Podcast Aviva Nuestros Corazones

Salvador

Annamarie Sauter: Nancy DeMoss de Wolgemuth pregunta, ¿Qué significa ‘salvación’?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Creo que tendemos a minimizar o a subestimar lo que significa ser salva y tener un Salvador. En nuestros círculos evangélicos, con frecuencia pensamos en eso como algo que pasó en un momento en el tiempo donde hicimos algún tipo de profesión de fe o tomamos una decisión, o donde verdaderamente pusimos nuestra fe en Jesús y fuimos rescatadas del Infierno. “Ahora, soy salva. Una vez salva, siempre salva, y ahora yo seguiré con el resto de mi vida, y nunca más pensaré en eso.” 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continúa en la serie, "La maravilla de Su Nombre". En esta estamos estudiando treinta y dos nombres de Jesús. El nombre acerca del que aprenderemos hoy se aplica de manera muy personal a cada una de nosotras.

Aquí está Nancy explorando el nombre, “Salvador.”

Nancy: Una de las cosas que me encanta de este libro, la Biblia, la Palabra de Dios, es que hay temas que se extienden a lo largo de toda la Escritura. Al estar leyendo—el Antiguo Testamento, Nuevo Testamento, libros de Historia, libros Poéticos, libros Proféticos, los Evangelios, las Epístolas, el Apocalipsis—al leer los diferentes libros y géneros y partes de la Escritura (espero que no te quedes en solo una parte; sino que la leas toda) yo espero que vayas haciendo conexiones.

Espero que estés viendo cómo la historia, el drama de la redención se origina en Génesis capítulo uno pero sigue un hilo conductor hasta el último capítulo de Apocalipsis. Y si yo fuera a reducir la Biblia a un tema principal, probablemente el tema que escogería seria el tema de la salvación. La Salvación—porque puedes ver este tema entre tejido a través de toda la Escritura, y de eso es que quiero hablar en el día de hoy.

Necesitamos salvación porque hay pecado en este mundo. Hay pecado en nuestros corazones. Y a lo largo de la Escritura tú ves que:

  • Cuando la gente peca, Dios trae disciplina. 
  • Que el pecado tiene consecuencias. 
  • Y cuando la gente ya se siente miserable e incómoda con esas consecuencias, porque experimentan esclavitud y opresión. 
  • Y se sienten tan miserables, entonces claman al Señor.
  • Y luego el Señor envía liberación. . . y Él envía salvación.

Y puedes ver este tema en el libro de los Jueces. Es una gran imagen en el Antiguo Testamento del evangelio y de la obra salvadora de Dios. Permíteme leerte solo un párrafo en Jueces capítulo 2. Y quiero que escuches la gracia salvadora de Dios aquí. Dice:

Entonces los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos del SEÑOR y sirvieron a los baales [Hay pecado], y abandonaron al SEÑOR, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto. . . (versículo 14) Y se encendió la ira del SEÑOR contra Israel, y los entregó en manos de salteadores que los saquearon; (v. 11,14).

Así que, aquí vemos la disciplina. Ahora, ellos no vieron la mano de Dios haciendo esto, pero al leerlo, sabemos que no fueron las naciones enemigas las que en realidad estaban detrás de estos desastres. Fue Dios, quien estaba trayendo disciplina a Su pueblo rebelde. Y en el versículo 14 dice:

Y [Dios] los vendió en manos de sus enemigos de alrededor, y ya no pudieron hacer frente a sus enemigos. . . y se angustiaron en gran manera. (v. 14–15).

Escucha, si has pecado y terminas en angustia, da gracias a Dios, porque la angustia puede ser la misma cosa que te acerque y te conduzca a Cristo, como el Salvador en tu vida.

Así que, ellos se angustiaron en gran manera, y luego, en el versículo 16 dice,

Entonces el Señor levantó jueces que los libraron (que los salvaron) de la mano de los que los saqueaban. . . Y cuando el SEÑOR les levantaba jueces, el SEÑOR estaba con el juez y los libraba (los salvaba) de mano de sus enemigos todos los días del juez; porque el SEÑOR se compadecía por sus gemidos a causa de los que los oprimían y afligían. (v. 16 y 18).

Dios envía estos libertadores para salvar a su pueblo. Y la palabra Hebrea para "salvar" en el Antiguo Testamento, es la palabra yashah. Que significa "ser salvo, ser rescatado, liberado." A veces se refiere a victorias militares, ser salvos en una batalla. Y la palabra yashah se relaciona con el nombre del Antiguo Testamento, Josué, que significa "Jehová salva".

Aprendimos anteriormente en esta serie que "Jesús" es la forma griega de ese nombre hebreo, Josué. Jesús, quien salva a Su pueblo de sus pecados—yashah—Dios salvó a su pueblo. La salvación es la mayor necesidad del corazón humano. Creemos que tenemos muchas necesidades, y las tenemos, pero la mayor necesidad es de salvación.

La mayor necesidad de la raza humana es la salvación. Y aprendemos a través de la Escritura que esa salvación se encuentra en Dios y solamente en Dios.

Escucha algunos de estos versículos del libro de Isaías: Yo, yo soy el SEÑOR, y fuera de mí no hay salvador. . . .No hay más Dios que yo, un Dios justo y salvador; no hay ninguno fuera de mí” (43:11; 45:21).

Y luego en Oseas capítulo 13: “Mas yo he sido el SEÑOR tu Dios desde la tierra de Egipto; no reconocerás a otro dios fuera de mí, pues no hay más salvador que yo” (v. 4). Que esto te entre en la cabeza, que te penetre en el corazón, que te entre en todo tu sistema, para recordarlo —no hay ningún Salvador aparte de Dios. No hay nada ni nadie que nos pueda salvar, que pueda satisfacer las necesidades más profundas de nuestros corazones, aparte de Dios.

Cuando escuchas todos los comentarios políticos, los noticieros, y escuchas a la gente decir, “Lo que se necesita hoy en día es. . .” y “Lo que se necesita hoy en día es aquello. . .” o “Lo que se necesita solucionar es esto. . .” No. La mayor necesidad del corazón humano y de la raza humana es la necesidad de salvación, y eso solamente viene de Dios.

Y setecientos años antes del nacimiento de Jesús, el profeta Isaías predijo: “Él les enviará un salvador y un poderoso, el cual los librará” (19:20). Así que, por milenios, la gente esperaba, anhelaba, gemía—en necesidad desesperada de un Salvador. Desde Génesis capítulo 3, el hecho es que, toda la humanidad ha estado en una necesidad desesperada de liberación, de salvación. Hemos necesitado desesperadamente un Salvador.

Y ese Salvador tenía que ser ambas cosas, divino y humano. Y veremos las razones de por qué mientras continuamos en el día de hoy, pero eso significa que se necesitaba un gran Salvador para salvarnos de nuestros pecados. Porque la Escritura dice que, por naturaleza éramos hijos de desobediencia. (Ese es un término que encuentras en el libro de Efesios.) Esa era nuestra composición genética, nuestro ADN.

No solo fue que desobedecimos, nosotros éramos hijos de desobediencia. También éramos el producto de la desobediencia. Eso es lo que éramos. Éramos hijos de ira. Y la Escritura dice que no teníamos esperanza.

  • Estábamos sin Dios.
  •  
  • Impías.
  • Débiles. 
  • Enemigas de Dios.
  • Esclavas del pecado. 
  • Estábamos muertas en nuestros delitos y pecados. 

Y me gusta lo que dice John Piper acerca de eso, “Con Dios No solo estábamos en la perrera. ¡Estábamos en la morgue!”

Estábamos muertas en delitos y pecados. ¡Qué condición tan horrible! Yo fui salva a la edad de cuatro años, pero todas esas cosas describían lo que era la realidad en mi vida hasta el momento en que fui a Cristo y clame a Su Nombre, y confié en Él para salvarme. Yo era todas esas cosas.

Yo era enemiga de Dios; una hija de ira; no tenía esperanza; estaba muerta en delitos y pecados—y tú también. Y también lo son algunas de ustedes que nos escuchan en el día de hoy. Esa es aún tu composición genética. Sigue siendo tu ADN. Y mi oración es que, al final de este día, llegues a poner tu fe en Jesucristo y obtengas una nueva vida.

Y entonces llegamos al final del Antiguo Testamento, donde tenemos la humanidad irremediablemente atrapada en su pecado y en su maldad. Y vemos al final del Antiguo Testamento una maldición debido a los pecados de la humanidad, y luego entonces tenemos un silencio. . . durante cuatrocientos años. . .desesperación, oscuridad, angustia, una necesidad desesperada y un anhelo por un Salvador.

Y entonces abrimos las páginas del Nuevo Testamento, y empezamos a ver luz y salvación que viene a través de sus páginas. Y escuchamos a María de Nazaret orando en Lucas capítulo 1, y ella dice: “Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.” Y vemos que Jesús nació y Su Nombre, dado como testimonio de Su misión, el ángel le dice a José (a su padre adoptivo), “Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados.” (Mat. 1:21).

¡Esa es una buena noticia! ¡Esa es una gran noticia! Eso es el evangelio. Y luego oímos que ángeles vienen a los pastores en una colina, esa noche cuando le dicen, “Porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11). Y me encanta ese nombre, Salvador, y es el nombre que queremos ver en los momentos en que hoy tenemos juntas durante este programa.

La palabra griega en el Nuevo Testamento para Salvador significa "un libertador, un preservador." En forma de verbo significa " salvar," o "sanar”, "preservar" o "rescatar." Salvar a los pecadores es la misión de Jesús. Por eso vino a esta tierra; por eso Dios lo envió a esta tierra.

Y déjame sólo leerte algunos de estos versículos del Nuevo Testamento (si vas a www.AvivaNuestrosCorazones.com y buscas la transcripción del programa de hoy, podrás tener todas las referencias al lado de estos versículos, en caso de que quieras buscarlos):

“Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido.” (Lucas 19:10).

“Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él” (Juan 3:17).

“Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero.” (1 Tim. 1:15).

“Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió al Hijo para ser el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14).

Ahora, la obra de salvación de Jesús en nuestras vidas tiene diferentes aspectos. Hay un aspecto pasado, uno presente y uno futuro de la salvación que recibimos de Jesús nuestro Salvador. Hay un sentido en que, si has puesto tu fe en él, Él te ha salvado, tiempo pasado. Te salvó de la pena del pecado. “Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe” (Ef. 2:8).

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad, 5 Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, 6 que El derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, (Tit. 3:4–6).

Quien salva es un Salvador. No puedes ser salva sin un Salvador. Y tenemos un sentido de la salvación en tiempo pasado. En términos teológicos eso es lo que llamamos "justificación"—hemos sido declaradas justas ante los ojos de Dios, por el precio que Jesús pagó por nosotros en la cruz.

Pero hay otro sentido en el cual nuestro Salvador nos está salvando ahora mismo, nuestra salvación en tiempo presente. Él nos está salvando del poder del pecado. Y a eso en términos teológicos lo llamamos "santificación." Y este es un proceso continuo. Continúa desde el punto de la justificación hasta el día en que veamos a Jesús y entremos en lo que se denomina la "glorificación".

Esta salvación en tiempo presente, 1 Corintios 1 dice, "Porque la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros los salvos es poder de Dios."

La cruz es poder de Dios. Así que cuando alguien te pregunte, “¿Cuándo fuiste salva?” espero que puedas contarles por lo menos una serie de circunstancias o una temporada en tu vida cuando llegaste a la fe salvadora de Cristo.

Pero también espero que puedas decirle, “Todavía sigo siendo salvada. Él me está liberando, me está rescatando, me está liberando del poder del pecado, del pecado que mora en mí.” 1 Corintios 15:1–2 dice, “Ahora os hago saber, hermanos, el evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis [tiempo pasado]. . . por el cual también sois salvos” [tiempo presente].

Para justificarte (en el tiempo pasado) se necesitó la obra salvadora de Jesús en la cruz, y aún ahora necesitamos al día de hoy la obra de salvación de Jesús en la cruz para santificarnos a ti y a mí, para librarnos de nuestra carne pecaminosa y de los patrones o hábitos pecaminosos. Él nos está salvando. 2 Corintios capítulo 2 dice, “Fragante aroma de Cristo somos para Dios entre los que se salvan y entre los que se pierden.”

  • Hay un tiempo pasado, la justificación (fuimos salvas). 
  • Hay un tiempo presente, la santificación (estamos siendo salvas).
  • Y luego hay un tiempo que está aún por venir, una salvación futura cuando seremos salvas—y gloria a Dios—de la misma presencia del pecado. Nuestro Salvador regresará. Y entonces seremos glorificadas. . . como Él. . . llegaremos a ese estado de glorificación. 

Y así leemos en Romanos 5, “Y ahora que hemos sido justificados [tiempo pasado] por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios!” (v. 9 NVI). Hay un sentido futuro de nuestra salvación. Filipenses 3 dice, “Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria” (v. 20–21).

Ahora, toda esta conversación sobre la salvación plantea una pregunta muy importante: Pero ¿De qué nos salva Jesús? Porque, si tú no sabes de que es de lo que nos salva, y de que necesitamos ser salvas, entonces tú nunca correrás hacia Él para que te salve. Tú no lo amarás ni lo abrazarás como tu Salvador si no sabes que tienes una necesidad de ser salvada.

La casa en la que mi familia y yo crecimos se quemó en un incendio la noche antes de mi segundo año de secundaria. Y tuvimos todo tipo de rescatistas que vinieron a salvarnos del fuego. Tengo una hermana que saltó por la ventana del segundo piso a los brazos, o a la red, o a lo que haya sido, de los bomberos que estaban abajo para atraparla. Otros fueron rescatados por bomberos por medio de una escalera. Y algunos de nosotros tuvimos el privilegio de salir caminando de la casa. . . pero el hecho es que había un incendio, había un fuego allí.

Había algo de lo cual teníamos que salvarnos. No hubiéramos estado particularmente agradecidos por aquellos bomberos si ellos hubieran aparecido con sus camiones, con sus sirenas resonando en medio de la noche si no hubiera habido un incendio. Si no hubiera nada de que salvarnos, podríamos estar hasta enojados con aquellos bomberos.

Pero estábamos muy, muy agradecidos por estos hombres, porque sabíamos que había un incendio del cual teníamos que ser salvados. Ahora, ¿De qué nos salva Jesús? Bueno, la Escritura nos dice que Él nos salva de la ira de Dios, del juicio divino. 1 Tesalonicenses dice, “Jesús. . . nos libra de la ira venidera. . . . Porque no nos ha destinado Dios [a aquellos que creemos en Cristo Jesús] para ira, sino para obtener salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1:10, 5:9).

Escucha, tú tendrás una cosa o la otra. Tendrás salvación por medio de Jesucristo y solo por Cristo, o experimentaras la ira eterna y el juicio de un Dios santo por tu pecado. Tú tendrás salvación o ira. Hoy en día hay tan poca enseñanza sobre el infierno, sobre el juicio—sobre la santidad y sobre la ira de Dios. Y como resultado, hemos presentado un Dios falso, y la gente no tiene ningún sentido del peligro—ningún sentido de necesidad de ser salvadas de nada.

Pero el hecho es que, merecemos la ira de Dios por nuestros pecados. Merecemos ser maldecidas por toda la eternidad, y si Él no nos salva, nosotras debemos soportar nuestro propio juicio. O tú confías en el juicio que Él soportó por ti, o tú soportarás tu propio juicio por toda la eternidad. Jesús nos salva de la ira de Dios.

Él nos salva del pecado; Él nos salva de su penalidad, de su paga. La paga del pecado es muerte. Y 2 Timoteo nos dice que tenemos un Salvador, Jesucristo, quien ha abolido la muerte. Y ¿Cómo hizo El eso? Pagando la penalidad con Su propia muerte por nuestros pecados. Él nos libra de la pena del pecado, Él nos está librando del poder del pecado, y un día Él nos salvará para siempre de la presencia del pecado.

Él nos salva también de las tinieblas. Colosenses 1:13 nos dice, “Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado.” Y creo que tendemos a minimizar o a subestimar lo que significa ser salvas y tener un Salvador. De nuestros círculos evangélicos, con frecuencia pensamos en eso como algo que pasó en un momento dado donde hicimos algún tipo de profesión de fe o tomamos una decisión, o verdaderamente pusimos nuestra fe en Jesús y fuimos rescatadas del Infierno.

“Ahora, soy salva. Y una vez salva, siempre salva, y ahora seguiré con el resto de mi vida, y nunca más pensaré en eso.” ¡Eso es una falsedad! Nos perdernos del magnífico alcance—la profundidad, la anchura, la longitud, la altura, la amplitud, la extensión completa de la increíble salvación de Dios. Y olvidamos que Él vino a salvarnos, cada parte de nosotras, de todas las consecuencias de la Caída.

Jesús vino, nuestro Salvador vino, para derretir nuestros corazones difíciles, para darnos el regalo del arrepentimiento, y para quitarnos, para llevarse nuestro amor a pecar. ¿Ahora, no sería eso la salvación?... el no querer pecar jamás, el no pecar más. Y ¿Sabes que un día eso será verdad? ¡No tendremos el deseo de pecar jamás!

“Oh ven, Señor Jesús y sálvame. ¡Lo necesito!” Él vino a preservarnos, a salvarnos de nosotras mismas y, en última instancia, a librarnos de todo mal, y del Maligno, y llevarnos al Cielo para vivir en dulce comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo por siempre y para siempre. ¡Qué salvación tan grande!

Así que, el día de hoy yo quiero hacerte dos preguntas: En primer lugar, ¿alguna vez te has dado cuenta y has reconocido tu necesidad de ser salva? Tú no puedes ser salva, si no sabes que necesitas ser salva. Si no piensas que te estás ahogando, no apreciaras a un rescatista. Si no piensas que hay un incendio, no apreciaras al bombero que viene a salvarte.

Y si no piensas que eres una pecadora, no solo que haces cosas pecaminosas, sino que tu ADN es perversamente pecaminoso—que te has rebelado contra de Dios y Su ley. Si no sabes que eres una pecadora. . . si nunca lo has sabido, nunca has estado bajo la convicción de que eres profundamente pecadora, entonces tú no amaras al Salvador y confiaras en que Él puede salvarte. ¿Alguna vez has reconocido tu necesidad de ser salva?

En segundo lugar, ¿en quién o en que estas confiando hoy para salvarte? Jesús no es solo un Salvador, Él no es solo mi Salvador—aunque sí lo es—Él es el Salvador del mundo. Ese es un principio fundamental del “Cristianismo 101.” No hay salvación en nadie más, “y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

No hay ningún otro Salvador, ninguna otra religión, ningún otro medio de salvación, y tú no puedes y nunca serás salva al ver o al buscar a cualquier persona o a cualquier cosa o a cualquier lugar, aparte de Cristo por liberación. Si te fijas en ti misma, si te fijas en los demás, si te fijas en otras religiones para salvación. . . . Si es eso en lo que estás confiando. . . tú no podrás ser salva.

Si la gente se pudiera salvar a través de cualquier otro sistema religioso, tan popular como fuera, entonces Jesús no es el Salvador. Si Él es el Salvador, entonces no hay ningún otro camino para ser salva. Nada ni nadie más puede salvarte . . . tus padres, su fe . . . tus amigos, su fe . . . un  consejero . . . tu pastor . . . la religión . . .las buenas obras. Nuestras mejores obras son sucias a los ojos de un Dios Santo porque vienen de corazones pecaminosos.

La filosofía no te puede salvar, la ética no te puede salvar, el ser bautizada no te salva, padres cristianos, conocimiento bíblico. . . ninguna de esas cosas puede proveerte el rescate y la liberación del pecado que nosotras necesitamos desesperadamente. Por lo tanto, ¿en quién o en que estas confiando—hoy—para salvarte por toda la eternidad?

Y quiero que veas lo que dice hebreos capítulo 7 versículo 25, nos dice que Jesús “es poderoso para salvar para siempre.” Y eso significa completamente, totalmente, cada parte de nosotras, por siempre, por todo el tiempo y toda la eternidad. Y tal vez te preguntes, al pensar en todas las cosas que has hecho en el pasado, ¿Podría él realmente salvarme? Él es poderoso para salvar para siempre.

Y tal vez te preguntes esto acerca de alguien que tú amas. Tal vez te estés preguntando, ¿Podría Dios realmente llegar a traspasar ese corazón, ablandarlo y salvarlo? Quiero decirte que Jesús puede salvar al pecador más resistente y duro de corazón, por el poder de su Espíritu Santo. Así que si estás orando por una pareja, orando por un hijo, orando por una amiga que no conoce al Salvador, recuerda que Él es poderoso para salvar, Él es poderoso para salvar, no te rindas, no dejes de orar.

Él fue enviado para salvar; y Él es capaz de salvar; Él está dispuesto a salvar; y Él es poderoso para salvar. ¿Necesitas ser salva hoy? Déjame decirte, "Pon tus ojos en Cristo." Clama a Él, desde tu corazón en este momento.

Y dile, "Señor Jesús, me doy cuenta que soy una pecadora. No me puedo salvar a mí misma. Y no quiero ya depender de mis propias obras, de mis propios esfuerzos, de mi propio pasado (y lo que sea en que has estado dependiendo). Me entrego a Ti completamente, porque Tú tomaste mi lugar, Tú moriste en mi lugar, moriste mi muerte, Tú eres el Salvador del mundo, y en el día de hoy confió en Ti como mi Salvador."

Quizás has escuchado hablar de John Newton, que fue escritor del gran himno "Sublime Gracia," el rechazó la fe que había aprendido de su madre piadosa por muchos años y vivió una vida salvaje e imprudente. Y terminó involucrándose en el comercio de esclavos (él fue capitán de barcos de esclavos) y llegó un punto en el que el mismo se convirtió en un esclavo, lo cual formó parte de lo que Dios usó para llevarlo a ver su necesidad de un Salvador.

Y a la edad de veintitrés años, con su vida arruinada, Dios empezó a atraer el corazón de John Newton hacia Cristo, el Salvador, y finalmente Newton se convirtió en un devoto seguidor de Cristo. Él se convirtió en un pastor, compositor de himnos, y en un aliado de William Wilberforce al tratar de abolir el comercio de esclavos.

En los últimos dos o tres años de su vida, su salud estaba fallando, pero nunca dejó de asombrarse—todas esas décadas más tarde—de la misericordia y la gracia de Dios que tan dramáticamente habían transformado su vida. A la edad de ochenta y dos años, cerca del final de su vida, él le dijo a sus amigos, “Mi memoria está casi totalmente perdida, pero hay dos cosas que puedo recordar: Que soy un gran pecador, y que Cristo Jesús es un gran Salvador.” Aleluya. ¡Qué Salvador! Amen.

Annamarie: Cuando dices que Jesús es tu Salvador, estás diciendo algo verdaderamente profundo. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado mostrando por qué. Ella estará de regreso.

Los nombres de Jesús están llenos de significado. Hemos estado descubriendo esto durante la serie, “La maravilla de Su Nombre.” Este estudio no se trata de saber más sobre Jesús—no se trata de aprender información interesante sobre Sus nombres. Esta serie se trata de llegar a conocer a Jesús íntimamente.

Cada día recibimos preguntas sobre diversas pruebas y circunstancias en la vida de una mujer. Nuestro equipo de corresponsales bíblicas ha preparado un recurso con las preguntas más frecuentes sobre las diversas situaciones que atraviesan las mujeres en diferentes etapas de su vida. Al visitar nuestra página web AvivaNuestrosCorazones.com, te invitamos a visitar la sección de preguntas frecuentes. De seguro serás animada y edificada. 

¿Puede Jesús ser tu Salvador pero no tu Señor? La gente separa estos términos a menudo, pero Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que no puedes separar estos términos tan fácilmente. Ella explicará qué significa que Jesús es Señor. Eso será mañana. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy está de regreso para cerrar el programa de hoy sobre Jesús como Salvador.

Nancy: Si en el día de hoy tu corazón ha sido tocado al saber que nunca has sido salva de la ira venidera, la ira de Dios, Su juicio, Su justo juicio; entonces clama a Cristo desde tu corazón. Y dile, “Oh, Señor Jesús, por favor sálvame. Te necesito. Confió en Ti como mi Salvador.

Señor, el clamor de mi corazón en el día de hoy es que salves las almas en el nombre de Jesús. Y por aquellas de nosotras que te hemos conocido—algunas de nosotras desde hace tantos años, mucho tiempo—como nuestro Salvador, que nosotras nos regocijemos hoy en las maravillas de lo que significa conocer a Jesús como nuestro Salvador. Oro en Su santo Nombre, amén.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

 

Canciones utilizadas:  Dame a Cristo, Jonathan & Sarah Jerez, Vivir Es Cristo ℗ 2013 Jonathan & Sarah Jerez

Give Me Jesus [Performance Track], Praise Hymn Tracks ℗ 2007 Provident Label Group LLC.

 

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

Dawn Wilson, Lindsay Swartz, y Darla Wilkinson proveyeron asistencia de investigación muy útil para esta serie. 

 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.