Aviva Nuestros Corazones Podcast

Saltando sobre lugares altos

Carmen Espaillat: ¿Cuál es esa gran cosa en tu futuro que te intimida? ¿Has pedido la ayuda de Dios? Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Tal vez hay algunos obstáculos en tu vida, muros que necesitas saltar. Tú dices, "yo no puedo hacer esto". Dile eso al Señor. Él sabe que no puedes. Solo Él lo puede hacer. Y por el poder de Su Espíritu en ti, Él te puede dar la fortaleza para hacerlo.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Existe alguna cosa que has estado posponiendo? ¿Una llamada que necesitas hacer, una conversación que necesitas tener o un acto de amor que necesitas mostrar?

Lo puedes hacer sin importar lo grande que parezca. Nancy nos explica por qué al continuar con esta serie, Habacuc: del temor a la fe .

Nancy: Jim Law es un amigo de nuestro ministerio que pastorea una iglesia en González, Luisiana, aproximadamente a unas 40 millas de Nueva Orleans. Como se podrán imaginar, esta congregación, junto a muchas otras, experimentó el desastre y la devastación que provocó aquella gran tormenta.

El domingo siguiente al huracán Katrina, un pastor se paró ante su congregación tratando de ayudar a dar alguna perspectiva correcta acerca de todo lo que había sucedido. Y cuando lo hizo, se encontró a sí mismo en el pasaje que hemos estado estudiado en Habacuc.

Escuchemos cómo el pastor Jim Law compartió con su congregación en el domingo siguiente al huracán Katrina.

Jim Law: No necesito decirles que la vida ha cambiado para siempre en el Sur de Luisiana. Esta semana ha sido casi apocalíptica. Al mirar nuestras calles de la ciudad, el tráfico a toda su capacidad, sin gasolina..., y si hay filas, estas son de veinte o treinta carros de largo. El día de ayer fui a Walmart y no lo podía creer. No había verduras, y había que esperar de 30 a 45 minutos en la fila para pagar antes de poder salir de la tienda.

Cuando comenzamos nuestro servicio de adoración esta mañana, el Señor me llevó a esa poderosa bendición que se encuentra en el libro de Habacuc.

El profeta escribió,

" Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas; aunque falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento; aunque falten las ovejas del aprisco, y no haya vacas en los establos, con todo yo me alegraré en el SEÑOR, me regocijaré en el Dios de mi salvación. El Señor DIOS es mi fortaleza; Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar. Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda." Habacuc 3:17-19.

¿Saben? Cuando yo leo esta bendición -que surge cuando Habacuc estaba procesando un duro mensaje del Señor acerca de la próxima invasión de los caldeos- pensé que quizás nosotros no sepamos mucho acerca de las higueras o acerca del fruto de la viña o acerca de los olivos o las vacas en los establos. Permítanme presentarles una versión moderna de Habacuc capítulo 3.

Aunque los estantes de Walmart estén vacíos y no haya comida en el mercado, aunque todos los restaurantes permanezcan cerrados y aunque cierre el centro comercial y el mercado de valores se derrumbe y no haya hospitales. Aunque mi esposa se enferme de cáncer y mi hijo pase por enfermedad o sea secuestrado sin rastro alguno. Aunque mi casa sea derrumbada por un acto de Dios, me regocijaré en el Dios de mi salvación.

Nancy: Hemos estado escuchando al pastor Jim Law de González, Luisiana, cuando desafió a su congregación a escoger el gozo en medio de la devastación traída por un huracán.

Y podemos agregar a esta lista: aunque tenga artritis o cáncer. Aunque mi esposo esté en terapia intensiva, como el marido de una buena amiga mía lo ha estado las últimas semanas. Hemos estado hablando por teléfono, ella entre lágrimas sin saber si su esposo llegará al día siguiente. El ingreso al hospital por una cirugía que para los otros era algo rutinario, terminó siendo una puerta hacia la muerte. Y con sus lágrimas ella me decía, "pero Dios es tan bueno. Dios es tan fiel. Hay misericordia," aún sabiendo que pudiera estar en el proceso de perder a su esposo.

Podemos agregar a la lista de Habacuc: aunque mi esposo no tenga un empleo. Aunque mi hijo se encuentre aún viviendo en un estilo de vida homosexual, o cualquier otra cosa que tengas en tu lista. Ahora, no cuando se resuelva, no más adelante cuando cambien las circunstancias, sino que ahora me regocijaré. Me regocijaré en el Dios de mi salvación.

Estuvimos viendo los versículos 17 y 18 en la última sesión, y hoy queremos ver el último versículo; el versículo 19. Habacuc cierra con una promesa maravillosa. Es parte de esta oración. Es una expresión de fe. ¿Recuerdas cómo vive el justo? El justo vive por la fe.

Como lo indica el versículo 19.

"El Señor Dios es mi fortaleza, el ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar."

Yo estaba meditando en ese versículo temprano esta mañana, y no podía creer cuántos versículos llegaron a mi mente que hablan de la fortaleza que Dios da a los débiles que necesitan de esa fuerza.

A llegar al final de esta serie, luego de largos días de grabaciones y de varias semanas, estoy tan agradecida de cerrar con este tema acerca de que el Señor es mi fortaleza. Una y otra vez lo vemos en las Escrituras. El Salmo 18 versículo 1 dice "yo te amo, Señor, fortaleza mía". El Salmo 138:3 dice: "en el día que invoqué, me respondiste; me hiciste valiente con fortaleza en mi alma".

Dios da fortaleza. Y luego ese magnífico pasaje en Isaías capítulo 40: "Aun los jóvenes se cansan, se fatigan; y los muchachos tropiezan y caen…" (v 30 NVI). ¿Recuerdan el tema de "esperar" en el libro Habacuc? "Esperaré calladamente. Esperaré" (Habacuc 3:16).

"A los que esperan en el Señor," ¿qué les sucederá? Ellos "renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas; correrán y no se fatigarán; caminarán y no desmayarán" (Isaías 40:30-31 NVI).

¿Puedes ver la conexión aquí? Habacuc ha estado aprendiendo a esperar en el Señor en fe. Y como resultado, Dios lo está llenando con una doble porción de fe. Dios le está proveyendo de Su propia fortaleza, de una fortaleza sobrenatural, para soportar la aflicción, para soportar la persecución, para soportar los días peligrosos que vendrán, para soportar toda la falta de santidad alrededor de él y la gente que no se arrepiente. Y todas las cosas por las cuales Habacuc clamó a Dios en el primer capítulo, Dios le está dando fortaleza para vivir en ese tipo de mundo.

Tú necesitas fortaleza para vivir en ese tipo de mundo. Yo necesito fortaleza para vivir allí también. Necesitas fortaleza para ser esposa, madre, mujer, compañera de trabajo, amiga, para vivir con las personas con las que convivimos, gente que no conoce al Señor o que no camina con Él. Tú necesitas fortaleza.

Necesitas fortaleza como madre para ser el tipo de mamá que deseas ser para tus hijos y que tú sabes que ellos necesitan. Necesitas fortaleza. Pero nuestra fuente de fortaleza es tan limitada. Somos tan débiles. Nuestras fuerzas fallan. Se agotan. Tienen un límite.

Yo he compartido esto antes, pero lo voy a compartir otra vez, que cuando iniciamos Aviva Nuestros Corazones algunos años atrás, por mucho tiempo, esos primeros meses, como por año y medio, yo me sentía siempre como si me fuera a ahogar en los próximos segundos. Era una responsabilidad nueva e inmensa. Y yo recuerdo que en aquellos días tenía esos sentimientos de debilidad, me sentía sin fuerzas, débil; sentía una gran necesidad.

Como ustedes saben, hace algunos años le pedí al Señor que nunca me permitiera estar en un lugar en el ministerio donde yo pudiera servirle o caminar con Él y sentir que no lo necesitaba. Yo siempre quise estar en una posición donde siempre estuviera consciente de mi necesidad de Dios. Y esa es una oración que Dios ha sido fiel en contestarme. Eso te lo puedo asegurar...

Pero en aquellos días yo me sentía muy incómoda y muy débil todo el tiempo. Y en verdad ese fue un buen lugar para estar. Porque Dios derramó Su gracia en mi en ese tiempo, en esos primeros meses.

Me comenzó a despertar a primera hora de la mañana, cada mañana por un año o más. Y casi diariamente hasta hoy el primer pensamiento consciente que pasa por mi mente en la mañana es esa pequeña frase de la canción que dice "Jesús me ama". "Somos débiles, pero Él es fuerte".

La música y las palabras vienen a mi mente al inicio de casi cada día porque es una verdad. Nosotras somos débiles. Yo soy débil, pero Él es fuerte. Él es mi fortaleza. Él Señor es nuestra fortaleza.

El apóstol Pablo aprendió esto y en Filipenses capítulo 4 él dijo, " Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad". ¿Cuál es el secreto? Versículo 13: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece".

El Señor mi Dios es mi fortaleza. Si me humillo, y reconozco mis debilidades y dejo que Su fortaleza fluya hacia mí y en mí, Él me va a fortalecer para hacer cualquier cosa que me llame a hacer, Él me dará fuerza para tener contentamiento en cada circunstancia, y cada etapa y situación de la vida.

Él es quien nos da la fuerza. Y existe un pasaje increíble en Daniel capítulo 10. Y yo titubeé en traerlo aquí porque se encuentra en un contexto mucho más amplio y complicado. Pero permítanme darles la esencia del texto. En el capítulo 10, se le aparece a Daniel una forma pre-encarnada de Cristo. Él se encuentra teniendo visiones, y ve cosas que van a suceder. Es una escena sobrecogedora y maravillosa que relata un encuentro con Cristo mismo.

Luego en el versículo 16 del capítulo 10 de Daniel, él le dice a Aquel está enfrente de él: "Señor mío, a causa de la visión me ha invadido la angustia y me he quedado sin fuerzas."

Es como si alguien lo hubiera pateado en el estómago y le hubiera sacado el aire. Él dice que apenas puede respirar por lo que ha visto; no le quedan fuerzas.

Tal vez tú te hayas sentido así cuando se te han presentado los papeles de divorcio; te quedaste como sin aire y sin fuerzas. O quizás te ha llegado el reporte médico que dice que uno de tus hijos tiene una enfermedad terminal, y te sientes como si no hubiera fuerza en ti. Apenas puedes respirar. Es el sentimiento de una debilidad intensa; es de esa fragilidad de la que Daniel hablaba al momento de este encuentro.

Y luego dice, "y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez, y me fortaleció". No era la fuerza de Daniel, sino la fuerza de otro infundida en su cuerpo, alguien más fuerte que él. ¿Quién era ese? Bueno, veamos el versículo 19.

Y este hombre le dijo a Daniel, "muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas". ¿Cuál es la palabra que nos fortalece? La Palabra de Dios.

Entonces este hombre que lo había tocado, esta persona con la apariencia de hombre que lo había fortalecido dijo: "pues ahora tengo que volver para pelear contra el príncipe de Persia". Sin ver todo el contexto aquí, está claro que la persona que había tocado y había fortalecido a Daniel no era otro sino Cristo quién estaba en las regiones celestiales peleando la batalla contra el príncipe de Persia, una ilustración quizás de Satanás o de las fuerzas satánicas.

Cristo estando en medio de esa batalla celeste, interrumpió la batalla por un momento y vino para ministrar a su siervo débil quien estaba temblando por lo que había visto. Y Daniel continúa diciendo, "no puedo seguir. No me queda aliento. No me queda fuerza". Pero alguien, el mismo Cristo, vino y lo tocó. Y en este punto, dice Daniel: "fui fortalecido".

Amigas, no les puedo decir cuántas veces en los años de servicio al Señor, habiéndome invertido en otros, estando desgastada, habiéndome entregado para ministrar a otros, yo me he sentido tan cansada, tan débil y tan vacía; sin fuerza alguna. Muchas, muchas veces.

Pero tampoco puedo contar todas las veces en que Aquél con apariencia de hombre, Cristo, el Hijo del hombre, el Hijo de Dios, ha venido y de alguna manera, me ha tocado y ha fortalecido a Su sierva. Sus palabras me han fortalecido. Me ha infundido ánimo cuando no podía continuar un día más. Me ha dado fortaleza una y otra vez.

Y sé que muchas de ustedes han tenido la misma experiencia. Ustedes saben lo que se siente el no tener fuerzas en uno mismo y luego fortalecerse en las de Él. Aquel que puede vencer a Satanás, quien pelea la buena batalla en este momento en las regiones celestes, es quien viene a fortalecerte en la batalla.

Es un pensamiento increíble. El Señor mi Dios es mi fortaleza. El hecho de que Dios tenga tiempo o interés en nosotras es sorprendente, pero Él lo tiene.

Así que cuando te sientas sola en la batalla… Tal vez estés sola en la batalla. Recientemente, alguien me dijo -hablando sobre su empleo y la gente que trabaja allí que no honra al Señor- que se siente muy sola. "¿Estoy loca? ¿Como puedo caminar en esta situación y representar a Cristo y tener la fuerza para ser la mujer que Dios quiere que sea?" A veces estas sola en la batalla.

Tal vez es así en tu casa. O en la iglesia. O en tu trabajo. Cuando te sientas sola en la batalla, y cuando estés sola, recuerda esta palabra de segunda a Timoteo capítulo 4.

"En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas para que por mí fuese cumplida la predicación y que todos los gentiles oyesen". (2 Timoteo 4:16-17). El Señor se me apareció y me fortaleció. Y luego Pablo habla a los Efesios, y les dice "cuando estén en la batalla ¡fortalezcánse en el Señor y en el poder de Su fuerza!"

Y a mí me encanta ese versículo en el Salmo 18. Y esta mañana lo necesitaba que dice. "Contigo desbarataré ejércitos y con mi Dios asaltaré muros." (Salmo 18:29) yo no soy un soldado. Y no soy una guerrera. Y no soy tan fuerte físicamente ni de ninguna otra forma, no soy el tipo de persona que pudiera ir corriendo en contra de las tropas y saltar sobre muros.

Pero este es el tipo de persona a la que Dios fortalece. Es Su fuerza, no la mía. Es Su vida, no la mía. Es Su gozo lo que me llena y me da la fuerza. Porque por TI, yo puedo destruir ejércitos de una manera sobrenatural y por mi Dios puedo saltar muros.

Tal vez pueda haber algunas imposibilidades en tu vida, muros que tengas que saltar. Tú dices, "es que yo no puedo hacer esto". Dile eso al Señor. Él sabe que no puedes, pero Él sí puede. Y por el poder de Su Santo Espíritu en ti, Él te puede dar la fuerza para hacerlo.

Notemos que la fuerza de la que habla Habacuc aquí -el Señor es mi fortaleza- no solo es una fuerza futura. No es que "me dará" la fuerza. No solo es una gracia futura, o un gozo en el futuro. Sino que esto es para el presente. El Señor mi Dios es mi fortaleza hoy.

Así que cuando estés agotada, cuando te sientas débil, cuando sientas que no puedes seguir, cuando pienses que no puedes manejar más problemas, cuando pienses que ya no les puedes enseñar más a los niños, o pienses que ya no puedes amar más a tu marido, o responderle a esa persona en tu empleo una vez más. El Señor Dios es tu fortaleza.

Entonces ¿qué dice Habacuc? "Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar". Este versículo se encuentra tres veces en el Antiguo Testamento. Para mí esto ofrece una ilustración de fuerza sobreabundante, no solo un poco de fuerza para apenas lograr hacer algo, sino para verdaderamente y plenamente lograrlo. Él hace mis pies como de ciervas. Él me hace saltar los muros. Él me da pies seguros para esos lugares difíciles.

Al leer este versículo nos aproximamos al final de Habacuc y lo vemos hablar acerca de lugares altos. Ahora bien, no fue ese el lugar donde Habacuc comenzó, ¿recuerdas? Aquí vemos la progresión que hubo en la vida de Habacuc.

En el capítulo 1 él se encontraba en un lugar muy bajo. Estaba abatido. Luego en el capítulo 2 Habacuc es levantado. Él comenzó en ese sitio tan bajo, luego se levanta como un atalaya para obtener la perspectiva de Dios, para elevarse del suelo y subir a un nivel donde verá las cosas desde arriba; desde la perspectiva de Dios. Allí él ora y viene a ver lo que Dios dirá.

Y al final en el capítulo 3 Dios lo toma desde ese lugar hacia Sus lugares altos. ¡No solo para sobrevivir sino para triunfar! Él no es solo un sobreviviente, sino uno que es victorioso.

Esos lugares altos pueden ser lugares difíciles. Pero él dice, "Dios asegurará mis pies como de cierva. Dios me dará gracia. Dios me dará fortaleza. Él es quien me da pies de ciervas y en mis alturas me hace andar". Aquí tenemos a un hombre que dice: "No estoy satisfecho de vivir en el valle de la desesperación. Voy a seguir intercediendo a mi Dios hasta que me lleve a los lugares altos".

Ahora, al hablar de lugares altos no nos estamos refiriendo a lugares donde la vida es fácil o donde no hay problemas. Ese será el último lugar alto. Un día llegaremos allí. Pero aun aquí y ahora Dios puede hacer nuestros pies como de ciervas y hacernos andar en las alturas.

Y justo al hablar acerca de este versículo, estoy pensando en ese himno que puedes recordar, esa antigua canción que dice:

Prosigo hacia arriba. Voy subiendo cada día. Aún orando mientras sigo adelante. Señor, pon mis pies en lugares más altos.

Mi corazón no se quiere quedar donde surgen las dudas y desmayan los temores. Aunque algunos quieran quedarse donde esto abunda, mi oración, mi objetivo es un lugar más alto.

Quiero escalar a lo más alto, y alcanzar un poco de la gloria que brilla. Pero seguiré orando hasta que me encuentre en el cielo, "Señor, pon mis pies en lugares más altos.

Y luego el coro:

Señor, levántame y permíteme estar de pie por fe en la mesa celestial. Un plano más alto del que me encuentro, Señor, pon mis pies en lugares más altos.

¿Cómo puedes llegar a las alturas? El justo por la fe vivirá. Y así con toda sinceridad Habacuc dice: "el Señor mi Dios es mi fortaleza. Él hace mis pies como de ciervas. Y en mis alturas me hace andar".

Carmen: Palabras de esperanza del libro de Habacuc y de Nancy Leigh DeMoss. El temor y la duda te desanimarán, pero la fe te dará el poder para hacer cosas sorprendentes para el Reino de Dios.

Este es un mensaje de una serie clásica de Nancy llamada Habacuc: del temor a la fe.

Cuando se trasmitió esta serie por primera vez, una radioescucha respondió escribiéndonos:

"¡Sorprendente! Todavía estoy en una situación donde mi marido me miente acerca del pago de la hipoteca. Esta es una situación dolorosa que casi nos ha costado la casa en cuatro ocasiones diferentes. Esta última vez estaba exhausta y casi tiro la toalla. La enseñanza de hoy ha traído fuerza y ánimo a mi vida.

Estoy convencida de que Dios quería que yo escuchara esto hoy. Siempre he tratado de mantener el gozo en medio de la batalla. y en este momento, eso está en el pasado. Esta enseñanza ha puesto en claro muchas cosas para mí. Gracias por los sacrificios que haces diariamente para darnos una perspectiva tan poderosa y ungida."

Cuando Nancy comenzó nuestro estudio de Habacuc, el profeta se quejaba y lamentaba.

Annamarie Sauter: "¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda, y no escucharás? ¿Clamaré a ti violencia y no salvarás? ¿ Por qué me haces ver la iniquidad y me haces mirar la opresión? La destrucción y la violencia están delante de mí, hay rencilla y surge discordia, por eso no se cumple la ley y nunca prevalece la justicia. Pues el impío asedia al justo por eso sale pervertida la justicia".

Carmen: En el próximo programa veremos los versículos finales de Habacuc y descubriremos por qué el final es tan diferente del principio.

Annamarie: "Oh Señor he oído lo que se dice de ti, aviva oh Señor Tu obra en medio de los años, en medio de los años dala a conocer, en la ira acuérdate de tener compasión. Se detuvo e hizo temblar la tierra, miró e hizo estremecerse a las naciones. Sí, se desmoronaron los montes perpetuos, se hundieron las colinas antiguas, sus caminos son eternos, traspasaste con sus propios dardos las cabezas de sus guerreros que irrumpieron para dispersarnos, su regocijo fue como el de los que deboran en secreto a los oprimidos, marchaste por el mar con tus caballos en el oleaje de las inmensas aguas, oi y se estremecieron mis entrañas a tu voz temblaron mis labios entra podredumbre en mis huesos y tiemblo donde estoy, tranquilo espero el día de la angustia al pueblo que se levantará para invadirnos. Aunque la higuera no eche brotes ni haya fruto en la viña aunque falte el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, aunque falten las ovejas del aprisco y no haya vacas en los establos, con todo yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación. El Señor Dios es mi fortaleza el ha hecho mis pies como los de las ciervas y por las alturas me hace caminar. Para el director del coro con mis instrumentos de cuerda.

Carmen: Les esperamos en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se especifique lo contrario.

1"Higher Ground." Johnson Oatman, Jr.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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