Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Audio Player —

¿Refleja tu matrimonio el evangelio?

Annamarie Sauter: ¿Qué necesitas para ser uno con tu esposo?

Nancy DeMoss Wolgemuth:Yo pienso que no es posible que un matrimonio pueda llegar a ser uno, una sola carne, en el sentido que debería ser, si primero no están unidos a Cristo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es Números capítulos 5 y 6.

Ayer escuchamos la primera parte de una enseñanza de Nancy y Robert Wolgemuth basada en el capítulo 12 de la carta a los Romanos. Ellos lo aplicaron a los matrimonios, pero lo que han compartido es relevante para cada persona que quiere aprender a amar como Jesús.

Nancy y Robert grabaron este mensaje en una actividad que llevó a cabo el ministerio Vida en Familia, titulada, «Ama en verdad». Ayer Robert estaba hablando de uno de sus roles más importantes como esposo: orar por su esposa y guiarla en oración.

Nancy: Esto ha sido de gran bendición en nuestro matrimonio y en nuestra relación de noviazgo. A primera hora de la mañana, esta mañana, Robert se levantó cuando aún estaba oscuro; se levantó a tomar café con su Biblia en la mano. Yo aún estoy medio dormida, pero lo suficientemente alerta para que él incline su cabeza junto a la mía y le encomendemos el día juntos al Señor…oramos.

En la noche, es todo lo contrario; ¡él está exhausto! !Y yo estoy lista para trabajar! Pero en la mañana nosotros oramos, él ora. No es algo largo, no es algo complicado teológicamente, pero es algo realmente dulce. Y a una esposa, hermanos, esto le da seguridad…yo sé que es un riesgo. Nos hacemos vulnerables cuando hacemos esto, y a veces parece que es mucho más difícil con la persona más cercana a ti. Pero qué gran bendición ha sido esto para nuestro matrimonio.

Robert: Ah, gracias. 

Nancy: …que tú nos guíes para ir juntos al trono del Señor. ¡También es difícil permanecer disgustados el uno con el otro cuando oramos juntos! Así que esto nos ha ayudado a nosotros en nuestro diario vivir.

Robert: Sí, y tú no dices: «Amado Señor, ayuda a Nancy a ver las cosas a mi manera». Y como dijiste, no tiene que ser algo complicado. Usualmente en la mañana, porque yo me despierto primero que Nancy, por lo general yo me levanto de la cama cuando aún está oscuro. Si ella aún está dormida, yo no la despierto para orar. (No le digo: «¡Despiértate, querida, voy a orar por ti!»)

Pero ella extiende su mano, para hacerme saber que ella está despierta—bueno casi despierta. Así, literalmente, yo me recuesto en la cama y reclino mi cabeza junto a la de ella. Y digo: «¡Buenos días, Señor Jesús. Gracias por este nuevo día. Te ofrecemos este día. Ayúdanos a honrarte en todo lo que hagamos y digamos y pensemos. Te amamos. Gracias por amarnos a nosotros!» Y luego le digo a Nancy: «Te amo», y le doy un beso. Eso toma, ¿cuánto… quince segundos?

Entonces, hazlo. Solo hazlo. Sabes, si pudiera acercarme a cada uno de ustedes—a los hombres que están aquí—yo les diría en el amor del Señor: «¡Ah, por favor! ¡Trata, intentalo!»

Entonces, ¿qué significa eso? Tú dijiste…

Nancy: ¡Sería grandioso!

Robert: Sí. Y me estoy humillando delante del Señor. Estoy admitiendo que, si Él no está en mi día—sin Su control en este día—¡yo no puedo hacer nada! ¿Amén? ¡Amén! Así que ora, da gracias, y regocíjate. «Wow, yo me pregunto ¿cuál es la voluntad de Dios para mí?» Eso es; ¡está en la Palabra! Entonces, ¿estás listo para continuar? Romanos 12, versículo 3.

Nancy: Me gusta eso, que no pensemos de nosotros mismos más alto de lo que debemos; que no tengamos más alto concepto de nosotros que el que debemos tener.

Robert: Eso nunca sucede en el matrimonio, ¿no es así?

Nancy: La importancia de tener una actitud humilde de nosotros mismos y no competir el uno con el otro. Pero no es cierto que cuando tenemos diferentes perspectivas . . . de hecho, nos dice que esas diferencias son algo bueno; que nosotros necesitamos eso. Nosotros necesitamos ser diferentes, necesitamos tener esas diferencias.

Pero en esas diferencias, ¿no tenemos la tendencia natural de tener un concepto más elevado de nosotras? Y un concepto más bajo de los demás. Pero Pablo dice: «que no piense más alto de sí que lo que debe pensar» (ver Romanos 12:3).

De hecho, Pablo dice en Filipenses que estimemos cada uno a los demás «como superiores a nosotros mismos» (ver Filipenses 2.3). Y continuar nuestro día con esa discusión o tema de conversación, teniendo en cuenta que, «no es exaltándome a mí misma sino exaltando a Cristo, y apoyando a mi esposo en su perspectiva, opiniones y deseos», y hablaremos de eso un poco más. 

Robert: Es difícil ser humildes, ¿no es cierto? Es un don. El Espíritu Santo nos da la habilidad de no pensar en nosotros mismos. Cuando yo me casé con Nancy, ella tenía cincuenta y siete años, y nunca se había casado. ¿Hay alguien aquí que tenga cincuenta y siete años? ¡Mira! ¡Exactamente cincuenta y siete! Ahora, imagínate casarte hoy trayendo todo eso al matrimonio.

De hecho, yo tenía sesenta y siete años, cuando estábamos de novios. Nancy dijo: «¡Sabes, si esto no funciona entre nosotros, mi mamá todavía está disponible!» ¿Tú dijiste eso?

Nancy: Tal vez…

Robert: ¡Ah, boo!

Nancy: Él está más cerca de la edad de ella que de la mía

Robert: Yo dije: «¡No gracias, yo te quiero a ti!» Estamos hablando de humildad. Yo tenía sesenta y siete años, y había estado casado por casi cuarenta y cinco años (con mi primera esposa y enviudé). Yo no creía que necesitaba mucha ayuda en esto. ¡Y estaba seguro de que no necesitaba que las personas me dijeran lo que debía o no debía hacer con respecto a Nancy!

Pero le dije al Señor: «Yo soy un hombre pecador». Esto no lo digo por presumir. Y dije: «Señor dame un espíritu humilde». Porque Nancy nunca se había casado, ella no tenía hijos; ¡pero créanme!, Aviva Nuestros Corazones era como una familia. ¡Ella tiene amigas muy cercanas, y ellas querían saber quién era este señor y cuáles eran sus intenciones!

Así que le pedí al Señor que me diera humildad para poder tener paciencia, para escuchar, para comprender. ¿Por qué? Por lo que siempre digo: ¡Porque Nancy vale la pena! Esa era la meta más importante. Y el Señor fue realmente bueno y me dio Su Espíritu de humildad para escuchar a todas estas personas y sus consejos—sus advertencias, su incomodidad con esta persona que estaba interviniendo en sus vidas.

Ellas la tuvieron toda para ellas (¿entienden?) ¡Pero no más! ¡Así es ahora! Como dijo Nancy, podríamos hablar de esto toda la mañana—que no tengamos más alto concepto de nosotros mismos que el que debemos tener en nuestros matrimonios. ¿Amén? Amén. 

Nancy: Es que somos un solo cuerpo, con muchos miembros…¿es eso lo que quieres decir, Robert ?

Robert: Sí.

Nancy: Pero los miembros no tienen la misma función. Somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros individuales los unos de los otros. Sabemos cómo se refleja esto en nuestra relación con Cristo. Pero en el matrimonio, el hecho de que somos uno, un solo cuerpo, que hay unidad ahí, no excluye el hecho de que hay diversidad. Somos diferentes. Nosotros traemos diferentes dones y cualidades—y necesidades—a nuestros matrimonios.

Robert: Correcto.

Nancy: Nuestra unidad con Él, con Cristo, es donde todo empieza. Somos miembros; somos uno en Cristo, eso nos hace uno. Yo no creo que sea posible que un matrimonio pueda realmente ser uno, una sola carne—de la manera que debería ser—si primero no estamos unidos a Cristo. Pero entonces, siendo uno, nosotros entendemos que somos miembros diferentes.

Y valoramos y celebramos esas diferencias (de hecho, Pablo, va a hablar de eso en el siguiente párrafo en Romanos, de que los dones son distintos según la gracia que nos ha sido dada). Debemos celebrar esos dones. Es decir, nosotros tenemos muchas, muchas similitudes (Robert y yo); pero también enfocamos las cosas desde una perspectiva diferente—es decir, hombre/mujer, diferentes cualidades, diferentes dones, diferentes experiencias en la vida.

Incluso nos dimos cuenta preparándonos para esta sesión, que cada uno la preparó de manera muy diferente. Nosotros presentamos de manera diferente. Y pienso: ¿Cómo hacer esto como uno en Cristo? Bueno, la forma de hacer esto es celebrando la manera como Dios ha diseñado a Robert. No es un asunto de que: «Yo lo hago mejor y él no lo hace tan bien». Sino de decir, «yo le doy gracias a Dios por la forma como Él lo ha dotado. Y necesito esos dones en mi vida». Y quizás yo necesito su habilidad para ser más espontánea, y tal vez él necesita algunas cosas de mí que no son tan espontáneas.

Robert: ¡Tal vez. . . tal vez! 

Nancy: Pero nosotros celebramos esas diferencias, y eso es vivir la humildad en nuestro matrimonio.

Robert: Es tan interesante, el concepto de ser una sola carne. Como dice en Génesis 2: que el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne. Este texto se usa mucho para ilustrar a la iglesia como la novia de Cristo. Pero, ¿sabes qué? ¡Tú y tu esposo también son la novia de Cristo!

Cuando nosotros empezamos a planear nuestra boda—y eso fue realmente increíble, especialmente para mí, ¡porque Nancy hizo casi todo el trabajo! ¡Pero la idea de que nosotros somos la novia de Cristo fue algo grandioso! Así que este capítulo también se relaciona contigo y conmigo como marido y mujer, siendo uno, ¡eso me encanta!

Bueno, entonces vamos al versículo 9: «(Maridos), el amor sea sin hipocresía». No hay lugar para falsedades, amén.

Nancy: Y la siguiente palabra: «aborreciendo», algunas traducciones dicen: «rechazando». «El amor sea sin hipocresía; aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno». Así que hay un lugar para «el amor que aborrece». Y lo que hacemos es aborrecer lo malo y al malo, y sus influencias en nuestras vidas y en nuestro matrimonio.

Y nos amamos el uno al otro tanto que queremos que Dios, por Su gracia, deseche todas las cosas que hay en nosotros que no son como Jesús, así que nos aferramos, para valorar lo que es bueno. Robert dice a menudo: «Señor, que sea yo el primero. Señor examina mi corazón, muéstrame lo que no es puro en mí».

Robert: Así es.

Nancy: Algo bello para mí, ya que no había estado casada antes, es que ahora tengo a alguien que me ama tenaz y tiernamente, persistente y hermosamente. Pero parte de ese amor por mí es que él no solo aborrece lo que es malo en su propia vida, y se arrepiente pronto de eso y busca el perdón, sino que él aborrece lo que es malo en mi vida también.

Eso es parte de su amor por mí. Y eso puede ayudarme—y a ambos—no para estar a la defensiva cuando no podemos ver las cosas igual. Yo tengo una amiga que siempre decía: «El último en saber que tiene un roto en la chaqueta es el que la tiene puesta». Así que nos necesitamos el uno al otro porque tenemos puntos ciegos.

Yo nunca había vivido con alguien que me señalara—de manera paciente, constructiva—mis puntos ciegos, ¡porque yo no los podía ver! Así que es muy fácil estar a la defensiva y pensar: ¡Mira primero tus propias faltas hombre! Pero debo estar agradecida porque el amor de este hombre por mí, y mi amor por él, hace que queramos ayudarnos el uno al otro para que veamos esos puntos ciegos.

Robert: ¡El asunto en el matrimonio es que es algo constante, de todos los días! Tuviste un gran día ayer; qué bueno. Sigue adelante, hoy es otro día y tiene nuevos retos. 

Nancy: ¡El adversario está (otra vez) buscándonos hoy!

Robert: Es como aquellos que viven en Denver, y hoy riegan el jardín. Pero mañana también tienen que regarlo, porque el suelo es pura arena. Así que lo riegas todos los días. Tú haces eso diariamente. ¡Y honestamente, el gozo que esto produce en tu matrimonio –con tu esposa– vale la pena!

¿En qué hay más bendición que en recibir? En dar, ¿ves? Nosotros recibimos cuando damos. Alguna vez has estado en una situación (esto no es algo hipotético, porque todos lo hemos hecho) donde piensas: «¡No aguanto más! Ella se tiene que disculpar por lo que ha hecho! ¡Podrías estar esperando mucho tiempo para que eso pase!

Entonces ¿cómo motivarla para que ella te pida disculpas? ¿Cuál es la respuesta a esta pregunta? ¡Tú lo haces primero! Y con esto das el ejemplo.

Nancy: Estamos hablando de «correr hacia la cruz»—a ver quién llega primero. Nosotros realmente tratamos de hacer eso.

Robert: Amén, así es.

Nancy: A propósito (quiero hacer un pequeño paréntesis aquí), cuando nos casamos, nosotros sabíamos que no íbamos a tener tantos años juntos, como aquellas parejas que se casan muy jóvenes. Y así, nosotros nos propusimos no desperdiciar un solo día poniendo barreras entre nosotros, con disgustos, demandando derechos. ¿Por qué desperdiciar una semana estando disgustados el uno con el otro? 

¡Resolvamos el asunto ahora! No es que no surjan situaciones. . . las tenemos. Pero nosotros decimos: «Resolvamos el asunto y sigamos adelante». Nosotros no queremos privarnos del gozo de los meses, o años que el Señor nos quiera a dar en esta vida.

Robert: Y mira esto: «Sed afectuosos unos con otros con amor fraternal» (v.10).

Nancy: Tú siempre has dicho, Robert, que el ingrediente más importante en el matrimonio es… 

Robert: En nuestra primera conversación, cuando estábamos pensando en la posibilidad de una relación, yo dije: «¡Yo anhelo tanto tener una amistad contigo!» A eso es a lo que se refiere: una amistad. Pero algunas personas le hablan más cariñosamente a sus perros que a su pareja... ¿cierto?

Nancy: O a los amigos...

Robert: Bobbie, mi difunta esposa, era una persona que inspiraba a otros, ella era propensa a dejarse llevar por sus emociones. Hubo una ocasión en que nos estábamos gritando el uno al otro en la cocina. No solo alzando la voz. ¡Estábamos gritándonos el uno al otro!, y el teléfono sonó.

Ahora, si tú me hubieras dicho: «¿Has perdido el control?»

Yo hubiera dicho: «¡Sí! ¡Estoy totalmente fuera de control!»

Esto era en aquella época, cuando los teléfonos se colgaban en la pared de la cocina y tenían un cable largo. Yo contesté, y dije (agradablemente), ¿hola?»

Nancy: Todos hemos hecho eso, ¿verdad?

Robert: ¿Sabes por qué? Porque era un amigo el que me estaba llamando. Yo pensé que estaba fuera de control. No lo estaba. Yo había escogido estar fuera de control. Trata a tu pareja como a ese amigo, como a un hermano o hermana. ¡Eso lo cambia todo! Me encanta que Pablo haya usado esa expresión aquí en este capítulo, que habla de ser uno en Cristo.

Nancy: ¿Podemos ver una frase más?

Robert: Claro, claro que sí.Mostrando honra u honor… 

Nancy: «…con honra, daos preferencia unos a otros» (v.10). 

Robert: Sí.

Nancy: Esto es algo que nosotros realmente tratamos de hacer. Y déjame decirte que Robert es muy bueno en esto.

Robert: ¿Conocen ustedes lo que es una venta de garaje? ¿Alguna vez has hecho una? Imaginate la noche anterior siendo ya tarde. Tú tomas esos pequeños papelitos. ¿Y qué es lo que escribes en ellos? El precio de las cosas que vas a vender, y los pegas en cada objeto. Tú le estás asignando voluntariamente un valor a esas cosas, y por supuesto, muy rara vez las vendes a ese precio. ¿Cierto? Tú negocias.

Cada día yo valoro a esta preciosa persona; eso me corresponde a mí. Si es realmente valiosa, entonces yo la trato como algo realmente valioso. Yo la honro. ¿Entienden esto? ¡Esto es algo muy importante! Cada día me digo a mí mismo, «¡Nancy es mi regalo más valioso!»

Por diez días, antes de darle el anillo de compromiso a Nancy, yo anduve con él en el bolsillo de mi pantalón, porque estaba viajando y hablando en un campamento para jóvenes. ¡Y si piensan que yo iba a dejar ese anillo en mi maleta, en una cabaña en un campamento para jóvenes . . . están equivocados! Estaba en una caja pequeña y era difícil esconderla en el bolsillo de mi pantalón.

Así que tenía solo el anillo en mi bolsillo. ¡Ah, se han quedado sin aliento pensando que lo podía perder! ¿Pueden imaginarse cuánto yo apreciaba ese anillo? ¡Tenía un gran valor! Tú no necesitas ponerle un valor a tu pareja. ¡El Señor ya le ha puesto el valor…y es incalculable! Así que se honran el uno al otro. ¿No es eso bueno? Se honran el uno al otro con amor fraternal.

Yo le hablo a mi pareja como le hablaría a un amigo. Y si lo miras asi, esto determinará la manera como ustedes se hablan el uno al otro. Los grandes entrenadores del fútbol americano no se gritan. Estos señores entraban en una cabina aparte, ellos no se quedan en el campo de fútbol.

Por ejemplo: Tom Landry o Bud Grant, estos nombres son de dos buenos entrenadores, pero ellos no gritaban, porque motivar a su equipo no era cuestión de gritar. ¡Eso llega a cansar! Así que trátense el uno al otro como hermanos y hermanas…como amigos.

Nancy: ¡Y esto es algo que produce excelentes resultados y un ambiente de gracia! Y hemos visto eso suceder en nuestras vidas día tras día: «¿Cómo puedo yo honrar a este hombre, a este precioso hombre que Dios me ha dado?» Es mirarlo a través de los ojos del honor, hablando palabras que honran.

Justo esta mañana Robert se estaba afeitando, y me dijo: «¡Te amo tanto!» Yo estaba tan agradecida, le di las gracias. Y le dije: «¿Qué estás pensando? En ese momento, ¿por qué dijiste eso? ¿Hubo algo en particular?»

Él me contestó: «Yo solo estaba pensando en lo mucho que te amo. Y pensé: ¿Por qué pensar solo en eso y no decirlo? Debo decirlo». Y Robert es muy bueno en eso. Yo no lo soy tanto. He tenido que aprender mucho. Y estoy aprendiendo mucho de él a verbalizar las cosas. Él es el romántico en nuestro matrimonio.

Algunas señoras pensarán: «¡Mi esposo no es así!» Eso puede cambiar. Pero estamos aprendiendo el uno del otro, aprendiendo a honrarnos y a bendecirnos y a pensar de antemano: ¿Qué le gustaría a él, qué disfrutaría?

Esta mañana, por ejemplo, yo le expliqué algo tecnológico del teléfono celular a Robert, mientras aún estábamos a habitación, sabía que tomando unos minutos para ayudarlo con algo, que había aprendido a usar ayer en mi celular, él también podría hacerlo y teníamos un poco de prisa.

Estábamos un poco afanados y cortos de tiempo. Yo habría podido usar esos minutos para mí misma, pero fue un gozo darle la honra a él. En cambio también he visto cuando, deshonro…Uno de nuestros primeros momentos realmente difíciles—no voy a entrar en detalles, porque no tenemos mucho tiempo—fue en el supermercado cuando él se quedó el estacionamiento y se suponía que era por unos pocos minutos. ¡Él dijo que había pasado como una hora desde que lo dejé ahí! 

Robert: ¡Fue mi reloj que me lo dijo! Pero fue injusto llamarte la atención, ¿cierto, amada?

Nancy: Bueno, cuando lo vi y sentí que él se había sentido deshonrado, ¡fueron unos minutos muy difíciles! Yo vi cómo la vida se apagaba en su espíritu y pensé: «Él es un hombre sensible». Y una parte de mí pensaba, ¿por qué eres tan sensible?

Me encanta cuando él se pone sensible y romántico, pero no tanto cuando él se pone sensible en un momento difícil. Bueno, esa fue una buena lección que me hizo pensar: Yo puedo bendecir a este hombre. Yo puedo motivarlo. Yo puedo fortalecerlo con mis palabras, así como él lo hace conmigo día tras día. 

Así que nosotros tratamos de ganarle al otro a la hora de mostrarnos honra. Y ¿cuál es la meta? No es solo para bendecirnos el uno al otro; hacemos eso, pero a fin de cuentas la meta es que nuestro matrimonio pueda reflejar la belleza, el amor y el valor de Cristo. ¡Eso es lo que realmente queremos!

Robert: ¡Amén!

Annamarie: Has estado escuchando a Nancy y a Robert Wolgemuth. Robert regresará en un momento para orar. Ellos nos han estado recordando la importancia de la relación matrimonial, como reflejo de la relación de Cristo y su iglesia, y nos han estado guiando a lo largo de Romanos capítulo 12, mostrándonos cómo este afecta la forma en que amamos.

Robert y Nancy han escrito libros que nos ayudan a profundizar en lo que hemos estado escuchando, y sobre todo, que nos ayudan a descubrir mentiras que hemos creído y formas en las que hemos sido engañados por el enemigo. 

Estos libros se titulan «Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres» y, «Mentiras que los hombres creen y la verdad que los hace libres». Te animo a buscarlos en tu librería cristiana favorita, o en nuestra tienda en línea en AvivaNuestrosCorazones.com. Leerlos te ayudará a arraigar tu vida en la verdad de Cristo. 

Robert regresa con nosotras para cerrar este programa en oración.

Robert: Señor Jesús, nosotros te encomendamos nuestras vidas a Ti. Te pido Padre, que Tu nombre sea exaltado; que las personas se acerquen a Ti y que Tu nombre sea honrado y que nosotros podamos disfrutar de una amistad contigo. Yo te pido que en esa amistad, Tú nos enseñes a amarnos los unos a los otros mejor.

Yo te pido que sea algo contagioso para nuestros vecinos, nuestros hijos, nuestros suegros, nuestros padres—todos. Que todos ellos te vean a Ti cuando vean la manera cómo nosotros nos tratamos los unos a los otros. No podríamos pedir por una meta más alta que esta. Y porque nosotros creemos esto, todos decimos... ¡amén!

Annamarie: Holly Elliff es amiga de varios años de Nancy. Es esposa de pastor y madre de 8 hijos. En una ocasión ella enseñó un taller en una conferencia True Woman. En nuestra próxima serie, escucha su visión acerca del privilegio que es invertir en la próxima generación. No te pierdas el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Llamándote a reflejar la hermosura del evangelio al mundo que te rodea, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Nuestra Misión, Dámaris Carbaugh, Yo Cantaré, ℗ 1994 Damaris Music.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca de los oradores

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

Lee más

Únete a la conversación