Podcast Aviva Nuestros Corazones

Recursos del Episodio

Unete al reto de lectura bíblica en un año aquí.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Annamarie Sauter: ¿Le has rendido por completo tu corazón a Dios?

Nancy: Déjame preguntarte si estás dispuesta a confiar en Dios con tu vida en estas próximas semanas. Di: «Sí, Señor, confío en que Tú sabes lo que estás haciendo, que tu Espíritu sabe qué tan profundo debe llegar y cuántos pedregones deberá romper, así como lo que necesita sacar a la superficie». Y di: «Señor, te permitiré hacer lo que Tú sabes que es necesario hacer en mi vida». 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es Rut capítulos 1 al 4.

Esta semana dimos inicio a la serie titulada, «En busca de Dios», la cual es un estudio de doce semanas que te guiará en una búsqueda profunda de Dios. Este se basa en el libro que lleva el mismo título, escrito por Nancy y Tim Grissom. Obtenlo a través de nuestra tienda en línea en AvivaNuestrosCorazones.com, o en tu librería cristiana favorita.

También tenemos a tu disposición tanto los audios como las transcripciones de estos programas, encuéntralos allí en AvivaNuestrosCorazones.com. Te animamos a hacer uso de estos recursos y a reunir a un grupo de hermanas para ir a lo largo de este estudio juntas.

Quizá te preguntas si vale la pena hacerlo… representa una inversión de tiempo y esfuerzo con la esperanza de un avivamiento personal. ¿Vale la pena? Hoy Nancy nos ayudará a pensar sobre esto. Aquí está ella con nosotras.

Nancy: Hace más de 150 años, el 24 de enero de 1848, un hombre llamado James Marshall, encontró oro mientras trabajaba para John Sutter en su rancho en el norte de California. Este lugar se llamó el Molino de Sutter. La noticia se divulgó rápidamente por toda California y en el resto de la nación, y en los siguientes dos años, miles de personas acudieron a California en busca de hacer fortuna.

He leído que durante ese período de tiempo, la población de San Francisco se disparó de 800 personas hasta más de 50,000, en solo dos años. La gente se pasaba hasta nueve meses haciendo el duro viaje hasta California. Muchos llegaron a pie. Otros llegaron en carreta. Algunos llegaron a través del océano. Así fue como San Francisco se convirtió en un puerto importante.

Al llegar, algunas personas hicieron una fortuna rápidamente, pero si has leído acerca de esta fiebre del oro, te acordarás de que no fue el caso para la gran mayoría. De hecho, después de hacer el difícil viaje, al llegar a California se enfrentaban con dificultades increíbles y prácticamente con poca o ninguna garantía de éxito. La tasa de mortalidad era alta. He leído que uno de cada cinco mineros que llegó a California durante el 1849, moría al cabo de seis meses.

Al leer eso, pensé: «Este es un ejemplo de lo que significa buscar algo con todo tu corazón, de ser intencional en la búsqueda de algo». También pone de manifiesto que se puede buscar algo con gran entrega y terminar amargamente decepcionado, al no encontrar aquello que buscabas. Bueno, hice un pequeño estudio a través de la Escritura. Ojalá que tuviéramos tiempo para revisar todos estos versículos. Pero solo un corto estudio nos permitirá ver lo que sucede cuando buscamos al Señor. Permíteme empezar con la promesa de que tu búsqueda será recompensada.

Esto no es como la fiebre del oro de 1949. Al buscar al Señor, Dios promete que serás recompensada. Dice que si lo buscas, lo hallarás. En Deuteronomio capítulo cuatro dice: «Pero de allí buscarás al SEÑOR tu Dios, y lo hallarás si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma» (v. 29).

Esta es la promesa de inicio, para empezar: Si lo buscas, lo hallarás. Experimentarás a Dios de una manera nueva en tu vida a medida que lo buscas con todo el corazón.

Entonces, muchas veces en las Escrituras, el Salmo 105, por ejemplo, dice, «alégrese el corazón de los que buscan al SEÑOR» (v. 3). Buscar al Señor nos ofrece una recompensa, un resultado, de gozo y satisfacción.

Salmo 22: «Los pobres comerán y se saciarán; los que buscan al SEÑOR, le alabarán». (v. 26). ¿Quieres más alegría, más satisfacción, una mayor libertad para alabar en tu vida? Busca al Señor.

Y luego la Escritura dice, en el capítulo cinco de Amós: «Porque así dice el SEÑOR a la casa de Israel: Buscadme, y viviréis. Buscad al SEÑOR y viviréis, no sea que Él prorrumpa como fuego, oh casa de José, y consuma a Betel sin que haya quien lo apague» (v. 4-6).

¿Quieres evitar el juicio final de Dios? Busca al Señor, porque en la búsqueda del Señor, hay vida. Hay vida eterna, pero también hay una calidad de vida que se experimenta aquí, que no podemos llegar a conocer si no buscamos al Señor.

Buscamos la vida en tantos lugares, y fuentes, y personas y cosas. Dios dice: «Búscame y encontrarás la vida. Búscame y vivirás». A continuación vemos el Salmo 34; de seguro estás familiarizada con este versículo: «Los leoncillos pasan necesidad y tienen hambre, mas los que buscan al SEÑOR no carecerán de bien alguno» (v. 10). Cuando buscas al Señor, tienes todo lo que necesitas. Si lo tienes a Él, tienes suficiente.

Luego, Lamentaciones 3, nos dice: «Bueno es el SEÑOR para los que en Él esperan, para el alma que le busca» (v. 25). Experimentarás la bondad de Dios.

Mi nuevo versículo favorito de la Biblia vino a mí mientras yo estaba estudiando esta serie. Está en el Salmo 69:32, y dice así: «Viva vuestro corazón, los que buscáis a Dios».

¿No crees que ese es un gran versículo temático para Aviva Nuestros Corazones? «Viva vuestro corazón, los que buscáis a Dios».

¿Saben qué? Mi carga por el avivamiento se encendió por primera vez, cuando siendo yo una joven, comencé a leer algunos de los relatos de cómo Dios se había movido en avivamientos pasados en la historia, y vi cómo los que buscaban al Señor experimentaron avivamiento. Quiero hacer algo hoy que rara vez hago en Aviva Nuestros Corazones, pero quiero leerles una historia bastante larga que acabo de descubrir esta semana sobre una ocasión en la que Dios se movió con poder en la década de 1950, en lo que en aquel entonces era el Congo Belga.

Permítanme leerlo y verán si no es cierto que los que buscan al Señor experimentarán el avivamiento de corazón. Esto fue escrito por un testigo ocular de ese avivamiento, un hombre que había sido misionero en el Congo Belga por muchos años, y estaba en aquel lugar cuando se produjo este avivamiento en 1953. Él dijo: 

«Cuando Dios viene con poder de avivamiento, es diferente a cualquier cosa que puedas imaginar. No es una campaña o una misión, ni es algo que puedas producir. El avivamiento se produce cuando Dios desciende.

Yo era el líder misionero en mi estación, y había 130 iglesias en nuestra área. Eran iglesias ocupadas, llenas de actividad. Teníamos muchas reuniones, una obra médica, y cientos de niños en las escuelas de las misiones.

Pero, la gente estaba enfriándose. No venían a la reunión de oración ni al estudio bíblico como lo habían hecho antes. Nos asemejábamos un poco a Lázaro –estábamos fuera de la tumba, pero con las manos y los pies envueltos en una toalla. Una misionera lo explicó en pocas palabras, “todo lucía bien desde afuera”.

Alguien exhortó a los misioneros a que pasaran un día entero de cada mes en oración, y muchos respondieron al desafío. Como resultado, varios de nosotros nos dimos cuenta de que no ardíamos por Dios. Los misioneros se dieron cuenta de que algunos tenían problemas entre sí y se reconciliaron. Luego nos reconciliamos con los evangelistas y pastores nacionales que nos acompañaban en oración, pero en eso no consistió el avivamiento.

El avivamiento comenzó en la estación de la misión en Lubutu, a más de 400 millas de donde yo trabajaba. Desde hacía algún tiempo, las personas que se reunían en el estudio bíblico de los sábados en la noche, estaban estudiando el libro de Hechos, especialmente el trabajo de Dios en la iglesia primitiva, pero los misioneros sentían que no había libertad en la oración y la reunión era un poco cuesta arriba.

Luego, un pastor se quebrantó y lloró. Eso fue algo muy raro. Él explicó que tenía dureza de corazón, y mientras compartía, la convicción se extendió hasta que había sollozos y gemidos entre todos los reunidos allí.

Los africanos estaban sobre sus rostros llorando y orando. Los misioneros trataron de calmarlos (exactamente lo que haría un misionero, ¿verdad?), pero fracasaron, y la reunión continuó hasta las dos de la mañana.

El avivamiento comenzó en Lubutu en enero de 1953. En mayo, se había extendido a la estación de mi hermano, a 160 kilómetros de distancia, y en julio, me había alcanzado en Wamba, a otras 260 millas de distancia. Y así siguió y siguió. El avivamiento se extendió como un incendio forestal a través de cientos de kilómetros, y otras misiones fueron impactadas también.

Mi iglesia había enviado un evangelista hasta Lubutu al final de su formación, y él estaba allí cuando comenzó el avivamiento. A su regreso a nosotros, durante el primer domingo, él predicó de Éxodo 19, de los versículos del 10 al 11. «El SEÑOR dijo también a Moisés: Ve al pueblo y conságralos hoy y mañana, y que laven sus vestidos; y que estén preparados para el tercer día, porque al tercer día el SEÑOR descenderá a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí».

Fue un mensaje maravilloso, pero no pasó nada, así que cantamos el último himno, di la bendición e invité a todos aquellos que necesitaban ser ministrados a permanecer en sus asientos. A medida que la congregación se iba, un joven maestro se sentó al frente, llorando y temblando incontrolablemente.

Mientras tanto, una joven paralizada, repentinamente comenzó a gritar: «¡¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? Me voy al infierno!»

La gente volvió corriendo a la iglesia. Yo estaba ministrando a los que estaban llorando cuando un africano llegó corriendo con el mensaje urgente de que mi esposa me necesitaba en nuestra casa. Corrí a casa y encontré el lugar lleno de gente.

Un líder, un buen cristiano, estaba en el suelo, retorciéndose de agonía y gritando una y otra vez: «¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer?» Después de un rato, confesó sus pecados y luego declaró con alegría, «¡mi corazón está limpio! Reclamo perdón por la muerte y la sangre de Jesucristo, mi Señor».

En un momento, todos los presentes estaban reclamando el perdón con un gozo radiante, y todos volvimos a la iglesia para otra reunión. El día siguiente fue un día para rectificar todo entre nosotros. De repente, Dios había llegado; fue una visitación del cielo.

Dios se movió de una manera poderosa. Le escribí una carta a un evangelista que estaba a 200 millas de distancia, con la intención de decirle lo que estaba sucediendo en Wamba, pero tan pronto como leyó la carta, él también quedó bajo del poder de Dios. Compartió la carta con su iglesia, y el Espíritu descendió sobre ellos también.

Inicialmente fue solo un avivamiento entre el pueblo de Dios. Pocos inconversos se salvaron durante los primeros dos o tres meses. Primero, Dios estaba limpiando la iglesia. Nuestros corazones estaban siendo probados.

Algunas personas habían escondido los pecados por años, habiendo llegado a la conclusión de que estos pecados no tenían importancia. Dios estaba tratando con personas de manera dolorosa.

Un niño sintió convicción por haber robado una navaja de afeitar antes de su conversión, y se dirigió hasta la tienda –donde el dueño, quien no conocía a Dios– para hacer restitución. «Jesús ha venido a mi corazón», dijo, mientras le entregaba el dinero por el costo de la navaja, «y estoy en un camino diferente».

Por otro lado, un gran y fornido evangelista retorcía las manos mientras caía en el suelo, entre lágrimas. Este hombre fue una estrella brillante en la misión. Él había establecido iglesias y había llevado muchos a Cristo, pero tenía un gran pecado que confesar, y no pudo encontrar la paz hasta que se paró frente a la iglesia y confesó todo.

Sus palabras fueron como una descarga eléctrica, y la gente cayó al suelo en arrepentimiento. Para este tiempo ya todo el pueblo hablaba de Dios. A veces la convicción puede ser una cosa terrible, y los que se resisten a ella son los que más sufren.

Un evangelista entró en coma durante tres días. Otra mujer se volvió loca bajo una fuerte convicción hasta que confesó su pecado. Para algunos, ese fue el precio de esconder el pecado y resistir a Dios.

Todos los cristianos venían a las reuniones, que eran bastante largas. No era raro que un estudio de la Biblia comenzara a las 6:30 de la mañana y continuara hasta más allá del mediodía. La gente hablaba en voz baja porque sentían la cercanía de Dios.

Un misionero mandó una carta a su casa: «Parece que estamos envueltos completamente por la presencia de Dios. He estado en reuniones en las que la presencia de Dios era tan real que casi no nos atrevíamos a tomar asiento».

Me acordé de Job 42:5, que dice: «He sabido de ti solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven». Habíamos saturado nuestro pueblo con la Palabra de Dios durante mucho tiempo, y cuando vino el avivamiento, el valor de esto se hizo evidente. Incluso personas que habían dejado las escuelas hacía muchos años y que podían estar trabajando en el campo, en un huerto a muchos kilómetros de cualquier iglesia cristiana, Dios se les acercó y les trajo versículos a la memoria.

La reforma que resultó de este avivamiento fue maravillosa. Muchos de ellos habían robado del estado, y los cristianos y los convertidos querían hacer restitución. Tantas cosas fueron devueltas a la oficina belga, que un funcionario oficial avergonzado me escribió, «señor Davies, no tengo tiempo para manejar todo esto. Dígales que vayan a su misión, llenen allí un camión y luego traigan la carga aquí».

Dios es luz, y la gente no podría vivir en comunión con Él permaneciendo al mismo tiempo en la oscuridad del pecado. La gente oró como nunca antes. La oración simultánea era algo común en el avivamiento, pero nunca parecía estar fuera de contexto ni era desordenada.

El pueblo también tenía una pasión por el evangelismo. Incluso los paganos querían que los cristianos vinieran a su pueblo para dirigir un culto. Las personas fueron salvadas por los cientos y miles expandiéndose así la iglesia.

¿Se mantuvo esto en el tiempo? Mantuve un diario durante 18 meses, y al final de ese tiempo, el poder de Dios todavía estaba allí. Treinta años han pasado y los líderes de las iglesias actuales son aquellos que fueron bendecidos por el avivamiento».

Ahora quiero hablar por unos momentos sobre el proceso de buscar a Dios, sobre el proceso de avivamiento. Oseas capítulo 10, versículo 12, es un versículo que les parecerá familiar a muchas de ustedes, y que habla del proceso de avivamiento.

«Sembrad para vosotros según la justicia; segad conforme a la misericordia; romped el barbecho».

Aquí vemos una analogía de la agricultura –de sembrar, cosechar, y romper, de arar el terreno endurecido, «porque ya es tiempo de buscar al Señor...hasta que él venga y les envíe lluvias de justicia» (NVI).

Tú dirás: «¿Por cuánto tiempo se supone que debemos buscarlo? ¿Esta semana, la próxima semana, por doce semanas? Eso parece mucho tiempo, sobre todo en nuestros tiempos de hoy. «Ya es tiempo de buscar al Señor... hasta que él venga y les envíe lluvias de justicia».

Ahora bien, revisando esta analogía de la agricultura, les confieso que siendo una chica de la ciudad, no sé nada acerca de la agricultura. Así que hace unos días llamé a un amigo agricultor, un hombre que creció en una granja de trigo en Kansas, y hablé con él un rato sobre el significado de algunas de estas analogías, y sobre el proceso envuelto en todo esto. Obviamente se necesita tiempo para obtener una cosecha. Un proceso es necesario. No se puede tirar semillas en el suelo y esperar que tengamos una cosecha al despertar la mañana siguiente. ¿Cuál es la primera parte del proceso?

El versículo de Oseas no contiene el orden correcto. La primera parte del proceso es romper el terreno duro –el proceso del arado, y Marcos, mi amigo, me hablaba sobre lo importante que este proceso es para los agricultores. De hecho, él dijo que es la parte que más tiempo consume.

No se ve el fruto, no se ve la recompensa mientras estás arando, pero tienes que hacerlo. Es el proceso de preparar el terreno para recibir la semilla; es una ilustración que habla de preparar nuestros corazones. De antemano les digo que durante las primeras semanas de esta serie nos vamos a concentrar en el arado.

Arar, preparar la tierra de nuestros corazones. Nuestros corazones se endurecen al vivir en este mundo como lo hacemos, persiguiendo todas las cosas menos al Señor. Entonces necesitamos tiempo, y se necesita tiempo para preparar nuestros corazones, y para buscar al Señor.

Ahora, Marcos me dijo algo que yo no sabía, y es que hay dos etapas de preparación del terreno antes de sembrar la semilla. Marcos siembra trigo, así que ellos hacen el arado a finales del verano y luego plantan en el otoño. Donde yo vivo, cultivamos el maíz y la soja, así que aramos en la primavera.

Independientemente de cuándo se hace el arado, la primera parte del proceso es el arado en sí, es el momento cuando se revuelve la tierra. Ellos usan un tractor para este proceso, y esta es la parte más profunda de la obra. El tractor ara a ocho o diez pulgadas de profundidad dentro del suelo.

Ahora bien, si el terreno ha estado empacado, es un trabajo duro, y se necesita un instrumento fuerte y pesado. Marcos dice que se puede sentir el tractor tirando de este arado mientras se rompe el terreno; mientras se revuelve la tierra. Todo el terreno duro en la parte superior se revuelve, y el terreno fresco y bueno que hay debajo de la superficie se lleva hacia arriba.

Marcos me dijo: «Siempre me ha gustado el tiempo del año donde se hace el arado, porque se siente como un nuevo comienzo, terreno fresco». ¿No te gustaría tener terreno fresco en tu corazón, un corazón que sea receptivo y sensible hacia el Señor? Eso requiere que el terreno sea arado, y Marcos dijo que es importante que el arado profundice lo suficiente en el terreno. Si solo roza por encima de la superficie, no se va a conseguir la mejor tierra.

Tendemos a querer que Dios nos avive, pero que lo haga rápido. Terminemos con esto. Terminemos la parte dura rápidamente. No queremos que Dios baje a lo profundo de nuestro corazón. Imagínate lo que podría descubrir allí! ¡Qué asco!

¿Qué podría salir a la superficie? Eso puede atemorizar, sobre todo si el terreno de ocho a diez pulgadas de profundidad tuviera sentimientos, diría: «¡Ay! Esto me duele! ¿Por qué no me dejas en paz? Me sentía cómoda aquí. Las cosas estaban bien hasta este arado llegó y puso todo al revés en mi vida».

Habrá momentos en el proceso de avivamiento cuando quizás pienses, «¿por qué me metí en esto?¿Por qué no dejamos las cosas como estaban? ¿Por qué tenemos que cavar todo esto? ¿Para qué sirve este proceso de arar? ¡Esto me duele!»

¿Quieres una cosecha de justicia? ¿Quieres experimentar la alegría del avivamiento personal? Tienes que dejar que el arado haga su trabajo.

Ahora bien, eso es solo la primera parte de romper el barbecho o el terreno endurecido. La segunda parte en el proceso es el desgarre; y aquí es cuando vuelven con otro instrumento que va surcando el terrero recién arado, rompiendo todos los terrones. Es la parte del proceso de refinación, es donde se van rompiendo los pedazos en partículas finas, de modo que esté listo para la semilla que se sembrará. El terreno es suavizado otra vez; este proceso puede ser doloroso.

Así que vemos esos terrones que deben ser desbaratados; y así también hay terrones en nuestras vidas. Hay partes duras. Hay partes difíciles. Hay partes espinosas.

Hay partes pedregosas que necesitan ser rotas, y les voy a decir, que nos duele cuando el Espíritu de Dios comienza a hacer Su trabajo de arar y surcar nuestras vidas. Nos sentimos expuestas. No estamos seguras de que queremos pasar por esto, pero si te resistes al proceso de arar, nunca alcanzarás una cosecha de justicia.

Ahora bien, este proceso requiere paciencia –arar, luego plantar, luego esperar, cultivar, cuidarte de las malas hierbas, todo lo que está envuelto en el proceso de una cosecha. Incluye toda una temporada, más de un año de duración. Tienes que esperar, y a veces, hasta parecería que nada estuviera sucediendo. Habrá ocasiones en las que al buscar al Señor, dirás: «Yo lo intenté. Simplemente no funciona».

Espera. La parte de arar será larga, y a veces, será difícil. Solo estoy advirtiéndote, no es para asustarte, pero, para que sepas lo que debes anticipar. Eso es normal. Eso está bien. Se trata de una buena parte del proceso. Es una parte necesaria del proceso.

Déjame preguntarte si estás dispuesta a confiar en Dios con tu vida en estas próximas semanas. Di: «Sí, Señor, confío en que Tú sabes lo que estás haciendo, que tu Espíritu sabe qué tan profundo debe llegar y cuántos pedregones deberá romper, así como lo que necesita sacar a la superficie». Y di: «Señor, te permitiré hacer lo que Tú sabes que es necesario hacer en mi vida.

Quiero decirte, si tienes paciencia, si esperas al Señor, si permites que Él haga ese trabajo, y por cierto, no puedes hacerlo por ti misma. Es Dios que tiene que hacer esto. El agricultor puede hacer todo bien, pero al final es dependiente de Dios para que envíe la lluvia y el sol para lograr la cosecha. Es sobrenatural, pero mientras esperas en el Señor, mientras permites que are las partes duras de tu corazón y que siembre la semilla de Su Palabra en el terreno de tu corazón, tienes la promesa de que habrá una cosecha de justicia.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth estará de regreso para orar. Me encantó el versículo que ella nos recordó, «Viva vuestro corazón, los que buscáis a Dios».

Esta serie de programas titulada, «En busca de Dios» es una guía en el proceso de avivamiento personal, y hoy hemos escuchado acerca de una parte vital de este. Arar, preparar la tierra de nuestros corazones; porque estos se endurecen en la medida en que perseguimos las cosas de este mundo en lugar de hacer la voluntad de Dios.

Es un proceso difícil, pero a la vez muy gratificante. Para conocer más acerca de lo que es un avivamiento te animamos a visitarnos en AvivaNuestrosCorazones.com. Haciendo uso del buscador podrás encontrar recursos por tema.

La palabra avivar se refiere a hacer volver a la vida, así que cuando hablamos sobre la necesidad de avivamiento, estamos hablando acerca de la necesidad que tiene la iglesia—no la cultura que nos rodea—de volver a vivir. Escucha más acerca de esto mañana. Ahora Nancy regresa para cerrar en oración. 

Nancy: Gracias, Señor, que podemos confiar en ti y que tu Espíritu sabe exactamente lo que se necesita en cada uno de nuestros corazones. Oh Señor, te ruego que preparares el terreno de nuestros corazones para estas próximas semanas, para la búsqueda de ti. Haz que nuestros corazones sean tiernos y sensibles hacia Ti. Que no retrocedamos o resistamos Tu arado. Que permitamos que los surcos sean tan profundos como sea necesario.

Revuelve las partes cubiertas de nuestros corazones. Muéstranos lo que ves. Refínanos, y planta la semilla de Tu Palabra, y Señor, produce en nuestras vidas, en nuestros hogares, en nuestras iglesias, y en esta nación, Señor, y en todo el mundo, una gran cosecha, y el fruto del amor inagotable y la justicia. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo, amén.

Annamarie: Clamando a Dios por un avivamiento juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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