Podcast Aviva Nuestros Corazones

¿Quién satisface tus necesidades más profundas?

Annamarie Sauter: ¿Realmente crees que Dios es bueno?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Prueba y ve por ti misma que el Señor realmente es bueno. Él es bueno cuando tienes un empleo o cuando no lo tienes. Él es bueno cuando tienes salud y Él es bueno cuando no la tienes. Recuerda que mientras te refugias en Él, serás bendecida sin importar las circunstancias en las que te encuentres.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia Saladín.

Nos encontramos en la serie titulada, «El ABC para manejar una crisis». Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy: Hemos estado caminando con David a través de un salmo acróstico, el Salmo 34. Lo he llamado, «El ABC para manejar una crisis». Como hemos visto anteriormente en la serie –si no escuchaste los programas pasados, puedes visitar AvivaNuestrosCorazones.com y escuchar o descargar los audios, como también leer las transcripciones de esos programas– vimos cómo David estaba atravesando una situación muy difícil en su vida, se encontraba entre la espada y la pared.

Primero tomó el asunto en sus propias manos y estropeó las cosas, pero luego, al entrar en razón, al volver en sí, se dio cuenta de que debió haber acudido primero a Dios y de que siempre debe acudir primero a Él.

Así que el Salmo 34 es un salmo que él escribe probablemente mientras estaba sentado en una cueva, todavía escondiéndose del rey Saúl. Pero habiendo reflexionado en las circunstancias por las que acababa de pasar, David les dice a los que estaban a su alrededor, quienes también estaban pasando por circunstancias deprimentes y angustiantes: «Necesitamos alzar nuestros ojos al cielo y alabar al Señor».

Si hay algo por lo que nosotros, los cristianos, deberíamos ser reconocidos es por el gozo. Tenemos la confianza de que Dios aún está en Su trono, de que Él está en control. Él es digno de nuestra devoción, digno de nuestra alabanza y digno de nuestra confianza, aún en etapas de la vida, en las circunstancias por las que estemos pasando, en medio de las cosas con con las que estemos luchando, las circunstancias que enfrenta el mundo … aunque las montañas se traspasen al corazón del mar, aún así podemos confiar en el Señor y fijar nuestros corazones en Él.

Así que a través de todo este salmo, David está alabando a Dios por Su poder para liberar, por Sus promesas, por Su presencia y por los recursos que Él nos da en medio de tiempos difíciles.

Al acercarnos al versículo 7, David está compartiendo su propio testimonio. Él dice: «Busqué al Señor, y Él me respondió, y me libró de todos mis temores» (v. 4). Luego cuenta otra parte de su experiencia. Él dice, «El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen, y los rescata» (v. 7).

Hay un tema de liberación a través de todo este salmo. Uno de los medios que Dios algunas veces envía para liberar a Sus hijos son los ángeles.

Ahora, por lo menos conscientemente, puedo decir que nunca he visto un ángel, pero creo en ellos. Si me preguntas: «¿Por qué crees en ellos?» Porque la Palabra habla sobre ellos como siervos que ministran, mensajeros de Dios que son enviados para bendecir a los hijos de Dios. Ellos ministraron a Jesús durante Su vida terrenal, y Hebreos capítulo 1 dice que ellos nos ministran a nosotros.

Las Escrituras dicen aquí en el Salmo 34, que «el ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen». Esa palabra acampa es «levantar una tienda». Él establece Su tabernáculo. Él levanta una tienda. Él acampa alrededor de los que le temen. Así que puede que haya circunstancias terribles a tu alrededor, pero el ángel del Señor nos rodea en nuestras circunstancias.

Una de las mejores historias de esto en las Escrituras se encuentra, no con David, sino con otro siervo de Dios, con Eliseo. En 2 Reyes 6, recuerdas cómo el rey de Siria había enviado todo su ejército con caballos y carruajes, y durante la noche habían rodeado la casa de Eliseo, en la ciudad de Dotán, con la intención de que cuando amaneciera, asesinarían a Eliseo, quien estaba frustrando los planes del rey.

Cuando amaneció, el siervo de Eliseo asoma su cabeza afuera de la puerta, y ve todo este ejército enemigo, esas tropas, esos caballos y carruajes poderosos, y él está aterrado. Eliseo le dijo: «No temas, porque los que están con nosotros»… Ahora, hasta donde el siervo puede ver, solo están él y Eliseo. Y Eliseo le dice: «…los que están con nosotros son más que los que están con ellos» (v. 16).

¿De qué está hablando? «Eliseo entonces oró y dijo: Oh Señor, te ruego que abras sus ojos (los del siervo) para que vea» (v. 17).

Él solo estaba viendo la realidad física, pero no estaba viendo la realidad espiritual de lo que estaba sucediendo allí. «Y el Señor abrió los ojos del criado, y miró, y he aquí que el monte estaba lleno de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo» (v. 17).

Así que el enemigo había establecido su campamento, pero Dios envió a Sus ángeles durante la noche para que acamparan alrededor de Eliseo, para levantar una tienda, y protegerlo del enemigo.

Sabemos que en las Escrituras ese ángel del Señor es Cristo mismo. Es la presencia de Dios. Cristo se mostró en diferentes momentos en el Antiguo Testamento antes de Su encarnación. Eso es lo que llamamos una Cristofanía. Pero aun cuando no podamos verlo, sabemos que Cristo está con nosotras y acampa alrededor nuestro.

«No temeré mal alguno porque... ¿por qué?... porque Tú estás conmigo» (Salmo 23:4). Aunque no podamos verlo, Cristo está aquí con nosotras en nuestras circunstancias difíciles.

Así que tenemos la provisión de Dios, Su provisión de ángeles, Su provisión del ángel del Señor. Ellos acampan alrededor de los que temen al Señor y nos protegen de tener que temer a nuestros enemigos. El ángel del Señor libera a aquellos que confían en el Señor.

Ahora, David primero comparte su testimonio personal de cómo él ha encontrado a Dios como un refugio en tiempos de problemas, y ahora él se dirige a estos cuatrocientos hombres que están reunidos con él en esa cueva; hombres que tienen sus propios problemas, problemas en abundancia; y David les extiende una invitación, una exhortación, y les dice: «Probad y ved que el Señor es bueno» (v. 8). «Vean por ustedes mismos; no se apoyen únicamente en mi experiencia, no tomen mi palabra… Ustedes necesitan conocer esto por su propia experiencia».

Así que habiendo él mismo encontrado que Dios es bueno y digno de confianza, les dice a los demás: «Necesitan su testimonio personal. Quiero que prueben, que den pasos de fe y que experimenten por ustedes mismos que Dios realmente es bueno».

Como verás, David sabía que la bondad de Dios no era únicamente un concepto teológico. Dios no solo es bueno en teoría. Él es bueno en realidad. Cuando das pasos de fe y le perteneces a Él y Él te pertenece por fe, lo haces parte de tu vida. Así como cuando ingieres comida en tu sistema y la digieres y se vuelve parte de ti… Prueba y ve, aférrate a Dios. No te limites solamente a vivir en la esfera de lo etéreo o lo ideal. Vive en la esfera de la realidad.

Tú dices: «Mis problemas son una realidad». No. La realidad suprema es la bondad de Dios. «Prueba y ve que el Señor es bueno».

Hace unos años estuve visitando el Tabernáculo de Brooklyn. Tuve el privilegio de estar ahí durante una de las reuniones de oración de los martes en la noche, que es el servicio de oración más destacado de la semana en el Tabernáculo de Brooklyn. La semana anterior, Steve Green, quien es un cantante y amigo mío también, había estado en el Tabernáculo de Brooklyn, y les había enseñado una canción nueva. Yo no la había escuchado hasta ese momento. Esa noche mientras estábamos en el servicio, el Pastor Cymbala dijo: «Vamos a cantar la canción que Steve nos enseñó la semana pasada».

Esa noche en particular estaba parada con los que estaban cantando en la primera fila. Cantaban la canción una y otra y otra vez, y en un momento, en medio de la canción, el Pastor Cymbala dijo: «Quiero preguntar si algunos de los que están aquí esta noche que no tienen trabajo, quieren un trabajo, necesitan un trabajo, están buscando un trabajo pero no lo encuentran; quiero pedirles que vengan al frente y se paren aquí en este altar».

Yo estaba en la primera fila y casi me atropella la gente que estaba viniendo de ese grupo hacia el frente, docenas, tal vez más, muchos de ellos viniendo al frente. Mientras se reunían, el Pastor Cymbala dijo: «Ahora vamos a cantar esa canción de nuevo y quiero que ustedes la canten».

La congregación cantó con aquellos que necesitaban trabajo: «Él es bueno, Él es es bueno». Y luego el Pastor Cymbala interrumpió y miró hacia abajo a uno de los hombres que estaba en ese grupo de desempleados y le dijo: «No mires hacia abajo. Levanta tus ojos. Quiero que cantes y realmente lo creas, «Él es bueno, Él es bueno, Su amor permanece para siempre».

Eso es exactamente lo que David está diciendo,

«Probad y ved que el Señor es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en Él se refugia! Temed al Señor, vosotros sus santos» (v. 8-9).

«Bienaventurado es el hombre que en Él se refugia». Antes de que vayamos al versículo nueve, déjame decirte: no sé cuál sea tu circunstancia; no sé lo que estás enfrentando… me imagino lágrimas en algunas de las mujeres que nos escuchan ahora. No sé en que area estás siendo tentada a creer que Dios tal vez no sea bueno, pero quiero exhortarte, como David exhortó a esos hombres que estaban a su alrededor, «prueba y ve por ti misma que el Señor es realmente bueno».

  • Él es bueno cuando tienes un empleo, y Él es bueno cuando no lo tienes.
  • Él es bueno cuando tienes salud, y Él es bueno cuando no la tienes.
  • Él es bueno cuando el sol está brillando, cuando tienes dinero en el banco, tus hijos te aman, y tu esposo piensa que eres la mejor.
  • Pero Él también es bueno cuando eres una madre soltera tratando de satisfacer las necesidades de tus pequeños, o cuando tienes un hijo o hija pródigo de veintitantos años y estás llorando toda la noche anhelando desesperadamente que Dios venga al rescate en esa situación.
  • Dios sigue siendo bueno todo el tiempo.

Graba en tu corazón la realidad de la bondad de Dios, y recuerda que mientras te refugies en Él, encontrarás que Él es bueno en tu vida. Recuerda que mientras te refugies en Él serás bendecida independientemente de las circunstancias en las que te encuentres.

No podremos recorrer cada versículo de este salmo, pero déjame ir rápidamente a través del resto y resaltar algunos puntos aquí.

Versículo 9: «Temed al Señor, vosotros sus santos». El temor del Señor es un tema recurrente en el Salmo 34. La enseñanza aquí es que si temes a Dios, si lo reverencias, si eres obediente a Él, entonces no tendrás que temer al hombre. No tendrás que temer a tus circunstancias. No tendrás que temer al futuro.

Saúl tenía miedo de David, pero David temía al Señor, así que él no tuvo que temer lo que el hombre pudiera hacerle. Luego sigue diciendo: «…pues nada les falta a aquellos que le temen. Los leoncillos pasan necesidad y tienen hambre, mas los que buscan al Señor no carecerán de bien alguno» (v. 9-10).

Podríamos hacer una sesión completa de lo que significa no tener carencias. Y sé que en este tema hay preguntas como: Y ¿los cristianos nunca pasan hambre? Sé que hay muchos temas importantes que tratar ahí, pero en lo que me quiero enfocar en este versículo hoy es en lo siguiente: ¿A quién estás buscando para que satisfaga tus necesidades? ¿Adónde estás buscando para que tus necesidades sean satisfechas?

¿Estás buscando que Él satisfaga tus necesidades básicas? La comida. Esa es una necesidad muy básica. Las cosas buenas que quieres y necesitas en tu vida, ¿a dónde vas para obtenerlas? ¿Estás buscándole a Él o estás buscando en alguna otra parte?

David había aprendido, por las malas, que por buscar en otro lado, terminó actuando como un demente. Me volveré loco. Mis emociones se saldrán de control. Seré presa del temor y la frustración. Tendré crisis que no se podrán evitar si estoy buscando satisfacer mis necesidades en otros lugares.

¿Estás buscando eso en tu trabajo? Entonces si pierdes tu trabajo, serás una persona muy insegura.

¿Estás buscando en tu esposo o amigos que sean la principal fuente de satisfacción de las necesidades en tu vida? Si lo estás haciendo, entonces si el Señor se lleva a tu esposo o él te deja, o si tus amigos te dejan o mueren, entonces serás una persona muy desesperada, sin esperanza y desamparada.

Si lo estás buscando en un consejero o en un pastor… o si nuestro ministerio está buscando personas que aporten los fondos para satisfacer nuestras necesidades en lugar de buscar en Dios que el Donante con «D» mayúscula, entonces vamos a estar inseguros en tiempos financieros inestables.

¿En dónde estás buscando? Si tu objetivo principal en la vida es buscar al Señor, nunca estarás decepcionada. No te faltará ningún bien. Nunca se te negará una cosa buena si tu esperanza está en el Señor, y si lo estás buscando a Él.

Eso no quiere decir que no tendrás problemas. No quiere decir que no tendrás algunos problemas serios y difíciles. Pero cualquier cosa realmente buena que Dios sabe que necesitas para tu verdadero bienestar y para tu gozo y felicidad eternos, la tendrás si buscas primeramente a Dios y Su reino.

Así que de esta experiencia con el Señor, de esta confianza en el Señor, David pasa entonces a la segunda mitad del salmo. No vamos a hacerle justicia en lo absoluto. Spurgeon dijo que los primeros diez versículos eran un himno y los versículos del 11 al 22 eran un sermón. Tal vez algún día hagamos una serie completa de los versículos 11 al 22, pero vamos a mencionar algunos puntos destacados.

El versículo 11 dice: «Venid, hijos, escuchadme; os enseñaré el temor del Señor», dice David. Esto me dice que por tu experiencia, y de tus momentos desesperados, de tus crisis, en donde no buscaste primeramente a Dios pero llegaste a descubrir que Él es bueno, y Él te restauró y puso tus pies en tierra firme, de tu experiencia, Dios te dará un mensaje para otros.

«Venid, hijos, escuchadme; os enseñaré el temor del Señor» (v. 11).

Escucha, a propósito, tus hijos, literalmente, tus hijos físicos, hijos, hijas y nietos, ellos no solo necesitan escucharte decir lo que es verdad acerca de Dios, sino que necesitan verlo demostrado e ilustrado en tu testimonio de manera personal, tu mensaje de vida.

Ellos necesitan escucharte decir: «Aquí fue en donde seguí mi propio camino, pero aquí fue donde Dios me encontró. De esta forma me liberó. De esta forma Dios me mostró que Él es bueno conmigo».

Después el versículo 12 dice: «¿Quién es el hombre que desea vida y quiere muchos días para ver el bien?».

¿Cómo se logra eso? Versículo 13: tomas decisiones piadosas aun cuando no sientas ganas de hacerlo. «Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño».

Ahora se está poniendo realmente práctico. Aquí es donde se encuentran el temor al Señor, la confianza en Dios, donde se prueba lo que crees. Lo vives en tu día a día en el laboratorio de la vida. Si temes al Señor y quieres vivir una vida buena, feliz y larga, mantén tu lengua apartada del mal y tus labios de hablar engaño.

¿De qué está hablando David? Bueno, creo que ciertamente está hablando acerca de murmurar, quejarse, acusar, creer y hablar mentiras. ¿Qué tan seguido cuando estamos frustradas, cuando estamos teniendo una crisis, hablamos cosas producto de la frustración, en las que pecamos con nuestros labios? Cuando expresamos nuestro descontento, terminamos hablando mal acerca de Dios y de otros.

Lo puedes ver en los hijos de Israel. En el capítulo 16 del Éxodo el versículo 2 dice: «Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto». Ellos pecaron con sus lenguas cuando pensaron que Dios no iba a saciar adecuadamente sus necesidades.

Considero que Deuteronomio capítulo 1 versículo 27 es uno de los versículos más tristes en la Biblia, pero es aún más triste porque es algo que nosotros hacemos sin darnos cuenta. Moisés dice, reflexionando en sus años en el desierto: «Ustedes murmuraron en sus tiendas y después dijeron…» (parafraseado). O sea, hablaron en privado y luego lo dijeron en público. «Porque el Señor nos aborrece, nos ha sacado de la tierra de Egipto para entregarnos en manos de los amorreos y destruirnos».

Estas personas hablaron mal del Dios que les amaba, que les liberó, quién envió a Su ángel para que fuera con ellos, quién les proveyó, quién satisfizo todas sus necesidades, Jehová su Salvador, su Dios… Y ellos dijeron: «Dios nos aborrece, y nos ha traído aquí para matarnos».

Ellos cuestionaron la motivación de Dios. Atacaron Su carácter. Hablaron mal de Dios. Amigas, eso es lo que realmente es la amargura. Es hablar mal de Dios en nuestros corazones. Y en última instancia, si estamos hablando en nuestros corazones, lo hablaremos con nuestros labios a otros. Y entonces difamamos el carácter de Dios con otros.

Esa es la razón por la que David inició este salmo diciendo: «Bendeciré al Señor en todo tiempo; continuamente estará su alabanza en mi boca». Él está retrocediendo un poco y está diciendo, si Su alabanza no está en tu boca, harás que Dios se vea mal. Dirás cosas en tu cansancio, en tu debilidad, en tus crisis, en tu depresión y en tu desánimo que reflejarán una mala imagen de Dios. Él dice, si quieres tener una vida fructífera, buena y bendecida, teme al Señor, guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.

«Apártate del mal y haz el bien, busca la paz y síguela» (v. 14).

Haz lo que sabes que es correcto. No permitas que tus emociones controlen tu vida.

¿Sabes por qué hablo tanto sobre este tema? Porque muy a menudo, e inclusive en semanas recientes, me he encontrado a mí misma con mis emociones gobernando mi vida y cediendo ante ellas en lugar de traer cada pensamiento cautivo a la obediencia de Jesucristo.

Y si les concedemos a esas emociones una pulgada, se tomarán una milla, y finalmente seremos siervas, esclavas de nuestras emociones, y pensarás y dirás cosas a Dios y a otros que nunca pensaste que alguna vez dirías o pensarías. Controla esos pensamientos, apártate del mal, y haz el bien.

Bueno, del versículo 15 al final del capítulo, vemos el corazón de Dios. Él es bueno. Sus ojos y Sus oídos están atentos cuando le llamamos. Él se acerca a nosotros. Él nos salva y nos libera.

Versículo 15: «Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a su clamor». Como una madre cuando escucha a su niño llorando y dice: «conozco esa voz», y viene al rescate.

«El rostro del Señor está contra los que hacen mal, para cortar de la tierra su memoria. Claman los justos, y el Señor los oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón, y salva a los abatidos de espíritu» (vv. 16-18).

Los quebrantados de corazón. Abatidos de espíritu. Eso no solo habla de gente que ha sido devastada por circunstancias difíciles en la vida. Está hablando de gente cuyo orgullo y obstinación han sido humillados. Ellos están quebrantados de corazón. Están abatidos de espíritu, y Dios se acerca a ellos.

Después en el último párrafo, vemos dos clases de personas: los justos y los impíos. Ahora, todos somos impíos, separados de Cristo, pero a través de la fe en Cristo, hemos sido hechos justos. Versículo 19: «Muchas son las aflicciones del justo».

Esa es una frase que como que desearíamos que no estuviera en la Biblia: «Muchas son las aflicciones del justo». De hecho, busqué la palabra «aflicciones» en mi diccionario bíblico, y estas son algunas de las descripciones: malo, perjudicial, dañino, desagradable, que duele o causa infelicidad, horrible, desgracia, calamidad, tristeza, inhabilidad para alcanzar un buen nivel.

¿Muchas son las aflicciones del justo? Muchas. No te sorprendas, no las resientas, no las resistas, no huyas de ellas.

Lo que vemos aquí es que ambos, los justos y los impíos, experimentan aflicciones. Lo puedes ver en el último párrafo. Los justos no están libres del dolor. «Muchas son las aflicciones del justo».

La diferencia entre el justo y el impío no radica en que tengan o no aflicciones en su camino. Radica en su perspectiva en esas aflicciones y en el resultado final de lo que esas aflicciones generan en su vida.

(Entonces) «muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo libra el Señor. Él guarda todos sus huesos; ni uno de ellos es quebrantado. La maldad dará muerte al impío (los impíos serán destruidos por sus aflicciones), y los que aborrecen al justo serán condenados. (Pero, aquí volvemos a donde comenzamos) El Señor redime el alma de sus siervos; y no será condenado ninguno de los que en Él se refugian» (v.19-22).

Nosotras queremos alivio inmediato de nuestros dolores, problemas y frustraciones temporales y terrenales, pero Dios quiere usar nuestras circunstancias, nuestras aflicciones para darnos la libertad eterna y final, la libertad de Satanás, la libertad del pecado, la libertad de nosotras mismas.

¡Oh, cómo quiero ser liberada de mí misma! En medio de esas crisis, cuando estoy teniendo esa fiesta de autocompasión y estoy centrada en mí misma, quiero ser liberada de eso. Y ¿qué utiliza Dios para liberarme? Las aflicciones.

¿Qué es más importante, tener la libertad temporal e inmediata o tener la libertad final y eterna?

Algunas veces Dios decide no librarnos de nuestros problemas inmediatos para darnos una libertad mucho mayor y que necesitamos aún más. Así que el salmista dice, «Refúgiate». «No será condenado ninguno de los que en Él se refugian» (v. 22).

Por lo que sabemos David todavía está escondido en una cueva cuando escribe este salmo, pero en medio de esa cueva, huyendo de Saúl con esos cuatrocientos hombres que estaban tan necesitados, David se refugia en Dios.

Mujeres, no hay ningún lugar en la faz de esta tierra, ninguna circunstancia que pueda venir a tu vida en que no puedas encontrar refugio, seguridad y protección en Él.

Por eso me encanta ese himno:

Solo en Jesús confiado estoy;

Él es mi luz, fuerza y canción;

La Roca es Él, Piedra Angular

Firme en angustia y tempestad.

¡Cuán alto amor, profunda paz

Él calma el alma en ansiedad

Consolador, mi todo es Él

Solo en su amor firme estaré


Libre de culpa…¿qué dice el salmista? «No será condenado ninguno de los que en Él se refugian».

No tengo culpa ni temor

Por el poder de Cristo en mí;

Desde nacer hasta morir,

Cristo dirige mi existir.

No hay infierno, no hay poder

Que me separe hoy de Él

Hasta que Él venga o muera yo,

Firme en Jesús yo estaré.


Al acercarnos a la época de Acción de Gracias y la época de Navidad, quiero animarte a que te refugies en Dios, no esperes que la vida sea sencilla o sin problemas, sin dolor. Muchas son las aflicciones del justo, pero… hasta que Él regrese o nos llame a casa, aquí en el poder de Cristo podemos estar firmes.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado ofreciendo verdadera esperanza, aun si te encuentras en medio de una crisis. Este mensaje es el último de la serie titulada, «El ABC para manejar una crisis». Puedes escuchar los programas anteriores en esta serie en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com, solo escribe el título de la serie («El ABC para manejar una crisis») en el buscador. Allí en nuestro sitio web puedes tanto leer la transcripción de este programa, como escucharlo y descargarlo. También puedes compartirlo fácilmente con otras mujeres.

Y a la luz del mensaje de hoy, recuerda que tú misma necesitas un testimonio personal. Da pasos de fe y experimenta por ti misma que Dios realmente es bueno.

¿Cuándo fue la última vez que te asombraste al ver las maravillas del mundo creado por Dios? Mañana, Nancy te ayudará a recapturar ese asombro cada día. Te esperamos aquí, para una próxima serie de Aviva Nuestros Corazones.

Corriendo la carrera de la fe, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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