Aviva Nuestros Corazones Podcast

Annamarie Sauter: Nancy DeMoss Wolgemuth nos recuerda Quién es el que nos da vida.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Podemos predicar y proclamar la Palabra de Dios todo el día, pero no habrá vida hasta que oremos y supliquemos a Dios, y Dios escuche esas oraciones y se mueva y haga que Su aliento sople en estos huesos secos. Somos absolutamente dependientes de que el Espíritu Santo de Dios traiga avivamiento mientras nosotros lo buscamos.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es 1 Samuel capítulos 1 al 3.

Un campesino no simplemente tira semillas en la tierra y espera a que algo suceda. Él tiene que preparar la tierra, removerla, romper las partes duras y limpiarla. Y así sucede con nuestros corazones. Hay lugares duros que deben ser quebrantados si queremos ver crecimiento espiritual.

Nancy nos habló acerca de esto en el programa de ayer, y hoy ella retoma el tema como continuación de la primera semana del estudio titulado, «En busca de Dios».

Nancy DeMoss Wolgemuth: Si tienes tu Biblia, déjame invitarte a ir al libro de Ezequiel en el Antiguo Testamento. Ezequiel capitulo 37, y estoy en los versículos 1 y 2 de Ezequiel 37.

«La mano del Señor vino sobre mí, y me sacó en el Espíritu del Señor, y me puso en medio del valle que estaba lleno de huesos. Y Él me hizo pasar en derredor de ellos, y he aquí, eran muchísimos sobre la superficie del valle; y he aquí, estaban muy secos».

Ezequiel es un profeta de Dios y es guiado por el Espíritu de Dios en este pasaje, en una visión, a un valle lleno de huesos. 

Ahora bien, cuando piensas en huesos, ¿en qué piensas? En muerte. Esto es un camposanto. Es un cementerio, aunque los huesos no están bajo la tierra… están sobre la tierra. Están tendidos sobre toda la tierra.

No hay vida en un cementerio. Es un lugar desolador. Es un lugar donde no hay esperanza. No hay posibilidad de vida en este valle lleno de huesos.

Ahora, en el contexto inmediato y en la interpretación de este pasaje, es muy claro que Dios está hablando de la nación de Israel. Él está prometiendo que un día Dios restaurará la nación de Israel en esa tierra. Él está hablando no solamente sobre esta restauración de la tierra, sino también a la regeneración espiritual de la nación de Israel. Ese es el contexto inmediato.

Pero yo creo que este pasaje tiene un mensaje y una aplicación para nosotros también. Ciertamente tiene una doble aplicación; primero para aquellos que no son creyentes, y luego para aquellos que sí son creyentes, para la iglesia de Cristo Jesús.

A medida que avanzamos en este relato, hay una imagen del proceso de regeneración ofrecida a aquellos que no son creyentes –una imagen del proceso que está involucrado para que los huesos muertos vuelvan a tener vida– lo que hace falta para que aquellos que están espiritualmente muertos vengan a tener vida espiritual. Eso es lo que se necesita para los que están perdidos, para los que están separados de Cristo. Necesitan venir a tener vida.

Pero esta historia también, esta visión que Ezequiel experimenta en este valle de huesos, también ilustra, yo pienso, el proceso de avivamiento para aquellos que son creyentes, el proceso de avivamiento en la iglesia. De modo que Dios lleva a Ezequiel, pone Su mano sobre él, y lo guía en esta visión, y lo pone en medio de este valle lleno de huesos.

No es suficiente que Ezequiel simplemente escuche acerca de los huesos, o que los vea. Dios lo quiere allí en medio del valle, caminando entre ellos.

Ezequiel no estaba viendo todo esto de lejos, desde la cima de una montaña. ¡No! Él está allí en el valle con estos huesos; y el dice que había muchos huesos y estaban muy secos. Estos huesos cubrían la tierra.

Yo veo aquí en Ezequiel a un hombre de Dios que está dispuesto a ser guiado por Dios y a morar entre todos estos huesos muy secos. Para mí esto es una imagen de lo que vivimos hoy en día. Vivimos entre muchos huesos secos, muchos huesos, muy secos, en nuestra nación y en nuestro mundo.

No es muy divertido vivir en un valle de huesos, estar cerca de estos huesos, el tener huesos secos como vecinos o como miembros de la familia o miembros de la iglesia. Preferiríamos mejor estar entre los que están vivos, entre aquellos que comparten nuestra fe, aquellos que tienen un espíritu vehemente y vital.

Me encanta la fraternidad que existe entre el pueblo de Dios que está espiritualmente vivo. Es más agotador pasar tiempo con aquellos que están sin hambre, sin apetito, sin ningún interés en las cosas espirituales.

Pero hay veces cuando Dios nos lleva a ese valle de huesos secos y dice: «No quiero que veas esto a distancia, quiero que estés ahí en ese valle y que mires y veas lo que está ahí, que lo experimentes».

Sí, es en ese lugar, en ese valle de huesos secos –cuando Dios nos ha guiado ahí– es allí donde nos da una visión de lo que Él puede hacer, de Su poder para traer vida a huesos secos, del poder de la resurrección.

Lo que Dios le va a enseñar a Ezequiel en esta visión es algo que solo Dios puede hacer. Para cualquier ser humano esta es una situación imposible de enfrentar. Pero Dios es más grande que esta tarea. No es un reto para Dios el lidiar con estos huesos secos, con estos huesos muertos. Estos huesos están muertos. Es decir, no hay vida en ellos. Pero Dios es el Dios de la resurrección.

¿No trae alegría a tu corazón ese poder de resurrección? Mientras la historia se desarrolla, veremos que este es un pasaje que nos trae esperanza, especialmente en situaciones cuando podemos ser tentadas a desesperarnos.

Algunas de ustedes pueden estar en medio de valles llenos de muchos huesos secos. Estás ahí, y estás siendo tentada a desesperarte y decir: «¡Este es un lugar de muerte! Mi lugar de trabajo, mi hogar, quizás aun mi iglesia... el evangelio no es predicado ahí. Cristo no es exaltado. Las personas no tienen hambre, no hay apetito por las cosas espirituales». Y quieres salirte de ese valle.

Pero quiero decirte, es en ese valle donde verás la esperanza que el Dios de la resurrección puede traer. Así que déjame animarte a que dejes que Dios te lleve, cuando Él quiera, a ese lugar de huesos secos para que Él te pueda dar una visión de lo que Él puede hacer; para que te pueda dar una carga sobre la necesidad de aquellos a tu alrededor y por las personas representadas por esos huesos secos.

Ahora, a medida que avanzamos al versículo 3, Dios le dice a Ezequiel: «Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?» Vi este pasaje de nuevo esta mañana, y seis veces en los primeros 14 versículos de Ezequiel 37, tenemos la palabra «vivirán». «Vida, vida, vive».

Al leer acerca de estos huesos uno diría: «Esta es una historia acerca de la muerte». Pero esta no es una historia acerca de la muerte. Es una historia acerca de la vida porque Dios está ahí en ese valle. De lo que se trata aquí es de la vida. Dios quiere traer vida a estos huesos, vida espiritual.

Así que Dios le dice a Ezequiel: «Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?» Ahora bien, humanamente hablando la respuesta a esa pregunta pudiera ser: «¡No, absolutamente no!» Uno podría tomar uno de esos huesos en sus manos y preguntarse: ¿Puede vivir ese hueso? No hay posibilidad de que ese hueso tenga vida.

Pero Ezequiel sabiamente dice en el versículo 4: «Señor Dios, Tú lo sabes». Tú lo sabes. ¿Qué quiere decir él con eso? Bueno, podrá querer decir, «Señor, Tú sabes que estos huesos no pueden vivir». O quizás quiso decir, «Señor, solo Tú sabes lo que Tú puedes hacer con estos huesos secos».

Independientemente, él se vuelve a Dios, y en lugar de decir, «Señor, no hay manera de que estos huesos vivan», él dice, «Señor, Tú lo sabes».

¿No es suficiente esa respuesta en medio de tu propio valle de huesos secos? Señor, Tú lo sabes. Tú sabes lo que puedes hacer. Tú sabes lo que hay aquí. Tú conoces las imposibilidades. Tú sabes lo que puedes hacer.

¿Volverá a vivir esta iglesia? Señor, Tú lo sabes. ¿Podrá mi familia ser traída a vida espiritual y a vitalidad? Señor, Tú lo sabes. Señor, ¿podrán los huesos secos de mi vida alguna vez volver a regocijarse y cantar y estar llenos de vida una vez más? ¿Podrá ser restaurada en mí la vitalidad espiritual? Señor, Tú lo sabes.

Y luego Dios le dice algo a Ezequiel que, si no fuera Dios quien lo estuviera diciendo, sonaría muy absurdo y hasta tonto. En el versículo 4, Dios le dice a Ezequiel: «Profetiza sobre estos huesos, y diles: “Huesos secos, oíd la palabra del Señor”».

Ahora, si lo piensas bien, esta es una imagen un poco ridícula. Ezequiel es mandado a predicarles a estos huesos y decirles, «oíd la palabra del Señor».

Por supuesto, los huesos secos no oyen. Y parece una tontería el predicarles a huesos secos… a menos que Dios se mueva sobrenaturalmente en ellos y les dé vida, esos huesos secos no van a hacer nada en respuesta a esa predicación.

¿Pero sabes qué? Nuestra parte no es hacer que los huesos vivan. Ese no es nuestro trabajo. Nuestro trabajo es el proclamar la Palabra del Señor.

Escucha la Palabra del Señor. Tú no puedes hacer que tus hijos tengan vida espiritual, pero puedes hablarles a ellos la Palabra del Señor.

Debo decir que este pasaje también resalta la importancia, la posición central, del papel de la predicación en el proceso de la regeneración y el avivamiento, de la predicación de la Palabra de Dios.

¿Cuál es el motivo de predicarles a esos huesos secos? No pueden responder. No tienen vida. Pero Dios dice: «Predica de todas formas. Predica, y déjame a mí traer vida».

Entre paréntesis, si tienes un pastor que está predicando la Palabra de Dios, dale gracias a Dios por ese hombre, y ¡ora por él! Ora que Dios le dé el valor, la fe, la unción y la fidelidad para seguir predicando y seguir proclamando, aun cuando quizás parezca que la gente no está escuchando o respondiendo.

De manera que Ezequiel tiene que predicarles a estos huesos, y decirles, «huesos secos, oíd la palabra del Señor». Aquí está la palabra del Señor que a él se le ha ordenado predicar. Versículo 5: «Así dice el Señor Dios a estos huesos: “He aquí, haré entrar en vosotros espíritu, y viviréis”».

Espíritu, es la palabra que es traducida también como aliento. Es la palabra hebrea ruach – el aliento de Dios, el espíritu de Dios. Me recuerda de ese pasaje en Génesis capítulo dos donde dice, «Dios formó al hombre», y luego dice que Él «sopló en su nariz el aliento (el ruach) de vida; y fue el hombre un ser viviente» (v. 7).

El hombre solo era un cuerpo físico, un cascarón, hasta que Dios sopló en el hombre Su vida, Su aliento, en la nariz. Entonces el hombre comenzó a respirar. Vino a la vida.

¿De dónde viene la vida? ¿La vida física? ¿La vida espiritual? Viene de Dios, que al soplar Su vida en nuestros cuerpos, nos da vida. Si esto no ocurre estarían nuestros espíritus muertos, sin vida. Dios sopla Su vida en nosotros.

El mensaje a estos huesos es: «He aquí, haré entrar en vosotros espíritu (ruach, el espíritu de Dios, el aliento de Dios), y viviréis». Es una imagen de resucitación boca a boca, más o menos. Eso es lo que necesitamos en la iglesia hoy. Necesitamos el aliento de Dios. Necesitamos que Dios se ponga sobre nuestros cuerpos sin vida y sople Su vida en nosotros para que podamos vivir.

Versículo seis: «Y pondré tendones sobre vosotros, haré crecer carne sobre vosotros, os cubriré de piel y pondré espíritu en vosotros, y viviréis; y sabréis que Yo soy el Señor».

Ciertamente, se necesita fe para proclamar este mensaje a ese valle lleno de huesos secos; para poder pararse sobre ese valle de huesos secos y decir: «Huesos secos, haré entrar en vosotros espíritu y viviréis». Porque si Dios no hace algo, nos veríamos bastante ridículas ahí paradas predicando ese mensaje a ese valle de huesos secos.

Todos van a estar diciendo, «¿qué está haciendo ella ahí? ¿Qué está haciendo ella predicando la Palabra de Dios, hablando la Palabra de Dios, diciéndole a estos huesos secos que vivan? Nada está sucediendo».

Y nada va a pasar si Dios no escucha o interviene. Nuestra parte no es el dar vida a las personas. Esa es la parte que le corresponde Dios. Pero Dios nos está llamando a ejercitar nuestra fe. Él te está llamando a ti a ejercitar tu fe. Fe con relación a ese valle de huesos secos donde vives o dónde trabajas o de donde tú ministras; quizás dentro de tu propio hogar, a creer que por el poder de Dios estos huesos secos pueden vivir de nuevo.

Vemos en las palabras de Ezequiel para los huesos secos, que no es el trabajo de Ezequiel. No es el trabajo de los huesos secos. Ciertamente ellos no pueden darse vida a sí mismos de nuevo. Es la obra de Dios. Es el aliento de Dios, el Espíritu de Dios. Dios dice, «pondré tendones sobre ti, haré carne crecer sobre vosotros… y pondré espíritu en vosotros».

De principio a fin, la regeneración y el avivamiento son trabajos de Dios. No podemos provocar un avivamiento. Lo que podemos hacer que suceda, como un maestro bíblico de nuestra generación ha dicho, es que «podemos levantar las velas de nuestros barcos para atrapar el viento del cielo cuando Dios elija soplar sobre su pueblo otra vez». 

En el versículo 7, Ezequiel dice: «Profeticé, pues, como me fue mandado; y mientras yo profetizaba hubo un ruido, y luego un estremecimiento, y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. Y miré, y he aquí, había tendones sobre ellos, creció la carne y la piel los cubrió, pero…», y aquí está el problema, «no había espíritu en ellos» (v. 7-8). No había ruach. No había espíritu. ¡No había vida!

Estos huesos se habían juntado, pero todavía estaban muy muertos. No había aliento. No había vida.

No es suficiente el juntarnos y hacer ruido, hacer alboroto, como esos huesos que todavía están muertos. Esa es una imagen de reformación moral sin el trabajo vivificador del Espíritu de Dios.

Esta es una ilustración de donde se encuentran muchas de nuestras iglesias, nuestros hogares y nuestras propias vidas hoy. Hay una buena apariencia exterior, pero no hay verdadera vida. Hay poca evidencia de vida espiritual. No hay aliento. No hay poder de Dios. No hay marca del Espíritu sobrenatural de Dios latiendo en nuestros cuerpos y en nuestros hogares y en nuestras iglesias.

La gente puede entrar hoy en una iglesia evangélica promedio y decir: «Hay muchas cosas pasando aquí; mucho ruido, muchos programas, mucha conmoción». Pero, tal y como observaba un líder cristiano, lo triste es que si se retirara el Espíritu de Dios de una de estas iglesias, el 90% de lo que está ocurriendo seguiría sucediendo. No habría ninguna diferencia porque mucho de ello es nuestro esfuerzo, nuestra inventiva, nuestra creatividad, y no el ruach, o el Espíritu de Dios.

Versículo 9, Dios le dijo a Ezequiel: «Profetiza al espíritu (el ruach, el aliento), profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: “Así dice el Señor Dios: ‘Ven de los cuatro vientos, oh espíritu, y sopla sobre estos muertos, y vivirán’”».

De modo que primero Ezequiel fue llamado a profetizar a estos huesos. Esa es una ilustración de la proclamación de la Palabra. Luego Ezequiel fue llamado a profetizar al viento, a orar, a hablarles a los huesos, y a hablarle al Señor. Proclamar la Palabra, y orar. Profetizar a los huesos. Profetizar al viento. Hablar con Dios.

Podemos predicar y proclamar la Palabra de Dios todo el día, pero no habrá vida hasta que oremos y supliquemos a Dios, y Dios escuche esas oraciones y se mueva y haga que Su aliento sople en estos huesos secos. Somos absolutamente dependientes de que el Espíritu Santo de Dios traiga avivamiento mientras nosotros lo buscamos.

Así que Ezequiel les predica a esos huesos secos. Luego ora, y le suplica a Dios por el trabajo del Espíritu de Dios.

Durante estas semanas de buscar al Señor juntas, tenemos que estar clamando delante Dios. Mientras proclamo la Palabra, necesitamos estar juntas gimiendo ante el Señor y ante Espíritu de Dios. No habrá avivamiento personal, no habrá avivamiento corporativo, si no oramos. Solamente el Espíritu de Dios puede hacer eso.

Debemos juntarnos como pueblo de Dios para clamar al viento –no literalmente al viento, físicamente– pero al viento que es el Espíritu de Dios, al aliento de Dios, clamándole a Él por avivamiento.

Versículo 10: «Y profeticé como Él me había ordenado, y el espíritu (ruach) entró en ellos, y vivieron». Vida en un cementerio. Vida donde había solo huesos secos.

«Y (ellos) se pusieron en pie, un enorme e inmenso ejército. Entonces (Dios) me dijo: Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel; he aquí, ellos dicen: "Nuestros huesos se han secado, y nuestra esperanza ha perecido. Estamos completamente destruidos”» (vv. 10-11).

La gente estaba sintiendo una sensación de desesperanza, la nación de Israel había estado esparcida y sin vida, sin señal del Espíritu de Dios. Y muchas de nuestras iglesias se sienten así hoy. A veces miramos a nuestro alrededor y vemos lo que está pasando, y pensamos, «¡nunca va a pasar!, nunca sucederá este gran avivamiento».

Pero ese no es el corazón de este pasaje. El corazón de este texto es decir: «Oh Señor, Tú sabes lo que Tú piensas hacer y lo que puedes hacer que nadie más puede hacer».

Versículo 12: «Por tanto, profetiza, y diles: "Así dice el Señor Dios: He aquí, abriré vuestros sepulcros y os haré subir de vuestros sepulcros, pueblo mío”».

Eso suena como algo que solo Dios puede hacer. Hoy no vamos a los funerales esperando que los sepulcros se abran y que salgan los cuerpos… ¿verdad? Solo Dios puede traer vida a cuerpos sin vida.

Y Dios está diciendo, «eso es exactamente lo que pienso hacer, y no solo en la resurrección final. Yo me especializo en resucitar cuerpos sin vida; a creyentes y a las personas de las iglesias hoy. Yo abriré los sepulcros y los levantaré de sus sepulcros, pueblo mío».

Versículos 13-14: «Y sabréis que yo soy el Señor, cuando abra vuestros sepulcros y os haga subir de vuestros sepulcros, pueblo mío. Pondré mi Espíritu (mi ruach, mi aliento, mi vida) en vosotros, y viviréis».

Eso es lo que hace el avivamiento. Nos rescata de un estado sin vida, de un coma espiritual. En tiempos de avivamiento, mucha gente que nunca nunca tuvo vida espiritual, nacerá de nuevo, serán regenerados. Y aquellos que sí tienen vida pero que han estado viviendo como si estuvieran sin vida, tendrán vida de nuevo.

Vivirás. «Entonces sabréis que Yo, el Señor, he hablado y lo he hecho, declara el Señor» (v. 14).

¿Entonces, cuál es el resultado mientras buscamos al Señor en avivamiento? El resultado es que Dios es glorificado. «Sabrás que Yo soy el Señor». No solo lo sabrás tú, sino los demás también. Ese es el objetivo, que el mundo sepa que Él es Dios.

A medida que Dios traiga este ruach, este aliento, esta vida, creeremos en el poder, la majestad, la grandeza de Dios.

Hoy en día, la falta de vida en nuestras iglesias y en nuestras vidas no es por todas esas religiones falsas que hay allá afuera. Es por los huesos secos que hay dentro de las iglesias. Ese es el problema en nuestro mundo. Por eso es que el evangelio no está saliendo con más fuerza y más vitalidad hacia nuestro mundo. Por eso es que no es más persuasivo en nuestro mundo, porque muchas de nuestras iglesias están llenas de huesos secos.

Muchos de nosotros como creyentes no tenemos ni idea de quién es Dios verdaderamente. Sabemos mucho de Él, pero no estamos experimentando la vida, la vitalidad, el poder transformador del Espíritu de Dios en estos huesos.

Me encanta ese himno que fue escrito a principios de los 1900: «Oh aliento de vida, ven pasa sobre nosotros; aviva nuestra iglesia con vida y poder».

¿Es esa tu oración? Nos estamos uniendo estas semanas para orar, para buscar al Señor, para gemir delante de Él, para buscarlo junto con otros creyentes. Así que hoy unamos nuestros corazones y hagamos juntas esta oración:

Señor, a Ti te oramos. Aliento de vida, visítanos. Ven, Espíritu de Dios. Mueve estos huesos secos. Llénanos de vida. Sopla sobre nosotros, aliento de Dios; llénanos nuevamente con vida, que sepamos —que los que están a nuestro alrededor sepan, que las naciones sepan— que Tú eres Dios. Hazlo por el bien de Tu gran nombre, por el bien de Tu gran reino, y que el evangelio pueda seguir adelante con poder en nuestro mundo, con credibilidad, mientras estos huesos secos recobran la vida. Te bendecimos y te damos gracias, oh Espíritu de Dios, por moverte entre nosotros. En el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: «Podemos levantar las velas de nuestros barcos para atrapar el viento del cielo cuando Dios elija soplar sobre su pueblo una vez más». Esto es lo que Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado recordando hoy.

Hemos visto a Dios usar las verdades de Su Palabra para traer aliento, esperanza y libertad a las vidas de tantas mujeres. Si estos programas han sido de bendición para ti, te animamos a compartirlos con más mujeres para que juntas arraiguemos nuestras vidas en Cristo. 

Puedes compartirlos de diversas maneras: Seleccionando la opción «compartir» en la aplicación llamada Aviva Nuestros Corazones, enviando la transcripción por correo electrónico, o compartiendo el enlace al programa haciendo uso de las diversas opciones que tenemos para ti en,  .

En nuestro próximo programa no solo escucharás sobre el término «avivamiento», sino que literalmente escucharás a guerreros de oración pedirle a Dios que avive a su pueblo. Únete a nuestro clamor mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Clamando a Dios por un avivamiento juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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