Podcast Aviva Nuestros Corazones

La alabanza no es un sentimiento

Annamarie Sauter: Escoger ser agradecida no solo te afecta a ti.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Mira, la forma en la que respondo cuando estoy bajo presión tiene una influencia sobre las personas a mi alrededor, y puedo animarlos o hundirlos. Dios me ha alentado a través de personas que he visto que eligen alabar al Señor en medio de sus circunstancias difíciles.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy continuamos con la tercera parte de la serie titulada, «El ABC para manejar una crisis».

Nancy: Bueno, hemos dicho que vamos a llegar al Salmo 34, y hoy sí vamos a llegar al Salmo 34. Pero quiero que veamos algunos detalles de lo que hemos estado viendo en los últimos dos días. . . Hemos titulado esta serie, «El ABC para manejar una crisis».

Sé algo sobre las crisis, probablemente tú también y David lo supo. Me alegra mucho que la Escritura no nos esconda esas faltas y defectos de sus personajes. Vemos que él era un hombre que luchó como nosotras y se encontró, en el pasaje paralelo aquí en 1 Samuel 21, yendo con su propio plan para hacer frente a las difíciles circunstancias de la vida real que estaba enfrentando.

Saúl lo perseguía, pero en vez de correr al Señor, David primero sacó sus propias conclusiones y terminó actuando como un loco. Puedes leer el relato de 1 Samuel 21 si te perdiste la última sesión.

Pero entonces llega a la cueva de Adulam. Él logró escapar de la situación donde se metió en problemas, y entonces tuvo tiempo para sentarse, tiempo para pensar. Sus circunstancias no han cambiado. Muchas veces nuestras circunstancias no cambian de inmediato, pero nuestra forma de pensar necesita cambiar acerca de nuestras circunstancias. Cuando cambia, nosotras cambiamos y nuestras circunstancias se ven diferentes.

David sigue siendo un fugitivo. Él todavía está en una cueva. Él todavía está en peligro, pero ha cambiado. En lugar de estar obsesionado con él y su problema –que invariablemente trae confusión, frustración, pánico, desorden y depresión– ahora su vida está centrada en quién es Dios.

Cuando vives una vida centrada en Dios, cuando tu mente está fija en quién es Dios, y quiero decirte que me estoy predicando a mí misma; esto es lo que necesitaba escuchar. Cuando vives la vida centrada en Dios, el resultado es orden, paz, y dirección. Eso no significa que no tengas problemas, significa que ves los problemas de manera diferente. Los ves a través del lente de quién es Dios.

Vamos a ver a David diciendo: «Bendeciré al Señor. Me gloriaré en el Señor. Magnificaré al Señor. Exaltaré Su nombre. A Él buscaré. Lo mirare a Él. Voy a temerle a Él, en lugar de temer a los hombres o al futuro. Ves cómo su vida se ha orientado en torno a quién es Dios, y esa es la idea central de lo que veremos en el Salmo 34. Comienza diciendo:

«Bendeciré al Señor en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca» (v. 1).

Me gusta esa actitud de la voluntad, «bendeciré». David está en una situación desesperada. Está en una situación difícil. Estos son unos de los días más oscuros de su vida. En parte se complicó por ir por su propia cuenta. De por sí ya era difícil. No todas las cosas difíciles en tu vida son porque has pecado. A veces la vida es difícil. David enfrenta, sin culpa suya al principio –pero en medio de todo eso, sus propios fracasos y los fracasos de otros– él dice: «Tengo la voluntad decidida, y voy a bendecir al Señor». Lo haré.

Esto es intencional. Es una elección. Escucha, la alabanza no es un sentimiento. La alabanza no es una emoción. Puede involucrar nuestras emociones, pero es un acto de la voluntad. Es una decisión que tomo de bendecir al Señor.

Bendecir significa «hablar bien de alguien, hablar palabras buenas sobre alguien». Y la palabra que se utiliza aquí, barak, bendecir, se ha conectado con el significado de «doblar la rodilla, arrodillarse». Significa, «Bendeciré al Señor, pero con una actitud de un corazón humilde, una actitud del corazón de adoración».

Así que David se ha dejado arrastrar por el temor, su mente ha perdido el control, y su conducta también está fuera de control. Y ahora su mente y su conducta se alinean de nuevo, y dice: «Voy a hacer esta elección consciente y disciplinada en mi vida, que no importa cuáles sean las circunstancias, bendeciré al Señor». Dobló su rodilla, inclinó su corazón y se humilló.

«Señor, Tú eres más grande, eres más real, estás más presente que cualquier circunstancia que estoy enfrentando en mi vida. Aunque mis ojos se llenen de lágrimas, te alabaré y con un corazón rendido te diré, «sí Señor». Abrazaré estas circunstancias. Te bendeciré en medio de ellas, porque Tú todavía eres bueno, no importa lo que haga el rey Saúl. No importa qué terrores pueda estar enfrentando en mi vida, te bendeciré. Te bendeciré en todo tiempo. Su alabanza estará de continuo en mi boca en todo momento, en los tiempos buenos y en los momentos malos, cuando estoy feliz y cuando estoy triste, cuando estoy en las alturas y cuando me siento abrumada».

La reacción automática, David está diciendo, en mi vida, la respuesta, el patron de mi vida en cualquier circunstancia va a ser, ¿qué? Bendeciré al Señor. Yo le alabaré. «Su alabanza» (v. 1 ).

Esa palabra hace referencia a un himno de alabanza. Es una canción que exalta a Dios. «Su alabanza estará de continuo en mi boca». Creo que es una parte importante cuando enfrentamos una crisis, cuando lidiamos con la depresión y el desánimo. Es poder decir con nuestras bocas la verdad acerca de quién es Dios, de bendecirlo con nuestros labios.

Apocalipsis 12 dice: «Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos» (v.11). Alabar al Señor es pasarlo de mi corazón a mi boca. «De la abundancia del corazón habla su boca» (Luc. 6:45 ). Entonces, lo que está en tu corazón va a salir. Si tu corazón está centrado en Dios y enfocado en él, entonces de ahí vendrá bendecir al Señor.

Él dice en el versículo 2,

«En el Señor se gloriará mi alma; lo oirán los humildes y se regocijarán».

Gloriarse en el Señor. Esa palabra gloriarse viene de la palabra hebrea, halal. ¿Suena como algo que has oído antes? Aleluya. Alabanza a Dios. Gloriarse en Dios. La palabra significa «brillar, ser brillante, alabar o celebrar, hacer algo brillar». Es la idea de un resplandor. Él dice: «Voy a engrandecer a Dios».

Yo no voy a irradiar a otras personas mis problemas, mis cargas y mis preocupaciones, aunque haya oportunidad para hacerlo, sino que mi meta será el dirigirnos los unos a los otros hacia Dios. Yo no me voy a gloriar en mis frustraciones o mis problemas; Voy a gloriarme en el Señor. Voy a engrandecer a Dios.

«Mi alma se gloría en el Señor». Fíjate cómo los demás lo oyen, lo hacen, y son bendecidos. Reciben ayuda y son alentados. David está hablando en presencia de otros. Si vas a estar hablando, puedes incluso estar hablando contigo misma algunas veces. No tiene nada de malo el hacerlo si te estás hablando la verdad. Pero necesitas también decirle a otros la verdad, hablar para que otros te escuchen.

Es interesante lo que dice aquí, «lo oirán los humildes y se regocijarán». Esa palabra humildes en el idioma hebreo puede significar «deprimidos». Los que están deprimidos en la mente o en medio de las circunstancias, me oirán alabando al Señor.

Piensa en esto, David ha estado deprimido. Él ha estado oprimido por circunstancias muy difíciles y dolorosas. Él ha sido objeto del odio de Saúl. Saúl ha estado tratando de quitarle la vida. Es un fugitivo, y no por culpa suya. Y sin embargo, David ha encontrado un enfoque en estos tiempos difíciles, incluso sentado como un fugitivo en una cueva huyendo por su vida. Él se ha enfocado en quién es Dios. Él comienza no solo a pensar en eso, sino a hablarlo.

Y hay otras personas a su alrededor que escuchan lo que está diciendo. Ellos han estado deprimidos. ¿Qué sucede cuando ellos lo oyen bendecir y alabar al Señor? Lo oirán los humildes, y se alegrarán. Regocíjate. Las personas deprimidas se regocijarán. Si estoy deprimida y me regocijo en el Señor, entonces otras personas deprimidas que me escuchan pueden ser ayudadas y alentadas y se regocijarán en el Señor.

¿Quiénes eran estas personas deprimidas que estaban alrededor de David? Bueno, es muy obvio en 1 Samuel 22. Vemos que dice:

«David se fue de allí y se refugió en la cueva de Adulam. Cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, descendieron a él allá. Todo el que estaba en apuros, todo el que estaba endeudado y todo el que estaba descontento (el punto aquí es que todos los que se hallaban allí estaban descontentos), se unió a él» (1 Sam. 22:1-2).

Tres tipos de personas vinieron a estar con David cuando estaba en esa cueva. Los que estaban en apuros, los que estaban endeudados, y los que estaban descontentos. Este era un grupo muy variado y «él vino a ser jefe sobre ellos. Y había con él unos cuatrocientos hombres» (v. 2 ).

¿Te gustaría estar en una cueva con cuatrocientos hombres que están en apuros, endeudados, y descontentos? ¡Qué situación tan deprimente! Pero él dice: «Mi alma se gloría en el Señor. Que los humildes, los deprimidos, los que están en apuros, endeudados y descontentos, oigan. Él tiene una congregación de cuatrocientos hombres deprimidos a quienes predicarles. Él está hablando la verdad y sus corazones están cambiando a medida que escuchan. Están siendo consolados, animados y levantados.

El punto es que la forma en que respondemos cuando estamos bajo presión tiene una influencia en las personas a nuestro alrededor, y podemos levantarlas o hundirlas.

Dios ha usado personas para alentarme cuando los veo que escogen alabar al Señor en medio de sus circunstancias difíciles. La primera persona que viene a mi mente y que produce eso en mí es Joni Eareckson Tada, su ejemplo.

Cuando veo las circunstancias en que vive y las dificultades que atraviesa físicamente, y luego la veo cantando himnos y alabando al Señor, tengo este momento de despertar espiritual y pienso, ¿qué estoy haciendo aca abajo, en este valle? ¿Qué estoy haciendo deprimida y desanimada? Mi corazón se alegra cuando la veo regocijándose en el Señor.

Entonces eso me lleva a pensar en quienes están a mi alrededor deprimidas o tristes, personas a las que Dios quiere animar y alegrar a través de mi alabanza al Señor en medio de mis momentos difíciles y oscuros. Mis «momentos en la cueva» por llamarlos así.

Bueno, sigue en el versículo 3 y dice:

«Engrandeced al Señor conmigo, y exaltemos a una su nombre».

¿A quién le está hablando David? A los cuatrocientos hombres en la cueva que están en apuros, endeudados, y descontentos. Él les está diciendo: «Chicos, todos tienen sus circunstancias. Ya sabes, pájaros de la misma camada vuelan juntos. Tenemos muchas cosas en común». Pero él les dice: «No nos vamos a sentar aquí en esta cueva a quejarnos por nuestros problemas. No vamos a decir lo mal que están las cosas, lo mal que está la economía, lo malas que son todas estas personas que nos hicieron cosas terribles. No vamos a sentarnos y a quejarnos y a estar amargados por todas las circunstancias de nuestras vidas».

Hay circunstancias reales en la vida que pueden amargarte. Pero el salmista dice, «Engrandeced al Señor conmigo. Yo lo haré. Hazlo conmigo. Exaltemos a una su nombre».

Así que él alaba a Dios y luego invita a otros a unirse a él. Está quitando el enfoque de su propia necesidad. «Voy a voltear mi mirada hacia Dios; hazlo conmigo, magnifiquémosle». No podemos hacer a Dios más grande de lo que ya es. Ya es infinitamente grande. Pero podemos magnificarlo ante nuestros propios ojos y ante los ojos de los demás. Pon tu atención en Él en vez de magnificarnos a nosotras mismas o a nuestros problemas.

Tal vez has escuchado esta parte de un verso. No sé si lo voy a decir bien pero recuerdo algo así:

«Busca afuera y te angustiarás,
busca hacia dentro y te deprimirás.
Pero mira a Cristo y descansarás».

Esa es la idea aquí, magnifica al Señor. Fija tus ojos en Jesús. Hay poder en la alabanza colectiva. Vamos a unirnos y a enfocarnos en el Señor. Escucha, puedes estar teniendo problemas en tu matrimonio. Pero cuando te juntas con alguien que está teniendo problemas en su matrimonio, ¿de qué hablan? ¿Difaman a sus maridos? Puedes tener problemas con la economía, tal vez estás luchando financieramente. No estoy diciendo que no compartamos nuestras necesidades con los demás, pero siempre tiene que ser con el propósito de ayudar a los demás a llegar a Cristo, quien es nuestro refugio en tiempos de angustia.

Así que vemos en estos versículos, una buena referencia en cuanto a cómo ministrar a otras personas que están afligidas, que están en angustia. Cuando estamos en angustia, en realidad no queremos que alguien nos diga: «¡Oh, alaba al Señor». Lo que pensamos que queremos es que alguien venga y nos abrace y nos diga: «Yo sé cómo te sientes. Lo siento mucho. He pasado por eso mismo. No puedo creer que fulano de tal te hizo eso». Pensamos que queremos compasión.

Ahora, hay un lugar para la misericordia bíblica como la de Cristo. Permíteme decirte que en realidad podemos hacernos un gran perjuicio las unas a las otras si solo escuchamos los problemas de los demás y no nos dirigimos unas a otras al Señor. Cuando estoy teniendo mi crisis, necesito a alguien que me ame. Necesito que a alguien le importe. Es posible que necesite que alguien me diga: «Necesitas dormir bien esta noche».

Pero más que eso, necesito que alguien me diga: «Acuérdate de Cristo. Dios ha sido fiel contigo. No lo olvides. Recuerda todas las veces que Dios te ha sostenido. Magnifica al Señor conmigo, y exaltemos Su nombre juntas».

Después de haber hecho esta invitación, esta exhortación, David continúa, comenzando en el versículo 4, a contar su testimonio personal. Él usa su historia personal, su experiencia personal para tocar las vidas de otras personas que están en necesidad, que están deprimidas y desanimadas.

A medida que he estado pensando en este pasaje, esta mañana, pensaba en esa cueva. Las cuevas tienen todo tipo de asuntos y problemas, no es como un campamento. Están huyendo de la ley. Saúl anda detrás de ellos. Las personas probablemente están huyendo de sus acreedores. Ellos estaban endeudados. ¿Por qué corren a David? Porque pensaron que podían escapar de sus acreedores.

Me los imagino sentados alrededor de la fogata en la noche y David tocando su guitarra, o el arpa y cantando este salmo a estos cuatrocientos hombres.

No te lo voy a cantar, pero me puedo imaginar a David cantando: «Busqué al Señor, y él me respondió y me libró de todos mis temores».

«Esto es lo que pasó cuando busqué al Señor».

William Gurnall fue un escritor puritano. Él escribió acerca de este versículo: «Dios espera saber de ti antes de que tú esperes tener noticias de él». «Busqué al Señor, y él me respondió». «Si refrenas la oración, no te extrañe que la misericordia prometida también se retenga». No consigues la respuesta de Dios si no la solicitas. Si no le dices que tienes una necesidad, si no clamas a Él, no es de extrañar que no recibas la respuesta.

Me pregunto cuántas veces estamos «sacudiendo nuestros puños» por así decirlo, hacia los cielos, y pensamos, Dios no me ha ayudado. Tal vez Él está sentado allí en Su trono pensando, «no me lo has pedido».

«Busqué al Señor, y Él me respondió y me libró de todos mis temores. Los que a Él miraron, fueron iluminados; sus rostros jamás serán avergonzados» ( vv. 4-5).

Esa palabra, iluminados, es radiante, la Reina Valera dice «alumbrados». Significa «brillar, estar alegre». Otra forma de decirlo es: Los que miran a Él, brillan. Son personas alegres. Tienen un semblante alegre.

Amigas, si nos fijamos en nuestros problemas, tendremos un semblante abatido, si es ahí donde fijamos nuestra mirada, en los problemas. Ahora, no estoy diciendo que debes caminar por la vida fingiendo que no tienes ningún problema. No estamos hablando de un enfoque ingenuo de la vida, en el que dices, «la, la, la, la, la, todo está bien. No puedo pagar mis facturas. Mi marido me dejó, pero todo está bien». No estamos hablando de eso. Eso es raro, eso no es cristianismo. ¿De acuerdo?

El cristianismo dice: «Sí, tengo estos problemas, pero en medio de ellos, voy a levantar mis ojos hacia arriba a pesar de que están llenos de lágrimas, y fijaré mi mirada en Cristo».

¿Qué sucede cuando fijas la mirada en Cristo? Comienzas a ser como Él. 2 Corintios 3 dice:

«Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu» (v. 18).

Tú te conviertes en aquello a lo que miras fijamente, aquel en quien pones tu atención. El rostro de Moisés resplandecía cuando pasaba tiempo en la presencia de Dios. Si te sientas allí cuarenta días con Dios, sin televisión, sin correo electrónico, y sin gente a tu alrededor, y solo miras las expresiones de Dios, las que Él te permite ver, tu rostro se iluminará también.

Pasa tiempo con el Señor. Deja que transforme tu rostro. Los que le miran, sus rostros brillan, su semblante es alegre, sus rostros jamás serán avergonzados. Me pregunto a veces cuando miro alrededor a los rostros de las mujeres cristianas, a veces cuando me miro en el espejo. Creo que hemos estado viendo las cosas incorrectas. ¿Qué tan diferentes nos veríamos si verdaderamente fijáramos nuestros ojos en Jesús?

Tú dices: «¿Cómo puedo hacer eso? Yo no lo puedo ver». Es por eso que tenemos este libro, la Biblia. Déjame preguntarte, ¿en medio de tus problemas, estás invirtiendo el tiempo necesario en escudriñar la Escritura, en contemplar a Cristo, contemplar su gloria, y dejar que Él cambie tu semblante? No se trata solo de pegarte una sonrisa en tu cara, es algo que Dios hace de adentro hacia afuera que se refleja en tu semblante.

«Este pobre clamó, y el Señor le oyó y lo salvó de todas sus angustias» ( v. 6 ).

Este era uno de los versículos favoritos de mi papá. Mi papá nunca se olvidó de dónde estaba cuando Dios lo salvó. Él nunca pudo superar la maravilla del hecho de que Dios lo hubiera salvado. Le encantaba ese versículo. «Este pobre clamó, y el Señor le oyó y lo libró de todas sus angustias».

Cuando David dice que él era un hombre pobre, sabía de lo que estaba hablando. Dicen que fue el punto más bajo de su vida. Tuvo que dejar a su amigo más querido Jonathan porque el padre de Jonathan, el rey Saúl, estaba decidido a matarlo. David estaba solo, marginado, lejos de su casa, sin trabajo, sin armadura, sin armas, no tenía forma de defenderse a sí mismo, nada para comer y en miseria. Por último, se metió en esta cueva con cuatrocientos hombres que estaban deprimidos, endeudados, en apuros y descontentos.

Ese es el momento en que necesitas asegurarte de que no estás recurriendo a tus propios recursos, sino que estás clamando al Señor. Esta vez David no tomó el asunto en sus propias manos como lo había hecho previamente en el pasaje que da origen a este salmo. Es muy importante que clamemos, diciendo: «Señor, no puedo hacerlo sin Ti».

Una amiga me escribió el otro día. Ambas hemos estado pasando por algunas circunstancias difíciles. Me recordó que debo clamar al Señor, pedirle ayuda a Dios. Entonces ella dijo: «A menudo yo les digo a los demás que lo hagan, pero ¿con qué frecuencia me olvido de hacerlo yo misma y comienzo a depender de mí misma, de mi propia experiencia, mi propia sabiduría, mis propios instintos para resolver estas cosas?». David clamó al Señor. Dios dice: «Clama a mí en el día de la angustia. Yo te libraré, y tú me glorificarás».

La gracia de Dios es como una ambulancia. La ambulancia no enciende la sirena y viene corriendo a tu casa a menos que haya una llamada telefónica. Una llamada que dice: «Necesitamos ayuda». Cuando enviamos esa llamada en la dirección del cielo, diciendo: «¡Señor, ayúdame! Te necesito. No puedo con este niño. No puedo con mi pareja, no puedo con este jefe. No sé qué hacer en esta situación. Esta persona me persigue. Me están calumniando. Están destruyendo mi reputación. Dios, ayúdame. Yo no tengo la fuerza para salir adelante en este dia y cumplir con lo que me has llamado a hacer en esta etapa de la vida. Oh Señor, estoy tan sola. Me voy a hundir si Tú no vienes y me ayudas. Señor, te necesito».

Y a Dios, que está sentado en el cielo, le encanta escuchar a sus hijos clamar y decir, «ayúdame, te necesito». Y al igual que la ambulancia, él viene corriendo a la escena de la necesidad –la ambulancia de la gracia– trayendo la gracia que se necesita en ese momento para hacer frente a esa situación.

Él no dice que no tendremos enemigos, temores, circunstancias adversas, o problemas. Los tendremos. Están mencionados a lo largo de este salmo. Habla de todos sus temores, todas sus angustias. Son muchos. Pero en medio de ellos, él clama y es liberado. Quizás tú digas: «Pero, Dios no me ha liberado». Ten en cuenta el panorama general. Él está prometiendo la liberación final. Esta situación en que estás no es para siempre. Mantén el panorama general en mente y confía que Dios sabe cómo controlar la temperatura, cuando subirla, cuando bajarla, y cuando abrir la puerta y dejarte salir fuera del horno. Dios lo hará en Su tiempo y a Su manera. Mientras tanto, no dejes de clamar a él.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth regresará en breve. Ella te ayudará a reflexionar en las verdades del Salmo 34 que acabas de escuchar.

Nancy nos ha animado a ser agradecidas y a alabar a Dios en las diferentes circunstancias que enfrentamos. Si David pudo alabarlo mientras se escondía en una cueva con compañía un tanto interesante, creo que nosotras también podemos aprender a fijar nuestros ojos en Cristo y alabarle en nuestras situaciones particulares.

Precisamente para ayudarte a hacer eso es que transmitimos estos programas diarios, y quiero recordarte que puedes recibirlos directamente en la bandeja de entrada de tu correo electrónico. Visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com, y suscríbete a la «Conexión diaria». También recibirás los puntos principales del programa, y el acceso tanto al audio como a la transcripción del mismo.

¿Son tus emociones las que guían tu vida? Nancy nos hablará acerca de esto en el programa de mañana. Ahora, ella regresa con un último pensamiento.

Nancy: ¿Qué estás enfrentando en esta etapa de la vida, donde es posible que hayas estado recurriendo a tus propios métodos o medios para tratar de lidiar con ello? Pero te estás dando cuenta ahora de que necesitas clamar a Dios por gracia. Dios da gracia a los humildes. ¿Quiénes son los humildes? Los que reconocen su necesidad. Los que dicen, «¡ayúdame, Señor». ¿Cuándo fue la última vez que clamaste a Él? No clames a Él, y luego trates de arreglarlo tú misma. Clama a Él, y espera que el Señor te muestre qué hacer.

Quizás tú digas: «No puedo aguantar más tiempo». Dios sabe cuánto tiempo puedes aguantar. ¿Sabes qué? Tú puedes aguantar mientras Dios te dé la gracia para hacerlo. Y Dios te dará gracia, siempre y cuando clames a Él. ¿Podrías, para cerrar esta sesión decir, «Señor, te necesito para esta circunstancia, para este problema, para esta situación que estoy enfrentando. Oh Señor, estoy llamando, estoy clamando a ti y te estoy pidiendo ayuda. No puedo hacerlo por mí misma». Y luego con fe podrías agradecerle que Él ha escuchado. Él conoce tu situación, y Él responderá y liberará a Su manera y en Su tiempo .

Gracias Señor por estas maravillosas promesas. Ayúdanos a no solo conocerlas y saberlas en nuestras mentes, sino a creerlas, a aferrarnos a ellas, y vivirlas de tal manera que podamos glorificarte. Oro en el nombre de Jesús, Amén.

Annamarie: Corriendo la carrera de la fe, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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