Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

¿Solo otro profeta?

Annamarie Sauter: Evitar el sufrimiento es nuestro primer impulso, pero Dios nos ha dejado ejemplo en Cristo.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Él podría haber evitado, a nivel humano, la cruz. Pero eligió volver a bajar de la montaña para lidiar con la necesidad humana, las fuerzas demoníacas, el pecado, la muerte, la enfermedad, la humillación e ir a la cruz.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

En estos días en que conmemoramos la Pascua, Nancy nos invita a reflexionar acerca de un hecho maravilloso, y es la transfiguración de Cristo. Si te perdiste la primera parte de esta serie encuéntrala en AvivaNuestrosCorazones.com. Este es un mensaje que Nancy impartió en una conferencia para mujeres del ministerio Coalición por el Evangelio. 

Bueno, no sé si puedes imaginarte haber estado en el lugar de Pedro, Juan o Jacobo cuando Jesús se transfiguró… ¡Debió haber sido increíble!

Nancy: Esta fue la única vez durante la vida terrenal de Jesús, que la plenitud de la Deidad brilló a través del velo de Su humanidad. A los discípulos se les dio un vistazo de la gloria que Jesús había tenido durante toda la eternidad pasada, pero también estaban viendo la gloria que sería suya por toda la eternidad futura.

De hecho, en este momento se les dio una vista previa de Su futuro regreso en poder y en gloria, un anticipo del día en que la plena gloria de Cristo sería revelada eternamente, y Su reino mesiánico se establecería en la tierra, ya no en humillación, sino en exaltación. El León de la Tribu de Judá en el trono por los siglos de los siglos.

Unos treinta años después, Pedro todavía estaba cautivado por este evento, de tal manera que se refirió a él en su segunda epístola. En el capítulo uno, versículo 16, dijo: «fuimos testigos oculares de Su majestad, cuando estábamos con Él en el monte santo».

En Mateo 17 en el versículo 3 dice: «Y he aquí, se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Él», santos glorificados. Moisés había estado muerto durante unos 1,400 años aproximadamente; Elías había sido llevado en un carro de fuego un poco más de 900 años antes. Pero se nos recuerda que ambos todavía estaban vivos, este es un recordatorio de la inmortalidad del alma y la existencia consciente de los santos después de esta vida, incluyendo aquellos de nuestros seres queridos que han muerto en Cristo y que todavía viven hoy en día.

Moisés y Elías representaban quizás varias cosas. Ciertamente la ley y los profetas, y los discípulos allí con Moisés y Elías, como representantes de aquellos que estarán con Cristo en Su reino venidero, por un lado, los santos del Antiguo Testamento y por el otro, los santos del Nuevo Testamento. Moisés, tal vez, como un tipo de los que han muerto y resucitarán cuando Cristo regrese, y Elías, un tipo de los que todavía estarán vivos y serán arrebatados para encontrarse con el Señor en el aire.

¿No te encantaría haber escuchado esa conversación? Moisés y Elías hablando con Jesús. ¿De qué hablaron? Lucas nos dice una cosa con certeza. El Evangelio de Lucas 9:31, dice: «hablaron de la partida de Jesús, que Él estaba a punto de cumplir en Jerusalén».

Algunas de sus traducciones quizás dicen: Su muerte, Su partida, Su fallecimiento, eso es de lo que hablaron. Y algunas de ustedes sabrán que la palabra que es usada allí, es la palabra éxodo. Hablaron de Su éxodo, Su salida, Su muerte, Su partida. En 2 Pedro 1, Pedro usa el mismo término para describir o hablar de su propia muerte que era inminente.

Ahora, piensa en esto por un momento. Casi 1,500 años antes, cuando los hijos de Israel fueron esclavizados en Egipto por crueles capataces, Dios había levantado a un libertador: Moisés, quien ahora estaba en ese monte hablando con Jesús.

Él fue un libertador para sacar a los hijos de Israel de Egipto en lo que se conoció como el Éxodo. Ahora, aquí está Moisés hablando con Jesús, el gran Libertador, acerca de Su próximo éxodo. La muerte de Cristo, seguida por Su resurrección y Su ascensión al cielo, ese éxodo a través del cual Dios traería liberación y rescate a la raza indefensa de Adán, que eran esclavos en la cautividad del pecado.

Me pregunto, ¿qué dijeron sobre la muerte de Cristo? ¿Cómo lo discutieron? ¿Hablarían de cómo los profetas del Antiguo Testamento durante cientos de años habían anticipado Su muerte? ¿Estarían hablando de por qué Él iba a morir? ¿Estarían hablando de lo que Su muerte lograría para la redención de las almas de los hombres? Todo este tema, esta conversación nos apunta a la cruz, el momento decisivo de toda la historia humana, la humillación y el sufrimiento que precederían a la máxima exaltación y gloria de Cristo.

Ahora, si se me permite, solo un paréntesis aquí. Debo referirme al relato del Evangelio de Lucas, en el capítulo 9:32-33. Dice: «Pedro y sus compañeros habían sido vencidos por el sueño, pero cuando estuvieron bien despiertos, vieron la gloria de Jesús y a los dos varones que estaban con Él».

Entonces, aparentemente Moisés y Elías hicieron su aparición mientras los discípulos dormitaban. Estos mismos discípulos, como recordarás, también se durmieron durante la agonía de Jesús en Getsemaní. ¿Cómo podrían dormir en un momento como este?

Quizás una pregunta aún más importante para nosotras es ¿cómo podemos dormir cuando Cristo muestra Su gloria a nuestro alrededor? Me dan ganas de orar: «Señor, despiértanos para ver Tu gloria, para ver la gloria de Cristo». Antes del versículo 4 en Mateo 17 y en Lucas 9, se inserta esta frase en el versículo 33: «Y sucedió que al retirarse ellos de Él, Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es que estemos aquí». Sí, eso es verdad.

Si quieres, dice Pedro, «hagamos tres enramadas (cabañas, tiendas, refugios o tabernáculos), una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». 

Tal vez alguna vez hayas tenido esta pequeña conversación mientras estabas cenando con tus amigas, «si pudieras invitar a cenar a tres personas del pasado, ¿a quiénes invitarías y por qué?» Bueno, esto debió haber sido lo máximo para Pedro. Jesús, Moisés y Elías, ¿a quién más agregarías a esa lista? Pero ahora, dos de los invitados se estaban yendo, pero Pedro no quiere que se vayan. De alguna manera sabía que esta escena era tremendamente significativa. Sabía que estaba viendo la historia llevarse a cabo y quería capturar el momento, embotellar la experiencia, retener el brillo.

Pero ¿había olvidado Pedro lo que Jesús les acababa de decir sobre Su muerte? ¿Estaba tratando de evitar que eso sucediera? ¿Estaba tratando de evitar la cruz? Fue bueno estar allí, sí; pero no tenían la intención de quedarse allí, todavía. Todas nosotras hemos experimentado momentos de dulce comunión, adoración, bendición y una sensación inusual de la presencia de Cristo. Estos discípulos, con Pedro como su portavoz, prefirieron quedarse donde estaban, en compañía de estos tres grandes hombres, en lugar de unirse a la multitud en el valle de abajo, donde había miseria e incredulidad, y un padre desesperado con un hijo endemoniado.

Preferían quedarse en la montaña que ir a Jerusalén, donde Jesús iba a sufrir y morir. ¿Quién no querría esto? ¿Quién no lo haría? ¿Y fue esto lo mismo que quizás motivó a Pedro a reprender a Jesús en el capítulo dieciséis? ¿Experimentar la gloria sin sufrimiento, la exaltación sin humillación?

Pero debo decir que no hay otra forma, no puedes tener lo uno sin lo otro. Lucas 9 nos dice que no sabía lo que decía. Y muy a menudo nosotras tampoco. Su tiempo estaba fuera de lugar. El plan de Dios era la cruz, que gracias a Dios, Jesús eligió abrazar voluntariamente, con gusto, en lugar de quedarse allí en el monte donde estaba.

Mateo 17: 5: (Pedro)Mientras estaba aún hablando, una nube luminosa los cubrió; y una voz salió de la nube, diciendo: «Este es Mi Hijo amado en quien Yo estoy complacido; óiganlo a Él»

Quizás recuerdas que estas son palabras que el Padre había dicho unos tres años antes, en el bautismo de Jesús: «Mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. Escúchenlo».

Ahora, sabes que en el Antiguo Testamento, la nube era un símbolo visible de la presencia de Dios. Has notado que cuando se dio la ley en el monte Sinaí, era una nube oscura y densa, espesa; pero ahora tenemos una nube brillante. Quizás un destello de la magnífica manifestación de la misericordia y la gracia de Dios.

El Padre interrumpe a Pedro mientras aún estaba hablando, y el Padre enfatiza que Jesús no es uno de los tres grandes hombres. Jesús, Moisés y Elías no son iguales; ni siquiera cerca. Jesús es el Único, el Cristo incomparable. Moisés y Elías eran siervos en la casa de Dios, pero Jesús, quien es el Hijo, dice Dios: «Mi Hijo Amado, en quien tengo complacencia». Dios siempre se ha complacido con Su Hijo.

El Hijo nunca, ni por un momento, había desagradado al Padre. Dios estaba complacido con el sacrificio que Jesús iba a ofrecer por los pecados de la humanidad, el sacrificio de Su vida. Un sacrificio y una ofrenda a Dios aceptable y agradable.

Dios dice de Su Hijo: «Escúchenlo». Es mejor escucharlo a Él, que ver a Moisés y Elías volver de entre los muertos. Sí, a lo largo del Antiguo Testamento Dios había hablado a través de Sus profetas, pero una y otra vez el pueblo se había negado a escuchar a los profetas, se había negado a escuchar la voz de Dios a través de ellos.

Ahora, en esos últimos días, Dios hizo lo que prometió hacer en Deuteronomio 18:15, donde Moisés dijo: «Un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oiréis». Dios había enviado a Su Hijo Unigénito y dijo: «Escúchenlo, porque cuando Él habla, Dios habla».

Un consejo que nosotras como creyentes necesitamos en nuestros días es: «Escúchenlo». Es el consejo que Pedro necesitaba en su día, junto con los otros discípulos.

  • Cuando no sabes qué decir o hacer, no hables; escucha a Jesús.
  • Cuando estés confundida y no sepas qué creer; escucha a Jesús.
  • Cuando los caminos de Dios son contrarios a tus formas naturales de pensar, no confíes en tu propio corazón; escucha a Jesús.
  • Cuando estés rodeada de grandes maestros de la Biblia, escritores, predicadores y líderes espirituales respetados, no los hagas ídolos; escucha a Jesús.
  • Cuando te sientas tentada, como Pedro, a dar instrucciones a Dios, ¿esto nunca te sucederá?, escucha a Jesús.
  • Cuando creas que sabes qué hacer a continuación: «Construyamos tres tiendas aquí», deja a un lado tus tontos planes y escucha a Jesús.

Mateo 17 en los versículos 6 y 8, nos dicen:

«Cuando los discípulos oyeron esto, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran temor. Entonces se les acercó Jesús, y tocándolos, dijo: “Levantaos y no temáis”. Y cuando alzaron sus ojos no vieron a nadie, sino a Jesús solo».

¿No es interesante que nadie se postró sobre su rostro cuando Pedro habló, nadie cayó sobre su rostro cuando Moisés y Elías hablaron? Me hace preguntarme si una de las razones por las que las personas no caen postradas sobre sus rostros en nuestras iglesias hoy en día, puede ser porque no estamos escuchando a Dios. Cuando escucharon la voz de Dios cayeron sobre sus rostros.

Una experiencia que fue común a Ezequiel y a Daniel, y que tendría el apóstol Juan en el Apocalipsis, fue que cuando oyeron la voz de Dios, cayeron sobre sus rostros y se aterrorizaron, fueron vencidos por la voz de Dios, incluso más que por la vista de la gloria de Cristo. Esto es un recordatorio para nosotras del poder de la Palabra de Dios.

Pero, afortunadamente, a pesar de su terror, no fueron consumidos por la gloria de Dios. Vemos la misericordia de Cristo cuando Él los toca y les dice: «Levántense y no tengan miedo». Y luego no vieron a nadie, más que a Jesús. Me encanta, ¿no es eso lo que necesitamos hoy?

Moisés y Elías ya no eran necesarios, su papel había terminado. Ahora, ellos como discípulos, estaban solos con Cristo. Su obra venidera en la cruz sería suficiente y Cristo completaría el plan redentor de Dios. Moisés y Elías, grandes hombres de Dios, se habían ido, pero Cristo todavía estaba con ellos.

Recuerda esto porque cuando te encuentres en tu casa y ningún pastor, ningún conferencista, ningún escritor o consejero cristiano reconocido, esté por ahí, Cristo siempre está contigo.

Mateo 17 en el versículo 9 nos dice:

«Mientras descendían del monte, Jesús les ordenó, diciendo: "No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos"». 

Es similar a lo que Él les había dicho en el capítulo anterior. Él sabía que algunos querrían tomarlo y hacerlo rey antes de Su muerte y resurrección.

Veo en Jesús, descendiendo del monte de la transfiguración, la la sumisión del Hijo a la voluntad del Padre. Hemos vislumbrado solo por un momento lo que Él dejó a un lado para venir a esta tierra: la gloria que era suya. Y creo que desde una perspectiva humana, Jesús podría haber regresado al cielo en ese momento.

En ese punto, el más fino de los velos estuvo entre Él y el cielo. Él pudo haber evitado, a nivel humano, la cruz. Pero eligió volver a bajar de ese monte para lidiar con la necesidad humana, las fuerzas demoníacas, el pecado, la muerte, la enfermedad, la humillación e ir a la cruz.

¿Qué relación tiene todo este magnífico cuadro con nuestras vidas hoy? Podríamos decir muchas cosas, pero dos cosas en particular han estado en mi corazón mientras meditaba en este pasaje:

Número 1, para aquellas que estamos en Cristo, Su transfiguración apunta a nuestra transformación. Él estaba hablando allá en el monte, del propósito de Su muerte y Su resurrección, Su éxodo. El propósito de Su éxodo, de Su muerte, fue rescatarnos del pecado y de estos cuerpos de muerte, para redimirnos y hacer todas las cosas nuevas por medio de Su muerte sacrificial y Su resurrección.

Su transfiguración apunta a nuestra transformación tanto en el pasado como en el presente y también en un sentido futuro. En el pasado, aquellas de nosotras que estamos en Cristo somos una nueva creación; todas las cosas son hechas nuevas, nos dice 2 Corintios 5:17. Nuestro espíritu ha sido vivificado por Su Espíritu, lo conocemos como justificación. La transformación de ahora vivir, de haber pasado de muerte a vida, de haber sido trasladada de las tinieblas a la luz, de estar fuera de Cristo a estar en Cristo, de haber sido justificadas, hechas nuevas criaturas.

Hay una transformación presente que está teniendo lugar incluso ahora mismo a medida que nuestras almas se están transformando gradualmente y esa nueva naturaleza se manifiesta cada vez más en nosotras.

Pensamos en esto como santificación. Transfigurada, metamorfoseada, un cambio completo de forma y apariencia.

La implicación de Su transfiguración es que la gloria de Dios en nosotras nos cambia totalmente; nos hace diferentes. Es una palabra que se usa solo en otros dos lugares en el Nuevo Testamento, aparte de los relatos de los evangelios: Romanos capítulo 12:2: «Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos (transfiguraos, metamorfoseaos) mediante la renovación de vuestra mente».

Y luego 2 Corintios capítulo 3:18: «Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados (transfigurados) en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu». La santificación es ese proceso invisible de transformación que tiene lugar en nosotras como creyentes durante nuestras vidas aquí en la tierra en preparación para la eternidad en el cielo.

Recuerda que la transfiguración de Cristo sucedió mientras Él oraba. Como dice Oswald Chambers en su libro El Cristo Incomparable, «¿no sigue siendo ese el método de la transfiguración? Es cuando fijamos nuestros ojos en Cristo. Cuando todos nosotros con rostros descubiertos mirando como en un espejo, mirando al Señor, somos transformadas».

Por eso dice David en el Salmo 27:4: «Una cosa le he pedido al Señor, y esa buscaré, que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y para meditar en su templo». Es al contemplar Su belleza que nos transfiguramos a Su semejanza.

Annamarie: Y tú, ¿has orado, «Señor, despiértame para ver tu gloria»? ¿Estás escuchando el mensaje que Dios nos ha hablado en Cristo? Esto es lo que Nancy DeMoss Wolgemuth te ha animado a hacer. 

La transfiguración es un evento que nos llama a reflejar la belleza de Cristo, pero no podemos reflejarla si no guardamos Sus palabras. Escucha lo que una mujer que ha aprendido a hacer esto nos dijo.

Gilma Cantor: Conozco del Señor hace ya un tiempo largo, más de 15 años. Me congregaba inicialmente en una iglesia cristiana, pero no era de sana doctrina, y ahí duré varios años. Hace dos años estoy asistiendo a una iglesia bíblica y ha sido de gran bendición porque he aprendido a conocer al Señor y a entender la Palabra. Ha sido de gran bendición poder leer la Palabra este año con Aviva Nuestros Corazones, porque en cada uno de los capítulos y en cada fecha la Palabra es expuesta y ampliada, y por las actividades y las reflexiones y realmente ha sido de mucha bendición. 

Le doy gracias a Aviva Nuestros Corazones porque me ha permitido crecer como mujer y Dios ha colocado en mí el sentir de seguirme preparando porque quiero ser una mujer que pueda edificar a mujeres más jóvenes y también a otras mujeres. Realmente el programa y leer la Palabra en un año ha sido de gran bendición para mí y sé que será de gran bendición para otras personas. También he compartido lo que he recibido a través de Aviva Nuestros Corazones con otras mujeres que han sido también edificadas.

Annamarie: ¡Anímate tú también y únete al Reto Mujer Verdadera 365, y juntas reflejemos la belleza del evangelio! Para más información acerca de este reto visítanos en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Y no olvides que la lectura bíblica para hoy es 2 Samuel, capítulos 4 al 6.

Es natural querer evitar el sufrimiento, pero la realidad es que debemos esperar enfrentarlo. 

Nancy: Recuerda que no hay corona sin cruz, que no hay exaltación sin humillación y que el sufrimiento precede a la gloria. Como dice Pablo en 2 Corintios 4: «Nuestros sufrimientos nos están preparando para un eterno peso de gloria, más allá de toda comparación»

Annamarie: Escucha más acerca de esto, mañana aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a no solo sobrevivir en la vida cristiana sino a tener una vida fructífera en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Contempla a Dios, Sovereign Grace Music, Eres Dios ℗ 2012 Sovereign Grace Music.

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Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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