la Palabra de Dios. Esta mujer ya se encuentra en la presencia del Señor. Ella y su esposo soñaban con morir al mismo tiempo, tomados de las manos. Pero esto no fue así. 

Anne: Cuando regresé a la casa luego del hospital, entré a nuestro edificio (todavía digo «nuestro» y lo seguiré diciendo), tomé mi Biblia y me puse a hojearla. El Señor entonces me dio el Salmo 119:68a: «Bueno eres tú, y bienhechor». A partir de ese momento agradecí al Señor por la partida de Ray, pues sabía que Él había hecho algo bueno para Ray, y ya no estaba sufriendo al no poder respirar. Él estaba cómodo y feliz en la presencia del Señor.

Nancy: Entonces has abrazado este período de tu vida como un regalo y como un llamado. No has dejado de ministrar a otros luego de la partida de Ray. Has continuado impactando y has continuado invirtiéndote en la vida de otros y has entendido que Dios te ha dado una misión en este período de tu vida también.

Anne: Mi versículo lema, el que he adoptado para mi vida, es Proverbios 4:18: «Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va aumentando en resplandor hasta que es pleno día». Ray y yo tuvimos una vida fabulosa llena de amor, pero esto continúa. Dios me ha dado tiempos maravillosos en estos años.

Nancy: Entonces no estás viendo que tu ministerio se acabó y que tu vida ha terminado. Ves que el Señor ha continuado usándote y que tú has tenido el corazón dispuesto para seguir invirtiéndote en las vidas de otros. Creo que lo que ha permitido que se mantenga el gozo, la paz y la correcta perspectiva en tu vida, es que no estás buscando que otros te sirvan sino que tú buscas la manera de servir a otros.

Annamarie: Anne también experimentó tristeza y dolor, pero permaneció firme en la fe aún en medio de su aflicción. Continuemos escuchando «Sabiduría práctica para la vida y la vejez».

Nancy DeMoss Wolgemuth: Nuestra invitada de esta semana en Aviva Nuestros Corazones es mi vieja amiga, Anne Ortlund. Si no escuchaste el programa anterior, te invito a buscarlo y a escuchar lo que compartimos. Le pregunté si ella podía acompañarme en el estudio para que pudiéramos hablar de algunas cosas que Dios está haciendo en su vida, y algunas de las cosas que ella ha estado aprendiendo.

Me gusta escuchar a las personas mayores haciendo un recuento de su aprendizaje, y viendo lo que yo puedo aprender de sus experiencias de vida. Anne, muchas gracias por ser un ejemplo, una mentora, una amiga, y por compartir con la audiencia de Aviva Nuestros Corazones en el día de hoy.

Anne: Nancy, si lo que quieres es una vieja, esa soy yo; si quieres hablar con una persona mayor, yo califico.

Nancy: Te pregunté hace un minuto si estaba bien si te preguntaba cuántos años tienes, y si no tenías problema con esto. Entiendo que tienes 86 años. Le he pedido al Señor desde que yo era pequeña —y nuestra audiencia me ha escuchado decirlo antes— que desde niña mi meta en esta vida es, y siempre ha sido, ser una anciana piadosa, una mujer de Dios. Siempre he tenido esta imagen de cómo debe lucir una anciana mujer de Dios. Después de cumplir los 50 años, me pregunto si realmente lo decía en serio.

Estoy tan agradecida de haber tenido mujeres ancianas en mi vida que han modelado esto para mí, que las veo tan llenas de Cristo en esta etapa de envejecimiento de su vida... Le he pedido al Señor que me permita servirle con mi cuerpo, con mi alma, con fuerza, mente y corazón, hasta que llegue por lo menos a los 85 años. No conozco cuál será el guión para mi vida, pero es algo que siempre he deseado. Anne, tú has demostrado que la vejez es una etapa fructífera y gozosa de la vida.

Quiero que hablemos acerca de eso, porque yo creo que envejecer es uno de los miedos que muchas mujeres tenemos. ¿Es envejecer algo que tú has temido o que te ha atemorizado? ¿O te has preparado para envejecer?

Anne: Bueno, no creo que pueda decir que he pensado acerca de esto de ninguna de estas maneras. No he mirado hacia adelante de manera particular para llegar a ella, pero tampoco le he temido al futuro. He vivido cada etapa de mi vida tal como ha llegado. Pero sí he amado el versículo de Proverbios 31 que dice, «sonríe al futuro», porque ese versículo prueba que la mujer de Dios no teme envejecer (v. 25).

Es interesante que hayas mencionado 85 años de edad, porque yo hice lo mismo, Nancy. Yo decía que mi oración era que —y de nuevo, este no era el plan de Dios, este era mi plan— que Ray y yo sirviéramos al Señor juntos hasta que tuviéramos 85 años. Más adelante yo he revisado esto y he encontrado algo nuevo que Dios nos ha dado para hacer. Pero el hecho es que estoy aquí un año más del que pedí, y es el Señor en mí aquí en la tierra y con Ray allá en el cielo.

Amo esta edad, la amo. Nunca esperé que me gustaría tanto. Quisiera sacarle todo el jugo a esto y obtener todo lo bueno que pueda sacarle. Te parecería algo como agridulce; descubres que tienes artritis, y que hay lugares que nunca pensaste que te podían doler. Pero el hecho es que, como dice Pablo en Filipenses 4 versículo 11, «pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación». Nunca he estado más gozosa. Nunca pensé que fuera divertido envejecer.

Nunca pensé que las personas podían mirarte y pensar que así serían algún día. Miran lo que tú haces y cómo actúas. Te observan, este tiempo en que se idolatra la juventud y las personas no quieren envejecer, es un excelente tiempo para pedirle al Señor que te haga un modelo para que otros no tengan miedo.

Me encanta Proverbios 17:6 que dice: «Corona de los ancianos son los hijos de los hijos». Somos una gran familia. Antes de decirte el tamaño de mi familia, tengo que decirte que tengo una querida amiga, Jenny, que no tiene ninguna familia. Ella es mayor que yo. Tiene 96 años, imagínate. Jenny es tan feliz que cuando se ríe en el teléfono chirrea. Hablo mucho con ella. A sus 96, ella dice que estos son sus mejores días.

Ella tuvo dos esposos cristianos. Ambos partieron para estar con el Señor. No tuvo hijos. Realmente está sola pero su vida está llena de gozo. «En tu presencia hay plenitud de gozo» dice el Salmo 16:11. Es de ahí que proviene el gozo, no de la edad.

Nancy: Pienso que muchas personas realmente le tienen terror al pensamiento de estar solas. Estuvimos hablando con algunas viudas que nos estuvieron diciendo que no pueden ni siquiera relacionarse con este sentir de que esta sea una etapa de gozo o de estar contentas. ¿Cómo encuentras gozo cuando tienes artritis, cuando están presentes los achaques y los dolores, y cuando estás realmente sola?

Anne: Y hay más cosas todavía, otra cosa importante que puede surgir de esto y que pudiera parecer una verdad negativa es que el salario puede reducirse. El mío terminó el mes pasado imagínate. Algunos de los que nos escuchan en este momento no tienen empleo. No tienen mi edad, pero están montados en el mismo barco que yo (en la misma situación). Es absolutamente maravilloso recordar cómo David dice en el Salmo 37: «Yo fui joven y ya soy viejo y no he visto al justo desamparado ni a su descendencia mendigando pan» (v. 25).

Me encanta conocer que en cualquiera de las épocas de mi vida, Dios ha prometido proveer para Sus hijos. Es una cosa maravillosa ver cómo Dios extiende el dinero y cómo sorprende con ingresos que ni siquiera te imaginabas que te podían llegar. Si Él te quita algo, aun sabes que tendrás suficiente porque Él no te dejará hambrienta.

Aun si te permite estar hambrienta por un breve tiempo, debes considerarlo algo bueno, porque hay un propósito detrás. Estuve leyendo Deuteronomio 8 el otro día. Después de la experiencia del desierto, Dios les dijo a los israelitas, «primero te dejé tener hambre, luego te alimenté con maná». De modo que ambas cosas provienen de Él.

Pregunté al presidente de Visión Mundial una vez, quien era mi amigo: «¿Has conocido a algún cristiano que se haya muerto de hambre?» Él me dijo: «Nadie me ha hecho esa pregunta antes. Déjame meditar y darle vueltas a eso». Y dijo: «He conocido muchos cristianos alrededor del mundo que han tenido hambre; pero han orado al Señor, y Él mismo los ha alimentado. Pero no recuerdo, honestamente, a ningún cristiano que haya muerto de hambre».

Creo que esto me asegura que puedo contar con las promesas de Dios. Si nuestras finanzas son bajas —algo que pudiera suceder en nuestra vejez— Él está todavía ahí para que podamos confiar en que Él proveerá para nuestra necesidad.

Nancy: ¿Te has sentido tentada a quejarte alguna vez? Dijiste que estabas contenta en esta etapa, pero alguna vez te has encontrado queriendo llorar o murmurar acerca de algún aspecto de tu situación como envejeciente.

Anne: Sí, claro, lo hago de vez en cuando, y cuando me pongo quejosa, digo: «Oh Dios, perdóname...»

Porque la queja es pecado. Cualquier clase de descontento con relación a lo que Dios nos ha dado es pecado. Debo decirte que ya no me quejo tanto como lo hacía antes. Aunque la vida no es tan fácil como era antes, pero aún así creo que hay un progreso en mí. Alabado sea el Señor.

¿Sabes lo que es hermoso acerca de envejecer? Que cada día me acerco más al momento en que veré a Jesús y estaré en el cielo con todas estas preguntas respondidas —que son tantas. ¿Cómo será? Lo que sí sabemos es que será mucho mejor. Cada día, cada momento me acerco más. A veces pienso que no puedo esperar, no quiero esperar.

Esta tierra está maldita por el pecado. No es el cielo. Pero el cielo está cerca y yo estoy probablemente más cerca que tú, Nancy. Esto me hace reír de gozo.

Nancy: Como debería hacernos reír a todas de gozo. Si tú no estás viviendo así, aquí y ahora, luego cuando envejezcas, ¿por qué vivirás? Si tú vives para el aquí y ahora, en vez del allá y luego, cuando envejezcas será una época de decepción. Pero si estás viviendo para Cristo, viviendo para la eternidad, viviendo para el cielo, mientras testificas, mientras más envejeces más te acercas a ese cumplimiento.

Anne: Así es Nancy. ¿Sabes otra cosa que he descubierto que es maravillosa en esta edad? Que he aprendido a adorar al Señor más profundamente que como lo hacía cuando era mucho más joven. El otro día pensaba acerca de Génesis 47, cuando José dijo que él enviaría a su padre a su tierra de origen después que muriera. Pero cuando José juró, Israel, (que fue el nuevo nombre de Jacob), se inclinó en adoración sobre la cabecera de la cama. Su cuerpo estaba muriendo. Pero su espíritu estaba más vivo que nunca.

Me encanta el hecho de adorar en la cabecera de la cama. La adoración se hace para mí más y más dulce cada día. Disfruto la iglesia más que antes. Canto las letras con más significado que antes. Oro más fervientemente. O sea, que Dios está más cercano de lo que nunca ha estado para mí. En un sentido, me uno a Jacob en adoración inclinándome en mi cayado.

Nancy: Pienso que es de esta manera que le das cumplimiento a algo que Ray te desafió tanto a ti como a tu familia a que hicieran, en una carta que les escribió algunos años antes de irse al cielo, y que fue descubierta después de su muerte. Fui tocada por una exhortación que él dejó en esa carta. Él les dijo a sus hijos y a su familia, y cito: «Al madurar, mantente siendo una persona feliz en Cristo, al envejecer vuélvete más dulce. Las personas agrias son un problema».

Anne: Eso me suena como Ray.

Nancy: Suena como Ray. Es tan cierto, todas nosotras hemos conocido algunas personas mayores que se vuelven refunfuñonas, quejosas y lloronas, y se hace tan difícil vivir con ellas, porque al envejecer se vuelven contenciosas. Y he pensado, «Señor, yo quiero ser más dulce, yo quiero ser más amorosa, yo quiero ser más misericordiosa, tener más gracia y compasión». ¿Cómo evitas convertirte en una persona agria al envejecer?

Anne: Bueno, en los primeros años, cuando estás criando a tus hijos, eso es una ayuda. Porque si enseñas a tus hijos a amar al Señor, a honrar a sus padres, ellos harán eso al envejecer. Mi familia es tan preciosa para mí. Tengo cuatro hijos, y los cuatro tienen maravillosas parejas. Tengo 22 nietos, contando sus parejas, y tengo 23 bisnietos. ¿Has oído de alguien que tenga 23 bisnietos?

Nancy: No, no lo creo...

Anne: Tampoco yo. Soy la única que he encontrado. Pero el hecho es que cada uno de ellos ama a Jesús, excepto los nuevos bebés, claro. Muchos de ellos están en el ministerio, algunos son profesores del seminario, algunos son misioneros.

Realmente todo inició con mi padre y mi madre. Tenía seis años cuando ellos aceptaron a Jesús como su Señor y Salvador. Lo recuerdo perfectamente. Toda nuestra vida cambió. Tuvimos nuestra primera oración de gracias en el desayuno la siguiente mañana, luego la siguiente noche. Papi comenzó a guiarnos en devocionales de familia, los cuales mantuvimos a través de los años, y las generaciones siguientes los han tenido, lo cual es cada vez más raro en estos días.

Mamá y papá tienen 122 descendientes ahora, y cada uno de esos 122 descendientes, excepto los recién nacidos, caminan firmemente con el Señor. Pienso en ti…si estás escuchando y eres una joven madre o padre, podrías imitar a mis padres. Puedes convertirte en la primera generación. Si tú no fuiste criada en un hogar cristiano, tú puedes ser el inicio de la línea que traerá a tu familia de una manera firme a conocerle a Él. Ellos harán lo mismo, y los próximos harán igual y los últimos también.

El Salmo 78 habla acerca de esto. Los más jóvenes aprendiendo de los mayores, pasándolo a los hijos aún no nacidos, a la generación venidera, los cuales lo dirán a sus hijos. El Salmo 78 fue el tema de una reunión familiar que tuvimos no hace mucho tiempo. Es algo muy dulce pasar este legado. Se convierte en una corona de la vejez tal como Dios planeó que sería.

Nancy: Anne tú estás haciendo eso, y no solo con tu familia natural, con tus hijos, tus nietos y bisnietos, sino que también tienes hijos, nietos y bisnietos espirituales. Una de las cosas que amo de ti, Anne, es que tú, en esta etapa de tu vida, en tus ochenta, como viuda, no paras de dar de ti misma y de servir a las necesidades de los demás.

Esto trae a mi memoria ese pasaje que encontramos en el Salmo 92 que dice:

«El justo florecerá como la palmera, crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa del SEÑOR, florecerán en los atrios de nuestro Dios. Aun en la vejez darán fruto; estarán vigorosos y muy verdes, para anunciar cuán recto es el SEÑOR, mi roca, y que no hay injusticia en Él» (vv.12-15).

¿No te encanta ese texto?

Anne: Sí, me encanta ese texto, porque aun si quedamos paralizadas, aun si nuestras manos y pies no funcionaran, mientras podamos hablar podemos declarar que el Señor es justo. Podemos llevar esto con nosotros hasta la muerte.

Nancy: Hay un sentir de muchos envejecientes de que no sirven para nada; que no saben cuál es su propósito ni por qué Dios los mantiene vivos en el mundo. Se dicen a sí mismos ¿en qué puedo contribuir? Sin embargo, tú sigues aún dando frutos y ministrando a la vida de otros. Extendiéndote hasta donde Dios te da energía, y esa energía la usas para dar fruto.

Anne: Oye Nancy, otra cosa que el Señor me enseñó hace aproximadamente año y medio. Le estaba diciendo que yo quería ser más como Jesús. Estaba leyendo Romanos 8, y luego leí también en Hebreos, que Jesús vive perpetuamente para interceder por nosotros. Y pensé que yo no había tomado la intercesión con suficiente seriedad. Así que en mi libreta de apuntes, que tengo siempre cerca, empecé a escribir en la sección de mis oraciones los nombres de aquellos por los que quería interceder.

  • Tengo once no creyentes ahora, por los cuales estoy pidiendo que se conviertan al Señor, que le conozcan.
  • Tengo una lista de matrimonios que no les está yendo bien, oro por cada uno de ellos.
  • Oro por los enfermos.
  • Oro por los líderes gubernamentales. Estas son oraciones diarias.
  • Oro por los misioneros y pastores.
  • Oro por las jóvenes que discipulo.
  • Oro por las que quiero discipular en el futuro.
  • Oro por los ancianos.
  • Oro por los que están desalentados. Tengo una lista de personas que sienten que están en declive. Quizás sean jóvenes pero tienen ese sentimiento.

Tengo alrededor de 400 personas ahora, imagínate qué lista. He descubierto que son demasiados para orar por todos en un solo día. Así que oro por los que más puedo y luego me detengo y sigo en ese punto el próximo día. Así que repaso esa lista varias veces a la semana. La intercesión produce mucho fruto. No tenía idea, pero me he quedado sorprendida con los resultados que he visto

Nancy: Estoy tan agradecida por una señora de 90 años que tenemos en mi iglesia. Ella es viuda y algunas veces se pregunta por qué Dios la tiene aún aquí. Ella ora, intercede y ora por mí. No me imagino continuar sin sus oraciones. A menudo le recuerdo que Dios la ha dejado aquí con un propósito, y si no puede hacer otra cosa más que orar, porque ella está muy limitada físicamente ahora, le digo, «si no puedes hacer otra cosa más que esto, esto es grandioso, este ministerio es grandioso, es una misión y un llamado. Mantente haciéndolo mientras Dios te dé aliento...»

Anne: Fíjate, ella quizás no lo sabe, pero estos son posiblemente los días más poderosos de su vida.

Nancy: Sí, porque en la economía de Dios y en términos de las cosas que para Él son importantes, esto demuestra que ser anciana puede ser una etapa en la vida llena de fruto.

Anne, mientras miras atrás a tu vida y a los años que has caminando con el Señor, ¿Tienes algo que lamentas? ¿O algo a lo que quisieras volver atrás y hacerlo diferente?

Anne: Bueno, realmente no quiero volver atrás, de ninguna manera, ahora que estoy tan cerca del cielo no me gustaría dar vuelta atrás, pero sí, tengo algunas cosas que lamentar claro, y esto es parte de mi dolor. Pienso en cosas que le dije a Ray que no debí haber dicho, o que no le dije lo que sí debí haber dicho. Pienso en los primeros tiempos cuando peleábamos. Menos mal que no lo hacíamos en los últimos tiempos. Nos tomó diez navidades poner el árbol de Navidad sin que tuviéramos una discusión. Eso es increíble... Él quería ponerlo todo rápido y al descuido, tirado; y yo, poner cada cosa, una a la vez y hacerlo todo perfectamente.

Nancy: Entonces, ¿cómo lograron terminar eso después de 10 años? ¿Cómo lo hicieron?

Anne: Bueno, tirándolo. Descubrí que todo funciona mejor cuando le permites al hombre liderar. Lo cual yo no sabía al principio. Pensaba que probablemente teníamos igual coeficiente de inteligencia, imagínate, así que podíamos sentarnos a la mesa de discusión y resolver. Algunas veces era él el que ganaba, y algunas veces era yo. Pero, ¿sabes algo? Eso hace que un matrimonio se convierta en algo mediocre, terrible, eso es terrible.

Así que yo aprendí, después de unos pocos años dolorosos, que no puedes tener a dos personas tirando del mismo caballo. Uno tiene que ir al frente y el otro tiene que ir detrás. Cuando empecé a aprender esto nuestra vida se hizo más llevadera. Pero esos son remordimientos que tengo, de cosas que me costó aprender. Esto provocó que Ray adquiriera un temperamento del que luego tuvo que sobreponerse. Porque yo lo molestaba mucho.

Los matrimonios deben mejorar con los años. Cuando ambos están en Cristo, esto realmente sucede. Si alguno de ustedes en este momento está pasando una mala racha en su matrimonio, te recomiendo…No te rindas... Todo el mundo tiene malas épocas. Simplemente se lo entregas al Señor y atraviesas esos momentos. Mejores días vendrán después. Las cosas que tú lamentas, Dios las limpia con la sangre de Jesucristo. Es maravilloso saber que Él las ha olvidado y que nosotros podemos olvidarlas también. Estamos a salvo.

Nancy: Y me encanta ese versículo que tú citaste en eI último programa, Proverbios 4:18. Es un versículo que con frecuencia comparto con otros el día de su cumpleaños. Pero es bueno para cualquier etapa de la vida. Pero en la medida en que pensamos en envejecer, creo que este versículo tiene un significado particular. Dice: «Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va aumentando en resplandor hasta que es pleno día».

Y eso es realmente contrario a la razón. Pensamos en el día menguando y la luz disminuyendo más y más, poniéndose más oscuro mientras envejecemos. Hemos dicho que nuestra sociedad valora la juventud, no la vejez. Pensamos en las personas mientras envejecen, como si la luz de su vida fuese menguando a medida que pasan los años. Pero este versículo nos está hablando del hombre interior, del ser interior, y dice que la senda de los justos es como la luz de la aurora que va aumentando en resplandor. Más y más luz, más y más vida, más y más gracia, hasta que es pleno día.

Por supuesto, ese pleno día es el día en que veamos a Cristo. Así que mientras vivamos para Él en esta vida, nuestras vidas realmente serán —y creo que tú demuestras esto hermosamente Anne– días que se van poniendo cada vez más brillantes, hasta que podamos ver a Cristo en toda Su plenitud.

Annamarie: Has estado escuchando una conversación entre Nancy DeMoss Wolgemuth y Anne Ortlund—quien ya está con el Señor. Hablar acerca del envejecimiento no es común, pero es bueno y necesario, porque Dios nos da su gracia para cada etapa de la vida.

Y tú, ¿podrías decir que estás determinada a glorificar a Dios en cada etapa de tu vida? Espero que hoy reflexiones acerca de esto a la luz de lo que has estado escuchando y lo que Dios nos muestra en Su Palabra.

Aprovecho para recordarte que si no lo has hecho aún, puedes suscribirte a nuestra conexión diaria. A través de esta podrás recibir el programa del día directo en la bandeja de entrada de tu correo electrónico. Allí tendrás acceso al audio y a la transcripción de cada programa, y podrás ver los puntos principales del mismo. Suscríbete a nuestra conexión diaria en AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Qué hace hermosa a una mujer? El mundo en el que vivimos está obsesionado con la belleza, pero con la belleza que no permanece para siempre. 

Nancy: Nuestra sociedad tiene mucho que decir acerca de lo que es hermoso, y de qué es la verdadera belleza. Pero sabemos, por la Palabra, que la definición de Dios para la belleza, tiene que ver principalmente con la belleza del corazón.

Anne:Bueno, Nancy, tú y yo estábamos hablando de esto antes de salir al aire. Dijiste, «bueno, hoy vas a hablar de las tres prioridades. Las tres prioridades son: Cristo, el cuerpo de Cristo y el mundo por el cual Cristo murió para salvarnos. Cuando hacemos de estas tres cosas algo primordial en nuestras vidas, nuestros espíritus realmente se vuelven más hermosos, porque no permanecemos enfocadas en nosotras, nos enfocamos en Él, en Sus asuntos.

Annamarie: Acompáñanos mañana para escuchar acerca de la verdadera belleza, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca del orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

Lee más

Únete a la conversación