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En busca de Dios | Avivamiento: ¿quién lo necesita? Semana 1

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Annamarie Sauter: Hoy, mientras te cambiabas la ropa, ¿te vestiste de humildad?

Nancy DeMoss Wolgemuth tiene un reto para ti.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Quiero retarte: al vestirte por la mañana asegúrate no solo de tener ropa puesta, asegúrate también de tener puesta la humildad. Vístanse, todas ustedes, con humildad hacia los demás.

Debes ponértela antes de salir de tu dormitorio por la mañana. Debes ponértela antes de ver a tu marido. Debes ponértela antes de ver a tus hijos. Debes ponértela antes de llegar al trabajo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es 1 Samuel capítulos 15 al 16.

Nos encontramos en la semana número 2 del estudio titulado, «En busca de Dios». Es un estudio de doce semanas del que sacarás aún más provecho si lo acompañas del libro también titulado, «En busca de Dios». Encuéntralo en tu librería cristiana favorita o a través de nuestra tienda en línea en AvivaNuestrosCorazones.com

El tema que estaremos estudiando esta semana es una lección impresionante acerca de la humildad y el orgullo. Aquí está Nancy con la continuación.

Nancy: A medida que continuamos buscando al Señor por avivamiento, tenemos que reconocer que este asunto del orgullo no es poca cosa. Significa mucho, mucho para Dios. La Escritura dice que Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes, y que Dios se mantiene a distancia de los soberbios. Lo he oído explicado así: «Él se prepara para la batalla contra los soberbios».

No sé tú, pero yo quiero que Dios se acerque a mí, y quiero acercarme a Dios. Pero estamos viendo que el único tipo de personas que pueden acercarse a Dios son los humildes, los marginados, los quebrantados, los contritos de espíritu. Así que todo vestigio de orgullo en mi vida es algo que hace que Dios se mantenga a distancia; me separa de Dios, causa que Dios se coloque en mi contra.

Imagina lo que implica contar con la oposición del Dios Todopoderoso. Eso es exactamente lo que ocurre cuando nos sentimos orgullosos, cuando nos negamos a humillarnos, a reconocer nuestros errores. Cuando nos negamos a aceptar la responsabilidad por nuestras acciones, por nuestras actitudes, hacemos de Dios nuestro oponente.

¿Y qué hace Dios a los soberbios? Una y otra vez lo vemos a través de toda la Escritura. En Daniel capítulo 4 –este es el tema del libro de Daniel, probablemente, y es que «Él puede humillar a los que caminan con soberbia» (v. 37).

Dios humilla a los que rehúsan humillarse. Dios está comprometido, y lo verás a través de todas las Escrituras, a castigar el orgullo y a derribar a los soberbios.

Permítanme leerles una serie de versículos de las Escrituras acerca de cómo Dios responde a los soberbios. Isaías capítulo 2: «La mirada altiva del hombre será abatida, y humillada la soberbia de los hombres; el SEÑOR solo será exaltado en aquel día» (v.11).

Varios versículos de Proverbios: «Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra» (11:2). «El SEÑOR derribará la casa de los soberbios». Piensa en eso. ¿Hay orgullo en tu casa? ¿Orgullo en tu matrimonio? ¿Orgullo en tu corazón? Dios dice: «Voy a trabajar contra tu hogar. Lo voy a derribar. Voy a destruir aquello que se enorgullece». 

«Abominación al SEÑOR es todo el que es altivo de corazón; ciertamente no quedará sin castigo» (Prov. 16:5).

«Delante de la destrucción va el orgullo y delante de la caída, la altivez de espíritu» (Prov. 16:18). «El orgullo del hombre lo humillará» (Prov. 29:23). Dios dice, «no toleraré al de ojos altaneros y de corazón arrogante» (Sal. 101:5).

Y entonces el libro de Jeremías dice: «Y la arrogante tropezará y caerá sin que nadie la levante» (50:32). Y a continuación, Abdías: «Aunque te remontes como el águila, y aunque entre las estrellas pongas tu nido, de allí te derribaré–declara el SEÑOR» (1:4).

Este es el principio a través de la Palabra de Dios: Si te elevas, Dios te hará caer. Él lo promete. Cuenta con ello. Te elevas—es cierto de las personas, es cierto de una familia, es cierto de una iglesia, es cierto de una nación, es cierto de un lugar de trabajo, es cierto de las naciones en este mundo—te elevas y Dios, a Su manera y a Su tiempo, te hará caer.

Pero aquí vemos el otro lado de esto. Si eliges humillarte, Dios te exaltará. Él exaltará a los que se humillen, a los que tomen su lugar bajo Su autoridad. Por eso quiero que tomemos unos momentos aquí para ver el ejemplo más poderoso de la verdadera humildad cristiana, y es el ejemplo del Señor Jesucristo.

Busca en tu Biblia Filipenses capítulo 2. Estás familiarizada con este pasaje, pero creo que este es un pasaje que necesito repasar una y otra vez para recordarme de cómo es la humildad. Este es el espíritu que quiero tener y que tú desearás tener, si vamos a buscar al Señor, es el espíritu que debemos tener, el espíritu de Cristo, ese espíritu humilde.

Así que Pablo comienza en el capítulo 2 de Filipenses, en realidad por todo el libro de Filipenses. Quizás quieras leer el libro y estudiarlo y buscar evidencias de humildad; buscar las características de la humildad.

También hay algunas evidencias de orgullo en el libro de Filipenses. ¿Te acuerdas de las dos mujeres que no podían llevarse bien una con la otra? Pablo dice: «Tienen que aprender a llevarse bien». Son dos mujeres que trabajan en la iglesia. Amigas, ¿no tenemos lo mismo en nuestras iglesias hoy en día, mujeres que no se llevan bien entre ellas?

Pablo dice: «Humíllense». Pero aquí en el capítulo 2, en el medio del libro de Filipenses, está el retrato maravilloso del Aquél que fue el más humilde de todos los tiempos, y que también es el más exaltado de todos los tiempos, el Señor Jesucristo.

Así que se dice en los versículos 1 y 2, «si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión, haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito». Él está hablando al cuerpo aquí, a una iglesia local.

El está diciendo, «oigan, ustedes allá, en Filipos y la gente allí en Little Rock o en Chicago o en Filadelfia o en Santo Domingo o dónde vivas, en tu iglesia local allí, sean de una sola mente, estén de común acuerdo».

Tú dices: «¿Significa eso que no podemos tener ninguna diferencia, o ningún desacuerdo?» ¡No!, van a tener diferencias, pero serán capaces de humillarse, y de amarse a través de esas diferencias, y de tomar los pasos adecuados para buscar y agradar al Señor.

En tu matrimonio, él dice, «Ustedes, marido y mujer, sean de un mismo sentir». Eso no quiere decir que no aporten sus diversas fortalezas en su matrimonio. Esto no significa que no expresen sus propias opiniones en su matrimonio, sino que significa que ambos, esposo y esposa, deben estar sujetos al señorío de Cristo. Y ahora ella jamás querrá salirse con la suya o pensar que su manera es la correcta, y él tampoco querrá hacerlo, provocando ese aparentemente inevitable conflicto.

Ahora hay dos personas que se han unido, se han humillado, se han postrado juntos, han inclinado las rodillas y el cuello ante el señorío de Cristo y han dicho: «Señor, Tú tienes el control de este matrimonio, de esta casa, de esta iglesia. Haz tu voluntad y no la mía. Hágase tu voluntad». Así es como logran hacerse de un mismo sentir y de una misma mente.

Y Pablo dice en el versículo 3: «Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria». No hagas lo que estás haciendo para tratar de verte mejor, para alcanzar superioridad, «sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo». Otra traducción dice, «cada uno considere a los demás como mejores que él mismo». (Dios Habla Hoy)

Permíteme preguntarte. Piensa en tu pareja. Piensa en las personas de tu pequeño grupo, en las personas de tu entorno, del trabajo, las personas con quienes vives y trabajas y asistes a la iglesia. ¿Consideras a todas aquellas personas como más importantes que a ti misma?

Te diré que hará un mundo de diferencia en tu matrimonio, si empiezas a mirar a tu marido a través de los ojos de la humildad, si lo consideras como más importante que a ti misma. Y ¿quién se va a preocupar por mí? Dios lo hará.

Humíllate y Dios te exaltará. Él se ocupará de tus necesidades. «Bueno, ¡pero solo seré como un limpiapiés!» Voy a decirte una cosa. Si te acercas a tu marido con un espíritu humilde y manso, probablemente encontrarás que tu marido te pondrá en un pedestal tan alto que se necesitará un telescopio para encontrarte.

No estoy diciendo que eso va a ocurrir con certeza. Puede que no. Quizás tu esposo no tenga un corazón para el Señor. Pero hay algo en nosotros, incluso como seres humanos, que es atraído por la humildad.

Cuando piensas en tus hijos –cuando se humillan y manifiestan un espíritu dócil, flexible y sensible, ¿no estás más atraída a ellos que si vienen con los brazos cruzados, con una mirada desafiante y resistiendo tu liderazgo y tu autoridad?¿No te ves tentada a resistirles cuando ves que ellos te resisten a ti?

Pues Dios resiste a los soberbios, pero Dios se acerca a los humildes. Así que él dice, «Considera al otro como más importante que a ti». Tienes que tener el Espíritu de Cristo para hacerlo. Porque eso no es natural, eso es sobrenatural.

Luego Pablo dice en el versículo 4, «no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás». No pienses solamente en tus gustos, tus intereses, tus cosas, tu familia, las cosas que son de interés para ti. Mantente atento a los intereses de los demás.

Cuando te dispongas a reunirte con alguien, pregúntate a ti misma, «¿cómo puedo conectar con esta persona? ¿Qué hay en su corazón? ¿Cómo puedo saber cuáles son sus necesidades? ¿Sus cargas? ¿Sus preocupaciones?» Muestra un interés por los demás.

Versículos 5-7: «Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo». Ese es el corazón de la humildad. Tomar forma de siervo.

Tú dices: «Sí, no me molesta ser siervo, mientras nadie más me obligue a servir. Quiero elegir a quien sirvo, cuándo sirvo y cómo sirvo». ¿Verdad? Dios dice: «No, hazlo como lo hizo Jesús. Él se hizo de ninguna reputación y tomó la forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres».

Este es el Creador del universo que se inclina para lavar los pies de la persona quien le iba a traicionar, tomando forma de siervo. Nunca eres más parecida a Jesús que cuando te humillas para servirle a tu familia o a tu iglesia.

«Y hallándose en forma de hombre», dice el versículo 8, «se humilló a sí mismo, haciéndose obediente». Esa es otra marca de la humildad, la obediencia. Obediente. Flexible. Sensible a la autoridad dada por Dios. Él obedeció la Palabra de Dios. Él obedeció la voluntad de Dios. Él obedeció a las autoridades humanas que Dios puso en su vida.

¿Y qué tanto obedeció? ¡Hasta el punto de muerte! Me refiero hasta rendir la vida, incluso hasta llegar a la muerte en la cruz ¿Y qué pasó? Aquí está el principio de Dios en marcha. Tú te humillas. Dios te exaltará.

Los versículos del 9 al 11 dicen: «Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús SE DOBLE TODA RODILLA de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre».

Y Pedro nos lo dice de esta manera, en el capítulo 5 de primera de Pedro, «revestíos de humildad en vuestro trato mutuo» (v. 5). Quiero retarte: al vestirte por la mañana asegúrate no solo de tener ropa puesta, asegúrate también de tener puesta la humildad. Vístanse, todas ustedes, con humildad hacia los demás.

Debes ponértela antes de salir de tu dormitorio por la mañana. Debes ponértela antes de ver a tu marido. Debes ponértela antes de ver a tus hijos. Debes ponértela antes de llegar al trabajo.

«Revestíos de humildad hacia los demás, porque Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes». La gracia es algo que tú y yo necesitamos desesperadamente todos los días en cada momento de nuestras vidas.

Nunca recibirás la gracia de Dios hasta que aprendas a humillarte. «Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte a su debido tiempo» (1 Pedro 5:6).

Quiero decirles amigas -–lo he dicho muchas veces en los últimos años y lo diré de nuevo. Nunca te irá mal en el camino de la humildad.

Así que cuando te acuestas por la noche, te vuelves hacia la pared, con la espalda está hacia su esposo; hay una montaña de hielo entre los dos. Muchas cosas hirientes se han dicho. Él lo empezó. Tú lo empezaste. Seguro sabes que en esos momentos, ya no importa, ¿verdad?

Pero estás diciendo, «él tiene que humillarse a sí mismo». Y Dios te está diciendo: «Humíllate tú». Corre hacia la cruz. A ver si tú puedes llegar primero. Toma la mente, el corazón de Jesucristo, el siervo, el que considera los intereses de los demás por encima de los suyos, y «humíllate».

Trata de ser tú la primera en pedir perdón cuando has hablado de forma áspera a un miembro de la familia –quizás has disciplinado un niño con ira. Regresa, pídele perdón. Dile, «estaba equivocada y he pecado. ¿Podrías perdonarme por favor?» Y si no puedes expresar las palabras con tu boca, entonces di, «Dios, necesito la gracia incluso para humillarme y poder decir las palabras».

En todas las circunstancias y las situaciones de la vida hay un camino de humildad que puedes tomar. Puedes optar por vestirte de humildad. Más de Cristo, menos de ti. Todo de Cristo, nada de ti. Ese es el camino de la humildad.

Quizás al principio pienses, «me van a pisotear. Mis necesidades no serán llenadas». Te puedo asegurar que tus necesidades serán llenadas. Dios se acercará a ti. Él te cuidará. Él mismo te prodigará Su gracia cuando adoptas la actitud de humildad. De lo contrario, pasarás toda la vida con Dios en tu contra.

Eso es lo que está pasando en nuestras iglesias hoy en día. Matrimonios, individuos, parejas, familias –Dios se opone a ellos a causa de su orgullo. Dios dice: ¿Quieres avivamiento? Yo avivo los corazones de los quebrantados, de los humildes, de los que se dan cuenta de que no son nada y que Yo soy todo».

Oh Señor, cuánto te pedimos que nos concedas un bautismo de humildad. Sumérgenos en ella. Vístenos de ella. Que elijamos el camino de la humildad como lo hizo Jesucristo por nosotros. Aquél que siendo rico se hizo pobre para que nosotros por medio de su pobreza llegáramos a ser ricos.

Señor, ayúdanos a despojarnos de ese orgullo, de ese modo de pensar feo, corrompido, y egocéntrico que nos mantiene en esclavitud. Y, Señor, devuélvenos a nuestros hogares convertidas en mujeres que caminan en humildad, en nuestras iglesias, en nuestros lugares de trabajo. Para exudar la humildad de Cristo, para emitir la fragancia de la humildad del Señor Jesucristo, no para que otros puedan decir: «Mira qué humilde ella es», sino para que puedan decir: «Mira cuán grande es Dios».

Que Tú seas exaltado. Te lo pido en el nombre de Jesucristo, Amén.

Annamarie: «Más de Cristo, menos de mí. Todo de Cristo, nada de mí». Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado hablando acerca del camino de la humildad.

Todas somos tentadas a enorgullecernos y debemos cultivar la humildad en nuestras vidas. Una persona que ha influído en Nancy acerca de este tema es Dick Eastman, y le pedimos que compartiera con nosotras algunas de sus ideas sobre el capítulo 2 de la carta a los Filipenses. Aquí está él con nosotras.

Dick Eastman: Sabes, nunca ha habido un avivamiento en la historia en el que la cualidad fundamental de la humildad no haya sido manifestada de manera absoluta. Todos nosotros estamos tan familiarizados con la gran directriz que aparece en 2 Crónicas 7:14, y que es citado a menudo cuando se habla de avivamiento.

Sin embargo, a veces perdemos de vista el hecho de que la primera cosa que se menciona no es la oración, y ni siquiera el arrepentimiento, a pesar de que es lo que sigue inmediatamente después. Pero es: «Si mi pueblo se humillare, si mi pueblo que lleva mi nombre...» Todos sabemos que lo primero es «se humilla». Y luego, sigue con la oración y con el buscarle a Él. Si te das cuenta, la oración de la cual se habla aquí no es simplemente aquella que pide a Dios bendiciones y cosas; esta oración consiste en la misma esencia de lo significa buscarle a Él, clamar a Él por quién Él es.

Luego vemos: «si nos alejamos de nuestros malos caminos», que es, por supuesto, el arrepentimiento; Él promete primero perdonar nuestros pecados y luego sanar nuestra tierra. Realmente no podemos entender lo que realmente significa la humildad sin visualizar inmediatamente a Cristo y Su cruz.

Un pasaje en particular, donde vemos con tanta claridad la descripción de la vida de Cristo y Su humildad se encuentra en Filipenses capítulo 2. Al leer aquí en el versículo 2, en la versión de la Nueva Traducción Viviente, vemos que Pablo está suplicando a los creyentes de Filipos. Él dice: «Entonces, háganme verdaderamente feliz poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes, amándose unos a otros y trabajando juntos con un mismo pensamiento y un mismo propósito».

Luego, en el siguiente versículo en esta traducción él expresa tres cosas que no debemos hacer, y que se ajustan bien a este tema en el día de hoy. En primer lugar, dice, «no seas egoísta». Por supuesto aquí es donde comienza todo esto. Humildad. Inmediatamente después, dice, «no vivan tratando de dar una buena impresión a los demás. Sean humildes, consideren a los demás como superiores a ustedes mismos».

Luego nos ofrece el tercer «no». «No buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás» (v. 4).

A menudo he dicho que la humildad no tiene que ver tanto con minimizarte a ti mismo, sino con elevar a todos los que te rodean, porque si elevas a todo el que está alrededor de ti, automáticamente te harás más pequeño.

Los versículos del 5 al 7 luego dicen: «Haya pues en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús. El cual aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse. Sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres». Ahí está la clave.

Los versículos 7-11, «sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo. Haciéndose semejante a los hombres y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que, en el nombre de Jesús se doble toda la rodilla de los que están en el cielo, en la tierra y aun debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre».

Creo que cuando la iglesia comience a humillarse genuinamente habrá dado uno de los pasos más importantes para crear el clima necesario para un verdadero avivamiento.

Entonces podríamos decir: «Bueno, ¿cómo llego a ser humilde?» Vuelve a ese pasaje de la Escritura. No seas egoísta. Eso es lo primero. Otra cosa es: No vivas para hacer una buena impresión en los demás, sino sé humilde, pensando en los demás como superiores a ti mismo. Y luego ese tercer «no». No pienses solamente en tus propios asuntos, interésate también en los asuntos de los demás.

Históricamente, cuando miramos hacia atrás, vemos que los grandes líderes que han hecho el mayor impacto eran humildes, centrándose en los demás. La humildad implica un sacrificio de algo; es la entrega de uno mismo. Es por esto que es primero en la lista. Dice 2 Crónicas 7:14: «Si mi pueblo se humilla». Un espíritu de humildad es clave para que se produzca un avivamiento.

Annamarie: Has estado escuchando a Dick Eastman hablar acerca de la humildad. Escucharemos de él nuevamente en el programa del viernes. 

Si estás siguiendo este estudio titulado, «En busca de Dios» junto a un grupo de hermanas y amigas, recuerda que puedes encontrar tanto los audios como las transcripciones de estos programas en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Allí, en nuestra tienda en línea, también encontrarás información del libro que lleva el mismo título de esta serie de programas.

Mañana Nancy nos hablará acerca de la relación entre el avivamiento y la humildad. Asegúrate de acompañarnos aquí en Aviva Nuestros Corazones para juntas continuar arraigando nuestras vidas en Cristo.

Siguiendo el ejemplo de Cristo juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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