Podcast Aviva Nuestros Corazones

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En busca de Dios | Avivamiento: ¿quién lo necesita? Semana 1

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Annamarie Sauter: ¿Cuándo fue la última vez que tomaste una evaluación de orgullo? Examina tu corazón con estas preguntas.

Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a un miembro de tu familia, o a un compañero de trabajo, «estaba equivocada, ¿podrías por favor perdonarme?» Déjame decirte que si hace más de un mes, márcalo, porque ¿no has pecado en un mes?

Cuándo fue la última vez que le dijiste eso a tu esposo? «Estaba equivocada. ¿Podrías por favor perdonarme?» ¿Por qué se nos hace tan difícil decir esas palabras? ¿Por qué? Porque somos orgullosas.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es 1 Samuel capítulos 13 al 14.

Todas necesitamos avivamiento. Nancy ha venido explicando por qué, en esta serie titulada «En busca de Dios». Esta, es un estudio de 12 semanas que nos guía a experimentar el gozo de un avivamiento en la relación personal con Dios. Si ya adquiriste el libro también titulado, «En busca de Dios», que acompaña esta serie de programas, hoy estarás estudiando la lección 2, el día 1.

Aquí está Nancy.

Nancy: En esta semana queremos hablar de lo que bíblicamente, pienso yo, es uno de los elementos más fundamentales para buscar al Señor.

Es la base fundamental para experimentar y disfrutar de la presencia del Señor en avivamiento personal y en avivamiento corporativo. Es el lugar para empezar. Si saltas este paso, nunca experimentarás avivamiento. Si no observas este principio muy fundamental, nunca experimentarás la cercanía de Dios ni en tu vida, ni en tu matrimonio, ni en tu hogar.

¿Cuál es? Bueno si vamos a 2 Crónicas capítulo 7, en el versículo 14; conocemos este versículo. La Escritura dice que «si se humilla mi pueblo, sobre el cual es invocado mi nombre y…» ¿Qué es lo primero que ocurre? «Se humilla mi pueblo...» La humildad.

Humildad, la cosa que todos dicen que quieren, pero que la mayoría de nosotros no nos percatamos cuánto nos hace falta y cuánto la necesitamos. Vemos la ausencia de ella en otras personas más que en nuestras propias vidas.

Así que durante los siguientes programas queremos hablar acerca de la humildad y sobre lo opuesto a la humildad, que es el orgullo. Así que, al revisar el orgullo, trataremos de entender qué es lo que Dios necesita cambiar y de lo que necesitamos arrepentirnos para tener corazones humildes.

Isaías capítulo 57, en el versículo 15, nos dice qué tan importante es la humildad para Dios. «Porque así dice el Alto y Sublime que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: Habito en lo alto y santo». 

Presta atención a todas las referencias a Dios en cuanto a Su altura. Él es alto. Él es exaltado. Él es elevado. Él está en lo alto y por encima de nosotros. Dios dice: «Mi dirección, el lugar donde Yo vivo es este lugar alto y santo». Él es trascendente. Él está por encima de nosotros y más allá de lo que podríamos imaginarnos.

Pero Dios dice: «Yo tengo otra dirección». Hay otro lugar donde Yo vivo aparte del lugar alto, santo y exaltado. Yo también moro «con el que tiene un espíritu contrito y humilde». 

Así que Dios dice: Yo moro en este lugar alto y trascendente más allá de lo que te puedas imaginar, de lo que puedas obtener, pero también moro con aquellos, estoy cercano a aquellos, me siento en casa con aquellos, que tienen un espíritu contrito y humilde. «Para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los contritos» (Isa. 57:15).

¿Quieres experimentar avivamiento en tu vida? Se empieza con un espíritu contrito y humillado. ¿Quieres experimentar avivamiento en tu hogar, en tu matrimonio, con tus hijos? El lugar para comenzar es con la humildad, con un corazón humilde, quebrantado y humillado. Así que, Dios que es alto y exaltado dice: «En efecto, Yo me inclino para encontrarme con aquellos que tienen un espíritu contrito y humilde».

Ahora, como mencionábamos, el orgullo es lo contrario a un espíritu humilde, así que quiero que hablemos acerca de lo que es el orgullo. ¿Cómo se ve? ¿Cómo luce? ¿Qué siente Dios al respecto? ¿Cómo podemos identificar su evidencia en nuestras vidas?

El orgullo es la exaltación propia. Dios dice: «Yo soy el alto. Yo soy el elevado». Orgullo es cuando decimos, «yo soy el alto. Yo soy el elevado». Ese fue el primer pecado de Satanás. Eso es lo que lo metió en todo aquel problema. «Yo seré como Dios». Exaltación propia.

Elevándonos a nosotros mismos; y cuando nos elevamos a nosotros mismos, por consiguiente bajamos a Dios. ¿No es eso lo que hacen los sistemas de nuestro mundo? Deifican al hombre y humanizan a Dios, bajándolo a nuestro nivel y tratando de elevarnos a Su nivel. 

El orgullo es un sentimiento de presunción. Es mi mundo girando alrededor de mí. Es egocentrismo. Es ensalzamiento propio. Son todas esas palabras egoístas. Orgullo.

Jonathan Edwards dijo:

(El orgullo) es…«el primer pecado que entró al universo y el último en ser arrancado. Es el enemigo más obstinado de Dios».

El orgullo es mucho más difícil de discernir que cualquier otro tipo de corrupción debido a su naturaleza. El orgulloso es una persona que tiene una opinión muy elevada de sí misma. ¿Nos debe sorprender, entonces, que una persona que tiene una opinión muy elevada de sí misma no esté consciente de ello? El orgullo nos hace ciegos a nuestros fracasos, a nuestras debilidades, a nuestra necesidad. Nos hace pensar que estamos bien.

Ahora bien, escuchamos mucho hoy en día acerca de la autoimagen y la gente está diciendo, «tengo una pobre autoimagen». «Tengo una autoestima baja». De acuerdo a la Escritura, el problema es lo contrario. Es que pensamos tanto acerca de nosotros mismos que fácilmente nos lastimamos cuando otros no tienen una elevada opinión de nosotros también.

«Es la actividad –como ha dicho un escritor– de pensar mucho de nosotros mismos y el hacer mucho de nosotros mismos». Oswald Sanders dijo que el egoísmo o el orgullo «es la práctica de pensar o hablar mucho de sí mismo, el hábito de engrandecer los logros o la importancia de uno mismo. Nos lleva a considerar todas las cosas en relación a nosotros mismos, en lugar de verlas en relación con Dios y con el bienestar de su pueblo».

De forma que decimos, «¿cómo me afecta esto a mí?» La manera en que mi esposo se está comportando, la manera en que mis hijos actúan, la manera en que mis compañeros de trabajo me tratan, el estado del tiempo, mi estado de salud, ¿cómo me afecta esto a mí? ¿Cómo me hace sentir esto?» En lugar de decir: ¿Qué piensa Dios acerca de esto? ¿Cómo le ayuda esto a la salud, al bienestar del pueblo de Dios?

Déjame pedirte que abras tu Biblia en el libro de Proverbios, en el capítulo 26.

Este pasaje está primordialmente hablando de un necio.

Versículo 1: «Como nieve en el verano y como lluvia en la siega, así la honra no es apropiada para el necio».

Versículo 3: «El látigo es para el caballo, el cabestro para el asno, y la vara para las espaldas de los necios». Así es como debes lidiar con los necios.

Mira el versículo 11; esta es una imagen un poco desagradable, pero dice: «Como perro que vuelve a su vómito es el necio que repite su necedad». Sigue regresando a lo mismo.

Después de leer esos primeros once versículos, ¿quieres tú ser una necia? ¿Dirías que es muy detestable el ser un necio? Sí, lo es. Ahora mira el versículo 12: «¿Has visto a un hombre que se tiene por sabio? Más esperanza hay para el necio que para él». ¿Qué es peor que ser un necio? El ser orgulloso.

¿Cómo ve Dios el orgullo? Él dice en Proverbios capítulo 8, que Él lo odia (ver versículo 13). Él odia el orgullo y la arrogancia y el mal camino. Él dice en Proverbios 16 que es abominación delante de Él (ver versículo 5). Dios detesta el orgullo. Dios es el único que es alto y exaltado.

Nos exaltamos a nosotras mismas cuando centramos nuestro mundo alrededor de nosotras mismas. Dios dice, «eso es abominación para Mí. Lo odio». En realidad, de acuerdo a las Escrituras, el pecado más atroz que cualquier hombre o mujer pudieran cometer, es el pecado del orgullo.

Ahora, no tendemos a pensar del pecado de esta forma. Cuando pensamos en pecados atroces, lo que viene a nuestra mente pueden ser algunos de esos tipos de pecados de perversión sexual o maldad, pecados repugnantes que hay en nuestra cultura a nuestro alrededor, cosas que, por lo general, no constituyen nuestros pecados.

Sin embargo, cuando Dios hace una lista de siete cosas, en Proverbios capítulo 6, que son abominación para Él, ni siquiera menciona esas cosas. Pero sí menciona el orgullo. Ahí mismo en esa primera lista, donde hace referencia a las cosas que Dios particularmente odia. (Ver versos 16-17).

«Porque el Señor es excelso», dice el Salmo 138 versículo 6, «y atiende al humilde, mas al altivo conoce de lejos». Dios es excelso. Él dice: «Yo me inclino a aquellos que se humillan, aquellos que son humildes, aquellos cuyo mundo está centrado alrededor de Dios en lugar de alrededor de ellos mismos». Dios dice, «si eres altivo, si eres orgulloso, si eres egocéntrico, te voy a mantener a distancia. No me puedo acercar a ti. Te voy a conocer de lejos».

Nunca te vas a poder acercar a Dios hasta que dejes que Su Espíritu Santo venga y arranque las raíces, los terrones del orgullo. Eso es lo que nos mantiene lejos de Dios. Eso es lo que mantiene la presencia y el poder de Dios fuera de nuestras iglesias. Es el orgullo.

Así que tú dices, «está bien, yo quiero ser humilde». ¿Cómo sé que soy humilde? ¿Cómo llego ahí, y qué tengo que hacer para ser humilde?

Déjame decirte lo que C.S. Lewis dijo al respecto. Él dijo: «Si alguno quisiera adquirir humildad, yo pienso que puedo indicarle el primer paso». ¿Estás lista para esto? ¿Quieres escribirlo? «El primer paso es darse cuenta de que uno es orgulloso». Él dijo, «si tú no crees que eres vanidoso, quiere decir que en verdad eres muy vanidoso».

Ahora bien, no creo que me guste esta cita, pero pienso que hay mucho de verdad en ella.

He podido listar cuarenta evidencias de orgullo. Muchas de ellas las conozco bien porque son cosas que puedo ver en mi propio corazón manifestadas de diversas maneras. No trates de escribirlas. Las haremos disponibles para ti en la transcripción, pero esto es lo que quiero que hagas. Si tienes papel y lápiz, quiero que hagas una nota en tu papel, o mentalmente, si no lo tienes.

Mientras leo las evidencias, piensa en cuáles de ellas apuntan hacia tu corazón por medio del Espíritu de Dios, diciéndote: «Yo veo eso en ti a veces, o generalmente, o casi todo el tiempo». Determina cuáles de ellas son características, evidencias de orgullo que ves en ti misma. Esto nos ayudará a ver áreas que necesitamos identificar como orgullo en nuestras vidas. La primera es:

  • ¿Menosprecias a aquellos que son menos educados, que tienen menos riquezas, que son menos refinados o menos exitosos que tú?
  • ¿Te crees más espiritual que tu compañero o que la gente en tu iglesia o que la gente en tu lugar de trabajo, o que otros creyentes? ¿Te crees más espiritual que otros creyentes que conoces?
  • ¿Tienes un espíritu crítico hacia aquellos que tienen diferente estilo de vida que tú? Normas de vestimenta, formas de educar a sus hijos, normas de entretenimiento. Piensa en algunos creyentes que conoces. ¿Tiendes a manifestar un espíritu crítico?

Ahora bien, quizás no pienses que lo tienes. Si no estás segura sobre algunas de estas, quizás puedas preguntarle a alguien que te conoce muy bien. «¿Me conduzco de esa manera, manifiesto un espíritu crítico hacia aquellos que tienen diferente estilo de vida al mío?»

  • Aquí está otra: ¿Eres rápida para encontrar las fallas de otros y verbalizarlas a terceros? ¿Tienes una lengua afilada y crítica? Lo llamaríamos discernimiento, análisis.
  • Aquí hay otra: ¿Frecuentemente corriges o críticas a tu compañero, o a tu pastor, o a otras personas en posiciones de liderazgo –a tus hijos, maestros, al líder de jóvenes? Piensa en las personas que están en tu vida, personas en liderazgo. ¿Eres rápida para corregirlos o criticarlos directamente a ellos o lo haces con otros?
  • ¿Estás orgullosa del horario que mantienes? ¿De lo disciplinada que eres? ¿Qué tanto logras completar? ¿Sientes que eres fructífera? ¿Cumplidora? ¿Acaso es eso algo por lo que te sientes orgullosa?
  • ¿Te ves movida por la aprobación, el elogio, o la aceptación de los demás? ¿Necesitas siempre recibir una palmadita en la espalda, tener a alguien diciéndote lo bien que lo estás haciendo para no desanimarte? ¿Necesitas recibir la aprobación de los demás?
  • ¿Eres argumentativa? ¿Tienes que tener la última palabra? Piensa en cómo han sido en tu hogar los últimos dos días. Proverbios nos dice que la contención viene solo por el orgullo. Así que donde hay contención… «Sí», dirás. «Yo sé. Mi esposo es un hombre orgulloso. Por eso es que tenemos tanta contención en nuestro hogar». No, se toma más que un esposo orgulloso para que haya contención en un hogar. Se necesita un esposo orgulloso y muy seguramente, una esposa orgullosa también. ¿Eres argumentativa?
  • ¿Generalmente piensas que tu manera es la manera correcta, la única manera o la mejor manera? Piensa en cómo tú limpias tu cocina y luego viene tu esposo y lo hace diferente. ¿Es tu manera la manera correcta? ¿Tiene que ser hecho a tu manera?
  • ¿Tienes un espíritu delicado, sensible, que se ofende fácilmente? ¿Se lastiman tus sentimientos fácilmente? Esta es una evidencia más del orgullo espiritual del cual Jonathan Edwards habla –personas que toman ofensa fácilmente. Él dijo: «el orgullo espiritual en gran manera toma notas de la oposición y de las heridas que se reciben y es propenso a hablar de ellas con frecuencia…. La humildad, por el otro lado, causa que la persona sea como su bendito Señor al ser insultado; callado, no abriendo su boca, sino encomendándose a sí mismo, en silencio, al que juzga con justicia.
  • ¿Eres culpable de fingir? ¿Qué tal estás? Entonces, ¿tratas de dar una mejor impresión de ti de la que es honestamente correcta? Mira este ejemplo a ver: ¿Se sorprendería la gente que te conoce en la iglesia si viniera y descubriera cómo tú eres en casa, detrás de las cuatro paredes de tu propia casa?
  •  Otra: ¿Se te hace difícil admitir cuando te equivocas? ¿Se te hace difícil decir, «me equivoqué»? ¿O esperas a que la otra persona admita que ella se equivocó?
  • ¿Se te hace difícil confesar tus pecados a Dios o a otros? No solo en generalidades. Todas decimos: Necesito ser una mejor mujer. Necesito amar más al Señor. Necesito leer más la Biblia. ¿Y qué tal cuando se trata de cuestiones específicas. «Estoy enamorada de la comida. Estoy enamorada de la televisión. Yo amo el entretenimiento más de lo que amo a Dios». Me refiero a los detalles. ¿Se te hace difícil confesar esas cosas?
  • ¿Eres excesivamente tímida? Y dirás, «ser tímida… ¿es eso orgullo?» La timidez excesiva. ¿Qué es? Es egocentrismo. «¿Qué piensa la gente de mí?» Eso puede ser evidencia, o una forma sutil de orgullo.
  • ¿Se te hace difícil el acercarte o el ser amistoso con la gente que no conoces en la iglesia? Te quedas aferrada a tu propio grupito. ¿Se te hace difícil acercarte a gente nueva? Eso puede ser orgullo.
  • ¿Te pones a la defensiva cuando eres criticada o corregida? Ese enojo que se intensifica.. ¿qué es? Es un fruto que crece de la raíz del orgullo. ¿Por qué nos enojamos cuando alguien nos critica? Quizás no lo expresamos por fuera, pero sí por dentro, porque hieren nuestro orgullo.
  • ¿Eres perfeccionista? Aquí hay otra evidencia, quizás, de orgullo en tu vida. La manera en cómo mantienes tu casa, cómo trabajas, cómo educas a tus hijos. ¿Eres una perfeccionista? Todo tiene que ser perfecto y te impacientas o te saca de quicio la gente que no lo es.
  • ¿Tiendes a controlar a tu pareja? De paso, si no estás segura, pregúntale a tu pareja.
  • ¿Frecuentemente interrumpes a la gente cuando está hablando? El Señor verdaderamente me habló mientras yo trabajaba en esta lista. Me di cuenta de que lo que estoy diciendo cuando interrumpo al otro mientras habla, es que lo que yo tengo que decir es más importante de lo que él tiene que decir. Eso es orgullo.
  • ¿Te quejas a menudo de la temperatura, de tu salud, de tus circunstancias, de tu trabajo, de tu iglesia? Siempre quejándote. Preguntas ¿Cómo puede eso ser orgullo? Tú piensas que mereces mejor. Eso no debe estar pasándome a mí.
  • ¿Hablas demasiado de ti misma? ¿Estás más preocupada de tus problemas, de tus necesidades, de tus cargas que de las preocupaciones de otras personas?
  • ¿Te preocupa lo que otros piensen de ti? Lo que piensen acerca de tu reputación o de la reputación de tu familia. De paso, eso es algo que «mejora» la crianza de los hijos, ¿no es cierto? Las madres que dicen, «¿qué va a pensar la gente si mi hijo es así?» Eso puede ser orgullo.
  • ¿Eres negligente en expresar gratitud por las cosas pequeñas a Dios, a tu pareja, a los demás? Un espíritu malagradecido, eso es orgullo.
  • ¿Eres negligente en la oración y en el consumo de la Palabra? ¿Cómo es eso orgullo? Bueno, estoy diciendo que puedo vivir mi vida sin Dios. Puedo manejar mi vida sin Él.
  • ¿Te hiere cuando tus logros o tus actos de servicio no son reconocidos o no son recompensados? ¿En tu casa? ¿En tu trabajo? ¿En tu iglesia?
  • ¿Reaccionas mal a las reglas? ¿Y quién de nosotras no? ¿Se te hace difícil el que te digan qué tienes que hacer? ¿Tienes problemas con la autoridad? Eso es orgullo.
  • ¿Evitas participar en ciertos eventos por temor a ser avergonzada o hacer el ridículo? ¿Evitas estar alrededor de ciertas personas porque te sientes inferior al compararte con ellas? ¿Sientes que no alcanzas a llegar a su nivel?
  • ¿Te sientes incómoda al invitar gente a tu casa porque no crees que sea lo suficientemente agradable o no tienes lujos para entretenerlas?
  • ¿Se te hace difícil dejarle saber a los demás cuando necesitas ayuda? Quizás ayuda práctica o ayuda espiritual. Tienes un espíritu independiente. «Yo puedo hacerlo por mí misma. No dejaré que nadie me ayude».
  • He aquí una manera de medir tu cociente de orgullo. ¿Cuándo fue la última vez que dijiste estas palabras a algún miembro de tu familia, a un amigo, a un compañero de trabajo, «me equivoqué, me perdonas por favor?» 

Déjame decirte que si ha sido más de un mes (permíteme solo escoger un número) si ha sido más de un mes, celébralo. ¿Acaso no has pecado en lo que va de mes? ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a tu esposo, «me equivoqué, ¿me perdonas por favor»?

¿Por qué es tan difícil para nosotros decir esas palabras? ¿Por qué? Porque somos orgullosas. Tenemos que humillarnos para decir esas palabras. 

Permíteme lanzarte esta última pregunta. ¿Estás sentada ahí pensando cuántas de estas preguntas se le aplican a alguien que conoces? Te estás sintiendo muy bien porque piensas que la mayoría de estas cosas verdaderamente no se aplican a ti. Quieres conseguir la grabación de esta sesión y dársela como a una docena de personas que conoces. ¿Podrá ser esto evidencia de orgullo? 

Dios habló por medio del profeta Abdías al pueblo de Edom en los días del profeta. Abdías capítulo 1, en el versículo 3, y el dijo: «La soberbia de tu corazón te ha engañado». La soberbia de tu corazón te ha engañado. La soberbia nos hace ciegos.

Aquí está lo que Spurgeon dijo acerca de este versículo. Él dijo: «El orgullo es engañarse a sí mismo. Esos que están seguros de que no poseen orgullo probablemente son los más orgullosos. Aquellos que son orgullosos de su humildad en verdad son orgullosos. La confianza al pensar que no estamos siendo engañados solamente prueba la completa decepción bajo la cual estamos».

Así que necesitamos decir: «Señor, me podrías enseñar dónde me estoy engañando a mí misma?» ¿Ha engañado el orgullo mi corazón al no poder ver lo que Dios ve? ¿Te ha engañado el orgullo de tu corazón? ¿Te ha cegado a la verdadera condición de tu corazón?

Mientras buscas al Señor, di: «Señor, muéstrame lo que Tú ves. Revélame mi corazón. Déjame verlo como Tú lo ves. Muéstrame el orgullo en mi corazón. Y mientras me lo muestras, me arrepiento. Me humillo. Estaré de acuerdo contigo, y permitiré que me lleves a un lugar de humildad». Ese es el lugar para empezar el avivamiento.

Annamarie: Has estado escuchando a Nancy DeMoss Wolgemuth hablar acerca de lo fácil que es para nosotras ver el orgullo en otras personas pero no en nosotras mismas. Esta reflexión es parte de la segunda semana en el estudio titulado, «En busca de Dios». 

La semana pasada reflexionamos sobre lo que es un avivamiento, y esta semana estaremos viendo el tema de la humildad. ¿Qué sucede cuando le decimos: «No, gracias» a la humildad? Lo descubriremos mañana en la continuación de esta serie. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Siguiendo el ejemplo de Cristo juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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