Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Tres regalos del matrimonio, día 1

Annamarie Sauter: Denise recuerda claramente cómo ella y su esposo celebraron su séptimo aniversario...

Denise Glenn: Yo le dije que me iba. Le dije, «David, estoy harta. Me largo de aquí. No puedo más con esto. Mañana por la mañana tomo a los niños y me voy». Nancy, alabo a Dios porque en ese momento Él intervino en nuestras vidas.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

En ocasiones sentimos que la única solución para la circunstancia difícil que estamos atravesando es correr en la dirección contraria. En esos momentos no podemos olvidar que la esperanza que Cristo vino a darnos afecta nuestras circunstancias presentes. Esto es lo que escucharás en esta serie. Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Bien, como ustedes saben, tenemos una misión aquí en Aviva Nuestros Corazones, y es ayudar a las mujeres a experimentar libertad, plenitud y abundancia en Cristo. Y nos enfocamos tanto en las relaciones verticales como en las horizontales –primero en nuestra relación vertical con el Señor.

Es por eso que nuestros corazones deben ser avivados antes de ser las mujeres que Dios quiere que seamos en cada esfera y etapa de la vida. Luego, a medida que nuestra relación con Él es la correcta, Él nos usa como instrumentos en Sus manos; instrumentos de Su plan redentor en las vidas de otras personas –ya sea en el matrimonio, o como madres o como mujeres en nuestro lugar de trabajo. Él quiere que llevemos la fragancia de Cristo de todas las maneras posibles a todas partes.

Es en estas relaciones –verticales y horizontales– que nos enfocamos día tras día, aquí en Aviva Nuestros Corazones. Hablamos mucho acerca de la mentoría, acerca del legado, de mujeres mayores enseñando a mujeres jóvenes y pasando el testigo de la verdad a la próxima generación. Una de las cosas que he descubierto que ha sido de ayuda en mi propia vida, es poder escuchar las historias de mujeres que han tenido un caminar vibrante y vital con el Señor, Mujeres Verdaderas, como nos gusta llamarlas por aquí.

Mujeres que están viviendo los mandatos del evangelio. Mujeres maduras que caminan con el Señor y tienen un caminar maduro con Él, para que tengamos un modelo, un ejemplo hacia el cual mirar. Y mientras siguen a Cristo, nosotras podemos seguir su ejemplo.

Es una alegría tan grande darle la bienvenida al estudio hoy a una nueva amiga, Denise Glenn, fundadora de un ministerio de mentoría llamado MotherWise o Ministerio Kardo. No sé si algunas de ustedes conocen alguno de sus libros. Entre sus libros están, Restaura mi corazón y Libertad para madres. Podemos decir que Denise es una mujer tipo Tito 2. No quiero decir que es una mujer vieja, sino una mujer mayor que está siendo usada por Dios de una manera significativa para ayudar a las mujeres jóvenes a llegar a conocer al Señor y Sus caminos en los diferentes aspectos de sus vidas.

Así que, Denise, bienvenida a Aviva Nuestros Corazones, y muchas gracias por unirte a nosotras hoy.

Denise: Gracias Nancy. Estoy encantada de estar aquí; es un placer para mí.

Nancy: Con esa descripción que acabo de dar, Mujer Verdadera, mujer según Tito 2, mujer mayor…tienes una meta alta por alcanzar.

Denise: No sé si puedo hacer eso, pero yo amo al Señor Jesús. Él me ha llevado por un trayecto, y amo compartir eso porque creo que es a través de nuestras experiencias que la Palabra cobra vida en las personas con quienes la compartimos.

Nancy: Y tú has vivido muchas experiencias. Has recorrido un trayecto, y estás más avanzada en el camino que algunas de nuestras oyentes y en la misma etapa que muchas de nuestras oyentes. Tenemos muchas mujeres mayores que escuchan también, y creo que serán animadas a influir con su vida en las mujeres jóvenes a su alrededor. Queremos escuchar acerca de tu trayecto. Creo que nuestras oyentes realmente disfrutarán escuchar el testimonio de una mujer que está en proceso, que busca al Señor, lo conoce y lo da a conocer.

Y Denise, para aquellas de nuestras oyentes que no están familiarizadas con tu ministerio, ¿podrías contarnos un poco acerca de MotherWise o Ministerio Kardo (kardo.org/es)? Es un ministerio de enseñanza y de mentoría que ayuda a las madres, y no solo a las madres, sino a las mujeres en todas las etapas de la vida, a conocer cómo experimentar la realidad de Cristo en sus vidas y en sus relaciones familiares.

Este es un ministerio que Dios les ha confiado a ti y a tu esposo que también es empresario. Actualmente están viviendo en Perth, Australia.

Denise: Está a 17,700 kilómetros de aquí, un poco lejos. Perth es la ciudad más remota en toda la tierra. Así que Dios literalmente nos llevó a los confines de la tierra.

Nancy: Podríamos decir eso, pero Él te trajo de vuelta para esta entrevista, y no solo para esta entrevista, te dio la oportunidad de ver a tus...

Denise: … ocho nietos y tres hijas todos viviendo en el área de Houston. Así que ha sido un deleite haber tenido la oportunidad de visitar a la familia.

Nancy: Nos alegra que hayas tenido una buena razón; que querías verlos, eso nos dio también a nosotras la oportunidad de hablar contigo.

Anoche nosotras hablábamos durante la cena y cuando te pregunté acerca de tu matrimonio, tus ojos como que se iluminaron. Tú amas a David, tu esposo, y Dios te ha bendecido con un matrimonio rico, fructífero y podríamos decir, bendecido. Pero no siempre fue así.

Denise: No, no lo fue.

Nancy: Entonces, llévanos de regreso a cómo conociste a este hombre, a los inicios de tu matrimonio.

Denise: David y yo teníamos 18 y 20 años cuando nos conocimos. Nos casamos al término de mi segundo año, su último año de universidad. Estábamos locamente enamorados. ¡Él era muy atractivo, usaba ropa linda, manejaba un buen auto…qué más podría faltar?! Piadoso, era el presidente de la organización cristiana de nuestro campus.

Ambos íbamos a la iglesia cada domingo. Éramos del oeste de Texas –no solo de Texas sino del oeste. Nos entendíamos el uno al otro y realmente creíamos que porque estábamos locamente enamorados y teníamos tanto en común –el Señor y nuestra cultura– que el matrimonio sería pan comido. ¡No sé qué estaba pensando! Pero después de tres días de estar casados, lloré hasta quedarme dormida. Literalmente pensé, «he tirado mi vida a la basura, esto es lo peor!»

Nancy: ¿Por qué? ¿Qué te hizo pensar esto?

Denise: Bueno, nuestras expectativas del matrimonio; yo tenía mis expectativas y David tenía las suyas. 

Nancy: ¿De qué manera eran diferentes?

Denise: La familia de David es una familia ganadera y una maravillosa, preciosa familia, pero muy trabajadora. Así que para ellos, la vida en familia significa trabajo duro. No se sientan por ahí diciendo cuánto se aman a cada minuto del día. Ellos tienen mucho trabajo duro por hacer y lo hacen bien.

Mi familia –yo vengo de una familia de cuatro mujeres– mi papá sirve en el ministerio de la música y es muy afectuoso. Entonces, yo crecí en esta familia «amorosa, llena de besos y abrazos» y siempre muy afectuosa verbalmente. Cuando habíamos estado casados literalmente por unos pocos días, no teníamos dinero para una luna de miel, así que David regresó a trabajar. Nos casamos un sábado por la noche. Yo había completado mis exámenes finales el jueves, me había casado el sábado y el lunes ya era una ama de casa con un hogar, sin tener la menor idea de lo que hacían las amas de casa. David se fue a trabajar, ¡regresó a casa y encontró a su esposa de 19 años con cajas apiladas hasta el techo –yo no había abierto ni una– jugando solitario en el piso porque no sabía lo que hacen las esposas! Él entró y dijo, «¿dónde está la cena?»

Yo miré alrededor de la casa y dije, «no lo sé, ¿dónde está la cena?» Él pensó que eso no era gracioso. En ese momento comenzó a criticarme. Él mismo lo dice, no lo estoy exponiendo. Él comenzó a hacerme saber lo que hacen las esposas. Su expectativa era su mamá, quien bendita sea, es una cocinera gourmet y le hacía a su padre corbatas de seda. Una increíble mujer y la amo a morir, pero yo no alcanzaba ese estándar.

Mi expectativa era que mi esposo entrara por la puerta y me dijera lo maravillosa que yo era y cuánto nos divertiríamos juntos, ¡y que me llevaría a una cita romántica de 50 años! ¿Qué era eso de trabajar? Así que, nuestras expectativas se rompieron en pedazos inmediatamente. Mi caballero se cayó de su caballo.

Nancy: ¿Tú no tenías idea de esto cuando estabas saliendo con él?

Denise: Ninguna, porque nuestra relación no se asemejaba en nada a las expectativas ni a las responsabilidades del matrimonio. Yo era una adolescente. Estaba viviendo en el dormitorio de la universidad, comiendo comida de cafetería.

Por mi historia, Nancy, el clamor de mi corazón es que las iglesias y las madres mentoras, inviertan en parejas jóvenes que se van a casar y comiencen a entrenarlas con la Palabra de Dios y los principios de Dios para el matrimonio. En nuestro caso, eso simplemente no ocurrió. Alguien nos mostró una película del nacimiento de un bebé y eso fue todo. Esa fue nuestra consejería prematrimonial.

Así que no teníamos ningún entrenamiento en la Palabra de Dios, y no sabíamos cuáles eran nuestros roles. No sabíamos lo que se suponía que debíamos hacer. Habíamos estado en la iglesia literalmente cada domingo de nuestras vidas. Por si fuera poco, nací un domingo y dos semanas más tarde ya estaba en la iglesia. Y si alguien predicó un sermón sobre el matrimonio y los roles en el matrimonio, seguramente yo estaba masticando goma de mascar y hablando con mis amigas y no lo escuché.

Así que en este punto nuestro matrimonio comenzó una espiral descendente. Comenzamos un patrón de discusiones en nuestro matrimonio. Nunca habíamos hecho eso en nuestro noviazgo, pero como casados, cuanto él más me criticaba, más le contestaba. Así que entramos en este ciclo negativo, crítico, de discusión y yo cerré mi corazón. Yo levanté una muralla. Literalmente, la tercera noche de nuestro matrimonio yo levanté una pared en mi corazón que decía, «tú no me vas a lastimar así. Yo no te dejaré entrar en ese lugar profundo e íntimo de mi corazón. Te daré mi cuerpo; aprenderé a cocinar, pero tú no tendrás mi corazón».

Me retraje emocionalmente y comencé a construir esa pared. Comenzó poco a poco, pero Nancy, pasé siete largos años construyendo una pared entre nosotros. David no venía de una familia cariñosa, y por lo tanto él no sabía dónde yo me encontraba emocionalmente hablando. Para él era como, «de acuerdo, mientras me proveas sexo y comida, bien; de eso se trata el matrimonio». Él no sabía cuál era su rol.

Nancy: ¿Hubo mucho conflicto durante esos siete años? ¿Las personas cercanas podían notar que había tensión, conflicto?

Denise: Había noches en las que nos quedábamos despiertos toda la noche, literalmente hasta las 5 de la mañana, peleando y discutiendo. A veces, era sábado por la noche, así que, nos levantábamos, nos dábamos una ducha, poníamos nuestra sonrisa de escuela dominical y asistíamos a la iglesia. ¡O sea! ¡Enseñábamos en la escuela dominical! Nadie lo sabía. No se lo decíamos a nadie en nuestra familia, no lo compartíamos con nuestros amigos; nadie sabía.

Nancy: Pero ustedes dos lo sabían.

Denise: Sí, nosotros lo sabíamos. Se estaba librando una guerra entre nosotros a lo largo de los primeros siete años de matrimonio. Habíamos atravesado tantas cosas juntos. Atravesamos la infertilidad. Atravesamos el nacimiento de tres bebés en cuatro años; todo tipo de cosas habían ocurrido en nuestras vidas. En cada una de esas situaciones yo pensaba, «Dios nos dará bebés, y eso resolverá los problemas en nuestro matrimonio». Bueno, los bebés no solucionan los problemas matrimoniales de sus padres. Nada estaba solucionando el profundo dolor en mi corazón respecto a la relación con mi esposo.

Esto fue en los años 70 y yo estaba siendo inundada con el mensaje del mundo… Yo veía el programa de Phil Donahue por las tardes –eso fue antes de Oprah– y estaba leyendo El diario del hogar de las damas, la revista padres. Todo lo que estaba leyendo y todo lo que estaba recibiendo del mundo era, «tú eres una mujer. Eres fuerte. No dejes que nadie te diga lo que debes hacer. Si no te gusta tu matrimonio, simplemente puedes salir de allí».

Nancy: ¿Entró ese pensamiento en tu mente?

Denise: Oh, todo el tiempo. De hecho, yo amenazaba con irme. Y esto fue probablemente después de 5 años de matrimonio. Comencé a amenazarlo con irme. David no me creyó porque él sabía que yo no hablaba 100% en serio. Pero en nuestro séptimo aniversario, puedo decirte exactamente cuando fue; el 6 de mayo creo que fue en 1979, cuando llevábamos siete años casados, yo miré a mi querido esposo que estaba al otro lado de la mesa y le dije que me iba. Le dije, «David, estoy harta. Me voy de aquí. Ya no puedo seguir con esto. Mañana por la mañana tomaré a los niños y me voy». Nancy, alabo a Dios que en ese momento Él intervino en nuestras vidas.

Yo sé que nuestros padres habían orado por nosotros durante toda nuestra vida, y Dios intervino. Él usó a mi esposo David. No tomaría un «no» por respuesta. Si hay hombres escuchándonos ahora mismo y se están preguntando cómo reconquistar el corazón de sus esposas…

Nancy: Y puede haber algunos escuchando.

Denise: Hay muchos, y escuchamos hombres que, de hecho, visitan nuestro sitio web y dicen, «¿podrían por favor orar por mi esposa? Oren por mi esposa. Ella está lista para dejarme». Esa noche por primera vez mi esposo tomó la iniciativa y se convirtió en un líder espiritual para nuestro hogar. Él me miró del otro lado de la mesa y dijo, «tú no te vas. No le harás esto a nuestros hijos. No sé qué vamos a hacer».

En ese tiempo en los años 70, Focus on the Family (Enfoque en la familia) recién estaba comenzando, y Vida en familia recién estaba comenzando también. Estos ministerios estaban comenzando, pero nosotros no sabíamos nada sobre ellos. No teníamos todos los recursos que hoy en día están disponibles, y no sabíamos lo que Dios haría para rescatar nuestro matrimonio. Pero esa noche, David dijo, «tú no me dejarás, no me dejes, no te vayas. Iremos a casa, nos pondremos de rodillas junto a nuestra cama, haremos una oración sin muchas palabras porque Dios no necesita escuchar de nosotros mucha teología hoy».

Fuimos a casa y clamamos, «¡ayúdanos, ayúdanos, Señor!» En ese momento en que nos humillamos, nos arrodillamos y clamamos por ayuda, Jesús vino inmediatamente. Ahora, no fue instantáneo. Nuestro matrimonio no se solucionó en una noche; nuestros problemas matrimoniales no se resolvieron en una noche, pero si inició el proceso. Empezamos a avanzar juntos nuevamente y los muros comenzaron a caer. David se humilló delante de Dios y me pidió perdón, yo le pedí perdón, y esa noche Dios comenzó el proceso de sanación.

Nancy: Sé que ahora mismo muchas de las mujeres que nos escuchan, están justo donde tú estabas en tu séptimo aniversario. Ellas no llegaron ahí de la noche a la mañana; ha sido un proceso. Quizás los detalles sean diferentes –quién comenzó qué, quién dijo qué– pero se encuentran desesperadas.

El Señor los llevó a ti y a David al punto donde todas las parejas deben llegar si quieren tener el tipo de matrimonio que Dios quiere que tengan, y eso es reconocer nuestra propia incapacidad para resolver el problema. Voltear al Señor y decir, «ayúdanos».

Denise: Algunas de nuestras oyentes están en ese punto de desesperación. El clamor de mi corazón por ellas es que al arrodillarse delante del Señor, puedan tener la expectativa de que Dios venga y comience el proceso de sanación, y Él lo hará. Él ama que oremos pidiendo por ayuda.

Nancy: Esa palabra, ayuda, realmente está expresando un corazón de humildad. El ponernos de rodillas, inclinarnos delante del Señor y decir, «me arrepiento de mi propio camino; mi camino no ha funcionado. Renuncio a mi propio camino. Entrego mi derecho a resolver este problema a mi manera».

Me trae a la mente aquel maravilloso pasaje en 1 Pedro, capítulo 5, también encontramos esto en otro par de lugares en la Escritura, y dice:

«Y todos, revístanse de humildad en su trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes. Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte a su debido tiempo, echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes» (vv. 5-7).

Cuando estamos en medio de un matrimonio o en nuestro lugar de trabajo, en la relación con nuestros hijos o en una amistad, y existe esa tensión —ese conflicto, ese muro en la relación– tendemos, como lo fue en tu matrimonio, a apuntar con el dedo y decir, «esa persona es la que tiene la falta. Esta otra persona es la que es insensible. Esa persona es la que necesita humillarse. Si tan solo mi esposo se humillara… Si mi adolescente se humillara… Si mis padres tan solo se humillaran…»

Pero Dios dice, «no, humíllate tú». El principio poderoso aquí es que Dios se opone a los orgullosos. Y la realidad es que hasta este punto en tu matrimonio, Dios se había estado oponiendo a ti y a tu matrimonio porque habías sido orgullosa, tu esposo había sido orgulloso y Dios se oponía. Esa palabra significa que «Dios se pone en posición de batalla contra los orgullosos».

¿Pero, qué hace por aquellos que son humildes? Él derrama gracia; derrocha gracia, y eso es exactamente lo que Dios hizo por ti y por David en ese momento. Él puso el deseo y derramó el poder para que cambiaran las cosas. 

Y quiero decirles a nuestras oyentes, si Dios está hablando a tu corazón, escucharemos más sobre la historia de Denise y David, y el camino que Dios puso para ellos, y algunos de los principios que Dios utilizó para darles un nuevo comienzo en su matrimonio. Pero Denise, tú nos acabas de compartir que el inicio es clamar en humildad, clamar pidiendo ayuda. Y quiero decirles a nuestras oyentes, no esperes a que tu esposo sea el que te lleve hasta ahí. 

Tú puedes hacerlo incluso si él no está dispuesto. Y si hay un hombre escuchando, tú puedes ir hasta allí antes de que tu esposa lo haga. Pero ve hasta ahí; vayan ahí como matrimonio tan pronto como puedan, ve tú sola si es necesario, pero llega hasta ahí.

Me pregunto, Denise, antes de que avancemos más, si pudiéramos unir nuestros corazones y orar juntas por esas personas que están escuchando esto ahora mismo, y necesitan decir, «ayúdame Señor!» Para que se den cuenta de que hay esperanza en Cristo. Tú ahora llevas décadas de casada, y lo que fue real en esos primeros 7 años ya pasó. Dios lo cambió, Él lo transformó. Él te ha dado un futuro, una esperanza e hijos piadosos. Él te ha dado un ministerio para mujeres en todo el mundo. Así que hay esperanza. ¿Por qué no nos guías en oración por aquella persona que nos escucha y se encuentra en el mismo lugar donde tú y David estaban, y vamos a pedir a Dios que intervenga y los traiga a ese lugar de humildad en este mismo momento?

Denise: Señor Jesús, venimos ante Tu presencia intercediendo por aquellas oyentes cuyos corazones claman a Ti. Padre, nos unimos a ellas en este clamor de corazón. Te pedimos que intervengas en sus circunstancias. Padre, te doy gracias por aquella mujer que hoy está dispuesta, en este momento, a humillarse a sí misma delante de Tu presencia. Oro en el nombre de Jesús, que Tú la lleves a ese lugar de humildad, de despojarse, de quebrantamiento a los pies de la cruz. Padre, te agradezco porque Tú intervienes en ese momento y en ese lugar.

Te pedimos que tomes completamente el control de las circunstancias, y traemos las circunstancias de su vida y de su corazón bajo el dominio del Señor Jesucristo. Te pedimos una bendición para esta persona que está orando, para su familia y su situación. Tú vas delante de nosotras, detrás de nosotras, y Tu mano de bendición está sobre nosotras.

Y Señor, te damos gracias, porque mientras clamamos a Ti, Tú ya estás ahí, en medio de ese clamor de corazón. Así que te damos la gloria y el honor y te bendecimos mientras fijamos nuestros ojos en Ti. Nuestra esperanza está en Ti, nuestra fe está en Ti y solo en Ti. En el precioso nombre de Jesús oramos, amén.

Nancy: Creo que aún hoy en día Dios está en el proceso de renovar y restaurar matrimonios, y vidas, llevando a las personas a la cruz y dándoles un nuevo comienzo. Eso no quiere decir, como tú nos lo recordaste Denise, que esos cambios ocurrirán de la noche a la mañana. Pero Dios vendrá inmediatamente y comenzará ese proceso de rescate y redención en esa vida, en ese matrimonio.

Puede ser que tu esposo no regrese. Puede ser que el orgullo y la disfunción hayan ido tan lejos que él no esté dispuesto a rendir su corazón. Pero tú puedes rendir tu corazón, y Dios te dará la gracia que necesitas.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth ha estado conversando con nuestra invitada, Denise Glenn. Esta es la primera parte de una conversación titulada, Tres regalos del matrimonio

Una mujer que ha sido bendecida a través de programas como este nos escribió:

«Todas las mañanas desde 2018, oigo las enseñanzas de Nancy. En ese año enfrenté una de las peores crisis de mi matrimonio, pero Dios usó este ministerio para guiarme y alentarme a perdonar y a tener mansedumbre. Oro porque sigan siendo de bendición para muchísimas mujeres más».

Amén. Si tú nos escuchas hoy y has sido edificada a través de estos mensajes, te animo a compartirlos con más mujeres, de modo que juntas las llamemos a libertad, plenitud y abundancia en Cristo. Hazlo fácilmente a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com

Hoy hemos escuchado como Denise Glenn y su esposo oraron esa sencilla oración al Señor, «ayúdanos». Mañana escucharemos cómo Él les contestó. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Marcos capítulos 8 y 9.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el anfitrión

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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