Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Terminemos la carrera juntas

Annamarie Sauter: Cultivar relaciones es difícil, pero vale la pena.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Involucrarte en la vida de otras personas, en relaciones íntimas en tu familia y dentro del cuerpo de Cristo, no es fácil. Y si prefieres simplemente complacerte a ti misma, no te involucrarás en la vida de otras personas. Sin embargo, tenemos la obligación de sobrellevar las debilidades y las fallas de los demás.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

En esta serie de programas hemos estado viendo por qué las relaciones son tan importantes. Es algo de lo que nos hemos dado cuenta de manera especial en el tiempo en que nos ha tocado vivir. Necesitamos buenos amigos, y debemos ser buenas amigas para otras personas. Aquí está Nancy con la conclusión de la serie titulada, El poder de las relaciones.

Nancy: Uno de los momentos más memorables de la historia olímpica moderna tuvo lugar en 1992, en los Juegos Olímpicos de verano en Barcelona, España. Quizás recuerdes el nombre de Derek Redmond. Era un corredor británico que había tenido veintidós cirugías en el tendón de Aquiles en preparación para la carrera de 400 metros.

Fue una sorpresa que estuviera corriendo nuevamente, y aún más, compitiendo como el mejor atleta de su país. Cuando el arma se disparó para la salida de su carrera, Derek salió. Estaba entre el grupo de los corredores más rápidos del mundo cuando, a mitad de la pista, se dio un tirón en su tendón y cayó al suelo.

Por supuesto, todos pensaron que todo había terminado. Los comentaristas del evento comenzaron a gritar: «¡Derek Redmond está fuera de la carrera! ¡Derek Redmond está fuera de la carrera!» El camarógrafo se quedó con el resto de los corredores mientras terminaban la carrera, pero luego las cámaras enfocaron hacia Derek Redmond, quien todavía estaba en la pista, tratando de levantarse porque estaba decidido a terminar la carrera.

Para sorpresa de todos, este gran atleta se levantó lentamente y comenzó a cojear por la pista, retorciéndose de dolor. Aún puedes ver estas imágenes en video. Mientras observas su rostro, hay lágrimas en sus mejillas. Sin embargo, a pesar de su determinación, era obvio para todos que no había forma en que pudiera terminar esa carrera. Tenía mucho dolor.

Justo cuando Redmond estaba a punto de colapsar por última vez, un hombre salió corriendo de las gradas. Subió la valla al costado de la pista, se abrió paso entre dos grandes guardias y corrió hacia la pista. El hombre que vino al lado de Derek Redmond ese día, fue su mentor. Había estado sentado en la penúltima fila, pero no dudó en ir al lado de su amigo e involucrarse.

El hombre se llamaba Jim Redmond. Era el padre de Derek. Durante años había estado allí al lado de su hijo, levantándose a las cuatro de la mañana para practicar, alentarlo, apoyarlo y animarlo. El sintió que simplemente no podía quedarse sentado y dejar que su hijo no terminara la carrera.

Así que vino corriendo hacia su hijo, y cuando se acercó lo suficiente, extendió su brazo, poniendo su mano sobre el hombro de Derek. Derek dio unos pasos más y luego se volvió y se recostó en el pecho de su mentor y padre. Luego, Jim Redmond dijo estas palabras que fueron citadas en el periódico. Él dijo: «Derek, comenzamos esto juntos, y vamos a terminar esto juntos».

Así que Jim tomó el brazo de su hijo, lo colocó alrededor de su hombro, colocó su brazo alrededor del hombro de Derek y sostuvo a su hijo en alto. Literalmente. Simplemente lo sostuvo en alto mientras avanzaban por el resto de la pista. Como puedes imaginar, la multitud rugió en aprobación cuando Derek Redmond terminó su carrera.

Pero no la terminó solo. Juntos, unidos del brazo, padre e hijo cruzaron la meta como uno solo. Pienso en algunas de las cosas de las que hemos estado hablando en los últimos días:

«Más valen dos que uno solo, pues tienen mejor pago por su trabajo. Porque si uno de ellos cae, el otro levantará a su compañero; pero ¡ay del que cae cuando no hay otro que lo levante!... Y si alguien puede prevalecer contra el que está solo, dos lo resistirán. Un cordel de tres hilos no se rompe fácilmente» (Ecl. 4:9, 10, 12).

Puedo pensar en otros pasajes del Nuevo Testamento que nos dicen lo mismo que hemos estado estudiando en Eclesiastés 4. Gálatas 6:2 dice: «Lleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo». El capítulo 12 de Hebreos (que, por cierto, está hablando de correr una carrera), dice que corramos la carrera que tenemos por delante, manteniendo los ojos en Jesús. Luego continúa diciendo que necesitamos ayudarnos mutuamente en esa carrera; «Por tanto, fortalezcan las manos débiles y las rodillas que flaquean, y hagan sendas derechas para sus pies, para que la pierna coja no se descoyunte, sino que se sane» (Heb. 12:12–13).

Romanos 15:1, nos dice que «los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos» (paráfrasis). Escucha, involucrarte en la vida de otras personas, involucrarte en relaciones íntimas en tu familia y dentro del cuerpo de Cristo no es fácil. Y si prefieres simplemente complacerte a ti misma, no te involucrarás en la vida de otras personas.

Sin embargo, tenemos la obligación de sobrellevar las debilidades y las fallas de los débiles. Romanos 15:2, dice: «Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno para su edificación (para edificarlo). Pues ni aún Cristo se agradó a Él mismo; antes bien, como está escrito: “Los insultos de los que te injuriaban cayeron sobre Mí"» (vv. 2-3). 

Y en el versículo 5 dice: «Y que el Dios de la paciencia y del consuelo les conceda tener el mismo sentir (vivir en tal armonía) los unos para con los otros conforme a Cristo Jesús, para que unánimes (juntos, no solos), a una voz, glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, aceptense (dense la bienvenida), los unos a los otros, como también Cristo nos aceptó (nos dio la bienvenida) para la gloria de Dios (vv. 5–8).

He estado familiarizada con la historia de Derek Redmond durante varios años. Todavía recuerdo la primera vez que vi el video de esa carrera olímpica. Mientras veía caer al atleta lesionado y luego levantarse y comenzar a caminar por la pista, retorciéndose de dolor, recordé algunas de las veces en que había caído o estaba sufriendo tanto en la carrera a la que Dios me había llamado, que no creí que habría alguna forma de terminarla.

Y luego, cuando vi a Jim Redmond, ese padre, ese mentor, salir de las gradas y sostener a su hijo para que pudiera llegar a la meta final, tengo que decirte que empecé a llorar. Pensé en persona tras persona que Dios ha sacado de las gradas en mi vida para mantenerme en la carrera. Hubo hombres, mujeres y parejas que se acercaron a mi lado en los momentos más desesperados y dijeron, en efecto: «Nos aseguraremos, lo mejor que podamos, de que termines esta carrera. Vas a llegar a la meta de pie».

Cómo agradezco al Señor por esos preciosos amigos. Ruego que el Señor me haga ese tipo de amiga para los demás, y que el Señor te haga ese tipo de amiga para aquellas en tu vida que han caído en el camino de la vida. Aquellas que están desanimadas, que han fallado, que son débiles y están necesitadas.

Cómo llegaron allí no es realmente el problema, sino el hecho de que Dios te ha puesto en las gradas. Él te ha dado una oportunidad increíble, no para complacerte a ti misma sino para cumplir con la obligación que todos tenemos, en el nombre de Jesús, de ayudar a quienes nos rodean a terminar la carrera.

Entonces, Señor, ¿nos acercarías a relaciones piadosas, saludables e íntimas para que al amarnos unos a otros con Tu amor, al levantarnos unos a otros, podamos revelar al mundo quién eres, para que podamos modelar al Dios que nos anima y al Dios de toda perseverancia, mientras somos esa clase de amigas para los demás.

Oh Señor, nos necesitamos unas a otras. Realmente nos necesitamos. Gracias por haber brindado una provisión tan especial, un regalo para ayudarnos a llegar a la meta con gozo. Oro con acción de gracias en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Amén. Realmente nos necesitamos unas a otras. ¿Eres consciente de esto? En medio de los retos que ha traído el último año a tu vida, ¿estás procurando cultivar relaciones piadosas? Esto es lo que Nancy DeMoss Wolgemuth te ha animado a hacer.

A medida que concluimos esta serie de programas, queremos compartir contigo algunos testimonios de mujeres que están corriendo la carrera de la fe en comunidad. Ellas han experimentado El poder de las relaciones. Sé animada con lo que ellas compartieron con nosotros.

Mujer 1: Quiero compartirte mi dulce experiencia de cultivar relaciones con otras hermanas en el cuerpo de Cristo. Esta es mi historia: Al salir de mi etapa de adolescencia iba cayendo en el oscuro abismo de creer que en mis luchas con el pecado y mi vida cristiana en general, podía resolver las cosas sola.

Esto fue algo que nunca dije con mis labios, pero con mis actos era más que obvio. Vivía mi vida cristiana sola. Obviamente compartía los domingos con otras jóvenes como yo, y nunca me faltaba devolver el saludo a las hermanas y los hermanos mayores que yo. Y debo mencionar que si nadie me saludaba al terminar el sermón, yo tampoco.

Con el pasar de los años empecé a sentirme particularmente sola en mis luchas con el pecado y en múltiples áreas de mi vida como cristiana. Tenía amistades pero no me atrevía a contarle nada a nadie ni a confiar en nadie por vergüenza, temor a la desaprobación o no ser comprendida como yo quería. Esto fue un efecto de bola de nieve. Estancó mi santificación y mi crecimiento espiritual. Cada vez me sentía más sola y más recluida.

Hace exactamente un año, el Señor usó un pecado en mi vida para prácticamente obligarme a no solo buscar ayuda sino acercarme intencionalmente a una hermana que pudiera ayudarme en mi lucha campal contra tal pecado. Con el paso de los meses me volví abierta con esta hermana y eso me permitió ser receptiva, lo que dio paso a un deseo de compartir con otros lo que mi Dios estaba haciendo en mi vida. Comencé a contactar viejas amistades que había descuidado y el Señor en Su gracia usó estas amistades para conectarme con otras nuevas amistades.

Especialmente con mujeres más maduras en la fe que yo. Justo lo que necesita una joven adulta como yo. Esas relaciones de amistad ocurrieron en el momento exacto en el que Dios casi las orquestó y ha sido tan dulce poder compartir, rendir cuentas, llorar, reír, ser transparente con aquellas mujeres, pero sobretodo crecer. Gloria a Dios por las relaciones interpersonales con otras hermanas que me ayudaron a salir de aquel abismo de soledad.

Te animo encarecidamente a que primero le ores a Dios que produzca en ti el deseo de acercarte hermanas en el cuerpo de Cristo y que luego intencionalmente puedas cultivar aquellas relaciones. Dios es un Dios relacional, así como Él nos acerca para que intimemos con Él, asimismo nos anima a hacerlo con el cuerpo de Cristo. Te recuerdo este hermoso versículo: «Como el hierro se afila con hierro, así un amigo se afila con su amigo» (Prov. 27: 17).

Mujer 2: Mi esposo y yo empezamos una misión en Juárez, Nuevo León; una misión pequeña que fue de Dios porque era un tiempo que había necesidad; había habido una inundación y empezaron a construir. Reubicaron esas personas entonces estuvimos ayudándoles y ahí se empezó a formar una cosa pequeña, pero con el tiempo se hizo una iglesia. Entonces mi esposo ha estudiado ministerio, siempre le ha gustado predicar la Palabra. Entonces a mí me decían pastora, pastora. Yo les decía, «no soy pastora, dime Silvia, no pastora».

Nunca me animé a enseñar porque yo no sentía que era de parte de Dios que yo estuviera dirigiendo las mujeres. Y porque pues hay muchas que ya estuvieron en otras iglesias y después dirían, «no te pareces a la que era mi pastora». Entonces sí tenía temor. Fui a Querétaro y lo más hermoso ahí fue que el Señor me marcó, me abrió el entendimiento y me dijo, «Tito 2».

Y yo, «pues sí»; entonces soy mayor que todas las todas las señoras jóvenes que están ahí y Dios ahí me abrió el panorama y me dijo que la Palabra es la que es la que te abre el entendimiento, te hace libre de lo que el enemigo te viene a decir, «no puedes», «no hables», «no digas». Pude abrir el grupo de mujeres ya con más seguridad, y diciéndoles, «yo soy mayor que ustedes y Tito dice que las mayores enseñen a las más jóvenes». 

De esa manera se fue haciendo grupo de mujeres gracias a Dios. Acá podemos comentar y yo les pregunto qué les ayudó y así más comentarios. Aparte, también el deseo de trabajar con las adolescentes y con las niñas. Entonces ahorita ya abrimos el grupo de jóvenes, pusimos Joven Verdadera y entonces involucramos a las jóvenes y a las adolescentes; ha sido una bendición.

Mujer 3: He experimentado el último año el gran amor de Dios a través de hermanas que le aman y me aman. Vengo de una familia que no es creyente, entonces yo no tenía la confianza de hablar con mi mamá sobre mí, sobre cosas personales y mucho menos de cosas espirituales. A pesar de que ella era creyente y sabía el concepto no tenía la convicción de mi necesidad de ser mentoreada hasta que conocí Aviva Nuestros Corazones en el grupo de hermanas de la iglesia y empecé a escuchar un poco más.

Luego tuve la oportunidad de estudiar el libro de adornadas con un grupo de hermanas de diferentes edades y finalmente en este mismo año el Señor providencialmente me permitió pasar por una situación muy difícil que sentía que no podía salir de ahí. Fue tanta la necesidad que me llevó a buscar a una hermana. Una hermana con mucho amor y mucha misericordia me tomó de la mano y caminó conmigo y me empujó a Cristo, literalmente, me llevó a Cristo aún cuando mi corazón estaba siendo necio, y las mentiras se fueron quitando poco a poco porque tenía miedo, tenía vergüenza, «qué van a decir de mí», «yo voy a la iglesia», «yo hago esto», o «la hermana es demasiado santa para que me entienda» o «yo no voy a poder llevarme con ella», muchas mentiras.

Pero el Señor derribó cada una de ellas con la verdad del evangelio; y al leer Tito 2 donde dice, «las ancianas enseñan a las más jóvenes que sean maestras del bien, que exhorten, que muestren, que adornen la doctrina», yo decía, «wow, es el plan de Dios para las mujeres. Es un plan que Dios ha diseñado y lo ha dejado en Su Palabra.

Y ahora que lo he experimentado, realmente puedo decir, «gloria a Dios en las alturas por Su plan maravilloso, de mujer a mujer, de pasar el bastón a la otra generación». Recuerdo que es un medio de gracia que el Señor ha puesto en mi vida, en esta etapa, para que yo sea más como Cristo, para que yo le ame más. Y ya no me siento sola, ya sé que hay un grupo de hermanas, una comunidad de creyentes a mi alrededor, a mi lado caminando juntas, y que cuando sienta que no pueda, alguien está para recordarme para inspirarme, para mostrarme el camino de Cristo, y es hermoso caminar acompañada rumbo a la eternidad en este mundo.

Puedo ver que hay alguien que con amor me confronta pero a la vez me recuerda el evangelio, y doy gloria a Dios, doy gracias a Dios por Su plan en Tito 2, y por estas hermanas que se han entregado al Señor y están dispuestas a enseñarme y a dar de su tiempo.

Mujer 4: Quiero agradecer a las hermanas de Aviva Nuestros Corazones por bendecir mi vida, y no solo la mía sino la de centenares de mujeres a quienes llegan los audios. En lo personal, he sido muy bendecida. Conozco Aviva Nuestros Corazones hace 5 años, pero por algún prejuicio que yo he tenido no he podido buscar o bueno en ese momento, hasta que un día mi amiga y hermana en Cristo, Raquel, me habló, me compartió de cómo el Señor estaba impactando su vida con la feminidad bíblica, del rol que el Señor nos da como mujeres.

Así que me contactó con mi querida hermana Consuelo Catalán, ella me empezó a mandar los audios desde Colombia hasta que me contactó con el grupo de acá de Argentina, y aquí estoy recibiendo todos los días, pero impactó mi vida, quebrantó mi vida. Después de haber pasado tantos años sirviendo, de haber pasado por un instituto bíblico y prepararme justamente para poder servir al Señor, darme cuenta que no estaba viviendo la Palabra, estaba viviendo un programa, una actividad, pero no Su Palabra, y eso quebrantó mi corazón.

Y dije, «Señor necesito buscar Su Palabra, necesito crecer»; y para mí fue eso, recibir los audios, crecer, buscarle a Él, entender cada testimonio, cada mensaje que llegaba a mi vida. Dios comenzó a ordenar las cosas. Me enganché con el reto de 365 de lectura bíblica y qué bendición, esa fue otra cosa que impactó mi vida.

Siempre leía la Biblia, pero siempre me quedaba 3, 4 libros colgada en el año, no terminaba. Quizás por las muchas ocupaciones, muchas actividades. Primero como madre, soy mamá de 4 hijos y es como que todo eso me llevó a no priorizar a no buscar un horario para mi lectura que no chocara con las tareas como madre y esposa sino buscar un horario y poder buscar al Señor.

El Señor ha hablado mucho a mi vida a través de los audios, pero no solo eso, después que entendí todo eso dije: «y ahora, no me lo quiero guardar para mí». No tenía un celular y le pedí al Señor un celular. El objetivo era poder distribuir los audios. Y bueno, empecé a mandar, a armar grupos. Actualmente estamos mandando a 4 grupos. Todos los días yo les mando el audio, con el afán y el deseo de que ellas también sean conquistadas y vivan la feminidad bíblica, el rol que el Señor les dio a ellas como mujeres.

Sea abuela, suegra, hija, en la situación que estén como mujeres, que puedan vivir esa experiencia de vivir a un Dios que para Él no hay nada imposible. Un grupo de mujeres, de esposas más jóvenes, decidieron hacer estudios y este año hicieron el estudio del libro Adornadas, y es impresionante cómo el Señor va hablando a sus vidas, se van armando grupos de lectura del libro, sabiendo que a veces como madre uno no puede encontrar ese tiempo pero se han armado grupos donde hacen estudios bíblicos y través de un libro.

Hay un grupo de hermanas que no hablan muy bien español y yo, por la gracia del Señor, heredé el idioma. Mi mamá cuando emigró de Bolivia no hablaba español, hablaba quechua. Entonces al ser yo la hija mayor, mi mamá me hablaba en quechua y creo que fue el primer idioma que aprendí y después aprendí el español. Y cuando vi la necesidad de las hermanas mayores –me refiero a mayores de 40, 50, 60, que no entendían muy bien el español.

Después de unas semanas de estar escuchando los audios, empecé a armar un popurrí de de lo que el Señor habló a mi vida, poder traducir y poder grabar esos audios. Así que las hermanas de habla quechua también están disfrutando. Me encantaría grabar todos los días pero lo estoy haciendo una vez a la semana.

Tenemos dos grupos, un grupo local y un grupo también nacional, y el Señor, por Su gracia, me ha regalado este ministerio. Y esta cuarentena y todos estos audios han forjado esta necesidad de que ellas también vivan esta experiencia de poder buscar y conocer al Señor, no a través de un ministerio sino a través de pasar tiempo con el Señor.

Porque a veces uno se conforma sirviendo, piensa que esa es su relación con Dios, y no, relación con Dios es pasar tiempo con Su Palabra leyéndola y orando, y el servicio es la consecuencia, el fruto de gratitud, de decir, «gracias Señor», y por eso uno le sirve, le alaba y le adora. Un grupo de hermanas ha comenzado un grupo de oración a las 5 de la mañana y ustedes están ahí en esa lista, todo el equipo de Aviva Nuestros Corazones está en esa lista. Clamamos al Señor por ustedes para que las siga usando para Su gloria, y que nosotras sigamos siendo bendecidas por todo ese material que el Señor les ha dado para poder bendecir a Sus hijos.

Y bueno, el Señor les bendiga y les siga dando sabiduría, y que hasta que Él venga podamos seguir llevando Su Palabra y conquistando corazones, para que no nos conformemos solo con actividades sino que vivamos a Sus pies, y así poder crecer y ser de bendición a nuestros hogares y a los que nos rodean.

Annamarie: Gloria a Dios por Su obra en la vida de cada una de estas hermanas y por la obra que está llevando a cabo en tu vida. Espero que escuchar estos testimonios te haya animado a terminar la carrera de la fe junto a otras hermanas y a vivir El poder de las relaciones en un tiempo como este.

Una forma en que estamos corriendo juntas aquí en Aviva Nuestros Corazones es leyendo la Biblia de tapa a tapa este año. Mañana, acompáñanos para escuchar nuestro próximo programa Mujer Verdadera 365 acerca del libro de Josué. Si no lo has hecho, únete al Reto Mujer Verdadera 365 a través de nuestro sitio web, AvivaNuestroscorazones.com. La lectura bíblica para hoy es 1 Crónicas capítulos 1 y 2. Anima a más mujeres en tu círculo de influencia y juntas crezcamos en el conocimiento de Dios y amor por Él y por su Iglesia. ¡Te esperamos!

Trayéndote enseñanza práctica de la Palabra de Dios, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

1000 Voces, Para Su Gloria, El Fin Desde El Principio ℗ 2018 PSG.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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