Aviva Nuestros Corazones Podcast

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Tú, yo y Dios

Annamarie Sauter: ¿Estás tratando de cultivar buenas relaciones olvidando que tu relación principal es aquella con Dios? 

Nancy DeMoss Wolgemuth: No tendrás los recursos que necesitas para ser la esposa que Dios quiere que seas o la madre o la amiga o cualquier otra relación que tengas, hasta que te hayas enfocado en tu relación con Dios.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Quieres tener relaciones verdaderamente significativas con los demás? Entonces tienes que cultivar tu relación con Dios—hacer de esta una prioridad en tu vida. Porque cuando venimos a Dios primero, nos relacionamos mejor con quienes nos rodean. Hoy, Nancy DeMoss Wolgemuth nos hablará más acerca de esto. Si te perdiste alguno de los programas anteriores en esta serie, descárgalo, escúchalo o leelo en AvivaNuestrosCorazones.com

Nancy: Hemos estado considerando cómo son nuestras relaciones y el dolor y los problemas que surgen en las relaciones humanas, como dice el escritor de Eclesiastés, en este mundo bajo el sol.

Si vivimos nuestras vidas sin Dios, sin tomar a Dios en consideración, sin pensar y responder a Su manera, separadas de una relación con Él, entonces tendremos lo que hemos estado estudiando en la primera parte del capítulo 4 de Eclesiastés, y es el dolor de la injusticia, de la opresión, y el problema del aislamiento.

Vamos a tener relaciones rotas, dolorosas, pecaminosas, poco saludables, o ninguna relación en absoluto. Vamos a luchar en el área relacional siempre que tratemos de hacer que nuestras relaciones funcionen sin Dios.

Ahora, sé que eso suena como, duh. Quiero decir que parece obvio. Si eres una hija de Dios, tal vez eso no suene muy profundo, pero es sorprendente para mí cuánto tratamos de hacer que nuestras relaciones funcionen sin Dios, cuánto intentamos arreglar, reparar y cambiar nuestras relaciones sin traer a Dios a la ecuación.

Así que ahora hemos llegado a una parte del capítulo 4 de Eclesiastés, comenzando en el versículo 9, donde tenemos la receta, el remedio de Dios para las relaciones dañadas o las relaciones rotas o las situaciones en las que no hay ninguna relación, personas que viven en aislamiento o soledad.

Y comenzamos la última sesión mirando la primera frase del versículo 9, que dice, «dos son mejores que uno». Este es el llamado de Dios a la intimidad. El poder de la intimidad es lo que trata con el dolor de la injusticia y el problema del aislamiento en las relaciones.

Quiero que nos demos cuenta, antes de comenzar a hablar sobre nuestras relaciones humanas, nuestras relaciones a nivel horizontal, que primero tenemos que lidiar con nuestra relación con Dios, nuestra relación a nivel vertical.

Solo cuando tratemos primero con Dios, cuando estemos bien con Él, tendremos los recursos que necesitamos para estar bien con los demás, para participar en relaciones íntimas y relaciones saludables con quienes nos rodean.

Esto es cierto para todas las relaciones que tengas. Piensa en tu matrimonio, y no hay ningún matrimonio, no importa lo bien que puedas ver o pensar, que es un matrimonio desde afuera, si vivieras dentro de las mismas cuatro paredes, te darías cuenta de que cada matrimonio tiene sus problemas.

El mejor esposo, la mejor esposa, la pareja más piadosa, tu pastor y su esposa, quien sea que pienses que tiene un matrimonio ideal, de seguro tiene problemas de comunicación. Tiene tensiones y problemas en su relación con los que tiene que lidiar. Así que no pienses que eres la única que tiene ese tipo de problemas en tu matrimonio o en tu hogar.

Pero cuando vas a lidiar con esos problemas, por ejemplo, en tu matrimonio, el punto de partida no es tratar con tu esposo, el punto de partida es tratar con Dios. Hasta que tu relación con Dios esté en orden, tu matrimonio no podrá estar en orden. No tendrás los recursos que necesitas para ser la esposa que Dios quiere que seas o la madre o la amiga o en cualquier otra relación que tengas, hasta que te hayas enfocado en tu relación con Dios.

Eso es lo que leemos en 1 Juan capítulo 1, donde el apóstol Juan dice: «lo que hemos visto y oído, les proclamamos también a ustedes, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. En verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (v. 3).

Versículo 7: «Pero si andamos en la luz, como Él está en la luz, (si estamos bien con Dios, si no hay barreras en nuestra relación con Dios), tenemos comunión los unos con los otros». ¿Cuáles son los otros?

Bueno, primero está la comunión con Dios, pero luego tenemos la comunión entre nosotros. Dice: «Y la sangre de Jesús, su Hijo, nos limpia de todos esos pecados que rompen nuestras relaciones».

Así que veamos estos versículos en Eclesiastés 4, versículos 9–12, desde el punto de vista de nuestra relación con Dios, y luego en los siguientes programas veremos cómo estos versículos se aplican a nuestras relaciones entre nosotros. ¿Cómo llena Dios nuestra necesidad de relacionarnos? Veamos estos cuatro versículos.

Versículo 9: «Más valen dos que uno solo, pues tienen mejor remuneración por su trabajo». Una de las características de las relaciones saludables, de la intimidad, es que el trabajo es más fructífero. Hay mayor productividad.

«Más valen dos que uno solo, pues tienen mejor remuneración por su trabajo» (v. 9). Pienso en Filipenses 2 que nos dice: «Porque Dios es quien obra en ustedes tanto el querer como el hacer, para Su buena intención» (v. 13). No puedes vivir la vida cristiana sola. No puedes servir a Dios por ti misma. Necesitas a Dios. Necesito a Dios. Es Dios quien está trabajando dentro de nosotros, dándonos el deseo y el poder de complacerlo. «Más valen dos que uno solo, pues tienen mejor remuneración por su trabajo».

El apóstol Pablo reconoció esto y lo menciona muchas veces en sus epístolas. En primera a los Corintios capítulo 15:10, Pablo dice: «Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana; antes bien he trabajado mucho más que todos ellos (que todos los demás apóstoles), aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí». 

Él está diciendo, «sí, trabajé; sí, serví; pero no era realmente yo quien hacía el trabajo, era la gracia de Dios en mí». Más valen dos que uno solo, pues tienen mejor remuneración por su trabajo.

Pablo dice: «Porque nosotros somos colaboradores de Dios», y 1 Corintios capítulo 3:9, dice: «Somos compañeros de trabajo de Dios», dice una traducción. Dos son mejor que uno. Pero no te equivoques, Dios no necesita de tí ni de mí para hacer Su obra.

Pero creo que el punto aquí es que no podemos hacer la obra de Dios sin Dios. No podemos hacerlo sin Él. Podemos intentarlo. Podemos hacer religión, pero no podemos hacer la obra de Dios sin permanecer en Cristo, sin estar unidos con Él en comunión íntima.

Y luego en el versículo 10 de Eclesiastés 4, hay otro beneficio o bendición de una relación íntima. «Si uno se cae, su amigo puede ayudarlo a levantarse. ¡Pero lástima el hombre que cae y no tiene a nadie que lo ayude a levantarse!»

Así que vemos que las relaciones íntimas nos ayudan en tiempos de adversidad, momentos de dificultad o momentos de fracaso. Uno se cae, alguien lo ayuda a levantarse. Un amigo lo ayuda a levantarse. Pienso en el Salmo 145 que dice: «El Señor sostiene a todos los que caen, y levanta a todos los oprimidos» (v. 14 ). Él es ese amigo que me levanta cuando caigo, que te levanta cuando caes.

Judas, capítulo 1, versículo 24: «Y a aquel que es poderoso para guardarlos a ustedes sin caída y para presentarlos sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría…» Cuando llegue al cielo, el hecho de que mi corazón se haya purificado y se haya santificado y esté listo para el cielo no será cosa mía. Será la acción de mi amigo, mi relación con Dios, con el Señor Jesucristo, lo que me habrá impedido caer y me habrá permitido llegar a la presencia de Dios con alegría.

Romanos 14: «¿Quién eres tú para juzgar al criado de otro? Para su propio amo está en pie o cae, y en pie se mantendrá, porque poderoso es el Señor para sostenerlo en pie» (v. 4).

Me encanta ese versículo, toca mi corazón. Me da aliento, coraje y esperanza porque el Señor puede hacerme permanecer de pie. Él es capaz de evitar que caiga. No puedo hacerlo sin él. Apartada de Él, me caería, y tú también. Dos son mejor que uno.

«Porque si uno de ellos cae, el otro levantará a su compañero; pero ¡ay del que cae cuando no hay otro que lo levante!» (Ec. 4:10). Y cuando caigo es la gracia de Dios la que me levanta. Es la gracia de Dios que me perdona, me limpia, me restaura, me renueva y me reconcilia a la comunión con Dios. 

Y luego en el versículo 11 de Eclesiastés 4, vemos un tercer beneficio o una bendición de una relación íntima con Dios. «Además, si dos se acuestan juntos se mantienen calientes, pero uno solo ¿cómo se calentará?»

Las relaciones íntimas brindan consuelo y compañía en momentos de necesidad. ¿Y quién mejor para nosotras que Dios mismo? 

En la segunda carta a los Corintios en el capítulo 13, Pablo dice: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (v.14).

Piensa en esto cuando te sientas sola: la gracia del Señor Jesús, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo. Eso es lo que está contigo como hija de Dios. Eso es lo que me mantiene caliente. Eso es lo que me impide perecer de soledad. En definitiva, es mi relación con Dios. Recuerdo que no estoy sola. Tengo un consolador, el Espíritu Santo.

Jesús ha dicho: «Estoy contigo siempre» (Mt. 28:20).

Y Dios el Padre ha dicho: «Nunca te abandonaré» (Heb. 13:5). 

Y luego el capítulo 4, versículo 12 de Eclesiastés: «Y si alguien puede prevalecer contra el que está solo, dos lo resistirán. Un cordel de tres hilos no se rompe fácilmente».

Un buen amigo, una relación sana, brinda protección en tiempo de peligro y fuerza en tiempo de ataque, son refuerzos. «Aunque uno puede ser derrotado, dos pueden defenderse». ¿Y quién es nuestro Defensor (con D mayúscula)? Es Dios mismo.

Efesios capítulo 6, versículo 10: «Por lo demás, fortalezcanse en el Señor y en el poder de su fuerza». ¿Quién nos fortalece para la batalla? ¿Quién nos impide ser vencidos por nuestro triple enemigo que es nuestra carne pecaminosa, el mundo y el diablo? Es Dios quien vive dentro de nosotros. Él es quien nos fortalece para la batalla. Así que finalmente, «nos fortalecemos en el Señor y en el poder de su fuerza». 

Dos son mejor que uno. Porque por nosotras mismas: 

  • No podemos hacerlo 
  • No podríamos estar de pie 
  • No podemos pelear 
  • No podemos mantenernos calientes 
  • No podemos producir 
  • No podemos ser productivas en nuestro trabajo 

Pero en unión y comunión con Dios mismo, mientras permanecemos en Cristo, todos esos beneficios y bendiciones de una relación íntima son nuestros.

Hemos hablado sobre el dolor de las relaciones pecaminosas y dañadas, de la injusticia y la opresión. Hemos hablado sobre el problema del aislamiento, donde no tenemos relaciones. Y ahora, estamos viendo el párrafo en Eclesiastés 4:9–12 que hablan sobre la receta de Dios para estas relaciones rotas.

Y el remedio de Dios es el poder de la intimidad, cómo Dios quiere que tengamos relaciones piadosas y saludables. Quiero que veamos en estos versículos, cuatro beneficios o bendiciones que experimentamos al vivir en comunión, en relación, primero con Dios, como vimos en la primera parte de esta sesión y ahora vamos a ver los demás.

El primer beneficio o bendición, lo vemos en el versículo 9: «Más valen dos que uno solo…». ¿Por qué? «…pues tienen mejor remuneración por su trabajo». Uno de los beneficios y bendiciones de las relaciones en el cuerpo de Cristo (las relaciones con los demás) es el aumento de la productividad. Puedes hacer más cosas. Tu trabajo será más fructífero. Puedes ser más productiva. Habrá más ganancias.

Si estás casada, necesitas a tu pareja. Juntos pueden ser más productivos, pueden ser más fructíferos al servir al Señor en la crianza de una familia piadosa de lo que cualquiera de ustedes podría ser por su cuenta.

Sé que algunas no están casadas. También sé que hay madres solteras y hay situaciones en las que no hay presencia de un compañero. Pero estamos diciendo que en el ideal de Dios, dos son mejores que uno porque tienen un buen rendimiento por su trabajo.

En las Escrituras, incluso Jesús mismo, quien era Dios, no hizo Su obra aquí solo en la tierra. Una y otra vez dijo: «Estoy haciendo esto con mi Padre. Estamos trabajando juntos. No hago nada sin mi Padre. Nunca trabajo por mi cuenta. Siempre trabajo en coordinación con Mi Padre celestial.

Jesús envió a sus discípulos de dos en dos para hacer la obra del ministerio. Él sabía que se enfrentarían a la adversidad, a la persecución en el mundo, y que podrían animarse mutuamente, ayudarse mutuamente, que serían más productivos y más fructíferos juntos que si estuvieran solos.

El apóstol Pablo, un poderoso hombre de Dios, estaba muy consciente de su necesidad de que otros le ayudaran en el trabajo del ministerio. Una y otra vez a través de sus epístolas, puedes leer las veces que hace referencia a otras personas que lo ayudaron con su trabajo.

Por ejemplo, en Romanos capítulo 16, el último capítulo de Romanos, enumera varias de esas personas por su nombre. «Me han ayudado en el trabajo» (ver vv. 1-16). Ahora, no son personas de renombre. El apóstol Pablo es el que es famoso, reconocido, pero reconoció que dos eran mejores que uno porque habría mayor beneficio en el trabajo. 

Soy muy consciente de esto en mi propia vida, en el ministerio. Pienso en el personal y el equipo, las personas que Dios ha levantado para ser parte del ministerio. Las personas de Revive Our Hearts en Michigan, las de Aviva Nuestros Corazones en República Dominicana, México, Colombia y diversas partes del mundo y diferentes miembros individuales de esos equipos que tienen dones diferentes, habilidades diferentes.

Ahora, hay un segundo beneficio y bendición de vivir en una relación, en relaciones íntimas con otros. Lo encontramos en Eclesiastés 4:10: «Porque si uno de ellos cae, el otro levantará a su compañero; pero ¡ay del que cae cuando no hay otro que lo levante!»

¿Qué hacen los buenos amigos? Brindan ayuda en tiempos de adversidad, ayuda en tiempos de dificultad y ayuda en tiempos de fracaso. Ahí es cuando nos necesitamos unos a otros. Déjame decirte esto, en caso de que aún no lo sepas, todos caemos. Todos lo hacemos. Es inevitable. No es realmente una cuestión de si caeremos. Es cuestión de cuándo caeremos. ¿Quién estará allí para ayudarnos? Todos tenemos momentos de fracaso, momentos de cansancio, momentos de debilidad, momentos de desánimo.

Estuve meditando en este pasaje durante los últimos días y pensaba en los momentos en que he caído por cansancio, por debilidad o por el pecado…en cuánto necesito al pueblo de Dios, el cuerpo de Cristo cuando caigo. Eso sucede. Nos necesitamos las unas a las otras. «Dos son mejor que uno». Muchas veces no podemos levantarnos nosotras mismas y necesitamos que alguien nos acompañe, nos extienda la mano de ayuda y la sanación de Jesús, y nos ayude a levantarnos de ese pozo o lo que sea en que hemos caído. Se necesita una amiga, un amigo para ayudarnos en esos momentos.

Permítanme decir que creo que es importante que cultivemos esa relación íntima antes de llegar y caer al pozo, antes del momento de la adversidad. Si no has desarrollado relaciones piadosas, relaciones saludables antes de estar en el pozo, mirarás a tu alrededor cuando te encuentres en el pozo, cuando hayas caído y te darás cuenta, «oh, pero no hay nadie aquí».

Ahora, en Cristo tenemos el amigo supremo, el ayudante supremo. Él fue quien dijo: «Nunca te dejaré. Nunca te abandonaré». Así que podemos decir con valentía: «El Señor es mi ayudador; no temeré» (Heb. 13:5–6 ). No hay ayuda como la suya. No hay nadie –no hay esposo, ni amigo, ni pastor, ni consejero que pueda ser para ti o para mí, el ayudador que Dios mismo puede ser y quiere ser. Pero Dios, nuestro ayudador, nos alcanza a través de Su pueblo. Él usa a Su pueblo. Nos usa para ayudarnos unos a otros a levantarnos cuando caemos.

A medida que nos convertimos en ayudantes de los que han caído, nos convertimos en extensiones del corazón y de las manos del Señor Jesús en la vida de los demás. Él ha ordenado que la familia de Dios, el cuerpo de Cristo, esté ahí, se haga presente –no en lugar de Dios sino representando el corazón de Dios– para levantarnos y ayudarnos mutuamente.

Por eso leemos en Hebreos el capítulo 12: «Por tanto, fortaleced las manos débiles y las rodillas que flaquean» (v. 12 ). Ocúpate de los demás, busca al que es débil, busca al que está caído o cayendo, busca al que está fallando y ve qué puedes hacer en el nombre de Jesús para ayudar a esa persona.

Como dice Santiago 5:16: «Confiésense sus pecados (sus debilidades) unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados». Pienso en momentos de mi vida en los que he estado luchando con problemas de pecado y he necesitado… No es que no pueda ir directamente a Dios y pedirle perdón a Dios y pedirle ayuda a Dios. Lo hago, pero también descubrí que Dios me ordena a veces que vaya a los miembros del cuerpo de Cristo y les diga: «Necesito oración. Necesito ayuda para saber cómo lidiar con este problema en mi vida. Necesito consejo de la Palabra de Dios para que me muestre cómo enfrentar esta situación o esta relación; y confesar mis faltas, mis pecados, mis necesidades, mis debilidades, para que podamos orar unos por otros y podamos ser sanados.

Pienso en momentos en mi propio caminar con Dios cuando he caído, no siempre por el pecado, a veces solo por debilidad.

Simplemente no fuimos hechas para vivir por nosotras mismas. Necesitamos esos momentos en los que nos damos cuenta de que no podemos hacerlo por nuestra cuenta. Esa es una de las cosas buenas que resulta de caer. Te das cuenta, no fui hecha para vivir esta vida cristiana apartada de Dios o de otros. Pero ha habido momentos en que he sentido que simplemente no puedo seguir.

Pienso en Holly Elliff, una de mis amigas. Algunas de ustedes la han escuchado en Aviva Nuestros Corazones. Ella ha sido nuestra invitada varias veces. Dios ha usado a esta mujer, junto con muchas otras mujeres a lo largo de los años, pero pienso en un momento particular en un punto muy bajo de mi vida cuando sentía que no podía levantarme, y Dios trajo a Holly en un momento clave para compartirme unas breves palabras sobre la gracia de Dios. Todavía pienso en ese momento con tanta gratitud de cómo Dios usó a esta amiga. «Dos son mejores que uno, cuando uno se cae, el otro lo ayuda a levantarse».

Doy gracias al Señor por los líderes espirituales y los pastores, los hombres, los ancianos, los pastores que Dios ha usado, quienes pastorean el rebaño de Dios, quienes predican la Palabra y han hablado gracia y verdad a mi vida.

Necesito personas así, y tú también. Permítanme decir: «Es peligroso para cualquiera de nosotras estar en una posición o situación en la que no tengamos a alguien que pueda levantarnos».

Pero no esperes a que alguien venga. No sé con qué frecuencia a lo largo de los años he llamado a una pareja o a una mujer y le he pedido: «¿Orarías por mí? Necesito oración». Ahora, no me gusta sentirme impotente. No me gusta sentirme dependiente. ¿Pero sabes qué? Soy impotente. Soy dependiente. Estoy indefensa sin el Señor. Lo necesito y Él me ministra Su gracia.

A menudo Él nos da Su gracia a través de Su pueblo. No podemos hacerlo solas. Así que mira a tu alrededor y pregúntale al Señor: «¿Quién está a mi alrededor que necesite ser levantado? ¿Quién ha caído?» Mira a tu alrededor, busca a la persona y luego extiende la mano. Sé hoy el tipo de amiga que quisieras que alguien fuera para ti el día en que pudieras caer y necesites que alguien te levante.

Annamarie: Acabas de escuchar a Nancy DeMoss Wolgemuth hablar acerca de cómo nos necesitamos unos a otros en el cuerpo de Cristo. Dios nos creó para relacionarnos con Él y con otras personas. 

Aquí en Aviva Nuestros Corazones entendemos que es valioso que las mujeres inviertan en las vidas de otras mujeres. Nancy, muchas mujeres están abrazando esta verdad.

Nancy: Sí, los programas de los últimos días nos han recordado cuánto nos necesitamos las unas a las otras mientras realizamos el trabajo que Dios nos ha llamado a hacer.

Annamarie: Y una de las formas en que hacemos esto es a través del programa de embajadoras que estamos desarrollando.

Nancy: Bueno, durante los últimos años, Aviva Nuestros Corazones ha estado identificando y movilizando un grupo de voluntarias que se encuentran en diversas partes del mundo, las llamamos embajadoras. Ellas están involucradas en ayudar a establecer redes, contactos, recomendar recursos y alentar a líderes de ministerios de mujeres en sus comunidades, en sus iglesias.

Digamos, por ejemplo, que tú diriges un estudio bíblico para mujeres, o tal vez estás a la cabeza del ministerio de mujeres en tu iglesia local. Si alguna vez lo has hecho, sabrás que siempre estás buscando materiales o recursos para estudios bíblicos, planes de estudio, así como también estás constantemente sirviendo y animando a otras en tu papel de líder. Ahí es donde entran las embajadoras de Aviva Nuestros Corazones. Ellas están disponibles para alentarlas, guiarlas y proporcionar recursos.

Annamarie: Así es. Si eres esposa de pastor, maestra para mujeres o estás a cargo del ministerio de mujeres en tu iglesia local, te animamos a contactar a una de nuestras embajadoras. Hazlo a través de nuestro sitio web AvivaNuestrosCorazones.com/embajadoras. Conéctate con otras líderes de ministerio de modo que puedan alentarse unas a otras en el llamado de servir a las mujeres en sus iglesias locales. Juntas sigamos edificando el cuerpo de Cristo ahí donde Dios nos ha llamado.

¿Por qué necesitamos caminar junto a personas que puedan animarnos en tiempos de dolor y necesidad? Acompáñanos mañana para escuchar más acerca de esto en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones

Trayéndote enseñanza práctica de la Palabra de Dios, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

La lectura bíblica para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es 2 Reyes capítulos 12 al 14.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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