Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Su gracia es suficiente, día 2

Annamarie Sauter: Con nosotras Rebecca Parrilla.

Rebecca Parrilla: Hay cosas que yo no puedo entender, y nosotros muchas veces pensamos que ser cristiano es que tenemos que entender; y que antes de creer y antes de gozarnos tenemos que entender. Y yo no entiendo. En la Biblia muchas veces se presentan verdades que para nuestra humanidad parecen contradicciones. Y entonces como mecanismo de defensa decimos, «bueno yo voy a abrazar esta verdad y esta parte de Dios que es la que entiendo y la que no la voy a rechazar».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Ayer escuchaste la primera parte de la historia de Rebecca, titulada Su gracia es suficiente. Si te la perdiste, encuéntrala en AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Te ha pasado que no entiendes la situación en que te encuentras y que habrías preferido escribir tú el libreto? Hoy Rebecca te cuenta cómo aunque no entiende todo lo que Dios está haciendo en su vida, ni entiende cómo a veces sus oraciones parecen no tener respuesta, ella permanece confiada en el Señor. Patricia continúa con la conversación.

Patricia de Saladín: Becky, entonces vemos cómo las cosas, si te lo digo desde un punto de vista humano, las cosas se siguieron complicando; o sea, a raíz de ese hallazgo en esa resonancia magnética y de ese tiempo en que tu cerebro como que se apagó, las cosas en vez de aclararse se complicaron un poco más. ¿Podrías seguir la historia hasta donde tú consideres? Porque para entonces yo tengo una serie de preguntas que quiero hacerte que para mí son muy importantes y creo que también para nuestras oyentes

Rebecca: Amén. Humanamente hablando, a mí las estadísticas no me favorecen. No vivo enajenada de mi realidad y esta última cirugía ha sido bien complicada porque tuve serias complicaciones como les dije; sangrado, edema, hidrocefalia… una larga hospitalización. Como estuve tanto tiempo en cama y sin responder, porque yo no respondía ni recordaba, no tuve terapia física.

Así que he salido de esta experiencia con una profunda debilidad muscular y llevo todos estos meses en rehabilitación, en terapia física, y todavía estoy en silla de ruedas, en andador, y todavía requiero cuidado y supervisión continua. Dentro de todo, honestamente, en mi corazón hay gratitud. 

Primero porque Dios no está en deuda conmigo, Él nunca va a ser el deudor, siempre es el dador, y nos dio más de lo que nosotros esperábamos. Y si me pongo en el plan de lo que Dios me debe, pues sería salario y no gracia, y sin gracia no podemos disfrutar la verdad del evangelio. 

Porque no es lo mismo decir, «yo estaba mejor en abril que ahora», que decir, «el día de hoy es gracia porque ya me dio más de lo que yo merecía». Y poder sonreír es gracia y esta reunión es gracia, porque a lo mejor yo no regresaba aquí a contar nada y en las condiciones más adversas e indefensas porque yo estaba sin defenderme, sin hacer preguntas, sin entender, sin mi familia por lo del Covid. Dios me libró de una meningitis por ejemplo, me libró de que yo perdiera memoria o capacidad de hablar, o capacidad cognitiva porque mi cerebro estuvo seriamente comprometido. Obviamente se ha hecho difícil la rehabilitación física pero el Señor cada día producirá en mí tanto el querer como el hacer, porque Él es el Dios de los músculos. Dice que si sostiene el universo con Su palabra de poder, que Él es el Dios de lo macro, Él es también el Dios de lo micro, de los átomos y de de las moléculas.

Así que, ¿cómo proceso esta experiencia? Hay cosas que no puedo entender, y nosotros muchas veces pensamos que ser cristianos significa que tenemos que entender; y que antes de creer y antes de gozarnos tenemos que entender. En la Biblia muchas veces se presentan verdades que para nuestra humanidad parecen contradicciones; y como un mecanismo de defensa decimos, «bueno, pues voy a abrazar esta verdad y esta parte de Dios que es la que yo entiendo, y la que no la voy a rechazar».

Por ejemplo con esto de la oración. La Biblia dice que Dios es soberano. Dice en Isaías 46, que Él ve el final desde el principio. Ese es un versículo hermoso, Isaías 46:10, que Dios desde el principio ya había visto el final. Yo no sé cómo funciona eso porque no sé cuál es el porcentaje, pero la Biblia lo dice y yo voy a abrazar que Dios es soberano. La Biblia dice que oremos sin cesar, y yo no entiendo todos los misterios de la oración no contestada.

El año pasado mi papá fue a morar con el Señor y tuvo cuatro meses de una hospitalización larga, triste y físicamente dolorosa. Nosotros todos los días oramos para que Dios sanara a mi papá. Dios lo sanó eternamente porque se lo llevó a morar con Él. Lo salvó, lo redimió y está sano y completa y perfectamente sano. Pero aquí, humanamente hablando, la respuesta a mi oración fue no, y yo no tengo una explicación para eso.

Y este año oraron por mí y yo estoy aquí; yo no tengo una respuesta para eso pero yo abrazo lo que la Biblia dice, que ore sin cesar. Y en la Biblia Dios habla de la fe, de la fe del siervo del centurión y de la mujer, y yo no entiendo bien cómo es que eso funciona siempre. No lo entiendo, pero abrazo la fe. ¿Qué hago? Dios es soberano y lo creo completamente. ¿Qué hago? Dios me mandó a orar porque Él ha dispuesto la oración como un medio por el cual se mueve, oramos. Dios nos llama a una fe sana, Señor, la fe es un regalo tuyo, entonces que la fe no me falte.

Como oró Pedro, y Señor, ayúdame a que en este proceso no me falte la fe. Yo no lo puedo entender, no lo puedo explicar, pero debemos abrazar todo lo que sabemos de Dios porque algunas cosas nos sostienen y otras cosas nos abrazan. Y nosotras no podemos vivir procesos sin hacer uso de todo lo que Dios ya dijo. Dice la Palabra en primera de Pedro, que «todo lo que hace falta para una vida de piedad y de agradar a Dios, ya Él nos lo concedió por Su divino poder». Pues vamos a aprovechar lo que está para nosotros, vamos a abrazar toda la verdad de Dios aunque no la podemos explicar, aunque no la podamos entender. Yo estoy en ese proceso; Señor, ayúdame en mi debilidad y que la fe no me falte porque físicamente ha sido bien retador y humanamente hablando, no sé lo que va a pasar de aquí a que se acabe el año.

Lo que sé es que hoy puedo decir, «el Señor libró mi vida». Una vez más. Y libró mi vida de la condenación como dice Romanos 5: 6, pero también libró mi vida del peligro de la muerte física en los últimos meses, y yo estoy agradecida porque ya Él lo dio todo. Él es el dador, el benefactor y yo estoy viviendo días de gracia y extra porque no se supone que yo estuviera aquí, ni que estuviera contando esta historia, que a lo mejor no pudiera ni hablar. Cuando no podía cuidarme, cuando mi familia no estaba allí el Señor me cuidó y libró mi vida. Así que, abraza todo lo que la Palabra presenta de Dios aunque no lo entiendas, aunque no lo puedas explicar.

Patricia: Tú hablando y me venía a la mente este versículo, «las cosas secretas pertenecen al Señor», pero hay tanta revelada para nosotros que tenemos que enfocarnos en esa. Y tú eres un testimonio de lo que el Señor le dijo a Pablo, cuando él le pidió: «Señor, quítame este aguijón», y el Señor le dijo, «no, es que mi gracia es suficiente»; o ese texto que tú has citado cuando Jeremías vio todo ese desastre, en Lamentaciones, y dice, «bueno, todo está mal, pero porque las misericordias de Dios son nuevas cada mañana, yo tengo esperanza».

Y eso, quizás cuando todo está muy en orden se ve muy fácil, pero cuando las cosas no salen como nosotros quisiéramos, cuando el libreto no se escribe como nosotros escogeríamos, cuando duele, cuando duelen el corazón y el alma –y el Señor sabe que duele– saber que el Señor es fiel a todas sus promesas y vivir en esa verdad, en esa esperanza, en ese gozo, no es sencillo.

No es una obra de la carne, no es una obra natural, es algo que es sobrenatural porque nuestro Dios es sobrenatural. Él es divino, es eterno, es tan grande que nosotros no entendemos. Y yo quiero preguntarte Becky, porque cuando oímos testimonio, como te digo, vienen tantas cosas a mi mente. Pero una de las cosas que sobresale tanto es esa llenura de la Palabra de Dios; ese pilar que tú decías, ese cable tensor que mantiene la casa es la Palabra de Dios.

Y yo reconozco que así como el Espíritu Santo hace tantas cosas en nosotras, que nos da ese testimonio del amor de Dios, nos llena, nos fortalece en el hombre interior por Su Espíritu para que comprendamos ese amor y nos sintamos amadas…y a veces el Señor llena la mente de esa Palabra y uno no entiende cómo. Pero yo he visto cosas que uno se memoriza y uno dice, «yo no hice un esfuerzo por memorizar eso», pero está grabado. Yo quisiera que tú nos compartieras cómo Becky Parrilla está arraigada en esa Palabra; o sea, qué haces cuando tienes la fuerza, la claridad, la disposición de que esa Palabra te llene para sacar de ese almacén, cuando es necesario, toda esa verdad que es lo que te sostiene firme. Que ahora mismo tú puedes estar con andador, en una silla de ruedas, pero para mí, yo te veo desde este lado como dice el Salmo 144, «como una columna labrada, como en un palacio. Adornada, sostenida por la gracia de Dios y con ese soporte afianzado la Roca eterna de los siglos que es Jesucristo». Sabemos que hay una parte sobrenatural pero hay una parte que es nuestra responsabilidad.

Rebecca: Primero quiero honrar a mis papás en este proceso, porque nosotras muchas veces y más como mujeres nos ponemos esta tensión de que para agradar al Señor con nuestros hijos tenemos que hacer cosas extraordinarias. Pero recuerdo que pequeñas decisiones y pequeñas rutinas tuvieron impacto. Yo recuerdo a mi mamá toda la vida con un librito de historias bíblicas. Recuerdo que tenía láminas porque yo recuerdo la lámina del Arca de Noé, la la lámina de Daniel en el foso de los leones y recuerdo que mami cada semana sacaba un día para leernos las mismas historias, y cuando se acababa libro volvíamos otra vez al inicio y otra vez nos leía la historia y nos enseñaba la lámina.

Así que honestamente, mucha de la Biblia que yo memoricé, la memoricé desde pequeña, porque a fuerza de repetición y de ver el cuento y la lámina… Y eso era algo sencillo, no era una fanfarria, no había un protocolo. Ella nos llamaba por unos minutitos, pero lo hizo rutinariamente y consistentemente. También mi papá, que se crió aquí en Estados Unidos no hablaba ni siquiera bien el español, se tomó bien en serio que su responsabilidad como papá era hablarnos de la Palabra y yo siempre tuve muchas preguntas y muchas veces al final yo tenía preguntas y él me decía, «léete este libro y después hablamos», otras veces me contestaba y otras veces tenía la humildad de contestarme y decir, «vamos a escuchar qué dice otro creyente acerca de esto».

Así que recuerdo muchas veces después de un servicio estar en una esquinita con el pastor, mi papá y yo; o con el que daba la escuela bíblica, que antes era ese formato, y mi papá decía, «Becky tiene esta pregunta y esto es lo que hemos hablado…» Y yo escuchaba lo que otros creyentes pensaban del tema. Y yo pienso que en eso había mucha humildad porque él pudo haber dicho, «lo que yo diga y ya», pero Él creía que en la multitud de consejos había sabiduría.

Y otra vez, esta no era una cosa de media hora, pero tengo recuerdos de esos pequeños detalles. Así que hay que ser fiel con lo que Dios nos da. Él no nos llama a ser fieles con los recursos de mañana. Si lo que tienes es un librito hoy, y lo que sabes es una historia hoy, como mi mamá, sé fiel en lo poco y el Señor va multiplicar eso. Pienso que tenemos una responsabilidad que Dios soñó desde el Antiguo Testamento, y tenemos que hacer uso de lo que Dios quiere, son detalles.

Otro detalle es la bendición de pertenecer a iglesias donde la Palabra del Señor es importante y tiene la preeminencia. Y yo he tenido la bendición de –en diferentes tipos de congregaciones tanto en Puerto Rico como aquí– tener pastores que se toman la Palabra en serio. Que tú sabes que no es que dejan para el sábado por la noche decir, «ah, me toca mañana el sermón», como un pensamiento de último momento, sino que llevan la semana estudiando el versículo, y que cuando se paran el domingo dicen, «la proclamación de la Palabra del Señor es lo más importante en esta mañana o en esta tarde».

Y uno piensa que no, pero la Palabra del Señor, dice Isaías, «como cae la nieve y la lluvia y da pan al que siembra y hace que germinen las semillas», así mismo, aunque tú no sientas nada, ni quieras… Hay días que con tantas cosas que nos pasaban, mi esposo y yo íbamos a la iglesia y yo decía, «nada de lo que dijeron aquí se parece a lo que me está pasando a mí», pero hay que seguir congregándose porque esa Palabra, como cae la nieve y la lluvia, está haciendo algo y está produciendo algo y tienes que ir a un lugar donde la Palabra es importante y donde escuches lo que no quieres escuchar, para que el Señor en el momento que lo necesites lo traiga tu mente y a tu corazón. Porque esa es una obra del Espíritu.

La tercera cosa que pienso que es práctica, es la bendita debilidad. Toda mi vida yo he estado en la iglesia, pero la dependencia que yo tengo ahora no es porque yo sea buena ni porque sea muy piadosa, es la necesidad que se me ha impuesto. Porque hay días que yo no puedo pasar un día… me levanto por la mañana con tantos temores o dolores o cosas que yo digo, «no puedo salir de aquí hasta que la Palabra del Señor me consuele». A veces tomo un pasaje bíblico y lo leo una vez, lo leo dos veces, a veces tres veces, cuatro veces, cinco veces en diferentes versiones, hasta que lo leo y me lo estoy creyendo.

A veces son siete veces, a veces son diez veces, pero no me levanto de esa silla hasta que esa palabra me consuele. Bendita necesidad porque decía el salmista, «bueno es que me hayas humillado para que yo haya aprendido tus mandamientos». Y como decía el salmista en el Salmo 119, «si tú ley no hubiera sido mi delicia yo me hubiera muerto de tristeza»; y yo puedo decir eso. Si el Señor no me hubiera dado Su Palabra yo estaría demasiado triste.

Así que es una bendita debilidad. Una mezcla de crianza, de vida de iglesia y congregarse y sobre todas las cosas la gracia del Señor.

Patricia: Amén, y esa palabra tan bella, como dice el Salmo 57, «en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos»; me imagino que toda esa palabra cobra vida para ti. Es como tú dices, «me la creo. Señor. Tú me la estás diciendo a mí, gracias». Y Becky, algo que también es particular de tu caso, porque no es el caso de todo el mundo, pero tú dices que Dios te dio un esposo protector. Me imagino que en todo este proceso el sostén de tu esposo ha sido de gran aliciente, de gran ayuda para andar este camino que el Señor te acompaña pero también te ha dejado acompañada de él.

Y tal vez de otros hermanos y quizás mujeres fieles que te aman y que están ahí cuando tú necesitas un oído, cuando necesitas un consejo, cuando necesitas ese apoyo que muchas veces el Señor manda a través de otras personas.

Rebecca: Amén. La vida cristiana no es una vida de llanero solitario. Porque Dios diseñó Su iglesia para una vida en comunidad. Mi visión es que en este mundo siempre va a haber carencias porque no todas las familias son saludables. Pero lo que tenemos que tener claro es que la fuente del amor, la fuente de la protección, la fuente de cuidado es el Señor. Y Él va a identificar canales a través de los cuales hacerte llegar esa bendición porque Él es la fuente.

En mi caso, Dios me ha bendecido con un esposo y un matrimonio en donde a través de él Dios me está cuidando, y físicamente ahora mismo él es mi mejor enfermero y me está cuidando. Y también Dios ha usado a mi familia, a mis hermanos, a mi mamá para cuidarme. Pero también tenemos una iglesia local que yo les dije que los conocí acabando de llegar, de casualidad, y se ha convertido en los brazos del amor de Dios en servicio práctico. 

Porque no solamente es, «voy a orar por ti», es «qué comida te voy a llevar hoy, porque no puedes cocinar». Y recuerdo tres días antes de la operación, con esto del Covid, que estoy aislada porque no me podía enfermar ni antes ni durante ni después, pues por eso del distanciamiento, ellos lo que hicieron fue una caravana frente a mi casa. Pasaron con pancartas y versículos bíblicos que decían, «estamos orando por ti en distancia social». 

Y tengo videos y fotos porque así cumplimos con ser prudentes, pero yo recibí ese día como si fuera un aguacero del amor del Señor. Así que hace falta vida en comunidad. Muchas veces yo me estoy creyendo cosas que no son y la Biblia nos llama de muchas formas a que nos exhortemos y nos corrijamos en amor. Y hay veces que cuando estás sufriendo necesitas escuchar lo que no quieres escuchar; y Dios ha puesto gente con sabiduría y con consejo y con amor para recordarte las verdades que al final te van a bendecir. Así que esto no es una habilidad de llanero solitario de que yo puedo con todo. Hay muchos días que yo no puedo con muchas cosas, pero el Señor usa diferentes canales.

Así que no estés triste si tu familia no es la que tú quieres o no estés tan triste si tu matrimonio no es lo que tú quieres porque Dios es la fuente, y esa fuente es inagotable; y Él va a buscar medios a través de los cuales hacerte llegar Su amor. Romanos 5, dice que «nuestra esperanza no avergüenza porque Él ha derramado Su amor en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado». El Espíritu Santo no está dañado, está para ti, está para mí. Es Su promesa. A través de Su Espíritu Santo Él va a manifestar Su amor porque esa es Su promesa. 

Es parte de «justificados por la fe tenemos paz para con Dios y una esperanza que no avergüenza». Así que, reposa y descansa en que el Señor va a tener cuidado de ti y va a hacerte llegar Su amor de la forma que Él sabe que necesitas.

Patricia: Uno entiende que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, pero es ese conocimiento de ese amor de Dios por mí. No es el amor que yo voy a dar de parte de Dios y cuando dice que se ha derramado es que se ha desbordado. Y sabes otra cosa Becki, oyéndote, en el caso tuyo tienes un diagnóstico, unas estadísticas que no te favorecen, pero en realidad todos nosotros estamos de paso y vamos camino hacia nuestra redención, hacia el final de esa historia donde vamos por vista a ver todo aquello que hemos creído por fe durante tanto tiempo.

En estos días me ha ministrado mucho y me ha confrontado mucho el texto de segunda a los Corintios cuando dice que nosotros «tenemos un tesoro en vasos de barro». Yo he percibido mucho el tesoro y he visto que mi vaso de barro está como crackeado, viejo, que no solamente es de barro, sino que con el paso de los años se pone más viejito ese barro.

Tengo aquí la Nueva Traducción Viviente, pero me encanta que dice que por eso, porque nosotros sabemos en quién hemos creído y ese tesoro que tenemos y el gran poder que proviene de Dios y no de nosotros mismos, dice,«por eso nunca nos damos por vencidos, no desmayamos». Mientras Dios te dé vida, Dios tiene propósitos. Dios tiene algo por lo cual tú estás viviendo y es para Su gloria. Y dice, «aunque nuestro cuerpo» otra versión dice «se va desgastando» esta dice «nuestro cuerpo está muriendo». Porque todos de una forma u otra estamos muriendo cada día que pasa. Porque yo me digo mucho, «esto corruptible no se puede vestir de incorrupción si no es a través de la muerte o que el Señor venga y nos lleve».

Dice, «sin embargo nuestro espíritu va renovándose cada día», ese hombre interior va renovándose, y eso es lo que vemos. Es lo que percibo en ti, que Dios ha ido renovando en ti el hombre interior por Su Espíritu, por esa Palabra viva que tiene tanto poder, esa Palabra por la que Cristo trajo al mundo todo lo que existe, es la Palabra que nos vivifica.

Dice, «pues nuestras dificultades actuales» y otra dice, «esta breve tribulación momentánea»; y tú dirás, «bueno, la mía ni ha sido breve ni es momentánea. Dice, «no durará mucho tiempo; sin embargo nos produce una gloria que durará para siempre, y que es de mucho más peso que las dificultades. Así que, no miramos las dificultades que ahora vemos, en cambio fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre».

Y yo creo que el ver cómo Dios te ha sostenido, cómo eres una mujer que Dios ha arraigado en medio de sufrimiento, Dios te arraigado en Cristo, Dios te arraigado en el evangelio, nos da esperanza, nos muestra que es la verdad lo que puede hacer eso y vemos que el gozo del Señor es nuestra fortaleza, que no es nada humano que se fabrica, es el poder de Dios operando.

Entonces yo quisiera pedirte si hay algo más que tú quisieras decir, si hay algo que tú quisieras traer, y si quisieras orar por nuestras oyentes.

Rebecca: Que esto no es algo particular mío, esto es la obra del Señor y estas son Sus promesas. Muchas veces pensamos, ay, si me llega a pasar eso yo no lo podría hacer», y obviamente nadie aquí es masoquista, yo no quiero este camino. Si me dicen, «¿quieres ser sana totalmente?» Claro que digo, «¡claro que quiero!»

Pero ¿quiénes somos nosotros? Gente salva y redimida, y a quien Dios comisiona para Su servicio. Y no somos quién para decirle a Dios, «yo te voy a servir de esta forma pero de esta otra forma no». Servimos como Él quiere. Si Él quiere que tú le sirvas en el escenario de la sanidad y la prosperidad y el éxito, amén. Si es en el escenario de la adversidad, amén. Porque quien llamó, quien prometió, quien comisionó fue Dios, y yo siempre le digo a mi nena, «tú jamás vas a poder imaginar cómo Su gracia va a ser suficiente cuando más la necesites, no te vas a dar cuenta hoy, te vas a dar cuenta el día que la necesites; ahí Su gracia va a estar. No hay que tener miedo al futuro, ni vivir pensando, «me va a pasar algo malo porque todo el mundo va a sufrir».

No, vive en paz el día de hoy porque hay promesas hermosas y si te llegara el momento difícil, Él ha prometido estar y Él va a ser fiel. No lo vas a imaginar hoy, lo vas a descubrir cuando lo necesites.

Señor, qué bendición poder hablar de Ti y de Tu verdad. Decimos, cantaremos de Tu amor por siempre, porque has conquistado nuestros corazones. Nosotros somos débiles, somos frágiles y nuestro amor es inconstante. Pero qué bueno que Tu amor es fuerte Señor, y que podemos decir como el apóstol Pablo, «de buena gana me gloriaré en mis debilidades para que repose sobre mí el poder de Cristo». Gracias porque Tú eres el protagonista de la historia, y esta historia tiene un buen final; esta historia termina diciendo que hay uno que enjugará Él mismo las lágrimas de nuestros ojos.

Ya hemos visto los anuncios de cómo es el último capítulo y este capítulo termina bien, termina con Tu gloria, termina con la tierra llena del conocimiento de la gloria del Señor así como el agua cubre la mar. Ayúdanos a permanecer. Que las mujeres podamos estar arraigadas en Tu Palabra, en Tu propósito, que tú derrames gozo y paz en el creer, que podamos estar arraigadas en Tu soberanía que podamos estar arraigadas en Tu amor, que podamos estar arraigadas en el conocimiento de que Tú estás llevando a cabo Tu plan supremo, y que podamos estar arraigadas en Tu Palabra.

Dice Tu Palabra que pueden pasar el cielo y la tierra pero Tu Palabra permanecerá para siempre. Qué fundamento más poderoso y estable tenemos en Ti Señor. Tú sabes que nosotras nos podemos soltar pero se trata de que Tu mano nos sostiene. Tú no nos sueltas. Que podamos descansar en Tu suficiencia, que podamos descansar en lo que ya Tú ganaste en la cruz del Calvario por nosotros; que podamos descansar en el tesoro que tenemos en el evangelio y que nuestras vidas sean como un estandarte que refleje Tu gloria Señor y Tu obra.

Gracias por lo que hiciste, gracias por lo que estás haciendo, gracias por lo que vas a hacer en toda esta región Señor. Gracias Padre celestial porque eres Tú consumando Tu plan perfecto y nos gloriamos en Ti Señor, en conocerte. Humíllanos bajo Tu poderosa mano, y que entonces Tú nos exaltes cuando sea el tiempo. Y que podamos echar nuestra ansiedad sobre Ti, sabiendo que Tú tienes cuidado de nosotras. Gracias porque podemos decir que Tú, Señor, eres nuestra Roca, el ancla de nuestra fe. Tú eres el fundamento y aunque venga la lluvia y aunque venga la corriente, aunque venga la arena nuestras vidas permanecerán porque están fundadas sobre la Roca inconmovible que es Cristo Jesús. En el nombre de Jesús oramos, amén. 

Annamarie: Amén.

Ayer y hoy has estado escuchando a Rebecca Parrilla en una conversación en línea con Patricia de Saladín. Ellas nos han hablado sobre los pilares que deben sostener nuestras vidas y nos han invitado a creer las promesas de Dios hoy.

Y tú, ¿sobre qué fundamento estás edificando tu vida? ¿Confiarás en tu Señor aun cuando no entiendas las circunstancias? ¡Edifiquemos juntas nuestras vidas sobre el fundamento de la verdad de Dios revelada en Su Palabra!

Edificando sobre la Roca juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

La lectura bíblica para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es 1 Samuel, capítulos 15 y 16.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad bíblica a las mujeres de habla hispana. Su anhelo es verlas conocer y abrazar la Verdad que las hace libres en Cristo. Sirve en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones como la voz de Nancy Leigh DeMoss. Tiene tres hijos adultos, Rosalía (casada con Daniel), Sarah (casada con Nazario) y Eduardo Alfredo (casado con Leticia). Además, Dios le ha regalado seis nietos: Patricia, Daniel, Samuel, Nazario, Said y Noor.

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