Podcast Aviva Nuestros Corazones

Un silencio de 400 años llega a su fin

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Serie «Abigail: Cómo vivir con personas dificiles en tu vida»

Blog en Jóven Verdadera «Aún en medio de la tragedia, Dios es bueno»

 

Annamarie Sauter: Hoy en Aviva Nuestros Corazones estaremos viendo el retrato de una mujer que...

Nancy: ...pudo haberse sentido ignorada por Dios, anhelando una explicación. Pero nada de esto sacudió su fe en Dios, su confianza en Dios. Ella siguió siendo obediente, porque no estaba sirviendo a Dios por sus dones, sino simplemente porque Él es Dios, y Él es digno de nuestra confianza y de nuestra adoración.

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy Nancy da inicio a una nueva serie titulada, «Un retrato de Elisabet».

Nancy: Déjame animarte a que abras tu Biblia, si la tienes contigo, en el Evangelio de Lucas, capítulo 1. Como a veces digo, si estas manejando mientras escuchas Aviva Nuestros Corazones, te animo a mantener los ojos en el camino.

Pero si estás en algún lugar donde puedes hacerlo, abre tu Biblia o busca la aplicación de la Biblia en tu teléfono. Siempre deseo animarte a que sigas conmigo en las Escrituras si es posible, porque es la Palabra de Dios inspirada. Es la Palabra de Dios que nos habla, nos cambia, nos transforma.

Esta semana nos adentraremos en algunas porciones del capítulo 1 del Evangelio de Lucas y deseo que puedas verlo con tus propios ojos y que permitas que el Espíritu de Dios hable a tu corazón, como él ha hablado al mío a través de estos pasajes.

Oh Señor, abre nuestros oídos, abre nuestros ojos, abre nuestros corazones. Gracias por la belleza y la maravilla y el poder de Tu Palabra, y que vaya más allá de este momento y eche raíces en este día, y produzca mucho fruto para Tu gloria en nuestras vidas. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Ahora, algunas de nosotras, la única vez que leemos o escuchamos sobre el capítulo 1 de Lucas es durante la época de Navidad. Pero no hemos llegado aún a la época Navideña y algunas de ustedes se preguntarán, ¿por qué estamos viendo el capítulo 1 de Lucas en septiembre?

Lucas 1 es un pasaje muy importante porque representa la transición de la era del Antiguo Testamento a la era del Nuevo Testamento –la época del pacto de la gracia. Representa el amanecer de la luz del evangelio en nuestro mundo roto y caído. Y hay una mujer que juega un rol muy importante en este drama, de la que estaremos hablando durante esta semana.

Puede que creas que estoy hablando de María, quien es el personaje más conocido en esta historia, pero deseo hablar sobre un personaje menos conocido, Elisabet. La historia de Elisabet se encuentra en el capítulo 1 de Lucas. De hecho, todo lo que sabemos sobre ella se encuentra en este único capítulo de la Escritura.

Por cierto, permíteme decirte que nuestro equipo ha producido un nuevo estudio en nuestra serie de Mujeres de la Biblia. Se llama, «Elisabet: Cómo lidiar con la desilusión». Es nuestro segundo recurso en esta serie, serán seis estudios en total que tendrá cada uno una duración de seis semanas. Te invito a que profundices sobre el tema de la desilusión a través de los ojos de Elizabeth.

Es un estudio más profundo de este capítulo, versículo por versículo. Incluye versículos para memorizar, pasajes diarios para estudiar y preguntas para discusión en grupo. Así que puedes usarlo para estudiarlo tú sola, en un grupo pequeño o con una amiga.

Tenemos copias disponibles, y nos encantaría enviarte una copia como una forma de «agradecerte» cuando haces una donación de cualquier monto para Aviva Nuestros Corazones. Al final de este programa, te diremos cómo puedes hacerlo. Nos encantaría que este nuevo estudio esté a tu disposición. «Elisabet: Cómo lidiar con la desilusión».

Hoy veremos Lucas 1, solamente los versículos del 5 al 7, tres versículos al comienzo de este capítulo que nos dan algo del trasfondo y del contexto de la vida de Elisabet. Así que permíteme leer los tres versículos y luego los veremos con más detalle, versículo a versículo. Lucas 1: 5:

«Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, cierto sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, que tenía por mujer una de las hijas de Aarón que se llamaba Elisabet. Ambos eran justos delante de Dios, y se conducían intachablemente en todos los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hijos, porque Elisabet era estéril, y ambos eran de edad avanzada».

Déjame detenerme aquí, y antes de que pasemos a la historia de Elisabet. En esta primera frase tenemos algo del contexto histórico y político, y del trasfondo. Esto pasó en los días de Herodes, rey de Judea. Este fue Herodes el Grande, quien reinó desde el 37 A.C hasta el 4 D.C. ¡Y déjame decirte que este rey fue todo menos grande! Realmente fue un tirano cruel.

Él fue nombrado por Roma, y era como una marioneta. Era mentalmente inestable. Los registros de la historia cuentan que tuvo diez esposas, y por lo menos una de ellas fue ejecutada. Y cuando su hijo planeó envenenarlo, él ordenó que lo mataran. Después que Jesús nació, este mismo Herodes fue quien ordenó la matanza de aquellos bebés en Belén para proteger su propio trono.

Él profanó la tierra de los judíos construyendo templos que estaban llenos de ídolos paganos que se levantaban sobre el paisaje de Judea. Así que hubo años de temor, años de odio, decadencia y corrupción, no solamente en el sistema político, el gobierno de Roma, sino también entre el pueblo judío.

¡La religión, a medida que estudiamos el sacerdocio y cómo se desarrolla en los evangelios, la religión se había convertido en una farsa! ¡Muchos de los mismos sacerdotes judíos eran unos corruptos! Estaban controlados, manipulados por Roma. Hubo oscuridad por mucho tiempo tanto en el mundo como entre el pueblo de Dios,

¡Pero Dios estaba listo para hacer brillar su luz, la luz de Cristo, la luz del evangelio en el mundo! Y para «un tiempo como este», Dios levantó algunos de sus siervos escogidos, incluyendo a una mujer llamada Elisabet.

En el versículo 5, también leemos sobre su trasfondo familiar. Las Escrituras dicen: «Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, cierto sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, que tenía por mujer una de las hijas de Aarón que se llamaba Elisabet». Recuerda que Aarón fue el primer Sumo Sacerdote de Israel, mucho tiempo atrás en el Antiguo Testamento, y el nombre de la esposa de Zacarías era Elisabet.

Ahora bien, Elisabet y Zacarías, su esposo, representaban un remanente fiel y creyente del pueblo de Dios, que estaba en marcado contraste con el espíritu de la época en la que estaban viviendo. Zacarías era sacerdote. Su nombre significa «Dios recuerda». Ahora, ese es un nombre increíble en el contexto de cómo se desarrolla su historia, porque por 400 años hubo silencio entre el final del Antiguo Testamento y el amanecer de esta era del Nuevo Testamento. ¡Cuatrocientos años en los que Dios no había hablado! Hubo silencio.

La respuesta natural era que el pueblo pensara, ¡Dios nos ha olvidado! ¡Se ha olvidado de nosotros! ¡Ha olvidado sus promesas!

Pero eso no era cierto. ¡Dios siempre, siempre recuerda! Lo que sucede es que Dios no opera conforme a nuestra cronología del tiempo. No hay nadie ni nada en esta tierra que pueda vencer sus propósitos eternos. Así que, piensa esto: antes de que se revelara la venida de Cristo al mundo, antes de que esta historia que estamos al punto de leer se desarrollara, los padres de Zacarías lo habían nombrado, «Dios recuerda». ¡Dios recuerda!

Ellos vivieron en este tiempo tan desolado, en este tiempo donde parecía que Dios se había olvidado. Ellos no podían ver lo que Dios estaba a punto de hacer, pero por fe le pusieron por nombre a su hijo, Zacarías, Dios recuerda.

Y por el otro lado tenemos a la esposa de Zacarías, su nombre era Elisabet. «Elisabet» es la versión griega de un nombre hebreo que encontramos una vez en el Antiguo Testamento: el nombre era «Eliseba». Este fue el nombre de la esposa de Aarón, el primer Sumo Sacerdote de quien tanto Zacarías como Elisabet eran descendientes.

El nombre de la esposa de Aarón era Eliseba (nombre hebreo) y quiere decir, «el juramento de Dios, el juramento, la promesa de Dios» o «mi Dios ha prometido». Así que los padres de Elisabet vieron la promesa de Dios y ellos la creyeron por fe, creyeron que la Palabra de Dios es poderosa, es digna de confianza, es fiel.

Dios guarda Sus promesas y ellos dieron testimonio de ello cuando le pusieron por nombre a su hija Elisabet… Eliseba… el juramento de Dios. Así que tenemos a Elisabet, que viene de una larga línea ininterrumpida de sacerdotes desde Aarón, quien está casada con un hombre que también es de la línea sacerdotal.

Estos dos esposos, habían crecido conociendo las promesas de Dios, la Palabra de Dios y sus propios nombres les recordaban que Dios recuerda y que Dios guarda Sus promesas.

Al llegar al versículo 6, vemos algo sobre su caminar con Dios y es una maravillosa descripción de ellos. Dice la Escritura: «Ambos eran justos delante de Dios, y se conducían intachablemente en todos los mandamientos y preceptos del Señor».

Ambos eran rectos delante de Dios. Ahora, solamente hay una manera de ser recto delante de Dios, y es por fe. No por sus propias obras, no por su propia rectitud, sino por la rectitud que Dios les otorgaba cuando creían que lo que Él dice es verdad. Sus corazones estaban inclinados hacia Él.

La evidencia de su fe, la evidencia de su rectitud, era su forma de vida, su estilo de vida, su práctica. Este pasaje dice que ellos caminaban con Dios en «todos sus mandamientos» (eso vendría a ser la ley moral de Dios); y también dice que andaban de acuerdo a Sus «estatutos». Esas serían las leyes ceremoniales de Dios, ¡de las cuales había muchas en el Antiguo Testamento!

La Palabra de Dios gobernaba cada área de sus vidas, las cosas pequeñas, las cosas grandes… todo. Ellos tomaban todo seriamente; ellos tomaban a Dios seriamente. Ellos estaban ambos en la misma página. ¡Y nunca habrá un matrimonio más feliz que cuando tanto el esposo y la esposa honran a Dios, temen a Dios, alaban a Dios, caminan con Dios, lo reverencian y confían en Él!

Ahora, puede que tu esposo no sea así, o si eres hombre y estás escuchando este programa, quizás tu esposa no es así. Eso no significa que tú no puedas ser recto y que no puedas caminar en obediencia a Dios. ¡Pero qué dulce es cuando tanto el esposo como la esposa hacen lo mismo! Esta pareja, Elisabet y Zacarías, ambos eran posicionalmente rectos delante de Dios.

Me encanta el hecho de que no solamente Zacarías es descrito de esta manera, sino que esto también era cierto para Elisabet. Ella tenía su propia relación con Dios. Ella no solamente seguía la corriente espiritual de su esposo… no descansaba en la espiritualidad de su esposo. «Oh, él es el sacerdote, él es el espiritual y yo solamente voy a vivir mi vida».

No. Ella también era recta y andaba intachablemente en todos los mandamientos y estatutos del Señor. Para esta pareja, el servicio al Señor, el ministerio, servir a Dios, no era solamente un trabajo, era un llamado. Era un estilo de vida. Así que había integridad y había coherencia entre lo que fueron llamados a hacer y la vida que realmente vivian.

Así que aquí tenemos a Elisabet y a su esposo con un estilo de vida de obediencia, lo que la puso en la posición en que Dios podría bendecirla. Pero cuando llegamos al versículo 7, esto es lo que notamos: su rectitud, su obediencia, su fidelidad no la eximieron de las desilusiones, de los problemas y de las heridas.

No protegieron su vida como en un capullo donde nada podría ir mal, donde nada nunca les lastimaría. En el versículo 7 vemos que ella y su esposo tenían anhelos insatisfechos. Versículo 7 (como lo dice la versión RV60): «Pero…»

Ellos eran rectos. Ellos venían de una larga línea sacerdotal. Ellos caminaban intachables en todos los mandamientos y estatutos del Señor. Pero «no tenían hijos, porque Elisabet era estéril, y eran de edad avanzada».

Esa es una declaración que no deja lugar para la esperanza, particularmente para una mujer que vivía en esa época. Representa décadas de espera, anhelos insatisfechos, desilusiones mes tras mes, año tras año, década tras década.

En el versículo 13 (aún no hemos llegado ahí), vamos a ver que ellos habían orado. Le habían hecho saber al Señor que querían un hijo, pero su situación no había cambiado. Y para empeorar las cosas, ¡ambos eran de edad avanzada! Y ves que se hace referencia a esto tres veces en este capítulo. ¡Eran viejos! Eso es lo que significa. Eran ancianos, habían pasado sus años fértiles.

Esa palabra «estéril», «Elisabet era estéril», es una palabra en el hebreo que suena como nuestra palabra en español, y una definición de esta palabra (hablando acerca de la tierra), dice: «demasiado pobre para producir mucha o alguna vegetación», o hablando de un lugar o un edificio: «desolado y sin vida».

Otra definición del diccionario: «incapaz de producir descendencia, estéril, improductiva, infructuosa». Eso es estéril. Quizás algunas de estas descripciones pueden describir cómo te sientes en esta temporada de la vida: improductiva, infructuosa, sombría, sin vida. Tal vez sea por no poder tener hijos, pero también podría ser en otras áreas.

Tal vez te sientas estéril con relación a limitaciones de salud que te impiden servir de la forma que deseas. Conocí a una mujer aquí esta mañana, mejor dicho dos, que tienen la enfermedad de Lyme, esta enfermedad les impone restricciones y limitaciones a sus vidas.

Tal vez te sientas estéril por estar tan presionada financieramente que apenas puedes llegar a fin de mes. Tal vez luchas con el desánimo o la depresión y hay una esterilidad emocional en la que te sientes atrapada.

Tal vez sientas que tu pasado te ha dejado estéril, así que hay culpa y vergüenza, y no sientes que Dios pueda realmente usarte. Tal vez te sientas estéril porque en esta temporada sientes que estás atrapada cuidando a muchos pequeños. . . o tal vez son tus padres ancianos.

Tengo algunos amigos que solían servir en nuestro ministerio. Estuvieron involucrados en el ministerio de avivamiento por muchos años. Luego hubo una temporada en la que pasaron siete años cuidando a una madre viuda con Alzheimer. ¡Fueron años difíciles!

Fue una temporada estéril. Habían tenido un ministerio fructífero, y ahora estaban «estancados», hablando humanamente, cuidando a esta madre necesitada. Tal vez te sientas estéril de alguna de estas maneras, o de otra. Mientras meditaba en este pasaje pensé en el mandato que Dios le dio a Adán y Eva en el capítulo 1 de Génesis.

Dice el versículo 27: «Varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos; llenad la tierra...» Pero aquí tenemos una mujer, Elisabet (y quizás te identifiques con esto), que no podía cumplir ese llamado divino. Si los niños son una bendición, como la Palabra de Dios dice que son, ¿por qué Dios estaba reteniendo esta bendición para ella?

Hoy en día muchas mujeres eligen no tener hijos, pero en los días de Elisabet, la falta de hijos era vista como el castigo de Dios por algún pecado oculto. Era considerado un «reproche». Verás esa palabra más adelante en este capítulo. Era visto como una causa de vergüenza, un estigma social. ¡Era humillante! ¡Y Elisabet y Zacarías nunca tendrían un heredero! Su apellido no continuaría.

Era una lucha similar a la que otras mujeres habían experimentado antes. La lucha de Sara, la esposa de Abraham, la de Ana con Elcana en el Antiguo Testamento, Raquel, la esposa de Jacob y otras mujeres. Parejas que habían anhelado tener hijos, para honrar al Señor con su descendencia, pero Dios no se los dio por un largo período de tiempo.
Elisabet y su esposo eran justos. Dios había prometido en el Antiguo Testamento que los justos florecerían. En su día, la maternidad se consideraba una forma importante para que las mujeres florecieran y fructificaran. Pero aquí estaba ella estéril y anciana. ¿Eso significaba que Dios no había cumplido Su promesa?

¿Confiaría en Él cuando parecía que no estaba floreciendo y llevando fruto de la manera que anhelaba? Además, Dios había prometido que a través de la mujer vendría un Mesías, enviado a redimir a su pueblo del pecado.

Las mujeres judías, fieles y creyentes, anhelaban ser elegidas para este propósito. Pero Elisabet nunca sería una candidata para ser elegida para estos fines, hasta donde ella sabía. Y hasta donde ella sabía, no había esperanza de que esta situación cambiara. Hasta donde ella sabía, ella y Zacarías nunca tendrían un hijo.

Entonces ella pudo haberse sentido ignorada por Dios, anhelando una explicación. Pero nada de esto sacudió su fe en Dios, su confianza en Dios. Ella siguió siendo obediente, porque no estaba sirviendo a Dios por sus dones, sino simplemente porque Él es Dios, y es digno de nuestra confianza y nuestra adoración.

Ahora, lo que ella no sabía en ese momento era que Dios estaba reteniendo la bendición de un hijo, intencionalmente, a propósito, hasta la plenitud del tiempo para indicar que algo extraordinario estaba sucediendo con el nacimiento, cuando finalmente tuvieron el niño deseado, mucho después de haber perdido la esperanza de tener un hijo.

Escucha. Puedes caminar con Dios; puedes vivir una vida obediente, y aún así puedes tener desilusiones, dolores y anhelos insatisfechos. Dice que ella era justa. . . pero ella era estéril. Ella caminó de manera intachable en todos los mandamientos y estatutos del Señor. . . pero ella era estéril.

  • Puedes ser justa... y sin hijos.
  • Puedes ser justa... y soltera
  • Puedes ser justa... y perder tu trabajo.
  • Puedes ser justa delante de Dios, caminando obedientemente con él... y tener una enfermedad terminal.
  • Puedes ser justa, vivir obedientemente delante de Dios. . . y tener un hijo o hija pródigo o un nieto pródigo.
  • Puedes ser justa, caminar obedientemente delante del Señor... y tener un compañero incrédulo.
  • Puedes ser justa delante del Señor... y enfrentar pérdidas y circunstancias dolorosas.

No hace mucho, Robert y yo tuvimos el privilegio (lo llamaré así) de asistir a un servicio memorial para un hombre cuya familia había vivido cerca de nosotros durante mucho tiempo. Yo conocía a este hombre. Había hecho negocios con su empresa y él y su familia eran conocidos por amar al Señor, por servir al Señor.

Charles y Stephanie Wesco habían estado casados durante catorce años. Dios les había concedido ocho hijos. Tenían un negocio en nuestra área, pero recuerdo cuando Charles me dijo hace unos años: «Sentimos que el Señor nos está llamando a dejar nuestro negocio aquí e ir a servir al Señor como misioneros en Camerún, la nación africana».

Y así pasaron, creo que fueron dos años, viajando por todo el país (¡los diez!) En esta pequeña casa rodante, compartiendo la visión, compartiendo la carga que Dios había puesto en sus corazones, para alcanzar a la gente de Camerún, y levantando el apoyo financiero para poder hacer eso como misioneros.

Y entonces, Dios proveyó. Llegó el momento y estaban listos para partir. Su iglesia y sus familias los enviaron. Ambos eran de familias numerosas, ambos de familias de ministros. Me recordaban un poco a Zacarías y Elisabet, excepto que en este caso, esta pareja tuvo ocho hijos. Ellos empacaron y todos fueron enviados y se fueron a Camerún.

Estuvieron allí durante doce días antes de que Charles fuera baleado y asesinado en un inesperado fuego cruzado de una batalla que se estaba llevando a cabo en ese país entre fuerzas gubernamentales y fuerzas rebeldes insurgentes. Por lo que sabemos, no fue un ataque personal, pero su esposa estaba con él en el auto al igual que uno de sus hijos.

Pasó un día antes de que Stephanie pudiera salir de allí para regresar y contarles a los otros siete niños lo que había sucedido. Luego tuvieron tres horas para empacar todo lo que pudieron, una maleta cada uno, y salir de esa parte del país, y finalmente regresar a los Estados Unidos después de doce días de haberse plantado en lo que supusieron que sería para el resto de sus vidas.

Asistimos al servicio memorial. Una iglesia más grande que su iglesia tuvo que ser elegida porque había cientos y cientos de personas que querían venir y honrar a esta familia. Esta familia honró a Cristo en ese servicio mientras Stephanie, esta joven viuda en sus treinta años, con ocho niños pequeños...

En sus publicaciones de Facebook en las redes sociales, ella ha honrado al Señor de una manera increíble a través de esta circunstancia tan terrible. Y durante el servicio Stephanie no habló, pero uno de los hombres leyó algo que ella había escrito.

Volví a ver el video de ese servicio memorial esta mañana y copie lo que ella había escrito, porque quería compartir una parte con ustedes. Ella comenzó citando este himno que tal vez te sea familiar:

«Cristo es guía de mi vida ya no hay nada que temer

Nunca puedo yo dudarle pues me sabe defender

Paz, consuelo y vida eterna por la fe yo tengo en Él

Y con Él ya nada temo porque Cristo es guía fiel».

(«Hasta donde me lleva mi salvador», por Fanny Crosby)

Y luego ella escribió:

«Estoy muy agradecida por los casi catorce años de matrimonio que el Señor me dio con Charles. Los preciosos momentos sirviendo al Señor juntos, criando y amando a nuestros ocho hijos, orando juntos y amándonos, serán siempre recordados.

¡Charles amaba a nuestros hijos y a mí con todo su corazón, pero él amaba más al Señor! Esos doce días que el Señor nos dio en Camerún siempre serán atesorados por nuestra familia. El amor que el Señor le dio a nuestra familia por las personas allá, no ha cambiado. A pesar de que sabíamos que teníamos que salir de allá, nos partió el corazón tener que salir.

Por la gracia de Dios y porque Él vive en nosotros, nuestra familia podrá continuar sirviendo al Señor por Su fuerza, a ese Señor que nuestro esposo y padre amó con todo su corazón. Deseamos que Jesucristo sea exaltado y glorificado ahora y siempre. Que el Cordero que fue inmolado reciba la recompensa de su sufrimiento».

¡Qué perspectiva tan maravillosa!

A pesar de que Zacarías y Elisabet no habían recibido el deseo de sus corazones y la respuesta a sus oraciones, ellos creían que Dios tenía un propósito eterno, un plan eterno que era bueno. Y aun en medio de una vida que incluía sufrimiento continuo y reproche por su esterilidad, ellos aún eran rectos, sin tacha y fieles. Ellos continuaron sirviendo al Señor aun cuando sus anhelos no fueron satisfechos.

Puede que no estés segura de lo que Dios está haciendo en esta época de tu vida, a donde Él te está guiando. No puedes ver cómo Él va a suplir tus necesidades o resolver tus circunstancias, ¡si es que lo hace en esta vida!

La pregunta es: ¿caminarás en obediencia? ¿Caminaré yo en obediencia cuando la vida parece no estar funcionando? ¿Cuándo parece que no va de acuerdo a nuestros planes? ¿Continuaremos sirviéndole aun cuando no podemos ver el resultado de lo que estamos esperando?

Oh Señor, solo deseamos reconocer que Tú eres digno de nuestra confianza. Deseamos caminar intachablemente delante de ti, caminar en obediencia a tus mandatos; aun en lugares estériles, cuando parece que no hay esperanza para que nuestros deseos sean satisfechos. Sabemos y creemos que Tú eres Dios y te adoramos. Oramos en el nombre de Jesús. Amen.

Annamarie: Has estado escuchando a Nancy DeMoss de Wolgemuth. Ella regresará en un momento. Nancy nos ha estado hablando acerca de un personaje del Nuevo Testamento llamado Elisabet, y nos ha recordado que Dios constantemente nos guía y cuida de nosotras, aún cuando no vemos su obrar claramente.

Creo que luego de escuchar este programa querrás aprender más acerca de la vida de Elisabet y acerca de la fidelidad de Dios aún en momentos en los que estamos desilusionadas. Para esto te animo a hacer uso del estudio que Nancy mencionó anteriormente titulado, «Elisabet: Cómo lidiar con la desilusión».

Adquiere este libro digital, «Elisabet: Cómo lidiar con la desilusión», a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Te enviaremos el acceso para descargarlo como agradecimiento por una donación.

Este recurso es parte de la serie titulada, «Mujeres de la Biblia». Ten tu libro digital a mano y anticipa el estudio bíblico en línea basado en este, e impartido por Yamell de Jaramillo.

Bien, Nancy regresa con unos últimos pensamientos para finalizar el programa de hoy,

Nancy: A veces puede ser infertilidad espiritual –una temporada de sequedad en el alma. Eso no necesariamente quiere decir que estás haciendo algo mal. Puede incluso que estés haciendo algo bien. Dios te ama, y Él te está podando para que lleves más fruto, o en medio de la espera está profundizando tu confianza en El.

No es porque sientas estas grandes emociones o porque sientas que Dios es real o cercano, sino porque confías en que Él es Dios aun cuando no puedas sentirlo. Estas temporadas pueden terminar siendo temporadas muy importantes en nuestras vidas. «Confiar en Dios aun cuando no podemos ver su mano».

Annamarie: Nancy fue muy bueno lo que compartiste, acerca de que Elisabet no sirvió a Dios por lo que Él le daría. Ella le servía por amor y en obediencia.

Nancy: Porque Él es Dios, y Él es bueno, aun cuando no vemos fruto. Aun cuando parece no ser real, cuando no se siente real, es real. ¡Él es real! Y un día lo veremos y lo experimentaremos. Las oraciones se convertirán en alabanzas, la fe se convertirá en vista y miraremos atrás y diremos: «Ooh, ¡Dios fue bueno! ¡Él fue fiel, aun cuando no lo podía ver!»

¡No tengo idea de lo que diremos o estaremos haciendo en el cielo! Pero me parece a mí que si tuviéramos algo de que lamentarnos, sería probablemente, «¿por qué no confié más en Él? ¿Por qué no creí más en Él cuándo no lo podía ver? ¿Por qué dudé de Su bondad?»

Y Elisabet nos da un ejemplo positivo, alguien que continuó creyendo aun cuando ella no podía ver.

Tantas veces el plan de Dios es mucho más grande de lo que podemos ver. Porque no vemos lo que Dios ve; no sabemos lo que Dios sabe. Pienso en Ana, en el Antiguo Testamento que deseaba un bebé. ¿Pudo Dios haberle dado un bebé más temprano en su vida? ¡Claro que sí! ¿Por qué no lo hizo?

Porque estaba esperando para darle un profeta, Samuel. Y la nación no estaba lista, no era el tiempo. Dios tenía un propósito mayor que la felicidad de esta mujer. Dios tenía su felicidad en mente, y Dios le iba a dar la felicidad, pero en última instancia su felicidad tenía que ser el Señor, no que se le concediera un hijo. Lo mismo sucedió con Elisabet.

Y esto es lo que sucede cuando dices: «Mi vida, no se trata de mí. No es acerca de este momento. No es acerca de lo que deseo. Es sobre Su reino y Sus propósitos y que ellos se lleven a cabo». Entonces puedes decir: «Estoy disponible para ser usada; para tener un hijo, para tener un compañero; para no tener un hijo, para no tener un compañero; para tener el tiempo que Dios desea; para tener salud, para no tener salud. Estoy disponible para ser usada para lo que sea, lo que traiga mayor honor y gloria a Él en Su tiempo».

Ahora no podemos verlo, pero confiamos. ¡Y un día veremos y sabremos que era y es bueno, muy, muy bueno!

Annamarie: Es muy fácil perder la esperanza cuando no se cumplen tus expectativas. Nancy te ayudará a renovar tu perspectiva de la vida, mañana, en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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