Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Annamarie Sauter: ¿Eres consciente de lo que implica que nada se esconde de los ojos de Dios?

Nancy DeMoss Wolgemuth: En esto consiste la confesión, en reconocer la verdad poniéndote de acuerdo con Dios; dejando de esconderte, dejando de ocultarte, dejando de pretender, dejando la falsedad, dejando de tratar de impresionar a los demás y a Dios. ¿Acaso no es una necedad pensar que podemos impresionar a Dios sin ser honestas y auténticas? Él lo ve todo. Él lo sabe todo. Pero la sinceridad acerca de nuestro pecado, la verdad acerca de nuestra condición espiritual requiere confesión.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es 1 Samuel capítulos 30 y 31.

Hoy comenzamos con la tercera semana de la serie titulada, «En busca de Dios». Ya hemos escuchado acerca de tema del avivamiento, acerca de la humildad, y esta semana estaremos viendo el tema de la honestidad. Descubriremos por qué el silencio no siempre es oro si queremos experimentar el gozo de un avivamiento en la relación personal con Dios.

Puedes seguir esta serie haciendo uso del libro también titulado, «En busca de Dios». Si tienes el libro a mano, el programa de hoy corresponde a la lección 2, día 1. Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy: No sé si alguna vez hiciste esto cuando eras niña, pero puedo recordar con claridad aquellos juegos en que pretendíamos ser alguien en particular o hacer algo. Mis juegos favoritos eran jugar a la escuela y a la iglesia. Y claro, yo quería ser la maestra o la predicadora; y algunas cosas no desaparecen tan fácil. Soy la mayor de siete hermanos, así que teníamos «quórum» para hacer una escuela o una congregación en casa.

Mientras crecí empecé a darme cuenta de que muchos adultos todavía continúan jugando los juegos de hacerse pasar por alguien o algo. Uno de los juegos que jugamos más a menudo es el pretender que somos cristianos. Jugamos a la iglesia. Jugamos al cristianismo. Me doy cuenta que el pequeño drama que hacíamos cuando éramos niñas ahora que somos adultas tan solo toma diferentes formas.

A medida que continuamos en este proceso de buscarle a Él y pedirle a Dios que avive nuestros corazones, deseamos experimentar el gozo del avivamiento personal. Estamos poniendo los cimientos básicos aquí, los principios fundamentales.

Ya dijimos antes que el primer principio es el de la humildad. Nunca podrás acercarte a Dios a menos que te humilles. Dios rechaza al orgulloso. Se opone a él. Pero se acerca a aquellos que se humillan.

Si queremos experimentar un avivamiento en nuestros corazones hay otro principio fundamental del cual estaremos hablando esta semana: la honestidad. Sí, la honestidad. Ser transparente, abierta y honesta ante Dios y ante los demás acerca de la verdadera condición de nuestros corazones –sin pretender, sin actuar, sino siendo auténticas.

En este momento les voy a pedir que busquen en sus biblias el libro de los salmos. Deseo que veamos algunos pasajes en los salmos que hablan acerca de la importancia de ser abiertas y honestas delante de Dios. Si vamos a tener un encuentro con Dios, debemos deshacernos de las máscaras, dejar de fingir, abandonar las pretensiones y ser genuinas.

Veremos el Salmo 15, versículos 1 y 2. Este es un salmo de David que nos habla de venir ante Dios, de acercarnos al Señor. Dice: «Señor, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu santo monte? El que anda en integridad y obra justicia, que habla verdad en su corazón».

Es interesante hacer notar que el salmista no termina la oración tan solo con, «el que habla la verdad», pues cuando piensas en hablar la verdad es algo que se hace externamente. Lo que David está diciendo es que el acercarnos a Dios involucra algo mucho más que hablar la verdad exteriormente. Se refiere al lugar donde comienza la comunicación, y esto es en el corazón. Dios le permite a aquel que habla verdad en su corazón, que se acerque a Él y habite en su monte santo. Aquel que no está pretendiendo. Aquel que no está actuando un papel. Aquel que es auténtico.

Si seguimos leyendo unas páginas más adelante veremos el mismo principio en el Salmo 24 versículos 3-5: «¿Quién subirá al monte del SEÑOR? ¿Y quién podrá estar en su lugar santo? El de manos limpias y corazón puro; el que no ha alzado su alma a la falsedad, ni jurado con engaño. Ese recibirá bendición del SEÑOR, y justicia del Dios de su salvación».

La persona que es santa, tiene manos limpias y corazón puro; es una persona que no levanta su alma a la falsedad y que no jura mentiras. No profesa una cosa y vive algo diferente.

Vayamos ahora al Salmo 32, donde de nuevo veremos el mismo principio. Recuerden cuando David pecó adulterando con Betsabé y asesinando a su esposo. Este es uno de los salmos que David escribió después de esta experiencia para describir el proceso por el cual Dios lo llevó, desde cubrir su pecado hasta descubrir ese pecado.

En el versículo 1 del Salmo 32, él dice: «¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto!» ¿Quién cubrirá ese pecado? En este pasaje veremos que si nosotras cubrimos el pecado no seremos bendecidas. Pero si lo traemos a la luz, entonces el mismo Dios se encargará de cubrirlo. Existe una gran diferencia si soy yo que cubro mi pecado o si es Dios que cubre mi pecado.

Esta semana estaremos hablando sobre el peligro y el problema que surge cuando intentamos cubrir nuestro propio pecado. Veremos que es necesario que seamos abiertas y honestas con Dios, y en ocasiones con los demás, acerca de lo que hemos hecho, de cómo hemos fallado, para que Dios pueda cubrir nuestras faltas.

Así que David dice que aquel cuyos pecados Dios ha cubierto, esa persona es bienaventurada. Aquel cuya transgresión es perdonada es limpiado, es cubierto. El versículo 2 continúa: «¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el SEÑOR no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño!» No hay doble ánimo. No hay pretensiones. No hay actuaciones. No hay hipocresía. Esa persona es bendecida.

Luego, en el versículo 3, David comparte que él no siempre experimentó esa bendición. Él dijo: «Mientras callé mi pecado (cuando me negué a hablar de mi pecado a Dios y a los demás), mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día, porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano».

Esta es una imagen de la convicción de Dios. Si no entiendes esta frase quizás significa que no eres una hija de Dios, pues si eres una hija de Dios has tenido la experiencia de tiempos cuando la convicción de Dios ha sido tan pesada en cuanto a tu pecado, que te parece que no puedes respirar.

«Porque día y noche tu mano pesaba sobre mí; mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano. Y qué pasó en el versículo 5? «Te manifesté mi pecado, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al SEÑOR; y tú perdonaste la culpa de mi pecado». 

Esto, como pueden ver, es un cambio de corazón. Inicialmente el dijo: «Callé. No deseaba que nadie supiera lo que había hecho. Cubrí mi pecado. Me mantuve en silencio sobre mi pecado. Pero, llegó un momento cuando la convicción de Dios fue tan pesada sobre mí que no pude más. Tuve que sacarlo a la luz».

Yo dije: «Lo confesaré. Seré honesto. Reconoceré mi pecado ante ti». Fíjense cuántas veces se repite este concepto. «No encubrí mi iniquidad; dije: Confesaré mis transgresiones al SEÑOR».

En esto consiste la confesión –en reconocer la verdad, poniéndote de acuerdo con Dios. Dejando de esconderte, dejando de ocultarte, dejando de pretender, dejando la falsedad, dejando de tratar de impresionar a los demás y a Dios. ¿Acaso no es una necedad pensar que podemos impresionar a Dios sin ser honestas y auténticas? Él lo ve todo. Él lo sabe todo. Pero la sinceridad acerca de nuestro pecado, la verdad acerca de nuestra condición espiritual requiere confesión.

Verás, Dios cubrirá con la sangre de Cristo, con su misericordia y su perdón, todo aquello que estemos dispuestos a descubrir. Pero todo aquello que escondemos, Dios se verá forzado a sacarlo a la luz y a exponerlo. Ahora bien, ¿preferirías descubrirlo tú, permitiendo que Dios lo cubra, o preferirías aferrarte a él escondiéndolo y forzando a Dios a descubrirlo y a exponerlo?

Proverbios 28, versículo 13, es un versículo fundamental aquí, es un versículo clave. Proverbios 28:13 dice: «El que encubre sus pecados (algunas traducciones dicen “aquel que cubre su pecado”) no prosperará, mas el que los confiesa (esto es lo opuesto a ocultarlo; no más esconderse, no más pretensiones, sino confesar) y los abandona hallará misericordia».

Escuchen amigas, les diré algo que me motiva a caminar hacia la luz, a vivir una vida de honestidad y transparencia, es darme cuenta de que todo se sabrá de todos modos. Todo se sabrá en el juicio.

Aquello que estás escondiendo de tu esposo, aquello que piensas que él nunca va a descubrir; aquello que estás ocultando de tus padres; la forma en que has pecado en contra de tu jefe robándole tiempo, dinero o lo que sea; aquello que hiciste hace 15 años, aquello que pensabas que era tan insignificante pero que socava tu conciencia, si no lo sacas a la luz y lo confiesas, algún día se sabrá.

Existen muchas Escrituras que nos dejan ver esto. En Lucas 12:2 Jesús nos dice: «Y nada hay encubierto que no haya de ser revelado, ni oculto que no haya de saberse». Ahora piensa en las partes secretas, escondidas de tu vida, de tu pasado, tu presente; ese enredo emocional en que estás involucrada en el internet, esa relación de correo electrónico. Así es, está sucediendo por montones entre las mujeres cristianas.

¿Piensas que estás escondiendo algo? ¿Piensas que estás cubriendo algo? ¿Piensas que tu marido no se va a enterar? Jesús dijo que no hay nada encubierto que no vaya a ser revelado. No hay nada que esté oculto que no será conocido.

Hebreos 4:13, habla sobre el Dios con el cual estamos tratando, y dice: «Y no hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta». Tendremos que dar cuentas. Esto es algo atemorizante, a menos que aprendas a vivir ahora a la luz del juicio final, a vivir ahora a la luz de la eternidad.

Una de las características notables de la historia de las temporadas de avivamiento, de los grandes despertares, es que con frecuencia las personas estaban abrumadas con un sentido de eternidad, un sentido de juicio. Tuvieron una fuerte convicción de pecados que habían estado escondiendo –cosas que pensaron que eran pequeñas e intrascendentes– ahora lucían enormes delante sus ojos.

Empezaron a clamar ante Dios confesándose, y de ser necesario ante aquellos contra los cuales habían pecado diciendo: «He pecado. No soy esa persona que creías que yo era. He sido una hipócrita. He sido una farsa. No soy esa gran cristiana que siempre pensaste que era». Se sinceraron con su pecado ante Dios y ante los demás.

Si deseas tener la experiencia de un verdadero avivamiento debes estar dispuesta a ser honesta, ser honesta con Dios, ser honesta con tu compañero, ser honesta con los demás. Debo admitir que ser honesta puede ser costoso. Puede resultar doloroso ser honesta y transparente y salir a la luz. Pero quiero decirte algo: a la larga es mucho más costoso andar encubierta, es más costoso pretender y engañar.

En otro salmo que David escribió después de su gran pecado, arrepentido, el Salmo 51:6, le dice a Dios: «He aquí, tú deseas la verdad en lo más íntimo, y en lo secreto me harás conocer sabiduría».

Así que quiero hacerte una pregunta, ¿qué estás ocultando? ¿Qué estás escondiendo? ¿Qué es aquello en tu vida que esperas que nadie sepa? Puede que no sea un gran pecado, de esos pecados que la gente suele medir como enormes, pero si existe algo en tu vida que no has confesado a Dios y a las personas que se ven afectadas por ello, si estás ocultando tu pecado, la Palabra de Dios dice que no prosperarás. Dios dice que Él desea, Él anhela, Él insiste, en la importancia de la verdad en el interior del corazón.

En los evangelios encontramos por lo menos cuatro ocasiones en que las Escrituras señalan que Jesús conocía los pensamientos. Si te pones a pensarlo, ese es un pensamiento aterrador. Jesús sabe lo que estamos pensando antes que lo verbalicemos o hasta si no lo decimos nunca.

Algunas veces estoy sentada en la iglesia tomando notas y aparenta que lo estoy asimilando todo. Pero mi mente está a millones de millas de distancia, o enfocada en lo que los demás piensan de mí, o en cómo voy a resolver esto o aquello, o tengo algo en mi corazón que es muy diferente a mi apariencia externa.

Puedes estar parada conversando con alguien, sonriendo, involucrada en una cálida conversación y a la vez pensando ella es tan aburrida, o ella habla tanto. En realidad no me agrada. Pero ahí estás, de lo más sonriente.

¿Te imaginas tratar con un Salvador que conoce nuestros pensamientos y que un día expondrá cualquier cosa que estemos ocultando? ¿Qué significa caminar en la luz? Significa precisamente eso, vivir en la presencia de Aquel que conoce nuestros pensamientos.

El Salmo 90:8 dice: «Has puesto nuestras iniquidades delante de ti, nuestros pecados secretos a la luz de tu presencia». No existe nada que yo haya hecho, nada que yo esté haciendo ahora que Él no sepa.

Su luz es simplemente un foco, un reflector muy diferente a cualquiera que nos podamos imaginar aquí en la tierra, que examina en las partes y rincones más profundos de nuestros corazones las cosas que pensamos que nadie más sabe. Él sabe. Él las escudriña, busca con Su luz.

Jesús le dijo a la mujer en el pozo: «Ve busca a tu marido». Y ella le dijo: «No tengo marido». Jesús le dijo: «Lo sé. Cinco maridos has tenido, y el hombre con el que vives ahora no es tu marido» (Juan 4:16-18, parafraseado).

¿Qué estaba realmente diciéndole Jesús a esta mujer? Siguió hablándole acerca de que aquellos que adoran deben hacerlo en espíritu y enverdad. Jesús estaba diciendo, «Si vas a venir a Mí, si vas a tener una relación conmigo, debes estar dispuesta a venir a Mí en verdad». 

No hay ni uno solo de tus pensamientos que Dios no conozca, pero Él desea que seas honesta con Él acerca de lo que Él sabe que es la verdad. En esto consiste la humildad. Es difícil. El ser genuina, el ser sincera es parte del proceso de arado que ya hemos mencionado.

Hay una ilustración usada en el evangelio de Juan y otra en su primera epístola –y les voy a pedir ahora que vayan a 1 de Juan conmigo– que tiene que ver con una imagen de lo que es la luz. El discípulo amado nos habla sobre esto en 1 Juan capítulo 1. En el versículo 5 dice: «Y este es el mensaje que hemos oído de Él y que os anunciamos: Dios es luz, y en Él no hay tiniebla alguna».

La luz revela todo lo que la oscuridad esconde. Las tinieblas ocultan. La luz descubre. ¿Qué significa traer algo a la luz? Quiere decir exponerlo. Ponerlo al descubierto. Juan está diciendo: «Este es el punto de partida. Dios es luz. Él todo lo ve. No hay tinieblas en Él. No existe nada que Él no sepa».

En los versículos que siguen, Juan nos proporciona una serie de eventos. De hecho, Roy Hession escribe sobre ello en su libro «Veríamos a Jesús» (We Would See Jesus). Nos habla de tres pasos a través de los cuales nos engañamos progresivamente a medida que nos alejamos de la luz. Primero, en el versículo 6 dice: «Si decimos que tenemos comunión con Él, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad».

Este es el primer paso en la secuencia de eventos que nos alejan de la luz. Mentimos y no practicamos la verdad. Es decir, damos una impresión de nosotras que no es verdadera. Quizás no decimos una mentira pero vivimos una mentira. Hacemos una actuación. Llevamos puesta una máscara. Queremos esconder la verdad acerca de nosotras. No practicamos la verdad. Somos una mentira viviente.

Mentimos acerca de lo que decimos, y mentimos algunas veces al quedarnos calladas. De esta manera engañamos a los demás. Somos expertas en ello. Podemos hacerlo en nuestros hogares con las personas que más nos conocen y por supuesto lo hacemos cuando vamos a la iglesia. Pero el asunto no termina ahí.

Engañamos a los demás, y en el versículo 8, llegamos al punto en que nos engañamos a nosotros mismos. El versículo 8 dice: «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros».

Lo que ocurre es que vivimos una mentira por tanto tiempo, que empezamos a creernos nuestra propia mentira. Empezamos engañando a los demás y terminamos engañándonos a nosotros mismos.

Entonces pensamos, «no he hecho algo tan malo. No soy celosa ni orgullosa como otras personas». La mayoría de los cristianos piensan que van de lo más bien. «Tengo algunas luchas, pero no como aquel que está allá». Nos engañamos y la verdad no está en nosotros.

Lo peor de todo lo encontramos en el versículo 10: «Si decimos que no hemos pecado…» Si cubrimos la verdad, si cubrimos nuestros pecados, si nos negamos a descubrirnos y decimos que no hemos pecado, ¿qué estamos haciendo? Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él (a Dios) mentiroso y Su Palabra no está en nosotros».

De esta manera llegamos al punto en que no solamente hemos engañado a otros, sino que nos engañamos a nosotros mismos. Hemos llegado a creer que estamos bien al compararnos con los demás. Entonces llegamos al punto que cuando Dios señala nuestro corazón y nos dice: «Eres mentirosa. Eres codiciosa. Tienes un corazón inmoral. Eres egoísta. Eres orgullosa». Decimos, «¿quién? ¿Yo?»

¿Qué estamos diciendo? Le estamos diciendo: «Señor Tú ni siquiera conoces la verdad». Decimos: «Dios eres un mentiroso». Realmente no diríamos eso, pero en esencia esto es lo que hemos dicho. Así que nuestra necesidad fundamental, nuestra necesidad básica para experimentar el avivamiento es poder distinguir la verdad. Entender la verdad acerca de Dios, entender la verdad sobre nosotros mismos, ver la verdad de nuestro pecado, tal y como Dios la ve.

Jesús le dijo a Nicodemo en Juan 3:20-21: «Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas. Pero el que practica la verdad viene a la luz, para que sus acciones sean manifestadas que han sido hechas en Dios».

¿Pudiste notar el contraste que está presente en este pasaje? Hay dos tipos diferentes de personas. En primer lugar se mencionan aquellos que hacen lo malo. ¿Cuál es su característica? Ellos no quieren venir a la luz. No desean salir y ser descubiertos. Se resisten a la luz. No quieren estar bajo la luz ya que esta expondrá sus obras. Sí, aquellos que hacen lo malo.

Pensarías que lo opuesto a las personas que hacen lo malo son aquellos que hacen lo bueno. Pero resulta que esto no es lo que dice el versículo. Primero habla de aquellos que hacen lo malo y luego el contraste es con los que practican la verdad. Todo lo que es verdad sale a la luz. Así que lo opuesto a hacer lo malo es caminar en verdad, caminar en la luz.

Dios no está buscando que simplemente hagamos buenas obras. Él no está esperando que nos esforcemos más en ser buenos cristianos. «Voy a ser bueno». Pero Dios dice: «No, lo que quiero es que seas sincero acerca de lo que eres, acerca de la condición de tu corazón». Comienza con lo primero que Él te está mostrando. Camina en la luz. Díselo a Dios. Ponte de acuerdo con Él. Díselo a otra persona. Esto es realmente humildad.

Mientras más te humillas y caminas en la luz, más luz te dará Dios. Dirás, «oh hay algo más». ¿Hay algo más? Sí, pero aprenderás a amar andar en la luz porque si recuerdas el que confiesa su pecado y se aparta obtendrá misericordia.

¿Estás caminando en la luz? ¿Estás viviendo en la luz? ¿Estás viviendo una vida transparente, honesta y abierta delante de Dios y de los demás? ¿Estás haciendo la verdad, lo bueno, como Jesús le dijo a Nicodemo? ¿Existe algo en tu vida que hubieras preferido no traer a la luz? ¿Alguna cosa que hubieras preferido no exponer? Pues entonces tráelo delante de Dios, antes que Dios tenga que sacarlo a la luz. Humíllate.

Algunas de ustedes necesitan acercarse a su pareja, a sus padres, a su empleador, a un compañero de trabajo, a un pastor, a alguien a quien le han mentido. Has andado encubierta; has estado pretendiendo; has estado actuando; no has sido honesta con Dios y con los demás sobre algunas partes de tu vida, sobre algunas actitudes, algunas acciones y conductas.

No sé lo que está en tu corazón, y tú no sabes lo que está en el mío, pero el Espíritu Santo de Dios mora en nosotras y somos hijas de Dios, y Él nos convence de pecado. Él hace la luz. Él dice: «Muy bien, ahora es el momento para enfrentar esto». Así que no le huyas a la luz. No la resientas. No la resistas. Corre hacia ella porque allí se encuentra Dios. Eso es lo que Dios es. ¿Deseas acercarte a Dios? Camina hacia la luz y practica la verdad.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado llamando a acercarnos a Dios. ¿Has tratado de «ser buena» cuando lo que Dios te pide es que seas honesta acerca de tu condición? No nos podemos esconder de Dios. Vivamos en honestidad y traigamos nuestro pecado a la luz, para que Dios mismo—en su gran bondad, se encargue de cubrirlo.

Esto traerá gran libertad y gozo a nuestras vidas. Y es precisamente ese gozo el que queremos que experimentes a través de esta serie de programas titulada, «En busca de Dios». Nos encontramos en la tercera semana de este estudio de doce semanas.

Recuerda que este se basa en el libro también titulado, «En busca de Dios», escrito por Nancy y por Tim Grissom. Puedes hacer este estudio individualmente o en grupo. Para eso tenemos a tu disposición tanto estos programas como el libro, en AvivaNuestrosCorazones.com. Haz uso del buscador para encontrarlos fácilmente por su título.

Cuando hablamos de «actrices» pensamos en estrellas de Hollywood, pero existe un tipo de actuación que no necesariamente se lleva a cabo en un escenario. Mañana, descubre como una actriz dentro de la iglesia encuentra verdadero gozo al quitarse su disfraz. Escucha esta historia en tu próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Viviendo juntas la belleza del evangelio, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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