Podcast Aviva Nuestros Corazones

Annamarie Sauter: Son tantas las palabras que podemos usar para describir a Cristo, pero hay una que probablemente nunca has oído.  Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth...

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Sabían que Jesús es doméstico?  Ustedes dirán: “Eso suena raro; ¿qué te hace pensar eso?” Jesús dijo: “En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas… Voy a prepararles un lugar” (Juan 14:2 NVI).

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.  

¡Qué pensamiento tan asombroso!— Jesús está preparando un hogar para nosotras.  Saber que nuestro Señor nos está preparando un lugar debería influir en cómo les damos forma a nuestros hogares.  Nancy nos explicará por qué en unos minutos.  Primero hará un repaso de lo que hemos estado aprendiendo en esta serie titulada, “La mujer contracultura: Una vista fresca a Proverbios 31”.

Nancy: Mi casa en Michigan está situada junto a un río.  En realidad está en una colina que da a un río.  La pendiente para bajar al río es muy empinada, de modo que hace unos años hice que construyeran unos escalones que te permiten bajar hasta el río a ver el paisaje.

Cuando vas subiendo, los escalones son tan empinados, que a mitad de camino hay un  descanso con un banco.  En ocasiones he subido con personas que realmente necesitan aprovechar el banco; te da la oportunidad de coger aire, detenerte a mitad de camino y ver dónde estabas y cuánto te falta aún para llegar.

Estaba pensando en esas escaleras esta mañana mientras repasaba lo que ya hemos visto con relación a Proverbios capítulo 31.  Hemos pasado las últimas semanas hablando sobre la primera mitad de Proverbios 31, y vamos a seguir subiendo esa colina hacia la segunda mitad.

Antes de entrar en la segunda mitad, quiero que nos detengamos y nos sentemos a coger aire, y que tomemos un momento para mirar hacia donde estuvimos antes de seguir subiendo.  Digo subiendo porque las que estamos familiarizadas con Proverbios 31, que sé que somos la mayoría, lo miramos como si fuera una montaña que hay que escalar.  Cuando por primera vez te detienes a ver el capítulo 31 del libro de Proverbios, pareciera como si nunca fuéramos a llegar a la cima, como si fuera un sueño imposible.

Hablamos sobre el hecho de que hay dos cosas ciertas sobre este pasaje.  La primera es que ninguna mujer puede ser como esta mujer.  Si nos dejan por nuestra cuenta, como somos por naturaleza, nunca tendremos el corazón, el deseo ni la habilidad de parecernos a ese retrato.  O sea, para empezar, toda nuestra cultura rechaza este retrato.

Cuando empezamos a hablar sobre cosas como ser domésticas, amas de casa, o de ser cuidadoras en el hogar, las palabras como que a veces se me quieren quedar atascadas en la garganta porque yo soy un producto, en algunas formas, de toda esta generación, y ciertamente me he visto expuesta, igual que todas, a una forma de enseñanza y pensamiento que iguala el valor de una mujer con su trabajo fuera de la casa.

También hablamos sobre una mujer que llega al hogar y se enfoca,  como su prioridad principal, en su esposo y sus hijos, y en encontrar el gozo a través del servicio a los demás. Lo que esto quiere  decir es que ésta sencillamente no es una forma natural de pensar para nosotras, y no sólo por lo que dice la cultura, sino porque nuestros instintos naturales y carnales son para el YO, no para los demás.  Cuando vemos un pasaje que trata con una mujer que vive para los demás, nos damos cuenta de que no podemos vivir así.

La otra cosa que nos da esperanza, y parecería  como si fuera todo lo opuesto, pero es igualmente cierto,  es que cualquier mujer puede llegar a ser esta mujer a través del poder del Espíritu Santo.  Si Cristo vive en ti (y si eres una hija de Dios, las Escrituras dicen que Jesús vive dentro de ti) tienes a su Espíritu Santo en ti.  Entonces ya no eres tú tratando de vivir la vida cristiana, lo cual es imposible.  Es Cristo en ti viviendo esta vida.

Lo que hemos estado viendo en este pasaje, en Proverbios 31, es en realidad un retrato de Cristo.  Mientras él vive en nosotras, nos capacita para vivir una vida que nunca podríamos vivir por nosotras mismas.  Me encanta ese versículo de Filipenses capítulo 2 que nos dice: “Es Dios quien está trabajando dentro de ustedes tanto para querer como para  hacer”, es decir, para darte el deseo que naturalmente no tendrías, “y para obedecer la buena voluntad de Dios” (versículo 13, parafraseado).

Lo que estamos viendo en este capítulo es la buena voluntad de Dios para nosotras como mujeres. Yo no puedo vivir de esta forma, pero por otro lado sí puedo vivir de esta forma porque tengo a Dios trabajando dentro de mí dándome el deseo, dándome la habilidad sobrenatural de vivir de una forma que es agradable al Señor.

Por eso es que tengo que clamarle a él día tras día, al igual que tú: Señor, no puedo vivir esta vida.  No puedo ser una mujer de Dios.  No puedo ser diligente, fiel ni  leal en todas estas cualidades que estamos viendo en este pasaje, si no es porque tú lo haces en mí.”

Ahora repasemos lo que ya hemos visto del pasaje.  Dijimos que todo este capítulo es en realidad, como nos dice el versículo 1, palabras del Rey Lemuel, quien creemos que puede haber sido el Rey Salomón.  Lemuel tal vez era un apodo, un nombre de cariño, que la madre de Salomón usaba para él.  Si ese es el caso, ¿quién era la mamá de Salomón? Betsabé.

Se nos dice que éstas son “palabras del Rey Lemuel”, tal vez el Rey Salomón, “oráculo que le enseñó su madre,” tal vez Betsabé.   De modo que estas son palabras, en realidad, que fueron habladas por un hombre, un rey, un adulto, mientras reflexionaba, años atrás, sobre cosas que su madre le enseñó con relación a cómo ser un hombre, cómo ser un rey, cómo tener dominio propio, cómo ser moralmente puro.

Madres, es tan importante que ustedes les enseñen a sus hijos los caminos y el corazón de Dios; enséñenles cómo ser hombres.  Ahora bien, por supuesto, un padre es importante en ese proceso, pero hay aspectos de su función como hombres que los hijos aprenderán de sus madres cuando son femeninas y madres que enseñan.  Hay aspectos de los caminos de Dios que ustedes podrán enseñarles a sus hijos.

Luego llegamos al versículo 10.  Todavía el rey está recordando lo que su madre le enseñó sobre las cualidades que Dios piensa que son importantes en una mujer.  Ahora, ¿Por qué una madre le estaba enseñando estas cosas a su hijo?  Bueno, aquellas de ustedes que tienen hijos pueden entender por qué una madre pensaría de esta forma, porque si tienen hijos varones, ustedes, espero, han estado orando desde que ellos eran bien, bien, bien pequeñitos por la mujer con quien algún día se casarán.  Esperemos que ustedes le hayan estado enseñando a sus hijos el tipo de cualidades que deben buscar en una esposa.

Hay diferentes formas de enseñarles a los hijos.  La primera y la más importante es a través de lo que modelas, el tipo de mujer que eres.  Si esta es Betsabé enseñando, entonces Betsabé había aprendido de la manera difícil, pero qué retrato de la gracia de Dios ,  pensar que hasta una madre que había llegado a una relación, a un matrimonio que no era el plan o la intención original de Dios, o lo que es mejor, pensar que Dios puede redimir esas situaciones!

Esta es una mujer que le dice a su hijo: “Hay gracia hasta para las personas que lo han echado todo a perder, pero aprende de mi ejemplo.  No sigas algunos de los pasos que tu papá y yo tomamos.  Estas son las cosas que debes buscar en una esposa.  Este es el tipo de joven que debes ser mientras te preparas para el matrimonio, y estas son las cualidades que quieres asegurarte de ver en la mujer que escojas como esposa.”

Ella está diciendo: “No busques primero características naturales, físicas, externas”.  El texto no dice nada de si esta mujer virtuosa era bella.  Me luce que probablemente lo era, pero tal vez no de la forma en que nuestro mundo define la belleza.  Ella es de esas mujeres que tienen una belleza que viene de adentro.  Es de adentro hacia afuera.

Ese es el tipo de belleza que no se desvanece, como vamos a ver en la segunda mitad de este capítulo.  Es el tipo de belleza que aumenta mientras la mujer envejece.  Es el tipo de belleza que perdura porque es la belleza de carácter y de corazón.  Es una belleza que nace de una relación con Dios.

Esta es una mujer que le teme al Señor.  Ella reverencia a Dios, y todo lo que ella hace, todas sus habilidades y destrezas y actividades del hogar, nacen de ese corazón y de esa reverencia a Dios.  Ese es el centro de todo. Ese es el corazón del asunto, así que esta madre le dice a su hijo: “Sé el tipo de hombre que es digno de este tipo de mujer, y luego pídele a Dios que te dé una mujer que encaje en ese retrato.”

Annamarie: He aprendido tantas cosas que no conocía de Proverbios 31 en estas dos semanas.

Nancy DeMoss de Wolgemuth ha hecho una breve pausa para repasar dónde hemos estado en esta vista fresca a esta porción de la Palabra. Creo que toda mujer necesita escuchar este importante mensaje de Proverbios 31.

Cuando te sientas desanimada como esposa o madre, cuando no puedas recordar  por qué les estás sirviendo tanto a otras personas, vuelve a repasar estas verdades  y deja que la Palabra de Dios te dé una perspectiva eterna de tu trabajo.

Continuemos con la enseñanza acerca de “La mujer contracultura” con Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy: Permíteme incentivarte con un reto que hemos estado proponiendo, por si no lo has escuchado en caso de que te acabes de unir a esta serie.  Proverbios 31 tiene 31 versículos, y nos hemos estado motivando a tomar 31 días y leer este capítulo todos los días durante 31 días, pidiéndole al Señor que nos enseñe Su corazón y Sus caminos.  Cuando estamos estudiando la Biblia, es muy útil tomar un pasaje, especialmente un libro corto de la Biblia, o un capítulo como éste, y leerlo una y otra vez durante un período de tiempo.

Quiero que ustedes lo hagan porque yo he tenido el beneficio de hacerlo, no exactamente 31 días, ni tampoco leerlo completo todos los días, sino que he estado inmersa en este pasaje durante el último mes.  Tan reciente como ayer y esta mañana y en la madrugada, el Señor me ha estado dando nuevas percepciones y entendimiento y luz a mi corazón sobre este pasaje.  Se darán cuenta, mientras vuelven y repasan un pasaje una y otra vez, pidiéndole al Espíritu Santo que les enseñe y les muestre sus caminos, que Dios te dará mayor entendimiento sobre  cosas nuevas.

Pueden estar pensando, si han escuchado las sesiones de las últimas semanas: “No puedo imaginar encontrar nada más en este pasaje que lo que ya hemos visto”, pero es sorprendente cómo Dios continuará abriendo su Palabra, porque su Palabra está viva.  Es poderosa. Cambia tu vida..

Podrás encontrar, como yo lo hice cuando era más joven leyendo este pasaje, que cuando lees el pasaje por primera vez, especialmente si eres una mujer joven o nueva creyente, tal vez pienses: “Yo no pienso como esta mujer.  No me puedo imaginar queriendo ser como esta mujer”.  A medida que te vas adentrando en el pasaje y ves otros pasajes de las Escrituras que se relacionan, verás que Dios empezará a darte un corazón por la esencia de esta mujer.

Tengan en mente que lo sobresaliente de esta mujer no son sus habilidades.  No son sus capacidades.  No es el hecho de que ella pueda hilar y hacer hilo de lana y lino y luego hacer tela y ropa.  No es el hecho de que ella muele los granos y hace pan desde cero mientras todavía no amanece, y piensas: “¿es pecado  que yo vaya al supermercado a comprar pan?”

Esas no son las cosas que hacen el corazón de esta mujer.  Esas son cosas que reflejan la forma en que ella vive su corazón, pero el centro de su corazón es que ella es una mujer que tiene temor del Señor.  Eso significa que ella tiene una reverencia profunda de corazón por Dios.  Su relación con Dios está en el centro de su corazón.  Es para eso que ella vive: por amor a Dios, el deseo de servirle y ser agradable a él.

Ella dice: “Señor, tú me hiciste una mujer.  ¿Qué significa ser una mujer que le teme al Señor y cómo es eso diferente de ser un hombre que le teme al Señor?”  A medida que nos adentramos en el pasaje, vemos que hay cualidades que son distintivamente de la mujer.

Vemos una división de labores aquí.  Un hombre tiene una responsabilidad de ir y proveer para su familia, de ser el que se gana el pan en el ideal de Dios.  La mujer tiene un llamado a ser una obrera en el hogar, en el ideal de Dios, de la norma de Dios, de manejar los recursos que su esposo trae al hogar a fin de cuidar de su esposo y sus hijos.

Sé que algunas de ustedes son solteras, y tal vez estarán pensando: “¿Cómo se aplica a mí este pasaje?”  Bueno, se aplica de varias formas.  Este pasaje tiene muchas riquezas.

Antes que todo, si existe la posibilidad o probabilidad de que un día te cases, entonces te corresponde estar en un proceso de preparación.  Tal vez no sepas cuándo o, quién será ese esposo, pero si yo fuera tú, estaría diciendo: “Señor, ¿cómo puedo prepararme? ¿Cómo puedo estar aprendiendo el corazón de una mujer virtuosa?  ¿Cómo puedo estar cultivando ese tipo de corazón, y cómo puedo aprender los tipos de destrezas y habilidades que me ayudarán a manifestar ese corazón en el contexto de mi hogar?”

Puede que no hayas crecido en un hogar, ya seas casada o soltera, donde tuvieras un modelo de estas cualidades.  Cada vez hay más mujeres que han crecido en hogares donde no tuvieron modelos.

Una mujer me dijo el otro día: “Mis padres tuvieron un matrimonio terrible.  Después de 23 años de casados, se divorciaron.  Mis hermanos también se han divorciado.”  Ella dijo: “No tengo modelos.  ¿Dónde aprendo a ser una mujer piadosa, una mujer de Dios?”

Bueno, para eso es que tenemos el cuerpo de Cristo, y hay mujeres que sí saben cómo ser mujeres piadosas, no impecables ni perfectas. Tampoco es que hayan llegado a la meta, pero encuentra una de esas mujeres.  Pídele a Dios que te dirija a una mujer de más edad, una mujer como la de Tito 2, una mujer que haya sido esposa y madre.

Algunas de ustedes tienen hijos pequeños, con niños de uno, dos, tres, de cuatro, así sucesivamente y todo esto es nuevo.  Sus hijos van a pasar por nuevas etapas en sus vidas.  Yo te recomendaría que encuentres una mujer que haya criado sus hijos y que lo haya hecho a la manera de Dios, y dile: “¿Me podrías enseñar?”

Algunas de ustedes no tienen idea de cómo organizar su día o su tiempo o su casa o sus posesiones, y aún así ven en este pasaje a una mujer que tiene una mente administrativa.  Ella sabe cómo organizar su trabajo.  Busquen una mujer  que les ayude si ustedes no saben cómo hacer esto; si ésta no es su inclinación.

Les diré que esa no es mi inclinación, así que tenido que tener gente cerca de mí que me ayude a aprender a administrar mi tiempo, a administrar mi trabajo, a organizarme y ordenar mi casa.  Mi mamá trabajó esto conmigo durante muchos años mientras crecía.  Pienso que ella debe haber pensado que nunca lograría que yo limpiara mi habitación.  Les diré que más o menos hoy en día mantengo mi casa ordenada, pero no fue algo natural para mí.  Tuve que buscar ayuda y que alguien estuviera junto a mí enseñándome a encontrar un lugar para las cosas y mostrándome por qué eso era importante.

Déjenme decirles mientras hablamos sobre este tema del orden, por qué es importante mantener nuestras casas ordenadas. Leí una porción en un libro de Susan Hunt, que es amiga mía, y ha escrito libros maravillosos sobre lo que significa ser una mujer de Dios.  Este libro en particular se llama The True Woman o La Mujer Verdadera.

Quiero compartir con ustedes una ilustración de su libro de por qué estas cosas importan, por qué importa que aprendamos a mantener nuestras casas en orden, por qué importa que aprendamos a mantenernos a nosotras mismas en orden.  Susan Hunt dice: “Una amiga mía estaba discipulando a una joven que era un puro desorden.”

¿Hay alguien ahí que se siente que calificaría en esa categoría?  Unas cuantas, estoy segura.  Mi mamá les diría que así me podrían haber llamado a mí cuando era joven— un puro desorden.

Ellas habían trabajado en cultivar las disciplinas del estudio bíblico, la oración y memorización de las Escrituras.  Luego un día mi amiga le dijo a la joven: “Ahora tenemos que hacer algo sobre esta casa”.  La joven quedó sorprendida.

“Eso no importa. Mi esposo es igual de desordenado que yo.  Ninguno de nosotros sería feliz sin nuestro desorden, y los niños probablemente pensarían que están en la casa equivocada.” Pero mi amiga insistió.

Un domingo el joven esposo habló con mi amiga y le aseguró que era muy feliz y que realmente prefería que las cosas se quedaran como estaban.  Mi amiga insistió.  “Este es un aspecto de tu discipulado,” le dijo a la joven.  Después de eso  mi amiga reclutó sus tropas para ayudar a la joven.

Una mujer en la iglesia que tenía destrezas de organización se pasó un día ayudándola a organizar sus gabinetes y armarios.  Otra le enseñó a planificar las comidas y a comprar con una lista, y otra le enseñó a limpiar y a delegarles tareas de la casa a sus hijos.  Luego una amiga la ayudó a decorar la casa.  La transformación fue clara y evidente.

Varias semanas más tarde, el joven esposo se acercó de nuevo a mi amiga.  Le dijo: “Pensé que no importaba, pero sí importa.  Ahora estoy deseoso por llegar a casa.  Mi casa se ha convertido en un refugio del caos del mundo. Lo sorprendente es que me siento más cerca de mi esposa y la aprecio más de lo que hubiera podido imaginar.”1

¿No es ésta una gran ilustración? “Mi casa se ha convertido en un refugio del caos del mundo.” ¿Ustedes saben lo que significa la palabra domesticidad?  Es una palabra anticuada que ya no se oye mucho, y si la oímos, con frecuencia no es en un sentido positivo.

El corazón de la domesticidad es una devoción a la vida hogareña.  Es un corazón por el hogar.  Cuando estamos siendo domésticas, cuando tenemos un corazón por nuestros hogares, por nuestro medio ambiente, cuando nos preocupamos por preparar y tener la comida y el vestido disponibles para los miembros de nuestra familia, cuando nos ocupamos de que nuestra casa luzca atractiva y de guardarla para no que no sea un lugar de caos, sino hacerla un lugar de orden, realmente estamos reflejando el corazón del Señor Jesús.

¿Sabían ustedes que Jesús es doméstico?  Ustedes dirán: “Eso suena extraño.  ¿Qué te hace pensar eso?”  Escuchen este versículo en Juan capítulo 14.  Jesús dice: “No se angustien… En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas… Voy a prepararles un lugar”, ¿a hacer qué? “a prepararles un lugar” (Juan 14:1-2 NVI).

¿Qué está haciendo Jesús ahora mismo? Está preparándonos un hogar.  Así que como mujeres, cuando somos amas de casa, estamos creando en esta tierra un reflejo físico, visible, tangible de una realidad eterna, invisible.

Jesús dijo: “No se angustien.” Cuando estamos haciendo un hogar, estamos creando un lugar donde los corazones de nuestras familias no tienen que estar angustiados. En este mundo sus corazones tendrán aflicción.  Este mundo es un lugar desordenado y caótico, pero ustedes querrán crear un ambiente en su hogar, físicamente y también en el espíritu, de modo que sus esposos quieran venir a casa y que no tengan que tropezar con 17 cosas en el camino para llegar.

Ustedes dirán: “¿Qué significa realmente que mi casa esté ordenada?” Estaba con una amiga el otro día, e hicimos una parada en su casa.  Ella no esperaba recibir visita, y había tenido que salir repentinamente ese día.  Estaba avergonzada.

Ella no está aquí en este momento, pero sé que no le importaría que yo diga esto.  La casa era un desorden, y yo entendí que ella tuvo que salir inesperadamente.  Yo era una visita inesperada, pero yo sé que ésta es una mujer que no vive así.

Hay sus momentos.  Si tienes hijos, habrá ocasiones en que en tu casa no todo esté en su sitio, que no esté totalmente ordenada.  Pero la pregunta es: ¿generalmente tienes un ambiente ordenado, que refleja un corazón ordenado, que no es caótico, que es un refugio?  Si es así, entonces les estás mostrando a tus hijos y a tu esposo y a tus amigos y a tus huéspedes algo que no pueden ver ahora, y eso es lo que Dios está preparando, lo que Cristo está preparando para nosotras en el cielo – un lugar.

Estás diciendo: “Quiero darte un vistazo de lo que puedes experimentar en la eternidad, el corazón de nuestro Padre que nos preparará allá una fiesta de bodas.  Al prepararte la comida te estoy dando a probar una muestra del cielo, y cuando te proveo de ropa, sea hecha en casa o comprada en una tienda, pero cuando me ocupo de las necesidades de ropa de mi familia, te estoy dando una ojeada del cielo donde estaremos vestidos de lino fino y blanco, y de cómo puedes vestirte espiritualmente en la justicia de Jesucristo. Y es que a través de ocuparnos del hogar les damos a las personas que amamos una muestra de nuestro verdadero hogar.

Annamarie: ¿Le has estado dando a tu familia una muestra de la eternidad? Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado explicando por qué las tareas que tienes actualmente son importantes.  La enseñanza de hoy es parte de una serie práctica sobre Proverbios 31 llamada La mujer contracultura: Una vista fresca a Proverbios 31.  

Si te has perdido cualquiera de los programas, puedes leer la transcripción y escuchar o descargar el audio en AvivaNuestrosCorazones.com.

También, al visitar nuestra página de internet, descubrirás muchos recursos que puedes compartir con otras mujeres. Anímate y visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com

 

Bueno, hay muchos profesionales publicistas cuyo trabajo es hacer que compres impulsivamente. Aprende por qué la mayor parte del tiempo una mujer de Proverbios 31 no compraría de esa forma;  Nancy nos lo explicará el lunes.  Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

1Susan Hunt, The True Woman (Wheaton, IL: Crossway, 1997), 128.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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