Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Sabiduría para el hogar

Annamarie Sauter: Con nosotras Donna Otto.

Donna Otto: El enemigo es el engañador de este mundo, él es quien quiere hacerte creer que tu marido es tu enemigo, en vez de que le veas como un pecador, semejante a ti. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Hemos estado charlando esta semana con Donna Otto, quien es autora y oradora. Nos hemos divertido mucho, ¿no es así Donna?

Donna: Sí, así es.

Nancy: Te has mostrado tan honesta y auténtica. Gracias por compartirnos de tu vida. Gracias por ser mentora para muchísimas mujeres. El Señor ha puesto mujeres en tu vida para que sean mentoras para ti y ahora tú compartes con la siguiente generación.

Donna es la fundadora de un ministerio llamado Homemakers By Choice (Amas de casa por elección), y hemos estado conversando sobre el libro más reciente de Donna Encontrando tu propósito en ser mamá: Cómo edificar tu hogar en tierra santa (Finding Your Purpose as a Mom: How to Build Your Home on Holy Ground). Donna, una de las cosas que disfruté al leer ese libro fueron unos recuadros pequeños que pusiste a lo largo del mismo. Son citas breves que extrajiste y las llamaste Lemas de los Otto. Imagino que tu propio nombre, Donna Otto, te inspiró para llamarlos así, ¿cómo fue que se te ocurrió incluir estos recuadros de lemas?

Donna: Gracias, son muy pocas las personas lo aprecian.

Nancy: Oh, ¡pero son maravillosos!

Donna: Imagínate que mi esposo dijo, «no lo hiciste, ¿verdad?» Y yo dije, «querido, sí, sí los hice—los lemas de los Otto, o los dichos memorables.

La idea surgió de un principio firme que se me enseñó hace muchos años: Procura que todo lo que hagas o enseñes, asegurarte de que sea creíble, aplicable y memorable.

Así que buscando lo creíble, aplicable y memorable, fue que surgieron los lemas de Otto.

Pienso que el primer lema de Otto, tuvo que ver con nuestra pequeña niña. Tratábamos de animarla a comer de manera nutricionalmente balanceada, a probar nuevos alimentos, llegar a desarrollar un buen apetito, amplio no escaso en su gusto. No queríamos llegar a escuchar a nuestra hija decir en alguna mesa de amigos, «lo único que comeré es macarrones con queso». Así que fuimos diligentes, le dijimos, «debes probar alimentos». Así que le decía, «querida, come esto primero, y cómelo rápido».

Nancy: La cosa que no deseas comer, cómela primero y cómela pronto.

Donna: Exactamente. Creo que ese fue el primer dicho memorable de los Otto.

Nancy: Eso es aplicable también en otras áreas, como cuando estamos ante tareas detestables en el hogar o en…

Donna: …funciona para casi cualquier cosa en la vida.

Nancy: ¡Exacto!

Donna: Hazlo primero y hazlo pronto. Tendemos a postergar las tareas aborrecidas para el final. Pero, «haz las cosas difíciles primero. Hazlas pronto». Por ello quiero decir, mantente enfocado en ello y encárgate de que se haga.

Donna: ¡Cómete eso y listo, se acabó!

Luego termino casi todas mis lecciones con esta frase que define la meta en la vida que mi esposo y yo nos hemos fijado: Termina firme. Y de, termina firme, empezamos a hablar de «¿cómo luce esto de terminar firme?» Eso provocó un concepto que nos ha funcionado, y es: La gente común y corriente comienza cosas y los poco comunes las terminan.

Los comunes comienzan, las personas comúnmente inician cosas. Yo llamo a eso, poseer un corazón grande. «Hagámoslo». Corazón grande. «Estoy listo. Tómame a mí, envíame a mí». Pero pueden tener pies pequeños. No llegan a realizar lo que se necesita realizar para terminarlo.

De allí, «los comunes comienzan y el finalizar no es tan común»; nosotros deseábamos ser inusuales, los del final no tan común. De allí surgió termina firme.

Cuando estaba trabajando sobre la organización del libro, ese lema me vino a la mente, termina hoy, hoy. Cuando empecé a hablar en público y a viajar, me di cuenta que si no organizaba mis papeles de cada día en su día, los recibos de gastos de viaje del día, los pedidos de libros que enviaban por mi conducto, si no terminaba el trabajo de hoy, hoy; adivina qué me pasaba: Mañana traería su propia carga de trabajo. Termina hoy, hoy. Y eso me ayudó a no agendar tantas cosas en mi programa de hoy, de mañana o del mes entrante.

Mi esposo solía decirles a las parejas jóvenes (enseñábamos una clase para parejas de matrimonios jóvenes, y aún somos consejeros de parejas jóvenes), «no corras de algo; corre hacia ello». Eso quedó como uno más de nuestros dichos memorables. No huyas de algo.

No les permitíamos salir de la lista de la clase de la escuela dominical si venían a quejarse, «bla, bla, bla. . . No nos gusta el grupo pequeño. No nos agrada la forma en que lo dirigen en absoluto». No corran de ello, «arréglenlo primero, y luego los despediremos. Oraremos por ustedes. Impondremos las manos sobre ustedes. Vayan—vayan en nombre de Dios— pero no van a obtener nuestra simpatía y tierna bendición si lo que pretenden es huir».

Sean un termostato, no un termómetro, y claro, es otro de nuestros lemas.

Él no es el enemigo. La mayoría de las veces, eso se refiere a tu marido, aunque lo sientas como el enemigo, recuerda, él no es el enemigo. ¿Quién es el verdadero enemigo? El verdadero enemigo es el engañador de este mundo, quien quiere hacerte creer que tu esposo es tu enemigo y hacerte olvidar que tu esposo es un simple pecador, tal como tú y como yo—tal como tú.

Elisabeth Elliot me enseñó que me casé con un pecador. Un buen día me enfadó tanto contándome como David era un pecador; y yo solo asentía por cortesía, «sí, sí, sí, de acuerdo». Y de pronto, de manera muy pausada y calmada me reitera un caso más, «y él se casó con una pecadora, también». ¡Oh, eso como que me trajo de nuevo a la realidad!

Hay un sinfín de Lemas de los Otto que hemos confiscado a Elisabeth: Enciende la luz y no maldigas la oscuridad.

Es fácil tomar la postura de evitar con indiferencia y maldecir por costumbre las circunstancias oscuras en lugar de encender las luces; la luz de tus buenas reacciones que son luz en tu vida y en la de los que te rodean. La oscuridad se muestra por sí sola. Tú esfuérzate por encender la luz.

Esto es especialmente cierto cuando se trata de afirmar a tus hijos. No estés en búsqueda constante de las cosas malas que hacen tus hijos. Busca las muchas cosas buenas que tus hijos están haciendo y enciende la luz.

Nancy: Esos lemas de los Otto son tan prácticos.

Solo un par más: Entra en el matrimonio y clausura todas las salidas—ese es uno buenísimo.

Este es uno que mi papá creía, y por cierto—este no inició con los Otto, este inicio con él, o al menos eso creo: No tengas ninguna conversación seria después de las 10:30 de la noche.

Donna: Totalmente de acuerdo. Con tus hijos o con tu marido.

Nancy: Mi padre decía que nada de valor eterno sucedía después de las 11 en punto de la noche. Y en verdad hay algo de cierto en ese pensar.

Donna, tú eres una mentora, una discipuladora, y deseo cerrar esta serie haciéndote un par de preguntas.

Al reflexionar, ahora que andas en tu sexta década de vida, te pregunto, ¿tienes algunos pesares que lamentes? —¿Alguna cosa que hubieras hecho diferente?

Donna: Sí. Tengo una larga lista de ellos. Creo que todas los tenemos, y eso es bueno. Es bueno pasar esa sabiduría, pero creo que debemos andar con cuidado con respecto a qué tanto espacio les permitimos a los pesares o a los lamentos en nuestras vidas.

Nancy: Sí.

Donna: Lamento no haber tratado con el dolor de mis primeros veinte años de vida en casa de mis padres. Lamento no haber escuchado más a las personas sabias, lo cual significa que lamento haber hablado tanto en mi vida.

Escuchar, me arrepiento de no haber escuchado más a Dios.

Me lamento y me arrepiento de no haber obedecido más. Con frecuencia me pregunto si Noé fue la primera persona a la que Dios le pidió que construyese el Arca.

Nancy: Interesante.

Donna: Quizás nunca lo averigüe, pero pienso que Dios nos llama para realizar cosas importantes, profundas, difíciles y vaya que lo escuchamos, pero respondemos, «no». Así lamento no haber escuchado y obedecido cuando fui puesta en una encrucijada para hacer algo que nadie más estaba haciendo.

¿Son estos suficientes pesares?

Nancy: Son buenos recordatorios para todas nosotras.

¿Cómo deseas ser recordada por tu esposo, tu hija, tus nietos y amigos?

Donna: Muchas mujeres han obrado con nobleza, pero tú las superas a todas, Donna Otto. Eso es lo que deseo que mi esposo diga, que cite las palabras de Proverbios. No aspiro a ser la mejor esposa como si hubiese participado en una carrera o concurso y ganar el título de «la mejor esposa del mundo». Quiero ser la mejor esposa para David Otto.

Eso implica conocerlo, entenderlo, observar sus cambios. Él dice que yo me casé con un buen tipo y que ahora solamente queda el tipo, y es verdad. Lo veo no poder ya realizar las hazañas físicas que solía hacer. Bueno, eso es solo un aspecto de envejecer juntos.

Deseo que mi hija me honre en su vida adulta en una forma que traiga bendición a ella. Deseo que ella cite también Proverbios 31:29, que dice que «se levantará y me bendecirá» —me bendecirá al honrar lo que yo he hecho para que ella traiga gloria a Dios y animarla en su caminata de fe.

Deseo que mi nieto diga, «esa nana es divertida. Deseo ir a casa de nana». Deseo que él añore estar conmigo, solo por el hecho de que disfrutamos contemplarnos el uno al otro. No porque nana lo lleva a tal o cual lugar o porque le compra cosas. Quiero que sepa que oré por él todos los días, de tal manera, que he influenciado su caminata espiritual. Lo que más deseo para él, es que llegue a una relación íntima y estrecha con su Dios lo más temprano posible en su vida; y lo mismo para los otros hijos que pudiera tener mi hija.

Que mi hija pueda reconocer el pecado de su hijo, y que él pueda llegar a percatarse de su pecado temprano en su vida, como para permitirle a ella ayudarlo y que su Padre celestial le ayude a repararlo.

Annamarie: Donna Otto ha estado hablando acerca de la influencia piadosa que una mujer puede tener en su hogar. Al momento de tener esta conversación con Nancy DeMoss Wolgemuth, algunas mujeres que estaban presentes participaron con algunas preguntas e inquietudes. Escucha lo que ellas compartieron y las respuestas de Nancy y Donna.

Mujer 1: Como madre de cinco—y en especial ahora pregunto como madre de tres hijas—quisiera saber cómo debo reaccionar ante las relaciones que ellas entablan con otras mujeres jóvenes, ¿debería yo estar fomentando relaciones con otras mujeres fuera de la familia?

Donna: Sí. Sí. Una simple respuesta corta sería, sí. Solo agregaría un par de comentarios. Anima a tus hijas a acercarse a mujeres que piensan como tú, que creen como tú, que son parte de tu comunidad. Anima a tus amigas a decir «mándame a tus hijas a mi casa, quisiera que se quedaran a dormir, o tal vez salir a comer». Hagamos esto o aquello.

Yo lo logré con seis o siete de las mujeres en mi vida. Cuando mi hija se casó, no se le organizó una comida de despedida de soltera previo a su boda. Ella organizó una comida en honor a las mujeres mayores en su vida. Hubo doce mujeres en aquel salón; nueve de ellas eran amistades en las que yo tuve influencia directa al introducir o estimular una relación íntima con ellas, y ellas se tornaron voces de sabiduría en la vida de mi hija.

Recuerdo que durante el primer año que mi hija vivió en la universidad, ella tomó una decisión de la cual yo me vine enterando a través de mis amigas: «Issa me llamó y me preguntó acerca de…» Ella nunca me consultó a mí. Al fin y al cabo me animó y la cuestioné yo, «amor, ¿por qué no nos preguntaste a tu papá y a mí?» Ella respondió, «mamá yo ya sabía cómo piensan tú y papá al respecto; yo quería escuchar cómo pensaban ellas».

Ese fue un momento crucial en mi vida, después de todo, «justamente eso es lo que yo planeaba cuando orquesté encuentros e invitaciones, cuando trabajé para facilitar relaciones en la vida de mi hija». Cuando caí en cuenta se esfumaron mis celos. Ahora, si me preguntas ¿nunca más te sentiste celosa? Sí, hubo un par de veces que estuve verde de envidia porque mi pequeñita estaba contándole a alguien más algo que a mí no me había contado, pero en el momento que conseguí razonarlo con la cabeza fría, comprendí que era necesario e importante y estuve en paz.

Así que, mi respuesta es sí. Hazlo, procura que sea con mujeres que piensan como tú, que comparten tus creencias y sistema de valores. O que pudieran formar parte de tu red de amistades para que luego tú puedas compartir o que te sean compartidas experiencias—viajen juntas, celebren juntas, será de gran bendición para tus hijas.

Mujer 2: Estoy sentada al lado de mi mentora, a quien conocí hace unos diez u once años más o menos. Cuando estuve en la escuela secundaria empecé a trabajar como niñera de su hija; desde entonces nació una amistad que a la fecha sigue siendo de estímulo y bendición para mí. Hoy en día soy la madre que soy, no solo gracias a mi propia madre, sino también gracias a ella. Y a ustedes mamás, les insisto, faciliten tales relaciones en las vidas de sus hijas, ellas saldrán muy beneficiadas de esto y oren al respecto.

Nancy: Esto es solo un recordatorio sabio para toda dama, hemos de vivir el presente tomando decisiones a la luz de un día que aún no está aquí—tomar decisiones, en todas las áreas de nuestra vida, que unos años adelante muestren la recompensa, el fruto de haber decidido sabiamente.

Ya sea criando a unos pequeñitos, siendo fiel al continuar laborando en el hogar para tu esposo y tu familia; tú estás siendo una mentora, inviertes tiempo, estas sirviendo, estás dando y tal vez te estés preguntando, ¿dónde está mi recompensa? Kim no vio el fruto de su labor de mentora cuando Kendall era una adolescente, no, no entonces; es hasta hoy cuando ella cría a sus propios cuatro hijos que Kim puede saborear el fruto de esa inversión.

La semilla del roble se planta, pero no se distingue el árbol a distancia sino hasta después de años y años. Las decisiones que tomas hoy es como plantar semillas, para bien o para mal, que rendirán fruto no solo en unos diez años, sino por generaciones, si el SEÑOR se tardara en volver. Así que, obtén la perspectiva a largo plazo que te anime a salir de la cama cada mañana.

Conozco mujeres que recientemente se han quedado con el nido vacío—mujeres piadosas que están tratando de entender, «¿qué hago ahora? ¿Cuál es mi propósito?» Por años han invertido en las vidas de sus hijos—bien hecho—y ahora le preguntan al Señor, «¿qué debo estar haciendo en esta etapa de mi vida?» Las veo y pienso: ¡Oh, hay tanto por hacer!

Ahora es cuando necesitas tomar las cosas que Dios te ha enseñado a través de los años y apegarte a esa joven madre de tres o cinco chiquillos, aquella que piensa que no sobrevivirá su presente, y ayudarla, animarla. Toma a algunas de esas madres jóvenes, invierte en sus vidas. Estarás plantando semillas para el futuro, y cosecharás un buen fruto.

Acabamos de ver esto ilustrado aquí de una hermosa forma.

Mujer 3: Como la mujer adulta que ya soy, y viviendo ahora en la misma ciudad que mi madre, me he mudado algunas veces y por eso he logrado tener diversas mentoras a lo largo de los años y los sitios donde he vivido. Entonces pregunto, teniendo yo la edad que tengo, ¿debería tomar nuevamente a mi madre como mentora?

Donna: Considero que esta es una cuestión de semántica. Yo soy la madre de Anissa, y siempre seré la madre de Anissa. Singularmente, soy la única madre que ella siempre tendrá. Ella podrá acumular una enorme variedad de mentoras, y lo hará, ni hablar de cuando yo muera y ya no esté más aquí para ella; sin duda tendrá muchas más mentoras. Así que pienso que el rol de la madre mantiene su estatus siempre. Pienso que sí se redefine a sí mismo, y cada hija le ayuda a su madre a redefinirlo.

Mi hija lo expresa así: Ella tuvo que renegociar su relación conmigo. La razón por la que se vio obligada a hacerlo, y vaya que así lo concluimos juntas, compartíamos un entendimiento común. Ella se había mudado lejos de mí, y como tú lo dijiste, había rondado por ahí. En el tiempo que estuvimos separadas yo no cambié mucho, ella en cambio tuvo una curva de crecimiento y aprendizaje enorme.

Al reencontrarnos, éramos dos mujeres que aunque unidas de por vida como madre e hija—ya fuera biológicamente o bien por adopción—estamos unidas de por vida. Ella venía con este enorme crecimiento; yo con este diminuto cambio. Ella sintió que era su responsabilidad renegociar la relación con ese océano separándonos.

Nancy: ¿Y cómo es tu relación con tu hija hoy en día?

Donna: Bueno, si nos observas verás que yo cierro mis labios. Una mentora no cierra sus labios. Ella abre los suyos intencionalmente por mandato de Dios. Espero a que mi hija me pregunte algo para hablar yo.

Nancy: Aclaremos, esto es una relación con una hija ya adulta, no con una hija adolescente. Esta estrategia de comunicación es con una hija adulta que ya tiene su propio matrimonio y su hijo.

Donna: Cierto. Dentro de su propio matrimonio, con su propio hogar, y con su propio hijo, yo cierro el pico. Cuando por descuido no lo hago, inmediatamente lo noto. La convicción de que me estoy entrometiendo cae inmediatamente sobre mí, me doy cuenta que le estoy diciendo qué hacer en alguna área que el Señor ya le ha dado a ella la responsabilidad de conducir. Sea asunto de su relación de pareja, lo debo respetar, sea un asunto con mi nieto, lo debo respetar. ¿Hace ella siempre lo correcto? No, claro que no siempre.

Nancy: ¿Y tú…? ¿Siempre hiciste lo correcto?

Donna: Tampoco yo. Eso es verdad, tampoco yo.

Así que mi hija adulta te diría que continúes renegociando la relación. Respeta a tu mamá en donde ella está. Su curva de aprendizaje es menor que la tuya. Su devoción por ti indudablemente es fuerte pero puede que no siempre tenga una gran perspectiva. Respeta eso también.

Como madre de una hija adulta, pienso que es indispensable entender y respetar la responsabilidad que Dios le ha dado a Anissa. Ahora quiero que sepan lo que mi hija me dijo cuando partió para ir a estudiar a la universidad: «mamá, siempre recuerda la historia del pajarillo en la mano. Si lo aprietas demasiado, no querrá permanecer ahí, solo pensará en huir. Pero si abres tu mano y él aterriza en ella de su propia voluntad, estará feliz de permanecer ahí».

Jim Dobson dice que las familias que construyen recuerdos y tradiciones juntos están construyendo hijos que visitarán la casa paterna no solo en ocasiones obligatorias.

Así que hagan eso. Yo visité el hogar de mi madre por obligación. Investigué la diferencia, y ahora sé que nuestra hija y yerno aman visitar nuestro hogar.

También he descubierto que ella hace más preguntas. A ella le interesa más saber qué pienso yo, que lo que piensan otras de mis contemporáneas que voluntariamente no han cerrado sus labios.

Espero que eso te ayude. Recuerda honrar a tu madre. La palabra honor en hebreo es muy interesante, en su raíz (pero ahora no tengo el tiempo para profundizar en esto), realmente tiene que ver con abrir la puerta al entendimiento de quién es esa persona ahora. Soy una persona diferente de la que fui y mi hija debe continuar renegociando esa relación. Es lo que es. Ella debe seguir abriendo la puerta al corazón de su madre hoy y entender lo que es el honor y mostrarlo, ella no me honra a su manera. Ella me honra con actitudes, con acciones y eventos que demuestran que ella entiende lo que yo valoro como honra.

Annamarie: Has estado escuchando las respuestas de Donna Otto y de Nancy DeMoss Wolgemuth a algunas inquietudes. Ellas han estado compartiendo con nosotras sabiduría bíblica para aplicarla en nuestros hogares. Si te perdiste alguno de los episodios anteriores en esta conversación, encuéntralos en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Y mañana, asegúrate de acompañarnos para continuar escuchando acerca de la importancia de la mentoría auténtica y cómo puede lucir en las próximas generaciones. Tres mujeres —madre, hija y nieta— nos cuentan la maravilla de traspasar el evangelio a la próxima generación.

Ahora, Nancy regresa para cerrar esta conversación en oración. 

Nancy: Gracias Señor por brindarnos un ejemplo de una mujer que te conoce y que ha caminado contigo, que te busca con todo su corazón y nos anima a quienes venimos tras ella, a saber que realmente sí podemos correr esta carrera por Tu gracia y en Tu poder.

Te agradecemos por el fruto que le has concedido a Donna en su vida, oramos que continúe y sea multiplicado por generaciones, si Tú tardaras en volver.

Señor, oramos por nuestras propias vidas, que seamos unas seguidoras fervientes del Mesías, y que Tú nos uses para llevar mucho fruto para Tu gloria, no solo como espectadoras que te ven usar a otras mujeres como Donna, pero volvernos como Donna, convertirnos en las mujeres que pretendes que seamos, para ser amorosas, dadivosas, siervas y seguidoras de Cristo, para realmente causar una diferencia en el lugar donde Tú nos coloques.

Oramos en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Invitándote a pasar de manera intencional la verdad de la Palabra de Dios a la próxima generación, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Jeremías capítulos 49 y 50.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el anfitrión

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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